martes, 30 de noviembre de 2010

serenos


NOTITARDE, Valencia, 28 de Noviembre de 2010
Adviento: tiempo de vigilancia (Lc. Mt, 24,37-44)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

La Iglesia Católica comienza a vivir hoy un nuevo año litúrgico con el tiempo del adviento, que es un tiempo de espera, de vigilancia, de expectación. Hay que recordar que el año litúrgico está dividido en tres ciclos: A, B y C y en cada uno de estos ciclos se medita durante todo el año un evangelio. El año litúrgico comienza con el tiempo de adviento que prepara al tiempo central de la Navidad, luego viene el tiempo de Cuaresma que nos prepara a ese otro tiempo central de la vida de Jesús que es la Pascua o el tiempo pascual. Entre uno y otro tiempo fuerte está el tiempo ordinario donde se nos narran otros acontecimientos de la vida de Jesús. En este nuevo año litúrgico comenzamos el ciclo A y se medita el evangelio de Mateo. Éste primer domingo de adviento, está marcado por el tema de la vigilancia. El adviento no sólo se orienta a la celebración de la primera venida histórica de Cristo en la Navidad (El Enmanuel, el Dios con nosotros que se encarna), sino que nos orienta también a su segunda venida, que será definitiva, sin perder, por supuesto, la dimensión del tiempo presente en que Dios continuamente viene y se manifiesta a sus hijos, en los acontecimientos cotidianos de la historia y de la existencia personal y comunitaria.
El evangelio de hoy tomado del capítulo veinticuatro de Mateo, se nos presenta en ese tono escatológico que hemos venido meditando en los últimos domingos y en donde se nos invita a colocar nuestra mirada en la parusía; es decir, en la manifestación y venida del Señor al final de los tiempos; que llegará para juzgar a vivos y a muertos. Con el tema de la parusía y con las parábolas que Jesús utiliza para hablar de su segunda venida, como la del ladrón que llega en la noche, se nos invita también a la vigilancia, a estar atentos a la llegada de Dios a nuestras vidas y a su continuo pasar por nuestro camino existencial.
Las parábolas de la vigilancia nos habla de la certeza que Cristo vendrá, que es segura su llegada, su retorno, lo que es incierto es el momento exacto; por eso el cristiano y la Iglesia entera debe estar en actitud de vigilancia, preparados en la fe, la esperanza y el amor, porque nos sabemos ni el día ni la hora de su venida.
La vigilancia o la actitud de espera del cristiano y de la comunidad eclesial no debe ser en el miedo, la angustia o la desesperación. Quien está a la espera de alguien a quien ama y tiene una gran importancia en su vida; produce es emoción, alegría, gozo y no temor, tristeza o angustia. La espera del cristiano, que aguarda a que su Señor regrese y se manifieste de forma definitiva, es una invitación a la atención esperanzada, al deseo anhelante y a la alegría inmensa de saber que experimentará el encuentro con el Dios Amor manifestado y revelado en Cristo, Jesús, nuestro salvador.
Al inicio pues, de este año litúrgico mantengamos la esperanza, planifiquemos nuestro tiempo, demos espacio a Dios en nuestras vidas, en la familia, en el trabajo, en la vida social; en todo lo que hagamos. Acerquémonos al sacramento de la Eucaristía y la Confesión; logremos, de buena manera, que otros descubran la inmensa alegría y el gozo que da el estar cerca de El Señor, el asistir a la misa dominical para orar, alabar, cantar, celebrar, escuchar la Palabra de Dios y meditarla, recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo que nos sostiene y nos nutre como el alimento en el camino de la vida; no muchas veces fácil.
Durante estos domingos que preceden a la Navidad, estaremos celebrando litúrgicamente el adviento, este tiempo de espera, pero no sólo como un recuerdo del pasado, sino como una invitación a que tomemos conciencia del paso de Dios por nuestras vidas, por nuestra cotidianidad. Para eso, en estos domingos de adviento se nos presentarán una figuras-modelos como Isaías, Juan el Bautista, María, la Madre de El Señor, que fueron humanos como nosotros y que supieron vivir el adviento, la espera en Dios, la fe en su amor y la certeza de que quien lo busca y sigue es realmente feliz y se realiza como persona, no obstante las dificultades. Estos personajes nos anuncian la llegada de aquel que es el centro de la Navidad y de nuestras vidas: Jesucristo.
IDA Y RETORNO: Un agradecimiento especial a todas las instituciones que hicieron posible que los actos del Centenario de la Coronación Canónica de Nuestra Señora del Socorro, patrona de nuestra arquidiócesis, luciera de forma majestuosa. Quiero mencionar de manera especial a la damas del Equipo Navegantes del Magallanes que por segundo año consecutivo, han hecho un homenaje especial en el Estadio José Bernardo Pérez a nuestra amada Patrona en el mismo día de su celebración: el 13 de noviembre. Que cada año podamos ir logrando la difusión, el amor y el aumento de la devoción mariana en esta advocación tan valenciana y carabobeña.
El próximo domingo hablaré sobre el significado de los colores litúrgicos y del incienso en la misa.

Ilustración: http://boj.pntic.mec.es/aprf0002/hp/CN_F4.gif
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NOTITARDE, Valencia, 28 de Noviembre de 2010
Adviento: tiempo de vigilancia (Lc. Mt, 24,37-44)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

La Iglesia Católica comienza a vivir hoy un nuevo año litúrgico con el tiempo del adviento, que es un tiempo de espera, de vigilancia, de expectación. Hay que recordar que el año litúrgico está dividido en tres ciclos: A, B y C y en cada uno de estos ciclos se medita durante todo el año un evangelio. El año litúrgico comienza con el tiempo de adviento que prepara al tiempo central de la Navidad, luego viene el tiempo de Cuaresma que nos prepara a ese otro tiempo central de la vida de Jesús que es la Pascua o el tiempo pascual. Entre uno y otro tiempo fuerte está el tiempo ordinario donde se nos narran otros acontecimientos de la vida de Jesús. En este nuevo año litúrgico comenzamos el ciclo A y se medita el evangelio de Mateo. Éste primer domingo de adviento, está marcado por el tema de la vigilancia. El adviento no sólo se orienta a la celebración de la primera venida histórica de Cristo en la Navidad (El Enmanuel, el Dios con nosotros que se encarna), sino que nos orienta también a su segunda venida, que será definitiva, sin perder, por supuesto, la dimensión del tiempo presente en que Dios continuamente viene y se manifiesta a sus hijos, en los acontecimientos cotidianos de la historia y de la existencia personal y comunitaria.
El evangelio de hoy tomado del capítulo veinticuatro de Mateo, se nos presenta en ese tono escatológico que hemos venido meditando en los últimos domingos y en donde se nos invita a colocar nuestra mirada en la parusía; es decir, en la manifestación y venida del Señor al final de los tiempos; que llegará para juzgar a vivos y a muertos. Con el tema de la parusía y con las parábolas que Jesús utiliza para hablar de su segunda venida, como la del ladrón que llega en la noche, se nos invita también a la vigilancia, a estar atentos a la llegada de Dios a nuestras vidas y a su continuo pasar por nuestro camino existencial.
Las parábolas de la vigilancia nos habla de la certeza que Cristo vendrá, que es segura su llegada, su retorno, lo que es incierto es el momento exacto; por eso el cristiano y la Iglesia entera debe estar en actitud de vigilancia, preparados en la fe, la esperanza y el amor, porque nos sabemos ni el día ni la hora de su venida.
La vigilancia o la actitud de espera del cristiano y de la comunidad eclesial no debe ser en el miedo, la angustia o la desesperación. Quien está a la espera de alguien a quien ama y tiene una gran importancia en su vida; produce es emoción, alegría, gozo y no temor, tristeza o angustia. La espera del cristiano, que aguarda a que su Señor regrese y se manifieste de forma definitiva, es una invitación a la atención esperanzada, al deseo anhelante y a la alegría inmensa de saber que experimentará el encuentro con el Dios Amor manifestado y revelado en Cristo, Jesús, nuestro salvador.
Al inicio pues, de este año litúrgico mantengamos la esperanza, planifiquemos nuestro tiempo, demos espacio a Dios en nuestras vidas, en la familia, en el trabajo, en la vida social; en todo lo que hagamos. Acerquémonos al sacramento de la Eucaristía y la Confesión; logremos, de buena manera, que otros descubran la inmensa alegría y el gozo que da el estar cerca de El Señor, el asistir a la misa dominical para orar, alabar, cantar, celebrar, escuchar la Palabra de Dios y meditarla, recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo que nos sostiene y nos nutre como el alimento en el camino de la vida; no muchas veces fácil.
Durante estos domingos que preceden a la Navidad, estaremos celebrando litúrgicamente el adviento, este tiempo de espera, pero no sólo como un recuerdo del pasado, sino como una invitación a que tomemos conciencia del paso de Dios por nuestras vidas, por nuestra cotidianidad. Para eso, en estos domingos de adviento se nos presentarán una figuras-modelos como Isaías, Juan el Bautista, María, la Madre de El Señor, que fueron humanos como nosotros y que supieron vivir el adviento, la espera en Dios, la fe en su amor y la certeza de que quien lo busca y sigue es realmente feliz y se realiza como persona, no obstante las dificultades. Estos personajes nos anuncian la llegada de aquel que es el centro de la Navidad y de nuestras vidas: Jesucristo.
IDA Y RETORNO: Un agradecimiento especial a todas las instituciones que hicieron posible que los actos del Centenario de la Coronación Canónica de Nuestra Señora del Socorro, patrona de nuestra arquidiócesis, luciera de forma majestuosa. Quiero mencionar de manera especial a la damas del Equipo Navegantes del Magallanes que por segundo año consecutivo, han hecho un homenaje especial en el Estadio José Bernardo Pérez a nuestra amada Patrona en el mismo día de su celebración: el 13 de noviembre. Que cada año podamos ir logrando la difusión, el amor y el aumento de la devoción mariana en esta advocación tan valenciana y carabobeña.
El próximo domingo hablaré sobre el significado de los colores litúrgicos y del incienso en la misa.

Ilustración: http://boj.pntic.mec.es/aprf0002/hp/CN_F4.gif

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