lunes, 15 de noviembre de 2010

señales


NOTITARDE, Valencia, 14 de Noviembre de 2010
Señales antes del fin (Lc. 21, 5-19)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes



Estamos en el penúltimo domingo del año litúrgico, por eso, las lecturas tocan los aspectos que tienen que ver con los tiempos escatológicos (o las últimas cosas, que son la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo, muerte, juicio y vida eterna) y ante lo cual tiene que estar vigilante y preparado el cristiano.

El discípulo de Cristo, sabe que en este mundo vamos de paso, somos peregrinos, nos aguarda nuestra patria definitiva que es el cielo o lo que es lo mismo, gozar y estar en la presencia de Dios para siempre, cara a cara. Por eso, la vida del cristiano no puede quedarse apegada a las cosas efímeras de este mundo, por muy válidas e importantes que sean; todo en esta vida pasa y es aquí donde nuestra mirada tiene que estar en esa vida eterna que Dios nos promete. Entendemos así las palabras de Jesús a sus contemporáneos que hablaban y se admiraban de la belleza del Templo de Jerusalén (recordemos que para los judíos de ayer y hoy, el Templo de Jerusalén representa el lugar de culto y de encuentro con Dios por excelencia) y sin embargo, Jesús no sólo profetiza la destrucción del templo, sino que advierte a sus conciudadanos que cosas hermosas como éstas pasarán, no serán eternas y lo más importante es poner la vida y todas las capacidades en lo que perdura para siempre. Ante tales palabras proféticas, sus oyentes, naturalmente asombrados y preocupados le preguntan cuándo sucederá la destrucción del templo y lo primero que les dice es que no se dejen engañar; ya que muchos se harán pasar por mesías, salvadores y al final sólo serán impostores. El cristiano tiene que estar atento, saber discernir, para saber qué es lo que viene de Dios y dónde está la mentira y el engaño. Lo segundo que Jesús les dice es que "no se asusten", que no tengan miedo cuando escuchen o "tengan noticias de guerras, revoluciones", porque faltará mucho todavía para que llegue el fin. El cristiano, que sigue a Cristo, no se debe dejar atrapar del miedo o la desesperación, como si todo terminara en este mundo o como si fuésemos desamparados por la vida. Lo tercero que afirma Jesús, es que antes del fin habrá muchas señales y que antes de que lleguen los últimos tiempos los cristianos sufrirán cárceles, persecuciones y será ocasión para dar testimonio de la fe y comprobar que en situaciones difíciles, de crisis, el creyente en Cristo será siempre iluminado por la luz del Espíritu Santo para saber qué decir y cómo actuar en esas situaciones adversas de la vida en las que no están exentas hasta la propia traición, crítica o rechazo de los afectos más cercanos, como el caso de la propia familia, que ofrezca obstáculos a aquel que consciente de su fe haya decidido seguir a Cristo y por su causa, tenga que sufrir desprecios hasta de los suyos e incluso hasta perder la vida por el odio de los demás. Pero termina diciendo Jesús categóricamente: "no se perderá ni un solo cabello de su cabeza"; es decir, son tan importantes para Dios sus hijos, que aquello que no nos imaginamos que Él pueda hacer, lo hace y lo hará con tal de que ninguno de los suyos se pierda o se extravíe en el camino y todo por amor; porque así es Dios: Amor. Por eso, el cristiano necesita mantenerse firme en medio de las calamidades y vicisitudes de la vida, ser perseverante en la fe para salvar la vida y conquistar la eternidad; sabiendo que aunque llegue al extremo de perder la vida por causa de Cristo y del Reino de los cielos, le aguarda una corona que no se marchita, sino que perdura para siempre.

El mensaje de este domingo nos invita, por tanto, a creer y esperar en la vida futura, sabiendo que tenemos que vivir nuestro presente con intensidad y discerniendo y descubriendo en él los signos o señales que Dios nos da, sin dejarnos engañar o manipular, sin paralizarnos por el miedo, perseverando en los momentos difíciles, manteniendo la fe; porque al final vence Dios y su amor y quien persevere hasta el final salvará su vida, como la salvó y recuperó Cristo que pasó por el sufrimiento, la cruz, pero resucitó y nos conquistó la vida eterna, liberándonos del pecado.

Ida y retorno
¿Qué es la santería? Es una pseudoreligión de origen africano, que llegó a América por los esclavos traídos de África y que sobre todo se establecieron en Cuba y otras islas del Caribe. Al encontrarse que los blancos e indios evangelizados profesaban la fe cristiana; estos esclavos para adorar a sus divinidades o los dioses en los que creían, utilizaron los santos cristianos, no para venerarlos como lo que representan para el cristianismo, sino para detrás de esa figura del santo católico, adorar o rendir culto a sus deidades. Es así que nace y llegó la santería a Venezuela y ahora con el auge de la presencia cubana en el país se ha ido filtrando entre muchas personas, que necesitadas de lo espiritual, se dejan confundir en su fe. Por tanto, nada tiene que ver la santería con el cristianismo católico y quien la practica no es realmente un cristiano católico, ya que su fe no está centrada en el único y verdadero Dios revelado en Cristo y al que los santos de la historia reconocieron como Dios y Señor. Seguiremos el próximo domingo en esta línea.

Ilustración:
http://mattstone.blogs.com/photos/asian_icons/christ_guru-oil-painting-by-m-p-manoj-based-on-the-original-drawing-by-joy-elamkunnapuzha-cmi.html

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