domingo, 10 de diciembre de 2017

CAZA DE CITAS

"Hay que ir más lejos. Desde el momento en que el artista acepta considerarse como un funcionario, abdica, se reconoce listo para  aceptar todas las capitulaciones a que lo obligarán los países totalitarios. Lo que significa decir que deja de ser un artista. Y al mismo tiempo se coloca en la imposibilidad de experimentar nada que se asemeje a la alegría de crear, que es inseparable de la verdadera libertad..."

Gabriel Marcel

("El misterio del ser", Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1964: 209)

Fotografía: Serguéi Prokófiev, tomada de la red.
Cfr. Paradójica, una nota alusiva al compositor de Alejo Carpentier: http://lbarragan.blogspot.com/2017/11/tributo.html

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Antonio Márquez Mata. "El Proyecto de Ley de Habeas Corpus: plagio y mutilación de la ley argentina". Élite, Caracas, nr. 2102 del 08/01/1966.
- S/a. "Varones de la nacionalidad: Doctor José de Briceño". La Esfera, Caracas, 25/12/47.
- Erasmo Pérez España. "Escuelas y derecho penal". Proceso, Caracas, nr. 8 de 1973.
- Entevista a Francis Forino, esposa de Tarek William Saab. Exceso, Caracas, nr. 167 de 09/2003.
- Arístides Bastidas. "La ciencia y sus hombres: Guillermo Cuélles". El Nacional, Caracas, 27/01/1980.

Reproducción: Ilustración de Serrada. La Esfera, Caracas, 12/03/1936.

DEL MERCADO DE LA DESESPERACIÓN

De un laboratorio farmacéutico
Luis Barragán

Disculpándonos por el testimonio personal, quizá tres o cuatro años atrás, le preguntamos a la endocrino por el llamado cocuy de penca e, inmediatamente, respondió que sus beneficios para el tratamiento de la diabetes no están científicamente comprobados y, si fuere el caso,  por muchos litros que consumamos a la larga, cumplimentada una pequeña copa diaria y mañanera, no cuenta con la eficacia y garantía de un fármaco capaz de neutralizar  la enfermedad en escasos días.  Ocurre algo semejante a la infusión de hojas o al consumo de las semillas de ciertos árboles ornamentales, cuyos nombres adquieren ahora un rango importante en las conversaciones cotidianas.

La Venezuela que padece la pavorosa escasez e inexistencia de medicamentos, vuelve paulatina y resignada a la medicina natural, recobrando el interés por los frutos que ayudan y contribuyen a nuestra salud, aunque no hay un consenso en relación a sus efectos reales e inmediatos.  Con el redescubrimiento forzado de la naturaleza, surgen con mediana fuerza algunos mitos urbanos alusivos y, sin que nos atrevamos a desmentir a sus predicadores, pues, la esperanza es lo último a perder, de alguna manera ayuda a traspapelar, esconder o evadir el desastre de la industria farmacéutica actual que antes fue – entendemos - una de las más adelantadas y abaratadas de América Latina.

Ha prosperado el irremediable consumo de medicamentos de fechas ya vencidas y, por la conversación sostenida con María Efe, al parecer, tampoco existe garantía ninguna de su eficacia, ya que todavía no hay suficientes estudios sobre sus consecuencias. Presuntamente, surgen evidencias de una negativa afectación de los órganos, como el hígado, a juzgar por algunas pruebas realizadas en ratas, requeridos ya  de una urgente, intensa y pública discusión con clara vocación pedagógica. 

Por lo pronto, el asunto nos lleva a dos conclusiones provisionales al tratarse de una situación masiva y, por lo demás,  inédita. Por una parte, referidos a la opinión pública, por más censura y bloqueo informativo que exista, deben los expertos contribuir a una convincente orientación de los necesitados, sobre todo, pacientes crónicos, en una materia que no debe quedar al azar de un Estado que ya carece de una solvente autoridad y credibilidad; y, por otra,  desterradas las grandes industrias,  Venezuela se ha convertido en un laboratorio farmacéutico, ,evidenciado el interés en estudiar las consecuencias del consumo de los medicamentos vencidos, constituyendo el nuestro un fenómeno – el del mercado de la desesperación – como pocas veces, hoy, se ve en el mundo, aunque luzca exagerada la afirmación.

Lo deseable hubiese sido una inmediata investigación parlamentaria, comenzando por la comparecencia de las autoridades ejecutivas, pero  todo sabemos de la insólita quiebra de las instituciones republicanas y de la obvia incapacidad de la tal constituyente para atender, debida y convincentemente, estos casos.  Por ello, la emergencia política en la que nos encontramos, optando por la superación de la dictadura, ya que su solo reemplazo debe aportar las soluciones más elementales respecto a la medicación adecuada de la población tan injustamente sometida a privaciones que arriesgan la propia existencia física.

Fotografía: http://www.elcorreodelorinoco.com/redes-sociales-las-nuevas-farmacias-ante-la-escasez-medicinas/  El régimen dice responder al problema con redes demasiado efímeras que no van a fondo del asunto.

DEL PROCESO DE MINIMIZACIÓN VENEZOLANA

Tecnoburocracia militar
Luis Barragán

Beneficiario o no del programa de becas de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, lo cierto es que, entre los ochenta y noventa del siglo pasado, supimos de un coherente y convincente elenco tecnocrático, originado en el sector privado. Alcanzó relevantes y decisivas posiciones de poder, impulsando el programa de estabilización y ajuste estructural del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, siendo el más importante fracaso el de su inexperiencia para afrontar un ambiente político todavía más crítico y hostil, como puede constatarse a través de Mirtha Rivero y su ya clásico título, “La rebelión de los náufragos” (2010).

Al interior del Estado, ya despuntaban otros elencos, destacando obviamente el petrolero, aunque el desarrollo gerencial en otras áreas, como las telecomunicaciones, eléctrica, siderúrgica o del transporte (Metro de Caracas), pudo llegar más lejos en sus aportes. Todavía el sector público exhibía sectores de un muy profesional desempeño que, inevitable, sucumbieron en el presente siglo.

Sobresaliendo la tecnoburocracia petrolera, pocos repararon en la lenta conformación y existencia, como desleal competencia,  de la militar. Ésta, surgida con grandes particularidades a partir del Plan Andrés Bello, es la que ha heredado la presente centuria, dándole una definitiva configuración al Estado Cuartel, de acuerdo a la notable contribución académica que ha hecho Luis Alberto Buttó y su “!Disparen a la democracia!” (2017). Valga acotar, semanas atrás, hallamos un viejo texto de William Izarra (El Nacional, Caracas, 21/01/1980: http://lbarragan.blogspot.com/2017/11/iluminismo.html) que así lo confirma, tratándose el autor de un – por entonces – militar activo que, integrante o en vías de integrar una logia secreta, alcanzaba los predios de la prensa.

Lo cierto es que, quebrada la industria petrolera, repentinamente descubierto el prontuario policial y, al parecer, terrorista de Eulogio del Pino, quizá sublimando los estalinistas procesos de Moscú, la dirección de la empresa ha sido entregada al mayor general Manuel Quevedo. La militarización de ésta y todas las empresas públicas, como la del Estado en sus despachos aun administrativamente más modestos, rubrica el triunfo histórico de la otrora insospechada tecnoburocracia militar. Sin embargo, tratamos de un triunfo demasiado relativo.  

Nada casual, evadiendo sus propias responsabilidades, Maduro Moros confió a la Fuerza Armada la conducción de la grandilocuentemente llamada Gran Misión Abastecimiento Seguro y Soberano, y todo el mundo sabe de nuestra prolongada emergencia humanitaria, por no abundar en otros ejemplos. Por lo que, contrario a  lo que se esperaba de la escuela que apostaba por el protagonismo de la corporación castrense en el desarrollo nacional, en los términos de una cotizada doctrina de seguridad y defensa, el retroceso ha sido sorprendente y ya no sólo versamos sobre la inexperiencia política de un elenco tecnocrático, sino en torno a  su propia incompetencia en áreas diferentes a las de su profesión y especialidad.

Ilustración: Detalle de la portada de la revista Resumen, Caracas, nr. 118 del 08/02/1976..

... Y UNA DEGUSTACIÓN EN EL HUMBOLDT

De la inmensa cárcel prefabricada
Luis Barragán

El simple vistazo a la vieja prensa, permite diferenciar muy bien la condición y trato de los presos políticos (PP) de antaño y hogaño. Y, en definitiva, constatar el cinismo descarado de una dictadura, como la que ahora – prolongadamente - padecemos.

En efecto, en las vecindades de las elecciones generales (presidenciales y cuerpos deliberantes), por diciembre de 1963, es notable la sistemática campaña de denuncias y solicitudes de liberación de los presos políticos, a través de distintas declaraciones y avisos pagados, aunque el intento de sabotaje electoral alcanzó importantes cotas de violencia.  Arbitrariedades aparte, obviamente hubo profusas detenciones en respuesta a la históricamente comprobada y admitida insurrección de izquierda, sistematizada desde finales de 1960, extendida más allá de la fecha comicial, mientras prosperaba la conspiración de derecha.

Por lo pronto, tres circunstancias permiten establecer la necesaria comparación: Valga acotar, una mera revisión historiográfica permite verificar los enunciados, como el clásico título de Luigi Valsalice y los trabajos de Agustín Blanco Muñoz, Domingo Irwin o Antonio García Ponce; memorias, como las de Américo Martín, Víctor Hugo D’Paola o Héctor Rodríguez Bauza; u obras novísimas, como la de Edgardo Mondolfi. 

Digamos, por una parte, acentuando los esfuerzos por reivindicarla, se evidencia una mayor libertad de expresión no sólo para denunciar la situación de los PP, sino para concretar la correspondiente investigación parlamentaria que significaba una constante interpelación de la administración de justicia, por cierto, cuyos titulares eran conocidos y, más de las veces, interrogados directamente por la prensa. Hoy,  el bloqueo informativo y la (auto) censura prosperan, generando riesgos y peligros para el usuario por un simple señalamiento en las redes sociales, sin que se sepa de jueces, por lo general, provisorios, incluyendo el exilio posterior de algunos que han confesado las arbitrariedades.

Por otra, se sabía de la ubicación y el procesamiento de los PP en las lejanas décadas, cumplidas las formalidades judiciales, diligenciada la oportuna atención médica y, además, en el peor de los casos, frecuentemente visitados por familiares cercanos y parlamentarios; no por casualidad,  por ejemplo, importantes libros fueron escritos desde la cárcel. La sola relación que publica Roberto Hernández W. (“Los juicios de la década”: Deslinde, Caracas, 15 al 30/04/1970), otro ejemplo, habla de una muy injusta (auto) victimización de cotejarla con lo que acaece por estos años, porque hay PP – afrontando con coraje el momento -  sin presentación a los tribunales y, cuando ello ocurre, el acto inicial mismo sabe de infinitas postergaciones.

Por último, fueren las imputaciones de distinto cuño o naturaleza, puede decirse que, en tiempos ya remotos, el  trato, respeto  y reconocimiento de la condición de PP incluyó, la propia violación de la Constitución de 1961, pues, fueron numerosos los extrañados del territorio nacional, como en 1967 o 1968, evitándoles más años de cárcel o el riesgo de un atentado en caso de liberarlos y circunscribirlos a una localidad, por no citar las medidas de sobreseimiento e indulto en el marco de una convincente política de pacificación. Está de más comentar que no hay medida humanitaria o de gracia respecto a los 400 PP de la actualidad, promediando las cifras del Foro Penal, Provea y otras entidades afines, y, a lo sumo, inevitable, se otorgan las pocas de casa por cárcel o de presentación en los tribunales, supeditadas a la absoluta manipulación y  capricho de la dictadura.

Reclamada la herencia histórica por la ultraizquierda en el poder, aunque sus actuales elencos tuvieron por fogueo las comodidades de la Venezuela de las grandes bonanzas petroleras, parece útil y necesario confrontar una época y otra para delatarlos.  La prisión política de hoy, con todos sus bemoles, es una injustificada e ilegítima factura que pasan quienes, faltando poco, inauguran un restaurant en el hotel Humboldt, degustando la comida y el ambiente, como Maduro Moros, mientras la inmensa mayoría de los venezolanos pasan hambre en esta gigantesca cárcel prefabricada desde La Habana.

Pieza: Timothy Schmalz.

CINDERELLA

Mi Mapa Incluye El Esequibo
Luis Barragán

A escasos días de vencerse el plazo impuesto por la Secretaría General de la ONU para dirimir la controversia territorial entre Venezuela y Guyana, luce oportuno hacer mención de la sostenida contribución de la sociedad civil organizada en una materia que, entre nosotros, todavía espera por una Política de Estado. Por ejemplo, la organización no gubernamental Mi Mapa Incluye El Esequibo, conducida por Jorge Luis Fuguet, ha trabajado activamente en la defensa de nuestros históricos y legítimos derechos.

Empleando a fondo las redes sociales (*), la entidad ha hecho un continuo y sistemático seguimiento informativo de todo lo relacionado con la reclamación, promoviendo foros y discusiones en la medida de sus posibilidades materiales. La sabe una materia grave y delicada, intercambia y concursa con otras organizaciones similares, pero nunca evade la responsable fijación de posturas en un problema que hoy así lo demanda, pues, estas y no otras son las oportunidades para legitimar una inquietud, preocupación e interés ciudadano que va más allá del sólo y personal conocimiento o dominio técnico de un tópico.

Un representante de Mi Mapa tuvo la única oportunidad, sin hallar otras, de intervenir en una sesión ordinaria de la Comisión Permanente de Política Exterior de la Asamblea Nacional, principiando 2016. Presenciamos una exposición lo suficientemente pedagógica y aportante de novedosas perspectivas que no tuvo mejor suerte; por cierto, particularmente conocidas de antemano, pues, ya habíamos coincidido en algunas jornadas de trabajo. 

Es necesario que se sepa que la labor venezolanista, voluntaria y ciudadana de organizaciones como Mi Mapa, no se reduce sólo a la investigación histórica, el seguimiento informativo, la divulgación didáctica y la consideración de probables soluciones prácticas al problema, sino que sus integrantes han viajado en distintas ocasiones, internándose en el territorio venezolano del Esequibo. Costeados por sus propios bolsillos tales viajes, ahora casi imposibles por la consabida crisis económica y por el celo mismo de las autoridades que tratarían de impedirlos, tienen una extraordinaria vivencia de sus habitantes y de una geografía que cobran una vital cercanía e identidad, a pesar de la lejanía física.

Para la coincidencia y también la discrepancia, ha sido productiva la relación de trabajo con Mi Mapa,  contribuyendo a un necesario y sobrio compromiso de la diputación que modestamente ejercemos con un tema trastocado en una tan injusta y prolongada deuda histórica.  Próximos a cerrar un año de intensas actividades, le agradecemos a la entidad y a Fuguet, sus extraordinarios aportes a la causa esequibana.
 
(*) @AntroCanal    
Ilustración: Tweed de Jorge Luis Fuguet.

LA NUEVA BICAMERALIDAD

¿Una ley constitucional para la peculiar cohabitación de la TC y AN?
Luis Barragán

Suele ocurrir, reducida y agotada como consigna,  la tal constituyente (TC) se ha convertido en un inmenso escollo para toda suerte de diálogo, conversatorio, negociación, o encuentro casual e inadvertido, como el de República Dominicana.  Los sectores concurrentes la saben una pieza clave para legitimar sus posturas, bregando por su reconocimiento o neutralización.

Trastocada en una mala imitación del parlamento, violenta además la propia Constitución al pretender una rutina de autorizaciones administrativas, incluyendo las diplomáticas, y de sanciones de leyes simplemente cumplimentadas por la junta directiva de conformidad con las órdenes emitidas por Miraflores, sin la libre discusión de los quinientos y tantos agraciados por el fraude electoral que muy pocas veces encuentran cupo para la figuración retórica. Y es que ni siquiera hayan espacio físico suficiente para sus subsidiadas actividades proselitistas, por lo que tomada buena parte del Palacio Legislativo y todo el Museo Boliviano, concedida la Casa Amarilla y el edificio La Francia, esperan por el zarpazo final que los premie con el edificio José María Vargas. No obstante, el problema de la TC es de entero cuño político y constitucional, más allá de las veleidades dizque bolcheviques de una membresía que, sabiéndola un congreso permanente del PSUV, la desea como una suerte del definitivo comité central de sus sueños.

A la TC sólo le quedan dos alternativas: quedarse o desaparecer, acarreándole un alto costo político para el perdedor en la apuesta conversatoria por más que la diga una gesta heroica y sacrificada de elevada inspiración personal. La dictadura urge del apparátchik legislativo, diciéndolo depositario del poder originario para prevenir cualquier eventualidad, mientras que la contraparte está demasiado consciente del incumplido papel que ha jugado la Asamblea Nacional (AN), cuya reivindicación esperan las grandes mayorías que la sufragaron inequívoca, expresa y puntualmente. Por ello, prosperan o pueden prosperar las soluciones híbridas y salomónicas que, al orientarse a una cohabitación, por incómoda que fuere, tendería a administrar el temor de un zarpazo final que, tarde o temprano, llegará.

Absoluta e injustificadamente desinformado el país de las vicisitudes y detalles de la cita caribeña, por la gravedad de la propia convocatoria y sus inmediatas consecuencias, surgen algunas fórmulas de la  insólita hibridez de considerar el  resultado de la consulta popular del 16 de julio del presente año, por siempre ineludible. Entre las distintas combinaciones, destaca una francamente incomprensible,  como la acuñación de la TC cual  cámara alta del parlamento, con plenas atribuciones constituyentes, y de la AN cual  cámara baja, con la provisionalidad de sus competencias constituidas.

Llámenla de cualquier modo, desesperando por un neologismo que irrumpa exitosamente en los predios rigurosos del derecho constitucional, el pastiche conduciría – contrariada toda  maceración doctrinaria de siglos – a un senado que, se supone, representa a las entidades federal, que casi quintuplicará a la cámara de diputados, por cierto, restándole los tres diputados del estado Amazonas. Y, así, sobreviviría – de un lado – la ilegítima curul de la TC y – del otro – la legítima representación de la AN que, empero, sufriría de una insalvable capitis deminutio que igualaría a todos los integrantes del mezclote frente al Ejecutivo Nacional.

El más elemental ejercicio de la razón, consabido todo lo que dispone la Constitución de 1999 respecto al Poder Legislativo, nos orienta al diseño de una nueva bicameralidad y a la redistribución de competencias de ambas cámaras, reservándose una de ellas el poder constituyente en correspondencia con el régimen de facto que encabeza Maduro Moros.  Para ello, inaudita parte, los diligenciantes de República Dominicana convendrían en una ley constitucional, por supuesto, dictada por la TC, que podrían someter o no a referéndum, quizá abriendo la senda a unas elecciones parlamentarias y edilicias, pactada la composición numérica de todo cuerpo deliberante, a realizar junto a las presidenciales el primer semestre de 2018, embutiéndonos en unos sobrevenidos comicios generales.

La hipótesis lucirá – precisamente – descabellada al interior del sector oficialista e inaceptable en el opositor, en los que existe una natural conflictividad gracias a los usos autoritarios en boga que desmienten todo sentimiento y vocación unitaria. Ojalá que el ejercicio - reductio ad absurdum -  quede sólo en eso, un lícito recurso de especulación, autorizado por la opacidad de las diligencias de República Dominicana. De todos modos, ilustra la complejidad del parto para la transición democrática.

Fotografías: LB (AN, Caracas, 16/10/2017). Planta baja del edificio "José María Vargas", esquina de Pajaritos. Ataque por entonces  reciente de los colectivos armados: en una, una cesta metálica de basura casi despegada del suelo; en otra, impacto sobre el vidrio.

GUADALUPE Y COROMOTO

Evangelio Dominical: Voz del desierto
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado sobre el evangelio que se proclama el segundo Domingo de Adviento- B, correspondiente al domingo 10 diciembre 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos  1, 1-8.
“Preparen el camino del Señor”
¿Cuáles son las primeras palabras del primer evangelio?
El primer evangelio que se escribió fue el de Marcos. Y éstas son sus primeras palabras, escritas ciertamente en una forma solemne y festiva. Empieza así:
<«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios».
Es la primera vez que aparece en el Nuevo Testamento la palabra evangelio (palabra griega, que significa ‘buena noticia’), refiriéndose a algo escrito sobre Jesucristo.
El evangelio de S. Marcos va dirigido a comunidades de no-judíos. Pero comienza diciendo que Jesús tuvo un Precursor, anunciado varias veces en la Biblia. Esto le da más importancia a Jesús. Y cita tres pasajes de la Biblia: “Yo envío mi mensajero” (Exodo 23:20 y Malaquías 3:1) y “Voz que clama en el desierto” (Isaías 40:3).
Quien inicia la Buena Noticia, el Evangelio, es Juan el Bautista, que es llamado “mensajero de la Alegría, de las buenas noticias” (1ª Lectura de hoy: Isaías 40).
Impregnado de este espíritu, Pedro también anuncia la llegada de un cielo nuevo y una tierra nueva e invita a acelerar este acontecimiento (2ª Lectura de hoy: Pedro 3, 8-14).
Así pues, ese mensajero y esa voz del desierto se refieren a Juan el Bautista, que proclama la llegada de Jesús. Los dos coinciden en varias cosas:
–– Ambos (Juan y Jesús) piensan que el desierto es importante en sus ministerios.
–– Ambos llaman al pueblo al arrepentimiento.
–– Ambos serán traicionados, arrestados y asesinados.
La reacción de los judíos ante Juan el Bautista es conmovedora. Han pasado más de trescientos años desde que un profeta estuvo activo en Israel. Y cuando oyen hablar de Juan, les recuerda a Elías. La forma de vestir y la dieta de Juan lo relacionan con Elías. Juan iba “vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos.” Así iba también vestido Elías (2 Reyes 1:8).
Y se van al «desierto» a escucharle. Allí Juan los llama a un arrepentimiento profundo, de metanoia o cambio de mentalidad para regresar a la voluntad de Dios.
 ¿Por qué es importante ir al desierto?
El desierto les recuerda a los judíos los 40 años de sus antepasados los israelitas, que huían de Egipto hacia la Tierra Prometida. Fue tiempo de seguir y estar con Dios, que los salvaba de la esclavitud egipcia.
Les recuerda su antigua fidelidad a Dios, que fue su amigo y aliado, pero, sobre todo, el desierto es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión. Allí hay privaciones.
Allí en el desierto el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; se arrepienten; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación.
Juan es el encargado de convencer a todos de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor. Se trata de«preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús.
Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».
  ¿Qué lecciones sacamos de este evangelio?
1. Como Juan el Bautista, nosotros debemos ser mensajeros de la Buena noticia.
Una comunidad de rostro amable, alegre, confiado, sereno, pacificador. No un rostro torvo, una mirada sombría, un gesto adusto y condenatorio. Hay que cuidar la imagen pública de los que tenemos por vocación ser mensajeros de la Alegre Noticia.
Anuncia la buena noticia aquella comunidad que aplaude el bien y no da importancia al mal, la que en lugar de sospechar y condenar, confía y disculpa, la que no sólo detecta enfermedades, sino que ofrece la medicina de la curación fácil, posible y rápida. Y es creíble.
Debemos llevar un mensaje alegre y esperanzador para los pobres de la tierra, los excluidos de los procesos de transformación, los matrimonios en crisis, los jóvenes indiferentes a la fe, las nuevas generaciones, los ancianos, los marginados, los disminuidos.
2.Hoy día necesitamos la conversión para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.
3.La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de desierto, de recogimiento y de trabajo interior.>
  ¿Por qué nos resistimos a ir al desierto?
Precisamente ésta puede ser hoy nuestra tentación: no ir al «desierto», no recogernos
de tanto ruido y preocupaciones temporales y egoístas,
La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable.
Los cristianos de hoy necesitamos hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados. Sin este reconocimiento no es posible «preparar el camino del Señor»>. (Pagola)
 ¿Qué otro mensaje daba Juan el Bautista?
Y Juan predicaba, diciendo:
-“Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos. Yo a la verdad les he bautizado con agua; mas él les bautizará con Espíritu Santo.
Jesús viene a traer al Espíritu Santo, el perdón, la sanidad espiritual, la restauración de relaciones correctas, la incorporación al pueblo de Dios…
Juan el Bautista preparó el camino. ¡No lo bloqueó! ¡No puso más problemas! Presentó soluciones. Preparó a la gente para entrar en el ámbito de la Buena Noticia. Y lo hizo desde una humildad que impresiona: “¡no soy digno de desatarle la correa de la sandalia!”. Juan estaba abrumado ante la grandeza de Aquel a quien anunciaba.
 ¿Cómo preparar el camino hoy?
1) Purificar la mirada del corazón para “ver de otra manera”;
2) Poner en hora el reloj de la Paciencia y confiar en el sabio ritmo de Dios;
3) Hacer fácil el camino a los demás: con nuestra súplica a Dios, con nuestra comprensión, con nuestra benevolencia a prueba de mal, con nuestra crítica constructiva, con nuestra disponibilidad a ayudar, con nuestra alegría.

Fuente:
Cfr.
Captura de imagen: Tweed de Caterina Valentino.

CONVERSIÓN

NOTITARDE, Valencia, 10 de diciembre de 2017
“CAMINANDO CON CRISTO”
Preparen el camino del Señor
Joel de Jesús Núñez Flautes

El texto del Evangelio de hoy inicia diciendo: “Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Este título general marcará todo el relato de Marcos, que leeremos en este nuevo año litúrgico, que comenzamos el domingo pasado. Evangelio que no es un libro, sino una persona que es Jesús, ya que Él es la Buena Noticia de la Salvación de Dios Padre para los hombres. Él, por tanto, es Dios mismo en medio de los hombres, como lo va a dejar claro en su texto el evangelista Marcos. Él es el Mesías y Salvador, el Ungido del Padre que se ha encarnado en medio de los hombres por obra del Espíritu Santo.
Destaca en el texto de hoy la figura de Juan El Bautista que se presenta como profeta que prepara el camino del Señor Jesús que ya está en medio de los hombres y que viene a bautizar con el Espíritu Santo y nos pide conversión del corazón para poder recibir los dones que vienen de Dios. La conversión que pide Juan a orillas del Jordán implica un cambio radical de mentalidad y actitudes interiores, que se traduce en una nueva forma de vida, en una nueva conducta moral,  según la vocación de cada uno. Para esto Juan proponía un bautismo penitencial, que vendría a preparar al nuevo y definitivo bautismo inaugurado por Jesús en el Jordán que donará al creyente el don del Espíritu Santo.
Necesitamos convertirnos, dejar el hombre viejo y caminar con sinceridad hacia Dios. Hoy, El Señor nos pide un cambio radical de vida, que nos centremos en el amor que es lo esencial.
IDA Y RETORNO: Vivamos el adviento con esperanza.

Fuente:
Cfr.
Ilustración: Portada de "The ICI Magazine", nr. 288 de 1960. Colección: Academia Nacional de Historia / Hemeroteca.

sábado, 9 de diciembre de 2017

MARCIALMENTE

Aporte de Carlos Coello a Caracas en Retrospectiva II (Facebook)

Comenta: "El 21 de Diciembre de 1935, cuatro días después del fallecimiento de Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras promulga uno de sus primeros decretos. Se trata del “estudio y construcción de un edificio modelo para el funcionamiento del Liceo Caracas”. Resulta significativo que, cuando todavía Gómez no tiene una semana de muerto, lance este decreto, con lo que se pone en evidencia la precaria condición educativa del país y la urgencia de su resolución. Y es que el censo de 1936 reflejará la condición crítica del país que deja Gómez: aproximadamente 61% de la población mayor de 15 años era analfabeta; más del 80% de los niños no iban a la escuela; había sólo 1.489 estudiantes de bachillerato y 900 estudiantes universitarios y menos de 2.000 maestros en todo el país. El futuro no parecía muy prometedor: un solo maestro se había graduado en Venezuela en 1932.
Otra decisión importante da continuidad a la creación de los edificios de los Museos, uno de Bellas Artes y otro de Ciencias, en la entrada de Los Caobos, proyecto que Gómez había decretado el 24 de julio de 1935, y que López Contreras avalará como una forma de generar trabajo en una Venezuela deprimida. De hecho el ministro de Obras Públicas, Tomás Pacanins Acevedo, pondrá en marcha el primer Plan de Emergencia de Obras Públicas, que incluye la construcción del Museo de Bellas Artes, el Museo de Ciencias Naturales, el Instituto Pedagógico y el Cuartel Urdaneta. A cargo del proyecto de los Museos se encuentra Villanueva, quien curiosamente revalidará su título de arquitecto en Venezuela el 24 de julio de 1936, indicando con ello su definitiva instalación en el país, tras siete años de su arribo". Sobre los cascos prusianos, agrega: "Se llaman "pickelhaube" y fue diseñado en 1842 por el rey Federico Guillermo IV de Prusia, el pickelhaube clásico estaba hecho de cuero con un acabado brillante, con adornos metálicos dorados o plateados, las versiones totalmente metálicas solían corresponder a las unidades de coraceros y habitualmente lo lucían relevantes figuras militares y políticas, como Otto von Bismarck, Alfonso XIII de España o el general Miguel Primo de Rivera y algunos miembros de su cuerpo militar. Con el colapso de las Potencias Centrales en 1918, el pickelhaube fue abolido, incluso para la policía".
 (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10155966555023029&set=gm.10155909687233544&type=3&theater)

PANTOMIMA

La rabia en la parranda electoral
Juan Rubio
 
En las horas que me ha tocado escribir este artículo ha sido interrumpido múltiples veces, la saboteadora ha venido siendo una algarabía que insiste que la tomen en cuenta. Esta celebración fuera de lugar está llena de música, consignas trilladas y es impulsada por quienes proclamaron que no participarían en ella, al menos no nuevamente; pero la ocasión se precipita y todos debemos bailar a su ritmo. ¿Cuál es este acontecimiento tan inexorable? ¡Pues obvio! ¡El de una nueva parranda electoral decembrina!
Sarcasmo aparte, la realidad es de veras una cosa más extraña que la ficción. Después de un plebiscito exitoso el 16 de julio de este año y las simulaciones electorales del 30 del mismo mes y el 15 de octubre, pareciese que ningún sufragio en Venezuela hiciese diferencia alguna para los ciudadanos. La Asamblea Nacional ignoró el mandato popular y ahora tiene un régimen de tiempo compartido con la Asamblea Nacional Constituyente. La Constituyente hace todo lo que la dictadura ya hacía antes. Los gobernadores, al igual que siempre, son unos lastimeros receptores de las dádivas del Ejecutivo Nacional. Ahora bien, considerando tales precedentes; las próximas elecciones municipales parecen ser la reiteración del chiste ¿quieres que te cuente el cuento del Gallo Pelón?, una cuestión que emerge para no darle respuestas a nadie.
El juego político con la esperanzas de la gente es válido en tanto haya instancias creíbles para hacer cumplir sus aspiraciones. En la Venezuela de hoy, la institución del voto, aún con el valor intrínseco que ésta pueda tener; es una pantomima que genera vergüenza tanto en el territorio nacional como en el exterior. Así las cosas, es imposible creer en el sufragio cuando está desprovisto de transparencia. Sin embargo, siempre habrán los actores que vociferan lo contrario, que el voto es voto a pesar de lo que sea. Éstos son los que se pavonearán y agitarán en las tarimas antes de la elección y que, una vez transcurridos los comicios, nos hablarán sobre claudicación estratégica o humillación necesaria.
En el ínterin, el tiempo sigue transcurriendo y es mortal para todos los venezolanos. Entre pitos, consignas y comandos de campaña, la ciudadanía se desvanece en la mengua, la enfermedad, la pobreza, la carestía y la migración masiva. La clase política formal habla en términos que nadie entiende. Los representantes de la dictadura están con su propaganda y batallas intestinas. Los representantes de la oposición están invirtiendo en otro ensayo de diálogo con objetivos que son disímiles a los del pueblo. Sea de un lado o el otro, los problemas los agravan en conjunto, el primero por acción y el segundo por omisión. Lo peor de toda esta situación es que luce como un laberinto sin salida. No puede ser de otra manera cuando la única propuesta es participar en una elección amañada tras otra.
No podemos seguir en negación de la naturaleza de lo que el país enfrenta, hacerle coro a la frase todas las dictaduras salen con votos hasta que se vuelva realidad o continuar con un ejercicio electoral que es un insulto para la propia institución. Cuando nos vemos arrebatados de república y democracia es inaceptable pensar que la tiranía entregará voluntariamente los medios para su disolución. Hay que analizar nuestro contexto y no creer en soluciones fáciles, nuestro drama no se terminará poniendo una papeleta en una caja electoral y eso hay que aceptarlo.
La dinámica política en Venezuela cambió a partir de la victoria opositora en las elecciones de 2015. Desde ese entonces, todos los espejismos se han desvanecido. Hoy por hoy, tenemos una Asamblea Nacional de cartón junto a una Asamblea Nacional Constituyente de plástico. El Poder moral es totalmente inmoral. El Poder Electoral es un ministerio más con fraudes comprobados. El Poder Ejecutivo regional y municipal son cascarones incapaces de mejorar ni una sola vida. Todo el poder del otrora estado venezolano está concentrado en el Ejecutivo Nacional y las Fuerzas Armadas. Tales hechos son la mayor prueba que con la derrota de la dictadura en las elecciones parlamentarias, ésta se percató que las elecciones auténticas ya no le sirven, y por ende, no puede haber duda que no permitirá que las mismas transcurran de nuevo.
Es necesario ya apagar la música y terminar la fiesta. La lucha es otra, aquella acción popular de masas debidamente coordinada y pensada. Nadie en este país está genuinamente feliz o contento a menos que viva en una burbuja. Acá no hay nada que celebrar entre tantos que hemos perdido por represión, hambre, inseguridad o virulencia. Señores de la clase política formal, por favor ahorrense el dinero que gastan en panfletos o cornetas móviles. Úsenlo para algo bueno. Alivien un poco las carencias de los más necesitados. Sirvan de verdadero apoyo a la ciudadanía en esta calamidad. Amilanen tanto desengaño y burla que le han hecho al pueblo. Háganse merecedores de empatía en vez de tanta repulsa.

Fuente:
Ilustración: Dumont.

jueves, 7 de diciembre de 2017

DEL USO POLÍTICO DE LA RAZÓN

EL PAÍS, Madrid, 28 de noviembre de 2017
TRIBUNA
El sombrío legado de Franco
Los dirigentes del PP se cargarían de razón si no coqueteasen con el pseudorrevisionismo histórico que blanquea la imagen del dictador. Pero recurrir a él para explicar la crisis actual es sorprendente
Javier Moreno Luzón
 
Que para explicar la crisis catalana actual se recurra a Francisco Franco, un dictador muerto hace cuarenta y dos años, resulta cuando menos sorprendente. Pero así lo hacen numerosas voces, en los círculos independentistas, en un ala de la izquierda española y en unos cuantos medios de comunicación extranjeros. Tras las acciones del Gobierno de España se descubre la sombra de Franco, mientras a Mariano Rajoy se le erige en heredero del Caudillo y de otros autócratas dispuestos a mantener como sea la unidad nacional. Coinciden en este diagnóstico políticos, periodistas y académicos empeñados en describir un Estado ajeno a las normas democráticas occidentales. A propósito del encarcelamiento de los líderes secesionistas, hay quien ha rescatado una tajante sentencia del escritor Rafael Chirbes: “este país apesta a franquismo”.
Una respuesta inmediata a estas afirmaciones consistiría en comprobar que contienen disparates evidentes: en España, se diga lo que se diga en la BBC, no existe un régimen autoritario sino una democracia liberal, con forma de monarquía parlamentaria, en la que se garantizan los derechos y libertades individuales, hay separación de poderes y el Gobierno emana de un Parlamento elegido por sufragio universal. El Estado español es un miembro de la UE con problemas similares a los de sus socios, no un paria internacional. Costaría imaginar, bajo un sistema franquista o pseudofranquista, elementos legales tan consolidados en la vida española como la existencia de comunidades autónomas con extensas atribuciones o la falta de censura, no digamos ya el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Sin embargo, tanta insistencia merece alguna reflexión, porque no se trata sólo de una improvisada propaganda pro-catalanista. Semejantes tesis se sustentan sobre bases que las hacen verosímiles entre quienes las repiten. Algunas trazas de la cultura política española y catalana recuerdan a las del franquismo, como los hábitos caciquiles en el manejo de los recursos públicos o la corrupción rampante que vincula a autoridades y empresarios amigos. Nada que no proceda de periodos anteriores a la dictadura y que no ocurra en diversas partes de Europa donde reina también el clientelismo. Además, ahora la prensa airea y los jueces persiguen las corruptelas, que no quedan impunes. Podría hablarse asimismo de los privilegios de la Iglesia, que aún disfruta de un trato preferente que no se corresponde con la secularización de las costumbres, eco de lo que pasa en otros países de la UE con tradiciones católicas.
En cuanto a la cuestión catalana, pueden atribuirse a reflejos autoritarios los errores en la gestión del desafío nacionalista, como la torpeza gubernamental en el empleo de las fuerzas de seguridad o la actuación de la Audiencia Nacional, que ha tomado medidas preventivas más que discutibles. Pero establecer un paralelismo entre estos hechos y la represión franquista de los nacionalismos subestatales carece de fundamento. Baste recordar que, desde la Guerra Civil hasta los años setenta, no hubo en ninguna zona de España elecciones limpias ni más partidos y sindicatos autorizados que los oficiales, abundaban los presos políticos y se prohibía cualquier expresión nacionalista no española. Ningún gobernador civil de entonces hubiera permitido manifestaciones a favor de la independencia —ni tan siquiera de la autonomía— de Cataluña. La senyera, que podía entenderse como símbolo de una región española, no se izó en los ayuntamientos catalanes hasta 1975.
En realidad, las alusiones a Franco adquieren credibilidad porque su régimen se identifica, sin matices, con el nacionalismo español. No con el castellano, que apenas ha salido de la irrelevancia, sino con el que afirma que la única nación política —dotada por tanto de soberanía— en el territorio de este Estado es España. Un nacionalismo que ha tenido varias versiones desde su aparición durante la guerra napoleónica de 1808, que precedió por lo tanto al franquismo y que lo ha sobrevivido. Durante el Ochocientos y las primeras décadas del Novecientos, hubo españolistas liberales, demócratas y republicanos que, de Agustín Argüelles a Manuel Azaña, concebían España como una comunidad cívica, adornada con características propias pero compuesta de ciudadanos con derechos protegidos por el Estado a través de un régimen representativo. En algunos momentos, como en la Segunda República, estos sectores llegaron a acuerdos con los catalanistas para concederles una autonomía regional.
La coalición reaccionaria que apoyó el levantamiento contra la legalidad republicana en 1936 y luego al dictador durante los treinta y nueve años siguientes heredó otras visiones de la españolidad. Por un lado, un nacional-catolicismo que sólo admitía una manera de ser español, la católica, y propugnaba un Estado confesional y corporativo. Por otro, la vertiente hispana del fascismo, cuyas expresiones nacionalistas recogieron la sublimación de Castilla como núcleo de España y adoptaron un proyecto totalitario. La Falange proporcionó cuadros y discursos a la dictadura, pero, más allá de sus efímeros logros nacional-sindicalistas, fueron los católicos quienes dejaron una huella más profunda en ella. Sin olvidar los rasgos propios de un nacionalismo militar que atribuía al ejército la misión de salvar a la patria de sus enemigos internos, entre ellos los catalanistas: Franco no dejó de ser un general cuya legitimidad provenía de vencer en una guerra.
Poco queda de estos componentes franquistas en el nacionalismo español, reforzado ante el reto independentista catalán. Se perciben algunos síntomas poco tranquilizadores, como la presencia violenta de grupúsculos neofascistas en algunas concentraciones, donde se ha visto a descerebrados cantar el Cara al sol —himno de Falange— enarbolando banderas constitucionales. Pero las grandes fuerzas políticas españolistas parecen comprometidas con los valores democráticos y se explican en términos incompatibles con el militarismo, las premisas nacional-católicas o el falangismo, aunque haya portavoces secesionistas que acusen a Albert Rivera, de Ciudadanos, de ser un nuevo José Antonio.
Así pues, no es posible dar cuenta del conflicto que se dirime en nuestro país acudiendo al sombrío legado de Franco. Se entiende mejor como una pugna entre nacionalistas en el marco de una democracia que, como la mayoría de sus congéneres, intenta evitar la ruptura de su ordenamiento constitucional; no como la lucha entre los herederos del franquismo y los adalides de la libertad. Aunque los dirigentes del PP se cargarían de razón en sus protestas si no coqueteasen con el pseudorrevisionismo histórico que blanquea la imagen del dictador; si aceptaran la retirada de los homenajes al franquismo en calles o monumentos y comenzasen a atender las demandas de los descendientes de sus víctimas. La causa de la España democrática y europeísta saldría muy fortalecida.
(*) Javier Moreno Luzón es historiador y ha publicado, con Xosé M. Núñez Seixas, Los colores de la patria. Símbolos nacionales en la España contemporánea (Tecnos, 2017).

Fuente:
Ilustración: Raquel Marín.

EL PAÍS, Madrid, 20 de julio de 2017
TRIBUNA
La Rusia de Occidente
Javier Moreno Luzón 
 
El revolucionario ruso León Trotski pasó en España los últimos meses de 1916, tan solo un año antes de tomar el poder en Petrogrado. Fue un viaje azaroso: expulsado de Francia, anduvo por Madrid, donde disfrutó del Museo del Prado, hasta que la policía lo encarceló y lo mandó a Cádiz, a la espera de un barco que lo sacase del país. Apenas logró manejar unas cuantas palabras en castellano, pero captó algunos rasgos de la vida española, como la mala fama de los políticos, las desigualdades sociales o el poder de la Iglesia. Le impresionaron la indolencia, la amabilidad y el calor. Desde su siguiente destino, Nueva York, escribió que el problema agrario y el carácter violento de sus habitantes hacían de España, después de Rusia, el lugar donde resultaba más probable una revolución.
Aquel paralelismo entre los dos extremos de Europa tenía antecedentes tan ilustres como el de Miguel de Unamuno, quien había afirmado que ambos pueblos compartían una misma religiosidad mística y un fondo comunal campesino. Los estereotipos hablaban de seculares atrasos y exotismos orientales, de gentes un tanto salvajes. Hasta el ancho de vía de sus respectivos ferrocarriles era mayor que el usual en el continente. El rey Alfonso XIII creía que la primera de las revoluciones rusas de 1917, la que hizo abdicar al zar, podía repetirse en España, sobre todo si entraba en la guerra europea como había hecho Rusia.
Durante unos meses, los acontecimientos dieron la razón a los augures. Ese mismo verano se encadenaron varios conatos revolucionarios en España: el de las juntas militares, que expresaban agravios corporativos; el de catalanistas y republicanos, que convocaron una asamblea de parlamentarios para exigir la reforma de la Constitución; y el de los sindicatos obreros, lanzados a la huelga general. Hubo quien pensó en una réplica de la experiencia rusa, con un proceso constituyente custodiado por sóviets de obreros y soldados. Pero España no era Rusia: a la hora de la verdad, las clases medias catalanas no se aliaron con los huelguistas y los militares reprimieron la insurrección sindical. La monarquía española, más parecida a la italiana que al imperio de los zares, resistió el embate.
La verdadera fe que llegó a España desde Rusia en 1917 no fue la del febrero democrático, sino la del octubre rojo, un potente mito político que cambió el paisaje mundial, dividió a las izquierdas y atemorizó a las derechas. El campo andaluz vivió un trienio bolchevique en el que los jornaleros aspiraban al reparto de las tierras que habían conseguido los rusos; mientras los sectores conservadores alertaban del peligro soviético para imponer soluciones autoritarias. Aunque la escasa información jugara a veces malas pasadas. Los anarcosindicalistas de la CNT acogieron con entusiasmo aquel trastorno radical y los socialistas decidieron tantear su adhesión a la nueva Internacional. Pero sendos viajes a Moscú les quitaron las ganas, pues aquellos aguerridos héroes perseguían a los ácratas, exigían disciplina y despreciaban los derechos ciudadanos. Vladímir Lenin se lo dejó claro en 1920 a un atónito Fernando de los Ríos, enviado del PSOE: “Libertad, ¿para qué?”. Por entonces se organizaban ya los comunistas españoles.
La vieja Rusia medieval se había convertido, de golpe, en el faro que alumbraba el futuro de la humanidad. En España se publicaron decenas de libros sobre el experimento y numerosos viajeros confirmaron sus excelencias. Sin embargo, sus partidarios no salieron de los márgenes hasta la Segunda República, cuando el camarada Iósif Stalin había heredado ya las herramientas dictatoriales de Lenin y lanzado al exilio a Trotski, disidente en nombre del ideal leninista. Mediados los años treinta, el régimen staliniano se sumó a las coaliciones contra el fascismo que avanzaba en Europa y sus peones españoles hicieron lo propio con el Frente Popular que ganó las elecciones de 1936. Entraron en el Parlamento y se hicieron con el control de las juventudes socialistas, aunque la posibilidad de una revolución al estilo soviético, un fantasma que agitaron las derechas antirrepublicanas, era más bien remota. Al socialista Francisco Largo Caballero le quedó, eso sí, el remoquete de Lenin español.
España estuvo algo más cerca de transformarse en la Rusia de Occidente durante la Guerra Civil. La Unión Soviética era el único apoyo internacional de peso que tenía la República y su esfuerzo militar dependía de la ayuda de Stalin, por lo que los comunistas adquirieron en la zona leal una influencia decisiva. Cabeza de la contrarrevolución que acabó con las colectivizaciones orquestadas por los anarquistas al estallar el conflicto, aplicaron las técnicas ya probadas en la Unión Soviética, donde no solo habían barrido a los trotskistas, sino que también purgaban a los más adictos, en un sistema de terror sin límites. Los marxistas antiestalinistas del POUM fueron liquidados. En 1940, el catalán Ramón Mercader, al servicio de Stalin, asesinó a Trotski en su destierro mexicano.
A partir de ahí, el comunismo español formó el tronco principal de la oposición a la dictadura de Francisco Franco. Tras el fracaso del maquis guerrillero, adoptó una línea conciliadora que aspiraba a traer a España la democracia pluralista y no un régimen autocrático al estilo soviético. Esa distancia se ensanchó y la actitud constructiva del PCE protagonizó la Transición a la muerte del tirano. Poco quedaba ya del sueño revolucionario, aunque aún subsistían los métodos de Lenin, la jerarquía implacable y la purga de los discrepantes en el interior del partido. Su progresiva insignificancia acabó por diluirlo en Izquierda Unida, donde ha sobrevivido pese al derrumbe de la Unión Soviética.
Hoy, en el centenario de las revoluciones rusas, carecen de sentido las comparaciones de antaño y nadie podría imaginar una España sovietizada. Pero el mito sigue vivo y las hazañas de Lenin y Trotski, no tanto las de Stalin, aún despiertan simpatías entre algunos izquierdistas españoles. Sobre todo en Podemos, donde sus impulsores, que han hablado de leninismo amable, no ocultan su admiración por Octubre, su fuerza y sus procedimientos. Pablo Iglesias Turrión emplea la retórica revolucionaria y rinde homenajes a “aquel calvo”, “mente prodigiosa” que satisfizo los deseos de los trabajadores. Las alusiones a 1917 no pueden ser inocentes, pues sus consecuencias, que marcaron el siglo XX, todavía nos interpelan.

(*) Javier Moreno Luzón es catedrático de Historia en la Universidad Complutense de Madrid. Acaba de publicar, con Xosé M. Núñez Seixas, Los colores de la patria. Símbolos nacionales en la España contemporánea (Tecnos).

Fuente:
Ilustración: Eva Vázquez.

EL PAÍS, Madrid, 16 de julio de 2017
Usos políticos de la Segunda República
Javier Moreno Luzón
 
En ese breve periodo democrático se dan cita algunos elementos clave en cualquier interpretación acerca de la España contemporánea. Antecedente inmediato de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco, a él se acercan quienes intentan dilucidar por qué aquí no cuajó la democracia y a qué fuerzas hay que atribuir la responsabilidad en la tragedia. Naturalmente, las izquierdas y las derechas acusan a los predecesores de sus contrarias y absuelven a los propios. Una pugna histórico-política que se ha enconado en las últimas décadas y ha enrarecido el clima historiográfico hasta extremos antes inimaginables.
Para empezar, bajo la bota franquista se permitían pocas dudas: la República no era más que la culminación de una historia desgraciada, la del liberalismo español, que había traicionado las esencias nacionales y se había entregado a revolucionarios y separatistas, lo cual justificaba el levantamiento militar de 1936. En aquellos tiempos grises, los escasos historiadores que se ocupaban de la época y no se dedicaban a la propaganda vivían fuera del país. Entre ellos figuraban defensores de los republicanos y socialistas que habían diseñado el programa —educativo, social y agrario, civilista, secularizador— de 1931, pero también observadores moderados que guardaban las distancias.
Conforme se abrió paso la democracia en los setenta, el panorama cambió de forma substancial, pues desde entonces proliferaron las publicaciones y los coloquios, los cursos y los programas de radio y televisión, mientras el ambiente político animaba a no repetir los errores pretéritos y pasar página. Aquel florecimiento historiográfico, que con altibajos duró más de dos decenios, no sólo multiplicó las contribuciones, sino que puso asimismo a los académicos autóctonos al mismo nivel que los hispanistas. Se asentaron enfoques que aconsejaban contemplar la etapa en toda su complejidad y no tener a la República por un mero plano inclinado hacia la contienda. Y, cosa notable, fue posible el diálogo entre gentes de ideologías distintas, que no confundían su proximidad a una u otra tendencia con la fe ciega en sus bondades.
Sin embargo, a finales de los noventa, cuando la historia se transformó de nuevo en arena de combate político, ese entendimiento se vino abajo. Abrieron fuego pseudohistoriadores que recuperaron viejas tesis de regusto franquista: las izquierdas tuvieron la culpa de todo y la guerra comenzó no en 1936, sino en 1934, cuando se sublevaron contra un Gobierno en el que entraban los católicos. La democracia no era tal y Franco salvó a España del comunismo. Lo burdo de sus argumentos, acorde con sus métodos de investigación, no impidió que vendieran muchos libros y llenasen grandes espacios mediáticos. El público de derechas seguía ahí, dispuesto a comprar, con ropajes diferentes, las diatribas ya conocidas.
Por otro lado, los movimientos para la recuperación de la memoria histórica reivindicaron la herencia republicana, la de los perdedores de la guerra, demandaron reparaciones y proyectaron hacia atrás una visión idealizada de la República. Más que comprender qué había ocurrido, se trataba de enarbolar emblemas progresistas, lo mismo que en las manifestaciones contra los Gobiernos del Partido Popular ondeaban por miles las banderas tricolores. Según estas versiones, los partidos y sindicatos de izquierda se habían comportado como demócratas irreprochables y merecían más y mejores homenajes. Como si republicanos, socialistas, nacionalistas, anarquistas y comunistas hubieran remado siempre juntos y en la misma dirección.
Las posturas se radicalizaron cuando, ya entrado nuestro siglo, el Gabinete socialista, decidido a integrar el legado republicano en la España constitucional, impulsó una ley de reparaciones que, aunque prudente, desató una intensa pugna. Nada la ejemplificó mejor que la batalla simbólica de esquelas en la prensa, en la que cada cual recordaba a sus muertos. Y así estamos. Los conservadores repiten, día sí y día también, que hay que mantener cerradas las heridas, al tiempo que incumplen la ley y contraponen la Transición modélica al caos republicano. Por su parte, las nuevas izquierdas elogian al pueblo de 1931 y al que frenó al fascismo en 1936. La súbita crisis de la Monarquía les hizo soñar con una Tercera República, espejo de la Segunda, pero su despertar no ha borrado las trincheras cavadas en torno a las respectivas legitimidades.
Entre tanto, la historiografía se ha enriquecido con un sinfín de artículos, libros y congresos, impulsada a menudo por profesionales españoles que se mueven con soltura en las universidades europeas. Se han refrescado temas clásicos, como las biografías, las elecciones o las reformas; y también se atiende a otros actores, desde las mujeres hasta los guardias civiles, al tiempo que la historia cultural ilumina los discursos, las movilizaciones o la violencia política. Los estudios locales ya no son localistas, sino que emplean el microscopio para desentrañar fenómenos de largo alcance.
No obstante, los especialistas en la República tienden hoy a alinearse en facciones enfrentadas a cara de perro. Poco queda de los foros donde un general vencedor podía conversar con un antiguo exiliado. Ahora lo habitual es descalificar a quienes sostienen otras posiciones, porque se supone que su militancia progresista les impide ver la realidad o porque cualquier melladura en los mitos republicanos se juzga como un retorno a las ideas del franquismo. No basta con discutir las opiniones de los otros, sino que además hay que tacharles de deshonestos. Abundan los albaceas de personajes y causas del pasado, mientras algunos medios instrumentalizan las investigaciones universitarias para alimentar la controversia. Hasta ha entrado en escena, con un toque surrealista, la Fundación Francisco Franco. La política maniquea pervierte el conocimiento de la historia, y este, como la calidad de nuestros debates, sale perdiendo.
las opiniones de otros, sino que además hay que tacharles de deshonestos
(*) Javier Moreno Luzón es catedrático de Historia en la Universidad Complutense de Madrid.

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¿Y DE LO QUE NO SE SABE DE ESTA DICTADURA?

Eulogio del Pino: Del terror independentista en Canarias a ministro de Maduro
Dic 2, 2017 12:43 pm

Las autoridades de inteligencia militar de Venezuela han detenido esta semana al ex ministro, nacido en Canarias, del Poder Popular de Petróleo y Minería, Eulogio del Pino, por un supuesto desvío de fondos. Nicolás Maduro después de su cese advirtió que quien traicionase su confianza sería «perseguido», publica ABC.
Los fiscales, sin presentar ninguna prueba alguna, acusaron al ministro de nacionalidad española de pertenecer a un presunto «cártel» que operaba un esquema de corrupción de aproximadamente 500 millones de dólares en el estado occidental de Zulia.
Del Pino tiene pasaporte de España. Nació en las islas Canarias aunque este dato es de los menos conocidos del hasta ahora poderoso ministro venezolano del Petróleo. Llegó a Venezuela como otros tantos isleños que en su momento emigraron a este país. Salió de las islas tras su experiencia como colaborador de Antonio Cubillo.
Y es que Del Pino, que antes de ser ministro del Petróleo fue responsable de las operaciones de PDVSA, era presentado como «activista», de acuerdo con la biografía que el Gobierno de Venezuela difundió en 2016, del Movimiento por la Independencia de las Islas Canarias (Mpaiac) que, según el Tribunal Supremo en España a través de una sentencia de 2014, fue un grupo terrorista.
¿Activismo?
El atentado fue en 1977 y, de acuerdo con la biografía oficial de Del Pino en ese periodo era «activista» del grupo terrorista de Cubillo. Y eso es lo que tenido Maduro en su gabinete. Cubillo nunca reivindicó este atentado pero una sentencia del Tribunal Supremo en España en 2014 sí le consideró responsable.
Tras salir de Canarias, Eulogio del Pino se graduó en Ingeniería Geofísica de la Universidad Central de Venezuela, en 1979, y después hizo un máster en Exploración Petrolera de la Universidad de Stanford, EE.UU. en 1985.
En el periodo que Del Pino estuvo de «activista» en Canarias, hubo: bombas en la antigua Simago, Galerías Preciados, Hotel Iberia y otros de Puerto de la Cruz, torres de alta tensión, delegaciones de la Seguridad Social, dependencias del Ministerio de Cultura, residencia de verano del jefe del Mando de Canarias, ataques contra centros de reclutamiento del Ministerio de Defensa, ametrallamiento de vehículos militares en La Laguna y Santa Cruz de Tenerife. Así lo contaba ABC.
Poder
Del Pino fue, de acuerdo con la teoría oficial venezolana, «voluntario del Movimiento Estudiantil Unido con el Pueblo, participando en diversas actividades en defensa del derecho al cupo universitario para el pueblo. Mientras cursaba estudios de pregrado se caracterizó como activista del Movimiento por la Independencia de las Islas Canarias y voluntario del Movimiento Estudiantil Unido con el Pueblo, participando en diversas actividades en defensa del derecho al cupo universitario para el pueblo».
El fiscal general, Tarek William Saab, anunció a finales de noviembre la detención de Del Pino por «la alteración intencional de cifras fiscalizadas de producción de crudo desde 2014 a 2017». El ex ministro reconoce que se han desviado fondos de PDVSA y recuerda que ha sido «el primero» en denunciarlo, por lo que ha reclamado la comprensión a su «admirado» Maduro.
La detención de Del Pino se enmarca en la cruzada anticorrupción que ha anunciado Maduro en los últimos días y que se dirige contra «mafias» compuestas por «traidores» de la industria petrolera. Desde el pasado mes de agosto, han sido arrestados 65 gerentes de la industria petrolera, incluidos 16 altos mandos.
Del Pino fue presidente de PDVSA desde febrero de 2015 hasta agosto pasado cuando pasó a encargarse de la cartera de Petróleo y su detención tiene que ver con su paso al frente de la estatal petrolera. Se le acusa de ser responsable «en las tramas de corrupción de Petrozamora», una de las filiales de PDVSA, en la que se perdieron 15 millones de barriles «tasados en centenares de millones de dólares».
El hombre de Maduro en Europa
Tener pasaporte español aunque sea separatista canario es útil para moverse por Europa. Tras salir de Canarias y lienciarse en Venezuela, Del Pino comenzó su carrera en Intevep, en 1979, donde ocupó diversos cargos técnicos y de supervisión. En 1990 fue nombrado Director Técnico para América Latina en Atlas Occidental.
En 1991 regresó a PDVSA, donde ocupó diversos puestos directivos en la filial de Corpoven. Hace veinte años fue nombrado Director de Exploración y Delineación en PDVSA. En 2001 fue responsable de reiniciar la exploración costa afuera de PDVSA en la Plataforma Deltana.
En 2003 fue nombrado Director General de Asociaciones Estratégicas de la Corporación Venezolana del Petróleo, en representación de PDVSA en las asociaciones estratégicas de la Faja Petrolífera del Orinoco.
En 2004 fue nombrado director de la Corporación Venezolana del Petróleo y en enero de 2005 fue nombrado director Interno de PDVSA y presidente de CVP. Desde 2008 era vicepresidente de Exploración y Producción de PDVSA, presidente de PDVSA Servicios, y presidente de PDV Europa.

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CUADERNO DE BITÁCORA

El pasado 21 de noviembre, se cumplieron 60 años de la protesta estudiantil, corajuda y trascendental, contra la dictadura de Pérez Jiménez. Hicimos un proyecto de Acuerdo alusivo del cual se hizo portadora la diputada Dignora Hernández para gestionarlo en nombre de la fracción parlamentaria 16-JULIO, pero no cupo en el Orden del Día de la Asamblea Nacional, cuya sesión ordinaria casualmente se realizó el martes 21. Algo que asombra, pues, proveniente algunos diputados del medio universitario hasta no hace mucho, planteada la crisis de las universidades venezolanas, está ausente un mínimo de consciencia histórica y una vocación por temas que vayan más allá de las líneas políticas inmediatas, como la del diálogo dominicano. Entonces, decidimos hacer una propuesta alternativa para el Día del Profesor Universitario que cayó, justo, el martes 5 de diciembre del presente año. Además, públicamente, la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar (APUSB), había solicitado en fecha 20 de noviembre, un derecho de palabra al diputado Julio Borges, con la idea de iniciar un debate de fondo sobre la autonomía universitaria en peligro, como la misma universidad, y los diputados de Vente Venezuela habíamos planteado lo propio en fecha 28 de octubre. Es de suponer, ninguna comunicación recibió respuesta. Por lo que, para el día 5 de diciembre, pretendimos incluir el asunto en la agenda parlamentaria y sólo fue permitido un punto de información que lo dió la diputada Hernández, quien se adelantó con una declaración  (https://www.lapatilla.com/site/2017/12/05/diputada-dignora-hernandez-y-f16jul-esta-dictadura-no-lograra-acabar-con-la-universidad-venezolana).  Dejamos la respectiva congratulación a los docentes universitarios en Facebook y, por cierto, fue lapidaria la nota de Guillermo Aveledo.

No gustamos de hacer referencias públicas a COPEI, pero resulta inevitable hacerlo a propósito de esta nota que, al parecer, está confirmada.  Ocurre con este o cualesquiera partidos. Es suficientemente grave, pues, arrepentimientos aparte, así como existe el lavado de capitales dudosos, también está el del prestigio, reputación o qué sabemos nosotros de la política - además - opositora. Hay que tener la cara muy de tabla para semejante candidatura. El problema, evidentemente, es ético. Y la ética de la que muchos confian, tiene una ineudible importancia para el presente y el futuro de un país que la expulsó, sin apelación alguna. Los vivianes del momento, no aportan piedra alguna para lareedificación del republicanismo indispensable, por vistosos que sean los disfraces.

Escribe Marie Claire Chahda: "Nadie está en los zapatos de nadie... Sacarlo o no sacarlo es un acto personalísimo. Conozco gente que lo tiene y está económicamente estable. Hay gente que lo necesita por no tener o haber perdido el poder adquisitivo de comida y medicina y no tiene cómo irse del país. Yo ni lo saco ni me voy, total ese carnet es puro cuento y manipulación, no servirá para nada porque nada sirve. Aùn cuando quisiera vivir del CLAP, no podría llegan cada 3 meses, los hospitales están en decadencia-sin medicinas y el fulano carnet ni es mágico ni hace magia" (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10156088807128442&set=a.51015238441.59985.695763441&type=3&theater).

TIEMPO DE ESPERA

Érase la buena praxis parlamentaria
Guido Sosola

Solemos olvidar que, aunque pocos hoy lo crean, tuvimos una larga y rica tradición parlamentaria. Al finalizar el siglo anterior, gracias a una onerosa campaña de desprestigio, la antipolítica se la llevó por el medio y no queda otro camino que el de un lento y penoso aprendizaje electo en 2015 que aún no lo cree.

Lo digo porque la semana pasada, la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional, concluyó por una penosa circunstancia que ojalá la última haya subsanado. En dos platos, aprobó sin quorum y, menos, debate, el acuerdo favorable al diálogo de República Dominicana; además, no hubo la consideración y aprobación del informe de la comisión de seguimiento designada, impidiéndole hablar a un representante de la novel fracción 16-JULIO.

Por supuesto, la historia del Congreso está llena de situaciones accidentadas, discusiones atropelladas, pero son muy contados los casos en los que no se cumplieron las debidas y mínimas formalidades parlamentarias. Éstas, como ocurre con las solemnidades de una sentencia judicial y el asiento notarial o registral, no se entiende sin el fiel cumplimiento de las formas.
Hubo momentos en el pasado que, a pesar de todos lospesares, se impuso la buena praxis parlamentaria: por ejemplo, promulgada la Constitución recientemente, hubo que suspenderla generando un debate en el Congreso que duró hasta la una de la mañana del 1º de febrero de 1961; no le quedó más remedio que, aun ausentándose de la cámara, aceptaran las fuerzas del gobierno la pérdida del control de Diputados en marzo de 1962 o la del Senado en marzo de 1968; irremediable, se investigó el caso de Alberto Lovera en 1965; volvió a reactivarse el cuerpo, dándole sentido al Reglamento Interior y de Debates, con la crisis asociada la reforma tributaria de 1966; se contó hasta el último voto con el Sierra Nevada en 1981. Hubo numerosas investigaciones que se diluyeron, incluyendo intervenciones históricas como las de José Rodríguez Iturbe y  Alfredo Coronil Hartmann sobre el destino del sistema democrático en los noventa que los diputados omitieron procedimentalmente, quedando sólo en discursos.

Con todo, érase la buena praxis parlamentaria que hoy, si desea reivindicarse ante la dictadura, la debe recuperar los asambleístas, recuperando el tiempo perdido en sandeces e improvisaciones. Significa recuperar la confianza de la ciudadanía, pues, inocultable, está desencantado con esta Asamblea Nacional que no debe cohabitar con la tal constituyente.

Reproducción: El ministro Carmelo Lauría. Reportaje sobre el mensaje presidencial. Resumen, Caracas, nr. 124 del 21/03/1976.
06/12/2017:

sábado, 2 de diciembre de 2017

CAZA DE CITAS







"Alirio Díaz, guitarrista genial (...) El venezolanísimo de Alirio y ese su amor a la tierrina se relievan así mismo en el hecho de que cada vez que da en público un recital incluye en sus programas música de autores venezolanos"

Luis Villalba Villalba

(Élite, Caracas, nr. 1483 del 06/03/1954)

Reproducción: El Nacional, Caracas, 29/01/1980.

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- María Josefa Pérez. "La Orquesta Sinfónica Venezuela: Cincuenta años no es nada". El Nacional, Caracas, 15/01/1980.
- Eduardo Lira Espejo. "El opus". El Nacional, 21/10/77.
- Marianella Balbi y el rock. El Nacional, 26/11/88.
- Rhazes Hernández López. "Pedro Antonio Silva, un virtuoso de ayer". El Universal, Caracas, 24/11/64.
- Israel Peña. "Proximidad a la Orquesta de Bamberg". El Nacional, 16/03/62.

Reproducción: Rhazés Hernández López para un artículo de Eduardo Lira Espejo. El Nacional, Caracas, 05/03/1953.

UN CAÑÓN GIRATORIO

Presupuesto y tertulia dominicana (criptomoneda aparte)
Luis Barragán

Recientemente, los medios oficiales y oficiosos informaron que la tal constituyente sancionó el presupuesto público nacional para 2018 por el orden de 36 billones 102 mil 059 millones de bolívares.  Reafirmándola como la aldea monotemática en la que nos ha convertido, gracias a una paradójica y deliberada saturación noticiosa, el asunto pasó inadvertido por la agobiada opinión pública.

De reparar en la trampa facial que ideó y aplicó la dictadura tiempo atrás, hablamos en realidad de 36 mil billones de bolívares, cifra nunca antes imaginada que retrata la situación real del país que quebraron. Excepto los boletines de prensa que cumplen con la formalidad de una notificación general, muy pocos saben de las intimidades de una materia que requería de una información pormenorizada y de una intensa discusión con todos los sectores, teniendo a la Asamblea Nacional como su principal e ineludible referente de conformidad con lo ordenado expresa e inequívocamente por la Constitución y leyes de la República.

El plazo constitucional para la definitiva sanción de la respectiva ley vence el venidero 15 de diciembre, aunque obviamente a los tales-constituyentistas les importa un bledo, pues, al fin y al cabo, se llevaron por delante todo el régimen presupuestario perfeccionado por largas décadas. Sin embargo, era de esperar un gesto – al menos – benevolente con sus contertulios de Quisqueya,  postergando la decisión.

Quizá todavía no abordaban los interlocutores de la dictadura el avión, cuando se hizo efectiva esa aprobación. La sola consideración de la materia, acarreaba el compromiso oficial de divulgar las cifras (macro) económicas esenciales a las que, por siempre,  está obligado, como uno de los requisitos previos a cualquier tertulia caribeña, además de las estadísticas que oculta en otros renglones.

La otra paradoja reside en que el sector opositor diligenciante del encuentro utilizó a la Asamblea Nacional con la pretensión de legitimar la aventura,  creyendo haber aprobado un proyecto de Acuerdo sin quorum ni debate la semana pasada, pero no reivindicó la más inmediata y concreta competencia en materia presupuestaria, por lo menos, para sentarse en una mesa común.  El monto desorbitante del presupuesto, por cierto, de tan incontrolado diseño y ejecución, como el de 2017 que fue aproximada y nominalmente de ocho (u ocho mil)  billones, ha dado un salto espectacular: 36 mil millones para un país en quiebra.

Referencias:

04/12/2017:

REALISMO FATAL

La emergencia estadística y Comala
Luis Barragán

Todavía no se sentaban a la mesa de reexploración, diálogo, discusión, negociación, entendimiento o encuentro casual e inadvertido en República Dominicana, cuando el ministro de Salud - Luis López -  despachó todo un grandilocuente testimonio anti-imperialista de rechazo a la supuesta ayuda humanitaria, asegurando que la población venezolana es atendida por Maduro Moros. Mentira ésta aparte, es de imaginar la boutade -  tan ministerial, no quepa duda -  como propia de una maniobra decimal del equipo oficialista o surgida repentinamente de la inspirada  ocurrencia sectaria de un funcionario que desea permanecer al frente de un despacho por el que han desfilado numerosísimos titulares. 

Lo cierto es que la emergencia humanitaria es cierta, real e irrefutable y no sólo porque los venezolanos la padecemos, sino por las evidencias  que legos y especialistas aportan a la opinión pública. De un modo u otro, por vía directa e indirecta, existen cifras que muy bien retratan la tragedia, aunque la censura,  el bloqueo informativo y  la sistemática campaña gubernamental de confusión, traten de ocultar lo que no pueden.

El Estado, sus distintas instituciones y agencias, en los más disímiles renglones, es el que no publica cifra alguna por mucho que tenga el deber constitucional y legal de hacerlo con la regularidad y la sobriedad tan necesarias. Peor, se sospecha, cuando las da, acarreando la destitución inmediata del funcionario u otras sanciones ejemplarizantes en las que incurren,  castigando el instante de lucidez, susceptibles de una posterior manipulación o adulteración.

Significa que el agravamiento e, incluso, muerte de pacientes por inasistencia médica o inexistencia de los medicamentos, pueden aparecer bajo otra clasificación o, simplemente, no aparecer, tal como no se cuenta ni divulga el número de robos violentos u homicidios, confinado a una bóveda. Por supuesto, la más alta burocracia ha de conocer las cifras, pero las sabe con la obligación de esconderlas y, sí esto ocurre frecuentemente, tan reiteradas y progresivas, no tiene ya objeto hacerle un fiel seguimiento.

Símil demasiado facilón, la situación del país dista mucho del pueblo de Macondo de García Márquez o del condado de  Yoknapatawpha de William Faulker.  Sentimos una mayor y trágica familiaridad con Comala, la localidad espectral de Juan Rulfo que palpó Justo Preciado. Vale decir, sin ni siquiera aparecer en las estadísticas, convertidas también en una emergencia, por demasiado obvia que sean las realidades, éstas resultan fantasmales.

Referencia:

04/12/2017: