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domingo, 28 de marzo de 2021

NOTA PARA UNA ETAPA QUE CONCLUYE, AUGURANDO OTRA

Un poco más de diez años atrás, comenzamos el presente blog. Hicimos caso a la recomendación de un amigo, sobre  todo por la costumbre algo arraigada de tomar diaria nota de muchas cosas.

Hoy concluye una etapa, augurando otra. Con el cambio de los parámetros para la incorporación de los archivos, faltándonos todavía la debida destreza, fue que nos percatamos del límite de quince mil entradas del sistema. La habíamos superado de largo y, por ello, no indexaba nuestros aportes, perdidos pronto en el inmenso pajar de bytes. 

Las  que fueron notas dispersas, adquirieron un carácter más sistemático con el tiempo. E, incluso, el ensamblaje semanal concluía con la exposición de los artículos de  opinión, reportajes y fotografías que los presumíamos de importancia y posterior utilidad, nuestros propios textos, Cazas de citas, Noticiero retrospectivo y la homilía dominical.  Al finalizar cada mes, publicábamos viejos avisos publicitarios de la prensa de los siglos XIX y XX, un esfuerzo residual de las visitas acostumbradas que hicimos a la hemeroteca de la Academia Nacional de Historia, ubicadaBiblioteca Nacional de frente a la fachada sur del Capitolio Federal, nostálgicos de las otras más antiguas a la Biblioteca Nacional de San Francisco, Mucubají y al  Foro Libertador.

Los incontables archivos y apuntaciones hemerográficas, por siempre, buscaron salida en el portal. Para nuestras colaboraciones de fondo, añadidos los trabajos de índole académica, así lo probamos, fijando el referente correspondiente para facilitar el acceso a una pieza que el lector quizá no imaginaba, dada la creciente destrucción de nuestro patrimonio documental.

Varias veces, previendo el extravío, en lo posible, tomamos de la diaria prensa, aquellas contribuciones que nos atraían. Por ejemplo, meses atrás, Nelson Rivera nos comentaba por el correo electrónico, el hallazgo de algunos de sus  textos en nuestro blog que no eran posibles en el portal de El Nacional, constantemente asediado por los bucaneros interesados de los océanos digitales.

Recordamos, frecuentemente el oficialismo nos sorprendía con un tema en las sesiones parlamentarias de período 2011-2016. El sobrevendo Orden del Día, descolocaba a los oradores de la oposición. Y, atreviéndonos a abrir la conexión en el hemiciclo, con la cautela de una rápida consulta para evitar el copiado de la clave, cambiándola inmediatamente, constatábamos que un determinado asunto nos había ocupado en el blogspot. Así, facilitábamos la intervención de otro colega, o hacíamos lo propio, en medio de una convulsionada cámara. Por lo  general, el punto abonaba a los asuntos culturales, históricos, castrenses y fronterizos.

El ya crónico problema de la señal, en un país bajo el reinado de CONATEL,  impidió por largos momentos, la actualización del blog,  si no falla la memoria, a finales de 2018 y mediados de 2019 en adelante. Faltando poco, ya son numerosos los medios bloqueados y censurados.

Por cierto, el mantenimiento técnico y, en definitiva, los costos económicos, desaconsejaron continuar con un portal de dominio propio, en las redes comerciales de la infopista. No sólo, porque se veía venir el caos de las divisas para pagarlo, manteniéndolo por año aproximadamente, sino por la sencilla razón de la segura pérdida de los archivos, una vez que dejásemos de cancelar la cuota, así fuese en bolívares. Tales circunstancias, hicieron más recomendable apostar por un servicio gratuito, vinculado a una gran empresa, cuya desaparición creemos todavía distante para asegurar así la permanencia de los archivos que ni en las hemerotecas públicas,  las del Estado, por lo menos, encuentran garantía de permanencia.

Queda  el registro de diez años y tantos, en este blogspot. Ensayaremos con otro para darle continuidad, quizá afianzándose Lbarragan1.blogspot, cuyo  diseño definitivo y uso recurrente, están pendientes.

Domingo de Ramos.

(LB)

Ilustración inicial: Dallia Ferreira

viernes, 4 de septiembre de 2020

SE ADELANTÓ EL COVID19


Érase (y es) la UCV

Guido Sosola


Un viejo amigo publicista, por estos días, me comentó que estuvo una vez involucrado en la campaña a favor de una entidad de ahorro y préstamo que intentó apropiarse de “La Central” como  sustantivo de uso cotidiano. A pesar de la intensa difusión del  eslogan, jamás lograron el tan deseado reemplazo, porque – todavía – automáticamente nos remite a la universidad tan espectacularmente diseñada por Carlos Raúl Villanueva, como no ocurrió cuando tuvo por sede lo que hoy  se conoce como el Palacio de las Academias, en el centro histórico de Caracas.

Quien desee meterse en los problemas de la educación superior en Venezuela, por trágico y demasiado elocuente que haya sido la quema literal de a Biblioteca Central de la  Universidad de Oriente (UDO), en Cumaná, por ejemplo, siempre tiene en mente la Universidad Central de Venezuela (UCV). Los artefactos lacrimógenos y explosivos que acabaron con sendos actos académicos u obras de arte, por estos años, lucen como los grandes referentes noticiosos, pues, ella, la Central, marca en buena medida la pauta en torno a los problemas y las respuestas que amerita.

Por supuesto que siempre, la Central, estuvo amenazada por numerosos y distintos gobiernos, clausurada por cortas o largas temporadas. Le hincó más el diente Juan Vicente Gómez, otro ejemplo, en un país que sólo ostentaba dos casas superiores de estudios, junto a la Universidad de Los Andes (ULA), pero siempre se tomó como una medida temporal; o Pérez  Jiménez que, por entonces, hacia 1957, recibió aquél espuelazo de Pedro Pablo Barnola al asegurar su preferencia por una universidad cerrada antes que arrodillada.

Algo más que un absceso notorio y preocupante, siendo vitrina del país, puede asegurarse que la Central ha guardado un angustioso silencio ante los problemas que la aquejan y, por consiguiente, no se sienten sus autoridades, dirigentes estudiantiles, profesorales y administrativos, decir ni siquiera  pío. Escasos e irrelevantes mensajes digitales, nunca sustituirán el claro y profundo planteamiento que se espera, aún en medio de la pandemia, porque – quiéralo o no – el ucevista se sabe orientador de la opinión pública.

El  coronavirus se adelantó a cerrar la universidad venezolana que, de todos modos, ocurriría por las ya muy consabidas causas, aunque – a diferencia de las antiguas dictaduras – la de hoy no se conforma con ello, porque lo que está en juego es la existencia misma de la noción de universidad. Así, érase de la Central que marcaba el camino de la protesta y de los aportes necesarios y creadores, y es la Central de la que todavía no han siquitrillado su espíritu, pendiente de un importante mensaje.   ¿O ya  pasó la “moda” de hacerlo?


26/07/2020:

https://www.lapatilla.com/2020/07/26/guido-sosola-erase-y-es-la-ucv/

https://apuntoenlinea.net/2020/07/26/guido-sosola-erase-y-es-la-ucv/

https://qoshe.com/lapatilla-ve/guido-sosola/guido-sosola-rase-y-es-la-ucv/80195717

https://newstral.com/es/article/es/1156782022/guido-sosola-%C3%89rase-y-es-la-ucv

https://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/1287345712540286976-guido-sosola-rase-y-es-la-ucv

AFECTACIÓN ANTROPOLÓGICA


Del misil toponímico

Luis Barragán


Son decidores el Libro del Génesis y hasta “Cien años de soledad” del Gabo. La designación de los lugares deviene pertenencia e identidad.

No se atrevieron al principiar el régimen. Ahora quieren renombrar todo los rincones del país.

Renombrarlos significa la deliberada implosión del sentido de pertenencia y de identidad venezolanos. Es un misil toponímico probado ya con El ävila y el estado Vargas para no mencionar una importante autopista caraqueña.

Lo  pretenden con el estado Miranda en una apuesta de largo plazo. La psicología social y la antropología cultural se ofrecen como un arsenal perverso para la  toponimia  socialista.

Una delicada jugada de laboratorio que fracasará. Los venezolanos somos lo que somos.

27/07/2020:

https://www.noticierodigital.com/2020/07/del-misil-toponimico/

https://qoshe.com/noticiero-digital-ve/luis-barragan/del-misil-toponmico/80285914

https://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=159592

Ilustración: Esther Stocker.

DESIDENTIDAD

 

La temeridad de desmirandizar a una entidad federal

Luis Barragán

 

Convengamos en una curiosa e interesada evolución de la división político-territorial del país a lo largo de nuestro historial republicano, asignándoles las otrora dictaduras  – a veces, caprichosamente – nombres a las más variadas regiones y localidades que apartaban o fusionaban estratégicamente. Por fortuna, el  siglo XX legó una conformación estable que no pudo alterar la fracasada y consabida reforma constitucional de Chávez Frías, para lo cual gustó más del nombre que del contenido de la nueva geometría del poder, siendo – por siempre – inequívoca la misma voluntad de dominio.

La usurpación tiene por objetivo la dislocación del sentido de pertenencia y de identidad de los venezolanos, dispuesta a una insólita fragmentación. Por ello, realiza estudios,  suponemos que bien elaborados, y, al decidir algunas iniciativas, las emprende a través de diversas  modalidades, como ha ocurrido con las denominadas leyes constitucionales contra el odio, la de creación de otras cargas fiscales,  sobre la Fuerza Armada, e – incluso – la ya esbozada sobre los condominios en el estado Miranda; y, particularmente, el renombramiento de El Ávila o de una autopista caraqueña, y el estado Vargas.

Por ejemplo, pueden comenzar con sembrar - algo más que ligeramente -  un rumor desfavorable a un nombre determinado, inducir el pronunciamiento de algún historiador de mediano prestigio, o – simplemente – sorprender a la población con un cambio toponímico, obviamente insospechado. El régimen sabe muy bien de la necesidad de remodelar el imaginario colectivo de las recientes y futuras generaciones, porque – no cabe dudas – apuesta a una muy larga estadía.

Hay nombres de una acendrada tradición para estados, como Mérida, Táchira, Barinas, Apure, Amazonas, o Delta, al lado de otros que los adquirieron con el tiempo, negando toda acuñación colonial,  como puede imponerse  cualquier curioso u observador en la materia. Y, aunque hoy luce inútil el esfuerzo de renombrarlos y hasta de redefinir sus propios límites, siendo otros y muy superiores los retos para la Venezuela futura, al régimen socialista le parece oportuno semejan temeridad, partiendo de las diferencias geográficas, económicas, sociológicas y hasta étnicas que las jura al interior de cada entidad: a modo e ilustración, el Zulia, Lara, Trujillo, Anzoátegui y Miranda, ofrecen contrastes internos que el sólo nombre apenas – se dice - logran alfilerar.

El estado Miranda, como otras entidades equivalentes, añadidos los más variados municipios y parroquias a lo largo y ancho del país, se le ha calificado oficialmente de bolivariano,  pero ello políticamente no basta, por lo que un cambio de denominación intentará replicar la experiencia de nuestro litoral central. Y, cuando el río suena, piedras trae, desean desmirandizar al estado, y – de sobrevivir el régimen – modificar en general  la división político-territorial del país, como fue el propósito explícito de 2007, y, en lo particular, probar con una cirugía convenientemente electoral de una entidad federal que los rechaza trastocando su propia división política-territorial interna.

27/07/2020:

https://www.lapatilla.com/2020/07/27/luis-barragan-la-temeridad-de-desmirandizar-a-una-entidad-federal/

https://apuntoenlinea.net/2020/07/27/luis-barragan-la-temeridad-de-desmirandizar-a-una-entidad-federal/

https://newstral.com/es/article/es/1156836417/luis-barrag%C3%A1n-la-temeridad-de-desmirandizar-a-una-entidad-federal

Ilustración: Motivo gráfico de amplia circulación en las redes.

jueves, 3 de septiembre de 2020

METEORITO BIOLÓGICO


De una redefinición demográfica

Luis Barragán

 

Pensionados y jubilados concurrieron a la llamada Plaza de la Moneda, a un costado de la sede del Banco Central de Venezuela (BCV), para dejar constancia de sus inconformidades. Objeto de una ilimitada campaña de manipulación propagandística en el pasado, como si hubiese sido una graciosa concesión del chavismo, en lugar del justo reconocimiento de un Estado al que incansablemente han cotizado y tributado, ahora fungen como terribles enemigos en el marco de la pregonada guerra asimétrica.

Apenas llega a dos dólares el ingreso real que perciben,  a una edad que la suponemos presta para la merecida tranquilidad, respeto y sosiego que,  además, se suma a las truculencias más variadas del procedimiento bancario. Ni siquiera disponen de la atención indispensable, de cajeros automáticos, o de la reposición de sus ta jetas, sin entender todavía el intrincado fraude criptomonetario del que han sido víctimas.

La primera noticia que recibimos  del evento, fue la corajuda denuncia de la periodista Esteninf Olivarez (https://twitter.com/VzlaUfo/status/1286333743326781440),  colocada en perspectiva por PROVEA, como una evidente violación de los derechos humanos (https://twitter.com/_Provea/status/1286330572852404226). Nada casual, por estos días que corren, así como los más jóvenes – al otro lado de la ciudad -  fueron desalojados por la fuerza de una residencia aun siendo partidarios del régimen (https://twitter.com/luisbarraganj/status/1287076182865981440), a los más viejos – al otro lado -  se lo hicieron nada más y nada menos que de un espacio público. No obstante, es necesario consignar dos notas  que caracterizan al régimen socialista.

La una, obvia, es el desconocimiento de los más elementales derechos constitucionales a la protesta de un grupo etario tan pacífico, por definición y condiciones físicas, que no encuentran formas, maneras, medios o mecanismos legítimos para hacerse escuchar por quienes juegan con su suerte. Desafiando la pandemia, se atreven abierta y frontalmente a manifestar cívicamente una situación agravada al extremo, sin posibilidades reales de atención económica y hasta sanitaria, condenados a la búsqueda del medicamento incomprable.

La otra, no menos obvia, el ejercicio elocuentemente asimétrico de la represión inmediata y sin el menor rubor, por agentes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), quienes le abrieron el paso a los colectivos armados para empujar y golpear a los ancianos, disolviendo brutalmente la protesta, prepotentes y aventajados de una guerra social. Un vecino del lugar, quien casualmente lo transitaba para comprar pan, nos contó los pormenores de la clara demostración de una indecible brutalidad, por cierto, propia de los regímenes inequívocamente comunistas, que apuestan por una redefinición de la demografía que beneficie a las camarillas del poder.

28/07/2020:

http://www.ventevenezuela.org/2020/07/28/de-una-redefinicion-demografica-por-luis-barragan/

https://www.caraotadigital.net/opinion-1/luis-barragan-de-una-redefinicion-demografica

https://qoshe.com/yazar/por-luis-barrag-n/2707671

https://www.scoopnest.com/es/s/luis%C2%A0barrag%C3%A1n

Ilustración: Ghee Beom Kim.

jueves, 23 de julio de 2020

LA VOZ DEL HISTORIADOR

Del maniqueísmo histórico
Luis Baragán

El precedente histórico – real o ficticio -  echa el piso legitimador de las posturas políticas actuales, aunque la opinión pública es una instancia igualmente vapuleada por los laboratorios a los que les importa un bledo hasta la misma sensatez de los asuntos que procesa. En comparación con otros tiempos, sobreviven pocos historiadores profesionales en la palestra digital, aunque – juzgando por las publicaciones especializadas – los  hay quienes ojalá tuvieran disposición para la abierta, decidida y arriesgada polémica que, con las contadas excepciones de rigor, desmayó al iniciarse la presente centuria para facilitar – disculpándonos por la cacofonía -  la estafa estrafalaria de la llamada V República. 

Inés Quintero, por vocación y habilidad innata, ha accedido exitosamente a los medios de comunicación y, aunque tiene obras duramente calificadas por otros de sus colegas (ella acusa el golpe del disgusto que le causa uno de sus títulos  a Germán Carera Damas), es quizá de las más familiares en relación a otros de los integrantes de la Academia  Nacional de la Historia, por cierto, una instancia de  rigores desconocidos en otros ámbitos. Y, en una exposición virtual para la Fundación Rómulo Betancourt (11/07/2020), fresca y espontánea, pero también muy consistente y asentada, cuestionó la interpretación impecable e implacable, maciza y maniquea que se le ha dado a nuestros orígenes republicanos.

La sola coexistencia de varios proyectos políticos (e ideológicos), desmiente la conformación y la unanimidad inalterable de los partidarios de la Independencia y de los que nos desearon atados a la corona española. Independencia absoluta, federación, monarquía republicana, centralismo, absolutismo ibérico, revela las variaciones de un proceso que, por una parte, comprensible, apeló al culto de los héroes para visar el surgimiento de una nación: y, por otra, la violencia definitivamente lo zanjó, háblese del fusilamiento de Piar, háblese de los diez mil hombres y 800 cañones que le dieron argumentos a Morillo al entrar por Margarita.

Además, el país no fue el mismo, luego de la destrucción material que heredó de una larga guerra, en el que el Páez – antes inimaginable – presidía la mesa de la mantuanidad que sobrevivió. De  todo ello, pudiera dar cuenta la conformación y las discusiones de los muy  peculiares parlamentos que tuvimos en el proceso independentista para la construcción de una nueva legitimidad.

De verbo comedido o tremendista, ameno o desafiante, luce indispensable la voz del historiador para contribuir al esfuerzo de superación de un régimen que condensó todo el maniqueísmo demencial que urge por otros derroteros. Seguramente, esa superación también será ocasión para otros mitos que la envalentonen, aunque siempre será necesaria la polémica para que las aguas vuelvan a al debido cauce.

Capturas de imagen: 
Escenas de “Simón Bolívar” de  Alessandro Blasetti (1969):
23/07/2020:

domingo, 19 de julio de 2020

TEJIDO DE LETRAS

De la escritura auditable
Luis Barragán

Hábito de muchos años, escribir es un acto de aprehensión de las realidades que pronto se diluyen, adquieren rápidas versiones, integrándose al arsenal psicológico que también nos  amuralla frente a un constante, contradictorio y feroz asedio. A veces,  convertimos el bolígrafo o el teclado en un oficio inadvertido y gratuito que adquiere madurez, la que sólo el tiempo autoriza por muchas destrezas técnicas que juren reemplazarla.

Y cuando la anormalidad es algo más que un elemento de la vida cotidiana que nos resistimos a asimilar, el tintero de bytes suele reventar por los testimonios que exigen un ejercicio cada vez más urgido: el de la memoria. De esto habla el saldo de muertos que arrojó la llamada II Guerra Mundial, incluyendo el Holocausto y el Stalinicidio que, a pesar de todos los pesares, hay quienes olímpicamente los niegan y, al menor descuido, falsarios consumados, se imponen o tratan de imponerse a la postre.

Padecer el socialismo delictivo del siglo XXI, como ocurre en Venezuela, ha de significar escribirlo y también integrarlo a la tradición oral de cada familia para que no trasmute y, tarde o temprano, una vez superado, repitamos la tragedia. Falta demasiado para fijar esa memoria indispensable, pero vamos avanzando y, no por casualidad, en la era digital, sabemos de un exponencial crecimiento de los columnistas fijos u ocasionales de prensa, a veces, extraordinarios y, otras, por muy serio que se diga un diario que ya no sepa del papel impreso, desechables por sus repetidas necedades.

Sentimos que al abecedario jamás logrará sustituirlo al video y, constatamos, por mucho que éste prolifere, es de una cómoda reedición y desaparición.  Ya es raro conseguir, excepto incurramos en una larga, penosa e incierta minería de datos, la serie íntegra del tristemente célebre “Alo, presidente”, pues, ahora, sólo está en la esfera digital un Chávez Frías ofertado fragmentaria e interesadamente, por escasos minutos y hasta segundos.

Llegará el momento para una auditoría de todo lo que se ha escrito en el presente siglo de manera aparentemente fugaz y, aunque contamos con expertos en la materia, nos permitimos sugerir un viejo título del español Amando de Miguel para iniciar y emprender el largo camino de una evaluación necesaria: “Sociología de las páginas de opinión” (ATE, Barcelona, 1982). Quizá depare las más variadas sorpresas, recorrer los contenidos y continentes, o la mordida caligráfica de las ideas, pero también el contraste entre la autenticidad de las entregas y el tarifado interés colaboracionista de ls supuestos adversarios del régimen. Valga pregunta, ¿qué podremos decir de los medios oficiales y oficiosos?

DISPAROS DEL SABER / EL SABER DE LOS DISPAROS

De la conatelización del saber
Luis Barragán

Es necesario reconocerlo, tenemos por un (in) exacto domicilio el lenguaje digital. Todo lo sobre-simplifica e, incluso, banaliza, porque es la tendencia que domina.

Por precarias y hasta inexistentes sean nuestras posibilidades de conexión, ese  lenguaje nos ha dado alcance. El tránsito de la pandemia lo celebramos evocando aquéllos videos, audios y otros motivos gráficos de extraordinaria circulación, apocadores.

A la contaminación del lenguaje, sumamos la rectoría de un organismo estatal que delimita nuestras comunicaciones, a juzgar por el uso de la telefonía convencional misma. CONATEL marca la pauta para el creciente aislamiento de la población en nombre del COVID19, cuando realmente lo es en el de Miraflores: más allá de la prisión física.

Proclamaron hasta el hastío la educación virtual en el país al que obligan a cocinar a leña, quebradas las industrias gasífera y eléctrica. Faltando poco, buscando su definitiva desaparición, cada vez está más encarecida y restringida la televisión por suscripción y aquellos canales de entretenimiento  científico, histórico, deportivo y gastronómico, por ejemplo, capaces de profundizar un poco más en sus respectivos ámbitos, desaparecen de la vida diaria.

Toda emisora radial, televisiva y digital que se permita alguna profundidad, por una u otra vía, recibe el zarpazo conatelizador. Ligereza, trivialidad, pusilanimidad, más temor, miedo, terror, lucen como los únicos saberes a batir psicológicamente  bien para apocar a los venezolanos en un intenso y quirúrgico bombardeo propagandístico.

Fotografía: Tomada de la red, tanqueta las puertas de la Unimet.

EL JUEGO ELECTORAL

Elecciones parlamentarias y universidad
Luis Barragán

Sectores nada inocentes lo tienen por empeño y obstinación. Promueven incansablemente la participación en la estafa parlamentaria que planea el régimen.

Están los ya consabidamente descarados. Suelen pasar por Go y cobrar doscientos de acuerdo a la vieja versión del juego de Monopolio.

Otros son más disimulados. Se dicen revestidos de experiencia y realismo.

Los peores son los que vienen del mundo universitario. Las piden para el país pero nada dicen para las propias casas de estudios.

Algo peor.  Cuando lo piden para la universidad es con la sentencia 0324 or delante y no con el artículo 109 constitucional.

Ilustración: Ana Black.

Y OFICIO

José Daniel Pérez
Luis Barragán

Junto a Leonardo Guzmán y otros compañeros, anduvimos por varios años recorriendo de punta a punta el estado Anzoátegui  Fue un destacado dirigente que ocupó, todavía joven, las más altas posiciones regionales del partido al que después renunció.

Finalizó sus estudios superiores,   y, a la postre,  cumplió con responsabilidades estadales y también nacionales en el Colegio de Ingenieros. Activó en otra organización política, teniendo  por contexto una entidad federal tan compleja y también violenta.

Fueron muchas las vicisitudes y procesos compartidos, incluyendo el intento de descalabrar la corriente más inequívocamente opositora, firme y decidida, a la que pertenecíamos. Versamos en torno a dos décadas tejidas por las más intrincadas circunstancias, en cualesquiera puntos cardinales del país. Sin embargo, debemos hacerle un fundamental reconocimiento a su honestidad a toda prueba.

En efecto, apenas comenzaba a masificarse la práctica, quizá teniendo por punto de partida al estado oriental, un ex – gobernador se cansó de ofrecerle unos buenos reales en forma indirecta, directa y directísima. En una oportunidad, volviendo de El Tigre, vía Barcelona, tropezamos con el poderoso personaje en la vía y – sencillamente – lo mandó y lo mandamos al larguísimo carajo, por cierto, como otros – por entonces y después – no lo hicieron, transándose por cuatro lochas.

En otros tiempos, hubiese tenido arreglo un sencillo problema odontológico, pero - en estos más recientes -  se tradujo en un coma diabético y José Daniel se marchó a la eternidad. Siempre lo recordaremos como ejemplo de lealtad y absoluta honradez, sencillez y oficio.

Fotografía:

BARBARIE

De la falta de escrúpulos
Luis Barragán

Originario de Tenerife, donde nació en 1929, fue hallado muerto en su casa el venezolanísimo artista plástico Antonio Otazzo. Ocurrió en la ciudad de Cagüa que, por cierto, ha escenificado distintas tragedias, como la inolvidable de aquellos niños incinerados en el cañaveral.

Muralista y escultor, fue ampliamente conocido, incluso, más allá de la localidad aragüeña. Transitó por el mismo calvario en la búsqueda de atención médica, alimentos y medicamentos, como el resto de los venezolanos.

Refieren las heridas recibidas por arma blanca que ha suscitado algún debate no tan inútil, sobre el desenlace fatal. Fuere por un infarto o por la puñalada efectivamente recibida, lo muy cierto es que el deceso, ni el asalto, debieron ocurrir.

Hay una pérdida cada vez mayor de escrúpulos para atacar a inocentes e indefensos, ultimándolos aunque se trate de un vulgar acto de raterismo doméstico. Porque hay un aprendizaje de más de dos décadas, incluida la impunidad: no por casualidad, entre 2014 y 2017, fueron centenares los muchachos públicamente apresados y también muertos por protestar pacíficamente.

A Otazzo lo tomó por asalto el sistema y, por ello, no le dio oportunidad de incurrir en la hazaña de la anciana de Federico Jeanmaire que atrapó a su asaltante en casa, en la novela “Más liviano que el aire”.  Cagua está nuevamente de luto, como todo el país.

Referentes:

domingo, 12 de julio de 2020

EVIDENCIAS DE LA DEVASTACIÓN

De la Caracas (im) borrable
Lui Barragán

Una ciudad inamovible, excepto los terremotos que dieron cuenta de ella. De cronistas e historiadores que afianzaron más el oficio, con las transformaciones urbanas más notables de los tiempos de Guzmán Blanco y Pérez Jiménez, aunque francas y decisivas luego de 1958.

En las cercanías del aniversario de la fundación española – como suele ya apellidarse – de Caracas, reparamos en la alta cotización del oficio por los cambios que experimentó el hábitat. Ahí, donde levantaron vuelo grandes complejos habitacionales y hospitales, avenidas y autopistas, por ejemplo, hubo otros referentes urbanos capaces de suscitar la nostalgia por una urbe más modesta y humana, preñada de historias que se diluyeron.

Además, los cronistas de la ciudad, escritores de bien gana fama, eran figuras de proyección nacional, fueren oficiales, oficiosos o, simplemente curiosos. Actualizaban el viejo patrimonio documental e historiográfico, la prensa confiscada  por los ácaros, las tradiciones orales que apenas sobrevivían. 

La nueva crónica digital que permite el concurso de legos y especialistas al pie de los hallazgos fotográficos o que, tratándose de evidencias conocidas, concita novísimos comentarios, cuentan con nichos como los grupos virtuales de Caracas en Retrospectiva y Memoria Urbana.  Sin embargo, esta vez, no abona a los progresos urbanos, sino a sus retrocesos, porque la deliberada desidia y el modelo de negocios del régimen se han encargado, con la destrucción física y espiritual de Caracas, o la remodelación que no, restauración, en los alrededores de la llamada Plaza de El Venezolano, como botón de muestra.

Ya la nostalgia no remite a la ciudad de un siglo o más,  sino a la que fue – apenas – veinte años atrás. Otro ejemplo, nunca estuvo impedido, limitado u obstaculizado el tránsito entre las esquinas de Las Monjas y San Francisco, pero – ahora, por todos estos años – sí, perfeccionando el secuestro del Capitolio Federal y asegurando el estacionamiento exclusivo de los vehículos para los altos y medianos funcionarios de la usurpación ruralizadora. 

Fotografía: Esquina de Las Monjas, año impreciso, Caracas. Aporte de Jerjes Meléndez Nuñez al grupo facebookeano Caracas en Retrospectiva.
14/07/2020:
https://www.caraotadigital.net/opinion-1/de-la-caracas-im-borrable


Venidero aniversario citadino
Luis Barragan  


Semejante a El Ávila, la desconocida alcaldesa menor de Caracas pretende renombrar la emblemática autopista Francisco Fajardo. So  pretexto de una larga controversia histórica e historiográfica, rayando en la antropología cultural, el Estado Fallido ensaya con el ejercicio del inadvertido poder toponímico para subvertir burdamente los referentes identitarios y suspenderlos en el vacío de sus ocurrencias.

El estado Varga ha experimentado lo propio, sin mediación de la necesaria discusión y formalización de un propósito temerario. La  pretensión es  la de bombardear el imaginario social, aunque el misil simbólico de sus sueños, estalle en mano propia.

Por ello, valoramos el esfuerzo digital por la nueva crónica caraqueña que, al emplear el medio, se extiende en comentarios y vivencias como no pudieron imaginarlo aquellos meritorios escritores que cultivaron las tradiciones caraqueñas. Caracas en Retrospectiva (*), constituye un magnífico ejemplo.

Por todos estos  años, la experiencia ha sido grata e innovadora por la sobriedad de los aportes, añadida una importante disciplina que reivindica el respeto hacia los internautas que confían  en sus cuentas. E, incluso, tienden a imitarlas, pero resulta difícil por la creatividad de los usuarios que,  espontánea y crecientemente, actualizan sus productos con las comparativas, el colorido de viejas gráficas, la cartografía de la ciudad, el  anecdotario edificante, las reminiscencias tras  una pieza novedosa, entre otros; por cierto, ha sido nuestra prédica, susceptibles de las marcas de agua, pues, suelen copiarse con facilidad y, adulterando la data, burlarse de la paciente curaduría del contribuyente.

Mientras haya portales, como Caracas en Retrospectiva, no será fácil soliviantar el espíritu ciudadano, apostando por la confusión y pérdida de los referentes que, además, contaminan voces como “Uaraira Repano” y lesionan la importancia de actores  históricos como Guacaipuro. Importa considerarlo a la hora de celebrar en lo que se puede, el cumpleaños venidero de la ciudad capital, hundida en el marasmo socialista.

06/07/2020:
http://guayoyoenletras.net/2020/07/06/venidero-aniversario-citadino

LA IDA Y VUELTA EN MÁS DE UN SENTIDO (CORTÁZAR)

Armando Rojas Guardia, campo minado
Luis Barragán

Pertenecemos a una promoción generacional que creció con el continuo y espeso aguacero del país dinerario que juró navegarlo por siempre, pivotado por las más insólitas vanidades.  E hizo – también – de la postergación de sus problemas y traumas cruciales, un modo de vida gracias a la fortuna de un instante asombrosamente duradero que reventaría en las playas entristecidas del presente siglo. 

La poesía fue una incómoda afición o un extraño oficio, en las súbitas aguas revueltas del éxito que se tuvo por imperecedero. No cupo en las fiestas hípicas de los domingos, ni en los certámenes de belleza, a menos que se le ocurriese a alguien ponerle un extraño remoquete a su yegua, o alguna jovencita pronunciara unos versos de Shakespeare en una cuña televisiva; aunque – tampoco -  en los viajes a la Europa oriental que concluían plácidamente en la occidental,  por supuesto, cuidadosamente contestatarios.

Por la prensa cultural, nos enteramos de sendos grupos poéticos, como Tráfico y Guaire, resultándonos familiar varios autores que llevamos a casa para la lectura distraída. Con el tiempo, inadvertidamente, quedaron regados en la memoria y, en medio del oleaje violento de los días que corren, los recordamos.

Armando era hijo de Pablo, asiduo columnista de la  prensa venezolana. Uno y otro, continuidad de épocas diferentes,  distinción de tiempos coincidentes, ayudaron al perfil inadvertido de una generación tomada por boba, barruntada del negro aceite;  pero Armando con sus angustias existenciales, dejó muchas claves a despejar por una sociedad hoy perpleja: hay quienes aseguran que no sabe de qué vivirá, pero o hará,  encontrándose consigo misma, en la suma de todas sus viejas postergaciones.

Lo leímos, sin mayores pretensiones, alertando sobre el campo todavía y aún más mimado de nuestro común destino. Ya se ha ido físicamente, aunque es inevitable el regreso: “Cuando tú vienes / no has venido / estás ya desde siempre”.

LECCIONES (DES) APRENDIDAS

De la ética de la irresponsabilidad
Luis Barragán

El 16 de julio de 2017, los venezolanos protagonizamos una extraordinaria, concurrida e inédita consulta popular, cuya convocatoria y resultados fueron enteramente avalados por la Asamblea Nacional.  El régimen respondió, agrediendo al país con un tal proceso constituyente que sinceró dramáticamente su situación y  condiciones reales, repitiendo inmediatamente después el fraude con unos comicios regionales. 

Comicios de predecibles resultados, supo de la participación de aquellos partidos que empeñaron antes su palabra con la citada consulta, traicionándola. A tempranas horas de la noche anunciaron una arrolladora victoria en las gobernaciones que, minutos más tarde, fue reducida a cinco referentes y, con la honrosa excepción de Juan Pablo Guanipa en el estado Zulia, todos se juramentaron ante la constituyente denostada.

Lección absolutamente desaprendida, hubo otros torneos afianzados, directa o indirectamente, por sectores de la oposición que, simultáneamente, persistieron en los diálogos, ridiculizados – más que fracasados – en tan particulares lides políticas. No obstante, nada casual, fue orquestada y adelantada una intensa campaña favorable al voto a todo trance, convirtiendo el solo acto en sinónimo inequívoco de ejercicio democrático, aunque no hubiese indicio alguno de la más elemental y  libre competitividad. 

El caso no está en puntualizar los incontables, garrafales y suficientemente advertidos errores que  signan aquella desviación del compromiso de 2017, sino en la continuidad que no, simple similitud, de una campaña burdamente electoralista que envidia alguna, salvo los comprensibles matices, suscitaría en el Pérez Jiménez plebiscitario de 1957. Una adecuada sucesión de falacias que parten del mal intencionado diagnóstico de la realidad, dice reivindicar el campeonato parlamentario en el que está empeñado, estratégicamente empeñado, el régimen: a todo evento debemos sufragar, no importa el origen ilegítimo de un CNE confeso, es  evidente el arreglo normativo y judicial para consagrar el asalto de  los partidos políticos, pretendiendo afianzar una polarización devenida fetiche, o – espeso barniz de ocasión – invocando fórmulas como la de “ganar-ganar” en un conflicto nada agonal.

El caso está en que, verificado cada fracaso con sus nefastas secuelas, explicación alguna dan los actores políticos de la faena y los analistas nada inocentes que abonan el golpeado ámbito de la opinión pública, pues, versamos en torno al más indecible oportunismo, presto a la rivalidad desleal, y a consultores que envilecen el oficio, percibiendo honorarios que se traducen en la desgracia ajena. Ética de la irresponsabilidad,  el discurso realza y celebra toda habilidad política  que, por tal, adulterado Maquiavelo, dirán por siempre incomprensible y el benefactor, eternamente incomprendido.   

10/07/2020:

FRENTE A LA BANALIDAD CORRESPONDIDA

Del aguafiestas indispensable
Luis Barragán

A Víctor Maldonado

Tratando de desmentirlo, somos cada vez más convencionales en la crítica.  Ésta trilla los caminos que el régimen ha empedrado, por lo que requerimos de un poco más de ilustración para romper los nudos de las intrigas y los estereotipos que retrotraen el debate político a la barbarie devenida espectáculo.

El formidable y antes impensable analfabetismo ideológico (o ideológico-cultural) de los socialistas del XXI, urgió del predominio de sectores de la oposición que les fuesen equivalentes, consiguiéndolo. El poder establecido se ha esmerado en promover y consolidar la interlocución  de  quienes, forzados a un Tweed de duelo, por vez primera, recibieron  noticia de la existencia de  Emeterio Gómez o Asdrúbal Baptista, por citar un par de ejemplos recientes,  en tránsito hacia la nada. Y es que ser, siéndolo de acuerdo  al canon, es como un ilimitado instante de numerosos y melódicos  selfies en el que cualesquiera gestos y palabras, por banales que fuesen, prometen una buena escalada en el trending topics de la política cohabitadora. 

Por esta suerte de banalidad correspondida, nadie osará molestar al opinante con preguntas que le obliguen a congregar el mínimo necesario de neuronas; en  todo caso,  a la mano se encuentran las etiquetas y, no faltaba más, los etiquetadores dispuestos al sacrificio que pocos saben cómo paga. ¿Para qué hablar de la trascendencia e interpelación del 5 de  julio de  1811,  pues, unas horas después, nadie siquiera sabrá si hubo  o no desfile militar?  Sin embargo, los hay – algo más que disidentes – atrevidos a preguntar y a responder, aguándoles la fiesta a los sembradores de la resignación circense.

Versamos sobre el atípico dirigente político que denuncia una historia mal contada, asegurándonos en 1814, y trae a colación a Picón-Salas y a Briceño-Iragorry para extenderse en los cargos fiscales.  Acaso, con más de Lacan que de Proust, dice buscar una fecha patria que ya  ha encontrado en sus frecuentes reflexiones, comprometiéndose en un esfuerzo histórico hasta donde sus fuerzas lo permitan, como los atípicos dirigentes políticos que construyeron este país con razones y pasiones de imposible prefabricación.

Para coincidir y discrepar, auténticas voces críticas, avisadas, informadas, ilustradas, comprometidas que serán aún más necesarias para el futuro  (re) enderezamiento del  país. Preparadas para asumir altas responsabilidades de Estado, tienen el talento indispensable para acabar con los festines del (auto) engaño, precisando a los payasos y a los dueños del circo, como muy pocos se atreven a hacer hoy.

Cfr.
06/07/2020:

LAVADO EN SECO

De las lavanderías que quiebran
Luis Barragán

Cada vez es más difícil lavar la ropa en casa, por la escasez de tiempo, detergentes, agua,  electricidad y hasta de nuevas prendas,  por no mencionar la avería de los electrodomésticos ya irremplazables.  Subrayemos, la cuarentena no alcanza para todas las tareas pendientes, como ingenuamente supusimos al iniciarla, porque la supervivencia – literalmente entendida – se impone.

Antes o muy antes, algunos atuendos pasaban por la faena doméstica  a sabiendas que las telas más  exigentes o delicadas corrían bajo la responsabilidad de las empresas especializadas, no otras que las pequeñas  o medianas lavanderías y tintorerías que naturalmente se integraron al tradicional arco de los servicios necesarios.  Versamos en torno a un rubro comercial inscrito en nuestras  tradiciones urbanas que, a modo convencional o ecológico, debidamente equipado y también con un personal calificado, nos permitía ahorrar – precisamente – el tiempo indispensable y que, además, su expansión ayudaba a abaratar los costos, no sin responder por los errores cometidos.

El asunto no es nada banal,  por cotidiano que se diga. Obedece a la dinámica de una economía criminal que fue relativamente imperceptible por las grandes mayorías hasta que arribaron – triunfales -  la catástrofe humanitaria, la censura y la represión.

Así, de un lado, la ya prolongada situación pulveriza toda noción de la división social de trabajo y no es necesario, por ejemplo, ir a las páginas de Weber para sabernos anegados de tareas, como la de lavar la ropa en casa, como cualesquiera otras que delegábamos en un esfuerzo complementario bajo el signo de la modernidad.  Encarecido nuestro empeño, por muy buenas intenciones que tengamos, cada quien tendrá que ocuparse de un huerto familiar, construir como pueda su propia vivienda,  remendar las instalaciones eléctricas, probar suerte con el viejo vehículo automotor, entre otras de una entera e inequívoca supervivencia personal.

Y, del otro, al padecer y atestiguar la quiebra de lavanderías y tintorerías que tuvieron un importante desarrollo  comercial en nuestro país, quedan obviamente intactos el lavado y la sanforización de los capitales de obscuros orígenes.  Locales que  fueron muy emblemáticos en el vecindario, franquiciados o no, cierran para  lanzar a  la calle a un formidable ejército de desempleados que tampoco podrán lavar y Planchart para  la calle, un oficio que gozó también de buena cotización.

07/07/2020:
Capturas de pantalla: Gente del oficio | La planchadora de tintorería:

DE LA DELIBERACIÓN A LA MILICIANIZACIÓN PARLAMENTARIA

5-J y parlamento
Luis Barragán

Profundamente significativo, la  independencia venezolana tuvo por origen la deliberación. El 5 de julio de 1811, condensa todas las inquietudes,  pareceres y también temores de una hora que se supo estelar  en todo el continente.

En una extraordinaria conferencia virtual a la que concurrimos ayer, la Dra Carole Leal,  así lo ratificó, luego de disertar en torno  al proceso electoral que dio origen al Congreso Constituyente. Y, aunque se ha  perdido un buen porcentaje  de las actas de entonces, hay  evidencias de un rico y continuo intercambio de ideas de profundidad en medio de las apremiantes circunstancias y las variadas  presiones políticas del momento.

Parlamentarizadas las aspiraciones por la libertad, encontraron cauce y orden las numerosas demandas surgidas de una naciente y activa opinión pública. Al igual que la Junta Patriótica, otros clubes políticos intentaron influir en la voluntad de una representación que, con todas sus imperfecciones, insistió en reivindicarse como tal.

Hubo disidencias manifiestas en relación a la propia declaración de Independencia o del modelo a acoger, añadida la posibilidad de una monarquía constitucional.  Aquellas discrepancias no acarrearon el desconocimiento de la investidura, la estigmatización inmediata o la criminalización del parlamentario en trance de hacer historia.

Quizá la impresión de un congreso timorato, tímido o débil para dar el paso decisivo, fruto de la intensa propaganda de grupos que rivalizaron por la atención pública, dejó una huella en el inconsciente colectivo, capaz de aminorar el papel del parlamento de compararlo con los otros órganos del Poder Público, a la postre. Quizá, por siempre, se le supuso  domicilio seguro de lo peor de  la política que es la política de lo peor, como casi dos siglos más tarde se hizo moneda común para  facilitar la emergencia del proyecto totalitario hoy en curso. 

Capturas de imagen:
05/07/2020:

CADETAJE Y PODER

De la militaridad y el 5-J
Luis Barragán 

La independencia venezolana nació de la deliberación, aunque  creyó se declarada por siempre al filo de las bayonetas. Valga acotar, hay consenso en relación a la tradicional sobreimposición de la  guerra frente al ejercicio de la razón devenida  pasión incontenible hacia 1811.

El culto bolivariano de cuño guzmancista, versionado después por López Contreras y, perversamente, por Chávez Frías, irradió el imaginario social hasta consumarlo como un acto eminente y exclusivamente militar. Por más que el célebre óleo de Martín Tovar y Tovar, infaltable en los textos escolares, revelara el predominio de los civiles,  el 5 de julio quedó en la memoria como un hecho de fuerza, sin que comportase diligencia política alguna.

Posiblemente, con la creación  del Ejército en  el marco del Estado Nacional al que  le dio definitivo piso Juan Vicente Gómez, quedó consagrada la asociación. Quizá hubo  paradas militares alusivas en las décadas anteriores, llamativas y contrastantes, con motivo de la  fecha, pero es con el hijo de La Mulera que adquiere la organización y vistosidad el desfile anual de lo que se convirtió en una corporación castrense estable y  convincente, redoblando el paso en la  pista estelar del Hipódromo de El Paraíso, por ejemplo: empero, la Dra. Inés Quintero,  en su discurso ante el parlamento por 2017, supuso el rito marcial sólo  a partir de  1949 (https://www.youtube.com/watch?v=hR1JMJL39GI).

Desde nuestra más  remota infancia, entendimos como lo más importante de la celebración independentista el majestuoso evento de la avenida de Los Próceres, convertida  la sesión solemne del Congreso en una fastidiosa jornada que lo retrasaba.  En el presente siglo, en nada cambió la percepción general, excepto una variación determinante: traspasando los límites del espectáculo, devino una fatigosa faena de abierto proselitismo político, perdiendo cada vez más audiencia y entusiasmo, hasta no celebrarse con la habitual puntualidad muy antes de la pandemia en el escenario acostumbrado.

Por ironía, la militaridad ha perdido terreno en el imaginario social, según la categoría de análisis concebida por el Dr. José Alberto Olivar, quien igualmente ha reportado serios indicios de decadencia. Luego, una sencilla conclusión, al invocar la fecha, es tiempo de recuperar el espacio que perdió la civilidad.

Reproducción: El Universal, Caracas, 10/07/1913
Captura de pantalla: https://www.youtube.com/watch?v=CWhseQxcrNo
05/07/2020:
http://www.opinionynoticias.com/opinionhistoria/37231-militaridad

sábado, 11 de julio de 2020

EL CAMINO PENDIENTE

En busca del 5-J
Víctor Maldonado C.  
  
A Luis Barragán

Doscientos nueve años y un inmenso vacío. Ese sería un epitafio perfecto para un país fallido. Es poco lo que se puede evocar de la declaración de independencia y de aquellas gestas gloriosas que se narran todavía hoy en tono peripatético e infatuado, cuando la realidad es otra. Si acaso hubo independencia, ahora mismo no somos libres. Si alguna vez tuvimos país, en la actualidad eso es poco menos que una nostalgia. Ahora somos más colonia bastarda que país libre. Y el millón de kilómetros cuadrados que casi somos se lo disputan cualesquiera de las variopintas versiones de fuerza cuyo único interés es el saqueo y la depredación. Hemos vuelto al pavoroso año 1814, cuando las ciudades se vaciaron, queriendo huir de Boves, esa tiranía hecha de resentimiento, y que iba montada a caballo para arrasar con todo. Nuestro éxodo contemporáneo huye de lo mismo, de la reivindicación del odio, capaz de matarnos de hambre mientras suena al fondo la última versión de “patria querida”. La historia sirve para apreciar la secuencia que nos ha traído hasta aquí.

Ahora todo el tiempo del país transcurre encerrados en una terrible cuarentena que hiede a control social y a condicionamiento operante. El miedo a todo y a todos es la negación fisiológica de la libertad y la esperanza. Y no es que alguno piense que la pandemia sea eterna, como si lo parece ser el control férreo que tiene el caos que nos aplasta bajo el imperativo ideológico tenaz del socialismo del siglo XXI. La pandemia cesará, solo para indicarnos que no tenemos independencia alguna. Que vivimos la ruina y el fallido en la inmensa soledad de lo poco importante. Pero además lo experimentamos sabiendo que quienes deberían dirigirnos son tan fatuos y escasos, más aún que los que debieron improvisar un rol en aquellos tiempos de nuestra revolución germinal.

¿Acaso tuvo sentido? Los venezolanos solemos perdernos en los recovecos de una historia mal contada, pero que nos ha acomplejado hasta el presente. Porque ¿cómo podemos volver a ser esos héroes magnánimos que arruinaron sus vidas y haciendas para parir la libertad de todo el continente? Peor aún ¿acaso lo fueron? ¿Hubo alguna vez esa coincidencia de semidioses esclarecidos que se dedicaron a la libertad? ¿Y si no fue así? ¿Si solo fueron intereses, emociones, envidias y desencuentros que al final se sintetizaron en un curso de acción posible, el más posible, el que aprovechó las circunstancias de la debilidad y la confusión de los borbones? 

¿Qué pasa si en lugar de ser nosotros los protagonistas de nuestro destino, solamente fuimos la consecuencia de la capacidad rapaz y depredadora del “emperador de los franceses”, que puso de rodillas a una familia real venida a menos por las conjuras internas y el fétido manejo de la sucesión? ¿Y si los interinatos de aquellas épocas, las cortes y la regencia, lo hicieron tan mal que nos abrieron un espacio de justificación de los hechos cumplidos, tan incapaces que eran de comprender nada, víctimas de su propia contradicción, y si, de las brutales embestidas del ejército napoleónico? ¿Qué vamos a responder si llegamos a la conclusión de que para la época el imperio ya no era posible, y finalmente fuimos resultado y no causa, a pesar del guión que dijimos que interpretamos con esa solidez de las proclamas? ¿Y si solo fue una huida hacia ningún sitio? ¿Y cómo podemos justificar lo que después ocurrió? La primera república estaba condenada antes de nacer. ¿Por qué?

Mariano Picón Salas en su ensayo sobre Francisco de Miranda nos va relatando la trama. Para finales de 1.810 los saldos eran agridulces. La Junta Suprema no había podido incorporar al movimiento autonomista a Maracaibo, Coro y Guayana. Ellas seguían como garantes del poder español. Divididos llegaron al 5 de julio, y por eso el documento fundamental de la nacionalidad fue suscrito por representantes de las provincias de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Mérida, Barcelona y Trujillo. Un sitio, la capilla del seminario Santa Rosa de Lima. Una hora, 3:00 p.m. “Nosotros, reunidos en Congreso, queremos reafirmar nuestros derechos y autorizar el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía”. ¿Nosotros? 

Al parecer pugnaban tres partidos, digamos que tres puntos de vista sobre las razones y alcances de la movida independentista. No había, por lo tanto, una antorcha de luz que los guiara hacia los senderos inefables de la unidad. Ni luz, ni música de fondo. Cada grupo tenía una apuesta que poco a poco iba a colocar sobre la única mesa posible. Tres partidos y “algunas individualidades sobre salientes y enérgicas como Rivas y Bolívar”, y de seguro, la de Francisco de Miranda. 

El primer grupo estaba integrado por “los aristócratas autonomistas que querían aprovechar la excelente coyuntura de la guerra española para mandarse solos”. Picón Salas sigue escudriñando en las razones. “Su vigorosa patria potestad, sobre hijos, esclavos, hatos de ganado, haciendas de cacao y tanques de añil, no encuentra otra restricción que la política. Ser poder político, así como ya son poder familiar y poder económico, es lo que en el fondo auspician. Hay buenos y malos hombres en esta primera ficción autonomista”.  Como siempre, a un preclaro Martín Tovar Ponte se opondrá un tortuoso e integrante Marques de Casa León. 

El segundo grupo estará formado por una juventud ilustrada, y embriagada con la lectura de los textos y autores de la revolución francesa. Estos “sienten, románticamente, el deseo de un cambio; abominan de todo lo viejo, ven en la revolución una maravillosa aventura cargada de sorpresas, y para escándalo de las antiguas familias y los prejuicios vigentes, cultivan la amistad de los pardos y gentes de color. Ellos serán el núcleo dirigente de la Sociedad Patriótica. 

El tercer grupo es la reacción. Son los comerciantes y funcionarios españoles que se ven desplazados por el patriarcado criollo, demasiado cerca, y, por lo tanto, una imposición más interesada que el lejano rey. Ellos, y el pueblo mismo, preferían esa justicia y ley aplicadas en nombre del borbón, y no lo que se venía venir, “el ensoberbecido patricio criollo que subrayaba su altanera preeminencia”.

“En nombre de Dios, todopoderoso, nosotros los representantes…”. Así comienza la larga fundamentación encomendada al diputado Juan Germán Roscio y al secretario del congreso, Francisco Isnardi. España no puede seguir rigiendo debido al “trastorno, desorden y conquista que tiene ya disuelta a la nación española”. No deja de considerarse una larga y exhaustiva lista de agravios, desencuentros y desplantes practicados por los gobiernos de España, que no les dejan ninguna otra alternativa que declarar solemnemente que las provincias unidas de Venezuela son, de hecho y de derecho, estados libres, soberanos e independientes, creyendo y defendiendo la santa, católica y apostólica religión de Jesucristo, como el primero de los deberes.

El diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar señala que el manuscrito original se perdió. Cosas de la larga guerra. No se tiene el original que llevaba las firmas de los cuarenta y un diputados, el sello del congreso, la firma de secretario Isnardi y el decreto refrendatorio suscrito por los triunviros Mendoza, Escalona y Padrón. Afortunadamente el texto había sido reproducido en El Publicista de Venezuela del 11 de julio de 1811, y en la Gaceta de Caracas del 16 de julio del mismo año. Los primeros cien años de independencia tuvieron como referencias esas fuentes. Pero en 1907 se consiguió en Valencia un libro de actas manuscrito del Congreso Constituyente de 1811-1812. Ese es el que está en el Salón Elíptico del Palacio Federal, que se abre solemnemente una vez al año. 

Al llegar Chávez al poder, lo primero que hizo fue abrir el cofre y manipular el libro de actas. Las profanaciones siempre van contra los símbolos. El que haya sido él, debió advertirnos sobre la catástrofe que luego nos iba a venir por él. Pero antes a alguien se le ocurrió que el mismo día de la independencia se celebrara también el día de la fuerza armada venezolana. Ese maridaje constante entre la ficción militar y una independencia que fue proclamada por civiles siempre ha atentado contra la comprensión de lo que somos, por una parte, y lo que nunca fuimos por la otra. Buscando el 5 de julio caigo en cuenta que todas nuestras efemérides se han perdido entre marchas militares, arengas marciales y esa visión epopéyica, ridícula y mentirosa que no nos pone a pensar en las fisuras de lo humano, que bien nos haría saber y reconocer para comprender esta inercia laberíntica que nos asola una y otra vez.

Los días previos fueron obviamente tensos. Tres partidos y dos puntos de vista. ¿Centralistas a favor de Caracas, o federales en desmedro de la fortaleza que iba a ser necesaria para enfrentar una guerra civil pavorosa, y la reacción de un imperio que no iba a quedarse de brazos cruzados? La decisión no fue la más conveniente. Y la república se perdió. Había quienes preferían hacer las cosas con calma, apostando a la progresividad. Bolívar respondía febrilmente que “vacilar es perdernos”. La sabiduría a veces no se lleva demasiado bien con el ímpetu. Miranda, diputado por El Pao, gracias a uno de los varios desplantes de la petulancia caraqueña, observaba con temor. Él quería la independencia, pero sabía de riesgos, y presentía el bochinche.

En el congreso, un arrollador discurso de Miranda a favor de la independencia fue respondido con una bofetada de Ramón Ignacio Méndez. Se fueron a las manos porque los argumentos en contra se habían agotado. La verdad es que declararon dejar de ser colonia española, pero no podían dejar de ser cultura colonial, esa que por más de trescientos años había regido sus vidas. No es fácil dejar de ser a través de un acta. No es fácil dejar de ser, por más que la emoción del momento suscriba lo contrario. Esta búsqueda nos confronta con algunos hallazgos: No fueron todos, no estaban claros, no estaban realmente unidos alrededor de un propósito unívoco, no previeron los costos. Fue una época de confusa agitación. El bochinche estaba a la vuelta de la esquina.

El resultado no podía ser otra que “la patria boba”. Una cosa era la declaración de la independencia, además suscrita con la prosa encendida de Roscio, y otra muy diferente encarar la realidad, que tuvo efectos telúricos para los que no estaban preparados los constituyentes. Mariano Picón Salas lo describe maravillosamente: “la guerra había sido actividad ajena a aquellos patricios caraqueños que gozaron de un mundo tan próspero y pacífico como el de los últimos años del coloniaje. Los capitanes de milicia de la provincia venezolana apenas lucían su hermoso tricornio, su espadín diplomático, su casaca azul, su camisa de seda en las fiestas oficiales, además regidas por el más cortesano ceremonial”. Será la guerra de las primeras sorpresas con que tropezarán los magnates. La guerra y la necesidad de reconocer la capacidad de quien la tuviera, que no todo podía darse graciosamente por el merecimiento de un buen nombre, o por riqueza.

Dos mundos se enfrentaban fratricidamente. Por una parte, los privilegios que pretendían conducir lo que ignoraban. Por la otra, la experiencia comprobada de Miranda, que por pardo, tenía los días contados. Lo odiaban. Le envidiaban su trayectoria. No lo soportaban. Pero más allá de la inquina, del quítate tú para ponerme yo, de la pretensión de que fueran los demás los que pagaran los costos, lo cierto es que después de las proclamas, y más allá de los encendidos debates del congreso, la realidad se iba a imponer y a dar todas las lecciones que fueran necesarias.

El pretender que fue un momento idílico es totalmente falso. Seguían siendo colonia. Culturalmente restringidos a sus propios fueros, tuvieron que ocurrir muchas cosas para que cayeran en cuenta que el desafío podía atropellarlos hasta dejarlos fuera de combate. Que podía ser más grande que ellos y lo que significaban. Y que nada ni nadie podía asegurarles nada. Que probablemente iban a perderlo todo, que el camino era largo, sangriento y extenuante. Pero, sobre todo, que las categorías con las que trataban de comprender al mundo no les iban a servir. Estaban inmersos en una revolución saturniana, ávida de devorar a sus perpetradores. 

Lo cierto es que en los albores de esa primera experiencia de adultez republicana la acción política y militar de 1811 estaba atascada entre el problema regionalista, el de las castas, el problema hacendado, el miedo a la igualdad que en realidad pocos, muy pocos querían, la querella constitucional, y los costos de ese experimento que, invocando a Dios todopoderoso, llamaron independencia. Desde nuestra época fundacional improvisamos, despreciamos la realidad tal y como es, creemos que los detalles que estorban a nuestros planes, ellos mismos se disuelven. Desde el principio el delirio se posesiona de nuestras decisiones. 

A doscientos nueve años mi parecer es que queda poco de esa independencia proclamada. Pasaron cosas. No nos hemos reconciliado con nuestros propios mitos. Bolívar fue también profanado, no solamente en sus huesos, peor aún, en su significado, quedando sumergido en la vorágine que nunca quiso ser. Su nombre pisoteado e igualado a la peor barbarie posible. Su legado escarnecido. Su pueblo diezmado.  ¿No habrá llegado el momento de ofrendarle la paz y el silencio que nunca le hemos dado? Y nosotros ¿advertiremos que llevamos poco más de dos siglos sin encontrar el reposo de la libertad y la verdadera prosperidad, que solo producen repúblicas con instituciones fuertes y un apego irrestricto al derecho? ¿Seguiremos invocando los trágicos espectros del caudillismo, la violencia, el poder mal entendido, la corrupción y el populismo? ¿No tenemos acaso los mismos problemas de la época fundacional? 

Mario Briceño Iragorry señaló alguna vez que Venezuela se debía a sí misma un mea-culpa colectivo. Porque mientras no adoptemos una aptitud humilde y serena, no seremos capaces de tener la claridad requerida para entender nuestra función social. Yo coincido con el intelectual trujillano en que necesitamos abrirnos a un proceso de sinceridad y austeridad capaz de llevarnos a la salvación de nuestro destino histórico y darnos las razones de nuestro desfigurado rostro presente. No podemos dejar de buscar la ocasión para que ese proceso, doloroso pero fructuoso, se dé alguna vez. Mientras tanto yo seguiré buscando en el 5J los rastros perdidos de esa libertad que quiero y que no encuentro. 

05/07/2020:
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