lunes, 9 de julio de 2012

ENTRE EL CIELO Y EL SUELO, HAY ALGO

De un tema tabú:  asciéndolos y descenderán
Luis Barragán


Reiterativas, largas y tediosas, las cadenas presidenciales no constituyen garantía alguna de conocimiento y convencimiento público.  Suerte de cartel judicial, escondido entre los pliegues de un diario, aunque eficaz,  la indiferencia – precisamente – general en torno a los radiotelevisados ascensos militares,  ajenos a toda crítica extraña,  los revela como un fenómeno exclusivo y excluyente de la corporación, sincerando la consigna de la tal alianza cívico-militar,  sustitutiva  de la antiquísima de obreros y campesinos.

Mal podríamos aspirar a que la promoción de los oficiales dependiera de un plebiscito o de alguna de las rifas electorales que suelen caricaturizar a la democracia participativa, porque también se trata del resultado evaluador del nivel profesional, de la excelencia y el mérito alcanzado. No obstante, por la fundamental importancia de la entidad armada, es necesario insistir en el error del constituyente al dejar la materia en las manos soberanas del presidente de la República que, siendo Jefe de Estado y de Gobierno, igualmente es y ha sido   Candidato Presidencial  Continuista,  adedado por sí mismo, con las consecuencias  del caso: una de ellas, el haber ascendido a altos oficiales que, antes y después, descendieron y descienden a una extrema y contraproducente defensa partidista del benefactor, poniendo en duda el inequívoco articulado constitucional.

Luce indispensable contar con una adecuada cota de participación de la sociedad que legitime el desenvolvimiento de aquellos a quienes les ha confiado las armas, a través de los medios parlamentarios o de opinión. Fue evidentemente falaz el argumento sobre la injerencia del extinto Congreso de la República en los ascensos, pues, recordemos, el constituyente Alberto Franchesqui advertió que los proponentes del monopolio presidencial desconfiaban hasta del elenco parlamentario oficialista del futuro para considerarlos. Y, agreguemos, no es por casualidad que, en más de una década, ni la política militar misma ha inspirado y menos fatigado la agenda de la Asamblea Nacional: por lo menos, ella palidece frente a los antiguos debates, como el escenificado por los diputados hacia finales de 1969, a propósito de unas declaraciones del otrora ministro de la Defensa (recalquemos: en ejercicio).

Importante logro democrático, polémicas  que contribuyeron a romper con los tabúes que hoy vuelven, indemnes. Y, por cierto, aseguran el pronto olvido de casos como el que aqueja a un familiar cercano de Rocío San Miguel, demasiado presuntamente involucrada en un delito contra la seguridad de la nación.

Quienes hoy suelen rasgarse las vestiduras en nombre de la Constitución, aunque tomando a título de inventario el principio de la supremacía constitucional, olvidan aquellos ascensos festejados por julio de 1999, en claro y contundente desafío a la Carta de 1961. El entonces Procurador General de la República, aconsejó recurrir a la Corte Suprema señalándoles gentilmente los plazos a los disidentes, pero  no tardó en agotar los propios por obra de la historia siempre implacable de toda experiencia autoritaria.

La conducción y la política militares, conciernen al país que ha de discutirlas para generar la necesarísima  certidumbre y confianza que merecen.  El problema de ahora no es tanto el de la festividad de las armas nuevas, sino el del exacto reconocimiento no sólo de los resultados electorales, limpios y transparentes, sino el del principio de la supremacía constitucional tan pendiente de realizar.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/12234-de-un-tema-tabu-asciendolos-y-descenderan
Fotografía: Yoset Montes / AVN (http://www.noticias24.com/venezuela/noticia/115561/la-imagen-el-dron-venezolano-arpia-fue-una-de-las-atracciones-del-desfile-del-5-de-julio/)

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