jueves, 21 de octubre de 2010

el polvo de estos lodos


El Nacional - Sábado 14 de Mayo de 2005 E/3 Papel Literario
Museos: entre la utopía privada y el proyecto político ¿Por qué se liquidan las fundaciones?
La curadora y actual directora de la Sala Mendoza, Ruth Auerbach, y el arquitecto, crítico y curador William Niño, ambos con una gruesa y marcada experiencia profesional en los museos venezolanos, introducen temas esenciales de análisis y diagnóstico al momento de dilucidar cuál podría ser la situación museística en el país
Ruth AuerbachWilliam Niño Araque
“Los museos encarnaron un proyecto colectivo en el que se experimentó la capacidad que tiene una empresa para intervenir en una ciudad y en su vida cultural”

I
Antes de analizar el núcleo de la incertidumbre que genera la disolución de las fundaciones museísticas, sería interesante señalar algunos de los fundamentos que las hicieron posible, pues nos hallamos de cara a una de las empresas culturales más ricas y creativas emprendidas durante de la segunda mitad del siglo XX en Venezuela.

Museos surgidos de la eclosión de fenómenos nada ingenuos ni espontáneos, y sobre cuya base filosófica, ética o intelectual, se cimenta un producto notable de la contemporaneidad, en su dimensión de mayor internacionalidad. En efecto, la disciplina de la museología (ante la debacle de otras instituciones nacionales) sólo ha constituido la construcción de un descomunal patrimonio, que hoy se mantiene como un sólido muro de contención al despilfarro, la corrupción administrativa, el saqueo y la vandalización que filtró la identidad del ejercicio público durante las últimas décadas.
2
La trayectoria de nuestros museos corresponde a una gramática de trabajo en paralelo a la incorporación del pensamiento moderno, que abraza desde los tiempos de Miguel Arroyo y Carlos Raúl Villanueva una escuela de gerencia cultural a la que suman nombres como Alejandro Otero, Sofía Imber, Alfredo Boulton, Lourdes Blanco, Juan Calzadilla, Francisco D´Antonio, Manuel Espinoza, Roberto Guevara, Carlos Duarte, María Elena Ramos, José Balza, Bélgica Rodríguez, Graciela Pantin, Gert Leufert, Iris Peruga e infinidad de gerentes, técnicos y curadores a los que posteriormente se incorporan Rafael Arráiz, Rafael Romero, Ariel Jiménez, Clementina Vaamonde, María Luz Cárdenas, María Beatriz Medina, Axel Stein, Guillermo Barrios, Carmen Hernández, Federica Palomero, Juan Carlos Palenzuela, Roldán Esteva-Grillet, Elida Salazar, Yolanda Pantin, Miguel Miguel, Tahía Rivero, Susana Benko, Catherine Chacón, Freddy Carreño, Ivanova Decán, Luis Ángel Duque, Zuleiva Vivas, y tantos otros nombres que incluyen conservadores, restauradores y diseñadores, todos con visiones plurales y diversificadas que dieron cuerpo a esa escuela que reprodujo sus consecuencias en la creación de otras instituciones museísticas y centros culturales públicos y privados en todo el país.
3
Este sólido crecimiento fomentó el auge académico en la creación de facultades de museología y adquirió, como expresión de cultura de su tiempo, una trascendencia pública que no alcanzaron, por ejemplo, las universidades nacionales, los institutos y centros de investigación o los gobiernos locales. Los museos generaron una manera de ver, la excelencia de una dimensión contemporánea y de una gestación de la historia. A través del incremento de un coleccionismo articulado, la institución museal obtuvo el grado de prestigio de “un país paralelo”, atesorado en sus colecciones, frente al pronunciado descrédito de otras instituciones nacionales como las hospitalarias, ministeriales, agrícolas o educativas (y los mismos gobiernos locales). Durante décadas, la construcción de esta fortuna seleccionó cerca de 25.000 obras de arte que paulatinamente adquirieron el compromiso de ser catalogadas, registradas, avaluadas, conservadas, investigadas, publicadas, y finalmente, expuestas a la dimensión pública, en una empresa que sólo a partir de la diferenciación curatorial, es decir, de la especificidad de sus colecciones, pudo brindar a la nación la garantía del resguardo que exige una economía cifrada en cerca de 500.000 millones de bolívares, favorablemente invertidos.

Es necesario señalar que la responsabilidad de cuidar este patrimonio descomunal solo está reservado a un número reducido de 800 empleados distribuidos en 300 técnicos y conservadores, 50 restauradores, 30 gerentes, 30 curadores, 150 obreros especializados y 120 guardianes de seguridad y vigilancia, por aproximarnos a una cifra. Esta herencia a las nuevas generaciones, no es solamente económica sino uno de nuestros fundamentos de identidad y cultura. El cuerpo de este continental acervo necesita de su especificidad a partir de las complejidades que exigen desde sus interpretaciones y lecturas, hasta sus particulares asesorías legales. En estas dinámicas autónomas (hasta ahora) se conjugan junto con los comités de adquisiciones, las juntas asesoras, y los consejos de programación, las posibilidades de decidir desde una perspectiva múltiple e independiente, profesional y técnica, desde qué piezas se deben adquirir hasta las que se deben aceptar en donación y cuáles itinerar en las rutas que exigen los préstamos, hasta los compromisos con las comunidades públicas y privadas.
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En otras palabras, el MBA adquirió una especificidad latinoamericanista; la GAN, una perspectiva orientada al arte nacional de todos los tiempos; el Maccsi se insertó en el arte moderno occidental; el Arturo Michelena, en el siglo XIX y las artes decorativas; el MAO en el arte contemporáneo y emergente; el Museo del Oeste se fundó en un gran centro cultural comunitario, reclamando así, cada una de las fundaciones de estas especificidades, una escuela gerencial y administrativa de rigurosa factura legal e independiente. La empresa de la musealización promovió, además de sus colecciones internas, el desarrollo de las colecciones privadas, institucionales y bancarias, la promoción de la Ciudad Universitaria como Patrimonio de la Humanidad y el laboratorio inicial de la experiencia de El Metro de Caracas, vinculada con esa manera de ver que detona el museo en la dimensión pública.

Durante los últimos 25 años el auge de los museos fomentó la creación de una red de museos nacionales (Museo Narváez, Museo Soto, Museo de Barquisimeto, Maczul, Museo de Maracay, en una amplia lista de museos del interior) incrementando la solidez de un prestigio internacional, en comparación con otras ciudades latinoamericanas:Lima, Sao Paulo, Río de Janeiro, Bogotá y Buenos Aires no tienen una infraestructura similar.

La idea de prescindir de la autonomía de los museos, sin el diagnóstico explícito que identifique los mecanismos de su actual inconveniencia, pareciera relacionarse con una idea de “liquidar” no sólo a sus empleados sino a todo un tiempo de formación y de pensamiento y lo que representan esas especificidades museales como espacios de debate plural. Se podría interpretar que esta decisión resulta incluso la más fuerte y demoledora que ha asumido el Estado con relación a la cultura.

Lo notable de esta sorpresiva decisión es que deja en la más completa invisibilidad histórica la opinión de los expertos, técnicos y teóricos, de una experiencia moderna ya tradicional, que desencadenó a lo largo de décadas una opinión libre o al menos autoprotegida de los compromisos explícitamente políticos.
5
Ante la inminencia de la liquidación de las fundaciones estamos a la espera de un proyecto público, pues la deconstrucción radical de las bases metodológicas sobre las que se asienta la disciplina museal, pareciera atentar contra los valores amplios librepensadores de la crítica y la profesionalidad, imponiendo una operación patriarcal, pues divide, de manera ciertamente maniquea, la representación de los museos en imágenes negativas e inoperantes, que deberían transformarse en algo efectivo y rentable socialmente. El ataque implícito a la especificidad de las colecciones y a la exclusión que ha identificado la investigación curatorial, también se puede entender -a partir de la bandera de la inclusión manifiesta en la Megaexposición- como una estrategia populista de cara a seducir a un público potencial, precisamente en los ámbitos del arte donde pareciera que todo está permitido.

Si tan obsesionado se está por llegar todos los públicos ¿Por qué no diversificar la oferta en lugar de empobrecerla o aplanarla reduciéndola exclusivamente a una pinacoteca anacrónica?En otras palabras, ¿cómo quedarán nuestros vínculos con el arte contemporáneo continental? ¿Cómo permanecerán nuestras relaciones con el pensamiento occidental? ¿Cómo se expresará nuestra localidad geográfica y política?Si se abren las compuertas a “todo” como expresión de arte: pintores de domingo, pintores de pie y boca, vitralistas, manualistas, moralistas y “monstristas telúricos” homenajeando a Soto ¿Cómo sobrevivirán las obras de Picasso, Lessman, Pedro Ángel González, Cabré, Max Bill, Cruz-Diez, Narváez, Lam, Siqueiros, Rivera, Torres – García, Matta, Otero, Bellerman, Michelena, Braque, Otero, Reverón, Gego, Moore, Mondrian, Obregón, Perna, HernándezDiez, Téllez y todos los grandes creadores que hicieron de nuestros museos una sana referencia del país?
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Más que una serie de pequeños imperios personales los museos encarnaron un proyecto colectivo en el que se experimentó la capacidad que tiene una empresa para intervenir en una ciudad y en su vida cultural. Actuar de un modo revitalizador e inspirador, al contribuir sólidamente a la edificación de espacios públicos y el fortalecimiento de la capitalidad. Paradójicamente a las afirmaciones oficiales, en Caracas no existen muchos museos, en todo caso, hay que construir muchos museos en el interior. Pero nunca a costa de desmantelar las colecciones que ya pertenecen al alma de esta ciudad. Como los edificios y sus infraestructuras, las obras que se atesoran en las bodegas de cada uno de los museos, hoy cuestionados, constituyen una parte insustituible de la memoria urbana. Como la Constitución, sus colecciones son originarias, específicas e intransferibles. La sola idea de su traslado para la creación de otros museos en el interior hiela el estómago.

La ausencia de una discusión abierta y tolerante, el cancelamiento de la experticia acumulada durante décadas, ha desplazado el proyecto de liquidación de las fundaciones hacia una “utopía privada” y un proyecto político que sólo favorece las expectivas del Estado, excluyendo a un país e ingresando el destino de los museos a la nueva era de la supremacía populosa.

ilustración: El_autor_del_cuadro_Oswaldo_GuayasamIn__EL_MACUTO,

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