domingo, 1 de mayo de 2011

TABLA DE MULTIPLICAR


EL NACIONAL, Caracas, 28 de Junio de 1998
PAPEL LITERARIO
Ludovico, uno y múltiple
JESUS SANOJA HERNANDEZ

Ludovico tiene múltiples vías de entrada, pero ninguna de salida. Su obra, tan diversa como incitante, lo atrapa a uno, dejándolo prisionero en una zona encantada. Fue poeta (creación y oficio), crítico literario (Curtius y Friedrich como escoltas), ensayista (o en libros densos o en revistas y diarios), filósofo (la seducción por el joven Marx y el debate contemporáneo) y, no por último menos importante, periodista de lance y desafío (Clarín, El Nacional).

Para subir a las alturas especulativas de la filosofía desde las tierras bajas del periodismo, Ludovico necesitó de las experiencias perturbadoras e iluminadas al mismo tiempo, de los años 60, que marcan su reencuentro con el país luego del recorrido formativo por Europa. Cayó Ludovico en la Venezuela de los polémicos grupos literarios y la violencia, y a los unos y a la otra trató de entenderlos, no aceptándolos finalmente como solución a sus dilemas (porque fueron muchos, según el terreno que pisara) y optando, en buena hora, por los estudios filosóficos, la crítica profunda y a la vez fluida de teorías y moda, y la mezcla de la bohemia con el recogimiento y la reflexión.

A cambio de tiempos, cambios de visiones. Aquellas primeras promociones de filósofos ucevistas trabajaron el terreno de la temprana postguerra, con debates sobre el existencialismo y los pensadores alemanes como Heidegger, sin adentrarse en el periodismo, salvo Héctor Mujica, que de él hizo pasión. Mayz Vallenilla como Weibezahn Massiani se ciñeron a la formación académica, muy acabada en ambos, mientras quienes vinieron después (y poco antes que Ludovico), como Nuño, y Riu, ya desaparecidos, entrarían al mundo de la controversia con Crítica contemporánea, en aquel pelotón en el cual también participaron Eduardo Vásquez y Antonio Pasquali.

Después de disolverse el grupo que animaba esta revista y enfrentarse algunos de sus integrantes en diarios como La República y El Venezolano, y de Ludovico haber cruzado por el periodismo de izquierda (Clarín y Qué pasa en Venezuela, a más de El Nacional con su "Belvedere"), tomó la decisión de estudiar Filosofía, en cuyas aulas encontró al maestro por excelencia, García Bacca, y a otros profesores con quienes amistaría y no pocas veces, ya graduado, polemizaría, particularmente en torno al marxismo. Coincidió esa etapa de vuelco con su magnífica labor en la revista Papeles, promovida por el Ateneo.

El libro que lanzó a Ludovico a interminable cruce polémico fue La plusvalía ideológica, 1970, al que siguieron Sobre el socialismo y los intelectuales, también de ese año, y dos de 1971, Teoría y práctica de la ideología y El estilo literario de Marx, editados en México; y de merecida repercusión, en especial este último, tanto en Venezuela como en el exterior. Tres años más tarde Monte Avila dio a conocer Marx y la alienación y uno que más allá de su validez filosófica, estremeció por su desafío al dogmatismo. Me tocó presentarlo (el Anti-manual) en el Ateneo, agosto de 1975 según creo, y no fueron pocos los reclamos que mis camaradas de estirpe inquisitorial me hicieron por tolerancia ideológica.

Para cerrar con lo que al comienzo sostenía, estimo que las columnas periodísticas y los artículos y ensayos en revistas ayudaron poderosamente a Ludovico en su posición de filósofo de nuevo tipo, aireado, controversial y controvertible, acerca de lo cual hay constancia en volúmenes como Clavimandora, Belleza y revolución, Filosofía de la ociosidad y De lo uno a lo otro. Un libro póstumo En busca del socialismo perdido, prologado por su hermano Héctor, da fe de lo que andaba buscando, y nunca encontró, Ludovico.

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