jueves, 21 de junio de 2012

FUNCIONALIDAD

EL UNIVERSAL, Caracas, 9 de Junio de 2012
El resentimiento como política
RICARDO COMBELLAS 

Cuando, superadas las pasiones del momento, se analice con objetividad el tormentoso proceso político que ha experimentado Venezuela en sus tres últimos lustros, los estudiosos tendrán que abocarse a estudiar no sólo causas y motivaciones de naturaleza política, ideológica o sociológica, pues necesariamente tendrán que empaparse de fenómenos vinculados a la psicología profunda, los mismos que mueven los resortes últimos de la acción humana, y entre ellos ese poderoso sentimiento que identificamos como resentimiento. Cierto que perspicaces analistas de la realidad nacional (son los casos entre otros de Ángel Lombardi, Axel y Ruth Capriles, y sin pretensión alguna el que esto escribe) han avizorado la relevancia de dicho sentimiento, pero no es menos cierto que su comprensión exige un estudio meditado que seguramente ofrecerá mucha luz sobre  nuestra realidad actual.
Con motivo de escribir mi memoria sobre el proceso constituyente  (El proceso constituyente, Caracas, 2010), intuí la relevancia del resentimiento al intentar aproximarme a la personalidad de Chávez, por lo cual adelanté dedicarle unas pinceladas de reflexión al tema. La definición más apropiada del resentimiento la encontré en el admirable diccionario de la "inolvidable" (así la llama con gratitud García Márquez) María Moliner: "Sentimiento penoso y contenido del que se cree maltratado, acompañado de enemistad u hostilidad hacia los que cree culpables del mal trato". El resentimiento ha estado firmemente presente en nuestra historia desde sus mismos orígenes, dada una sociedad atrincherada en fuertes y mineralizadas estructuras sociales, tan difíciles de romper,  permeadas por la separación de ricos y pobres, mantuanos y pueblo llano, oligarcas y menesterosos, para no insistir en  la "guerra de los colores". En efecto doscientos años no han sido suficientes, pese a los innegables pasos dados en procura de una sociedad más igualitaria, y donde yo destacaría el papel de los modernos partidos policlasistas, en primer lugar es justo señalar a  Acción Democrática, para reducir la poderosa fuerza del resentimiento, cuyo caldo de cultivo está precisamente en la grosera desigualdad social, a lo que se une la fragmentación familiar, que caracteriza nuestra peculiar sociedad clasista.
En el liderazgo de Hugo Chávez se unen dos componentes de poderosa atracción: en primer lugar, su carácter innegablemente carismático, que rebosa los límites de lo religioso, y en segundo lugar, la capacidad de catapultar la energía poderosa del resentimiento, internalizada con su  irresistible mensaje en el alma de sus partidarios, hacia una acción política eficaz de destrucción de los valores prevalecientes en el establishment  (nuevamente recurro a María Moliner: "Clase social influyente que intenta mantener el orden establecido"), y el intento de convertir los antivalores del sistema por destruir en un nuevo y revolucionario orden de valores.
Por todo ello resulta tan difícil hacer del sistema político venezolano una democracia funcional. Los antivalores se manifiestan en odio, el adversario se convierte en enemigo, el diálogo es abandonado y se entroniza el insulto, la convivencia civilizada se sustituye por la permanente confrontación. La razón está en que el régimen de Chávez ha puesto el resentimiento en la primera línea de su estrategia política, baluarte fundamental que le ha facilitado la cosecha de tantos éxitos en su andadura política.
En la hipótesis de que triunfe un cambio de régimen  en las tan ansiadas elecciones del 7 de octubre (no está en juego un simple cambio de gobierno, pues la disyuntiva es un cambio o una profundización del régimen), el desmonte del resentimiento como política no será una tarea fácil, pues al tratarse de un sentimiento arraigado en la conciencia nacional, ello amerita la modificación de buena parte de los patrones actitudinales del ser venezolano. En la hipótesis del triunfo de la opción oficialista, se consolidará, no tengo dudas, un nuevo orden de valores, un orden hegemónico, en palabras de Gramsci, un nuevo bloque histórico.


Nota LB:  Fotografía intervenida o modificada. Tomada del Facebook, recortamos....

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