lunes, 18 de abril de 2011

(IN) TRANSMISIBILIDAD


De la antología política
Luis Barragán


Lugares que, por comunes, no pierden vigencia como – paradójicamente – otros lo logran, enmascarándose. Por ejemplo, la fragilísima memoria histórica que nos condena a repetir hechos, no siendo – precisamente - la dirigencia política la exclusiva responsable por las omisiones y manipulaciones que la convierten en una crónica enfermedad colectiva.

Resulta inaceptable el vanidoso desconocimiento de la historia, aunque muchos deban trabajar con ella (des) haciéndola, sin saberlo. Tenida por una aburrida materia, reinventores del agua tibia, hallamos una repetición de planteamientos, escenas y situaciones que – por si fuera poco - decimos protagonizar, sorprendidos en la premodernidad que – también – dijimos superar por siempre.

En días pasados, intentamos aludir a la Junta Patriótica que aceleró el destierro del general Pérez Jiménez por 1958, a objeto de profundizar el análisis sobre el dispositivo de unidad o concertación de la oposición. Y es que, sin pretendernos especialistas en la materia, nos consternó el comentario de un no tan joven asistente a la reunión política al suponerla una suerte de decreto sobrevenido e inspirado de los partidos que ¡por fin! hicieron caso a la sociedad civil, casi un ticket ganador de una rifa o lotería, en lugar del difícil y aleccionador proceso que comportó.

Hay errores imputables a la feliz ignorancia o improvisación, pero – igualmente – a un radical rompimiento generacional de muchos de los exhibicionistas mediáticos del gobierno y de la oposición. Digamos que hay nociones, hábitos, planteamientos, prácticas o ideas tan absolutamente intransmisibles que constituyen la mejor garantía para los equívocos o yerros que niegan reconocerse como tales: Venezuela no está naciendo hoy, aunque se crean sus más pertinaces fundadores.

El olímpico rechazo a la experiencia acumulada, aún de reciente data, es un elemento definidor de todo lo antipolítico y postmoderno que, justamente, nos conducen a la prepolítica y premodernidad. Y es que, a la tradición oral, se suma la impresa en una negación suicida que únicamente deposita su confianza en los video-clips, en la corta sucesión de imágenes, en la súbita animación de los acontecimientos que, como todo lo televisivo, por lo menos, invita o suscita una reflexión, mas no la suplanta.

En la remoción decembrina de papeles en casa, redescubrimos títulos de las décadas anteriores que, al ofrecer una interpretación política, subyacente y naturalmente interesada, exponían los hechos transcurridos para una más abierta polémica de convencimiento. Por ejemplo, hallamos “La revolución de las fantasías” de Domingo Alberto Rangel, redactado en prisión sin facilidad para consultar y apuntar las fuentes, según indicó, que nos colocaba entre 1958 y 1965 aproximadamente; “La democracia petrolera” de Carlos Ramírez Farías, comprometido hasta finales de los setenta, como por ese tiempo Luis Herrera Campíns, Benito Raúl Losada y J.L. Salcedo Bastardo hicieron lo propio al entregar “1958: Tránsito de la Dictadura a la Democracia en Venezuela”; y, pisado el siglo XXI, Rodolfo José Cárdenas aportó dos tomos de “La república civil”, haciéndola lo más contemporánea posible en su compendio de eventos políticos.

Tratamos de líderes políticos o de opinión que ofrecieron sus versiones históricas para avalar determinadas posturas, unos más exigentes que otros. Y, si bien es cierto que la tarea cuenta ahora con sendos especialistas que ayudan a un más preciso enfoque de los acontecimientos, no menos lo es que escasean los títulos que dibujen y convenzan sobre un liderazgo político consciente de la historia: los goteros wikipédicos u otros semejantes, no bastan para afianzar una antología de pareceres.

Fuente:
http://www.medios24.com/de-la-antologia-politica-por-luis-barragan.html

Fotografía: LB, 12/10

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