domingo, 30 de diciembre de 2012

LA INQUIETUD GASTRONÓMICA (3)

EL NACIONAL, Caracas, 2 de Febrero de 2002
Cacerolas
Luis Britto García

Durante décadas la vida caraqueña pareció un tango: Silencio en la noche, ya todo está en calma, el músculo duerme, la ambición descansa. Sólo se oían disparos, que garantizaban el descanso eterno a quien turbaba la paz sindical o intelectual.
Pues antes no había cacerolas, sino sartenes y ollas. A los primeros los tenía por el mango el bipartidismo, y las populares ollas estaban como calladas a pesar de que se morían por resonar porque no tenían nada adentro.
La primera marmita que escandalizó fue chilena, sepultó a la mitad de sus compatriotas en la pobreza y a la otra mitad en el estadio.
Después del 27 de febrero las baterías de cocina de los ranchos enfrentaron las baterías de fuego del puntofijismo al grito de ¡Pueblo, escucha: ésta es tu lucha! ¡Pueblo, colabora, suena tu olla ahora! Y es que la cacerola es una olla participativa, opinadora de oficio, activista, olla refractaria a cualquier guiso, que sube cerro y brinca barranco sin temor a los tropezones.
Nunca se vio en el fuego al puchero sifrino, teflón mayamero decorativo de la cocina americana cuya dueña ni lo toca aunque a cada rato la agarran con las manos en la masa.
Tampoco se quemó el pecho durante décadas cierta cazuela intelectual, ni resonó mientras acompañaba a su dueño de restoranes de haute cuisine a templos de cuisine nouveau en sacrificadas misiones diplomáticas por la ruta del Chanel: Madrid, Roma, Londres, París.
En cuarenta años nunca dio una nota destemplada la quinta paila sindicalera, demasiado ocupada en repartirse con los patronos las presas del sancocho de la ilegalización de huelgas y el robo de prestaciones sociales.
La marmita puntofijista fue sólo tapadera que durante cuarenta años pretendió que no pasaba nada en el país, para estallar en pedazos como olla a presión de tanto freír al pueblo para servírselo a Fedecámaras.Dijo Santa Teresa de Jesús que Dios anda en los cacharros de la cocina, pero nunca repicaron por los pobres las caldera ahítas de patronato eclesiástico de los curitas de misa y olla.
Como las señoritas de antaño, que recibían serenatas en sus balcones, estas escuálidas suntuarias ahora dan conciertos desde sus ventanales, tañidas delicadamente por la cachifa a quien la patrona dice vaya y percútame ese utensilio pero con extremo cuidado no me le vaya a rayar el cromo mire que se lo descuento del sueldo.
La verdad es que a cada tequichazo todas envidian a la olla virtual, a la olla CD que desde decodificadores láser mediante ecualizadores digitales con circuitos DVD y amplificadores cuadrafónicos monopoliza a control remoto todos los oídos sin jamás haberle quitado el hambre a nadie. A la hora de montar la olla, así como transmite el cacerolazo que no está siento tocado, difunde la noticia que no sucede y el país que no es, sin importarle que en realidad no haya nada en dos platos. Este es el repique único de la Única Olla del Pensamiento Único, que quiere sancochar al planeta en un caldo global de jugadas financieras y especulaciones bancarias en el cual no se le vea la sustancia al hervido.
Bienvenido el escándalo, pero hay que afinar el oído para distinguir entre las cacerolas de la turba, que se cansó de que todos las representaran, y el utensilio culinario de la sociedad civil, que no se cansa de decir que representa a todos. Las primeras son demasiadas y se conforman con poco, la segunda es muy poca y no se conforma con demasiado. Claman la una por el golpe y las otras por los tres golpes.
Algo se está cocinando.

Fotografía: http://www.fmspacio.com/2012/01/26/incendio-acccidental-en-san-carlos-sud.html
Breve nota LB: La metáfora gastronómica.

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