lunes, 30 de enero de 2017

CUADERNO DE BITÁCORA


Demasiado se nota  la escasez de médicos y, lo más alarmante, tenemos una significativa deserción de docentes universitarios. Nadie tiene que juzgarlos por buscar nuevos horizontes lejos del país e, incluso, acá mismo, complementándose con otras tareas para sobrevivir. Y, si de juzgar se trata, todos estaríamos implicados, pues, ¿por qué llegamos a esta situación?, ¿cómo es posible que el salario universitario se encuentre en el subsuelo?, ¿acaso no sabemos que la gran responsabilidad es la del gobierno?

En días pasados, en las redes sociales, apreciamos el testimonio de un viejo amigo, honestísimo ciudadano y quien constituía y constituye una importante reserva moral y política del estado Anzoátegui, aquejado por una enfermedad que lo alejó de las actividades partidistas. Ha sido largo y penoso el camino para lograr los medicamentos, si es que lo logra oportunamente, como ocurre con todo el mundo: !todo el mundo! (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10209807311114414&set=a.1051444321289.2008568.1081170942&type=3&theater).

Al encontrar las referencias de la vieja prensa, la de Razatti de 1893 y la de Dominici de 1937, fue inevitable sentir la angustia sobre la suerte de la Venezuela actual. E, incluso, la irresponsabilidad del gobierno raya la deliberada y criminal indiferencia, promoviendo a los médicos comunitarios que egresa constantemente, mas no contrata, prefiriéndolos de universidades reconocidas, como ocurre con la gobernación del estado Sucre, tal como lo comentó por estos días Max Guerra en una conversación ocasional.


La prensa censurada, bloqueada la información vital, procura impedir que emerjan las denuncias de una realidad que es cotidiana, desgraciadamente cotidiana en todo el país: faltan médicos, medicamentos, equipos, divisas para cubrir las necesidades más básicas Tamaño contraste con el viejo periodismo, además, el inmediatamente anterior a la llegada de esta mentada revolución. Denuncias y orientaciones, siendo éstas las que forzaban a las autoridades a responder por ante la opinión pública, el parlamento, gremios.


Valga  la acotación, a diaria lectura de la prensa nos reportaba crónicas como la de Manuel Rojas Poleo (Jesús Sanoja Hernández), quien preguntaba y respondía sobre nuestros médicos para redondear un texto de intenciones políticas. Por ejemplo, preguntaba en El Nacional (Caracas, 02/03/1978), ¿Qué tenían en común Neri, David Lobo, Santos Dominici, Diego Carbonell, De Venanzi, Rísquez y David Lobo? E, invertida la respuesta, con una diagramación que no contaba con os recursos actuales, haciendo grata la crónica, nos llevaba a la rectoría de la Universidad Central.

Tamaño contraste: la situación médico-sanitaria y el tratamiento político y periodístico del problema. Inevitable angustia, inevitable.
LB

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