lunes, 28 de febrero de 2011

NOVENTA


EL NACIONAL - Lunes 28 de Febrero de 2011 Escenas/2
Los juveniles 90 años de Luis Pastori
PALABRAS SOBRE PALABRAS
LETRAS
FRANCISCO JAVIER PÉREZ

Una referencia, apenas, a la edad y a las edades del hombre se encuentra en toda la poesía de Luis Pastori.

Cómo dudar que se hace materia en el soneto dedicado a "Quevedo", su dios tutelar. El poeta gusta de citar y recitar al poeta: "Ayer se fue; mañana no ha llegado". Un "aquí y ahora" poderoso y vivificador mellan para esculpir la vida del poeta y la poesía de la vida que constituyen un solo y mismo asunto: gestar la juventud. Una, que en independencia de las cifras que nos desgastan, no desgasta los días con la penitencia memorialista de los mejores tiempos del pasado, sino que la edifica con el bondadoso augurio de los días por venir; siempre escuchando su rumor en medio del silencio. El poeta no teme olvidar, pues recordarse en juventud lo alimenta y transforma en frescura todas sus empresas, todos sus afectos, todos sus pensamientos y todo el inagotable devenir de su interminable juvenillia, fraguada siempre de magníficos olvidos, esos que sólo saben recordar el amor de los amores; aires parecidos a los templos callados del olvido en donde el ruiseñor no vale nada; muertes terrenales de quebranto entre la sangre y el llanto y lluvias celestiales de olvidos y olvidos.

Es en la seriedad de su humor donde su juventud se celebra y adquiere la entidad más definitiva en la personalidad del poeta.

El estudio del humor ha sido en Pastori un objetivo largamente desarrollado en su concepción de la poesía y, más aún, en la asimilación de la poesía de los otros. Ha apreciado agudamente lo que le debe la poesía venezolana al humor y ha hecho de esta deuda su propia acreencia con muchos y buenos cultivadores del verso en nuestra lengua venezolana, tan alimentada siempre por esa misma simiente del humor en los renglones más comunes de su coloquio.

La forma divina del soneto hace de Pastori poeta de forma y fuego. Quizá por no "viernista", o por muy "42", o por afición personal hacia la estrofa dorada, será el soneto su luz y su gala. Pocas veces la poesía se ha mostrado con el rostro del poeta, pues, casi siempre, los poetas se muestran con el rostro de la poesía. Los primeros son los verdaderos, los grandes.

Los otros son los otros, los que quedan, el resto que no son los grandes. Luis Pastori pertenece, como el mejor, al primero de estos grupos, porque cuando la poesía se muestra lo hace con el rostro de Luis Pastori, por gracia y obra del soneto, estrofa divina de complejidad y bravura.

Andrés Eloy Blanco escribió en el prólogo a Poemas del olvido que "Luis Pastori era un samán joven que habría de darle a su tierra muchos días de gloria, así como un viejo samán le había dado varios siglos de sombra".

Alberto Arvelo Torrealba dirá, en la recepción de Pastori en la Academia Venezolana de la Lengua, que "el más alto y noble timbal de orgullo para Luis Pastori es el haber sabido conquistar prócer cimera artística, para que se cumpla, como cumplida está, aquella espléndida y fervorosa profecía del ínclito cantor de Giraluna".

Gracias por tantos días de gloria, joven samán de 90 años de edad, y que tu verbo continúe escanciando el más nutricio y juvenil humor de tu palabra.

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