viernes, 1 de marzo de 2013

VER PARA CREER

El Instituto de Investigaciones de la Comunicación (ININCO) de la Facultad de Humanidades y Educación (Universidad Central de Venezuela), tuvo a bien publicar la tesis ganadora en 2004 de Lorena Pino Montilla y Frank Lugo Cañas. Trata del comercio del cine hasta 1950 y el de los cincuenta, y la taquilla entre agosto de 1956 y septiembre de 1957. Y, aunque cita la filmografía de aquellos años, importan más las vicisitudes de su distribución y exhibición en la Caracas de entonces, ofreciéndonos interesantes datos estadísticos sobre el consumo cultural de la Caracas en transición. Obra histórica de interés para los cronistas de la ciudad, sociólogos y economistas, que prosigue el curso de una investigación creciente y académicamente acreditada (entendiendo por tal, el rigor) sobre el fenómeno filmográfico en la urbe. Empresarios y salas de cine en distintas épocas, precio de las entradas y rentabilidad del negocio, correlación de edades, asistencia al espectáculo o población citadina, son algunos de los datos que despiertan una inmensa curiosidad y aportan elementos para disciplinas distintas a la propiamente histórica.

Inevitable llamar la atención sobre las fuentes empleadas, como un inédito cuaderno de los ingresos de taquilla de diferentes salas de cine, la Gaceta Municipal y los registros mercantiles que, todavía, por cierto, esperan en los archivos (y ojalá no se pierdan), para afilar las investigaciones de interés - incluso - en otras materias y ámbitos. Es un plus interesantísimo de los investigadores que contrasta con trabajos que, convencionales, suelen "llover sobre lo mojado".

Los tesistas hicieron un formidable esfuerzo de síntesis de la complicada tarea que no quita, más adelante, reincidir sobre un tema que necesitará de una futura ampliación de detalles. Por cierto, otra bondad, arriban a conclusiones de interés actual.

Los más avispados dirán del curso de un trabajo de economía política, enfatizando el nivel de la superestructura; otros, apuntarán a las incidencias de un mercado que fue libérrimo, a juzgar por la multiplicidad de personas, empresas y alianzas que no se redujeron a muy pocos oferentes. Lo cierto es que hay un hilo histórico importante y atractivo que nos permite, hoy, abordar el fenómeno de la cinematografía caraqueña, incluyendo aquella transformación urbanística que supuso la desaparición de las salas de cine que una vez reemplazaron las del teatro, convertidas en sedes para las iglesias protestantes o, por lo demás, oficiales (como la del Radio City y las Emergencias 171), únicas capaces de tamaña inversión inmobiliaria.

Un contraste finalmente asentado en el trabajo, acaso dramático: en los ’50 “era común” ver el cine originado en diversos países, mientras que hoy predomina el estadounidense, con las inversiones y adecuaciones tecnológicas del caso. Antes, una distinción entre salas de estreno y las secundarias, mientras que ahora son las salas de arte y ensayo, por cierto, minoritarias, ante las definitiva e inmediatamente comerciales, aunque – bien cultural, al fin y al cabo – no sabemos distinguir muy bien que digamos, excepto el sentido de uno y otro consumo cultural.
LB

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