jueves, 28 de marzo de 2013

EN LA HORA DECISIVA

EL UNIVERSAL, Caracas, 27 de marzo de 2013
Miércoles Santo: El Nazareno
Jesús no murió en vano, sino para enseñarnos a vivir en un mundo de hermandad, de paz y de justicia
ALBERTO ARTEAGA SÁNCHEZ

El Miércoles Santo es el día del Nazareno, del Cristo que sufre camino hacia El Calvario y que revive entre nosotros una devoción encarnada en el pueblo que en Caracas toma vida en toda la ciudad, pero en particular en la Basílica de Santa Teresa, ante el Nazareno de San Pablo, cuyo rostro no trasmite abatimiento o resignación, sino fuerza ante el dolor supremo y firme decisión de inmolarse para salvarnos a todos.
Es la mezcla de lo divino y lo humano, del dolor y del sacrificio, del amor y de la entrega, de la consecuencia con un ideal y de la denuncia de la traición que formó parte del drama de la crucifixión.
El Nazareno camina con su cruz a cuestas, en hombros de un pueblo fervoroso que confía en Él y que ante las adversidades y dolores de la vida nos sirve de ejemplo de fortaleza, de esperanza y de fe.
El Nazareno nos recuerda el sufrimiento de quien se ofreció por nosotros y vivió en carne propia las inconsecuencias del ser humano, la prevaricación y la cobardía de un juez pusilánime y la entereza y valentía de una madre que estuvo allí acompañándolo en la vía dolorosa junto a otras decididas mujeres y junto al discípulo que no "arrugó" en la hora decisiva.
El Nazareno es para el pueblo venezolano más que una simple imagen. Es un símbolo que toca lo más profundo de nuestra fe arraigada en lo humano para elevarse a lo Divino.
En la Iglesia de Santa Teresa, desde la madrugada, hombres, mujeres y niños, vestidos con túnicas moradas hacen largas colas para ver una vez más al Nazareno de San Pablo, "varón de dolores" con su cara ensangrentada, con su mirada penetrante, rodeado de la emoción de los más sencillos creyentes en auténtica expresión de una religiosidad pura y espontánea.
Recuerdo, desde pequeño, la experiencia inolvidable del Miércoles Santo, en Santa Teresa, vivencia única en la que todos nos confundimos, sin distinción alguna, ante la conmovedora figura rodeada de orquídeas y acompañada por sus custodios devotos que año tras año se encargan de la maravillosa festividad rodeando a la augusta figura del Cristo que padece por todos.
Este Miércoles Santo tiene, entre nosotros, en la Venezuela presente, un especial significado.
En un país dividido, en el que nos movemos entre grupos en los que se ha alimentado el odio y la discriminación, el testimonio del Nazareno es claro y contundente. Ante Dios todos somos iguales. El sufrimiento y la enfermedad nos purifican y nos acercan a su mensaje, encarnado en Jesús camino del máximo sacrificio. Él no murió en vano, sino para enseñarnos a vivir en un mundo de hermandad, de paz y de justicia, que contrasta con una realidad de guerras y divisiones.
Venezuela, este Miércoles Santo, debe compartir el dolor del Nazareno y la expectativa de Jesús resucitado, en una Iglesia que ha sentido la acción del Espíritu Santo, en la figura del nuevo sucesor de Pedro que toma hoy también su cruz en este mundo convulsionado y desorientado, pero con el claro anhelo de muchos por su renovación espiritual, base de la transformación social que impulsará el Papa Francisco.

Fotografía: El Nacional, Caracas, 27/03/13.

No hay comentarios:

Publicar un comentario