jueves, 16 de abril de 2020

LA RECONSTRUCCIÓN DEL ESTADO


De la solidaridad impersonal
Luis Barragán

Ampliamente manifestada por el deslave inverosímil del estado Vargas, la solidaridad espontánea de propios y extraños demostró que no todo estaba perdido de acuerdo a la prédica del régimen que recién iniciaba. Lo peor, delató una catadura que le fue imposible disimular en los años siguientes.

Impertérrito, Chávez Frías no suspendió siquiera por una semana más el referéndum consultivo de la Constitución de entonces. Después, dijo reordenar los esfuerzos realizados para el auxilio de los litoralenses, incluyendo los atractivos recursos donados desde el exterior, sin la debida rendición  de cuentas.

Por todos estos años, la dictadura ha jurado monopolizar cualesquiera testimonios de solidaridad con  los más desfavorecidos por las circunstancias, en la órbita de un populismo inaudito, pero rentable más allá de lo político.  Ahora, el prestador de los  servicios públicos por excelencia, no garantiza siquiera el agua y la electricidad para la población angustiada y, muy pendiente de la ayuda humanitaria que pudiera venir, imitando a la Cuba empobrecida, dona a algunas islas antillanas los escasos recursos disponibles.

En esta hora de marcada incertidumbre, los venezolanos nos ayudamos los unos a los otros en la medida de nuestras exhaustas posibilidades reales, transitando un distinto aprendizaje de ciudadanía que, a propósito de un epígrafe de Michel Foucault,, María Eugenia Cisneros Araujo asocia a un proceso de construcción racional del Estado (AA.VV. “Suite hobbesiana. Cuatro ensayos: Imaginación, Antropología, Poder y Religión”, UCV, Caracas, 2009: 200 ss.). Vale decir,  retrocedidos a la barbarie  por el socialismo, urgimos de otro contexto para la reconstrucción del país (y del Estado), explicándonos como individuos más allá del miedo y de la esperanza, como pasión.

Esta semana que culmina, la legítima Asamblea Nacional aprobó importantes – aunque insuficientes -  recursos para paliar la situación generada  por el huésped peligroso, iniciativa que ha de constituir una experiencia distinta a la de 1999, porque los instrumentos legales fuerzan a una constante y rigurosa rendición de cuentas si deseamos reconstruir al Estado. Yendo más allá de la personal, es necesario regular la solidaridad ejercida por las instituciones, pues, de lo contrario, el término mismo pierde sentido, como ha ocurrido en presente siglo, gracias a la ilimitada demagogia oficial que ha significado, al emplear desenfadadamente el uso de la fuerza, colgar a Jesús en  las armas  que empuña y distingue a  la usurpación.

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