domingo, 12 de abril de 2020

COMBUSTIÓN SOCIAL

De una cierta escatología viruscoronaria
Luis Barragán

Quizá estamos más familiarizados con el lenguaje escatológico que la propia disciplina teológica, la wikipédicamente orientada a la realidad última del ser humano y el universo. Sin embargo, vestigios de la llamada Nueva Era que tuvo entre nosotros sus esplendores justo con el ascenso socialista del XXI, dato significativo, solemos escuchar regularmente aquello de la constante reencarnación de todo, menos de los corotos que poco a duras penas saben de varios siglos.

Nada más duro y difícil para los familiares que  un fallecimiento en tiempos de pandemia, peor que  los ocurridos en todas las fechas de feriado oficial que hemos acumulado. Las angustiosas diligencias suelen multiplicarse, postergando el dolor propio, comenzando  por el elemental trámite y  obtención de un acta de defunción.

Puede decirse que los deudos pisan las últimas  realidades terrenales en la despedida de quien las traspasa, sobre todo por los costos. Noticia probablemente nada aislada, nos enteramos hace poco que las funerarias marabinas incluyen por sus servicios el pago de veinticinco litros de gasolina para sus idas y venires, por lo demás, intentando suplir al mismo Estado – por decir lo menos  negligente.

Los más avisados, dirán con razón que versamos en torno a una ley económica infranqueable,  por más que los socialistas de la hora juren alterar la ley de gravitación universal misma. Simplemente, un bien tan escaso y  en especie, suple la golpeada unidad monetaria oficial u oficiosa, dándole alcance a las divisas, comprensible aunque inaceptable.

En todo caso, asistimos a las postrimerías de un sistema o régimen que hizo méritos para llegar a un estadio que sus economistas intentan maquillar, desde hace un buen rato. Nada más aparatoso que hacerlo con el Frankenstein de tantas puntadas de hilo, en el que los instrumentos quedaron dentro, despuntando como un par de tornillos en el rostro de una experiencia imposible de repetir: a menos que creamos en la reencarnación.

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