Fernando Falcón:
Hoy murió, teniendo casa por cárcel, el coronel José Antonio Omaña Hernandez...su delito, figurar en un libro de los años 60, titulado TO-3, escrito por JVR y firmado por un don nadie, en el cual acusan de torturador a ese oficial, que, para la época del infundio, ni siquiera servía en esa unidad...Estoy esperando Justicia para los asesinos de los 5 cazadores del Batacaza Silva, asesinados a mansalva el 18 de noviembre de 1977, a los asesinos del Soldado José Elías Montiel del Batacaza Campo Elìas el 28 de abril de 1978 o a los asesinos del soldado José Elías Ruiz, de solo 17 años del Batacaza Carvajal, muerto mientras vigilaba una alcabala en el crucero de Aparicio....si, los asesinos, algunos están impunes, otros en el gobierno y otros en la ANC...descanse en Paz, mi coronel Omaña...algún día se aclararán las cuentas!!!!
2709/2018:
https://www.facebook.com/fernandofalconv?hc_ref=ARSK9Cg3ejM4ZRFx5hzPNOOuWF9SDkPFsr5EQgJPdqsZF58AbZQvWFk3015fUzlmMVw&fref=nf
René Augusto Navarro Velasquez:
"La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuan la muerte es, nosotros no somos" (Antonio Machado)
Que decir cuando alguien importante en la vida del pais que nos vio nacer, se nos va. Se le hace un nudo en la garganta a uno y las lagrimas corren en un desenfreno total. Sobre todo por encontrarnos ausentes y no poder acompanar al amigo a su ultima morada.
Ha muerto el Cnel. Jose Antonio Omana Hernandez, con el se nos va un un capitulo importante de nuestra historia.
Egresado en 1960 de la antigua Escuela Miltar de Venezuela en la promocion, Pedro Leon Tottes, ,l,e toco participar en contra de la insurreccion armada de los anos 60 y 70 donde se destaco como un eficiente Oficial. Sus ultimos anos los paso sometido a la venganza de la "jjursticia" ofiicial.
Vuela alto Jose Antonio al encuentro
con nuestro Senor. Siempre te llevare en mi corazon, amigo
28/09/2018:
https://www.facebook.com/reneaugusto.navarrovelasquez?hc_ref=ARS0MKhonY89pPOFr3FpawvGf6grj-ApqJiFnhFfB_UlGyYKOXTG5GARyMUh-IuOZ-c&fref=nf
Breve nota LB: Nos ha impresionado ambas notas. Aqui no se ha aclarado nada. Ni del presente, valiendo la fotografía (tomada de https://www.diariolasamericas.com/america-latina/militares-retirados-exigen-la-guardia-nacional-oir-al-pueblo-n4119743), y mucho menos del pasado, el cual sirve para la sistemática e interesada falsificación del régimen (por ejemplo: http://www.reportero24.com/2012/10/30/mp-acusa-al-coronel-r-jose-a-omana-hernandez-por-desapariciones/; y http://albaciudad.org/2013/02/iris-varela-imposible-separar-trascendencia-historica-de-la-an-como-escenario/). Por supuesto, fueron y son hechos dolorosos, pero es la propia historiografía la afectada. Por cierto, no fue posible localizar la portada del libro T-03.
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sábado, 29 de septiembre de 2018
miércoles, 12 de septiembre de 2018
REALIDAD PATÉTICA
ELN presiona a un desplazamiento masivo de venezolanos a Brasil
Angélica Antía Azuaje / 12 sep 2018.- El diputado Américo de Grazia (Causa R) denunció este miércoles que el Ejército de Liberación Nacional de Colombia está eliminando y desplazando no sólo a los “pranes” sino también a la comunidad indígena.
Américo de Grazia. en entrevista con María Alejandra Trujillo en el programa “Palabras más, palabras menos”, transmitido por RCR alertó que este grupo “está provocando desplazamientos forzados de venezolanos”.
Resaltó que “el ELN, bajo una fachada llamada Frente Bolivariano de Liberación continúa operando en la zona sur del estado Bolívar”.
“Permanece operativo en las áreas mineras liquidando a los pranes que actúan en esa zona para asumir la dirección de mando en las minas y todo ello bajo la mirada de las Fuerzas Armadas Nacionales”.
A su juicio, la presencia de la guerrilla colombiana “no es un rumor, está certificada y es una muestra de la tragedia que estamos viviendo los venezolanos”.
“De hecho, el desplazamiento de los pueblos indígenas hacia Brasil donde hay más de 4.000 waraos solamente en la ciudad de Manaos es una realidad patética, el hecho de ver indígenas en los semáforos de esa localidad habla de una realidad que no quiere reconocer el gobierno de Maduro”.
Para el parlamentario, “el régimen es cínico cuando pide una indemnización por maltratos a venezolanos”.
“Si hay alguien que está tratando a los venezolanos como esclavos es precisamente el gobierno, que promueve la presencia del ELN en el Arco Minero y que ha promovido la destrucción de la naturaleza lo cual produce un impacto ecológico y devastador”, concluyó De Grazia.
Fotografía: http://efectococuyo.com/principales/1-200-indigenas-warao-se-niegan-a-regresar-a-venezuela-tras-huir-por-falta-de-alimentos/
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2018/09/americo-grazia-eln-presiona-desplazamiento-masivo-venezolanos-brasil/
Angélica Antía Azuaje / 12 sep 2018.- El diputado Américo de Grazia (Causa R) denunció este miércoles que el Ejército de Liberación Nacional de Colombia está eliminando y desplazando no sólo a los “pranes” sino también a la comunidad indígena.
Américo de Grazia. en entrevista con María Alejandra Trujillo en el programa “Palabras más, palabras menos”, transmitido por RCR alertó que este grupo “está provocando desplazamientos forzados de venezolanos”.
Resaltó que “el ELN, bajo una fachada llamada Frente Bolivariano de Liberación continúa operando en la zona sur del estado Bolívar”.
“Permanece operativo en las áreas mineras liquidando a los pranes que actúan en esa zona para asumir la dirección de mando en las minas y todo ello bajo la mirada de las Fuerzas Armadas Nacionales”.
A su juicio, la presencia de la guerrilla colombiana “no es un rumor, está certificada y es una muestra de la tragedia que estamos viviendo los venezolanos”.
“De hecho, el desplazamiento de los pueblos indígenas hacia Brasil donde hay más de 4.000 waraos solamente en la ciudad de Manaos es una realidad patética, el hecho de ver indígenas en los semáforos de esa localidad habla de una realidad que no quiere reconocer el gobierno de Maduro”.
Para el parlamentario, “el régimen es cínico cuando pide una indemnización por maltratos a venezolanos”.
“Si hay alguien que está tratando a los venezolanos como esclavos es precisamente el gobierno, que promueve la presencia del ELN en el Arco Minero y que ha promovido la destrucción de la naturaleza lo cual produce un impacto ecológico y devastador”, concluyó De Grazia.
Fotografía: http://efectococuyo.com/principales/1-200-indigenas-warao-se-niegan-a-regresar-a-venezuela-tras-huir-por-falta-de-alimentos/
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2018/09/americo-grazia-eln-presiona-desplazamiento-masivo-venezolanos-brasil/
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Américo de Grazia,
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lunes, 14 de mayo de 2018
MAYO REAL
EL NACIONAL, 14 de mayo de 2018
Aquel mayo en una universidad de provincias
Atanasio Alegre
Que por mayo, era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor
sino yo, triste cuitado
que vivo en esta prisión
que ni se cuando es de día
ni cuando las noches son...
(Fragmento de El romance del prisionero)
Cuando el mundo comenzó a estremecerse al correr la noticia de lo que estaba pasando en Francia aquel mayo del 68, quien esto escribe ya había cumplido dos años como profesor en una universidad del interior del país. Se trata de la Universidad de Oriente, distribuida en cinco núcleos por la región oriental –la región más deprimida en aquel momento en el país. Era la obra de un visionario que ocupó el rectorado de la UDO durante los primeros años de funcionamiento. Se trataba de un hombre bien preparado, tanto desde el punto de vista científico como humanístico. No carecía de oficio dialéctico tanto para las distancias cortas como para encarar el futuro, en la idea de que si lo que se había propuesto se realizaba desde el punto de vista político que él profesaba, las cosas resultarían mejor que si las hacían los de otra ideología.
No tenía yo una excesiva carga académica porque de mí dependía la Dirección Administrativa del llamado Núcleo de Sucre en la ciudad de Cumaná. Lo que no abandoné con el cargo, o a pesar de él, fueron unas clases extracátedra que impartía a un grupo de alumnos interesados en las doctrinas existencialistas, que me resultaban familiares por haber asistido en París a las lecciones de Maurice Merleau-Ponty.
Una mañana, en la cuenta que los directores de cada núcleo teníamos que despachar con el rector, este me preguntó si estaba enterado de lo que estaba pasando en Paris a raíz de los acontecimientos del llamado mayo francés. Ya De Gaulle había advertido a quienes le aconsejaban meter en la cárcel a Jean-Paul Sartre, en vista de la participación del filósofo en esos acontecimientos, que “a Voltaire no se le podía poner preso”. Y como de lo que no se conoce bien, es mejor callar, según Wittgenstein, eso fue lo que hice ante la pregunta del rector.
Pero él fue muy enfático en afirmar que en las universidades de América latina no iba a pasar nada, porque lo que pedían los estudiantes en Francia ya se había llevado a cabo en la región merced a la Reforma Universitaria de Córdoba. Me explicó en qué consistía la reforma impulsada por esta universidad argentina –tal vez la más importante de América Latina, dijo–, y así quedaron las cosas. De momento, pues, sucedió que pocos meses después, comenzaron a producirse, sin saber a qué obedecían, los que se conocieron como disturbios estudiantiles. Disturbios que tenían como escenario la principal vía de tránsito hacia el otro extremo del país. La interrupción se hacía mediante la quema de cauchos o llantas usadas de vehículos en episodios que podían durar horas.
Un buen día, en uno de mis traslados desde la ciudad de Cumaná a la de Caracas en automóvil, una patrulla del Ejército nos detuvo al chofer y a mí. Como quiera que alguno de los papeles del conductor no estaban en regla, el teniente dijo que debía conducirnos al comando. Uno de los soldados se metió en el vehículo y tal vez por eso, el chofer no se atrevió a informarme que el asunto se arreglaba con la famosa expresión (que luego se haría moneda de cambio en otros contubernios), “del cuánto hay pa’ eso”.
En el comando –que era un cuartel en toda regla, emplazado cerca de una de las playas donde el Ejército cubano había tratado de realizar un desembarco frustrado– el mando estaba a cargo de un coronel del Ejército de tierra. Cuando entramos en la oficina, me di cuenta de que años atrás había sido alumno mío, de Lógica, por cierto, en otra universidad. Él también me reconoció. Y todo se redujo a una larga conversación con la recomendación de que era más seguro, en lo sucesivo, viajar en avión por lo que iba a contarme.
Componía este militar una figura de hombre inteligente y al enterarse del tipo de cargo que yo ejercía en la universidad, me dijo que bajo la máxima discreción, había cosas que yo debía conocer sobre lo que estaba pasando. “Esos que comienzan a llamarse disturbios estudiantiles no dependen en su origen para nada de problemas estudiantiles, dependen de la guerrilla que está operando en la zona bajo la influencia de la revolución cubana que tiene puestos los ojos sobre el petróleo venezolano”.
Las que siguieron fueron informaciones que me iban a servir para evitar caer en alguna de las ingenuidades con las que ciertas autoridades pretendían manejar los problemas universitarios, que nada tenían que ver ni con la opinión rectoral sobre la famosa Reforma de Córdoba y mucho menos con lo que sucedía en Francia.
Lo que supe de boca de aquel coronel es que la ciudad de Cumaná comenzaba a ser un lugar de descanso para los guerrilleros, heridos en alguna de las escasas escaramuzas con el Ejército, y sobre todo para quienes eran víctimas de la depresión o los desencantos de lo que significaba la presencia improvisada en las montañas de gente que no estaba preparada para ello. Dentro del recinto universitario, la idea era otra: reclutar estudiantes para incorporarlos a la guerrilla, por una parte, y en segundo lugar, usar la universidad para resguardar, aunque fuera de paso, lotes de armas que luego la guerrilla se encargaría de distribuir y llevar a destino. Las armas provenían de Cuba y solían desembarcarlas en alguno de los puntos de la costa no controlados por la Armada venezolana. Me indicó que era necesario “penetrar” el llamado movimiento estudiantil y dar con el comando o comandos encargados de la subversión y adelantarse a los acontecimientos, abortándolos.
Algunos años después, cuando todo concluyó y tuve el tiempo para reflexionar sobre cómo en algún momento había peligrado mi propia vida a través de los sucesos que ocurrieron, subsumido todo ello en la que se conoció como la pacificación entre el gobierno y la guerrilla, publiqué una novela titulada Las luciérnagas de Cerro colorado. Uno de los dirigentes del movimiento estudiantil en aquel momento, según creo, dijo no hace mucho que esta novela había sido premonitoria de lo que sucedió después con el advenimiento del llamado socialismo del siglo XXI en Venezuela. Creo que la premonición como tal quedó plasmada más bien en la trilogía completa constituida, además de esta primera novela, con las otras dos que le siguieron.
Si lo que llamamos azar se debe al desconocimiento de la causa que produce un acontecimiento, el hecho de que el chofer que me acompañaba aquel día no tuviera los papeles en orden y que la patrulla nos condujera hasta el comando donde el coronel a cargo me abrió los ojos sobre lo que estaba pasando y sobre su misión en la playa de Machurucuto, me libró de cometer errores que tal vez no me hubiera perdonado hoy.
Las cosas han cambiado mucho desde entonces en el mundo en que vivimos y en el punto geográfico donde actualmente resido. Acaban de cumplirse, el 5 de mayo, 200 años del nacimiento de Carlos Marx. Lo que él llamaba la clase obrera, se conoce hoy como los asalariados, las clases medias van camino de desparecer en cualquiera de las sociedades y la mujer en abstracto tiende a convertirse, por exigencia de sus derechos, en una clase social como tal. El capitalismo, por otra parte, ha revestido formas que Marx no se hubiera atrevido a imaginar. Donde ahora resido, en esta España, no exenta de contrastes (uno de los articulistas más agudos ha dicho de España que es el mejor lugar del mundo para vivir, si no se lee la prensa y se hace caso omiso de los tertulianos en la televisión), la vieja consigna comunista de que hay que aflorar las contradicciones del sistema, sigue vigente.
Y en esto estamos, dominados por este tipo de relato, como se dice ahora. La preocupación es si todo esto, como sucedió en Venezuela, no es más que la antesala de lo que podría venir, si las armas no están a buen recaudo. Chávez logró ponerlas a su favor y así siguen, en poder de su sucesor, de manera que eso que suele escucharse a algunos de los jerarcas venezolanos de que Marx sigue más vigente que nunca, no es más que un saludo al Sol.
Comencé esta nota con un fragmento en forma de epígrafe, tomado de El romance del prisionero, de autor anónimo, el cual concluye con estos versos, por demás premonitorios, con los que cierro: Matómela un ballestero / Dele Dios mal galardón.
A Venezuela como patria, digo.
Fotografía: https://www.flickr.com/photos/casamerica/26373379698
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/aquel-mayo-una-universidad-provincias_234526
Aquel mayo en una universidad de provincias
Atanasio Alegre
Que por mayo, era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor
sino yo, triste cuitado
que vivo en esta prisión
que ni se cuando es de día
ni cuando las noches son...
(Fragmento de El romance del prisionero)
Cuando el mundo comenzó a estremecerse al correr la noticia de lo que estaba pasando en Francia aquel mayo del 68, quien esto escribe ya había cumplido dos años como profesor en una universidad del interior del país. Se trata de la Universidad de Oriente, distribuida en cinco núcleos por la región oriental –la región más deprimida en aquel momento en el país. Era la obra de un visionario que ocupó el rectorado de la UDO durante los primeros años de funcionamiento. Se trataba de un hombre bien preparado, tanto desde el punto de vista científico como humanístico. No carecía de oficio dialéctico tanto para las distancias cortas como para encarar el futuro, en la idea de que si lo que se había propuesto se realizaba desde el punto de vista político que él profesaba, las cosas resultarían mejor que si las hacían los de otra ideología.
No tenía yo una excesiva carga académica porque de mí dependía la Dirección Administrativa del llamado Núcleo de Sucre en la ciudad de Cumaná. Lo que no abandoné con el cargo, o a pesar de él, fueron unas clases extracátedra que impartía a un grupo de alumnos interesados en las doctrinas existencialistas, que me resultaban familiares por haber asistido en París a las lecciones de Maurice Merleau-Ponty.
Una mañana, en la cuenta que los directores de cada núcleo teníamos que despachar con el rector, este me preguntó si estaba enterado de lo que estaba pasando en Paris a raíz de los acontecimientos del llamado mayo francés. Ya De Gaulle había advertido a quienes le aconsejaban meter en la cárcel a Jean-Paul Sartre, en vista de la participación del filósofo en esos acontecimientos, que “a Voltaire no se le podía poner preso”. Y como de lo que no se conoce bien, es mejor callar, según Wittgenstein, eso fue lo que hice ante la pregunta del rector.
Pero él fue muy enfático en afirmar que en las universidades de América latina no iba a pasar nada, porque lo que pedían los estudiantes en Francia ya se había llevado a cabo en la región merced a la Reforma Universitaria de Córdoba. Me explicó en qué consistía la reforma impulsada por esta universidad argentina –tal vez la más importante de América Latina, dijo–, y así quedaron las cosas. De momento, pues, sucedió que pocos meses después, comenzaron a producirse, sin saber a qué obedecían, los que se conocieron como disturbios estudiantiles. Disturbios que tenían como escenario la principal vía de tránsito hacia el otro extremo del país. La interrupción se hacía mediante la quema de cauchos o llantas usadas de vehículos en episodios que podían durar horas.
Un buen día, en uno de mis traslados desde la ciudad de Cumaná a la de Caracas en automóvil, una patrulla del Ejército nos detuvo al chofer y a mí. Como quiera que alguno de los papeles del conductor no estaban en regla, el teniente dijo que debía conducirnos al comando. Uno de los soldados se metió en el vehículo y tal vez por eso, el chofer no se atrevió a informarme que el asunto se arreglaba con la famosa expresión (que luego se haría moneda de cambio en otros contubernios), “del cuánto hay pa’ eso”.
En el comando –que era un cuartel en toda regla, emplazado cerca de una de las playas donde el Ejército cubano había tratado de realizar un desembarco frustrado– el mando estaba a cargo de un coronel del Ejército de tierra. Cuando entramos en la oficina, me di cuenta de que años atrás había sido alumno mío, de Lógica, por cierto, en otra universidad. Él también me reconoció. Y todo se redujo a una larga conversación con la recomendación de que era más seguro, en lo sucesivo, viajar en avión por lo que iba a contarme.
Componía este militar una figura de hombre inteligente y al enterarse del tipo de cargo que yo ejercía en la universidad, me dijo que bajo la máxima discreción, había cosas que yo debía conocer sobre lo que estaba pasando. “Esos que comienzan a llamarse disturbios estudiantiles no dependen en su origen para nada de problemas estudiantiles, dependen de la guerrilla que está operando en la zona bajo la influencia de la revolución cubana que tiene puestos los ojos sobre el petróleo venezolano”.
Las que siguieron fueron informaciones que me iban a servir para evitar caer en alguna de las ingenuidades con las que ciertas autoridades pretendían manejar los problemas universitarios, que nada tenían que ver ni con la opinión rectoral sobre la famosa Reforma de Córdoba y mucho menos con lo que sucedía en Francia.
Lo que supe de boca de aquel coronel es que la ciudad de Cumaná comenzaba a ser un lugar de descanso para los guerrilleros, heridos en alguna de las escasas escaramuzas con el Ejército, y sobre todo para quienes eran víctimas de la depresión o los desencantos de lo que significaba la presencia improvisada en las montañas de gente que no estaba preparada para ello. Dentro del recinto universitario, la idea era otra: reclutar estudiantes para incorporarlos a la guerrilla, por una parte, y en segundo lugar, usar la universidad para resguardar, aunque fuera de paso, lotes de armas que luego la guerrilla se encargaría de distribuir y llevar a destino. Las armas provenían de Cuba y solían desembarcarlas en alguno de los puntos de la costa no controlados por la Armada venezolana. Me indicó que era necesario “penetrar” el llamado movimiento estudiantil y dar con el comando o comandos encargados de la subversión y adelantarse a los acontecimientos, abortándolos.
Algunos años después, cuando todo concluyó y tuve el tiempo para reflexionar sobre cómo en algún momento había peligrado mi propia vida a través de los sucesos que ocurrieron, subsumido todo ello en la que se conoció como la pacificación entre el gobierno y la guerrilla, publiqué una novela titulada Las luciérnagas de Cerro colorado. Uno de los dirigentes del movimiento estudiantil en aquel momento, según creo, dijo no hace mucho que esta novela había sido premonitoria de lo que sucedió después con el advenimiento del llamado socialismo del siglo XXI en Venezuela. Creo que la premonición como tal quedó plasmada más bien en la trilogía completa constituida, además de esta primera novela, con las otras dos que le siguieron.
Si lo que llamamos azar se debe al desconocimiento de la causa que produce un acontecimiento, el hecho de que el chofer que me acompañaba aquel día no tuviera los papeles en orden y que la patrulla nos condujera hasta el comando donde el coronel a cargo me abrió los ojos sobre lo que estaba pasando y sobre su misión en la playa de Machurucuto, me libró de cometer errores que tal vez no me hubiera perdonado hoy.
Las cosas han cambiado mucho desde entonces en el mundo en que vivimos y en el punto geográfico donde actualmente resido. Acaban de cumplirse, el 5 de mayo, 200 años del nacimiento de Carlos Marx. Lo que él llamaba la clase obrera, se conoce hoy como los asalariados, las clases medias van camino de desparecer en cualquiera de las sociedades y la mujer en abstracto tiende a convertirse, por exigencia de sus derechos, en una clase social como tal. El capitalismo, por otra parte, ha revestido formas que Marx no se hubiera atrevido a imaginar. Donde ahora resido, en esta España, no exenta de contrastes (uno de los articulistas más agudos ha dicho de España que es el mejor lugar del mundo para vivir, si no se lee la prensa y se hace caso omiso de los tertulianos en la televisión), la vieja consigna comunista de que hay que aflorar las contradicciones del sistema, sigue vigente.
Y en esto estamos, dominados por este tipo de relato, como se dice ahora. La preocupación es si todo esto, como sucedió en Venezuela, no es más que la antesala de lo que podría venir, si las armas no están a buen recaudo. Chávez logró ponerlas a su favor y así siguen, en poder de su sucesor, de manera que eso que suele escucharse a algunos de los jerarcas venezolanos de que Marx sigue más vigente que nunca, no es más que un saludo al Sol.
Comencé esta nota con un fragmento en forma de epígrafe, tomado de El romance del prisionero, de autor anónimo, el cual concluye con estos versos, por demás premonitorios, con los que cierro: Matómela un ballestero / Dele Dios mal galardón.
A Venezuela como patria, digo.
Fotografía: https://www.flickr.com/photos/casamerica/26373379698
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/aquel-mayo-una-universidad-provincias_234526
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sábado, 6 de enero de 2018
domingo, 26 de noviembre de 2017
jueves, 28 de septiembre de 2017
CLAVE DE INTERPRETACIÓN
EL NACIONAL, Caracas, 27 de septiembre de 2017
Síndrome del ex radical
Carlos Blanco
Los radicales venezolanos de hoy buscan salir del régimen de Maduro lo más pronto, sin desviarse de los objetivos del 16 de julio pasado. Su radicalismo no los hace salir con fusiles, sino defender una posición firme frente a otras más –digamos– pausadas. Los radicales de hoy esgrimen una posición política sin violencia, a diferencia de los alzados en armas hace más de medio siglo. Estos mataron y murieron en combates; fusilaron a los blandos o “traidores” y numerosos fueron víctimas de tortura, algunos asesinados. Ellos desataron la lucha armada de la década de los sesenta.
La democracia incipiente derrotó en toda la línea a esos radicales armados. Comenzó la pacificación cuando gobernaba Raúl Leoni y tuvo un punto de excelente culminación con el primer gobierno de Rafael Caldera. La mayor parte de los radicales de la época, alzados en armas contra la democracia, tuvieron luego una entrada al escenario democrático, derrotados sin apelación, pero no humillados. Algunos grupos quedaron rezagados, llegaron después a la paz, y unos pocos desperdigados se quedaron como hampa común hasta su extinción.
Los más prominentes de los alzados representaron dos hechos significativos: negociaron su entrada en la lucha democrática desde una derrota total; y, segundo, por haber sido autores de la violencia más cruel, adquirieron un recelo al borde del pánico a aventuras, a impromptus mesiánicos y, en general, a audacias juveniles. Llegaron a la democracia por la puerta de atrás; unos cuantos no superaron esa huella. Muchos de esos líderes forjaron una corriente cultural más que política, lo cual drenó hacia una porción de la generación siguiente que los veneró. Así se tiene una corriente zurda, más o menos progre, izquierdosa, que conserva dos características de sus mentores: negocian, cuando de negociar se trata, desde una actitud derrotista en vez de hacerlo desde posiciones de fuerza, cuando las tienen; y son extremadamente conservadores: cualquier intrepidez es aventura; lo que no esté escrito en los manuales, es locura.
El peso de esta cultura conservadora forjada desde la derrota ha permeado con mucha fuerza el ambiente político de hoy, y puede ser lo que explique la disonancia no solo entre los radicales y los ex radicales, sino que muchos líderes mundiales vean con estupor cómo bajo esa “sensatez” se ha abandonado el mandato del 16 de julio en pos de un diálogo tramposo y unas elecciones cuyo problema es que desvían de los objetivos aprobados por 7,6 millones de venezolanos. Parece el suicidio de los “prudentes”.
Fuente:
domingo, 3 de septiembre de 2017
REFUTACIÒN DEL PASADO
Desautorización moral
Luis Barragán
Hoy, gobiernan generaciones distantes a las que decretaron e hicieron la subversión en la década de los sesenta del XX. Coaligadas, las promociones de los setenta y ochenta, se sienten legítimas herederas de los que, en buena parte, irremediable, se vieron obligados a hacer la crítica de las armas tras la derrota.
Crítica que no tiene importancia ni significación alguna para el poder establecido, excepto la pretendida traición de los renegados y capituladores. Por ello, sobreviven los vicios ideológicas y las prácticas propagandísticas que justifican la auto-victimización para intentar el imaginario del heroísmo en una lucha desigual, pues, a modo de ilustración, la muerte de Danilo Anderson, Eliécer Otaiza o Robert Serra, recordemos, fue expuesta como el resultado – nunca probado – de una gigantesca y macabra conspiración de la derecha opositora, tentados por la definitiva versión del asesinato teledirigido del propio Chávez Frías.
Otra faceta de la llamada antipolítica, la necropolítica actual retoma el antiguo amarillismo que convirtió a buena parte de los caídos en las acciones guerrilleras en un mito irresistible, pintando a la democracia representativa como un monstruo de ilimitadas maldades. La cúpula que ahora gobierna a Venezuela, abrevó en una historiografía, literatura y filmografía que, por sus interesadas inexactitudes, todavía está pendiente del debate, acaso de un mayor rigor académico que ayude a descontaminar el foro político.
Valga el ejemplo, numerosas fueron las veces que, en el pasado período legislativo, escuchamos intervenciones que inculpaban – faltando poco – a la bancada opositora por muertes como la de la estudiante veinteañera Livia Gouverneur, cuyo nombre todavía exhibe el centro de estudiantes de psicología en la UCV. Entre otros, Antonio García Ponce tuvo el coraje de desmentir la falsa versión que, por muchos años, prosperó en torno al asesinato en manos del gobierno, cuando realmente el fatídico hecho ocurrió accidentalmente a manos de uno de los compañeros de la joven, en el fallido atentado contra una de las asociaciones de cubanos anticastristas exiliados en nuestro país, a finales de 1961 (“La guerrilla de los años 60”, Libros Marcados, Caracas, 2010: 22, 219 ss.).
La muerte de la dirigente devino símbolo arrollador e incriminador y, una muestra de la propaganda de entonces, junto a otra de las víctimas de la represión, nos la presenta de manera brutal para conmemorar la semana del estudiante. Muestra tomada del diario Clarín (Caracas, nr. 575 del 18/11/1963), órgano de un sector interno de URD que supo también de una posterior militancia maoísta, como fue el caso de Víctor José Ochoa, en el contexto de una contra-campaña de sabotaje de los comicios generales, nos impone de las claves de comunicación por entonces manejadas, dándole escuela a las actuales, aun tratándose de partidos diferentes al MIR y al PCV que capitanearon el guerrillerismo.
La muerte de más de cien jóvenes por protestar pacíficamente, sólo en los últimos meses del presente año, casi todos con sobrados testigos presenciales, contrasta con la estridencia de una dictadura que se burla de ellos. Hechos reales, siendo inevitable la difusión y consternación generalizada, lejos del morbo propagandístico, dibujan muy bien el alcance de un martirio que tiene por marco la pavorosa crisis humanitaria que nos aqueja, bajo la militante censura y bloqueo informativo.
El asunto permitiría una consideración más extensa en la materia, añadida la construcción artificial de un imaginario que ha fracasado. Por lo pronto, concluimos en la palpable desautorización moral de un régimen que, dándole bríos a la antipolítica que renueva, quizá no tarde en una campaña sobre ese remoto pasado que diga relevarlo de un presente que lo atenaza.
Reproducción: Clarín, Caracas, nr. 575 del 18/11/1963.
04/09/2017:
http://radiowebinformativa.com/2017/09/desautorizacion-moral/
Luis Barragán
Hoy, gobiernan generaciones distantes a las que decretaron e hicieron la subversión en la década de los sesenta del XX. Coaligadas, las promociones de los setenta y ochenta, se sienten legítimas herederas de los que, en buena parte, irremediable, se vieron obligados a hacer la crítica de las armas tras la derrota.
Crítica que no tiene importancia ni significación alguna para el poder establecido, excepto la pretendida traición de los renegados y capituladores. Por ello, sobreviven los vicios ideológicas y las prácticas propagandísticas que justifican la auto-victimización para intentar el imaginario del heroísmo en una lucha desigual, pues, a modo de ilustración, la muerte de Danilo Anderson, Eliécer Otaiza o Robert Serra, recordemos, fue expuesta como el resultado – nunca probado – de una gigantesca y macabra conspiración de la derecha opositora, tentados por la definitiva versión del asesinato teledirigido del propio Chávez Frías.
Otra faceta de la llamada antipolítica, la necropolítica actual retoma el antiguo amarillismo que convirtió a buena parte de los caídos en las acciones guerrilleras en un mito irresistible, pintando a la democracia representativa como un monstruo de ilimitadas maldades. La cúpula que ahora gobierna a Venezuela, abrevó en una historiografía, literatura y filmografía que, por sus interesadas inexactitudes, todavía está pendiente del debate, acaso de un mayor rigor académico que ayude a descontaminar el foro político.
Valga el ejemplo, numerosas fueron las veces que, en el pasado período legislativo, escuchamos intervenciones que inculpaban – faltando poco – a la bancada opositora por muertes como la de la estudiante veinteañera Livia Gouverneur, cuyo nombre todavía exhibe el centro de estudiantes de psicología en la UCV. Entre otros, Antonio García Ponce tuvo el coraje de desmentir la falsa versión que, por muchos años, prosperó en torno al asesinato en manos del gobierno, cuando realmente el fatídico hecho ocurrió accidentalmente a manos de uno de los compañeros de la joven, en el fallido atentado contra una de las asociaciones de cubanos anticastristas exiliados en nuestro país, a finales de 1961 (“La guerrilla de los años 60”, Libros Marcados, Caracas, 2010: 22, 219 ss.).
La muerte de la dirigente devino símbolo arrollador e incriminador y, una muestra de la propaganda de entonces, junto a otra de las víctimas de la represión, nos la presenta de manera brutal para conmemorar la semana del estudiante. Muestra tomada del diario Clarín (Caracas, nr. 575 del 18/11/1963), órgano de un sector interno de URD que supo también de una posterior militancia maoísta, como fue el caso de Víctor José Ochoa, en el contexto de una contra-campaña de sabotaje de los comicios generales, nos impone de las claves de comunicación por entonces manejadas, dándole escuela a las actuales, aun tratándose de partidos diferentes al MIR y al PCV que capitanearon el guerrillerismo.
La muerte de más de cien jóvenes por protestar pacíficamente, sólo en los últimos meses del presente año, casi todos con sobrados testigos presenciales, contrasta con la estridencia de una dictadura que se burla de ellos. Hechos reales, siendo inevitable la difusión y consternación generalizada, lejos del morbo propagandístico, dibujan muy bien el alcance de un martirio que tiene por marco la pavorosa crisis humanitaria que nos aqueja, bajo la militante censura y bloqueo informativo.
El asunto permitiría una consideración más extensa en la materia, añadida la construcción artificial de un imaginario que ha fracasado. Por lo pronto, concluimos en la palpable desautorización moral de un régimen que, dándole bríos a la antipolítica que renueva, quizá no tarde en una campaña sobre ese remoto pasado que diga relevarlo de un presente que lo atenaza.
Reproducción: Clarín, Caracas, nr. 575 del 18/11/1963.
04/09/2017:
http://radiowebinformativa.com/2017/09/desautorizacion-moral/
lunes, 26 de junio de 2017
VIEJAS FACTURAS

Algo más que una revancha
Luis Barragán
Muy frecuentemente, Nicolás Maduro hace alusión de la represión política de
los años sesenta del XX. Deseándola monstruosa para ocultar la que hoy ejerce
en Venezuela, altera los acontecimientos para la más bastarda manipulación del
desprevenido oyente.
Por cierto, citado otras veces, la Asamblea Nacional debatió el asunto en
2011, a propósito del entonces proyecto de ley orientado a algo más que a
reivindicar a las víctimas, tratando de satanizar el pasado con la distorsionada
versión del oficialismo. La bancada
democrática de la oposición hizo sus alegatos en medio de la algarabía de los
palcos llenos de los partidarios del gobierno, igualmente agresivos.
El caso está en que, a la vez que ordena disparar a las multitudes que
plenan las calles, avenidas y autopistas, protestándolo pacíficamente, Maduro
despacha una cadena radiotelevisiva que, por fortuna, tiene baja sintonía, sirviéndole
para desahogar todo el odio que el revanchismo obsesivo dice autorizar. Es el único
expediente para compensar la fiera represión de los venezolanos inconformes,
procurando la fuerza moral que no tiene.
Ya existe una extensa historiografía que trata del tema e, incluso,
recordamos que Livia Gouberneur, en los ya remotos principios de los sesenta,
fue últimada por los suyos en una operación de comando. Valga acotar, hacia
octubre del citado año, comenzaron a ensayarse las acciones armadas de las
celebérrimas unidades tácticas de combate, por lo que el asunto no era un juego
floral, como lo recordó Pompeyo Márquez en sus memorias.
Hay un caso emblemático de los injustificados excesos represivos de la
década que contrastan con la absoluta impunidad de los excesos actuales, por no
citar la diferencia del otrora Cuartel
San Carlos con La Tumba de ahora que
valientemente escrutó un periodista, como Juan Manuel Mayorca, en un foro al
que asistimos, previo a la pacífica manifestación del 21 de los corrientes en
la que perdió la vida el joven David Vallenilla. Y ese caso se refiere a
Alberto Lovera, cuya desaparición fue denunciada libremente en la prensa,
negada por el gobierno; apareció después el cadáver hacia el oriente del país y
el otrora Congreso inició las investigaciones de rigor, destacando José Vicente
Rangel, cuya labor libremente recogió en un libro; fueron identificados,
detenidos y enjuiciados los autores, pagando un elevado costo político el
gobierno de Leoni que, a la vuelta de la esquina, comicios libres por delante,
entregó el poder a un líder opositor; con todas las dificultades, hubo una
libre opinión pública que demandó y consiguió la acción del parlamento.
Preguntemos: ¿ocurre hoy?
25/06/2017:
Fotografía: Carlos Garcia Rawlins: auxilio de Miguel Castillo, en medio de una jornada de protesta.
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sábado, 19 de noviembre de 2016
DEBATE HISTÓRICO, MAS NO POLÍTICO
EL UNIVERSAL, Caracas, 7 de noviembre de 2016
Fue justa la lucha armada
Juan Carlos Parisca Pérez
Recientemente, en uno de los debates de la Fundación de Combatientes de los años 60, 70 y 80, en la quinta Castillete, avenida Páez, El Paraíso, fue formulada la propuesta de abrir un debate sobre la justeza de la línea de la lucha armada, emprendida por las fuerzas revolucionarias venezolanas en los años 60, 70 y 80.
La discusión plantea la pregunta sobre si fue o no un error histórico. Pregunta, claramente impertinente, después del tiempo transcurrido, y muy especialmente porque no existen errores históricos. La historia no lo permite. Los hechos históricos se dan o no se dan. No tiene la historia la capacidad de calificarlos. La lucha armada tenía que ser justa o no serlo. De no haberlo sido no habría servido para tomar el poder, para impulsar el cambio social.
El proceso armado comienza en Venezuela en forma espontánea. Pero desde el principio el mismo se produce navegando entre dos tendencias políticas e ideológicas divergentes.
Por un lado la revolución cubana había triunfado y la juventud venezolana se siente fuertemente atraída por el ejemplo. El 11 de marzo de 1961, en Caracas, se inician las discusiones del III Congreso del Partido Comunista de Venezuela, en cuyas conclusiones se establecen las líneas fundamentales para la lucha insurreccional. Por primera vez los comunistas venezolanos plantean directamente la toma del poder. En el propio Congreso intervino Argimiro Gabaldón, planteando con gran vehemencia en un famoso discurso, la participación en la lucha armada por parte del Partido Comunista.
Los esfuerzos
Tan pronto, sin embargo, se comienzan a aplicar las resoluciones del III Congreso, aparecen en público o en secreto los esfuerzos en contra de la línea aprobada. Pero tal práctica tarda en llevarse a la realidad. Es en 1965 cuando, después del VII Pleno del Comité Central, que se aprueba definitivamente la pacificación, es decir la “paz democrática”, o como se la conoció eufemísticamente “el repliegue”, la cual terminó siendo un cambio político mayor en la línea de las fuer- zas revolucionarias. Con su claro origen eurocentrista la dirección política del Partido era la oficina donde funcionaba la sección local del “Comintern”, de la cual recibían línea Gustavo Machado, Eduardo Machado, Jesús Faría, Pedro Ortega Díaz, Alonso Ojeda Olaechea, hasta que logran imponer el cambio de la línea de la lucha armada.
Del otro lado, el gobierno revolucionario de Cuba mantuvo, desde el triunfo de la revolución, primero bajo la dirección de Fidel y el Che, y luego con la participación directa de este último, un trabajo político intenso y comprometido para apoyar las luchas de los revolucionarios latinoamericanos por la conquista del poder en sus respectivos países. Para el momento en que se produce el asesinato del Che Guevara, el 8 de octubre de 1967, está en acción la lucha de toda una generación de dirigentes a la cabeza de las fuerzas armadas revolucionarias, entre los cuales se encontraban en Venezuela Douglas Bravo, Alfredo Maneiro y Alí Rodríguez Araque. Además de Argimiro Gabaldón, Fabricio Ojeda, Francisco Prada Barazarte “El Flaco”, Argelia Laya, Juan Vicente Cabeza, Genaro Guaitero, Moisés Moleiro, Trino Barrios. Así como dirigentes revolucionarios de otros países latinoamericanos, entre los cuales mencionaremos a los colombianos Manuel Marulanda Vélez (a) “Tirofijo”, Camilo Torres, Jaime Arenas. El peruano Hugo Blanco. El boliviano Inti Peredo. Los uruguayos Raúl Sendic y José Mujica. Los nicaragüenses Daniel Ortega, Ernesto Cardenal y Tomás Borge. El salvadoreño Roque Dalton.
Chávez y las FALN
Todavía se sabe poco del contacto del comandante Chávez con las FALN. En los años que van desde 1978 hasta el 4 de febrero de 1992, Chávez se mantuvo en contacto con quienes venían luchando por el cambio revolucionario, especialmente con quienes se mantenían desde los años 60 en la lucha armada a través de las FALN, entre quienes se encontraban los mencionados Douglas Bravo, Alfredo Maneiro y Alí Rodríguez Araque. Después del cambio de la línea habían quedado haciendo la guerra quienes no se replegaron. Quienes no aceptaron abandonar la lucha.
El contacto del comandante Chávez con la realidad de las luchas de las FALN aclara muchas cosas: en primer lugar, como bien lo demostró personalmente, que no tenía ninguna duda sobre la pertinencia de la lucha armada. En segundo lugar que sabía que la lucha sería difícil y dura, como lo había dicho Argimiro.
La presencia de Chávez decantó esta dicotomía antihistórica, borrando la visión pesimista que, con toda intención, había logrado imponer la falsa tesis de la derrota. La victoria de la revolución bolivariana reivindica la lucha de los revolucionarios de los años 60, 70 y 80 y deja en alto su carácter justo.
Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/fue-justa-lucha-armada_625497
Ilustración: Dumont.
Fue justa la lucha armada
Juan Carlos Parisca Pérez
Recientemente, en uno de los debates de la Fundación de Combatientes de los años 60, 70 y 80, en la quinta Castillete, avenida Páez, El Paraíso, fue formulada la propuesta de abrir un debate sobre la justeza de la línea de la lucha armada, emprendida por las fuerzas revolucionarias venezolanas en los años 60, 70 y 80.
La discusión plantea la pregunta sobre si fue o no un error histórico. Pregunta, claramente impertinente, después del tiempo transcurrido, y muy especialmente porque no existen errores históricos. La historia no lo permite. Los hechos históricos se dan o no se dan. No tiene la historia la capacidad de calificarlos. La lucha armada tenía que ser justa o no serlo. De no haberlo sido no habría servido para tomar el poder, para impulsar el cambio social.
El proceso armado comienza en Venezuela en forma espontánea. Pero desde el principio el mismo se produce navegando entre dos tendencias políticas e ideológicas divergentes.
Por un lado la revolución cubana había triunfado y la juventud venezolana se siente fuertemente atraída por el ejemplo. El 11 de marzo de 1961, en Caracas, se inician las discusiones del III Congreso del Partido Comunista de Venezuela, en cuyas conclusiones se establecen las líneas fundamentales para la lucha insurreccional. Por primera vez los comunistas venezolanos plantean directamente la toma del poder. En el propio Congreso intervino Argimiro Gabaldón, planteando con gran vehemencia en un famoso discurso, la participación en la lucha armada por parte del Partido Comunista.
Los esfuerzos
Tan pronto, sin embargo, se comienzan a aplicar las resoluciones del III Congreso, aparecen en público o en secreto los esfuerzos en contra de la línea aprobada. Pero tal práctica tarda en llevarse a la realidad. Es en 1965 cuando, después del VII Pleno del Comité Central, que se aprueba definitivamente la pacificación, es decir la “paz democrática”, o como se la conoció eufemísticamente “el repliegue”, la cual terminó siendo un cambio político mayor en la línea de las fuer- zas revolucionarias. Con su claro origen eurocentrista la dirección política del Partido era la oficina donde funcionaba la sección local del “Comintern”, de la cual recibían línea Gustavo Machado, Eduardo Machado, Jesús Faría, Pedro Ortega Díaz, Alonso Ojeda Olaechea, hasta que logran imponer el cambio de la línea de la lucha armada.
Del otro lado, el gobierno revolucionario de Cuba mantuvo, desde el triunfo de la revolución, primero bajo la dirección de Fidel y el Che, y luego con la participación directa de este último, un trabajo político intenso y comprometido para apoyar las luchas de los revolucionarios latinoamericanos por la conquista del poder en sus respectivos países. Para el momento en que se produce el asesinato del Che Guevara, el 8 de octubre de 1967, está en acción la lucha de toda una generación de dirigentes a la cabeza de las fuerzas armadas revolucionarias, entre los cuales se encontraban en Venezuela Douglas Bravo, Alfredo Maneiro y Alí Rodríguez Araque. Además de Argimiro Gabaldón, Fabricio Ojeda, Francisco Prada Barazarte “El Flaco”, Argelia Laya, Juan Vicente Cabeza, Genaro Guaitero, Moisés Moleiro, Trino Barrios. Así como dirigentes revolucionarios de otros países latinoamericanos, entre los cuales mencionaremos a los colombianos Manuel Marulanda Vélez (a) “Tirofijo”, Camilo Torres, Jaime Arenas. El peruano Hugo Blanco. El boliviano Inti Peredo. Los uruguayos Raúl Sendic y José Mujica. Los nicaragüenses Daniel Ortega, Ernesto Cardenal y Tomás Borge. El salvadoreño Roque Dalton.
Chávez y las FALN
Todavía se sabe poco del contacto del comandante Chávez con las FALN. En los años que van desde 1978 hasta el 4 de febrero de 1992, Chávez se mantuvo en contacto con quienes venían luchando por el cambio revolucionario, especialmente con quienes se mantenían desde los años 60 en la lucha armada a través de las FALN, entre quienes se encontraban los mencionados Douglas Bravo, Alfredo Maneiro y Alí Rodríguez Araque. Después del cambio de la línea habían quedado haciendo la guerra quienes no se replegaron. Quienes no aceptaron abandonar la lucha.
El contacto del comandante Chávez con la realidad de las luchas de las FALN aclara muchas cosas: en primer lugar, como bien lo demostró personalmente, que no tenía ninguna duda sobre la pertinencia de la lucha armada. En segundo lugar que sabía que la lucha sería difícil y dura, como lo había dicho Argimiro.
La presencia de Chávez decantó esta dicotomía antihistórica, borrando la visión pesimista que, con toda intención, había logrado imponer la falsa tesis de la derrota. La victoria de la revolución bolivariana reivindica la lucha de los revolucionarios de los años 60, 70 y 80 y deja en alto su carácter justo.
Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/fue-justa-lucha-armada_625497
Ilustración: Dumont.
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Juan Carlos Parisca Pérez
domingo, 13 de noviembre de 2016
BREVÍSIMO CURSO COMPARATIVO
Perdedero
Luis Barragán
Quienes tenemos por afición la historia, solemos sorprendernos del cinismo gubernamental, pues, con demasiada frecuencia los elencos del poder se exhiben con credenciales morales que no tienen aval alguno, comenzando por la placidez reportada por un larguísimo continuismo en contraste con muchas de las luchas desarrolladas por sus pretendidos antecesores en la escuela ideológica de adscripción. Se creen hereditarios de toda suerte de heroísmos completamente ajenos, pero no reparan en circunstancias específicas que, sencillamente, los desmienten.
Por ejemplo, la década de los sesenta del XX fue escenario de una violencia de muy distintos orígenes que comulgaba en el propósito de derribar la naciente experiencia democrática. Fueron incontables las situaciones vividas por Betancourt y sus inmediatos sucesores que jamás hubiese soportado Chávez Frías ni Maduro Moros, procurando salvaguardar las libertades públicas indispensables.
Para noviembre de 1963, recrudeció la agresión subversiva de un guerrillerismo que, después, probó el gigantesco yerro de una aventura política. La alteración del orden público fue noticia recurrente en el confeso esfuerzo de sabotear los comicios generales y caseríos, pueblos y ciudades supieron de un despliegue insólito que, en la ciudad capital y sus áreas aledañas, supo del súbito intercambio de disparos de cada día en sus principales arterias, el extenso riego de tachuelas en las vías públicas o el trágico asalto al tren de El Encanto. Sin embargo, las elecciones se realizaron, reconocida una minoría en las instancias parlamentarias que indirectamente representó a las fuerzas en armas.
Maduro Moros se queja de una conspiración de la violencia que no llega a un modesto porcentaje de los hechos que, cierta y objetivamente, experimentaron los gobernantes de la citada década. Nunca hubiese respondido con una decidida política de pacificación, como la que impulsó Caldera en su primer gobierno, además, desde el inicio, sometido a una constante agitación que claramente evidenciaba al desesperado remanente de esas obstinadas corrientes guerrilleras.
Luego, por muchísimas menos razones, Nicolás no acepta una consulta electoral puntual y convincente, monopolizado todo el rectorado del CNE. Y, lo que es peor, causante de una inédita crisis humanitaria, presume de gran árbitro del futuro nacional al que tanto contribuye para perderlo.
Luis Barragán
Quienes tenemos por afición la historia, solemos sorprendernos del cinismo gubernamental, pues, con demasiada frecuencia los elencos del poder se exhiben con credenciales morales que no tienen aval alguno, comenzando por la placidez reportada por un larguísimo continuismo en contraste con muchas de las luchas desarrolladas por sus pretendidos antecesores en la escuela ideológica de adscripción. Se creen hereditarios de toda suerte de heroísmos completamente ajenos, pero no reparan en circunstancias específicas que, sencillamente, los desmienten.
Por ejemplo, la década de los sesenta del XX fue escenario de una violencia de muy distintos orígenes que comulgaba en el propósito de derribar la naciente experiencia democrática. Fueron incontables las situaciones vividas por Betancourt y sus inmediatos sucesores que jamás hubiese soportado Chávez Frías ni Maduro Moros, procurando salvaguardar las libertades públicas indispensables.
Para noviembre de 1963, recrudeció la agresión subversiva de un guerrillerismo que, después, probó el gigantesco yerro de una aventura política. La alteración del orden público fue noticia recurrente en el confeso esfuerzo de sabotear los comicios generales y caseríos, pueblos y ciudades supieron de un despliegue insólito que, en la ciudad capital y sus áreas aledañas, supo del súbito intercambio de disparos de cada día en sus principales arterias, el extenso riego de tachuelas en las vías públicas o el trágico asalto al tren de El Encanto. Sin embargo, las elecciones se realizaron, reconocida una minoría en las instancias parlamentarias que indirectamente representó a las fuerzas en armas.
Maduro Moros se queja de una conspiración de la violencia que no llega a un modesto porcentaje de los hechos que, cierta y objetivamente, experimentaron los gobernantes de la citada década. Nunca hubiese respondido con una decidida política de pacificación, como la que impulsó Caldera en su primer gobierno, además, desde el inicio, sometido a una constante agitación que claramente evidenciaba al desesperado remanente de esas obstinadas corrientes guerrilleras.
Luego, por muchísimas menos razones, Nicolás no acepta una consulta electoral puntual y convincente, monopolizado todo el rectorado del CNE. Y, lo que es peor, causante de una inédita crisis humanitaria, presume de gran árbitro del futuro nacional al que tanto contribuye para perderlo.
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sábado, 3 de septiembre de 2016
LA SALSA BUENA PARA EL PAVO Y NO PARA LA PAVA
Del monopolio de los derechos constitucionales
Luis Barragán
El sector político e ideológico que ahora pretende eternizarse en el poder, clamaba por los derechos constitucionales en las remotas décadas en las que, confesamente, incursionó en la subversión armada. Y esto, con una curiosa (in) comprensión jurídica de sus actos, pues pedía para sí el reconocimiento de su condición beligerante ante el Estado Liberal, como lo identificaba, pero – caracterizándolo como harto represivo – la negaba y la ha negado por siempre, si fuere el caso, a las fuerzas policiales, por ejemplo, cuyos agentes más humildes ultimó cumpliendo funciones de orden ciudadano en las calles: esto es, los otrora célebres “policías de punto”.
Otro ejemplo, en la ciudad capital, ,era costumbre semanal el apedreamiento de sendos encapuchados en la Universidad Central o en el Instituto Pedagógico, con la correspondiente quema de cauchos en los sitios de gran afluencia de vehículos, pero – luego de la llegada de Chávez Frías al poder – evidentemente eso terminó. Y, no cabe duda, al menor gesto de una semejante rebeldía por los actuales estudiantes, las fuerzas represivas pueden llegar y llegan, a lo indecible con la ventaja adicional de la censura.
Toda actividad pacífica que promueva la oposición, automáticamente hoy acarrea la suspensión inconstitucional de los derechos … constitucionales, protegido únicamente el ejercicio de los más leales y reconocidos partidarios del régimen. Además de la segregación que comporta, no habrá recurso de amparo alguno que prospere, cuyo extendido retardo o negación tampoco desembocará en la responsabilidad de quien le tocaba decidir.
Apenas ilustrado por los días previos a la consabida y exitosa toma de Caracas, la detención de personas vinculadas a la oposición, anunciada – además – por funcionarios de partido carentes de autoridad pública, o la obstaculización del tránsito en el territorio nacional, haciéndolo de todo menos libre, nos remite a esta tan prolongada circunstancia: la de vivir bajo un Estado No-Constitucional que, en definitiva, es Inconstitucional. Únicamente, esos derechos y garantías avisan del monopolio de muy pocos dirigentes del PSUV que, para remate, no responden a nadie por sus actos.
El dato es universal, porque no hay totalitarismo que no convierta un poemario en ley fundamental. Algo que constatamos en Venezuela, día a día.
05/09/2016:
http://www.radiowebinformativa.com/opinion/del-monopolio-de-los-derechos-constitucionales-luisbarraganj/
Luis Barragán
El sector político e ideológico que ahora pretende eternizarse en el poder, clamaba por los derechos constitucionales en las remotas décadas en las que, confesamente, incursionó en la subversión armada. Y esto, con una curiosa (in) comprensión jurídica de sus actos, pues pedía para sí el reconocimiento de su condición beligerante ante el Estado Liberal, como lo identificaba, pero – caracterizándolo como harto represivo – la negaba y la ha negado por siempre, si fuere el caso, a las fuerzas policiales, por ejemplo, cuyos agentes más humildes ultimó cumpliendo funciones de orden ciudadano en las calles: esto es, los otrora célebres “policías de punto”.
Otro ejemplo, en la ciudad capital, ,era costumbre semanal el apedreamiento de sendos encapuchados en la Universidad Central o en el Instituto Pedagógico, con la correspondiente quema de cauchos en los sitios de gran afluencia de vehículos, pero – luego de la llegada de Chávez Frías al poder – evidentemente eso terminó. Y, no cabe duda, al menor gesto de una semejante rebeldía por los actuales estudiantes, las fuerzas represivas pueden llegar y llegan, a lo indecible con la ventaja adicional de la censura.
Toda actividad pacífica que promueva la oposición, automáticamente hoy acarrea la suspensión inconstitucional de los derechos … constitucionales, protegido únicamente el ejercicio de los más leales y reconocidos partidarios del régimen. Además de la segregación que comporta, no habrá recurso de amparo alguno que prospere, cuyo extendido retardo o negación tampoco desembocará en la responsabilidad de quien le tocaba decidir.
Apenas ilustrado por los días previos a la consabida y exitosa toma de Caracas, la detención de personas vinculadas a la oposición, anunciada – además – por funcionarios de partido carentes de autoridad pública, o la obstaculización del tránsito en el territorio nacional, haciéndolo de todo menos libre, nos remite a esta tan prolongada circunstancia: la de vivir bajo un Estado No-Constitucional que, en definitiva, es Inconstitucional. Únicamente, esos derechos y garantías avisan del monopolio de muy pocos dirigentes del PSUV que, para remate, no responden a nadie por sus actos.
El dato es universal, porque no hay totalitarismo que no convierta un poemario en ley fundamental. Algo que constatamos en Venezuela, día a día.
05/09/2016:
http://www.radiowebinformativa.com/opinion/del-monopolio-de-los-derechos-constitucionales-luisbarraganj/
domingo, 14 de agosto de 2016
domingo, 29 de noviembre de 2015
domingo, 6 de septiembre de 2015
domingo, 10 de mayo de 2015
¿LODO DE ESTOS POLVOS?
Les dio por gobernar a los mudos
Ox Armand
A mediados de los sesenta del XX, buena parte del sector insurreccional experimentaba el desaliento de la derrota política ya en vías de una definitiva en el campo militar. Como ocurre en estos casos, las manifestaciones de inconformidad e indisciplina, incluyendo la deserción y la cooperación directa e indirecta con los órganos represivos, los pleitos y rencillas domésticos, precedieron al debate que intentó amainar y neutralizar el renovado voluntarismo de Ernesto Guevara, la intensa propaganda a favor del foquismo que encabezó Régis Debray y la cada vez más decidida intervención de Fidel Castro a tal punto que, por 1967, lo confrontó con el PCV. Derrota suficientemente anunciada con los comicios generales de 1963, a la vuelta de dos o tres años, pación también era un propios y extraños hablaban de la necesidad de pacificar al país al igual que punzaban sobre las tesis políticas e ideológicas que resultaron del III Congreso del inmediato post-perejimenismo, respecto a la única entidad que los agrupaba: el PCV. Por una parte, articulada y eficazmente implementada por Caldera I, todo estaba encaminado a la política de pacificación a pesar de las resistencias. Apenas cimentándose como un llamado, durante el gobierno de Leoni, la pacificación también era un formidable pretexto para los tercos que esperaban alguna ocasión para el rebrote de la violencia organizada (como lo comprobamos años después con el Movimiento Universitario de Renovación que logró el MIR contaminar). No importaba que la UCV fuese un magnífico refugio de armas y grupos, amparados por la autonomía, pero esa pacificación la reclamaba vehementemente el rector Bianco, iniciándose – por añadidura – un mito. Por otra parte, en el campo estrictamente ideólogico, aquella izquierda marxista que no pudo evitar la que florecía en la juventud demócrata-cristiana, fuerte competidora en universidades y liceos, comenzaba a cuestionar tesis oficiales como la de una revolución anti-imperialista y anti-feudal, cuya etapa democrática-burguesa pasaba por la inevitable incorporación de una burguesía nacionalista. Se atravesó la invasión soviética a Checoeslovaquia, atizando y sincerando las diferencias.
La pacificación significaba admitir la derrota y zanjar públicamente esas diferencias. Desde el reconocimiento de UPA para las elecciones de 1968, válvula de escape que no tiene todavía el reconocimiento de los historiadores de ambas aceras, hasta la cada vez más acelerada reincorporación a la vida civil de los más destacados líderes, hervían temas que fueron decisivos para institucionalizar una profunda discusión que tuvo, entre otras, herramientas esenciales como Tribuna Popular y Deslinde, sendos semanarios o quincenarios en los que la tinta cobraba densidad. Publicado “Checoeslovaquia, el socialismo como problema” de Teodoro Petkoff, ampliamente publicitado por el Kremlin, gracias a su condena, adquirió mejor calibre la polémica que versó en torno a la derrota guerrillera y la propuesta socialista, actualizando a todos los actores. Fue de una riqueza extraordinaria, con todos sus matices. Unos, optaron por las viejas tesis, mientras que otros – sin dudas, más radicales - fomentaron una propuesta decididamente anti-capitalista, sin otro trámite que la propia democracia que habría de facilitarla. Y Petkoff fue uno de los más resueltos polemistas hasta contribuir, uniendo fuerzas con Pompeyo Márquez, a la división del PCV y el nacimiento del innovador MAS. Cuenta en su haber con una larga bibliografía que así lo confirma. Sin embargo, ejemplificando la densidad del debate, recuperamos una entrevista aparecida en Deslinde (Caracas, nr. 8 del 15/07/1969), en la que enfatizaba que las contradicciones sociales ya eran propias del país urbanizado que dejó mucho tiempo atrás el campo, co un desarrollo del capitalismo dependiente, inscrito en el neocolonialismo. “Mi opinión – decía – es que el concepto burguesía nacional es mucho más ideológico y político que puramente económico. Y si existe un sector que económicamente responde al concepto burguesía nacional, ideológica y políticamente es casi inexistente”. No encuentra una carga revolucionaria en la contradicción burguesía nacional e imperialismo, como si en una alianza de obreros, campesinos, pobrecía urbana, pequeña-burguesía, estudiantado. Respecto al partido, señalaba la sacralización de los principios de organización, defendiendo el derecho a la información en una democracia interna que, para enfrentar el fraccionalismo, requiere del libre juego de tendencias. Asentaba frente al ultraizquierdismo que tiene una apreciación irreal de la situación del país, alimentando quimeras, confrontaciones prematuras y “actúa muchas veces como agente provocador inconsciente creyendo en la teoría del ‘detonante’”. Más que de una izquierda o derecha en el PCV, hay un pensamiento atrasado que evidentemente contrasta con otro avanzado. Finalmente: “En estos momentos lo que sólo muy generosamente podemos llamar lucha armada – porque creer que esas acciones esporádicas, pueden ser una lucha armada, sería formar parte de la masturbación ‘revolucionaria’ a que son dados algunos representantes de la ultraizquierda”.
Ya para la década de los setenta, esa izquierda atravesaba un profundo debate de actualización. Significaba el re-conocimiento (SIC) del país y del propio marxismo que la inspiraba. A favor o en contra de determinadas tesis, todos estuvieron incorporados a la discusión. En defensa de la Unión Soviética que la juraron mancillada por Petkoff, Pedro Ortega Díaz, Antonio García Ponce y R.J. Cortés, publicaron – a modo de ilustración – “Las ideas antisocialistas de Teodoro Petkoff” (Ediciones Cantaclaro, Caracas, 1970), apoyado por el CC del PCV sin carácter resolutivo: “Para cualquier marxista-leninista comprender el papel de las ciencias sociales en las condiciones del capitalismo monopolista es una cuestión básica. Lamentablemente Petkoff al deslizarse por la pendiente del antisovietismo beligerante se apoya en las formulaciones propias de la sociología norteamericana financiada por los monopolios norteamericanos y difundida hábilmente entre la juventud por los neotrotskistas y agentes de la CIA para distorsionar el movimiento revolucionario, sembrar la desconfianza hacia el movimiento comunista mundial”. El propio García Ponce, regresando de los mitos, coloca un ingrediente decisivo en sus reflexiones al referirse a las Fuerzas Armadas y a las consecuencias de su tutela, amarga y dulce a la vez, con ocasión de la necesidad de restaurar la institucionalidad violada “sea por Betancourt, sea por el PCV”. Y de cara a la actualidad, pregunta: “… ¿No habrá llegado la hora de que nuestros hombres de armas estén dedicados en exclusividad a la faena militar…?” (“Sangre, locura y fantasía. La guerrilla de los 60”, Libros Marcados, Caracas, 2010). Pero, en fin, ¿a qué viene todo esto?
Los actuales elencos del poder en Venezuela, olvidan lo que ocurrió realmente en los años sesenta y mucho más el debate que generó la derrota de la insurrección armada. Pasaron de largo ese debate, aferrados al foquismo insensato que languideció y tomó por atajo la figura de un militar golpista. Por eso, en nada sorprende las opiniones, gestos y desplantes del grueso de los parlamentarios del PSUV a los que hacen coro los del PCV. Ni el predominio de la generación ultraizquierdista de los ochenta que, por algo, tienen a los hijos de Jorge Rodríguez en posiciones de una enorme influencia. Este es un régimen de la ultraizquierda que apagó, asimilándolos cómodamente, ese ultraizquierdismo penitente y heredero de los que se resistieron a la pacificación y muy tardíamente se incorporaron a la vida civil resignados a los papeles secundarios que también jugaron durante la subversión. Son como una mezcla de las películas de Román Chalbaud, los volantes contra el artículo 5to. (el de la famosa nacionalización), cuyo único esfuerzo intelectual ha sido el de repetir las letras de las canciones de Alí Primera. No son marxistas, sino leninistas al modo tropical de Fidel Castro. Explicación de todos los errores, terquedades, desaciertos y prepotencias de quince largos años de un mismo gobierno que se fundamenta en el culto a la personalidad de Chávez Frías y la devoción militarista. Puede perdonarse de los protagonistas de hoy que no vivieron la etapa de la insurrección armada o desempeñaron roles de escasa importancia política, mas no de los informados, de los que militaron desde siempre en la izquierda y debieron aprender las lecciones. Entonces, ¿para que se fue Eleazar Díaz Rangel del PCV? Al hacer la crónica del terremoto que vivió el partido, escribe: “El caso es que esta tarde, cuando la división es un hecho irreversible, había tomado una decisión. Tomé plena conciencia de ello después que Alonso Ojeda me dejó en los bloques de San Martín…” (“Cómo se dividió el P.C.V.”, Domingo Fuentes, Caracas, 1971). El peor caso es el de Jorge Giordani que hizo del MAS una tesis doctoral. Todo el libro “La propuesta del MAS” (UCV, Caracas, 1992), niega lo que hizo y dijo a lo largo de dieciséis años, con una soberbia digna de una mejor causa que la de arrastrarse a Chávez Frías Muerto éste, ¿se acabo la rabia? Porque – apenas – señaló el caso de los veintitantos mil millones de dólares de empresas de maletín en las postrimerías del ejercicio del poder que lo tuvo como el ministro planificador (SIC) del desastre que vivimos. ¿Qué no ha callado?
Esta larga nota es de tristeza. Les tocó gobernar a quienes jamás discutieron. Mudos, entretenidos, como aquél Paúl del diente roto de Pedro Emilio Coll.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/22467-les-dio-por-gobernar-a-los-mudos
Reproducciones:
- El Nacional, Caracas, 06/12/1965.
- Eleazar Díaz Rangel, Carlos Augusto León y Arturo Pardo, en la sede delPCV por aquellos días de su división. Fotografía de Villalobos/Molina para un reportaje de Fredy (SIC) Balzán: “Las confesiones de Pompeyo”. Momento, Caracas, nr. 756 del 10/01/1971. Igualmente se encuentra en el citado lbro de Díaz Rangel. Ya sabemos de la autoría de la gráfica, aunque el reportaje no hizo la distinción entre Villalobos y Molina.
Ox Armand
A mediados de los sesenta del XX, buena parte del sector insurreccional experimentaba el desaliento de la derrota política ya en vías de una definitiva en el campo militar. Como ocurre en estos casos, las manifestaciones de inconformidad e indisciplina, incluyendo la deserción y la cooperación directa e indirecta con los órganos represivos, los pleitos y rencillas domésticos, precedieron al debate que intentó amainar y neutralizar el renovado voluntarismo de Ernesto Guevara, la intensa propaganda a favor del foquismo que encabezó Régis Debray y la cada vez más decidida intervención de Fidel Castro a tal punto que, por 1967, lo confrontó con el PCV. Derrota suficientemente anunciada con los comicios generales de 1963, a la vuelta de dos o tres años, pación también era un propios y extraños hablaban de la necesidad de pacificar al país al igual que punzaban sobre las tesis políticas e ideológicas que resultaron del III Congreso del inmediato post-perejimenismo, respecto a la única entidad que los agrupaba: el PCV. Por una parte, articulada y eficazmente implementada por Caldera I, todo estaba encaminado a la política de pacificación a pesar de las resistencias. Apenas cimentándose como un llamado, durante el gobierno de Leoni, la pacificación también era un formidable pretexto para los tercos que esperaban alguna ocasión para el rebrote de la violencia organizada (como lo comprobamos años después con el Movimiento Universitario de Renovación que logró el MIR contaminar). No importaba que la UCV fuese un magnífico refugio de armas y grupos, amparados por la autonomía, pero esa pacificación la reclamaba vehementemente el rector Bianco, iniciándose – por añadidura – un mito. Por otra parte, en el campo estrictamente ideólogico, aquella izquierda marxista que no pudo evitar la que florecía en la juventud demócrata-cristiana, fuerte competidora en universidades y liceos, comenzaba a cuestionar tesis oficiales como la de una revolución anti-imperialista y anti-feudal, cuya etapa democrática-burguesa pasaba por la inevitable incorporación de una burguesía nacionalista. Se atravesó la invasión soviética a Checoeslovaquia, atizando y sincerando las diferencias.
La pacificación significaba admitir la derrota y zanjar públicamente esas diferencias. Desde el reconocimiento de UPA para las elecciones de 1968, válvula de escape que no tiene todavía el reconocimiento de los historiadores de ambas aceras, hasta la cada vez más acelerada reincorporación a la vida civil de los más destacados líderes, hervían temas que fueron decisivos para institucionalizar una profunda discusión que tuvo, entre otras, herramientas esenciales como Tribuna Popular y Deslinde, sendos semanarios o quincenarios en los que la tinta cobraba densidad. Publicado “Checoeslovaquia, el socialismo como problema” de Teodoro Petkoff, ampliamente publicitado por el Kremlin, gracias a su condena, adquirió mejor calibre la polémica que versó en torno a la derrota guerrillera y la propuesta socialista, actualizando a todos los actores. Fue de una riqueza extraordinaria, con todos sus matices. Unos, optaron por las viejas tesis, mientras que otros – sin dudas, más radicales - fomentaron una propuesta decididamente anti-capitalista, sin otro trámite que la propia democracia que habría de facilitarla. Y Petkoff fue uno de los más resueltos polemistas hasta contribuir, uniendo fuerzas con Pompeyo Márquez, a la división del PCV y el nacimiento del innovador MAS. Cuenta en su haber con una larga bibliografía que así lo confirma. Sin embargo, ejemplificando la densidad del debate, recuperamos una entrevista aparecida en Deslinde (Caracas, nr. 8 del 15/07/1969), en la que enfatizaba que las contradicciones sociales ya eran propias del país urbanizado que dejó mucho tiempo atrás el campo, co un desarrollo del capitalismo dependiente, inscrito en el neocolonialismo. “Mi opinión – decía – es que el concepto burguesía nacional es mucho más ideológico y político que puramente económico. Y si existe un sector que económicamente responde al concepto burguesía nacional, ideológica y políticamente es casi inexistente”. No encuentra una carga revolucionaria en la contradicción burguesía nacional e imperialismo, como si en una alianza de obreros, campesinos, pobrecía urbana, pequeña-burguesía, estudiantado. Respecto al partido, señalaba la sacralización de los principios de organización, defendiendo el derecho a la información en una democracia interna que, para enfrentar el fraccionalismo, requiere del libre juego de tendencias. Asentaba frente al ultraizquierdismo que tiene una apreciación irreal de la situación del país, alimentando quimeras, confrontaciones prematuras y “actúa muchas veces como agente provocador inconsciente creyendo en la teoría del ‘detonante’”. Más que de una izquierda o derecha en el PCV, hay un pensamiento atrasado que evidentemente contrasta con otro avanzado. Finalmente: “En estos momentos lo que sólo muy generosamente podemos llamar lucha armada – porque creer que esas acciones esporádicas, pueden ser una lucha armada, sería formar parte de la masturbación ‘revolucionaria’ a que son dados algunos representantes de la ultraizquierda”.
Ya para la década de los setenta, esa izquierda atravesaba un profundo debate de actualización. Significaba el re-conocimiento (SIC) del país y del propio marxismo que la inspiraba. A favor o en contra de determinadas tesis, todos estuvieron incorporados a la discusión. En defensa de la Unión Soviética que la juraron mancillada por Petkoff, Pedro Ortega Díaz, Antonio García Ponce y R.J. Cortés, publicaron – a modo de ilustración – “Las ideas antisocialistas de Teodoro Petkoff” (Ediciones Cantaclaro, Caracas, 1970), apoyado por el CC del PCV sin carácter resolutivo: “Para cualquier marxista-leninista comprender el papel de las ciencias sociales en las condiciones del capitalismo monopolista es una cuestión básica. Lamentablemente Petkoff al deslizarse por la pendiente del antisovietismo beligerante se apoya en las formulaciones propias de la sociología norteamericana financiada por los monopolios norteamericanos y difundida hábilmente entre la juventud por los neotrotskistas y agentes de la CIA para distorsionar el movimiento revolucionario, sembrar la desconfianza hacia el movimiento comunista mundial”. El propio García Ponce, regresando de los mitos, coloca un ingrediente decisivo en sus reflexiones al referirse a las Fuerzas Armadas y a las consecuencias de su tutela, amarga y dulce a la vez, con ocasión de la necesidad de restaurar la institucionalidad violada “sea por Betancourt, sea por el PCV”. Y de cara a la actualidad, pregunta: “… ¿No habrá llegado la hora de que nuestros hombres de armas estén dedicados en exclusividad a la faena militar…?” (“Sangre, locura y fantasía. La guerrilla de los 60”, Libros Marcados, Caracas, 2010). Pero, en fin, ¿a qué viene todo esto?
Los actuales elencos del poder en Venezuela, olvidan lo que ocurrió realmente en los años sesenta y mucho más el debate que generó la derrota de la insurrección armada. Pasaron de largo ese debate, aferrados al foquismo insensato que languideció y tomó por atajo la figura de un militar golpista. Por eso, en nada sorprende las opiniones, gestos y desplantes del grueso de los parlamentarios del PSUV a los que hacen coro los del PCV. Ni el predominio de la generación ultraizquierdista de los ochenta que, por algo, tienen a los hijos de Jorge Rodríguez en posiciones de una enorme influencia. Este es un régimen de la ultraizquierda que apagó, asimilándolos cómodamente, ese ultraizquierdismo penitente y heredero de los que se resistieron a la pacificación y muy tardíamente se incorporaron a la vida civil resignados a los papeles secundarios que también jugaron durante la subversión. Son como una mezcla de las películas de Román Chalbaud, los volantes contra el artículo 5to. (el de la famosa nacionalización), cuyo único esfuerzo intelectual ha sido el de repetir las letras de las canciones de Alí Primera. No son marxistas, sino leninistas al modo tropical de Fidel Castro. Explicación de todos los errores, terquedades, desaciertos y prepotencias de quince largos años de un mismo gobierno que se fundamenta en el culto a la personalidad de Chávez Frías y la devoción militarista. Puede perdonarse de los protagonistas de hoy que no vivieron la etapa de la insurrección armada o desempeñaron roles de escasa importancia política, mas no de los informados, de los que militaron desde siempre en la izquierda y debieron aprender las lecciones. Entonces, ¿para que se fue Eleazar Díaz Rangel del PCV? Al hacer la crónica del terremoto que vivió el partido, escribe: “El caso es que esta tarde, cuando la división es un hecho irreversible, había tomado una decisión. Tomé plena conciencia de ello después que Alonso Ojeda me dejó en los bloques de San Martín…” (“Cómo se dividió el P.C.V.”, Domingo Fuentes, Caracas, 1971). El peor caso es el de Jorge Giordani que hizo del MAS una tesis doctoral. Todo el libro “La propuesta del MAS” (UCV, Caracas, 1992), niega lo que hizo y dijo a lo largo de dieciséis años, con una soberbia digna de una mejor causa que la de arrastrarse a Chávez Frías Muerto éste, ¿se acabo la rabia? Porque – apenas – señaló el caso de los veintitantos mil millones de dólares de empresas de maletín en las postrimerías del ejercicio del poder que lo tuvo como el ministro planificador (SIC) del desastre que vivimos. ¿Qué no ha callado?
Esta larga nota es de tristeza. Les tocó gobernar a quienes jamás discutieron. Mudos, entretenidos, como aquél Paúl del diente roto de Pedro Emilio Coll.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/22467-les-dio-por-gobernar-a-los-mudos
Reproducciones:
- El Nacional, Caracas, 06/12/1965.
- Eleazar Díaz Rangel, Carlos Augusto León y Arturo Pardo, en la sede delPCV por aquellos días de su división. Fotografía de Villalobos/Molina para un reportaje de Fredy (SIC) Balzán: “Las confesiones de Pompeyo”. Momento, Caracas, nr. 756 del 10/01/1971. Igualmente se encuentra en el citado lbro de Díaz Rangel. Ya sabemos de la autoría de la gráfica, aunque el reportaje no hizo la distinción entre Villalobos y Molina.
domingo, 28 de septiembre de 2014
CAZA DE CITAS
"La verdad fue una lucha bien arrecha, decía Oswaldo, desnudo en la cama y fumándose un cigarrillo, la verdad que fue arrechísima, uno se pone a sacar cuentas, a intentar una reflexión crítica y se hace muy difícil. Fue culpa de la dirigencia, fue culpa de un voluntarismo revolucionario que quiso ir más allá de las condiciones objetivas, fue un contagio de la revolución cubana que nos impidió ver nuestra propia realidad, fue la desorganización e imprevisión de las acciones, fue el fracaso de la guerrilla campesina en un país fundamentalmente urbano, fue en última instancia una derrota militar, fue el fracaso histórico del PCV que no tuvo la voluntad de poder para aprovechar el momento óptimo del 23 de Enero. Es extraño porque no ha pasado mucho tiempo y sin embargo me parece que estamos hablando de algo ocurrido hace mil años, me sucede igual que cuando yo estaba chiquita y mi papá se ponía a hablar de la guerra civil con sus amigos en La Candelaria, deban la impresión de que hablaran de la prehistoria, de algo que ya estaba en los libros..."
Ana Teresa Torres
("El exilio del tiempo", Monte Ávila Editores, Caracas, 1990: 214)
domingo, 13 de julio de 2014
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Luis Herrera Campíns. "El mérito de una revolución traicionada". El Gráfico, Caracas, 01/11/1948.- Pedro Ortega Díaz. "Hoy nuestra revolución no es anticapitalista". Vea y Lea, Caracas, nr. 42 del 03/08/70.
- Demetrio Boernsner. "Importancia de la teoría revolucionaria". El Nacional, Caracas, 02/08/60.
- Ramón Escovar Salóm y la revolución. El Nacional, 04/03/70.
- Maxim Ross. "La lección de las revoluciones". Economía Hoy, Caracas, 14/07/89.
Reproducción: Fotografía de Héctor Sandoval, Élite, Caracas, nr. 1968 del 15/06/1963. La nota refiere que, al finalizar la tarde, los miembros de la Misión Militar Norteamericana en Venezuela (oficiales y sargentos), esperaban cenar. Fueron sorprendidos por un grupo armado en la "lujosa quinta 'La Casona', situada en el Country Club y asiento de la Misión". Desarmados los policías militares, fueron desnudados los integrantes de la Misión. Prosigue la nota: "Luego, varios de ellos, portando bidones llenos de gasolina gelatinosa - el mismo tipo de combustible que ha sido empleado en otros asaltos -, penetraron a las habitaciones reservadas a los archivos, en tanto otros registraban los closets y recogían cuantos uniformes y armas hallaron en ellos. La gasolina fue regada por el piso y a poco el fuego consumía los archivos. Al mismo tiempo, otros quitaban la bandera norteamericana y le prendían fuego, mientras uno más hacía añícos el retrato del Libertador Jorge Washington (...) Más tarde, bomberos, policías y periodistas llegaban al lugar del suceso. Entre los primeros a presentarse en 'La Casona' estuvo el ágil reportero Héctor Sandoval, del staff de Últimas Noticias', quien logró captar, en exclusividad, esta formidable fotografia que muestra a un oficial norteamericano en paños menores. Tal como lo habían dejado los asaltantes".
domingo, 9 de marzo de 2014
DUPLAS
EL NACIONAL - VIERNES 24 DE MARZO DE 2000 / OPINION
Militares en parejas disparejas
Jesús Sanoja Hernández
La primera pareja apareció un siglo atrás, en mayo de 1899, con la invasión de los sesenta. No eran militares de carrera, sino hechos a la carrera, la misma que los condujo a Valencia y luego al valle de Caracas. El de Capacho era, naturalmente, capachero, desafiante y parlanchín, nacionalista siempre en pleitos con el Tío Sam, y conste que cualquiera comparación no es deliberada. El de La Mulera era reservado y pisapasito, palabreja ésta que según don Emilio Constantino Guerrero, "la aplicamos en el Táchira al individuo astuto, taimado y ladino". Triunfadores ambos, uno fue presidente hasta fines de 1908 (y, en períodos, Jefe Supremo y Dictador, con mayúscula, que así le gustaba leerse) y otro vicepresidente, hasta que el segundo decidió desplazar al primero por considerarlo autócrata y provocador. Por surgir como reacción contra su antiguo compañero de armas, hermano del alma y compadre desalmado, a su movimiento se le llamó "reaccionario", cuyo apoyo principal resultaron ser viejos caudillos y representantes de la "élites" del pasado.
El de La Mulera, tan dado a la reflexión, a la espera y a cálculo, no había pasado por seminario alguno, a diferencia del capachero, quien había estudiado en el Colegio Seminario de Cúcuta, y cualquiera diferencia con un pretendiente actual es que este sí es militar de carrera, mientras que cualquier parecido está a la vista. De ex seminaristas se trata. Lo que falta por saber es si, la batalla final (fratricida) la ganará quien leyó la Biblia mucho antes de entrar al San Carlos y Yare o quien de ella oyó algo en la iglesia de Sabaneta.
La otra pareja tenía de común, como la anterior, el origen tachirense. Uno le llevaba al otro catorce años y, sin haber sido seminarista, estuvo marcado por los curas, pues su crianza corrió a cargo del presbítero Fernando María Contreras, tío materno, y su instrucción en el colegio Sagrado Corazón de Jesús.
Apenas cumplió los 15 años se incorporó a la Revolución Restauradora y de allí en adelante toda su vida quedó atada a la organización militar. En cambio el otro, hijo de un general sumado al liberalismo restaurador y muerto en la acción de Tocuyito cuando él contaba sólo dos años, tuvo la oportunidad de ingresar a la Escuela Militar en cuya orientación jugó papel de primer orden el chileno Samuel Mac Gill. Cuando Gómez murió, 1935, el de Queniquea era ministro de Guerra y Marina y fue nombrado presidente encargado y luego presidente constitucional, y el de San Cristóbal había llegado a coronel, alcanzando el generalato en 1940. Del Ministerio de Guerra y Marina pasó a la Presidencia en 1941.
Los integrantes de ambas parejas, cada uno a su turno, en discordia o en concordia, llegaron a la máxima magistratura como militares tachirenses, y lo que no sucedió con López y Medina en 1941 (la ruptura que en 1908 reventó entre Gómez y Castro) sucedería a mediados de 1945, cuando el de Queniquea "reaccionó" contra el proyecto Medina, democratizador por un lado, asentado en una organización partidista por el otro (PDV) y dispuesto a que su sucesor fuese civil y doctor. Y esa ruptura apenas precedió en meses a la llamada Revolución de Octubre. Por vez primera en el siglo se conformó una Junta de Gobierno donde civiles y militares compartían el gobierno. Lo que vino después se sabe: en 1948 Junta Militar con un tachirense astuto, Pérez Jiménez, quien en 1952 se adueñó del poder. Duros de matar los tales militares de Táchira.
La realidad político-militar cambió en 1958 cuando como presidente de la Junta de Gobierno apareció Larrazábal (de Carúpano) y como sus rivales Hugo Trejo, andino pero merideño de Tovar, y Castro León, tachirense y ministro de Defensa. Algo inédito había sucedido en 1958, caracterizado por la unidad cívico-militar en calles y cuarteles y por el fin de la hegemonía tachirense en las FAN, cuyos desacomodos internos produjeron prontamente el Carupanazo y el Porteñazo.
Y no es poco decir: muchos de los de esas rebeliones militares se incorporaron a las FALN y hasta Trejo, cuyo movimiento había sido decapitado en 1958, mantuvo contactos con Douglas Bravo. La quietud en las FAN, observable en la segunda parte del decenio de los sesenta, comenzó a levantar pequeñas olas en los años 70 hasta que en 1983 se consolidó el MBR-200, dentro del cual destacaron un andino del Táchira y un llanero de Barinas, orgulloso de que su estado alguna vez fuese llamado Zamora.
Tercera singularidad: la lucha por Miraflores, además de estar concentrada en dos militares tachirenses, como en los casos Castro-Gómez y López-Medina, hoy se libra, sí, entre dos militares (retirados en apariencia, activos en realidad) de diferente procedencia regional. Como las otras dos parejas, la de hoy marchó unida en un tramo, corto o largo, para al final entrar en conflicto. Temperamentos contrarios, como el de Gómez y Castro, y en menor medida el de López y Medina, los de Chávez, el llanerazo millonario en palabras, y Arias, el tachirense lacónico y redomado, se aproximan rápidamente a la hora cero.
Reproducción: "El Cadete triunfador recibe de manos del Coronel Romero Arjona, Director de la Escuela Militar, el premio otorgado por éste al alumno de mejor aplicación". Billiken, Caracas, nr. 906 del 15/12/1940.
Militares en parejas disparejas
Jesús Sanoja Hernández
La primera pareja apareció un siglo atrás, en mayo de 1899, con la invasión de los sesenta. No eran militares de carrera, sino hechos a la carrera, la misma que los condujo a Valencia y luego al valle de Caracas. El de Capacho era, naturalmente, capachero, desafiante y parlanchín, nacionalista siempre en pleitos con el Tío Sam, y conste que cualquiera comparación no es deliberada. El de La Mulera era reservado y pisapasito, palabreja ésta que según don Emilio Constantino Guerrero, "la aplicamos en el Táchira al individuo astuto, taimado y ladino". Triunfadores ambos, uno fue presidente hasta fines de 1908 (y, en períodos, Jefe Supremo y Dictador, con mayúscula, que así le gustaba leerse) y otro vicepresidente, hasta que el segundo decidió desplazar al primero por considerarlo autócrata y provocador. Por surgir como reacción contra su antiguo compañero de armas, hermano del alma y compadre desalmado, a su movimiento se le llamó "reaccionario", cuyo apoyo principal resultaron ser viejos caudillos y representantes de la "élites" del pasado.
El de La Mulera, tan dado a la reflexión, a la espera y a cálculo, no había pasado por seminario alguno, a diferencia del capachero, quien había estudiado en el Colegio Seminario de Cúcuta, y cualquiera diferencia con un pretendiente actual es que este sí es militar de carrera, mientras que cualquier parecido está a la vista. De ex seminaristas se trata. Lo que falta por saber es si, la batalla final (fratricida) la ganará quien leyó la Biblia mucho antes de entrar al San Carlos y Yare o quien de ella oyó algo en la iglesia de Sabaneta.
La otra pareja tenía de común, como la anterior, el origen tachirense. Uno le llevaba al otro catorce años y, sin haber sido seminarista, estuvo marcado por los curas, pues su crianza corrió a cargo del presbítero Fernando María Contreras, tío materno, y su instrucción en el colegio Sagrado Corazón de Jesús.
Apenas cumplió los 15 años se incorporó a la Revolución Restauradora y de allí en adelante toda su vida quedó atada a la organización militar. En cambio el otro, hijo de un general sumado al liberalismo restaurador y muerto en la acción de Tocuyito cuando él contaba sólo dos años, tuvo la oportunidad de ingresar a la Escuela Militar en cuya orientación jugó papel de primer orden el chileno Samuel Mac Gill. Cuando Gómez murió, 1935, el de Queniquea era ministro de Guerra y Marina y fue nombrado presidente encargado y luego presidente constitucional, y el de San Cristóbal había llegado a coronel, alcanzando el generalato en 1940. Del Ministerio de Guerra y Marina pasó a la Presidencia en 1941.
Los integrantes de ambas parejas, cada uno a su turno, en discordia o en concordia, llegaron a la máxima magistratura como militares tachirenses, y lo que no sucedió con López y Medina en 1941 (la ruptura que en 1908 reventó entre Gómez y Castro) sucedería a mediados de 1945, cuando el de Queniquea "reaccionó" contra el proyecto Medina, democratizador por un lado, asentado en una organización partidista por el otro (PDV) y dispuesto a que su sucesor fuese civil y doctor. Y esa ruptura apenas precedió en meses a la llamada Revolución de Octubre. Por vez primera en el siglo se conformó una Junta de Gobierno donde civiles y militares compartían el gobierno. Lo que vino después se sabe: en 1948 Junta Militar con un tachirense astuto, Pérez Jiménez, quien en 1952 se adueñó del poder. Duros de matar los tales militares de Táchira.
La realidad político-militar cambió en 1958 cuando como presidente de la Junta de Gobierno apareció Larrazábal (de Carúpano) y como sus rivales Hugo Trejo, andino pero merideño de Tovar, y Castro León, tachirense y ministro de Defensa. Algo inédito había sucedido en 1958, caracterizado por la unidad cívico-militar en calles y cuarteles y por el fin de la hegemonía tachirense en las FAN, cuyos desacomodos internos produjeron prontamente el Carupanazo y el Porteñazo.
Y no es poco decir: muchos de los de esas rebeliones militares se incorporaron a las FALN y hasta Trejo, cuyo movimiento había sido decapitado en 1958, mantuvo contactos con Douglas Bravo. La quietud en las FAN, observable en la segunda parte del decenio de los sesenta, comenzó a levantar pequeñas olas en los años 70 hasta que en 1983 se consolidó el MBR-200, dentro del cual destacaron un andino del Táchira y un llanero de Barinas, orgulloso de que su estado alguna vez fuese llamado Zamora.
Tercera singularidad: la lucha por Miraflores, además de estar concentrada en dos militares tachirenses, como en los casos Castro-Gómez y López-Medina, hoy se libra, sí, entre dos militares (retirados en apariencia, activos en realidad) de diferente procedencia regional. Como las otras dos parejas, la de hoy marchó unida en un tramo, corto o largo, para al final entrar en conflicto. Temperamentos contrarios, como el de Gómez y Castro, y en menor medida el de López y Medina, los de Chávez, el llanerazo millonario en palabras, y Arias, el tachirense lacónico y redomado, se aproximan rápidamente a la hora cero.
Reproducción: "El Cadete triunfador recibe de manos del Coronel Romero Arjona, Director de la Escuela Militar, el premio otorgado por éste al alumno de mejor aplicación". Billiken, Caracas, nr. 906 del 15/12/1940.
martes, 9 de abril de 2013
PRECIPICIOS
EL NACIONAL - Martes 09 de Abril de 2013 Opinión/9
El ajedrez imperial
EDGARDO MONDOLFI GUDAT
A estas alturas, cuando nuestra dinámica como país se ha visto tan intervenida por el tema de Cuba, no resulta extraño que el interés de los editores haya apuntado hacia la publicación de crónicas y testimonios que buscan poner de relieve la máxima prioridad que, históricamente hablando, el régimen de los Castro le ha conferido al caso venezolano dentro de su ajedrez imperial.
Para ilustrar el afán con que siempre soñaron dirigir a Venezuela a control remoto existen tres libros recientes que ofrecen una aproximación muy vívida del asunto: Viaje al corazón de Cuba de Carlos Montaner, El imperio de Fidel de Carlos Peñaloza y, sin duda, por tratarse de un protagonista de la época de la violencia guerrillera, La invasión de Cuba a Venezuela de Héctor Pérez Marcano.
En días recientes me he dedicado a releer el libro de Pérez Marcano como quien busca claves para entender mejor la forma como se ha legitimado esta intervención consentida. Si antes, en la década de los años sesenta del siglo pasado, Cuba intentó entrar por la ventana estimulando un asalto armado del poder, ahora lo ha hecho por la puerta principal, provista de patentes de otro tipo. Eso está a la vista, desde luego, y no requiere de explicaciones. Pero lo interesante del testimonio de Pérez Marcano redunda en ver que, aunque bajo signos cambiantes, la estrategia de intervención en Venezuela ha sido un plan de largo aliento, basado en una paciencia impertérrita por parte del régimen castrista. Extendiéndose desde la violencia de los sesenta hasta detener su mirada en aquellos elementos que, luego de la pacificación, persistieron en construir canales subterráneos dentro de las Fuerzas Armadas, el relato autobiográfico de Pérez Marcano suscita interés por su sinceridad refrescante, por su prosa sin eufemismos y, a fin de cuentas, por tratarse de un relato que no cede ante el chantaje.
Sin escamotear hechos ni circunstancias, el autor invita a recorrer una década de violencia de la que él mismo fue protagonista. Pero la suya viene a ser también, por una parte, la crónica de un naufragio conceptual y, por la otra, del desastre que supuso calcar el escenario de una gesta guerrillera ajena. Digamos algo sobre ambas cosas. Conmueve sin duda el entusiasmo que el autor sintió por un hecho como la Revolución Cubana sólo para venir a percatarse de que, desde La Habana, se les invitaba a asumir un voluntarismo sin destino y un pragmatismo revolucionario capaz de dejar sin aliento a los jóvenes del MIR que, como él, habían creído en la importancia del trabajo teórico y del pensamiento político. A juicio de sus mentores cubanos, allí donde no existiesen contradicciones, el foco guerrillero simplemente se encargaría de crearlas. Con tal actitud se les invitaba a entendérselas con el campesinado local. Sobre lo segundo, es decir, de ver consumido el otro gran error del drama, consultemos sus propias palabras: "Se diseñaron, en atención a las peligrosas características del medio ambiente montañoso venezolano, unas botas de cuero y una hamaca en la que te podías envolver sin correr el menor peligro. Ambos elementos eran terriblemente imprácticos, incómodos. Pero como habían sido propuestos y diseñados por Fidel, hubo que cargar con ellos. Vinieron a entorpecer inútilmente y finalmente tuvimos que prescindir de botas y chinchorros cubanos". Esta imagen de Fidel metido a diseñador dice mucho del fracaso de aquella aventura. Ahora la estrategia es otra.
El ajedrez imperial
EDGARDO MONDOLFI GUDAT
A estas alturas, cuando nuestra dinámica como país se ha visto tan intervenida por el tema de Cuba, no resulta extraño que el interés de los editores haya apuntado hacia la publicación de crónicas y testimonios que buscan poner de relieve la máxima prioridad que, históricamente hablando, el régimen de los Castro le ha conferido al caso venezolano dentro de su ajedrez imperial.
Para ilustrar el afán con que siempre soñaron dirigir a Venezuela a control remoto existen tres libros recientes que ofrecen una aproximación muy vívida del asunto: Viaje al corazón de Cuba de Carlos Montaner, El imperio de Fidel de Carlos Peñaloza y, sin duda, por tratarse de un protagonista de la época de la violencia guerrillera, La invasión de Cuba a Venezuela de Héctor Pérez Marcano.
En días recientes me he dedicado a releer el libro de Pérez Marcano como quien busca claves para entender mejor la forma como se ha legitimado esta intervención consentida. Si antes, en la década de los años sesenta del siglo pasado, Cuba intentó entrar por la ventana estimulando un asalto armado del poder, ahora lo ha hecho por la puerta principal, provista de patentes de otro tipo. Eso está a la vista, desde luego, y no requiere de explicaciones. Pero lo interesante del testimonio de Pérez Marcano redunda en ver que, aunque bajo signos cambiantes, la estrategia de intervención en Venezuela ha sido un plan de largo aliento, basado en una paciencia impertérrita por parte del régimen castrista. Extendiéndose desde la violencia de los sesenta hasta detener su mirada en aquellos elementos que, luego de la pacificación, persistieron en construir canales subterráneos dentro de las Fuerzas Armadas, el relato autobiográfico de Pérez Marcano suscita interés por su sinceridad refrescante, por su prosa sin eufemismos y, a fin de cuentas, por tratarse de un relato que no cede ante el chantaje.
Sin escamotear hechos ni circunstancias, el autor invita a recorrer una década de violencia de la que él mismo fue protagonista. Pero la suya viene a ser también, por una parte, la crónica de un naufragio conceptual y, por la otra, del desastre que supuso calcar el escenario de una gesta guerrillera ajena. Digamos algo sobre ambas cosas. Conmueve sin duda el entusiasmo que el autor sintió por un hecho como la Revolución Cubana sólo para venir a percatarse de que, desde La Habana, se les invitaba a asumir un voluntarismo sin destino y un pragmatismo revolucionario capaz de dejar sin aliento a los jóvenes del MIR que, como él, habían creído en la importancia del trabajo teórico y del pensamiento político. A juicio de sus mentores cubanos, allí donde no existiesen contradicciones, el foco guerrillero simplemente se encargaría de crearlas. Con tal actitud se les invitaba a entendérselas con el campesinado local. Sobre lo segundo, es decir, de ver consumido el otro gran error del drama, consultemos sus propias palabras: "Se diseñaron, en atención a las peligrosas características del medio ambiente montañoso venezolano, unas botas de cuero y una hamaca en la que te podías envolver sin correr el menor peligro. Ambos elementos eran terriblemente imprácticos, incómodos. Pero como habían sido propuestos y diseñados por Fidel, hubo que cargar con ellos. Vinieron a entorpecer inútilmente y finalmente tuvimos que prescindir de botas y chinchorros cubanos". Esta imagen de Fidel metido a diseñador dice mucho del fracaso de aquella aventura. Ahora la estrategia es otra.
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sábado, 16 de febrero de 2013
CUADERNO DE BITÁCORA (1)
En las últimas semanas, nos ha ocupado el problema de las inmunidades parlamentarias. A la par de las indispensables indagaciones conceptuales, hemos incursionado en algunos precedentes históricos. Luce obvia, la amenaza del allanamiento de los fueros cívicos de Richard Mardo y otros diputados a la Asamblea Nacional, gracias al capricho irresponsable de los que hoy se disputan la sucesión de Chávez Frías, obliga a realizar nuestros modestos aportes para el debate, a través de nuestros artículos y las recomendaciones que haremos a Mardo, quien tendrá que defenderse si plantean el asunto, o se atreven a una detención arbitraria antes del venidero martes de sesión.
Ayer obtuvimos algunas copias de un viejo Diario de Debates de la Comisión Delegada, y literalmente disfrutamos de la sesión del día 13 de Febrero de 1963, bajo la presidencia de Luis Beltrán Prieto Figueroa, y vicepresidencia de Manuel Vicente Ledezma. Distintos actores de probada experiencia y formación política, por lo pronto, nos brindan tres lecciones respecto a la actual Asamblea Nacional.
Digamos, por una parte, la propia experiencia y formación política, pues traslucen aquéllos una clra conciencia del momento, la habilidad y el conocimiento que deja mal parados al grueso de los diputados de hoy, sean oficialistas u opositores. Por otra, el respeto y la tolerancia cabal, porque las difrencias políticas y estratégicas, no afectan el lenguaje y el trato humanos que ahora desanida en el Capitolio Federal. Por último, a pesar de la falta quizá comprensible de quórum para las las sesiones ulteriores, debido a la compleja y trpidante campaña electoral, la Comisión Delegada de entonces tuvo una significación y eficacia que bien desearía tener la que actualmente exhibe en períodos de receso parlamentario.
El caso está en que Ignacio Luis Arcaya propuso, para luego retirarla, la creación de una comisión especial que se apersonara en el estado Falcón, sometido a las contigencias de los focos guerrilleros y de los esfuerzos gubernamentales para liquidarlos. La propuesta suscitó la discusión que, más adelante, por obra de ella misma, convirtió esa comisión para la específica investigación, en otra que atendiera el problema global de la violencia, votada por unanimidad: hablaron, además, el diputado Sólorzano Bruce, el senador Jatar Dotti, el diputado Domingo Alberto Rangel, el diputado Ortega Díaz, el diputado Cárdenas, el diputado Lepage, el diputado Rondón Lovera, y el senador Uslar Pietri.
La oposición argumentó los niveles de persecución y represión alcanzados en el territorio falconiano, mientras que los representantes de la coalición gubernamental contrargumentaron la necesidad de sofocar el movimiento guerrillero. Citaron hechos, criterios, solidaridades, desavenencias, que implicaban la promoción y aceptación - otro contraste - de la comparecencia de altos funcionarios al foro parlamentario. Intervención de la CIA y de Cuba, tortura y muerte de los alzados y de las personas inocentes, de lado y lado, sustanciaban también las intervenciones. Sin embargo, nos permitimos rescatar dos facetas de la jornada, haciendo una observación final: el humor de filigrana y la atención dispensada a Domingo Urbinina, quien contrajo nupcias por aquellos días, después de escaparse de la cárcel.
Por ejemplo, interrumpido por Domingo Alberto Rangel, Rodolfo José Cárdenas dice que "no hay guerrillas en todo el mundo, porque en todo el mundo no existe el Partido Comunista de Venezuela", añadiendo: "Aquí en La Yaguara, el sabotaje destruyó a la Sears, y sería el colmo que viniera un diputado a decir que pide una Comisión del Congreso contra los bomberos porque los bomberos mojaron con su manguera de agua a un urredista ...". Anteriormente, Rangel alegó que Braulio Jattar Dotti "nos cuenta que la sierra coriana era una especie de sucursa del Paraíso, muy pacífica, risueña, casi idílica en la cual cayó como paracaidista el ciudadano Domingo Urbina..." En las postrimerías de la sesión, dejando la nota jocosa, Arturo Uslar Pietri obsequia una expresión poética: "No es con la sangre generosa de muchachos venezolanos derramada sobre una tierra sedienta de otros riegos...".
Jatar Dotti trae a colación el matrimonio de un prófugo de la justicia como Urbina, y Rangel - citando la revista "Momento", como la mejor del país - alude también a los reportajes en boga. Esperamos hoy en la mañana, para hurgar en el disco duro de la máquina, porque anoche recordamos nuestros archivos contentivos de la profusa reseña de los movimientos guerrilleros en la zona falconiana, como del escándalo que produjeron las nupcias aludidas por Rangel y Cárdenas en inteligente ironía, de Urbina con una quinceañera de nombre Rosenda. Por ello, la fotografía de la dama.
Para terminar, nos llamó la atención el empleo del término "conterráneo", por Jatar Dotti y Arcaya, o "saboteo" y "sabotaje" por Cárdenas. De un lado, creyéndolo un error, constatamos el nuestro, pues equivale a "coterráneo", con una misma raíz latina ("conterranĕus"). Y también verificamos la vieja data de la fea expresión "saboteo" que, hoy, continua integrada a nuestra diaria jerga, incluso, periodística, en lugar de sabotaje. Por cierto, aunque no sabemos si los parlamentarios de 1963 tuvieron tiempo de corregir sus discursos (hoy son escasos quienes lo hacen, se nos ha dicho), pero lo cierto es que los taquígrafos de antes destacaron mucho por el nanejo del lenguaje, aunque eres fieles a lo escuchado.
LB
Fotografía: "Rosenda, la de Urbina": texto de Lumo Leva, con fotografías de Molina y Feler Valois. Momento, Caracas, nr. 344 del 17/02/63.
Ayer obtuvimos algunas copias de un viejo Diario de Debates de la Comisión Delegada, y literalmente disfrutamos de la sesión del día 13 de Febrero de 1963, bajo la presidencia de Luis Beltrán Prieto Figueroa, y vicepresidencia de Manuel Vicente Ledezma. Distintos actores de probada experiencia y formación política, por lo pronto, nos brindan tres lecciones respecto a la actual Asamblea Nacional.
Digamos, por una parte, la propia experiencia y formación política, pues traslucen aquéllos una clra conciencia del momento, la habilidad y el conocimiento que deja mal parados al grueso de los diputados de hoy, sean oficialistas u opositores. Por otra, el respeto y la tolerancia cabal, porque las difrencias políticas y estratégicas, no afectan el lenguaje y el trato humanos que ahora desanida en el Capitolio Federal. Por último, a pesar de la falta quizá comprensible de quórum para las las sesiones ulteriores, debido a la compleja y trpidante campaña electoral, la Comisión Delegada de entonces tuvo una significación y eficacia que bien desearía tener la que actualmente exhibe en períodos de receso parlamentario.
El caso está en que Ignacio Luis Arcaya propuso, para luego retirarla, la creación de una comisión especial que se apersonara en el estado Falcón, sometido a las contigencias de los focos guerrilleros y de los esfuerzos gubernamentales para liquidarlos. La propuesta suscitó la discusión que, más adelante, por obra de ella misma, convirtió esa comisión para la específica investigación, en otra que atendiera el problema global de la violencia, votada por unanimidad: hablaron, además, el diputado Sólorzano Bruce, el senador Jatar Dotti, el diputado Domingo Alberto Rangel, el diputado Ortega Díaz, el diputado Cárdenas, el diputado Lepage, el diputado Rondón Lovera, y el senador Uslar Pietri.
La oposición argumentó los niveles de persecución y represión alcanzados en el territorio falconiano, mientras que los representantes de la coalición gubernamental contrargumentaron la necesidad de sofocar el movimiento guerrillero. Citaron hechos, criterios, solidaridades, desavenencias, que implicaban la promoción y aceptación - otro contraste - de la comparecencia de altos funcionarios al foro parlamentario. Intervención de la CIA y de Cuba, tortura y muerte de los alzados y de las personas inocentes, de lado y lado, sustanciaban también las intervenciones. Sin embargo, nos permitimos rescatar dos facetas de la jornada, haciendo una observación final: el humor de filigrana y la atención dispensada a Domingo Urbinina, quien contrajo nupcias por aquellos días, después de escaparse de la cárcel.
Por ejemplo, interrumpido por Domingo Alberto Rangel, Rodolfo José Cárdenas dice que "no hay guerrillas en todo el mundo, porque en todo el mundo no existe el Partido Comunista de Venezuela", añadiendo: "Aquí en La Yaguara, el sabotaje destruyó a la Sears, y sería el colmo que viniera un diputado a decir que pide una Comisión del Congreso contra los bomberos porque los bomberos mojaron con su manguera de agua a un urredista ...". Anteriormente, Rangel alegó que Braulio Jattar Dotti "nos cuenta que la sierra coriana era una especie de sucursa del Paraíso, muy pacífica, risueña, casi idílica en la cual cayó como paracaidista el ciudadano Domingo Urbina..." En las postrimerías de la sesión, dejando la nota jocosa, Arturo Uslar Pietri obsequia una expresión poética: "No es con la sangre generosa de muchachos venezolanos derramada sobre una tierra sedienta de otros riegos...".
Jatar Dotti trae a colación el matrimonio de un prófugo de la justicia como Urbina, y Rangel - citando la revista "Momento", como la mejor del país - alude también a los reportajes en boga. Esperamos hoy en la mañana, para hurgar en el disco duro de la máquina, porque anoche recordamos nuestros archivos contentivos de la profusa reseña de los movimientos guerrilleros en la zona falconiana, como del escándalo que produjeron las nupcias aludidas por Rangel y Cárdenas en inteligente ironía, de Urbina con una quinceañera de nombre Rosenda. Por ello, la fotografía de la dama.
Para terminar, nos llamó la atención el empleo del término "conterráneo", por Jatar Dotti y Arcaya, o "saboteo" y "sabotaje" por Cárdenas. De un lado, creyéndolo un error, constatamos el nuestro, pues equivale a "coterráneo", con una misma raíz latina ("conterranĕus"). Y también verificamos la vieja data de la fea expresión "saboteo" que, hoy, continua integrada a nuestra diaria jerga, incluso, periodística, en lugar de sabotaje. Por cierto, aunque no sabemos si los parlamentarios de 1963 tuvieron tiempo de corregir sus discursos (hoy son escasos quienes lo hacen, se nos ha dicho), pero lo cierto es que los taquígrafos de antes destacaron mucho por el nanejo del lenguaje, aunque eres fieles a lo escuchado.
LB
Fotografía: "Rosenda, la de Urbina": texto de Lumo Leva, con fotografías de Molina y Feler Valois. Momento, Caracas, nr. 344 del 17/02/63.
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