Mostrando entradas con la etiqueta Partido Comunista de Venezuela (PCV). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Partido Comunista de Venezuela (PCV). Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de noviembre de 2017

McMADURO

¿Qué son los Consejos Productivos de los Trabajadores anunciados por Nicolás Maduro?
José Ignacio Hernández G. 

En la Gaceta Oficial del 8 de noviembre pasado fue publicado el Decreto No. 17, dictado en el marco de la “emergencia económica”, por medio del cual se crean a los “Consejos Productivos de Trabajadores”. Sin embargo, ¿qué son exactamente los CPT?

Una nueva figura, que es en realidad vieja

Desde el año 2005 han aparecido, de cuando en cuando, distintas y variadas figuras propias del modelo socialista que, formalmente, comenzó a desarrollarse ese año. Al comienzo, esas figuras eran novedosas, pero con el tiempo lo que se hizo fue hacer aparecer como nuevas a varias figuras que ya habían sido experimentadas en el pasado.

Tal es el caso, precisamente, de los CPT.

En efecto, uno de los principios “fundacionales” del modelo socialista iniciado en 2005 fue la cogestión laboral, es decir, reconocer el derecho de los trabajadores a participar en la gestión de la empresa. Como parte de esa cogestión se promovió la creación de “consejos de trabajadores”, cuyo objeto era supervisar la gestión de la empresa de acuerdo con su adecuación al modelo socialista.

Estos consejos son conocidos en los regímenes totalitarios comunistas. Como dijo Pannekoek: “los consejos obreros son la forma de autogobierno que en tiempos futuros reemplazará a las formas de gobierno del viejo mundo”. Por ello, estos consejos son lo contrario al sindicato: mientras este protege derechos de los trabajadores, quienes prestan servicios bajo dependencia, los consejos de trabajadores se orientan a la colectivización de los factores de producción.

Con esta idea en mente, en 2007 —hace nueve años— el Partido Comunista de Venezuela (PCV) presentó el “Proyecto Ley Especial de los Consejos Socialistas de Trabajadores y Trabajadores”. En tal Proyecto, los Consejos fueron definidos como una organización “concebida específicamente para la participación protagónica de los trabajadores y trabajadoras en el ejercicio real y efectivo del control sobre los procesos productivos y administrativos y para ejercer la dirección de los procesos sociopolíticos en los centros de trabajo y áreas de actividad laboral en general”.

Poco se avanzó entonces. Y como ha sucedido en otros casos, de cuando en cuanto, la figura de estos consejos reaparece, siempre queriendo presentar, como nuevo, lo que en realidad es viejo.

Así sucedió, por ejemplo, en 2010, cuando esta figura fue “creada” en la Ley Orgánica del Poder Popular, y en 2012, cuando fue nuevamente “creada” en la Ley Orgánica del Trabajo, de los Trabajadores y de las Trabajadoras.

Ahora, el Decreto N° 17 “crea” a los CPT. Se trata, sin embargo, de la misma figura sobre la cual se ha venido ensayando desde el 2007.

Los CPT y la Gran Misión Abastecimiento Soberano

 En esta oportunidad, los consejos han sido regulados en el marco de la Gran Misión Abastecimiento Soberano, figura que ya analicé aquí en Prodavinci. Esto quiere decir que el objetivo principal de los CPT es promover un control, dentro de la propia empresa, sobre el abastecimiento de rubros considerados estratégicos, en los sectores de alimentación, salud, higiene personal y aseo del hogar.

Inicialmente, el Ministerio del Poder Popular para la Defensa anunció que tal control se implementaría a través del Comité Operativo de Producción Obrera (COPO). Posteriormente, se refinó la idea, al aludirse a la necesidad de crear a los CPT. Según se anunció, “estos CPT serán usados como instrumento principal de transformación económica en todas las unidades y empresas del país para llevar adelante una reproducción productiva de la mano de la clase obrera”.

En pocas palabras: los CPT son consejos obreros cuyo propósito principal es supervisar —junto al Gobierno y los CLAP— la actividad de las empresas, en el marco de la Gran Misión Abastecimiento Soberano.

Así quedó establecido en el artículo 1 del Decreto N° 17, según el cual, los CPT) “tendrán como objeto impulsar la participación de la clase obrera como sujeto protagónico, en la gestión de la actividad productiva desde las entidades de trabajo públicas y privadas, que servirán de apoyo a la Gran Misión Abastecimiento Soberano, a los fines de garantizar el acceso oportuno a bienes, alimentos, medicinas y otros productos esenciales para la vida”.

Como se crean y organizan los CPT

Copiando el modelo comunista, los CPT no son estructuras libremente creadas. Por el contrario, su creación es regulada y dirigida por el Gobierno.

Así, corresponde al Gobierno, a través del Ministerio del Trabajo, de la Defensa y del Comando Estratégico Operación de la Gran Misión, regular el funcionamiento de los CPT (artículo 5, Decreto N° 17). Igualmente, corresponde al Gobierno, por medio de los Ministerios del Trabajado, de la Defensa, de la Juventud y Deporte, de la Mujer y la Igualdad de Género, designar a todos los integrantes de los CPT (artículo 4). Con lo cual, ni los trabajadores ni los patronos participan en la creación y funcionamiento de esos consejos.

De acuerdo con el artículo 3, los CPT estarán constituidos por siete miembros, todos designados por el Gobierno. Estos miembros son: tres trabajadores de empresa; un representante por la juventud; un representante de la Unión Nacional de Mujeres, un representante de la Milicia Bolivariana y un representante de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

¿En qué empresas podrán crearse CPT?

 Los CPT podrán crearse en cualquier empresa, pública o privada, según dispone el artículo 2 del Decreto N° 17. No obstante, pareciera que la intención del Decreto es limitar la creación de los CPT en empresas de los sectores de alimentación, salud, higiene personal y aseo del hogar.

En todo caso, será el Gobierno quien decida en qué empresas se crearán los CPT y cuáles serán sus integrantes.

Ahora bien, aun cuando el Decreto no es claro, pareciera que, una vez creados, los CPT podrán ejercer la “contraloría social” sobre el proceso productivo de la empresa, en el marco de los lineamientos de la Gran Misión. Ello no debe implicar, sin embargo, que los CPT ejerzan  funciones públicas de inspección o que puedan dictar medidas y sanciones.

¿Los CPT son constitucionales?

Los CPT son inconstitucionales. En primer lugar, pues desnaturalizan a la relación laboral. De acuerdo con la Constitución, la relación laboral es una relación privada, basada en la autonomía de la voluntad del patrono y del empleador. En el Decreto N° 17, por el contrario, la relación laboral es “un proceso social” para “alcanzar los fines esenciales del Estado”. Es decir, el Estado pasa a dominar enteramente la relación laboral, la cual solo se justifica para cumplir los fines del Estado, o sea, para la promoción del socialismo.

En segundo lugar, los CPT son inconstitucionales pues violan el derecho a la libertad de asociación. Los consejos son una asociación, que no es resultado de la libre voluntad, sino de la coacción. Al igual que sucedió con los consejos obreros de los regímenes comunistas, los CPT pretenden negar la libertad de asociación, a fin de imponer la pertenencia forzosa a una asociación dirigida y controlada por el Gobierno.

En tercer lugar, los CPT violan la libertad de empresa, pues pretende crearse una instancia “híbrida” para controlar y limitar la actividad económica de las empresas. Sin embargo, según la Constitución, la limitación a la empresa privada solo puede hacerse en de acuerdo con la Ley, de manera racional, por autoridades públicas competentes y en el marco del debido proceso.

Por último, los CPT son inconstitucionales pues imponen un nuevo control ineficiente sobre la economía. El último considerando del Decreto N° 17 insiste en la idea según la cual la guerra económica se mantiene. En realidad, desde enero de 2016 el Gobierno ha dispuesto de pleno poderes —inconstitucionales— para atender a la emergencia económica, de lo cual han derivado nuevos y complejos controles que, simplemente, restringen más la oferta de bienes y, por ende, agravan todavía más la crisis económica.

Pues la crisis económica en Venezuela no es consecuencia, como pretende hacer ver el Decreto N° 17, de la ausencia de controles. Todo lo contrario: esa crisis es consecuencia de controles arbitrarios y desproporcionados, que han desincentivado la oferta de bienes y servicios.

De lo cual resulta una situación paradójica: se crean los CPT para controlar la producción y distribución de productos que no existen, pues los controles arbitrarios han afectado, severamente, la producción y distribución de bienes en Venezuela.

Fuente:
Ilustraciones: Alexander Kosolapov.

viernes, 24 de marzo de 2017

TELESCOPÍA POLÍTICA

El trago amargo para un partido subsidiario
Luis Barragán


Desde sus orígenes, la revolución cubana tuvo mejores relaciones e intereses con la ultraizquierda venezolana que, por identificarla de alguna manera, con la izquierda marxista institucional. El Partido Comunista de Venezuela (PCV), identificado con el proceso hasta el sol de hoy, jugó un papel secundario frente al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y sus posteriores derivaciones, aún lejanas, como el propio chavismo.

Luego de la derrota política de la subversión armada, a propósito de los comicios de 1963, se hizo cada vez más evidente la de carácter militar, por lo que el VIII Pleno del CC del PCV decidió responder a las circunstancias adversas, comenzando por las propias de un frente guerrillero que, a un lado, sintonizaba con el empedernido foquismo continental de los días, y, al otro, trataba de sobrevivir a las fracturas y divisiones. A la significativa y, a la postre, trascendente expulsión de Douglas Bravo de sus filas, añadido el exitoso y fortísimo desmantelamiento del frente más cercano a la ciudad capital (por cierto, en “El Bachiller” muere “El Chema” Saher, hijo de un gobernador adeco), se unió el discurso de Fidel Castro del 13 de marzo de 1967 que Luigi Valsalice caracterizó como el de “un largo ataque de inusitada violencia contra los dirigentes comunistas venezolanos”, firmemente respondido – tres o cuatro días después -  por quienes sentían la necesidad de abandonar las armas, reiniciar la lucha de masas y condenar el terrorismo (“Guerrilla y política”, Pleamar, Buenos Aires, 1975: 75 s.). Acotemos, por esos pesarosos días, declarando desde la clandestinidad a Germán Carías,  el secretario general - (re) entrante - del PCV, Pompeyo Márquez, expresó: “Fidel tendrá que reconocer su error. Nuestro partido no es cobarde, ni claudica ni se vende. Allí está nuestra lucha de 35 años como ejemplo” (El Nacional, Caracas, 27/04/1967).

Al pasar los años, las relaciones de Castro con el PCV tendieron a normalizarse con la distante cortesía de quien las hizo óptimas con el propio y satanizado Carlos Andrés Pérez y, luego,  por sobradísimas razones,  con Hugo Chávez, el gran benefactor. Cumplidas las formalidades para familias ideológicas tan afines,  las nuevas generaciones de dirigentes del partido, haciendo gala de la ortodoxia, varias veces intentaron un acercamiento con La Habana que nunca se compadeció con el estrecho parentesco que los herederos de esa ultraizquierda aún cultivan.

Así las cosas,  a medio siglo de aquella polémica, importa poco o nada a Raúl Castro y, mucho menos, al orgullosamente ignorante Maduro, el destino del PCV al que quiso someter a la revalidación partidista, pues, la organización ha anunciado que no la hará y, a la vez, recurrirá al Tribunal Supremo de Justicia. Por mucha lealtad que tengan con el gobierno que les concedió dos o tres cupos en su lista parlamentaria, siendo un partido subsidiario del PSUV,  no le quedará más remedio que  integrarse o desaparecer, muy quizá dejándose quitar el nombre si apuran mucho al clan gobernante.

El observador más incauto, por mil diferencias políticas e ideológicas que se tengan, podrá apreciar de un solo vistazo el contraste entre el PCV y el PSUV; nos permitimos añadir, presidida por un dirigente comunista cuando la integramos, era en algo distinta la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional, frente al conductor pseuvista, aunque el resultado fuese desgraciadamente el mismo. De continuar, el madurato se echará al pico las varias décadas de historia del PCV y, como en La Habanera, ni un eructo brindará.

20/03/2017:
http://www.diariocontraste.com/2017/03/el-trago-amargo-para-un-partido-subsidiario-por-luis-barragan-luisbarraganj

sábado, 23 de julio de 2016

LO BUENO PARA EL PAVO, LO BUENO PARA LA PAVA



De un (in) voluntario autogol

Luis Barragán

Hacia 1992, es necesario reconocerlo, el país experimentaba una fuerte crisis política, sin que hubiere los medios constitucionales para referendar sus soluciones.  Empero, no menos necesario, importa distinguirla de la que padecemos en 2016.

Ayer, bajo la Carta de 1961, los eventos hallaron una adecuada e inmediata respuesta institucional que, cumplida una corta transición, condujo a los pacíficos y puntuales comicios presidenciales de 1993.  Hoy, excedida de los estrictos límites políticos, adquieren una dramática dimensión: la de una crisis humanitaria que, bajo la Carta de 1999, sabe de toda la resistencia gubernamental ante una consulta popular que evidentemente llena los extremos constitucionales y legales para realizarse, manipulando groseramente los plazos en el intento enfermizo de posponerla.

Los medios digitales del Partido Comunista de Venezuela (PCV),  concretamente los especializados en su historia, en fecha reciente,  publicaron la portada de la edición correspondiente a “Tribuna Popular”, Caracas, nr. 14, X época de junio-julio de 1992, la cual reza: “Referéndum  revocatorio única salida pacífica”.  Y, comentan, frente a muchos que se adjudican como los pioneros, el partido fue de “los primeros en pedir la utilización legal de este mecanismo”, por lo que el impreso desmonta “como siempre” el mito (*).

En forma alguna pretendemos desconocer el carácter precursor alegado, como pueden hacerlo otros, aún desde los remotos tiempos de la COPRE, aunque - por lo menos -  esta noticia retrospectiva genera la curiosidad actual. Una de tres, o todas: asistimos a un legítimo redescubrimiento, ahora expuesto ingenuamente; la organización está de acuerdo en 201 6 con la fórmula, siendo imposible discutirla en el seno de la alianza oficialista y, menos, publicitar su postura; o, preventivamente, desea dejar constancia indirecta de una disidencia que le acarrearía importantes riesgos políticos.

Lo cierto es que, al comprometerse con la infinita postergación del referéndum revocatorio, procurándolo – a lo sumo – para un 2017 de previsibles reacomodos, la portada en cuestión desautoriza moralmente al PCV,  aún  fuese otro el propósito original. Y, en definitiva, aunque su papel es secundario o subsidiario respecto al PSUV, constituye un severo indicio del errático periplo del leninismo en Venezuela.


18/07/2016

domingo, 13 de septiembre de 2015

REAPARICIÓN

De la Ida y vuelta de la utopía
Luis Barragán


Contábamos con notables elencos políticos de la más variada estirpe ideológica, cuya experiencia acumulada  hicimos nuestra. Quizá hoy asistimos a la asombrosa pérdida de un valioso legado, incluyendo importantes fuentes documentales,  frente a aquellos prolíficos reinventores del agua tibia, contentos con el efímero gesto mediático.

Muchas veces, en nuestros recorridos por la vieja hemerografía, dimos con Héctor Rodríguez Bauza, prominente dirigente contra la dictadura perezjimenista que fue apagándose poco a poco al pasar las páginas. Gracias a Nicomedes Febres, nos enteramos de la reciente publicación de sus memorias y, muy bien distribuido, hallamos el ejemplar: “Ida y vuelta” (Editorial Punto, Caracas, 2015).

Compartimos el  “emotivo, sentimental y un tanto desordenado recorrido” (103) del culto comunista y magallanero (nadie es perfecto), quien tenía la cara de pendejo mejor administrada del país, según Manuel Alfredo Rodríguez (189).  Lector insaciable, ha cumplido con las nuevas generaciones al entregar sus memorias, adecuada y espontáneamente acotadas, sin caer en la tentación de la vanidad intelectual, con el acento de una convincente modestia y un estupendo sentido de humor.

Es el cronista de la Venezuela olvidada, con sus pueblos y ciudades, personajes, calles y esquinas, que transita rápido por el jazz estigmatizado, deja constancia de la rivalidad entre Luis Alfonzo Larraín y Billo Frómeta, alude a Vicente Emilio Sojo, Antonio Estévez, Evencio Castellanos, Antonio Lauro y el Quinteto Contrapunto.  Cabal margariteño, los capítulos iniciales versan sobre Juangriego y la riqueza humana de la isla que espiritualmente habita, complementada con aquella Caracas que extravió hasta el “sonsonete que tenía en su manera de hablar” (46), tomando nota de los lugares foráneos que palpó en sus cortos y largos, voluntarios e involuntarios viajes de un activista que maduró tempranamente.

Reporta extraordinarias y ocurrentes anécdotas, como el cobro del aporte financiero al partido de Miguel Otero Silva, el seguimiento policial a una reducida célula comunista compuesta mayoritariamente por infiltrados, las ocurrencias de Estévez en sus faenas turísticas, la “sonrisa que de vaina no le dio la vuelta completa a la cabeza” de Carlos Canache Mata al concluir un discurso universitario, la vida carcelaria,  los afanes margariteños o los propios de la militancia clandestina, y también la severa mordacidad del padre que siempre  tuvo cerca (165).  En su trazo histórico,   afortunadamente evita en lo posible  repetir lo ya conocido.

Páginas estelares, versa sobre la constitución de la Junta Patriótica, la huelga universitaria de 1957 y el desenlace del régimen, dedicándole sendos capítulos al carácter del 23 de Enero y al que tuvieron los hechos de 1945 (XXVIII y XXIX). Curioso, hubo personeros del régimen depuesto que, por momentos, contribuyeron financieramente en correspondencia con los sismos interiores (161), al igual que apunta a la contribución popular que se hizo para la causa cubana, sumando a los propietarios de las empresas cinematográficas (213).

La insurrección armada que partió de la política de hechos cumplidos, a espaldas de la dirección del partido (74 ss., 271), añadido el contacto y la alianza con sectores – además – perejimenistas, “aunque de manera difusa y hasta vergonzante” (273), genera gran interés ocupando el feroz anticomunismo betancourista la escena: “No fuimos unos angelitos ciertamente. Pero frente a nosotros no estuvo el Niño Jesús” (228),  Advierte los desafueros represivos y apenas sobrevuela las conversaciones personales con la alta dirigencia cubana, sumado Ernesto Guevara.

Rodríguez Bauza aporta al balance histórico, por lo que valoramos el testimonio de sus diligencias hasta financieras en el exterior para las guerrillas, pues, si bien es cierto que hubo excesos de represión, no menos lo es que hubo motivos para enfrentarlas. Balance requerido de la verdad responsablemente dicha, en vez de la tormentosa e interesada versión que ahora tiene jerarquía oficial.

Bitácora de contrastes que pueden resultar graciosos, en medio del drama, pues un día viene de disfrutar una paella allende la mar y al otro,  sufre los planazos en la Cárcel Modelo de Caracas, luego de su captura, para cumplir algunos años encerrado hasta que el gobierno de Leoni lo pone en un avión para ir a vivir en la Unión Soviética, donde asistió también a una escuela de entrenamiento subversivo. Señala el ambiente soviético de frustración, estancamiento y tedio, como le sorprendió que, en un viaje anterior, los comunistas alemanes distinguiesen entre la jerarquía partidista y los dirigentes de base (292, 331).

De una prodigiosa memoria, reconstruye situaciones, nombres y vivencias del Partido Comunista de Venezuela, orgulloso de contarse entre los fundadores y propulsores de la Juventud Comunista, relacionando las actividades liceístas, las lides formativas, los aparatos de seguridad dentro y fuera del país,  entre otras de las facetas de un partido organizado y principista, aunque devoto inevitable de Stalin (134, 344). El autor se incorporó al Movimiento Al Socialismo (MAS), años más tarde, culminando sus tareas partidistas a través de Deslinde y como Secretario de la Fracción Parlamentaria de los otrora anaranjados en el Congreso de la República, pues, de sobradas credenciales políticas, el celebérrimo dirigente se deslizó al anonimato, quizá porque las suyas fueron siempre las faenas más riesgosas:  el bajo perfil tuvo por aprendizaje el combate contra una dictadura militar que fue prioritario derrotar (119) y, después, durante la consabida lucha armada, le dio “más importancia a lo que podríamos llamar labor conspirativa”, en lugar de la parlamentaria (231).

Memorias que tendrá que complementar, ya que despertó la curiosidad por circunstancias y actores de los que deseamos – todavía – una mayor precisión. Espera en la que confiamos por el abanico respetuoso y sobrio que ha abierto después de consignar sus impresiones sobre Juan Bautista Fuenmayor, señalar a Renny Ottolina como el precursor de la antipolítica en Venezuela, reconocer a Luis Herrera Campíns o a Luis Esteban Rey,  cotejar a Arturo Uslar Pietri y a Mario Briceño Iragorry, hablar de la caída de Jacobo Arbenz, reconocer a Clímaco como héroe anónimo contra la dictadura, enaltecer a Óscar Centeno Lusinchi, defender de la infamia a Alfredo Tarre Murzi, señalar a Jorge Giordani…, transmitiendo respeto y cariño por los viejos protagonistas de su partido, como Gustavo Machado.

Edición capaz de competir en los más exigentes anaqueles extranjeros, con la inteligente portada de Jorge Valoz, cuenta con un pequeño repertorio de fotografías que merecen la nitidez de las redes sociales.  A pesar de los avatares, por cierto, Rodríguez Bauza debe contar aún con un buen archivo que ojalá tenga a bien publicar.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/23767-de-la-ida-y-vuelta-de-la-utopia

domingo, 10 de mayo de 2015

¿LODO DE ESTOS POLVOS?

Les dio por gobernar a los mudos 
Ox Armand

A mediados de los sesenta del XX, buena parte del sector insurreccional experimentaba el desaliento de la derrota política ya en vías de una definitiva en el campo militar. Como ocurre en estos casos, las manifestaciones de inconformidad e indisciplina, incluyendo la deserción y la cooperación directa e indirecta con los órganos represivos, los pleitos y rencillas domésticos, precedieron al debate que intentó amainar y neutralizar el renovado voluntarismo de  Ernesto Guevara, la intensa propaganda a favor del foquismo que  encabezó  Régis Debray y la cada vez más decidida intervención de Fidel Castro a tal punto que, por 1967, lo confrontó con el PCV. Derrota suficientemente anunciada con los comicios generales de 1963, a la vuelta de dos o tres años, pación también era un propios y extraños hablaban de la necesidad de pacificar al país al igual que punzaban sobre las tesis políticas e ideológicas que resultaron del III Congreso del inmediato post-perejimenismo, respecto a la única entidad que los agrupaba: el PCV.  Por una parte, articulada y eficazmente implementada por Caldera I, todo estaba encaminado a la política de pacificación a pesar de las resistencias.  Apenas cimentándose como un llamado, durante el  gobierno de Leoni, la pacificación también era un formidable pretexto para los tercos que esperaban alguna ocasión para el rebrote de la violencia organizada (como lo comprobamos años después con el Movimiento Universitario de Renovación que logró el MIR contaminar). No importaba que la UCV fuese un magnífico refugio de armas y grupos, amparados por la autonomía, pero esa pacificación la reclamaba vehementemente el rector Bianco, iniciándose – por añadidura – un mito. Por otra parte,  en el campo estrictamente ideólogico, aquella izquierda marxista que no pudo evitar la que florecía en la juventud demócrata-cristiana, fuerte competidora en universidades y liceos, comenzaba a cuestionar tesis oficiales como la de una revolución anti-imperialista y anti-feudal, cuya etapa democrática-burguesa pasaba por la inevitable incorporación de una burguesía nacionalista. Se atravesó la invasión soviética a Checoeslovaquia, atizando y sincerando las diferencias.

La pacificación significaba admitir la derrota y zanjar públicamente esas diferencias.  Desde el reconocimiento de UPA para las elecciones de 1968, válvula de escape que no tiene todavía el reconocimiento de los historiadores de ambas aceras, hasta la cada vez más acelerada reincorporación a la vida civil de los más destacados líderes, hervían temas que fueron decisivos para institucionalizar una profunda discusión que tuvo, entre otras, herramientas esenciales como Tribuna Popular y Deslinde, sendos semanarios o quincenarios en los que la tinta cobraba densidad. Publicado “Checoeslovaquia, el socialismo como problema” de Teodoro Petkoff, ampliamente publicitado por el Kremlin, gracias a su condena, adquirió mejor calibre la polémica que versó  en torno a la derrota guerrillera y la propuesta socialista, actualizando a todos los actores. Fue de una riqueza extraordinaria, con todos sus matices. Unos, optaron por las viejas tesis, mientras que otros – sin dudas, más radicales -  fomentaron una propuesta decididamente anti-capitalista, sin otro trámite que la propia democracia que habría de facilitarla. Y Petkoff fue uno de los más resueltos polemistas hasta contribuir, uniendo fuerzas con Pompeyo Márquez, a la división del PCV y el nacimiento del innovador MAS. Cuenta en su haber con una larga bibliografía que así lo confirma. Sin embargo, ejemplificando la densidad del debate, recuperamos una entrevista aparecida en Deslinde (Caracas, nr. 8 del 15/07/1969), en la que enfatizaba que las contradicciones sociales ya eran propias del país urbanizado que dejó mucho tiempo atrás el campo, co un desarrollo del capitalismo dependiente, inscrito en el neocolonialismo. “Mi opinión – decía – es que el concepto burguesía nacional es mucho más ideológico y político que puramente económico. Y si existe un sector que económicamente responde al concepto burguesía nacional, ideológica y políticamente es casi inexistente”.  No encuentra una carga revolucionaria en la contradicción burguesía nacional e imperialismo, como si en una alianza de obreros, campesinos, pobrecía urbana, pequeña-burguesía, estudiantado. Respecto al partido, señalaba la sacralización de los principios de organización, defendiendo el derecho a la información en una democracia interna que, para enfrentar el fraccionalismo, requiere del libre juego de tendencias. Asentaba frente al ultraizquierdismo que tiene una apreciación irreal de la situación del país, alimentando quimeras, confrontaciones prematuras y “actúa muchas veces como agente provocador inconsciente creyendo en la teoría del ‘detonante’”. Más que de una izquierda o derecha en el PCV, hay un pensamiento atrasado que evidentemente contrasta con otro avanzado. Finalmente: “En estos momentos lo que sólo muy generosamente podemos llamar lucha armada – porque creer que esas acciones esporádicas, pueden ser una lucha armada, sería formar parte de la masturbación ‘revolucionaria’ a que son dados algunos representantes de la ultraizquierda”.

Ya para la década de los setenta, esa izquierda atravesaba un profundo debate de actualización. Significaba el re-conocimiento (SIC) del país y del propio marxismo que la inspiraba. A favor o en contra de determinadas tesis, todos estuvieron incorporados a la discusión.  En defensa de la Unión Soviética que la juraron mancillada por Petkoff, Pedro Ortega Díaz, Antonio García Ponce y R.J. Cortés, publicaron – a modo de ilustración –  “Las ideas antisocialistas de Teodoro Petkoff” (Ediciones Cantaclaro, Caracas, 1970), apoyado por el CC del PCV sin carácter resolutivo: “Para cualquier marxista-leninista comprender el papel de las ciencias sociales en las condiciones del capitalismo monopolista es una cuestión básica. Lamentablemente Petkoff al deslizarse por la pendiente del antisovietismo beligerante se apoya en las formulaciones propias de la sociología norteamericana financiada por los monopolios norteamericanos y difundida hábilmente entre la juventud por los neotrotskistas y agentes de la CIA para distorsionar el movimiento revolucionario, sembrar la desconfianza hacia el movimiento comunista mundial”. El propio García Ponce, regresando de los mitos, coloca un ingrediente decisivo en sus reflexiones al referirse a las Fuerzas Armadas y a las consecuencias de su tutela, amarga y dulce a la vez, con ocasión de la necesidad de restaurar la institucionalidad violada “sea por Betancourt, sea por el PCV”. Y de cara a la actualidad, pregunta: “… ¿No habrá llegado la hora de que nuestros hombres de armas estén dedicados en exclusividad a la faena militar…?” (“Sangre, locura y fantasía. La guerrilla de los 60”, Libros Marcados, Caracas, 2010).  Pero, en fin, ¿a qué viene todo esto?

Los actuales elencos del poder en Venezuela, olvidan lo que ocurrió realmente en los años sesenta y mucho más el debate que generó la derrota de la insurrección armada. Pasaron de largo ese debate, aferrados al foquismo insensato que languideció y tomó  por atajo la figura de un militar golpista. Por eso, en nada sorprende las opiniones, gestos y desplantes del grueso de los parlamentarios del PSUV a los que hacen coro los del  PCV. Ni el predominio de la generación ultraizquierdista de los ochenta que, por algo, tienen a los hijos de Jorge Rodríguez en posiciones de una enorme influencia. Este es un régimen de la ultraizquierda que apagó, asimilándolos cómodamente, ese ultraizquierdismo penitente y heredero de los que se resistieron a la pacificación y muy tardíamente se incorporaron a la vida civil resignados a los papeles secundarios que también jugaron durante la subversión. Son como una mezcla de las películas de Román Chalbaud, los volantes contra el artículo 5to. (el de la famosa nacionalización), cuyo único esfuerzo intelectual ha sido el de repetir las letras de las canciones de Alí Primera. No son marxistas, sino leninistas al modo tropical de Fidel Castro.  Explicación de todos los errores, terquedades, desaciertos y prepotencias de quince largos años de un mismo gobierno que se fundamenta en el culto a la personalidad de Chávez Frías y la devoción militarista. Puede perdonarse de los protagonistas de hoy que no vivieron la etapa de la insurrección armada o desempeñaron roles de escasa importancia política, mas no de los informados, de los que militaron desde siempre en la izquierda y debieron aprender las lecciones. Entonces, ¿para que se fue Eleazar Díaz Rangel del PCV?  Al hacer la crónica del terremoto que vivió el partido, escribe: “El caso es que esta tarde, cuando la división es un hecho irreversible, había tomado una decisión. Tomé plena conciencia de ello después que Alonso Ojeda me dejó en los bloques de San Martín…” (“Cómo se dividió el P.C.V.”, Domingo Fuentes, Caracas, 1971).  El peor caso es el de Jorge Giordani que hizo del MAS una tesis doctoral. Todo el libro “La propuesta del MAS” (UCV, Caracas, 1992), niega lo que hizo y dijo a lo largo de dieciséis años, con una soberbia digna de una mejor causa que la de arrastrarse a Chávez Frías Muerto éste, ¿se acabo la rabia? Porque – apenas – señaló el caso de los veintitantos mil millones de dólares de empresas de maletín en las postrimerías del ejercicio del poder que lo tuvo como el ministro planificador (SIC) del desastre que vivimos. ¿Qué no ha callado?

Esta larga nota es de tristeza. Les tocó gobernar a quienes jamás discutieron. Mudos, entretenidos, como aquél Paúl del diente roto de Pedro Emilio Coll.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/22467-les-dio-por-gobernar-a-los-mudos
Reproducciones:
- El Nacional, Caracas, 06/12/1965.
- Eleazar Díaz Rangel, Carlos Augusto León y Arturo Pardo, en la sede delPCV por aquellos días de su división. Fotografía de Villalobos/Molina para un reportaje de Fredy (SIC) Balzán: “Las confesiones de Pompeyo”. Momento, Caracas, nr. 756 del 10/01/1971. Igualmente se encuentra en el citado lbro de Díaz Rangel. Ya sabemos de la autoría de la gráfica, aunque el reportaje no hizo la distinción entre Villalobos y  Molina.

domingo, 28 de septiembre de 2014

CAZA DE CITAS

"La verdad fue una lucha bien arrecha, decía Oswaldo, desnudo en la cama  y fumándose un cigarrillo, la verdad que fue arrechísima, uno se pone a sacar cuentas, a intentar una reflexión crítica y se hace muy difícil. Fue culpa de la dirigencia, fue culpa de un voluntarismo revolucionario que quiso ir más allá de las condiciones objetivas, fue un contagio de la revolución cubana que nos impidió ver nuestra propia realidad, fue la desorganización e imprevisión de las acciones, fue el fracaso de la guerrilla campesina en un país fundamentalmente urbano, fue en última instancia una derrota militar, fue el fracaso histórico del PCV que no tuvo la voluntad de poder para aprovechar el momento óptimo del 23 de Enero. Es extraño porque no ha pasado mucho tiempo y sin embargo me parece que estamos hablando de algo ocurrido hace mil años, me sucede igual que cuando yo estaba chiquita y mi papá se ponía a hablar de la guerra civil con sus amigos en La Candelaria, deban la impresión de que hablaran de la prehistoria, de algo que ya estaba en los libros..."

Ana Teresa Torres

("El exilio del tiempo", Monte Ávila Editores, Caracas, 1990: 214)