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domingo, 2 de febrero de 2020

LUCES Y SOMBRAS

De la vocación parlamentaria
Luis Barragán

Hemos ganado una importante experiencia que requiere de sobrada humildad para materializarse en otra que edifique el parlamento sobre las reales vivencias ciudadanas, autorizándolo política y moralmente para la propia construcción de la  sociedad deseada, en libertad.  La condición de parlamentarios, dista mucho de ser un privilegio cercano a esa suerte de nobleza titulada que acostumbramos en torno a las jerarquías políticas, por republicanas que se digan. Empero, urge una interlocución también sobria, respetuosa y consecuente.

Más allá de la diatriba entre la unicameralidad y la bicameralidad, importa descubrir, distinguir y desarrollar la vocación parlamentaria en Venezuela El XXI no lo ha permitido, en la dura tarea de sobrevivir y superar una dictadura antes hábilmente enmascarada. 

La  Asamblea Nacional, modelada definitivamente por el infeliz disparate que llamaron congresillo, nació como la irreprimible sucursal u oficina subalterna de Miraflores, administrada por dos o tres voces del PSUV, cuyo primer presidente, William Lara se esmeró en encubrir con  la retórica e iniciativas que simulaban el parlamento (*), quizá porque estaba aún fresca la tradición del extinto Congreso de la República, quizá porque la correlación de fuerzas lo obligó, incluyendo a su propio partido. Los sucesores tuvieron un mayor descaro, algo más que franqueza, lesionando no sólo a la institución, sino la percepción misma que de ella alcanzó la opinión pública que, por algunos sondeos de opinión, llegó a confundirla con el consejo de ministros que servía de telonero para el ilimitado espectáculo televisivo de Chávez Frías.

A veces, no reparamos en un detalle ya histórico: cuando el otrora MRV alcanzó una cuota importante de senadores y diputados en los comicios de noviembre de 1998, se creyó que el jefe de la fracción sería Omar Meza, quizá el más experimentado del nuevo elenco en las lides parlamentarias, pero la selección que hizo el barinés apuntó a Maduro Moros, por entonces, sólo un connotado activista de la organización, a todas luces inexperto para la nueva etapa o nivel que tenía referentes más aquilatados. El desarrollo de los posteriores acontecimientos, demostró que sólo quería al más decidido y  fanático, entre los subordinados: no vaciló cuando se le ordenó renunciar al Congreso, sabotear a la oposición, dispuesto a liarse a golpes para acentuar las condiciones que hicieran posible el particularísimo proceso constituyente; acotemos, como no dudó al desempeñar su papel en la inesperada cancillería de seis años, teniéndolo como tira-piedras en el concierto internacional.

Aprendices del poder en el poder mismo,  el promedio de los diputados del oficialismo ha complementado el castigo al pueblo venezolano, por sus ineptitudes, improvisaciones, sectarismos, sumisiones e irresponsabilidades, el correspondiente equivalente en la acera contraria. Avanzada la centuria, recordando a los otrora insignes parlamentarios del siglo pasado de cualquier signo, pensando sobre quienes hoy asoman un talento que requiere de distintos escenarios, creemos en la necesidad de recuperar urgentemente una vocación que ha soportado la perversa pedagogía del régimen. 

(*) LARA, William (2012) “Discursos insurgentes (1999-2006)”,  Fondo Editorial de la Asamblea Nacional, Caracas.

Reproducción: El Universal, Caracas, 12/08/1999.

03/02/2020:

domingo, 26 de enero de 2020

DEVALUACIÓN INSTITUCIONAL DEL SIGLO XXI

De las fracciones parlamentarias
Luis Barragán

Existe una larga y, a veces, inútil diatriba sobre la naturaleza e implicaciones de la  representación política relacionada con la inevitable configuración de los grupos parlamentarios de trabajo, bloques, bancadas o fracciones específicas que realmente dinamizan a la institución por sus legítimas afinidades temáticas, ideológicas o de  intereses que pugnan por agregase. Acotemos, Antonio Castagno (*), en una investigación ya de vieja data referida a la corporación argentina, aporta valiosas precisiones que ayudan un poco más a comprender el mandato nacional recibido por la oposición democrática venezolana de la que también se ha hecho un uso abusivo por partidos e individualidades, en 2015. No obstante, por siempre orbita el artículo 201 constitucional.

El presente siglo no se aproxima al carácter y desarrollo autonómico o de relativa autonomía que adquirieron las fracciones parlamentarias (FP) en el anterior, respecto a los partidos o movimientos de adscripción que obligó a determinadas soluciones institucionales. La propia distribución física en los hemiciclos del Senado y de Diputados, nucleadas por la afinidad o adscripción, creyó romperla el régimen que iniciaba al pretenderla únicamente por cada entidad federal representada hacia 2000, aunque – luego – la sinceró por partidos, afianzando la polarización,  desconocidas o negadas las bancadas realmente independientes, hasta acentuar  la fanática compactación oficialista con la reincorporación a la cámara en 2019, contrastante con la anarquía opositora, ya que el afán de ocupar las curules dependió más de la proximidad de las cámaras de televisión que la propiamente partidista.

Las FP supieron de una desigual evolución institucional, dependiendo del número de sus integrantes:  a veces, con una mera jefatura y subjefatura y, otras, replicando el diseño congresional, añadiendo sendos directorios y coordinaciones,  asambleas y sesiones  regulares, secretaría y cuerpo de asesores de variadas especialidades, con un funcionariado técnico y administrativo.  Cada FP, conformada más allá de las circunstancias, gozaba de representación, peso y prestancia en las direcciones de los partidos o movimientos de adscripción que también la hicieron objeto de reglamentación,  suscitando no pocos conflictos en las entidades más complejas o sencillas, que ameritó el nombramiento de Carlos Canache Mata como jefe de los numerosos senadores y diputados de AD o, curiosamente, ratificó el divorcio entre el diputado principal y el suplente, los dos únicos parlamentarios del MEP, en clara disputa por la oficina o sede del edificio administrativo de Pajaritos, a mediados de los’80 del ‘XX.

Señalemos, la FP de COPEI tuvo un interesante desarrollo que la llevó, incluso, a fundar la única y sostenida biblioteca especializada, abierta al público,  en todo el Congreso de la República, escenificando una sonada asamblea que debió elegir al nuevo directorio entre las ternas encabezadas por Gustavo Tarre / Luis Corona y Paciano Padrón / Gehard Cartay, sujeta a la confirmación del comité nacional, a finales de la citada década.  Hablamos quizá de la bancada que cuidó más de su tradición histórica, con altas competencias administrativas y técnicas de compararla con otras que tendían a imitarla estructural y organizacionalmente.

A finales de enero de 1999, luego de la dura convivencia con la constituyente que deseó cerrarlo desde sus inicios, se extinguió el Congreso y, con él, clausuradas sus sedes, la noción misma de FP, además, acusadas de ostentosas para ocultar el sesgo antipartidista y antiparlamentario de la dictadura -  paradójicamente ultrapartidista -  en ciernes que celebraba  a las asociaciones con fines políticos.  Algún día escribiremos pormenorizadamente sobre nuestra modesta experiencia de veinte años atrás que los desavisados creyeron apenas momentánea, rota – además – las inveteradas prácticas administrativas de lo que fue el parlamento.

(*) CASTAGNO, Antonio (1972) “Las bancas parlamentarias. Su pertenencia”,  Editorial Astrea, Buenos Aires, 1972.

Fotografía:
LB,  antes de comenzar la sesión (Caracas, 05/01/2020).

domingo, 24 de noviembre de 2019

EL DEBATE NECESARIO

Del Foro Parlamentario
Luis Barragán

Convengamos, la deliberación es uno de los elementos más importantes en una sociedad democrática. Cuando ella falla, está contaminada o, peor, es simulada, la conclusión luce demasiado obvia.

Por ello, el debate organizado y formal, convincente y eficaz, explica la existencia del parlamento. Una modesta aproximación al Estado, por lo menos, el constitucionalmente configurado en Venezuela, ratifica el reconocimiento y la jerarquía universales de la palabra compartida que, a su vez, explica a un  órgano – además  – independiente del Poder Público que, faltando poco, cuenta con la llamada irresponsabilidad de opinión de sus miembros.

Al dato sociológico y jurídico, debemos agregar el histórico, pues, hubo discusiones parlamentarias libérrimas y generadoras de consecuencias, por cierto, en leal competencia con las de una sociedad civil organizada que reconocía el valor de las instituciones públicas, como también experiencias fallidas en solfa con la prensa censurada, maniatada, disminuida y hasta inexistente. Hubo etapas luminosas del Congreso de la República del ´XX, todavía sin equivalentes en la Asamblea Nacional del ´XXI, añadido el intercambio constituyente.

Ciertamente, recompensado por las redes digitales, con sus altibajos y limitaciones, hay ya suficientes aportes académicos sobre la escasa calidad y maleada  intensidad de la polémica pública, ahora degradada por lo que es, al fin y al cabo, todo un régimen que vela celosa y agresivamente por sus más íntimos intereses.  Otra obviedad, salvo las excepciones de rigor, ha contaminado la propia polémica parlamentaria que fuerza a la sociedad a escenificar y ampliar la suya.

Por ello, surgen los foros parlamentarios de  la ciudadanía, sin cortapisas. Quizá un antecedente, después de 2005, controlada absolutamente la Asamblea Nacional por la dictadura ya desenmascarada, varios diputados del período inmediatamente anterior realizaron frecuentes encuentros con los medios para darle salida al planteamiento de los problemas nacionales que no contaban con la escena ni el escenario adecuados, replicados prontamente con el llamado parlamentarismo de calle que ordenó Miraflores e, inexorablemente se convirtió o degeneró en sendos operativos asistenciales que se agotaron, como el mismo modelo de negocios que los inspiró.

En la actualidad, divorciada la Asamblea Nacional de los problemas nacionales que no logra traducir y, muchísimo menos, contribuye a solventar,  afectada como instancia de conducción política de la oposición, tienen pertinencia los foros parlamentarios, con un mínimo de condiciones que aseguren su sobriedad, claridad y contundencia.  Así, Vente Carabobo dio inicio, recientemente a la experiencia, en la parroquia  Miguel Peña que contó con el concurso de los afiliados de municipios cercanos y el de una ciudadanía políticamente  independiente.

Hubo discusión, debate o intercambio en los temas considerados más complejos, como el TIAR, el 187, la producción petrolera y las características que ha alcanzado la sociedad venezolana en los últimos años, por ejemplo. Esto ha significa, como lo hemos llamado en nuestras modestas intervenciones de cámara, la creciente parlamentarización de la sociedad que, más allá de las consignas, demanda sensatez, comprensión, racionalidad, argumentación, profundidad, seriedad, por muy modestos que sean los polemistas, a falta de la pertinencia y desarrollo  real del Orden del Día.


25/11/2019:

domingo, 21 de enero de 2018

ESFUERZO NACIONAL DE CIVILIDAD

Parlamento
Luis Barragán

La tentación es la de creernos en un parlamento normal, aceptado y respetado por un cabal desempeño institucional, frente a la otra de suponerlo una mera trinchera de ocasión,  sucursal de los partidos que lo dominan.  Es necesario reconocerlo, la confusión deriva del propio incumplimiento del mandato del 6 de diciembre de 2015 y, el más reciente y vigente, el del 16 de julio de 2017.

Inédita experiencia la nuestra, la corporación es la única  instancia sobreviviente de la que dispone la ciudadanía para legitimar sus mejores esfuerzos ante una dictadura macabra e implacable. Por ello, su más elemental deber, a pesar de las dificultades, es el de reivindicar sus competencias y fueros constitucionales.

La propuesta de un programa legislativo, por ejemplo, no significa desconocer las condiciones imperantes y por siempre orientadas a frustrarlo, pues, algo muy distinto es intentar una reforma legal relacionada estratégicamente con el ámbito económico, penal o militar, a la de pretender la serena discusión de un instrumento que reconozca la colegiación de los internacionalistas o la compensación doméstica por las fallas de la industria eléctrica. E, incluso, predipuesto Miraflores a no promulgar jamás un texto diferente a los emanados de la tal constituyente, convengamos en la importancia de una discusión y sanción legislativa que, por una parte, movilice a la ciudadanía y actualice el consenso ante los más variados problemas, echando – desde ya – las bases para un ordenamiento jurídico alternativo; y, por  otra, encare lo urgente y lo importante, como la defensa de la autonomía universitaria y de la universidad misma en Venezuela.

Significa que, al aportar al esfuerzo nacional de la civilidad contra la barbarie que asombrosamente se ha adueñado de la centuria, debemos partir de nuestras fundamentales responsabilidades parlamentarias, generando – por lo demás – los actos correspondientes para reforzar el compromiso de calle con la ciudadanía. Mal podemos quejarnos del irrespeto a nuestras inmunidades constitucionales, si no procuramos la tipificación del debido delito, por más que físicamente luchemos por demandarlo a la hora de enfrentar a los cuerpos represivos del Estado.

El venidero 24 de los corrientes, se cumplen 170 años de los lamentables sucesos del Congreso y mal podemos contentarnos con imitar a aquél parlamento que, asaltado con un número lamentable de muertos, en nombre de su supervivencia, se hizo dócil y complaciente con Monagas.  Ojalá haya interés por redescubrir lo acontecido en un siglo XIX que paradójicamente lo vivimos hoy, marcando un retroceso que nos sumerge en la perplejidad.

Reproducciones:  Abilio. Élite, Caracas, nr. 2863 del 05/08/1980.

21/01/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/01/21/parlamento-por-luis-barragan/

jueves, 7 de diciembre de 2017

TIEMPO DE ESPERA

Érase la buena praxis parlamentaria
Guido Sosola

Solemos olvidar que, aunque pocos hoy lo crean, tuvimos una larga y rica tradición parlamentaria. Al finalizar el siglo anterior, gracias a una onerosa campaña de desprestigio, la antipolítica se la llevó por el medio y no queda otro camino que el de un lento y penoso aprendizaje electo en 2015 que aún no lo cree.

Lo digo porque la semana pasada, la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional, concluyó por una penosa circunstancia que ojalá la última haya subsanado. En dos platos, aprobó sin quorum y, menos, debate, el acuerdo favorable al diálogo de República Dominicana; además, no hubo la consideración y aprobación del informe de la comisión de seguimiento designada, impidiéndole hablar a un representante de la novel fracción 16-JULIO.

Por supuesto, la historia del Congreso está llena de situaciones accidentadas, discusiones atropelladas, pero son muy contados los casos en los que no se cumplieron las debidas y mínimas formalidades parlamentarias. Éstas, como ocurre con las solemnidades de una sentencia judicial y el asiento notarial o registral, no se entiende sin el fiel cumplimiento de las formas.
Hubo momentos en el pasado que, a pesar de todos lospesares, se impuso la buena praxis parlamentaria: por ejemplo, promulgada la Constitución recientemente, hubo que suspenderla generando un debate en el Congreso que duró hasta la una de la mañana del 1º de febrero de 1961; no le quedó más remedio que, aun ausentándose de la cámara, aceptaran las fuerzas del gobierno la pérdida del control de Diputados en marzo de 1962 o la del Senado en marzo de 1968; irremediable, se investigó el caso de Alberto Lovera en 1965; volvió a reactivarse el cuerpo, dándole sentido al Reglamento Interior y de Debates, con la crisis asociada la reforma tributaria de 1966; se contó hasta el último voto con el Sierra Nevada en 1981. Hubo numerosas investigaciones que se diluyeron, incluyendo intervenciones históricas como las de José Rodríguez Iturbe y  Alfredo Coronil Hartmann sobre el destino del sistema democrático en los noventa que los diputados omitieron procedimentalmente, quedando sólo en discursos.

Con todo, érase la buena praxis parlamentaria que hoy, si desea reivindicarse ante la dictadura, la debe recuperar los asambleístas, recuperando el tiempo perdido en sandeces e improvisaciones. Significa recuperar la confianza de la ciudadanía, pues, inocultable, está desencantado con esta Asamblea Nacional que no debe cohabitar con la tal constituyente.

Reproducción: El ministro Carmelo Lauría. Reportaje sobre el mensaje presidencial. Resumen, Caracas, nr. 124 del 21/03/1976.
06/12/2017:

miércoles, 1 de noviembre de 2017

POR CIERTO, GUERRA AVISADA NO MATA SOLDADOS

Érase la (in) asistencia parlamentaria
Guido Sosola

En 1968, en medio de la lavativa que echaban las empedernidas guerrillas que nunca fueron tales, según el propio Domingo Alberto Rangel, y los fortísimos rumores golpistas de inspiración bien lejana al que efectivamente se dio y  encabezó Velasco Alvarado en Lima, un par de noticias forenses  estremecieron a la Caracas política. La una, relacionada con el recurso interpuesto por ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ) instalado con dificultades el Congreso, y, la otra, referida a la denuncia hecha contra los parlamentarios faltantes a las sesiones, por ante la Comisión Especial de Enriquecimiento Ilícito (CEEI).

Año electoral, los independientes o los que llegaron con esa bandera en los comicios de 1963,  coparon las directivas de las cámaras y, cuestionados los actos de instalación, la Sala Político-Administrativa (antes no existía la Sala Constitucional en una CSJ, sin dudas, más seria y convincente), conoció del asunto, aunque nunca lo resolvió, pues, hacerlo después no tenía objeto, dejando que un grueso libro ilustrara sobre el caso  y que todavía – esperamos -  debe estar en las arcas de la Biblioteca Nacional. Año electoral, al fin y al cabo, descendió todavía más el porcentaje histórico de inasistencias de senadores y diputados, por lo que Mariano La Rosa los denunció a todos, calculando en millones de bolívares las pérdidas para la nación, por cierto, expediente que nunca pudimos localizar y consultar, incinerado ya el recuerdo mismo.

Ayer, no hubo el debido quorum en la Asamblea Nacional (AN), remitiéndonos al viejo y nunca bien ponderado Congreso de la República. En éste, era recurrente el fenómeno, pero también muy concreto el costo político que representaba para los partidos indisciplinados, generando – muy de vez en cuando -  el escándalo de rigor hasta que, acumulado y asaz distorsionado, ayudó a deslegitimarlo por los cauces de la antipolític,a haciendo del desprestigio del Capitolio Federal uno de los elementos que ayudaron a Chávez Frías a llegar a Miraflores.

A través de los efectivos de la Guardia Nacional que preguntan a las puertas del Palacio Legislativo el nombre del diputado que va a sesión, impidiéndoles  la entrada de no revelarlo, la tal constituyente o, mejor, su directiva, sabe cuántos cumplen con su deber en la AN o, por lo menos, del deber de asistir. Lo peor es que, fuera de todo control, como si no hubieren los parlamentarios del oficialismo abandonado sus funciones, ella – la tal constituyente – acusa de vagos a la otra – la AN – en una dinámica perversa del lenguaje orientado a vaciar de sentido todo cuerpo deliberante, pues, la mentada vagancia afecta más a la primera que a la segunda: ahora, reparemos, al parlamentario de oposición no se le  permite abordar los aviones, fuere pública o privada la empresa; sortea todos los peligros en las carreteras, si es que todavía tiene carro; a falta del regular salario, difícilmente cubre los gastos de traslado, comida y de hospedaje en Caracas,  siendo muy contados los casos de aquellos que tienen guarda-espaldas (¡todo un lujo!); y, en fin, una revisión exhaustiva, añadida la junta directiva, de la asistencia a la cámara puede dar cuenta de muchas de las vicisitudes padecidas, aunque los haya que prefieren – justo el martes o jueves de sesión – ir a un programa de televisión o radial, en lugar de una sesión ya cantada por la baja rotación de los oradores en un mismo partido.

Érase la inasistencia nada calamitosa de  los congresistas  de antaño, en contraste con los asambleístas de hogaño, pues, en la dura y extendida coyuntura del presente, interpelando más al liderazgo o a la jefatura que al grueso de los diputados que son tales, por primera vez, pierde sentido, legitimidad y justificación el parlamento. Perdonen por pensar mal, pues, hay modos de arrodillarse: la tal constituyente no ha tenido la necesidad de cerrar formal, abierta y contundentemente la AN, pues, ésta, se ha encarado de hacerlo, colapsándose con lentitud Valga la coletilla, lo peor del asalto al Congreso de 1848 no fue la muerte de varias personas, entre ellas, algunos parlamentarios, de suyo demasiado grave, sino el arrodillamiento y sostenimiento por dos largas décadas del monagato, excepto los Fermín Toro que hoy los tenemos y debemos buscarlos.

11/11/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/11/01/guido-sosola-erase-la-in-asistencia-parlamentaria/
http://www.canaldiez.com/guido-sosola-erase-la-in-asistencia-parlamentaria https://apuntoenlinea.com/2017/11/01/erase-la-in-asistencia-parlamentaria https://venezuelaunida.com/guido-sosola-erase-la-in-asistencia-parlamentaria https://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/925752796447637504-guido-sosola-erase-la-in-asistencia-parlamentaria

domingo, 3 de septiembre de 2017

PERISCOPIO

No hay política militar
Luis Barragán


En un sentido, hay política militar con la inevitable conducción jerárquica que explica a la corporación, orientándola en el desarrollo de sus posibilidades operativas; y, en otro, no la hay, con la ausencia de un reconocido contrapeso institucional, capaz de ejercer el control de lo que, en definitiva, es una política pública debidamente contextualizada. La propia inexistencia de un régimen de convincentes libertades públicas, acentúa la autosuficiencia de la Fuerza Armada que, en la práctica, deviene partido político y, en principio,  adhiere al de su Comandante en Jefe, civil para más señas, para luego subordinarlo, como ocurre con el llamado Estado Cuartel.

En el presente siglo, es evidente la involución de las relaciones civiles – militares, pues, siendo el caso, conocimos de un pretorianismo atenuado, décadas atrás, con el papel desempeñado por el entonces Congreso de la República y sus comisiones permanentes de Defensa.  Más allá de la aprobación de los ascensos de la oficialidad superior, bajo la responsabilidad del senado, incluyendo a los diputados incursionaba en distintos campos, como el presupuestario, el programa de adquisiciones, el mantenimiento de los equipos y dispositivos,  como la propia formulación de una política de seguridad y defensa, probablemente sin la suficiencia y eficiencia que era de esperar, temerosos de la polémica pública.

Valga la paradoja, las otrora Fuerzas Armadas Nacionales derrotaron  la consabida insurrección de la década de los sesenta del XX, para luego    entenderse con quienes antes las habían combatido, trastocados en parlamentarios tras la exitosa política de pacificación. En días pasados, hurgando entre las viejas fotografías que reordenaban en la biblioteca de la Asamblea Nacional, hallamos  - por ejemplo  - una significativa pieza en la que también el diputado Radamés Larrazábal, prominente dirigente del PCV, visitaba uno de los submarinos de la Armada venezolana.

La señalada circunstancia, no tiene equivalente en la presente centuria, pues, en el anterior mandato legislativo, la Comisión de Defensa fue de exclusivo desempeño del oficialismo, siendo la oposición una convidada de piedra. De acuerdo a la vigente Constitución, los ascensos militares son de exclusiva competencia presidencial, quedando la citada Comisión para procesar los proyectos de leyes de interés para la Fuerza Armada, diligencia facilitada por los militares retirados que la presidieron, vedados cualesquiera otros de los aspectos de una política militar que lo es, en la medida que haya interlocución, contradicción y real superación de las diferencias.

Muy atrás quedan los debates parlamentarios que, directa o indirectamente, involucraban a la institución castrense, a propósito de los ascensos, las municiones yugoeslavas o los tanques AMX que, además, ventilaban libremente los medios de comunicación, pues, la opacidad es hoy una de las características fundamentales de las compras militares que acercan a Venezuela a los peores casos del planeta. Sin contrapeso institucional o control parlamentario, no hay política militar, sino el mantenimiento y  despliegue operacional del partido en el que inexorablemente se convierte.

Fotografía: El diputado Radamés Larrazábal y otro integrante no identificado de la comisión que visita un submarino de la Armada venezolana. Fecha imprecisa. Colección de la biblioteca de la Asamblea Nacional.
Breve nota LB: La edición digital de Vente Venezuela cuenta con una magnífica fotografía de María Cecilia Peña, la cual agradecemos.
04/09/2017: 
http://www.noticierodigital.com/2017/09/luis-barragan-no-hay-politica-militar/

sábado, 29 de abril de 2017

JAMÁS FUE PACÍFICA

De uno a otro gas
Luis Barragàn


Las más recientes jornadas represivas, con un lamentable saldo de muertos y malheridos, no constituyen la curiosa novedad deseada por los voceros del gobierno, sumergidos en el detergente que no logra quitar la sangre de sus manos.  De alguna manera, el discurso oficial pudo soslayar las consecuencias generadas por el oleaje represivo de su masiva rabia en 2014, neutralizadas las numerosas faenas de años anteriores.

Apenas instalado en régimen, no por casualidad, el mismo desde 1999, cercó la sede del otrora Congreso de la República, importándole un bledo que senadores y diputados hubiesen emergido de las urnas electorales meses atrás. Todavía recordamos una de las tantas faenas, compartiendo el gas mostaza y los golpes con Carlos Moros Ghersi, ya de edad avanzada, o el coraje que, por siempre, ha exhibido Roberto Campos, bajo una lluvia de proyectiles de los que después se sabían si eran de pólvora pura, perdigones o lacrimógenos.

El gas mostaza de entonces, teñía las calles del centro histórico de Caracas con el ruidoso respaldo de los llamados Guerreros de La Vega, motorizados empistolados que lucen como los tempranos precursores de los llamados círculos bolivarianos y colectivos armados. Deslumbrada y confundida la opinión pública por la promesa constituyente, la que se concretó en una asamblea de una portentosa sobrerrepresentación gubernamental, dejó pasar aquellos eventos inaugurales de un régimen caracterizado por el audaz cinismo de una vocería que no teme a la justicia divina o terrenal.

En la esquina de San Francisco, camino  a la sede legislativa desde las oficinas administrativas, dizque pintores, solía agruparse un número escasos pero bullicioso de los partidarios de  Chàvez Frìas, cuya única labor era la de provocar a los parlamentarios y demás dirigentes de la oposición. De la agresión verbal no pocas veces se pasó a la física, asumidas como una suerte de divertimento que procurara el fortuito reconocimiento de un dignatario del novísimo gobierno. Sin embargo, en su acepción ordinaria, se levantó descomunal el mito de una transición pacífica.

Incluso, iniciando el camino de su ascenso burocrático como nunca lo pensaron sus rivales más cercanos, provenientes de la academia, el hoy embajador venezolano ante la OEA, Samuel Moncada, suscribió unas notas intituladas “Poder Legislativo: pasado, presente y futuro” (Comisión Legislativa Nacional, Caracas, 2000).  Referí el intrépido historiador: “No deja de ser un mérito que el sistema parlamentario punto-fijista murió sin violencia y por la voluntad popular.  Este mérito es compartido tanto por los vencedores como por los vencidos”.

La mentira comenzaba a edificarse, aunque ya se asomaban los signos del descontento que fueron abortados dramáticamente dos años más tarde. La destrucción del Congreso supo de una violencia administrada con saña, paciente y artera en resguardo delas meras formalidades. Y, al mismo tiempo, la asamblea constituyente resultó tempranamente secuestrada por la directiva en línea directa con Miraflores. Por supuesto, hubo la candidez de ciertos sectores de la oposición, añadidos los más importantes medios de comunicación que posteriormente fueron facturados, en un rápido contraste con aquellos que la sola y básica formación política e ideológica, por llamarlo así, impidió que mordieran el anzuelo.

Los gases de un angustioso presente, licuados con una intención homicida que cada vez se hace más evidente  para intentar frenar la protesta irrefutablemente popular, tienen por origen aquellos que cundieron la sede legislativa y sus alrededores por enero y febrero de 1999, abriendo las puertas a un precipicio histórico. Lo más importante, por entonces, era también decapitar a los elencos políticos y parlamentarios quizá – salvando las diferencias – con el mismo empeño que la generación animada por el Congreso de 1811, decapitada al caer la Primera Repùblica, por cierto, una denominación de entero cuño historiográfico.
Ilustración: Alberto Castro Leñero.


30/04/2017:

domingo, 4 de septiembre de 2016

UNA SIGNIFICATIVA VICISITUD DEL VIEJO PARLAMENTO

De una remota reforma tributaria
Luis Barragán


Los venezolanos contamos con una historia y una tradición parlamentarias que contrastan con la última década y media, la que se aprovechó de verdades e infamias que ayudaron a la pretensión de liquidar a un órgano independiente del Poder Público. La rápida reminiscencia contribuirá - de alguna manera -  a reivindicar al viejo Congreso de la República en el que, es necesario recordarlo, significativamente se sentaron aquellos que atentaron contra la naciente democracia representativa, gozando de todas las garantías, como las fuerzas leninistas y perezjimenistas.

Medio siglo atrás, el entonces gobierno encabezado por Raúl Leoni planteó e impulsó la llamada reforma tributaria, luego diluida y derrotada que, por cierto, en la perspectiva histórica, luce tan tímida y también – convengamos – pareció oportuna y hasta necesaria. Tres circunstancias políticas legitimaron la existencia de la bicameralidad de una amplitud de corrientes que, acaso, dialécticamente, zanjó o dijo zanjar el ulterior bipartidismo.

Además de la propia reforma planteada, por una parte, mostró una diferenciación entre los partidos mismos, leales al sistema, con el gobierno que concursaban o no, como URD, FND, COPEI. Apuntemos, al lado de  la alianza de aquellas organizaciones definitivamente  antipuntofijistas que expresaban las posturas de los abstencionistas y rebeldes que quedaron  fuera de toda representación en los comicios de 1963, las hubo discrepantes así coincidiesen – por lo menos – con el espíritu del consabido pacto de estabilización política.

Ante la insistencia gubernamental de imponer la agenda reformista, por otra parte, hubo la respuesta de quienes la adversaban desde el Congreso, pues, un boicot impensable para los gobernantes del siglo XXI hasta ahora conocido, simplemente, emplearon el recurso de no acudir a las sesiones, imposibilitando el quórum reglamentario. Un hecho que arroja una extraordinaria lección, el regreso a sesiones estuvo condicionado a la revisión del gasto público y, camino a la discusión del proyecto de presupuesto anual, fueron intensos y muy publicitados los debates que, incluso,  obligó a los más altos funcionarios del Estado a responder a las preguntas de senadores y diputados, dentro o fuera de los hemiciclos, transcurriendo el año de 1966.

Finalmente, fruto de la organización y movilización de una clase media, otrora más compacta, con la modesta variedad  interior y anterior a  las grandes bonanzas dinerarias, nuevos nombres y bríos surgieron al calor de la polémica, como el de Guillermo Morón y lo que, luego, se conoció como el Movimiento Desarrollista, enemigos de la reforma. Por cierto, queda acá como un indicio de resistencia de determinados sectores sociales a abandonar el sempiterno rentismo de nuestros tormentos, en una evaluación histórica, sociológica y politológica que todavía está pendiente.

Fotografía: Postrimerías del gobierno de Raúl Leoni. Participación de la instalación del Congreso. AD  y los ya había perdido las elecciones de 1968. Con el presidente Leoni, el presidente y vicepresidente del parlamento, José Antonio Pérez Díaz y Jorge Dáger. Luce irrefutable que hubo, como no lo hay en este nuevo siglo, una distinción entre los actos de Estado y los de gobierno, siendo inconcebible que el presidente de la República ejerciera la jefatura del partido que lo sustentaba y encabezara sistemáticamente sus actos.


11/09/2016:

lunes, 23 de mayo de 2016

EL RETORNO A UNA VIEJA PRÁCTICA



AN: una hazaña de la comunicación

Luis Barragán

Obviamente limitados los medios de comunicación, antes de las innovaciones tecnológicas, las deliberaciones del antiquísimo Congreso – creemos – llegaban a la ciudadanía interesada por la noticia transmitida de boca en boca, los partidos que avalaban con los hechos las intervenciones de sus diputados y senadores, como los impresos que a los días las publicaban extensamente.  El posterior empleo de la radio y de la televisión para una continua transmisión, no era frecuente. Sin embargo, especializada la fuente, intentaron y lograron una mínima y satisfactoria reseña de los debates que hicieron – por definición – la noticia.

Aficionados a la vieja prensa, a veces observamos con curiosidad periódicos – digamos, por ejemplo, principiando los sesenta del XX – que recogían completamente los discursos decisivos de las más diferentes tendencias, prosiguiendo la tradición de la crónica, sección obligada por varias décadas, como también lo fueron el reporte del tiempo, la nota teatral y cinematográfica o el crucigrama. E, igualmente, fue recurrente la publicación pagada por los parlamentarios o sus partidos, contentiva del discurso pronunciado en los hemiciclos.

Sentimos que los medios evolucionaron en el tratamiento informativo y, por suerte de un fenómeno ya universal, simplificaron a más no poder los textos para estelarizar una fotografía llamativa o ingeniosa, en sustitución del verbo. Y también las emisoras radiotelevisivas prefirieron una pincelada de segundos, dando ocasión para una entrevista posterior, exclusiva y personal de varios minutos con el discursante, en clara competencia con las fuentes de sucesos, de deportes y de farándula.

Expulsados los medios de la Asamblea Nacional, purgada y perseguida la fuente independiente, por estos años,  ANTV monopolizó las transmisiones, pero no impidió que sus incidencias trascendieran por el coraje de la prensa convencional, la audacia de la digital y hasta la transmisión telefónica de los videos y de las fotografías tomados – escasamente, por cierto -  por los diputados de la oposición. Bloqueo informativo y censura por delante, incluyendo a la CONATEL como dependencia del PSUV, está aparentemente aislado el actual parlamento y, con todas las limitaciones, logrando efectivamente bajar el interés público por sus vicisitudes, todavía no logran cercarla y aislarla completamente del resto del país.

Perseguidos los medios radiotelevisivos que se extiendan en sus reseñas, excepto las inatajables – por ahora – redes sociales, es difícil constatar el desempeño de cada diputado en las plenarias, pero – retornando a las viejas prácticas -  está funcionando la “radio-bemba”, las organizaciones políticas dan testimonio de las decisiones adoptadas y, por lo menos, los portales digitales difunden aquellas posiciones   que estiman como valiosas. Claro está, hay dos o tres problemas que los días resolverán, siendo el parlamento el epicentro de la oposición: partido que no cuente con una representación, simplemente no existe; diputado que no tenga el coraje de asistir a las sesiones, superando los obstáculos de la agresión verbal y física, o que no disponga de un mínimo aparato de prensa, tampoco existe.