domingo, 7 de enero de 2018

EL OTRO ASALTO

F-16
Luis Barragán

El día 5 de los corrientes, consabido, fue nombrada la nueva directiva de la Asamblea Nacional, sin la debida y más amplia consulta que ameritaba tan crucial decisión al amparo de la convocatoria y el reconocimiento formal que hizo de los resultados de la consulta popular del 16 de julio de 2017, ratificado por la elocuente abstención ciudadana del - ya inevitable - fraude constituyente del siguiente día 30. Reconocimiento que, por  cierto, perfeccionó el compromiso contraído en los comicios del 6 de diciembre de 2015 y, al reorientarlo, dejó sin efecto el acuerdo original de distribución de posiciones entre  las distintas corrientes que conforman la cámara. Empero, el problema no ha sido ni será el de un burdo reparto burocrático que no nos ha inquietado por estos años, sino el del duro y razonable cuestionamiento de una novel dirección emparentada con las desproporcionadas concesiones hechas a la dictadura, so pretexto del diálogo dominicano, añadida la cohabitación de hecho con la tal constituyente que sólo espera por su oficialización.

La fracción parlamentaria 16-Julio salvó su voto para la selección de la junta encabezada por un partido que ha hecho de la tal constituyente una profesión de fe, complementado por otros que pregonan un extraño sentido de las realidades. Circunstancia ésta, por lo demás, curiosa, pues, faltando a su tradición histórica, Acción Democrática y las organizaciones que ha originado o reforzado en el presente siglo, configurando el novísimo presídium asambleario, incurren en la condena retrospectiva del rechazo militante a la asamblea constituyente de 1952 e, incluso, parece que todavía lamentan no haberla concursado, aunque Pérez Jiménez gobernara más  allá de 1958.

Ironía histórica aparte, la fracción 16-Julio, alzando de nuevo vuelo, tuvo el coraje de disentir, con temple, serenidad y determinación, y no por casualidad sus voceros, en la referida sesión, provienen del anterior mandato legislativo que bien los curtió, bajo el peligroso dominio oficialista, para soportar el ambiente hostil del hemiciclo. Fracción que fundamentó su posición, haciendo lo propio el vocero de otra agrupación parlamentaria, solicitando el diputado García la votación nominal  para luego extenderse el diputado Blanco ante los medios de comunicación con un documento explicativo que está disponible en las redes.

Deficiente y contraproducente, fue la respuesta del diputado Ramos Allup al criminalizar  el disenso, ya que – por una parte – no desvirtuó señalamiento alguno de los esgrimidos por el diputado González, cuya lacónica expresión lectora, en sintonía con las circunstancias, contrastó con la estridencia de quien, a lo Chamberlain, se dice desbaratador de una guerra mundial,  por ese extraño realismo que olvida las más dramáticas realidades que vive el país. Entendemos  - por otra – el reclamo que hizo, reconocida su larga experiencia parlamentaria, por el razonamiento del voto salvado antes de realizarse toda votación, aunque – sin dudas – destinado al tres veces diputado Borges que, como director de debates, concedió y consintió el ejercicio de la palabra de los diputados disidentes.

A nadie puede sorprender la posición adoptada por la fracción 16-Julio que, de un modo u otro, por un portavoz u otro, la manifestó en las últimas semanas y, específicamente, respecto a la representación de Vente Venezuela, desde el momento inicial del presente mandato legislativo, la ha reiterado en las sesiones plenarias, planteándola por escrito, salvando o denegando el voto, en procura del nombramiento temprano y oportuno de los rectores del CNE y magistrados del TSJ, entre otras de las materias urgentes e importantes; valga acotar, no por casualidad, contamos con un óptimo record de asistencia a las sesiones, por lo que tampoco puede asegurarse que tan vitales nombramientos no se hiciesen por culpa nuestra.  Por previsible que fuese la postura, no hubo esfuerzo ni testimonio alguno de recomposición de la unidad que ya no representan y, menos, monopolizan, porque todo el talento y habilidad que dicen autorizarlos para dialogar o negociar con la dictadura, allende los mares, los condujo sólo a congraciarse con ella, creyendo ahogar la disidencia.

Coletilla

Timoteo Zambrano ha renunciado a las tareas que le dieron tan triste notoriedad en el país, luego de comprobar que ni siquiera en comandita encontró la solidaridad que esperaba para alcanzar la posición a la que aspiró como retribución de sus esfuerzos. En todo caso, su carta constituye un documento importante para la radiografía de un sector de la oposición que abusó de la representación unitaria hasta vaciarla de sentido.

Destaca un segmento de la misiva que ayuda al diagnóstico necesario de una dirigencia  tan particular que ha distorsionado o perdido el sentido mismo de la política como oficio, pues, refirió: “Es triste ver capitanes de micrófonos que lucen mansos en encuentros bilaterales a puertas cerradas”. Obviamente, alude a  los propios compañeros de la causa dominicana.

Quizá mereció una cuota de los aplausos que recibió Julio Borges en la sesión inaugural del año, por expresa solicitud de Henry Ramos que los quiso ofrendar a la representación diplomática presente en la Asamblea Nacional. En última instancia, obraron todos bajo un mismo tenor así pueda más un (auto) reconocimiento que otro.

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