lunes, 27 de febrero de 2017

CUADERNO DE BITÁCORA

El conocido y vergonzoso caso del esquiador que, además, tiene la celosa defensa de la canciller que no se ocupa del resto de los venezolanos en el exterior, ha motivo un buen Tweed de Toro Hardy. En nada debe extrañar tanta piratería e improvisación. Cada quien "ponta una parada", se dirá. Demostrado, esto no lleva a ninguna parte. Empero, queramoslo o no, expresión de la cultura petrolera que se va, se hizo sistema. Sistema político. ¿Cuál es la diferencia entre el esquiador devorador desvergonzado de dólares y cualesquiera de los ministros? Ninguna.

El alcalde caraqueño circula al volante de automóviles que no puede pagar con su salario. No importa, pues, circula. Y lo hace predicando sobre un chavismo de males que atañen siempre a los demás. Vladimir Petit lo denuncia por las redes sociales. Jorge Rodríguez no es, precisamente, el humilde servidor de esta revolución que lo catapultó social y dinerariamente. De  una extraordinaria prepotencia e impune agresividad, no da explicación a nadie. Quien, además, cínicamente fue condecorado como conservador del patrimonio histórico, a pesar del quiste de cemento que levantó en el Palacio de Justicia, le importa un bledo lucirse conduciendo los dólares de venezolanos que mueren de mengua.

No hay dudas, el gobierno cuenta con un formidable dispositivo para mantenerse a flote en las redes. Combaten sus asalariados la enorme inconformidad que ellas recogen de los venezolanos. Y, con absoluto desparpajo, tratan de mantener la fe en alto. Es evidente el entreguismo gubernamental, la olímpica  displicencia sobre el Esequio. Mas, poco importa. Para eso está el mensaje taladrador de las redes, pues, se trata de mantener la fe en alto.
LB

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