jueves, 17 de octubre de 2013

IMAGINARIO

De la representación militar del 18-O
Luis Barragán


Partiendo de Sary Calonge Cole (“Conocimiento social y sentido común”, UCV, Caracas, 2001), nos interesa la representación social del obviamente decisivo factor militar en los consabidos hechos del 18 de Octubre de 1945, explicándolos. Representación que es de sentido común para el momento y la época, siendo socialmente elaborada y compartida, orientando las conductas y expresando la visión de la realidad común respecto a un grupo social o cultural determinado, destacando el discurso de la prensa dominante.

Ejercicio de precisión, el gobierno como las fuerzas políticas y corrientes sociales que le apoyan, parecen haber sorteado  el problema suscitado por la enfermedad de Diógenes Escalante. A pesar de las discrepancias que genera la novel candidatura de Ángel Biaggini, existe el tácito y expreso compromiso de acoger más tarde el sufragio universal, directo y secreto para escoger al presidente de la República.

Avanza la campaña electoral, sin el asomo concreto de malestar en las Fuerzas Armadas que, desde mediados y finales del gomezato, insiste en su carácter y vocación institucional. Insistencia autorizada, de un lado, por el normal desarrollo de sus actividades a pesar del tratado limístrofe suscrito por López Contreras con Colombia, que pudo perturbarla abierta y profundamente, entre otros asuntos de naturaleza profesional (Óscar Battaglini,  “Legitimación del poder y lucha política en Venezuela: 1936-1941”, UCV, Caracas, 1993); y, por el otro, aceptada – agradecidamente, añadimos – por las más viejas generaciones que todavía recuerdan al país de las rencillas y guerras civiles.  Acotemos, la reciente derrota de las potencias del Eje, igualmente refuerza el sentido común o espontáneo desfavorable a cualquier intervención militar reaccionaria en los asuntos políticos.

Importante indicio de las creencias generalizadas que suscita e invoca el poder, ocurrido el levantamiento golpista o revolucionario, según prefiramos, emerge el papel emblemático y progresista de la institución armada, incluyendo la denuncia de las condiciones sociales humillantes que ha sufrido. Se impondrá con rapidez la versión que, por ejemplo,  populariza Ana Marcedes Pérez a través de sus entrevistas y reportajes (“La verdad inédita”, Armitano, Caracas, 1975).

“No [siendo] una elaboración de lo real sino una elaboración del imaginario social” (Calonge), con mediación de la prensa, la versión contribuye a reforzar una distinta legitimidad, pues, al conmemorar el tercer mes del gobierno (18/01/46), Betancourt habla – además - del “absurdo paralelismo que existía en nuestro país entre los venezolanos que llevaban uniforme y los venezolanos civiles”, añadiendo en un acto de masas (29/08/47), la lamentable circunstancia de “una inmensa mayoría de los soldados y clases de nuestro Ejército (que) duermen en el suelo” ((Congreso de la República, “Pensamiento político venezolano del siglo XX”, Caracas, 1989, vol. 51). En una obra posterior, Battaglini demostrará que las condiciones sociales de la entidad castrense no eran – por lo menos – salarialmente calamitosas, hallándose en los altos mandos militares promociones académicamente acreditadas (“El medinismo”, Monte Ávila, Caracas, 1997).

Completando nuestra hipótesis, por lo que respecta a las Fuerzas Armadas, devenida ella misma Estado, con el derrocamiento de Rómulo Gallegos, puede aseverarse que se convirtió en un extraordinario medio de movilidad y de ascenso social. De acuerdo a lo señalado por Luis Enrique Rangel Bourgoin (Élite, Caracas, nr. 2870 del 23/09/80), superó o fue superando la creencia de las funciones correccionales de las escuelas militares y de la carrera de las armas como refugio de los estudiantes refugiados.

Un vistazo de la prensa de los cuarenta, nos permite apreciar un conjunto de valores, deseos, juicios, percepciones, actitudes, creencias, emotividades, etc., que conducen a la adhesión o el rechazo no sólo de los hechos acaecidos el 18-O, sino de la participación de las Fuerzas Armadas, pues, hay una “historia cultural de la noción del objeto social estudiado” (Calonge). Lo cierto e incontrovertible es que ellas cobraron una significación muy diferente después de la fecha, y es a mediados de la primera década del siglo XXI,  entendemos, que sufre una transformación, desoctubrizándose.

Fotografía: "El Cadete triunfador recibe de manos del Coronel Romero Arjona, director de la Escuela Militar, el premio otorgado por éste al alumno de mejor aplicación. Billiken, Caracas, nr. 906 del 15/12/1940.
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/17056-de-la-representacion-militar-del-18-o-

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