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domingo, 10 de septiembre de 2017

¿O TENEMOS OTRA COSA?

Dictadorzuela
Luis Barragán


Suelen negar la existencia de una dictadura, a modo de ejemplo, por el solo hecho de existir un portal como Contraste que, además, permite que modestamente nos expresemos cada semana. Apelan a las falacias más elementales, procurando convencer al venezolano común que, por cierto, somos todos, sobre las bondades de un régimen que ha esgrimido   la participación.

Por supuesto, quedan en el imaginario social aquellas férreas, testarudas e inflexibles dictaduras  que caracterizaron nuestra historia antes de 1958, y las que sacudieron a buena parte del continente en la más reciente contemporaneidad, siendo el nuestro un país de excepción que, con todas sus fallas, además, ventiladas (y hasta distorsionadas) libremente, supo de la democracia. Hablamos de dictaduras que no admitían resquicio alguno para una individualidad, grupo o fuerza opositora a la que perseguía, asesinaba  y  exiliaba inmediata e implacablemente.

Entonces, ¿por qué una dictadura cuando existen partidos, incluso, agremiados en fórmulas unitaria que cuentan con la posibilidad misma de unos comicios? ¿Acaso el mejor ejemplo no residió en las elecciones parlamentarias ganadas por sus adversarios en 2015? ¿No viajan y regresan del exterior los directivos de la Asamblea Nacional que contactan a altos dignatarios para denunciarlos?

Las dictaduras militares que tuvimos, contaron con la complicidad de otras que plagaron una región que, por añadidura, no conocía de tratados, acuerdos y mecanismos para defender la libertad y la democracia, los derechos humanos, entre otros relacionados con las políticas sanitarias, medioambientales, etc.; e, incluso, en el marco tan particular  de la Guerra Fría, desempeñaban un importante papel en el  ajedrez geopolítico y geoestraestratégico de la época. A pesar de los esfuerzos de Rómulo Betancourt por defendernos y defender al continente de las otras novedades dictatoriales, como la vivida y sufrida en Cuba desde hace más de medio siglo, emergió la de Castro Ruz luego de traicionar y apuñalar  a las fuerzas democráticas que facilitaron su triunfo, pues sólo la guerrilla de Sierra Maestra no condujo al derrocamiento de Batista.

Demostrando la intención y pretensión, la dictadura venezolana del presente aspira a liquidar a todo disidente y opositor, reduciéndolo a la deliberada humillación del hambre   o a su concreta prisión y desaparición, pero ha necesitado de aparentar hasta donde la sea posible una mínima práctica democrática para convencer a la comunidad internacional – ante todo – y a la nacional – ya despreciada  - de una legitimidad que, desde mucho tiempo atrás, ha perdido. Media no sólo un sistema internacional explicado también por convenios y dispositivos de inequívoco talante democrático y de clara defensa de los derechos humanos que le impiden desnudarse completamente, sino también una básica cultura ciudadana que, entre nosotros, distingue muy bien  los usos y abusos, desmanes y atropellos, y que corajudamente ha llenado las calles, avenidas y autopistas del país para una heroica y pacífica protesta.

Maduros Moros y  sus  directos socios, como el antecesor y  los suyos, por convicción y propia personalidad, bien desearían y desearon, borrar del mapa al más modesto de los discrepantes, pero – la pantalla lo requería y todavía requiere – le es necesaria una oposición administrable, ornamental y flácida, como ocurrió en la Unión Soviética y en la Polonia comunista décadas atrás, pues, minoritaria e insignificante, ocupaba unas curules de mera escenografía.  Hacen, como hicieron, las inevitables concesiones, redondeando el simulacro, permitiendo la existencia de partidos con una validación tan condicionada, sorprendidos con unos resultados parlamentarios demasiado adversos que ahora tratan de revertir por la fuerza, con unos muy circunscritos comicios regionales que pasan por la tal certificación de buena conducta, por decir lo menos, siendo inevitables las ya observadas diligencias del exterior hasta nuevo aviso, apartando  la recurrente anulación de los pasaportes.

La derrota  parlamentaria la resuelven a través de una inconstitucional y fraudulenta asamblea constituyente llamada a reemplazar las funciones de la Asamblea Nacional, sobre todo, por el problema del financiamiento internacional; confabulados los  poderes, el TSJ y el CNE visan cualquier atropello institucional, aplaudiendo la brutal represión desatada; la maniobra de las regionales de indecible y sobrevenido cuño normativo, rinde sus primeros frutos con la ruptura y confusión de la unidad democrática; toda negociación, arbitrariamente programada, tiene por énfasis el descrédito aparente y real de los convocados que, después, abonan a una complicidad palpable por los resultados. O, en otro ámbito, por vía de una sospechosa venta o la inmediata exclusión del espectro radial, ocurriendo algo semejante respecto a la prensa escrita o la televisión, se apropian de los medios, cuando no se les censura y bloquea, y, es por ello, que medios como Contraste, ofrecen un vital testimonio de resistencia frente a  la dictadura.

Fotografía: Marilyn Birchfield.
11/09/2017:
http://www.diariocontraste.com/2017/09/dictadorzuela-por-luis-barragan-luisbarraganj/

miércoles, 18 de enero de 2017

CAZA DE CITAS

"Ahora bien, el estudio de los procesos sociales de constitución de representaciones, es mucho menos frecuente, y evidentemente más complejo"

María A. Banchs

(En. AA. VV. "Conocimiento social y sentido común", UCV, 2001:133)

domingo, 6 de noviembre de 2016

INFLABLE

Política  y antipolítica: ocultaciones
Luis Barragán


Respecto a  la antipolítica, conocidas ambas experiencias en Venezuela, cabe  distinguirla como un camino para acceder al poder y, otro, para ejercerlo.  Empero, fórmula perversa y aparentemente limitada de agregación de intereses,  padecemos un fenómeno que es el de una insólita continuidad, constatando cuán lejos puede llegar la irresponsabilidad.

El siglo que nos tiene por precarios inquilinos, ha convertido a la democracia en una mera presunción, huérfana de la libertad que, obviamente, debe servirle de soporte. Punzado el imaginario social, creímos superarla a través de una participación protagónica – según el lenguaje del constituyente, por lo demás, originario – y, sincerada cada vez más  las condiciones de un gobierno que puede caracterizarse como el de un inmenso conglomerado propagandístico y publicitario, fundado en los privilegiados servicios de inteligencia, esa democracia está afincada sobre bases irreales, encajadas en el suelo movedizo de una ilusión que es la del poder perpetuo.

Ocurre que toda expectativa creada, inmediatamente requiere de otras que, al fracasar, apuntan a la macabra existencia de una conspiración que jamás el gobierno prueba ni probará, pues, en definitiva, la operación consiste en un reiterado esfuerzo de ocultación que tiene por inicial ventaja la desmemoria colectiva que ha cultivado por años. Así, las nuevas generaciones no logran cotejar suficientemente una gestión, porque las más viejas tienden a olvidar que una vez hubo mejores niveles de calidad de vida e, incluso, posibilidades ciertas de reclamarlos y de reivindicarlos.

Ha avanzado la más cruda censura y represión, visible en las circunstancias más modestas, al fallar los mecanismos orientados a una masiva confusión, ya que, en última instancia, por grueso que sea el maquillaje, el padecimiento es tan vivo y real que no tolera más eufemismos.  Y, por muchos anuncios que haga Maduro Moros (y asociados), por siempre incumplidos, ya no entusiasman porque, no exageramos con la conclusión,  los venezolanos hoy estamos más asediados por la muerte que antes: más allá de las inauditas tasas anuales de homicidios violentos, la falta de insumos médicos, fármacos y alimentos, agravan las enfermedades crónicas y, al regresar otras que fueron históricamente superadas, nos familiarizan con un desenlace cercano, trágico y resignado de inocentes, sin que supuestamente  haya un homicida concreto que inculpar.

La antipolítica, otra modalidad de hacer  política, ya imposible de financiar, opta por la saturación artificial de noticias tratando de competir deslealmente con aquellas imposibles de censurar y de reprimir.  Por ejemplo, acepta el consabido llamado al diálogo para extenderlo, manipularlo, tergiversarlo y deshacerlo, mientras  esconde o procura esconder la sola posibilidad de una decisiva derrota en la consulta revocatoria; o impone un inconstitucional presupuesto para 2017 que no publica y, menos, responde cómo lo cubrirá cuando los precios del petróleo no prometen mejoras, tenemos un forzado recorte de la producción con o sin OPEP,  y, si del tributo ciudadano hablamos, el decrecimiento económico es un dato demasiado evidente.

Fotografías: LB, sede del ministerio del Interior, un día de estos. Horas tempranas, simulamos buscar una dirección y, orientados, agradecimos y preguntamos si se podía fotografiar. Los dos empleados apenas inflaron a Chávez Frías y trataban de amarrarlo bien. El resto del día es cuidar del inflable.
07/11/2016:
http://www.diariocontraste.com/2016/11/politica-y-antipolitica-ocultaciones-por-luis-barraganluisbarraganj

sábado, 5 de marzo de 2016

¿SE ATREVERÁN?

Toda una apuesta
Luis Barragán


Inflación que castiga, así la nieguen ocultando enfermizamente las cifras, es necesaria la emisión de billetes de una más alta denominación.  Abultados los bolsillos con los peligros que impone la delincuencia, la más modesta golosina obliga a contabilizar casi infinitamente el papel moneda para elevar los riesgos del comprador y del vendedor.

Necesidad que coincide con otra de cuño gubernamental: la emisión de dinero inorgánico, aunque pasa inadvertida una de descarada vocación política, como es la de garantizar que Chávez Fría acompañe diariamente aún a sus más fieros adversarios. Circula  un proyecto de diseño del papel con valor nominal de 500 y 1000 bolívares que llevan marcado su rostro, como si bastara para domar el fenómeno inflacionario con esta masiva dosis mágico-religiosa.

El dato no constituye una banalidad más, porque el empeño persistente – desde 1999 – ha sido el de sembrarlo o forzarlo en el imaginario social, paradójicamente, a cualquier precio. Por lo menos, Guzmán Blanco hizo acompañar su prioritario perfil con el Bolívar en una moneda, pero – ahora – de significativa vestimenta militar, por lo que hemos visto, mas no confirmado, luce solitario como si fuese suficiente para trepar definitivamente  al olimpo de la psiquis e identidad venezolana: toda una apuesta.

En nuestro país, fue inevitable la exaltación publicitaria de candidatos y mandatarios nacionales, pero jamás llegaron a la práctica inevitable de las democracias populares – como se les conocía – con la devoción a veces histérica de todo un culto a la personalidad. Y, a pesar que el extinto presidente no sirvió para engatusar al electorado en las recientes parlamentarias, por mucho que lo quisieran, apuntando a la responsabilidad de Maduro Moros, apelan al último cartucho simbólico: estamparlo en unos billetes al que también pronto le restarán otros “0” para enmascarar el altísimo y criminal costo de la vida.

Suponemos que la ocurrencia ha sido ponderada por los más eximios especialistas, psicólogos sociales y sociólogos, igualmente comprometidos en las ya viejas campañas por equiparar al extinto como expresión de la identidad nacional. Y, con la emisión de los nuevos billetes, se aventuran a explotar un medio técnico para consagrar ese espacio deseado en el imaginario, aunque – devaluado – puede traducirse en la pérdida de querencia de sus seguidores ya hartos de la saturación propagandística o en la desviación de la atención que incomoda tanto a su sucesor.

Fotografía: http://www.lapatilla.com/site/2013/06/13/y-este-billete-de-500-bsf-con-la-cara-de-chavez-montaje-o-realidad-encuesta/



07/03/2016

domingo, 13 de septiembre de 2015

LABORATORISTAS

De la prefabricación del imaginario social
Luis Barragán


Corre la noticia: Gabriel García Márquez fue "espionado" por el FBI, gracias a una orden personal de su director. ¿Cómo es posible que la agencia incurriese en tal desatino?, es el latiguillo que concuerda con nuestra persistente auto-victimización. Sin embargo, el hijo del nobelado – por entonces, insospechada premiación -  acertó al declarar que la agencia hizo el seguimiento al empleado de Prensa Latina que arribó por  1961 a Nueva York, con los estornudos de la Guerra Fría.

Parece que un dato se extravía, pues, la desclasificación de los documentos que inquietaron al Washington Post, ofrece un radical contraste: por una parte, los clasificaron varias veces hasta cumplir un lapso para la revelación, mientras que – en este lado del mundo – se los roban o lo destruyen – además -  por el capricho de un funcionario que ni idea tiene de la emisión, orden  y preservación de las fuentes (ahora más, consagrado el tal patriota cooperante); y, por el otro, algunos periodistas cumplimentan la pesquisa para atraer a los lectores, informándolos en ese esfuerzo que hace la prensa convencional ante la dura competencia impuesta por las redes sociales en sus distintas modalidades.  Sufrió una medida tan injusta al que debieron adivinar como el gran novelista que luego se hizo, indica el sentido común donde no caben otros datos, como  el Estado necesitado del temprano o tardío control ciudadano, la libertad de indagación y difusión de los medios independientes y, menos, las apetencias de Gerald Martin que convirtió la biografía en un género de inagotables exactitudes.

Es de suponer que la suerte personal de todo alto funcionario, cuyas apreciaciones y decisiones generan no pocas consecuencias, pasa por  una vida privada limitada, por lo que cualquier grave enfermedad que sufra naturalmente interesa a todos. El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, no se encontraba en el país en los días del anuncio y aplicación del Estado de Excepción en nuestra frontera tachirense, nada más y nada menos, conociéndose después que, al padecer un cáncer, marchó a La Habana: lo importante fue su reaparición fotográfica al lado de Fidel Castro,  No obstante, la divulgación fotográfica adquirió la jerarquía de un honor, homenaje o reconocimiento al soldado venezolano, aparentemente relevándonos de las circunstancias que lo llevaron a viajar.

Poco o nada obvio ha sido la enfermedad del decisor público que no debió ocultarse, pues, no sólo porque todos – incluyendo al suscrito – estamos propensos a padecer alguna dolencia, fuere grave o no, y lejos de convertirla en una suerte de anormalidad política, ha de aceptarse como naturalmente humano y, faltando poco, susceptible – antes o después – de la indagación periodística. Hay constancia histórica de gobernantes que han sufrido y hasta superado sus enfermedades, con pleno conocimiento público de sus precisas dolencias, sin que ello produjese inestabilidad política alguna, pues se convierte en un baremo de la propia estabilidad y fortaleza institucional que, entre nosotros, tiene un valor secundario ante la supremacía del individuo de turno.

Las distancias que marca el imaginario social son las del sentido común y lo que no es tal, entre lo obvio y lo que no llega a serlo, por lo que es necesario acudir a lo sensato para descartar lo insensato.  En los casos vistos, juzgamos que lo relevante y fundamental es  la posibilidad cierta de averiguar oportunamente la verdad y, en última instancia, valorar la libertad de prensa para compartirla y deliberarla, obligados al discernimiento. Empero, hay un imaginario social – el de estos últimos años – forzado: lo notable es que un famoso escritor latinoamericano fue sistemáticamente (per) seguido por el imperio y el dictador cubano puede legitimar cualesquiera eventualidades, apuntando a sendos mitos que creímos una vez superar.

Ahora, asistimos al otro intento de prefabricación del imaginario desinhibidamente forzada la escolaridad, luego de fallar la inmisericorde maquinaria propagandística y publicitaria del régimen, al pretender cultivar  la efemérides de Chávez Frías.  Valga recordar que, referido por los especialistas, ante un país que no conseguía explicación a sus miserias y fracasos, posterior a la dura independencia que alcanzó, surgió la devoción bolivariana a partir de Eduardo Blanco y su Venezuela Heroica, en el siglo XIX: paradójicamente, en el XXI, se ofrece como alternativa al propio responsable de la inédita debacle que vivimos.

Fuente:
 http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/23715-de-la-prefabricacion-del-imaginario-social

martes, 8 de septiembre de 2015

EFEMERIDIZAR EL PRESENTE

De la prefabricación del imaginario social

Luis Barragán

Corre la noticia: Gabriel García Márquez fue "espionado" por el FBI, gracias a una orden personal de su director. ¿Cómo es posible que la agencia incurriese en tal desatino?, es el latiguillo que concuerda con nuestra persistente auto-victimización. Sin embargo, el hijo del nobelado – por entonces, insospechada premiación -  acertó al declarar que la agencia hizo el seguimiento al empleado de Prensa Latina que arribó por  1961 a Nueva York, con los estornudos de la Guerra Fría.

Parece que un dato se extravía, pues, la desclasificación de los documentos que inquietaron al Washington Post, ofrece un radical contraste: por una parte, los clasificaron varias veces hasta cumplir un lapso para la revelación, mientras que – en este lado del mundo – se los roban o lo destruyen – además -  por el capricho de un funcionario que ni idea tiene de la emisión, orden  y preservación de las fuentes (ahora más, consagrado el tal patriota cooperante); y, por el otro, algunos periodistas cumplimentan la pesquisa para atraer a los lectores, informándolos en ese esfuerzo que hace la prensa convencional ante la dura competencia impuesta por las redes sociales en sus distintas modalidades.  Sufrió una medida tan injusta al que debieron adivinar como el gran novelista que luego se hizo, indica el sentido común donde no caben otros datos, como  el Estado necesitado del temprano o tardío control ciudadano, la libertad de indagación y difusión de los medios independientes y, menos, las apetencias de Gerald Martin que convirtió la biografía en un género de inagotables exactitudes.

Es de suponer que la suerte personal de todo alto funcionario, cuyas apreciaciones y decisiones generan no pocas consecuencias, pasa por  una vida privada limitada, por lo que cualquier grave enfermedad que sufra naturalmente interesa a todos. El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, no se encontraba en el país en los días del anuncio y aplicación del Estado de Excepción en nuestra frontera tachirense, nada más y nada menos, conociéndose después que, al padecer un cáncer, marchó a La Habana: lo importante fue su reaparición fotográfica al lado de Fidel Castro,  No obstante, la divulgación fotográfica adquirió la jerarquía de un honor, homenaje o reconocimiento al soldado venezolano, aparentemente relevándonos de las circunstancias que lo llevaron a viajar.

Poco o nada obvio ha sido la enfermedad del decisor público que no debió ocultarse, pues, no sólo porque todos – incluyendo al suscrito – estamos propensos a padecer alguna dolencia, fuere grave o no, y lejos de convertirla en una suerte de anormalidad política, ha de aceptarse como naturalmente humano y, faltando poco, susceptible – antes o después – de la indagación periodística. Hay constancia histórica de gobernantes que han sufrido y hasta superado sus enfermedades, con pleno conocimiento público de sus precisas dolencias, sin que ello produjese inestabilidad política alguna, pues se convierte en un baremo de la propia estabilidad y fortaleza institucional que, entre nosotros, tiene un valor secundario ante la supremacía del individuo de turno.

Las distancias que marca el imaginario social son las del sentido común y lo que no es tal, entre lo obvio y lo que no llega a serlo, por lo que es necesario acudir a lo sensato para descartar lo insensato.  En los casos vistos, juzgamos que lo relevante y fundamental es  la posibilidad cierta de averiguar oportunamente la verdad y, en última instancia, valorar la libertad de prensa para compartirla y deliberarla, obligados al discernimiento. Empero, hay un imaginario social – el de estos últimos años – forzado: lo notable es que un famoso escritor latinoamericano fue sistemáticamente (per) seguido por el imperio y el dictador cubano puede legitimar cualesquiera eventualidades, apuntando a sendos mitos que creímos una vez superar.

Ahora, asistimos al otro intento de prefabricación del imaginario desinhibidamente forzada la escolaridad, luego de fallar la inmisericorde maquinaria propagandística y publicitaria del régimen, al pretender cultivar  la efemérides de Chávez Frías.  Valga recordar que, referido por los especialistas, ante un país que no conseguía explicación a sus miserias y fracasos, posterior a la dura independencia que alcanzó, surgió la devoción bolivariana a partir de Eduardo Blanco y su Venezuela Heroica, en el siglo XIX: paradójicamente, en el XXI, se ofrece como alternativa al propio responsable de la inédita debacle que vivimos.
Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/23715-de-la-prefabricacion-del-imaginario-social

domingo, 2 de agosto de 2015

UN MISMO DESTINATARIO



Una explicación necesaria

Desde que asumimos las responsabilidades nacionales de dirección en el Partido Socialcristiano COPEI, a finales de 2002, resultante de los comicios internos de base, por fin celebrados,  intentamos dar, intensificar y compartir el debate que el todavía recientemente instaurado régimen en Venezuela, debía suscitar. Particularmente, César Pérez Vivas (Secretario General), Clemente Bolívar y Lucas Riestra (Vocales), entre otros, proseguimos con las ideas que, frecuentemente, nos congregaban e, incluso, motivaron los encuentros nacionales de la que denominamos la Mesa Demócrata-Cristiana.

A contracorriente, tratamos de auspiciar una perspectiva diferente al de la presunta normalidad democrática de un proceso que, inicialmente, concebimos como neo-autoritario, advirtiendo los fuertes indicios de un proyecto totalitario que, de un modo u otro, pudimos expresar a través de las distintas declaraciones de prensa. E, incluso, no olvidamos que, al rendir el informe político correspondiente, como Secretario General (encargado), no tuvimos mayor éxito en el seno de la dirección, al plantear  el peso de una hipoteca política e ideológica que ya se hacía evidente: “no veo la cubanización por ningún lado”, señaló un calificado dirigente del partido que ayudó a cortar prontamente la discusión.

Insistimos en nuestra visión del problema y, por solicitud del Dr Michael Lingenthal, representante de la Fundación Konrad Adenuaer en Venezuela, suscribimos en 2003 un informe contentivo de nuestras personales consideraciones. Y, en medio de las difíciles circunstancias y compromisos políticos de entonces, tomamos algunas notas y le dimos cuerpo para sustanciar una postura.

 Por fortuna, copia del trabajo ha reaparecido entre los archivos domésticos y,   transcurrido doce años, lo creemos pertinente con las correcciones y actualizaciones que pudieran hacerse, aunque – en esta ocasión – lo presentamos tal y como lo redactamos originalmente.  Considerado un borrador, quisimos retomarlo, pero fue infructuoso el esfuerzo de ampliación, ratificación y rectificación de criterios, por las consabidas vicisitudes que impidieron darle la profundidad necesaria para buscar  una casa editora que tuviese interés.

Huelga comentar la situación que hoy vivimos los venezolanos, convencidos del talante, la naturaleza y las consecuencias de una propuesta totalitaria en curso. Dios mediante, la superaremos.

Luis Barragán J. 
 

lunes, 29 de junio de 2015

LA REVOLUCIÖN SUPERVIVIENTE

EL NACIONAL, Caracas, 29 de junio de 2015
El 6-D en el calendario revolucionario
Sócrates Ramírez

Me complace la fijación de la fecha electoral. Se trata de un punto más o menos claro en el horizonte, una dirección, un rumbo. Eso es indiscutible. Pero así como fue destacado por la ágil reminiscencia de muchos apenas se anunció la cita, la selección del 6 de diciembre no es una casualidad. Una vez que ocurren, las revoluciones no dejan espacio para casualidades o inocencias; para permanecer necesitan mitigar cualquier manifestación de espontaneidad. Lo que no se puede controlar no existe. De manera que la fecha en cuestión es «técnica» porque es simbólica.
El 6 de diciembre de 1998 Chávez ganó las últimas elecciones celebradas en la república civil. Por eso hoy en medio de una atmósfera oficial enrarecida, aquel día, que paradójicamente ha pasado tan inadvertido en el calendario chavista si se le compara con la magnitud atribuida a otros fastos (27-F, 4-F, 27-N, 13-A), es un símbolo, un ícono de la urgencia. El 6-D pese a entrañar un origen, dentro del imaginario machista-militarista de los bolivarianos siempre fue una fecha muy femenina, pues conmemora la celebración de unas elecciones y no la violencia épica que tanto rédito le ha dado, de la que siempre están prestos a hacer apología. Ahora el 6-D es de lo poco que tienen a mano para apurar la empatía.
Las revoluciones e incluso aquellas falsedades políticas que secuestran su narrativa para parecérseles, siempre desean la vuelta a un origen; buscan regresar a un punto en el pasado histórico o mítico de la sociedad donde señalan toda fuente de virtud y nobleza, y de cuyo camino el pueblo habría sido desviado por la mezquindad de los otros. En la retórica revolucionaria venezolana ese origen histórico y mítico es la Independencia. Sin embargo, para las revoluciones no todo reside en la tradición, recurrir a ella es apenas una parte de su fuente legitimadora. Tal como Arendt establece, las revoluciones tienen lugar cuando aquellos hombres afanados en restituir un pasado terminan construyendo una experiencia completamente diferente, siendo superados por la novedad que entraña la fundación de la libertad.
La recurrencia gramática del chavismo siempre ha sido el pasado. Cuando la necesidad les ha obligado mirar al porvenir, la promesa es caminar hacia su propia visión raizal y agreste de lo pretérito, muy al modo del fascismo, pero mezclada con la imprecisión de un futuro gelatinoso, confuso, adornado de consignas y movimiento, muy cercano a la usanza nazi.
Frente a sí, el reto más claro que hoy tiene la «revolución bolivariana» es sobrevivir, y toda lucha por la supervivencia es miserable: está determinada por la necesidad y el peligro. Esa es su realidad inconfesable. Por ello aparece el símbolo urgente del 6-D, como un emblema que los devuelve al ayer. Desde hace rato el origen al que quieren retroceder no es al mito de la Independencia sino al mito de Chávez. Están sometidos a un hado: repetir lo que hizo Chávez, pero sin Chávez y sin condiciones, porque continuar el legado es la destrucción y lo saben. Entonces, sin despegarse de la idea del movimiento perpetuo, la propaganda servirá para hacerle creer a los suyos que se devuelven a los primeros días telúricos del Comandante, y así empezar nuevamente el camino bajo su guía eterna.
Ahí radica el simbolismo de la nueva fecha comicial, que al mismo tiempo revela la impotencia del régimen de hacer política parado en la realidad y mirando al futuro. Su única oferta electoral es el uso torcido del recuerdo.

sábado, 10 de enero de 2015

REPRESENTACIÓN SOCIAL DE LA MUERTE

El séptimo sello
Luis Barragán


El promedio de las muertes por siempre indeseables en nuestro país, denunciado persistente y corajudamente por las organizaciones no gubernamentales, como el Observatorio Venezolano de la Violencia, cuya metodología no logra desmentir un gobierno que oculta la propia en sus interesados cálculos, revela una tendencia estructural que a la transición democrática le tocará revertir.  Reforzado como fenómeno cultural, por su cínico y vigoroso aporte, es el régimen el que genera las tensiones y agresiones que convierten la muerte inocente,  masiva, gratuita y prematura en una poderosa representación social de la mera supervivencia a la que todos debemos resignarnos.

Más allá del desplazado capitalismo de sus tormentos discursivos, esa dura supervivencia se ha integrado al sentido común, por lo que – suponemos – debemos agradecer al Estado sus vehementes reclamos por la paz y la convivencia, aunque nada haga por mantenernos con vida. Monopolizando los medios de comunicación social, ejerciendo la censura y el bloqueo informativo que pretende también en las redes sociales, procura silenciar una realidad que sigue su curso, sentida y sufrida por todos, transmitiendo a su antojo las escenas y los comentarios más crudos, aún en horario infantil, que tienen un impacto poderoso con sus estigmatizaciones enfermizamente políticas, aunque los especialistas suelen indicar el curioso contraste del país que estaba expuesto – por ejemplo – a una filmografía violenta, frecuentemente importada, mientras que las cifras de las muertes violentas acá eran bajas, en las décadas anteriores.

 Por muy bien ensamblado que se diga el discurso del poder, intentando una escenografía distinta para las situaciones padecidas, esa representación social tiene por soporte un conjunto real de (anti) valores que, de un modo u otro, ingresan al ámbito doméstico que lo resiste. Por una parte, la perversa pedagogía está cumplimentada por las formalidades, pues, valga el contraste, antaño hubo la libre publicidad de armas en el país predominantemente rural que después fortaleció sus aspiraciones a la paz y a la concordia,  superada la amarga etapa de sus crónicas escaramuzas y guerras civiles, mientras que, hogaño, prohibida la libre oferta, dizque para combatir el hampa común, las fuerzas de seguridad exhiben en las calles el inadecuado, pero – subrayemos – ya acostumbrado armamento de guerra, que parece destinado más al ciudadano común que al habilidoso delincuente mejor dispuesto para la guerra de movimientos que la de posiciones, si fuere el caso.

Por otra, el Estado-Partido cuenta con un repertorio de símbolos que tuvo la fortuna de pasar inadvertido, ya no por la procacidad de las palabras y la arrogancia de los desplantes, sino por la efectiva expresividad de los gestos, porque alzar la mano simulándola una pistola, o golpear arriba el puño izquierdo contra la palma de la mano derecha, ha ido más allá de la  interjección corporal. Recordemos, gestos que prontamente se industrializaron, reportando las ganancias correspondientes, a través de muñecos de plástico o inflables, bisutería electoral, enormes vallas en las que, por cierto, contrasta la imagen  del extinto presidente con la de un sucesor que intenta aún la reingeniería de la suya.

Finalmente, la consabida represión del Año Bicentenario de la Juventud, reportó numerosas y delatoras escenas que, ahora, manipulando las tan injustas muertes de los legítimos protestatarios, el gobierno trata de versionarlas mediante una maniquea campaña  antiguarimba que tuvo por inicio la propia tribuna de la Asamblea Nacional. Se esmera por recordar, poblando las paredes de la ciudad, a los muertos y desparecidos de la década de los sesenta del XX, pero evade toda respuesta a muertes como la de aquél joven manifestante que fue fotografiado a tempranas horas al lado de otro, luego sospechosamente ultimado al caer la tarde del 12 de febrero de 2014, como la que también ha de dar respecto al  deceso de  Danilo Anderson o Robert Serra, amparados  por el oropel político.

Coletilla restauradora

La alcaldía de Caracas anuncia la presunta restauración de la Plaza Diego Ibarra, en Caracas. Fue escenario de la rumba traga-dólares que todos conocimos. Empero, ¿no tiene escasos años de remodelado el sitio que tuvo una importante significación histórica y arquitectónica que se llevaron por el medio? ¿La remodelación fue hecha con materiales de segunda mano que cedieron a la continuidad de los espectáculos? ¿Requerirán de otro crédito adicional millonario?
Reproducciones:
Publicidad: Arma real, El Nuevo Diario, Caracas, 1914; arma de juguete,El Nacional,Caracas,1957.
Volante de campaña, año impreciso: El candidato junto al niño, apuntan.
Fotografía:
 LB, Av. Páez, El Paraíso, Caracas, 03/01/2015.

Breve post-data LB: Por cierto, lógicamente provisionales, los grafitis o pintas urbanas saben de un periódico reemplazo. El mural que sirve de cabecera al texto, escuda un tal centro deportivo en un espacio que habla de precariedades, quizá sin correspondencia con el proyecto original del Parque de las Naciones Unidas en El Paraíso. ¿Alguien tendrá una memoria continua de los miles de grafitis, pintas o murales del régimen a lo largo de más de década y media?

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2015/01/el-septimo-sello/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1069374