sábado, 2 de noviembre de 2019

NEGOCIACION Y CHANTAJE

Entrevista diputado Luis Barragán / Opinión y Noticias

Universidad y dictadura son términos incompatibles

El régimen – señaló el parlamentario – desea convertir a la universidad en un medio para negociar y chantajear a la posición.  Reitera su propuesta de elecciones masivas en las universidades para el próximo 23 de enero.

Integrante de la Fracción Parlamentaria del 16 de Julio en la Asamblea Nacional, el diputado Luis Barragán, a través de su columna semanal  en Opinión y Noticias, al igual que en numerosas declaraciones, ha manifestado su creciente angustia en torno al destino de la universidad venezolana. Si pudiera sintetizarlo, ¿en qué consiste el problema universitario venezolano, hoy?

Más que problema, por su complejidad y consecuencias, hablemos de todo un problemario inédito en la historia contemporánea del país.   La principal evidencia reside en el propósito de acabar deliberadamente con la universidad libre y autónoma bajo el presente régimen, que es acabar con la noción misma de universidad.  Los hechos están – digamos – protocolizados en la sentencia dictada por el ilegítimo Tribunal Supremo de Justici (ITSJ) de fecha 27/08/19, ordenando un plazo que culminará el 26 de febrero de 2020, para que las universidades públicas celebren sus comicios internos con estricto apego a los dictados del Consejo Nacional de Universidades (CNU), en clara violación del artículo 109 constitucional y de la Ley de Universidades, como de los reglamentos que cada casa de estudios se ha dado.  Un largo y paciente empeño de veinte años por doblegar a la universidad, está materializado en un fallo – además - viciado que da cuenta de un proceso de asfixia mecánica ya agudizado por un bien calculado y crónico déficit presupuestario, la masiva exclusión antes que deserción estudiantil y profesoral, la actuación impune de la delincuencia común y de la política, el deterioro de la planta física, entre otros aspectos.

Voceros del oficialismo refieren que las autoridades universitarias tienen sus períodos vencidos, desde hace mucho tiempo. Los diputados reincorporados lo recordaron en la última sesión de la Asamblea Nacional que tocó el tema…

Desde hace diez años, el aparato judicial del régimen impide la libérrima celebración de los comicios internos, mediante un ardid: la ampliación artificial de la comunidad universitaria y la intervención misma del Consejo Nacional Electoral  (CNE) de un modo directo o indirecto. Esto nos permite hacer algunas precisiones: por supuesto, los sectores administrativos y obreros – por cierto, profesionalizados en algunos casos – merecen una presencia más destacada en el ámbito universitario, pero deben reparar en una circunstancia: la dictadura los desea como un burdo pretexto para inflar el padrón electoral, añadidos los trabajadores temporales, para intentar vencer a las fuerzas democráticas gracias a una vulgar coartada, pues, jamás ha podido triunfar limpiamente aún en los más modestos eventos convocados. Consideramos que los tales diputados, porque – simplemente – no lo son tras abandonar sus cargos y funciones parlamentarias por más de dos años consecutivos, mienten con un cinismo y un descaro inigualables, muy conscientes de un objetivo indispensable: pulverizar la libre búsqueda del saber y de la verdad, definitoria de la universidad, a favor de una instancia sojuzgada, repetidora de consignas, cuya infraestructura pueda servir a enteros propósitos proselitistas y burocráticos. Además, le urge ubicar sendos espacios burocráticos a una clientela sedienta del reconocimiento académico que no logra por la vía honesta, limpia y transparente del mérito. Así como a PDVSA la quebraron, por vital que fuese la industria, poco les importa pedevalizar a la universidad, desespecializarla y ponerla al servicio de los prohombres del régimen o, mejor, porque éstos envían y sostienen a sus hijos en el exterior, al servicio de los hijos de sus empleados de mediano nivel. Por cierto, una dictadura que, por ejemplo, trató de impedir infructuosamente las elecciones estudiantiles en la Universidad de Carabobo, mediante y la violencia, como bien lo recordamos, no puede hacer nada cuando existe una firme determinación de las fuerzas democráticas y de entera como indudable vocación por la libertad.

No obstante, se ha notado una cierta debilidad del movimiento estudiantil, como nunca antes, frente a  las circunstancias actuales.

Ciertamente, aunque el asunto tiene sus bemoles. Por supuesto, esto obliga a reivindicar el historial estudiantil en Venezuela con los hitos muy importantes de 1928, 1936 y 1958 para la conquista de las libertades públicas y de la propia autonomía universitaria. Por constitucionalizadas que estén PDVSA y la autonomía universitaria, el régimen no ha tenido escrúpulos con una y otra.  Las nuevas generaciones deben conocer de estos temas, pues, no todo se resume en la video-política. Empero, hay deseos y manifestaciones de lucha, como se ha dado y se está dando en las universidades de Carabobo y Central de Venezuela que nos permiten ser optimistas, al lado de otras situaciones que nos entristecen: la representación estudiantil ante el Consejo Directivo de la Universidad Simón Bolívar respaldó el llamado de consulta en torno a la tristemente célebre sentencia del ITSJ, sabiéndola inconstitucional e ilegal de antemano, identificándose con los intereses de las autoridades que maniobran a favor de la dictadura. Son evidentes los síntomas en relación a una contaminación de lo que, al fin y al cabo, es todo un régimen.

¿Obedecen las instrucciones del Ministerio de Educación Superior?

Es la lógica conclusión, pues, el representante del ministro usurpador, sin mediar acto administrativo alguno, acudió y les impuso el plazo ya citado, con el solo y público rechazo del señor rector, Dr. Enrique Planchart, y del representante profesoral ante el Consejo Directivo de la Universidad Simón Bolívar, Dr. José Alberto Olivar, y la aquiescencia y hasta beneplácito del resto de las autoridades universitarias. Estos hechos son inevitables que trasciendan y se conozcan, al igual que la intención del ministro usurpador de asociar el problema universitario a la llamada mesa nacional de diálogo. Esto es, para convertirlo en pieza de negociación y chantaje.

Es conocida su línea parlamentaria de trabajo, en torno a la realidad política, las relaciones civiles – militares, el Esequibo y la política cultural ya de varios años. ¿Por qué la universidad?

Sencillamente, porque corre un inmenso peligro en Venezuela y no podíamos callar, asumiendo responsablemente nuestras tareas parlamentarias. Ya, para finales de 2017, se veía venir una definitiva facturación política a la universidad que rechazó y protestó tan vehementemente a la dictadura y, desde entonces, solicitamos un debate muy específico sobre la materia en la Asamblea Nacional que, apenas, se dio recientemente. En 2016, hubo la discusión del informe de una comisión especial, cuyas recomendaciones fueron obviadas. Por insistencia de la Fracción Parlamentaria 16 de Julo, a finales de 2018 y, a mediados del presente año, el tema concreto volvió a la cámara, pero en el contexto del problemario educativo en general. Apenas, ahora, es que la corporación legislativa le prestó una precisa atención al asunto, aunque no nos satisfizo.

¿Por qué no?

El parlamento, un  dispositivo para el consenso y  la transición,  ante todo  debe responder con sus propias herramientas para facilitar el esfuerzo ciudadano en defensa de la libertad y en camino a la democracia.  Entendemos y asumimos la importancia de sendos proyectos de leyes, como el de Semillas o el  del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), recurrentes en un inconsulto Orden del Día. Sin embargo, luce necesario en el cuadro estratégico que impone el cese de la usurpación,   una Ley de Defensa de la Autonomía Universitaria, planteada en 2018, como lo será la reforma del régimen presupuestario para asegurar el financiamiento de las universidades frente a toda eventualidad, o la de reinserción y normalización en el sistema de educación superior. Esto es otro ejemplo para una adecuada  orientación y conducción política de la oposición democrática.

¿Bastará una Ley de Defensa de la Autonomía Universitaria?

Una ley no resuelve un problemario tan extenso, como el de la universidad, por cierto, término incompatible con toda dictadura. Pero su sola discusión, lo hemos dicho reiteradamente, moviliza a la ciudadanía, actualiza el diagnóstico y contribuye a echar el piso de una transición firme y confiable. En la propuesta, hemos coincidido con la combativa  Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar (APUSB), desde finales de 2018 que, además, la apreciamos como un referente indispensable en la lucha por la autonomía universitaria. Y así la reconocemos en la Asamblea Nacional por su persistencia y aportes constantes. Aunque, insistamos, de nada vale un instrumento legal de no cumplir con sus pautas. No hay mejor defensa de la autonomía universitaria que celebrar los comicios simultáneos y masivos en todas las universidades autónomas, el 23 de enero de 2020, tal como lo propusimos la semana pasada, fiel a la Constitución y leyes de la República.

Finalmente, a través de usted,  Vente Venezuela ha demostrado que es posible preocuparse y plantear alternativas por la universidad,  sin partidizarla.  ¿Esto es válido para otros ámbitos sociales?

María Corina Machado y toda la dirección de Vente Venezuela ha asumido con  elevada responsabilidad y tino, una materia delicada.  No será posible una universidad distinta para una Venezuela diferente, de partidizarse.  Somos portadores de propuestas muy valederas para la reconstrucción de la universidad venezolana en una sociedad libre y competitiva,  la de la información y el conocimiento estratégico, orientada al fiel cumplimiento de sus fines ético, académico y socio-político.  Las ideas políticas pueden y deben expresarse en la sociedad civil organizada, pero nunca más convertirla en sucursal, ya no de partidos, sino de las roscas que antes monopolizaban la conducción de los partidos.

31/10/2019:

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