sábado, 30 de noviembre de 2019

EL PASO DESNUDO

De la pisada socialista
Luis Barragán

Obviamente, solemos quejarnos de la falta de alimentos y medicamentos en la dura e ilimitada travesía de la catástrofe humanitaria, pasando inadvertida la difícil reposición de la vestimenta y el calzado, por no mencionar los productos para la higiene personal.  De un modo u otro, cada quien tiene una versión directa e indirecta de alguna prenda que se dejó al visitar a Cuba, apreciado el obsequio como jamás lo hubiese imaginado el donante.

Los gremios empresariales denunciaron recientemente la situación en la  que se encuentra específicamente el calzado en Venezuela, permitiéndonos presumir que poco debe ya decir el sector laboral ante el cierre constante de factorías y locales comerciales. Apenas – se dice – opera el 10% de la capacidad instalada de una industria que tan pujante fue que, anticipada a la política sustitutiva de  las importaciones, a finales de los ´50 del ‘XX, celebró las medidas proteccionistas de la dictadura perezjimenista.

Cierta habilidad del planteamiento empresarial apunta, hoy, a las importaciones desmedidas en los últimos dos años, aunque – privilegiada la adquisición de armamentos – los disminuidos ingresos en divisas petroleras remitirán a una segura debacle, excepto la burocracia usurpadora encuentre otro modelo predatorio de negocios que incluya las divisas de dudosa procedencia.   A los adultos y, sobre todo, para los  niños, en continuo desarrollo físico, se les hace imposible adquirir regularmente los zapatos de mediana y hasta ninguna calidad que requieren y los expertos en remendarlos, a quienes creemos en su mejor  momento, carecen de los materiales más elementales para reencaucharlos, como pega, hilos, clavos, pintura, etc.

Por supuesto, más que los períodos de lluvia, en sí mismos, el deterioro vial, el del alcantarillado y otras calamidades del público tránsito rutinario,  actualizan la pisada desnuda de cada venezolano bajo el régimen socialista, corriendo todos el inminente peligro de contraer enfermedades, sufrir torceduras y otros percances del andar.  Lo peor es que, por distintas razones, entre ellas,  la médica y la legítimamente estética, se pierde la noción – antes, elemental – del calzado de faena, el de diario, el de agua, el de paseo, el ortopédico, el dominguero, el deportivo fuere o no de alta competencia, el de baño, el de ballet, en la extensa variedad que ha de garantizar calidad, seguridad, diseño  y confort.

La mayor hazaña – hoy - es la de calzarse, en todo lo posible, para toda eventualidad,  como también lo es acudir al médico que haga simultáneamente de internista, cardiólogo, gineco-obstreta o traumatólogo.  El socialismo que, inclementemente, nos pisa, tolera un poco más la solicitud de medidas de protección arancelaria que la denuncia de los que fuerza penosamente a caminarlo.

Cfr.

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