martes, 11 de mayo de 2010

López Contreras y Medina Angarita


http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/4463-de-dos-remotos-reportes
De dos remotos reportes
Luis Barragán

Ciertamente, el ejercicio gubernamental de Isaías Medina Angarita tuvo un signo democrático contrastante con el de sus predecesores, aunque no lo autoriza para una definitiva e indiscutible caracterización. El problema no es el de hacerlo por siempre sospechoso de una dictadura imposible, habida cuenta del nivel alcanzado de libertades públicas o la inexistencia de presos políticos, sino el de la sistemática lisonja y edulcoración para hacer - esta vez - por siempre sospechosos, a todos los gobiernos posteriores.

El fenómeno alcanza, incluso, a Eleazar López Contreras, quien hizo importantes contribuciones al país, lo que no significa elevarlo a una jerarquía inigualable como realizador de la democracia que, por entonces, tuvo otras connotaciones de desprecio. El asunto pareciera adquirir una recurrente y anacrónica importancia política, cuando tratamos de un problema eminente y resueltamente histórico.

En diciembre de 2009, fue impreso un texto que ha tardado en circular del meritorio y admirado politólogo Juan Carlos Rey, que bien ayuda a esclarecer lo que se ha convertido en una suerte de devocionario político extemporáneo: “El sistema de partidos venezolano, 1830-1999” (Centro Gumilla – UCAB, Caracas). Específicamente, reporta un par de consideraciones sobre ambos gobernantes, que las estimamos oportunas y consistentes.

Por una parte, acotando una categoría necesitada de recuperar y actualizar, la “dictablanda”, y recordando – además – el papel desempeñado por Juan Francisco Quijano, reconoce la disminución del período gubernamental de López Contreras, pero extiende un poco más el comentario sobre el retroceso que marcó la Constitución de 1936, siendo – por lo demás - tan notoria su convicción positivista (67 ss., 251). Por ello, libros como los consabidos de Alfredo Tarre Murzi o Rodolfo Moleiro, bien intencionados aunque laudatorios, consignados en décadas pasadas, merecen una mejor polémica histórica restándole el interés de fondo por procurar la reivindicación de posturas que – calibramos – están orientadas a sustentar y actualizar un determinado conservadurismo político.

Por otra parte, reconocidos los aportes en una concisa sección relacionada con Medina Angarita, Rey observa la regresión que representó la reforma constitucional de 1945 para reivindicar – paradójicamente - la primera Carta de Cipriano Castro de 1901 y hasta todas las de Gómez, por lo menos, desde el punto de vista de las formalidades. Y añade: “En realidad al gobierno de Medina, cuya actuación – hay que repetirlo – se caracterizó por un respeto a las libertades públicas como nunca se había conocido antes en la historia de Venezuela, difícilmente puede calificarse como democrático, si damos a este adjetivo su verdadero significado técnico o el que le atribuyen los diccionarios más usuales, como equivalente a intervención del pueblo en el gobierno. A lo sumo, podría ser considerado como un gobierno representativo restringido y oligárquico, pues se trataba de un sistema en el que las elecciones, que no eran directas, se tomaban mediante una mayoría de votos, pero en una comunidad cuya participación política estaba reducida a una minoría y que, por tanto, no eran democráticas” (73).

Entendemos mejor la distinción entre el medinato (ejercicio del poder), y medinismo (movimiento político y social que lo apoyó o reivindicó durante, después o muy después de su salida del poder. Aquél ha recibido mejor tratamiento que éste, posiblemente representado y diluido en lo que se dio en llamar el uslarismo por los años ’60, con una trayectoria diferente al lopecismo amenazante y peligroso que sobrevivió al lopezato irrepetible, por gracias de la llamada Revolución de Octubre.

(Fotografía que invertimos: http://mx.kalipedia.com/kalipediamedia/historia/media/200808/03/hisvenezuela/20080803klphishve_8_Ies_SCO.jpg)

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