sábado, 7 de noviembre de 2015

RITMOS DE CAMPAÑA

Salsa, merengue y bachata
Ox Armand


Tengo un amigo a quien no le gusta manejar, pero – de proponérselo – no podría hacerlo porque el carro de la casa está descompuesto y ya sabemos lo que eso significa. Nada excepcional, se dirá. El caso está en que él es candidato a una diputación y debe hacer las diligencias inherentes a su aspiración, acompañado. Sin embargo, las hay que no son estrictamente de campaña, pues, no todo es política, y para realizarlas debe emplear el transporte público: busetas, autobuses, en menor medida taxis y mototaxis, incluyendo el metro cuando le toca venir a Caracas.

Hay dos cosas que le llaman la atención. De un lado, sin el menor gusto por los géneros, refiere que está harto y aturdido por la salsa, el merengue y la bachata (precisa, la que no tiene el sello de Juan Luis Guerra).  Es lo que se escucha en medio del aprieto de tantos pasajeros, la mirada sigilosa por un vecino que puede ser carterista o asaltante, y las mil anécdotas que toda transportación lleva incubada con la variedad de rostros y de cansancios que acumula la unidad. A todo volumen, la música le da el toque perfecto de gallinero al vehículo en el que prosperan las palabras más soeces, sin importar la presencia de niños y de ancianos que también bambolean según los ya acostumbrados frenazos de un conductor que jura llevar ganado y que, por cierto, es el único que puede darse el lujo de fumar en las rutas extraurbanas e intraurbanas.

Siempre quiso un curso de apreciación musical de los ritmos en cuestión. Letras deplorables – asegura – y cadencias de bajo pelaje, es el consumo cultural por excelencia. Cuestión de gustos, pero – salvo dos piezas que no sabe cómo se llaman – las centenares que lo han atormetado no le mueven el pie, como el jazz, el rock e – insistió – el mismísimo Mendelssohn, por decir lo menos, que me llevó a acusarlo de sifrino tardío, bohemio de clase media baja,  Lo que me llamó la atención fue que, al indagar un poco en la red de redes, en una noche de insomnio, descubrió que buena parte de la discografía digitalizada que atiborra a los pasajeros, es vieja. Vae decir que, por mucho Internet que haya, nadie se atreve a indagar en los numerosos grupos musicales que existe, algo distinto. La chatarra musical en boga tiene relación con la imposibilidad de grabar o de importar grabaciones más frescas e innovadoras, ya que no constituye tampoco negocio como el de traerlos al país porque no hay dólares. ¿Para qué publicitarlos si no es rentable el esfuerzo? Así que, encima de todo, ha debido soportar las meodías que, faltando poco, son las que se oyen en las fiestas, incluyendo la “hora loca”: el locutor que anima o dice animar y la obstinante secuencia tan repetida de interpretaciones, añadida la pieza consabida de Xuxa.

Por el otro lado, le impresiona el malestar real que hay en la población frente al gobierno que estimula sus posibilidades parlamentarias (muy pocos lo reconocen, porque nadie se imagina que el candidato de los volantes es compañero de ruta, ya que los políticos son “platuos”).  Hay mucha cautela en quejarse viva, expresa y drectamente, pero cuando se hace se levanta un coro de protesta por el desabastecimiento, las colas, la inseguridad y hasta la falta de libertad, así no crea el gobierno que esto último pasa.  Hay una arrechera generalizada – me dice – que le convene canalizar el gobierno a través de la inevitable oposición, si desea sostenerse.  Maduro no resultó ser el hijo del que te conté, aseguró el dicho de una señora cargada de … arrechera.

Agreguemos que la violencia es la otra nota cotidiana. Todos procuran callar, en prevención de un pleito inútil. Nadie sabe si el contendor potencial sacará una pistola. Pero cuando revienta una persona, con la lengua o con los puños, es de una agresividad inaudita que utiliza exactamente los mismos ademanes y fraseos del peor malandraje. Vale decir, ha permeado demasiado la descomposición social y parece urgente la bocanada de oxígeno que puede (y debe) representar la oposición organizada. Todo, al ritmo de a salsa, el merengue y la bachata de vieja data.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/24378-salsa-merengue-y-bachata

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