lunes, 24 de febrero de 2014

CERCANAS Y LEJANAS VICISITUDES


De un viejo allanamiento

Luis Barragán

Consabido, la  inmunidad   parlamentaria  está  destinada  a la protección de la propia Asamblea Nacional (AN), por cierto, en solfa con una larga tradición venezolana, cuyo allanamiento resulta imposible de banalizar. Y esto ocurre cuando so pretexto de cualesquiera actividades de sus integrantes, incluso, ajenas y hasta anteriores a las responsabilidades parlamentarias adquiridas y ejercidas, la medida pretende responder a una circunstancia que el incompetente poder establecido simplemente no sabe manejar, desbordándose. Y, por ello,  falaz y temerario, fuerza los hechos,  inventando investigaciones y delitos que lo conducen a una insostenible fantasía.

Lo peor es que, olvidados los grandes precedentes, el atrevimiento lleva a los sectores más avisados del oficialismo a invocar los allanamientos acaecidos a principios de la década de los sesenta (siglo XX), prácticamente reconocidos los de la presente centuria como parte de una absurda revancha histórica.  En la intimidad, pocos desmienten las intenciones que los llevó el año pasado a desaforar a los entonces diputados María Mercedes Aranguren y Richard Mardo, como la desesperada aprobación de la ley habilitante o los comicios municipales que estaban pendientes, por no citar la grave amenaza que pesa sobre la corajuda diputada María Corina Machado que les genera una extraordinaria angustia.

Tiempo atrás, logramos atrapar el comentario distraído de un presunto asistente  administrativo o legislativo, en el ascensor de la sede administrativa de Pajaritos, que se quejaba de una tarea impuesta por su jefe. Alegaba que la investigación que le pidió, junto a otras diligencias personales, superaba sus posibilidades de tiempo y especialidad, habida cuenta que la “primicia” podía darla alguna dependencia de la AN o de un ministerio, deslizando un apellido: Pulido.

Recordamos que, al indagar el allanamiento de Teodoro Petkoff por 1961, hubo quien enfatizara el que se hizo en 1948. Y quizá no fue casual que el tomo correspondiente del Diario de Debates de aquél año, no estuviese en la estantería del Archivo Histórico de la AN, acaso traspapelado por más de media centuria, y – como están las cosas – mal podemos aventurarnos a buscarlo en la sede de la Biblioteca Nacional, ubicada en una zona que se ha hecho peligrosa para el opositor por más años acumulados  que tenga  como investigador.

Todavía no sabemos si el allanamiento a la inmunidad del otrora senador Antonio Pulido Villafañe fue el precursor, como lo aseguraron en 1961, pues, parece que Luis Beltrán Prieto Figueroa arriesgó o perdió la senaduría en 1937.  Lo cierto es que, adelantando la conclusión, el de Pulido Villafañe ni remotamente se acerca a los que hoy  pretenden con la corajuda diputada, por más que prediquen un milagro con la ecuación.

De acuerdo a la prensa de la época, el 17/05/1948 fue lanzada una granada desde la platabanda de la casa nacional de Acción Democrática que, al caer, estalló y mató a la señora Rosa Gaspar de Martínez, e hirió a otra. Sin dudas, un acto terrorista que fue atribuido al Frente Nacional Anticomunista con el que estaba real o aparentemente familiarizado Pulido Villafañe.

El sepelio constituyó un justificado acontecimiento que estuvo precedido por una movilización partidista que partió de la Plaza de Las Mercedes hasta la de la Concordia, en el centro histórico de Caracas, teniendo por orador central a Domingo Alberto Rangel.  Hubo un repudio general al hecho, añadido Rafael Caldera, y  fueron muchas las detenciones, agregado Germán Borregales.

El 24/05/48, el partido de gobierno celebró un acto en el Nuevo Circo, donde Rómulo Betancourt denunció al aludido Frente y a su “hermano mellizo el COPEY”, asegurando que la conspiración deseaba la cancelación de las licencias de exportación de maquinarias y alimentos en Estados Unidos para perjudicarnos. Tres días después, amén de autorizar el viaje del Presidente Gallegos al país del norte, el Congreso consideró el allanamiento de Pulido Villafañe, quien – en su primera y frustrada intervención – descalificó a sus impugnadores y los señaló como integrantes de una “Cámara Checa Revolucionaria”.

El caso fue remitido a la Comisión de Relaciones Interiores, propuesta por el senador Jesús González Cabrera, y, bajo la presunción del delito de instigación a la rebelión del Ejército, haciendo caso del cargo formulado por el Fiscal Segundo, Jorge Cruz Bajares, le fue allanada la inmunidad a Pulido Villafañe. Desapareció, en medio de las variadas situaciones que desembocaron en el derrocamiento de Rómulo Gallegos, reapareciendo muy después como funcionario de la dictadura.

Jamás la Asamblea Nacional podrá realizar y legitimar su trabajo de allanarse con facilidad la  (s) inmunidad (es) de quienes – nada más y nada menos – ejercen  la representación de la soberanía popular, por más que las consignas del momento digan justificarlo.  En última instancia, equivale a una banalización de los problemas políticos que los decisores ni siquiera logran aprehender, manifestando una ya dramática incompetencia para domeñar cada coyuntura y sus naturales complejidades.

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