El Nacional, Caracas, 01/04/1981 ("Manoa" de Solveig Hoogesteijn, 1981).
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sábado, 28 de octubre de 2017
domingo, 17 de septiembre de 2017
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Carlos Rivero Blanco. "La escena ecológica: Nuestra fauna". El Nacional, Caracas, 17/09/1972.
- Domingo Alberto Rangel. "Naturaleza y problema social" (Editorial). El Nuevo Venezolano, Caracas, 07/08/81.
- Manuel Rodríguez Cárdenas. "El tranvía de los domingos: Perros cerca e hijos lejos". El Nacional, 12/12/50.
- Julio Ortega. "Carlos Fuentes: El linaje barroco". Últimas Noticias, Caracas, 01/04/90. Suplemento Cultural.
- Alicia Segal entrevista a Ramón J. Velásquez. Resumen, Caracas, nr. 125 del 28/03/76.
Reproducción: Miguel Conde entrevista a Renny Ottolina. Fotografía de Ubaldo Medina. 2001, Caracas, 28/07/1977.
- Domingo Alberto Rangel. "Naturaleza y problema social" (Editorial). El Nuevo Venezolano, Caracas, 07/08/81.
- Manuel Rodríguez Cárdenas. "El tranvía de los domingos: Perros cerca e hijos lejos". El Nacional, 12/12/50.
- Julio Ortega. "Carlos Fuentes: El linaje barroco". Últimas Noticias, Caracas, 01/04/90. Suplemento Cultural.
- Alicia Segal entrevista a Ramón J. Velásquez. Resumen, Caracas, nr. 125 del 28/03/76.
Reproducción: Miguel Conde entrevista a Renny Ottolina. Fotografía de Ubaldo Medina. 2001, Caracas, 28/07/1977.
domingo, 2 de julio de 2017
CAZA DE CITAS
"Yo no podía evitar una sensación de irrealidad: los escritores en Miraflores diciendo al Presidente, que escuchaba con atención, todo lo que la guerrilla de los años sesenta gritaba clandestinamente ..."
José Balza
("El otro de Miraflores", 1992, en: "Ensayos crudos", Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2006: 87)
Fotografía: http://presidentecarlosandresperez.blogspot.com/2015/05/blog-post.html
José Balza
("El otro de Miraflores", 1992, en: "Ensayos crudos", Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2006: 87)
Fotografía: http://presidentecarlosandresperez.blogspot.com/2015/05/blog-post.html
sábado, 29 de abril de 2017
CAZA DE CITAS
"Uno nunca debe anunciar cuando viaja, sino avisar cuando regresa"
Ramón J. Velásquez
(Declaraciones a E. Lossada Rondón, "Torre de control": El Nacional, Caracas, 01/08/1960).
Fotografía: Circa, 1963.
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Viajar
lunes, 29 de agosto de 2016
viernes, 19 de agosto de 2016
jueves, 18 de agosto de 2016
jueves, 9 de junio de 2016
lunes, 28 de diciembre de 2015
ALGUNAS HIPÓTESIS
De un supuesto asalto al parlamento
Luis Barragán
Diferentes los escenarios, existe preocupación por la inminente instalación del legítimo parlamento venezolano. La conducta que ha asumido el madurato, en los extremos de un revanchismo que delata la ausencia de un necesario talento político para administrar el paulatino descenso del poder, le resta – incluso – puntaje en la minoría que ahora representa.
Una de las hipótesis reside en el impedimento mismo de la instalación de la Asamblea Nacional, gracias a la movilización de las bandas armadas y, desde su interior, el apoderamiento de la sede por los anónimos integrantes de lo que se ha dado en llamar el “parlamento comunal nacional”. Otra, versa en torno a la aceptación del acto de juramentación, violentándose progresivamente la bancada oficialista a objeto de torpedear las sesiones, procurando el sabotaje de las actividades que incluye al personal administrativo adepto.
Luce autorizada la especulación respecto a lo que acaecerá en la ciudad capital, en correspondencia con la guerra psicológica que el gobierno ha reemprendido. Y no sólo por la agresiva reacción que los debates decembrinos ocasionaron o la pretendida impugnación de veintidós diputados de la oposición, sino por las declaraciones públicas de quienes, con sobrada prepotencia, apelan a los eufemismos y subterfugios para no responder por una derrota tan monumental como sorprendente.
El nombramiento de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, generó una agresión verbal tan soez y pendenciera del oficialismo que contribuyó aún más a descalificar a los beneficiarios de una renuncia forzada y adelantada de sus predecesores (cualquier estudiante de derecho sabe de los vicios del consentimiento), frente a los más sensatos e irrefutables argumentos de la bancada opositora que mostró – nuevamente – su coraje. Violentando el Reglamento Interior y de Debates, la dirección de debates tuvo la osadía de invocar la Constitución de 1999, acusando inmoralmente de golpistas a los adversarios, cuando él – Diosdado Cabello – lo hizo efectivamente con la de 1961. Valga acotar, se dice que Nicolás Maduro no lo llevará a la vicepresidencia de la República, dejando que se diluya en la curul, tal como ocurrió con Rafael Ramírez en la embajada de Nueva York.
Pareciendo insuficiente la embestida desde el Palacio Legislativo, corrió poderosamente el rumor de la impugnación de un número importante de diputados de la oposición, propicio para una mayoría simple, sin que sepamos de alguien que haya visto el recurso o de los nombres específicos de las personas a perjudicar. Y, aunque no cabe medida precautelar, cautelar o cautelarísima alguna para impedir que asuman sus curules, ordenándoles la propia Constitución vigente instalarse el 5 de enero de 2016 por la adjudicación y proclamación de la que se hicieron acreedores (como sabrá nuestro cursante de derecho), la noticia – aviesamente administrada – dijo surtir los efectos del desaliento y desmoralización que interesan al régimen.
Los voceros del gobierno, añadido el mismo Maduro, frente al ambiente generalizado de alivio que vivimos el lunes 7-D, que – de un modo u otro – objetivamente reflejó la baja del dólar, introdujeron los acostumbrados ingredientes que propician la zozobra, la incertidumbre y la violencia pública, intimidando a los hogares. Auto-engañándose – ésta vez – en el intento de engañar a la población, faltó poco para el desconocimiento absoluto de las cifras electorales, estimulando un pánico de consecuencias impredecibles, y, se dice, no ocurrió por la firme determinación del alto mando militar.
Somos también víctimas de un terrorismo psicológico que puede cumplimentarse con un nuevo asalto al parlamento, adquiriendo consecuencias de una hondura indeseable. Siendo diferentes las condiciones históricas, se dirá semejante al acto de violencia que padeció el Congreso del 23 al 24 de enero de 1848, en su sede caraqueña, con un saldo lamentable, confrontando – por ejemplo – la opinión histórica de Ramón Díaz Sánchez y la de Héctor Mujica; pero lo cierto es que, plenamente manifiesta la voluntad popular, la que masivamente favoreció a la oposición democrática (única modalidad para neutralizar las triquiñuelas y el ventajismo oficial), tal hecho tendría derroteros más graves, nefastos y duraderos, hoy.
El reasalto del parlamento venezolano sería una locura más que, por tal, descartamos excepto el madurato aspire a un pronto suicidio político y moral. Por lo demás, hay entereza, gallardía y coraje en los nuevos elencos parlamentarios para afrontar el supuesto negado de tamaño acto de irresponsabilidad.
Grata coletilla
La Universidad Metropolitana acogerá más de 30 mil ejemplares de lo que fue la biblioteca personal de Ramón J. Velásquez, extraordinario destino que ha de garantizar la preservación y apertura para todo el estudiantado. Invalorable patrimonio, la biblioteca “Pedro Grases”, receptora de la donación, genera una mayor confianza que la de las instituciones públicas que, huelga comentar, están en una precaria situación.
Fuentes:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/24833-de-un-supuesto-asalto-al-parlamento
http://www.entornointeligente.com/articulo/7613256/VENEZUELA-De-un-supuesto-asalto-al-parlamento
Cfr. Francisco Natera Amundaraín y la inevitable referencia a 1849 y el intento de forzar la interpretacion: http://www.aporrea.org/ideologia/a220093.html
Luis Barragán
Diferentes los escenarios, existe preocupación por la inminente instalación del legítimo parlamento venezolano. La conducta que ha asumido el madurato, en los extremos de un revanchismo que delata la ausencia de un necesario talento político para administrar el paulatino descenso del poder, le resta – incluso – puntaje en la minoría que ahora representa.
Una de las hipótesis reside en el impedimento mismo de la instalación de la Asamblea Nacional, gracias a la movilización de las bandas armadas y, desde su interior, el apoderamiento de la sede por los anónimos integrantes de lo que se ha dado en llamar el “parlamento comunal nacional”. Otra, versa en torno a la aceptación del acto de juramentación, violentándose progresivamente la bancada oficialista a objeto de torpedear las sesiones, procurando el sabotaje de las actividades que incluye al personal administrativo adepto.
Luce autorizada la especulación respecto a lo que acaecerá en la ciudad capital, en correspondencia con la guerra psicológica que el gobierno ha reemprendido. Y no sólo por la agresiva reacción que los debates decembrinos ocasionaron o la pretendida impugnación de veintidós diputados de la oposición, sino por las declaraciones públicas de quienes, con sobrada prepotencia, apelan a los eufemismos y subterfugios para no responder por una derrota tan monumental como sorprendente.
El nombramiento de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, generó una agresión verbal tan soez y pendenciera del oficialismo que contribuyó aún más a descalificar a los beneficiarios de una renuncia forzada y adelantada de sus predecesores (cualquier estudiante de derecho sabe de los vicios del consentimiento), frente a los más sensatos e irrefutables argumentos de la bancada opositora que mostró – nuevamente – su coraje. Violentando el Reglamento Interior y de Debates, la dirección de debates tuvo la osadía de invocar la Constitución de 1999, acusando inmoralmente de golpistas a los adversarios, cuando él – Diosdado Cabello – lo hizo efectivamente con la de 1961. Valga acotar, se dice que Nicolás Maduro no lo llevará a la vicepresidencia de la República, dejando que se diluya en la curul, tal como ocurrió con Rafael Ramírez en la embajada de Nueva York.
Pareciendo insuficiente la embestida desde el Palacio Legislativo, corrió poderosamente el rumor de la impugnación de un número importante de diputados de la oposición, propicio para una mayoría simple, sin que sepamos de alguien que haya visto el recurso o de los nombres específicos de las personas a perjudicar. Y, aunque no cabe medida precautelar, cautelar o cautelarísima alguna para impedir que asuman sus curules, ordenándoles la propia Constitución vigente instalarse el 5 de enero de 2016 por la adjudicación y proclamación de la que se hicieron acreedores (como sabrá nuestro cursante de derecho), la noticia – aviesamente administrada – dijo surtir los efectos del desaliento y desmoralización que interesan al régimen.
Los voceros del gobierno, añadido el mismo Maduro, frente al ambiente generalizado de alivio que vivimos el lunes 7-D, que – de un modo u otro – objetivamente reflejó la baja del dólar, introdujeron los acostumbrados ingredientes que propician la zozobra, la incertidumbre y la violencia pública, intimidando a los hogares. Auto-engañándose – ésta vez – en el intento de engañar a la población, faltó poco para el desconocimiento absoluto de las cifras electorales, estimulando un pánico de consecuencias impredecibles, y, se dice, no ocurrió por la firme determinación del alto mando militar.
Somos también víctimas de un terrorismo psicológico que puede cumplimentarse con un nuevo asalto al parlamento, adquiriendo consecuencias de una hondura indeseable. Siendo diferentes las condiciones históricas, se dirá semejante al acto de violencia que padeció el Congreso del 23 al 24 de enero de 1848, en su sede caraqueña, con un saldo lamentable, confrontando – por ejemplo – la opinión histórica de Ramón Díaz Sánchez y la de Héctor Mujica; pero lo cierto es que, plenamente manifiesta la voluntad popular, la que masivamente favoreció a la oposición democrática (única modalidad para neutralizar las triquiñuelas y el ventajismo oficial), tal hecho tendría derroteros más graves, nefastos y duraderos, hoy.
El reasalto del parlamento venezolano sería una locura más que, por tal, descartamos excepto el madurato aspire a un pronto suicidio político y moral. Por lo demás, hay entereza, gallardía y coraje en los nuevos elencos parlamentarios para afrontar el supuesto negado de tamaño acto de irresponsabilidad.
Grata coletilla
La Universidad Metropolitana acogerá más de 30 mil ejemplares de lo que fue la biblioteca personal de Ramón J. Velásquez, extraordinario destino que ha de garantizar la preservación y apertura para todo el estudiantado. Invalorable patrimonio, la biblioteca “Pedro Grases”, receptora de la donación, genera una mayor confianza que la de las instituciones públicas que, huelga comentar, están en una precaria situación.
Fuentes:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/24833-de-un-supuesto-asalto-al-parlamento
http://www.entornointeligente.com/articulo/7613256/VENEZUELA-De-un-supuesto-asalto-al-parlamento
Cfr. Francisco Natera Amundaraín y la inevitable referencia a 1849 y el intento de forzar la interpretacion: http://www.aporrea.org/ideologia/a220093.html
viernes, 29 de mayo de 2015
martes, 7 de abril de 2015
CAZA DE CITAS
“Yo
nunca me voy de las primeras contra nadie porque lo malo no son las
aspiraciones sino las tentaciones, a Román le di mucha cuerda pero lo
tentaron tanto que reventó la cuerda y paró en La Rotunda, pero otros se
han sabido aguantar y mientras me quieran ayudar yo los ayudo”
Ramón J. Velásquez
(“Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez”, Teura, Caracas, 2008: 347)
Fotografía: Felipe Toro, Juan Vicente Gómez (1934).
Ramón J. Velásquez
(“Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez”, Teura, Caracas, 2008: 347)
Fotografía: Felipe Toro, Juan Vicente Gómez (1934).
sábado, 4 de abril de 2015
LECTORANTE: LO HISTÓRICO
Publicado
en Caracas por 2012, el autor recorre la actuación pública de Ramón
Tello Mendoza y el Círculo Valenciano. Podrá decirse que Carlos Alarico
Gómez, docente universitario en periodismo e historia, a veces tiende a
la banalidad de sus trabajos, aunque – por ejemplo – el que una vez
escribiera sobre Renny Ottolina hubiese parecido tal cosa. Quiérase o
no, el biografiado es un referente inevitable
de la Venezuela contemporánea. A lo mejor, frecuenta la literatura de
divulgación o no se adentra en los más espinosos asuntos de la filosofía
de la hstoria, ni resuelve algún complejo problema epistemológico o
metodológico. Pero lo cierto es que, a nuestro parecer, es del oficio y
cumple satisfactoriamente sus tareas. Es acucioso con las fuentes y
escribe bien, caracterizado por una economía a la que cuesta
acostumbrarse y, sin embargo, nos habituamos al estilo conciso, directo,
un poco más que telegráfico, cuidando del soporte documental de cada
línea que suscribe.
El título que asomamos, despeja algunas incógnitas sobre Tello Mendoza. Recordemos la maldición historiográfica que pesa aún sobre el personaje, facilitador de las mozas valencianas, alcahueta cortesano que desvió a Cipriano Castro de sus magnánimos objetivos históricos. Maldición también cinematográfica, pues, aunque nunca más la vimos, pesando en la mirada juvenil los senos de la atrevida actriz Chony Fuentes, hubo hasta una película de El Cabito insaciable y los facilitadores (más allá que felicitadores), de doncellas prestas a un encuentro cercano de tercer tipo. Independientemente de los medios que pudo emplear para su ascenso al poder, lo cierto es que el balance histórico igualmente da cuenta de una actuación delicada del Círculo de Valencia y de su fundador, al frente del ministeriode Hacienda y Crédito Público, la gobernación de Caracas, etc. De esto y otros detalles más, nos entera Gómez Alarico.
Otros
lo dirán un libro de encargo familiar. ¿Eso es malo? Tuvo ocasión de
acceder a papeles inéditos. Y la única manera de contravenirlo, es a
punta de otros papeles e interpretaciones que ayuden a ese balance
referido, el que esperamos los aficionados a la materia, porque el
maniqueísmo suele aconsejar mal.
La
compilación de Jerónimo Carrera (Fondo Editorial Carlos Aponte,
Caracas, 1986), “no es un libro de historia pero sí de ciencias
sociales, de ciencias políticas, para definirlo con más exactitud”.
Tiene por portal “Un canto a Bolívar” de Pablo Neruda. Finalizando con
el récord académico de sus autores, los trabajos versan sobre el
proyecto político del Libertador (Anatoli Shulgovski), Bolívar la
interpretación de la historia (Max Zeuske, Adalbert Dessau, Manfred
Kossok, Jerónimo Carera); la dirigencia revolucionaria, América Latina,
el problema indígena (José Roberto Arze, Arturo Cardozo, Carrera, Alvaro
Delgado, Ladislav Dvorak, José Grigulevich, Yuri Zubritski); la
polémica con Germán Arciniegas (Alvaro Oviedo, Medófilo Medina, Evgueni
Vinokuov, Víctor Volski; y otros textos de la Revista Internacioal, el
PCV ante el Bicentenario de Bolívar, Miguel Otero Silva y Eduardo
Gallegos Mancera).
Obviamente,
a falta de novedades editoriales, las viejas también escasean. Nuevos y
viejos títulos cada vez más difíciles de hallar. Antes, por la presión
de unas, eran más fáciles de encontrar las otras por la febril
realización de los rematadores de libros. Una vez, debajo del puente de
la avenida Fuerzas Armadas, en Caracas, hallamos la obra de Justino
Blanco Z., con carátula y viñetas de José
Narro (Libros Mex Editores, México, 1957). Puede decirse que es una
biografía convencional, pero la edición atrae. La derrota militar de
Miranda, genera otros hechos que convierten en general a Bolívar, de
treinta años de edad. “Después del derrumbe militar de un caudillo de
sesenta años”, insurge el héroe en una versión propia de los
positivistas que, por ejemplo, subrayan la #conclusión
de que el federalismo no encaja en sus ideas del momento”., entrando a
Caracas el 6 de agosto de 1813, luego de una campaña de tres meses. O
exalta el antiesclavista, pues, “a quien un esclavo pretendió asesinar,
se mantiene fiel a os esclavos”.
No tenemos noticias del autor, aunque la red advierte cierta tendencia marxista. Habrá que revisar de nuevo el libro, porque fueron muchísimos años atrás cuando lo leímos por vez primera.
El título que asomamos, despeja algunas incógnitas sobre Tello Mendoza. Recordemos la maldición historiográfica que pesa aún sobre el personaje, facilitador de las mozas valencianas, alcahueta cortesano que desvió a Cipriano Castro de sus magnánimos objetivos históricos. Maldición también cinematográfica, pues, aunque nunca más la vimos, pesando en la mirada juvenil los senos de la atrevida actriz Chony Fuentes, hubo hasta una película de El Cabito insaciable y los facilitadores (más allá que felicitadores), de doncellas prestas a un encuentro cercano de tercer tipo. Independientemente de los medios que pudo emplear para su ascenso al poder, lo cierto es que el balance histórico igualmente da cuenta de una actuación delicada del Círculo de Valencia y de su fundador, al frente del ministeriode Hacienda y Crédito Público, la gobernación de Caracas, etc. De esto y otros detalles más, nos entera Gómez Alarico.
No tenemos noticias del autor, aunque la red advierte cierta tendencia marxista. Habrá que revisar de nuevo el libro, porque fueron muchísimos años atrás cuando lo leímos por vez primera.
La décimo-cuarta edición de Teura (Caracas, 2008), nos remite a un
clásico de extraorinaria importancia. Puede decirse que toda la obra de
Ramón J. Velásquez se condensa en las “Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez", pues, es el
historiador y el periodista que, sagazmente, apela a la lectura
entre-lineada para afirmar una interpretación propia de la Venezuela
contemporánea. Nada podemos agregar a este esfuerzo, susceptible de la
evaluación del especialista en psicología social: ¿pudo el autor
penetrar en una época, desde la propia?
"Confidencias
...", tiene una triple particularidad: es el periodista que se imagina
las respuestas de Gómez, realizando un aporte estupendo para la propia
asunción psicológica del personaje; cada línea tiene un sustento
documental que no necesita citar; y, en definitiva, también revela la
misma psicología del Velásquez, andino de pura cepa.
martes, 17 de marzo de 2015
CAZA DE CITAS
"Total que es casi seguro que de afuera nadie va a venir a hacer la guerra, pero tampoco es para dormir tranquilo, porque eso no lo puede hacer el que manda y de haber alguna vez el peligro de un enemigo ese estaría en la propia casa y por eso mismo el que manda tiene preocupaciones a toda hora…”
Ramón J. Velásquez
(“Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez”, Ediciones
Teura, Caracas, 2008: 285)
Reproducción: Billiken, Caracas, mes II, nr. 7 del 22/12/1928.
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Ramón J. Velásquez
domingo, 7 de septiembre de 2014
PASAJEROS SOMOS (2)
EL NACIONAL, Caracas, 6 de noviembre de 2001
Crónicas marcianas
Loco con suerte
Luis Chumaceiro
“No hay un gran genio sin mezcla de locura”.
Aristóteles.
“El que sabe hablar, sabe también cuándo”.
Arquímedes.
“Los locos están de moda, ¿porqué no seguir hablando de
ellos?”.
Chumaceiro
Una faceta poco conocida de Páez, especialmente por aquellos
que no han adquirido Leyendas Históricas de Venezuela, el libro de Arístides
Rojas que editó El Nacional, son sus perturbaciones histérico–epilépticas. Él
lo escribirá en sus memorias: “Al principio de todo combate, cuando sonaban los
primeros tiros, apoderábase de mí una intensa excitación nerviosa, que me
impelía lanzarme contra el enemigo para recibir los primeros golpes; lo que habría
hecho siempre si mis compañeros con grandes esfuerzos no me hubieran retenido”.
Excitación, descontrol y la temeridad propias de un ser
desquiciado. ¿Quién era en realidad ese hombre que gritaba “mi lanza, mi
caballo”, en cada batalla? Valor, temor, lucidez, locura, inconsciencia, nunca
sabremos con certeza qué predominaba en él, así como tampoco podrá constatarse
la especie del trauma infantil al sufrir la mordida de un perro con hidrofobia
o, según otros, de una víbora.
Muchos venezolanos importantes han transitado por las
tortuosas veredas de la demencia. A Juan Manuel Cajigal (1802-1856) se le
desarrolló una meningo–periencefalitis difusa a partir de los 37 años que,
según el mismo Rojas (Recuerdos de Cajigal: 1892), “comenzaba por la monomanía
tranquila, tímida. Creía que iban a perseguirle, que querían asesinarle”.
Cecilio Acosta murió en 1881 de ataxia locomotriz, atrofia muscular progresiva,
esclerosis de los cordones laterales y reblandecimiento cerebral. Según Tejera
(Perfiles venezolanos: 1888) “no manifestaba en su conversación, algo monótona,
las dotes que lo adornaban en la tribuna; repetía una frase hasta la saciedad y
giraba alrededor de un pensamiento con aquellas idas y venidas”.
Pero el caso más interesante, hasta fecha muy reciente, era
el de Diógenes Escalante. Este tachirense retornó, después de años de ausencia
por sus responsabilidades diplomáticas, para convertirse en el candidato de
consenso a la presidencia de la República por el Partido Democrático
Venezolano, partido del gobierno de Medina, y AD, el principal partido de
oposición. Contaba con todo y lo tenía todo.
Me cuenta mi abuela Luisa Elena –todos sus hermanos, los
Ledo, fueron periodistas de Últimas Noticias y El Nacional– que un buen día de
ese año 1945 se presentó Manuel R. Egaña, en la redacción del primero de estos
periódicos, para buscar a Ramón J. Velásquez y proponerle la secretaría privada
del futuro mandatario. Para hacer breve el cuento, el buen historiador aceptó y
empezó a ejercer inmediatamente su rol.
A poco, ya en funciones, se presentó Ramón J. en la suite de
Escalante, en el Hotel Ávila. Estaba algo apurado porque a primera hora el
presidente Medina recibiría a su sucesor. El candidato no estaba listo y se
negaba a acudir a la cita con el alegato de que no tenía camisa, a pesar de
tener la habitación repleta de ellas. En pocas horas, el hombre perdió la
cordura y cambió la historia de Venezuela ya que, a los tres meses, una AD que
se sintió excluida, participa en el golpe de Estado contra Medina. A Escalante
una multitud lo recibió y muy pocos, algunos familiares y Egaña, lo
despidieron. Murió, en 1964, en un hospital psiquiátrico de Miami.
La paradoja de estas historias es que hay que tener mucho
cuidado con los gobernantes que tienen perturbaciones mentales. A los hombres
de carácter, los verdaderos líderes, les gusta oír hablar de sus faltas; a los
otros, los que tienen inclinaciones narcisistas y autoritarias, les gusta oírse
a sí mismos, se embelesan con los adulantes y no aceptan la crítica
democrática. Los locos más peligrosos son los que tienen suerte, aquellos que,
como no saben lo que es imposible, terminan creyendo realidad sus sueños
delirantes.
NOTA LB: Oscar
Battaglini (“El medinismo”, Monte Avila
Editores, Caracas, 1997: 190 ss.), habla
de un juego de intereses (presión, conspiración militar y negociación
política). La candidatura de Escalante
“no resultaba solidaria con el interés del medinismo”, aunque aseguraba la
cotinuidad de la política modernizadora. Hay satisfacción y apoyo del
Departamento de Estado estadounidense. El medinismo lo respalda, evitando
aislarse. Ya Betancourt cuenta con el aval norteamericano, después de visitar
el Departamento de Estado en julio de 1945.
jueves, 3 de julio de 2014
DOCUMENTÓLOGO
EL NACIONAL - Domingo 29 de Junio de 2014 Siete Días/5
Velásquez, el historiador
En nuestros días, pero también en días ajenos y remotos, fue el político mejor informado de los antecedentes de la sociedad porque los estudió con método y sin impaciencia
Elías Pino Iturrieta
En la editorial Planeta, cuando publicaron La caída del liberalismo amarillo , me pidieron que escribiera la contraportada. Afirmé allí: "No parece casual que los venezolanos hayan fijado los ojos en el autor, Ramón J. Velásquez, hasta el punto de designarlo Presidente de la República en un período tan descompuesto como el que estudia.
La designación otorga una relevancia inusual a su obra, pero también le ofrece una esperanza a nuestro atolladero. Gracias a la solvencia del intelectual en el conocimiento de los sucesos que una vez condujeron a Venezuela hasta el borde del abismo, se puede esperar una gestión de resultados plausibles. Mejor ocasión no se había presentado de saber para qué sirve la historia". Entonces, y ahora, considero que los aciertos del ciudadano Velásquez dependieron de la obra del historiador que en esencia fue. En consecuencia, trataré de mostrar hoy algunas de sus contribuciones como indagador del pasado.
Fue trascendental lo que hizo en materia de custodia y divulgación de fuentes primarias. En especial, la organización de un precioso repositorio para el entendimiento de la contemporaneidad, el Archivo Histórico de Miraflores, cuya oferta de materiales inéditos resulta esencial para el análisis de la política en el siglo XX. No solo se ocupó de encontrar los presupuestos del caso, sino también de la redacción de los epígrafes de las secciones de 150 volúmenes publicados partiendo de los documentos guardados en su seno. Luego emprendió otra relevante faena, la Fundación para el Rescate Documental de Venezuela, para entregar a los estudiosos los informes de los diplomáticos extranjeros sobre la vida doméstica en general. La incorporación de las observaciones foráneas ha permitido estudios de una profundidad inusual, desde luego.
Pero también le debemos ediciones monumentales de documentos, la mayoría desconocidos o de ardua localización, sin los cuales no hubiéramos salido de las versiones simples o planas del estado nacional a través del tiempo. Me refiero a la serie Pensamiento político venezolano del siglo XIX , compuesta por quince volúmenes cuidadosamente apuntados por los recopiladores, de cuyas páginas se han nutrido con provecho los especialistas y los simples curiosos. Las versiones del comienzo de la autonomía republicana, de las hegemonías personalistas, de las guerras civiles y de los esfuerzos del antiguo civismo son otras, después de la edición de esta colección imprescindible. Pero no detiene el esfuerzo, hasta adelantar una titánica edición de 130 volúmenes sobre el Pensamiento político venezolano del siglo XX . Un fatigoso rastreo, una búsqueda que parece interminable, el movimiento que insufla a un enjambre de historiadores jóvenes desembocan en un legado de extraordinaria entidad para el análisis de nuestros días. Si se agrega la colección de Fuentes para la historia republicana , que coordinó para la Academia de la Historia, y la colección Venezuela peregrina , que recoge títulos de venezolanos en el exilio, estamos frente a un trabajo sin parangón.
Si el lector se pregunta cómo pudo hacer tanto sin abandonar sus obligaciones políticas, se sorprenderá al saber que su bibliografía individual está compuesta por 38 títulos, algunos tan importantes como La caída del liberalismo amarillo , Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez , El proceso político venezolano del siglo XIX y La obra histórica de Caracciolo Parra Pérez . Es evidente que el compromiso de Ramón J. Velásquez con el bien común, de todos conocido, remite a un vínculo con el republicanismo que determinó su conducta desde la juventud, pero la comprensión cabal de su tránsito obliga a juzgarlo como historiador. En nuestros días, pero también en días ajenos y remotos, fue el político mejor informado de los antecedentes de la sociedad porque los estudió con método y sin impaciencia. Cultor empecinado de la memoria colectiva y ciudadano legítimo de la república de Clío, gracias a su íntima relación con la obra de los antepasados, con los antiguos y no pocas veces torcidos pasos de los antecesores, le podemos atribuir un quehacer de entidad que no pueden llevar a cabo los políticos que a duras penas se interesan por lo que sucede en su presente.
Velásquez, el historiador
En nuestros días, pero también en días ajenos y remotos, fue el político mejor informado de los antecedentes de la sociedad porque los estudió con método y sin impaciencia
Elías Pino Iturrieta
En la editorial Planeta, cuando publicaron La caída del liberalismo amarillo , me pidieron que escribiera la contraportada. Afirmé allí: "No parece casual que los venezolanos hayan fijado los ojos en el autor, Ramón J. Velásquez, hasta el punto de designarlo Presidente de la República en un período tan descompuesto como el que estudia.
La designación otorga una relevancia inusual a su obra, pero también le ofrece una esperanza a nuestro atolladero. Gracias a la solvencia del intelectual en el conocimiento de los sucesos que una vez condujeron a Venezuela hasta el borde del abismo, se puede esperar una gestión de resultados plausibles. Mejor ocasión no se había presentado de saber para qué sirve la historia". Entonces, y ahora, considero que los aciertos del ciudadano Velásquez dependieron de la obra del historiador que en esencia fue. En consecuencia, trataré de mostrar hoy algunas de sus contribuciones como indagador del pasado.
Fue trascendental lo que hizo en materia de custodia y divulgación de fuentes primarias. En especial, la organización de un precioso repositorio para el entendimiento de la contemporaneidad, el Archivo Histórico de Miraflores, cuya oferta de materiales inéditos resulta esencial para el análisis de la política en el siglo XX. No solo se ocupó de encontrar los presupuestos del caso, sino también de la redacción de los epígrafes de las secciones de 150 volúmenes publicados partiendo de los documentos guardados en su seno. Luego emprendió otra relevante faena, la Fundación para el Rescate Documental de Venezuela, para entregar a los estudiosos los informes de los diplomáticos extranjeros sobre la vida doméstica en general. La incorporación de las observaciones foráneas ha permitido estudios de una profundidad inusual, desde luego.
Pero también le debemos ediciones monumentales de documentos, la mayoría desconocidos o de ardua localización, sin los cuales no hubiéramos salido de las versiones simples o planas del estado nacional a través del tiempo. Me refiero a la serie Pensamiento político venezolano del siglo XIX , compuesta por quince volúmenes cuidadosamente apuntados por los recopiladores, de cuyas páginas se han nutrido con provecho los especialistas y los simples curiosos. Las versiones del comienzo de la autonomía republicana, de las hegemonías personalistas, de las guerras civiles y de los esfuerzos del antiguo civismo son otras, después de la edición de esta colección imprescindible. Pero no detiene el esfuerzo, hasta adelantar una titánica edición de 130 volúmenes sobre el Pensamiento político venezolano del siglo XX . Un fatigoso rastreo, una búsqueda que parece interminable, el movimiento que insufla a un enjambre de historiadores jóvenes desembocan en un legado de extraordinaria entidad para el análisis de nuestros días. Si se agrega la colección de Fuentes para la historia republicana , que coordinó para la Academia de la Historia, y la colección Venezuela peregrina , que recoge títulos de venezolanos en el exilio, estamos frente a un trabajo sin parangón.
Si el lector se pregunta cómo pudo hacer tanto sin abandonar sus obligaciones políticas, se sorprenderá al saber que su bibliografía individual está compuesta por 38 títulos, algunos tan importantes como La caída del liberalismo amarillo , Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez , El proceso político venezolano del siglo XIX y La obra histórica de Caracciolo Parra Pérez . Es evidente que el compromiso de Ramón J. Velásquez con el bien común, de todos conocido, remite a un vínculo con el republicanismo que determinó su conducta desde la juventud, pero la comprensión cabal de su tránsito obliga a juzgarlo como historiador. En nuestros días, pero también en días ajenos y remotos, fue el político mejor informado de los antecedentes de la sociedad porque los estudió con método y sin impaciencia. Cultor empecinado de la memoria colectiva y ciudadano legítimo de la república de Clío, gracias a su íntima relación con la obra de los antepasados, con los antiguos y no pocas veces torcidos pasos de los antecesores, le podemos atribuir un quehacer de entidad que no pueden llevar a cabo los políticos que a duras penas se interesan por lo que sucede en su presente.
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