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sábado, 25 de enero de 2020

EL OBSCURO ARSENAL DE BOLÍVAR

Las cien caras (y cruces) de Bolívar
La biografía del legendario Libertador escrita por Marie Arana recurre a cartas y documentos para reconstruir el contexto de su controvertida figura
Miquel Alberola
Simón Bolívar (1783-1830) es una de las figuras que más espacio llena en el imaginario latinoamericano. La que personifica la emancipación de los pueblos coloniales del “yugo intolerable” de España. También la que todavía agitan e instrumentalizan políticos para sacralizar sus acciones y darse brillo con el resplandor de su sable. Su trayectoria atraviesa tantas luces como sombras, fluctúa, según autores, entre George Washington y Maximilien Robespierre. La escritora y periodista estadounidense Marie Arana (Lima, Perú, 70 años) acaba de publicar la traducción española de Bolívar. Libertador de América (Debate), un libro que concitó el elogio de la crítica anglosajona tras su aparición en 2013 y que el solvente biógrafo Walter Isaacson ha calificado como la biografía que merecía el personaje.

Arana, que durante años fue responsable de la sección de libros de The Washington Post, lo describe como un hombre que fue amamantado por una negra, que mide un metro sesenta y siete, pesa 59 kilos y tiene una mirada inquietante. De raíz vasca y vocación cósmica, desborda magnetismo, poder de convicción. Es un jinete tan resistente que los llaneros lo llaman “culo de hierro”. Puede recitar a Rousseau en francés y a Julio César en latín, admira a Voltaire y Montesquieu, fascina a Lord Byron y es un mujeriego tenaz. Pero también, como un hombre muy imperfecto, impulsivo, testarudo, lleno de contradicciones. Intolerante con las críticas, sin paciencia en las discrepancias. Elocuente con la justicia, aunque no siempre capaz de impartirla en el caos de la revolución. Con todo, la autora pondera su “irreprimible generosidad, sus profundamente arraigados principios de libertad y justicia”.

Tras años de carnicerías y adversidades (incluido un intenso terremoto que la Iglesia manejó como castigo de Dios al independentismo), Bolívar recibió todo el crédito de haber concebido, organizado y liderado solo la liberación de seis naciones (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia, que entonces integraba a Panamá), con una población que superaba en un 50% a la de América del Norte. Pero el Libertador viviría para ver cómo se demolía esa gloria. La política en esos países se insubordinó, sus detractores se expandieron. Bolívar, señala Arana, “llegó a creer que los latinoamericanos no estaban preparados para un gobierno verdaderamente democrático: abyectos, ignorantes, recelosos, no comprendían cómo gobernarse a sí mismos”. Entre el Libertador y el dictador apenas quedaba espacio. El sueño ilustrado de la América Latina unificada a semejanza de la del Norte se estrelló contra la realidad.

El libro de Arana, minucioso con las afirmaciones y las fuentes, ha suscitado críticas en el sector más sensibilizado contra la leyenda negra del imperio español, que le imputa un excesivo enfoque criollista y novelesco (su lectura es amena). Había abonado el terreno un libro previo: El terror bolivariano (La esfera de los libros), cuyo autor, el exsenador venezolano e historiador Pablo Victoria, plasma al Libertador como “artífice de un antecedente claro del Holocausto judío”.

Arana defiende que su biografía del Libertador “captura el momento de una forma más completa y, tal vez, más humana que algunas de las existentes”. Señala que recorrió a las fuentes primarias (las cartas de Bolívar, los relatos de sus soldados, los comentarios contemporáneos, las crónicas españolas) “en busca de fragmentos de color que no había visto en otras biografías e historias” por todas las bibliotecas del continente americano. Ese “material original”, afirma, “está lleno de drama y detalles” que contienen un “sentido de urgencia y viveza” que ella no percibió en otras biografías. “Quería transmitir los olores, los sonidos, la sensación de la selva y la montaña, el sudor de los caballos. Sondeé fuentes primarias para esos detalles. También reuní pormenores y observaciones perspicaces de obras de escritores en español que nunca se habían leído ampliamente en todo el mundo y que parecían suspendidas en una especie de limbo”. La autora empleó varios años en la documentación por diversos países y cuatro escribiendo el libro.

Tras la liberación que impulsó Bolívar, proliferó la fragmentación, las guerras civiles, las “traiciones de capa y espada”. A Bolívar no le quedó otra salida que la renuncia, la pobreza, la enfermedad y el exilio. “Pocos héroes en la historia han recibido tanto honor, tanto poder y tanta ingratitud”, sentencia la biógrafa, que mereció la distinción de Los Angeles Times Book Award en su versión original inglesa.

Casi dos siglos después de su muerte, su gesta sigue empañada por episodios oscuros como su decreto de guerra a muerte (para los españoles que no combatieran por la independencia); la ejecución del general Manuel Piar, uno de los próceres de la emancipación venezolana; la traición a Francisco de Miranda, considerado el precursor de la liberación de la América meridional; la matanza de 800 prisioneros españoles en Puerto Cabello ante el riesgo de un motín, y, sobre todo, su imperiosa acción como gobernante de Perú, Bolivia y Venezuela, que llevó a Gabriel García Márquez a calificarlo como el prototipo casi mítico de los dictadores latinoamericanos.

Contra líderes, no contra masas

El catedrático de Historia Moderna Carlos Martínez Shaw defiende que “la historia es siempre entreverada y es imposible dar solo una visión positiva o negativa de nadie”. “Todos tienen una cara doble: Bolívar, Cortés…”, esgrime. Para el miembro de la Real Academia de la Historia, no hay un Bolívar con varias caras sino “un solo Bolívar con muchas luces y sombras”, algo que ya reflejaban las biografías “más fiables” anteriores: la de Nelson Martínez (Historia 16, 1986) y la de John Lynch, (Crítica, 2007), ambas con el nombre del Libertador como título. Un Bolívar que transmite a la vez poca simpatía y carisma. Y también gran valor y energía, como su propósito de “crear una América con los valores de la Ilustración, con separación de poderes, que no consigue porque la estructura regional está muy consolidada”. El historiador destaca su “energía tremenda” como catalizador de su triunfo, en la que detecta alguna similitud con Robespierre.

Martínez Shaw no considera que Bolívar fuese “particularmente sanguinario”. “Aquella no fue una guerra de exterminio casi nunca. La violencia de Bolívar fue contra líderes, no contra masas. De hecho, sus rivales fueron más brutales, como Pablo Morillo”, a quien, sin embargo, llamaron El Pacificador. “Bolívar sabía que tenía que ganar y destruir al ejército enemigo”, añade. El historiador remarca que se libraba simultáneamente una guerra civil y una de independencia, “con criollos y españoles en ambos bandos” para complicar más la situación. Respecto a su condición de dictador, apunta que no se trataba tanto de “una ambición de poder” como de “espíritu de liderazgo de quien se sabía conocedor de los fines mejor que nadie en un momento tan revuelto de dirigentes. Estaba convencido de que llevaba razón”. “Se declaró dictador para conseguir una república latinoamericana unitaria”, argumenta.

Marie Arana, que tiene antepasados en los dos frentes del conflicto, mantiene que “el líder de una revolución duramente ganada puede ser visto como un héroe por los vencedores y un asesino genocida por el bando perdedor”. “Bolívar no era un hombre truculento, pero recurrió a medidas sorprendentemente violentas. Y, por supuesto, había una carnicería atroz en ambos lados”, confronta.

Desde Washington, donde desempeña el cargo de directora literaria de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, la autora asume que “con el tiempo, Bolívar ha llegado a tener cien caras”. “No solo en pinturas o grafiti, donde se lo retrata simultáneamente como negro, indígena, blanco u oriental, según el artista o el mensaje”. “De su imagen”, apunta, “se han apropiado oportunistas de todas las tendencias: dictadores de derecha, revolucionarios de izquierda, reaccionarios, comunistas, hombres fuertes militares, estadistas distinguidos. Desde Fidel Castro hasta Augusto Pinochet, y desde Hugo Chávez hasta Franco, los líderes han querido envolverse en su gloria”. “Esto”, advierte, “puede sugerir una personalidad de camaleón, pero no se parecía en nada a ninguno de esos hombres”. Quizás porque el personaje tiene una gran significación para muchos y porque la fama distorsiona, la biógrafa mantiene que “no vemos a Bolívar como realmente era”. Ella lo ha buscado “en sus cartas, su lenguaje extraordinariamente preciso, su idealismo, sus amargas decepciones y su pesimismo absoluto sobre la América Latina en la que nos convertiríamos”. También “en sus logros históricos, así como en sus espectaculares fracasos”. “Puedes elegir ver a César como una cima del imperio o como el comienzo de un declive. Lo mismo que con Napoleón. Bolívar no es diferente”, consigna.

Una revolución racial

Una de las tesis de Bolívar. Libertador de América es que la revolución latinoamericana no hubiese sido posible sin la bomba racial que se estaba formando con los esclavos y el sistema de castas. Marie Arana deplora que los libros de texto en América Latina no aborden este aspecto. “La revolución puede haber sido iniciada por aristócratas blancos, pero fue ganada por las razas más oscuras, por antiguos esclavos. Esto es cierto no solo para Bolívar, sino para las fuerzas que se unieron a San Martín”, observa. Ella considera que fue precisamente esta la causa por la que los Estados Unidos de América negaron toda ayuda a la revolución de Bolívar. “Bolívar empleó la división racial para su ventaja, y el incipiente gobierno de los Estados Unidos no podía permitirse el lujo de ayudarlo. La esclavitud era la institución más rentable en los Estados Unidos en ese momento”, precisa. Una de las objeciones que se le han hecho al libro es que los esclavos se sentían mejor tratados por la Corona que por los independentistas, algo que la biografía de Arana refleja en casos puntuales. “Al principio, las fuerzas coloniales españolas también intentaron reclutar esclavos negros e indígenas para sus ejércitos, con mucho menos éxito. La raza fue, en última instancia, el arma más poderosa en el arsenal de Bolívar”, indica.

Fuente:
Fotografía de la autora: 
Última fotografía: Miguel Gutiérrez (EFE): "Un hombre sostiene un cuadro de Simón Bolívar durante una manifestación en Caracas (Venezuela) en 2019". 
Cfr.
https://www.theguardian.com/books/2013/jun/15/bolivar-marie-arana-review

Respuestas desde La afición histórica (comunidad facebookeana)

Fernando Falcón:"El Texto de Arana es una mezcla entre novela y biografía, casi más la primera que la última, eso si, entretenido y en base a fuentes secundarias. El de Pablo Victoria, un bodrio mal intencionado, escrito para buscar 15 minutos de fama. Poca y parcializada investigación, uso de términos anacrónicos, selección arbitraria de fuentes etc...lo que un libro de Historia y menos una biografía NO deben ser".
Dario Perez: Todavía hay muchas personas que ponen en duda que Bolívar muriera en pobreza total, y admiten que él aún poseía muchos bienes entre estos las minas de Aroa, pero obvian, que él había sido considerado proscrito, se le había desterrado, su situación es comparable hoy día, a alguien que tenga cualquier cantidad de dinero ahorrado en una entidad bancaria, y que al momento de requerir cierta cantidad de su dinero para cubrir una necesidad, esta entidad se halle intervenida".
Dario Perez: "BOLÍVAR Y LAS INGRATITUDES HUMANAS
Los últimos meses de 1830, la vida de Simón Bolívar es una serie de humillaciones, contrariedades y decepciones. todo es frustración y dolor físico y moral. No pudo siquiera realizar su proyecto de ausentarse de Colombia, su carencia de recursos económicos y el deplorable estado de salud se lo impedían. El 8 de mayo de 1830, después de despedirse de manuela Sáez, abandona Bogotá camino a Cartagena; un grupo de exaltados se alinea en una de las calles de la capital para gritarle frases ofensivas y soeces: nunca imaginó el libertador semejante ultraje. El 1 de julio, por correo de Bogotá, se entera que el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, el más amigo fiel y el más noble general de Colombia, había sido asesinado en la montaña de Berruecos, por oscuros malhechores pagados por ambiciosos e inescrupulosos políticos "¡Dios excelso; se ha derramado la sangre del inocente Abel!". Así exclamó Bolívar, horrorizado. El Congreso de Valencia, convocado por Páez, desata un odios contra el libertador; todos los diputados con la honrosa excepción del sabio José María Vargas, son presa de una fobia contra el grande hombre. Miguel Peña y Ángel Quintero fueron los más intrigantes y miserables cabecillas de la conspiración. Se llega a proponer: "que siendo el general Bolívar un traidor a la patria, un ambicioso que ha tratado de destruir la libertad, el Congreso lo declare proscrito de Venezuela". De Quito llegaron Noticias de que había un movimiento para declarar la independencia de los departamentos del Sur y elegir presidente al general Flores. Ya Santander había hecho lo suyo el 25 de septiembre de 1827. La Gran Colombia se desintegra. La vida se apaga. El libertador Exclama: ¡Mi gloria! ¡Mi gloria! ¿Por qué me la arrebatan? ¡Páez! ¡Páez! Un hombre destruido moral y físicamente. La ingratitud y la incomprensión de quienes tanto le debían, Santander, Páez, Flores, Mariño y otros, lo hacían presa del más grande sufrimiento.
Sucre muerto; Manuela Sáez, la amante inmortal, lejos; Simón Rodríguez, abandonado en el Sur; ¡Y Caracas! Por la que había hecho todo ignorando la desgracia de su hijo predilecto. ¿Su salud? Así nos las describen: "La respiración anhelosa, languidez de su mirada, hondos suspiros que salían de su pecho oprimido, todo manifestaba la debilidad de su cuerpo y el dolor del alma, inspirando compasión y respeto" ¡Que terrible es ser grande hombre!
Cuenta Gil Fortoul que en las conversaciones con su médico, Dr Reverend, combinaba la frase espiritual con la amarga ironía: ¡Doctor, ¿Qué vino a buscar usted a estas tierras? ¡La libertad! ¿La ha encontrado? Si, mi general. Es usted más afortunado que yo. Vuélvase a su bella Francia en donde ya está flameando la gloriosa bandera tricolor: aquí en este país, no se puede vivir; hay muchos canallas..."Un reducidísimo número de fieles amigos lo acompañan hasta el final. La Quinta del hidalgo Español Don Joaquín de Mier - San Pedro Alejandrino--, en Santa Marta, ofrecería su último refugio. Como afirma el historiador Indalecio Liébano Aguirre: "Terminó su vida bajo la amorosa protección y refugio de un español, cuando los pueblos libertados por él se confabularon para destruir su obra". En la historia de las ingratitudes humanas, las humillaciones hechas a Bolívar no tienen precedente...
(Fragmento del libro "GUAMA" 1997 (José Miguel López Pinto)",

Fuente:
https://www.facebook.com/Hereditatis/photos/a.157223417763453/1505727532913028/?type=3&comment_id=1506161639536284&force_theater=true&notif_id=1580042459276857&notif_t=photo_comment

sábado, 21 de diciembre de 2019

SORPRESA

¿El general Gómez comunista?
Nicomedes Febres

* Ante todo quiero agradecer a la infinidad de amigos por todas las vías que ayer me hicieron muy feliz por la celebración de mi cumpleaños. Me hicieron sentir estimado por todos y eso se agradece y me compromete. Gracias de verdad.

* En medio de las felicitaciones estaba tratando de poner orden en la biblioteca y topé con un libro que me regaló mi estimado amigo el anticuario Amado Villegas y titulado Bolívar. Como soy un tanto hereje en el asunto de las iglesias bolivarianas hojee el libro y resultó una edición facsimilar de 1971 de una revista quincenal de 1930 y 1931 editada por el gobierno de Venezuela por trascorrales con motivo del centenario de la muerte del Libertador, pero lo que capto mi curiosidad fueron las firmas de reconocidos marxistas entre los autores que firmaban sus columnas. Los editores eran dos españoles cuyos apellidos eran Abril de Vivero y Pérez Domenech. Aquello me sedujo porque ver a una apología de Sandino, o una columna de César Vallejo o Waldo Frank financiada por el régimen gomecista parecía un contrasentido, una suerte de arroz con mango. La revista llamada Bolívar salió quincenalmente entre enero de 1930 y hasta abril de 1931, cuando ya había pasado la celebración del centenario de la muerte del padre de la patria y ya no podían aguarle la fiesta al benemérito. En el acto comencé a ficharla y a deducir que aquellos intelectuales marxistas latinoamericanos se hacían la vista gorda ante el gobierno dictatorial ya longevo del general Gómez o más disparatado aún, el general Gómez había dado con la fórmula para comprar comunistas y no lo sabíamos. Detuve el trabajo de organizar la biblioteca y comencé a leer con fruición el libro donde me topé con un artículo de Vallejo haciendo una apología del Soviet soviético, o reportajes laudatorios sobre Rusia y al siguiente ejemplar aparece este texto que copio: “Monseñor Montes de Oca arzobispo de Valencia fue expulsado el último año por impugnar públicamente las leyes del Estado. El gobierno ha publicado la copiosa correspondencia cambiada entre el arzobispo de Caracas y los demás prelados en que se califica de violenta e ilegal tal medida. La publicación de esos documentos es el mejor testimonio de la obcecada rebeldía en que han incurrido esos prelados al solidarizarse con la absurda actitud de monseñor Montes de Oca. Dado que en Venezuela rige el patronato y no el concordato, un Patronato que supone la dependencia de la Iglesia con respecto del Estado, entonces el clero venezolano no posee autoridad alguna para pronunciarse como lo ha hecho monseñor Montes de Oca contra la vigente Ley de Divorcio”. La situación era tan particular que la revista optaba por sacar a los anunciantes para incluir a los artículos que quería meter de algunos camaradas y eso si es verdad que nunca lo había visto y demuestra hasta qué punto el benemérito tenía neutralizado a los comunistas cuando aquí estos estaban hasta en La Rotunda. Me hubiese encantado comentar esta revista con el presidente Betancourt que los conocía como la palma de su mano y por eso los supo derrotar intelectualmente primero. Que carajos tan sinvergüenzas son estos comunistas de cafetín que por cuatro lochas venden hasta su madre y les dejo hasta aquí para seguir leyendo estos asunto de burdel mientras me imagino al general Gómez en Maracay: si señor! Y cómo le parece la voladora al amigo? O un vea pues, anjá y saque unas morocotas para estos abuelos del chavismo. Sí Señor.

* En la foto una portada de la revista sacada en Madrid bajo la “feroz tiranía” del General Primo de Rivera y el reinado de Alfonso XIII.

Fuente:

Post-data
Luis Barragán J. Extraño....
Nicomedes Febres Luces Muy extraño, creo que se hizo para comprar a los intelectuales comunistas de la época que hacían vida en Latino América y en Madrid. El más consistente autor era el peruano César Vallejo vinculado a Mariátegui el fundador del partido comunista peruano y mantuvo la primera gran polémica sobre socialismo con Haya de la Torre y de la cual se deslindan los social demócratas (Haya, Betancourt ] latinoamericanos de los comunistas.

lunes, 16 de diciembre de 2019

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Alfredo Anzola Montaubán. "Prospectiva: La Venzuela de 1985". SIC, Caracas, nr. 307 de 07/1968.
- Alejandro Otero. "Monócromos". El Nacional, 11/03/90.
- Luisa Richter y el retrato de Carlos Andrés Pérez. Resumen, Caracas, nr. 116 del 25/01/76.
- Arturo Uslar Pietri. "Pizarrón: Aprender a no ser". El Nacional, 22/04/73.
- Manuel Caballero. "El loco que se creía Simón Bolívar". El Universal, Caracas, 02/01/2000.

Reproducción: Eduardo Robles Piquer (RAS) en el trazo de Pedro León Zapata. El Nacional, Caracas, 01/02/1982.

viernes, 27 de julio de 2018

MÁGICO-RELIGIOSO

Del bolivarianismo, sin Bolívar
Luis Barragán


Huelga comentar el perfeccionado culto a la personalidad de Bolívar, cuya exacerbada falsificación, lo ha hecho desconfiable.  Existe una vasta literatura al respecto (remitiéndonos al problema de la identidad nacional), simplemente relegada por la propaganda y publicidad oficial en su incansable estrategia de versionarlo, incluso,  iconográfica e iconológicamente.

Próximos a su aniversario natal, saturados de tantos y graves problemas, ya pasa por debajo de la mesa el bolivarianismo que, muy poco o nada, tiene de Bolívar.  Una somera revisión de los discursos de Chávez Frías, con más años de entrenada devoción por el caraqueño, en las aulas militares, respecto a su ágrafo sucesor, nos impone de las numerosas, repetitivas y descontextualizadas citas que empañan toda verdad por una diabólica espiral de la manipulación descarada.

República adjetivada aparte, aquélla poderosa intuición política de bolivarianizar al extremo la conspiración que desembocó en el 4-F, hoy ha se ha concretado en una enfermiza fórmula a la que seguramente contribuyeron los psicólogos sociales de ocasión.  Casi veinte años después, ya no se trata de la prédica de un Vinicio Romero y sus escolares detalles, sino de la esmerada conciliación de los estudios de opinión con los rudimentos del pensamiento mágico-religioso.  No obstante, se trata de una deidad compartida.

José Martí afianzó al castrismo, como Bolívar a Chávez Frías, imposibilitado Maduro Moros, al igual que Díaz.Canel: no hay tanto espacio en el imaginario social para un trío litúrgico. Excepto, incurra en el parricidio que tiene -  asimismo  -impredecibles consecuencias simbólicas.

Valga acotar, tan bolivariano fue Juan Vicente Gómez como estos muchachones del siglo XXI, que coincidió en las fechas de natalidad y muerte con el héroe rel. Además del bigotazo, Maduro Moros tiene por coincidencia con el brujo de La Mulera: una vocación de carceleros. Y todo, en nombre del Bolívar desenfadadamente desconocido.

Reproducción: Portada. Billiken, Caracas, 1945.
23/07/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/33151-barragan-l

miércoles, 11 de julio de 2018

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Mario Torrealba Lossi. "Visita al Instituto de Pre-Orientación de Los Teques". Élite, Caracas, nr. 1382 del 29/03/1952.
- Jesús Rosas Marcano y el Bolívar de Boulton. El Nacional, Caracas, 15/01/83.
- José María Mosquera Manso y la tortuga blanca en el Orinoco. El Nacional, 01/05/48.
- R. Olivares. "Rasgos folklóricos del estado Carabobo". Élite, nr. 1453 del 08/08/53.
- Elizabeth Araujo. "El país del broce artificial (I): Cambio condecoración por favores recibidos". El Diario de Caracas, 12/01/89.

Reproducción: J. Mejía Vides, motivo de la vida rural de El Salvador. Portada: El Farol, Caracas, nr.  LXXVI de 09/1945.

martes, 8 de agosto de 2017

LAS TRES MARÍAS SE QUEDARÁN ATRÁS

El que no conoce su historia, termina siendo extranjero en su propia patria
¿Qué ha sido de nuestra historia?
Raiza N. Jiménez

Tal como van pasando los días, poco quedará en pie de nuestra HISTORIA, pienso que los carajitos, van a salir raspaos en Historia patria, sólo se salvarán si se encuentran una maestra que tenga buena memoria. Pasan tantos desaguisados a diario que, no hay tiempo de traducirlos y, mucho menos, darles un serio encuadre. Las tres Marías se quedarán atrás frente a tanta eventualidad sin nombre, que vivimos diariamente.

No hay mente preparada para aprender de un plumazo lo que costó miles de vidas y, hoy inspira gran rechazo.

Por ejemplo, El Negro Primero, quedará de último, porque hay un nuevo Negro, que anda en todas las ramas y le quitó el puesto en la Historia.Y el niño Simón que antes era blanquito ahora es un mulato bembón que no tiene compón. Bolívar ya no es mantuano, ahora es el hijo de la Negra Matea y, no se bañaba en baño, pero sí en una batea. La tumba se la violaron no se sabe con que fin, le cambiaron el vestuario y de la osera sólo quedó el polvo y, creemos que fue a parar a un jardín. Miranda ni en la Carraca descansa, se convirtió en un realista por andar en la realeza.

El pobre Simón Rodríguez, se quedó allá en el hospicio ya nadie le reconoce su magnificado oficio.Y de los otros mortales, que nos legaron con su gloria la libertad, no se les rinde homenaje ni en los actos culturales.

Y que decir de las glorias de las letras, Bello, Blanco, Uslar, Gallegos y, esos otros, que escribieron tantos relatos solo quedan los retratos que no los mira ni Petra. Pero, como ahora, nadie "escrebe", todos toman distancia y se los esconde bien lejos, para no ver la ignorancia. Sin embargo, no se engañen que el refrán l que los encuadra ya se puso de boga: "En casa del ciego el tuerto es rey". Y acá en esta nueva historia, nadie quiere ser tuerto y todos se sienten REY.

El sistema de gobierno pasó de democracia a autocracia y se inclina hacia Dictadura y como practica de entrada, nos han puesto la vida dura.

Que buena broma mis hijos, nos echó esta ROBOLUCIÓN , nos está cambiando la HISTORIA y, más que todo, el honor de ser venezolanos, robándonos también la ILUSIÓN y el gusto de ser hermanos.

Fuente:
https://www.facebook.com/raiza.jimenez1?hc_ref=ARRadW9-TbK5bWrAx0wpjj25-7w4FEIb7zWpHkxdRhtSsi98yMTsuUM9Vg2d1qyaFOU

miércoles, 26 de julio de 2017

DE LA G A LA M

Nota
Milagros Mata Gil

No soy fan de Simón Bolívar. Me parece un personaje sobrevaluado y en esa actitud influyen dos elementos: mi madre lo adoraba literalmente y mi maestra de historia en la escuela primaria era tan profundamente piarista que lo detestaba. Entre ambas influencias, ya se sabe lo que resulta en el imaginario de una niñita. Y de grande, he leído bastante sobre él y también de él. Estando en el Pedagógico, mi admirado profesor Mario Torrealba Lossi me reprendió con severidad porque dije que "Mi delirio sobre el Chimborazo" no tenía méritos literarios. Claro que yo tenía entonces 19 ó 20 años y mezclaba pasión con descontextos y no he tenido el valor de releer ese texto. Sí releí los documentos políticos, en cambio, y son inteligentes e interesantes. Aquel tipo fue mejor político que militar, a mi entender, pero no entendió que los días no estaban para imponer su visión del mundo. Lo cierto es que después ha sido usado como panacea y han abusado de su imagen y pensamiento. Por ejemplo, eso de llamar "bolivariana" a esta "revolución" y a esta república ha sido un abusivo agravio a su legado. En fin, que hoy, por alguna extraña razón, me desperté pensando en que en estas luchas por democracia y libertad, sobre todo libertad de un invasor extranjero que nos parasita, vive el llamado espíritu de Bolívar.
Fernando Nunez-Noda: Bolívar fue, integralmente, un hombre fuera de su tiempo y fuera de serie, pero no en acciones y efectos beneficiosos para el país que lo vio nacer. Por ejemplo, mientras en Francia, Inglaterra y los EEUU habían dado al mundo y practicaban la democracia contemporánea, Bolívar insistió en regímenes más personalistas y dictatoriales, a-la-Bonaparte pero si corona.
No obstante, si se le mira en su justa proporción, veo que se le pide demasiado cuando debieron ser quienes vinieron después los que recondujeran su legado y no lo hicieron. Nos cayeron Páez, los Monagas... hasta llegar a Gómez. El resto, literalmente, es historia.
Dije "hasta llegar a Gómez" cuando debí decir "hasta llegar a Maduro".
Fuente:
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10214208915639589&set=a.10203941692605430.1073741845.1315577477&type=3&theater

domingo, 7 de mayo de 2017

domingo, 6 de noviembre de 2016

CAZA DE CITAS

"En su pensamiento estaba, constantemente el buscar la forma de retirarse. Los sucesos de Venezuela le impidieron hacerlo al mediar el pasado año de 1826, cuando quiso no ser reelecto Presidente. Pero luego se creyó, lo hemos dicho, obligado a asumir la responsabilidad de controlar el problema creado en Caracas y Valencia. Ahora, una vez que todo parecía resuelto, ¡no era el momento propicio para retirarse? Reunido el Congreso, convenida la convocatoria de la Gran Convención Nacional, sometido Páez y con Santander de acuerdo, ¿por qué no aprovechar la ocasión y realizar el plan previsto desde tanto tiempo atrás?"

Tomás Polanco Alcántara

("Simón Bolívar. Ensayo de interpretación biográfica a través de sus documentos", Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1994: 931)

Reproducción: Portada. Élite, Caracas, nr. 41 del 26/06/1926.

viernes, 4 de noviembre de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Jaime Correa. "La televisión venezolana embrutece". Momento, Caracas, Nr. 791 del 12/09/1971.
- Bruno Scheuren. "Servicios públicos: ¿Por qué se quejan los caraqueños?". Élite, Caracas, Nr. 2318 del 27/02/70.
- S(a. "La Caracas caótica". Resumen, Caracas, Nr. 406 del 16/08/81.
- Alirio Ugarte Pelayo. "Barrios, Poleo y Grazziano: tres pintores, tres estados". Momento, Nr. 74 del 13/12/57.
- Yolanda Herrera. "Radio Rochela: Los profesionales de la risa". Momento, Nr. 592 del 19/11/67.

Reproducción: Zapata. El Nacional, Caracas, 24/02/1980. Empero, nos preguntamos ¿cuán civil fue?

viernes, 12 de agosto de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- José Nucete Sardi. "Miranda o el hombre que removió los cimientos de un imperio". El Nacional, Caracas, 14/08/1966.
- Reportaje sobre Miami. Élite, Caracas, nr. 1214 del 08/01/49.
- Ramón Escovar Salom. "La colaboración de clases y el desarrollo nacional". El Nacional, Caracas, 10/07/61.
- La casa de campo de Bolívar. El Universal, Caracas, 01/11/64.

Reproducción: Tomada de"Una aureola para Gómez" (III) de John Lavine. Élite, Caracas, nr. 1535 del 05/03/1955.

martes, 28 de junio de 2016

INÉDITO (II)

Bolívar de carne y hueso y genio (II) (Entrevista a Arturo Uslar Pietri)José Rafael Revenga  

En 1980, Rafael Poleo y yo decidimos entrevistar por Venevisión a varios de los principales conocedores de la vida y obra del Libertador.

Se aproximaba el Bicentenario de su nacimiento y por eso consideramos oportuna una nueva indagación sobre un tema esencial a la nacionalidad y de una vigencia permanente.

Las transcripciones de los programas nunca han sido publicadas, por lo cual pienso que su presencia digital es un reconocimiento a nuestros invitados y puede ser útil como una aproximación adicional a la comprensión del Bolívar de hueso, carne y genio.

Para esta nota el invitado es Arturo Uslar Pietri. (El programa salió al aire en diciembre 1980).

Me he tomado la libertad de introducir separaciones en la fluidez de la conversación a fin de aligerar la lectura del texto.

JRR.- En cierto sentido podemos decir que el Libertador empezó a morir varios años antes de su última enfermedad que le interrumpió la vida el 17 de diciembre de 1830. Usted, doctor Uslar, ha dividido la vida del Libertador en dos etapas, una que usted llama la etapa de los triunfos, la etapa de las batallas heroicas, de los recibimientos triunfales, de los sueños institucionales, y la etapa, la etapa más bien de la desgracia, el tiempo de llorar. ¿Qué es este tiempo de llorar en la vida del Libertador?

AUP.- Bueno, en efecto, la ida de Bolívar podría compararse con una curva muy perfecta, una etapa de ascenso muy larga que va de 1811 o 1812 hasta 1825. Es decir, hasta inmediatamente después de Ayacucho y una etapa de descenso que culmina finalmente pues en el año final de su vida, en la tragedia que va desde que abandona Bogotá a principios del año 30 hasta la muerte en San Pedro.
Pero, naturalmente, nunca las cosas son tan simples. Bolívar fue un hombre que tuvo siempre dos pasiones, a mi modo de ver, muy grandes, una pasión de unidad de acción y una pasión de unidad de mando. El se daba cuenta que la empresa que el proponía  y que él se proponía no podía realizarse en el medio histórico y social en que vivía, sino a base que hubiera un comando muy, muy absoluto; muy, muy efectivo, que dirigiera no solamente la combinación de las fuerzas de que se disponían militarmente o políticamente, sino que pudiera trazar un rumbo, un rumbo que predominara y fuera aceptado.
Y eso fue su lucha toda la vida.

El tenía una experiencia que él no olvidó nunca que fue el fracaso de la Primera Republica. El fracaso de la primera República, la República de 1811, terminó en una anarquía monstruosa, en una ineficacia increíble, no había gobierno, no había orientación, cada uno tiraba por su lado, no había unidad de ninguna especie. Y Bolívar quedo con el traumatismo, lo dice muy claro en su Primer Manifiesto en Cartagena, de que aquello no funcionaba y no funcionaba porque aquellos hombres no se daban cuenta de la realidad en que estaban y estaban soñando como él lo decía, en unas repúblicas aéreas, en una republica fuera de toda posibilidad real en relación a la situación del país.

Y es por eso que cuando él regresa y reinicia la campaña en el año 1816, él busca de un modo agónico la unidad de acción, la unidad de mando. Cuando él llega a Caracas después de la Campaña Admirable él lo primero que hace es concentrar la autoridad en su persona y centralizar. Y concibe desde ese momento un horror monstruoso a todo lo que huela a federación, a federalismo, a regionalización y a fragmentación y eso lo hace en el terreno militar y eso lo lleva al fusilamiento de Piar porque no le quería reconocer.

Porque no hay que olvidarse que Venezuela se unifica teóricamente el año de 1777 y que cuando se produce la Independencia Venezuela tiene treinta años no de unidad porque eso sería mentira, sino de tener una cierta primacía el Gobernador y Capitán General que estaba en Caracas porque el Gobernador de Cumaná era solo el Gobernador de Cumaná, de modo que tenía su situación aparte. Y esa resistencia hacia que los caudillos orientales vieran con malos ojos reconocer a un jefe que venía del centro y el trabajo que le costó a Bolívar el lograr que Páez lo reconociera y se sometiera.
Y esa situación no desapareció nunca y eso es lo que lleva al fusilamiento de Piar porque él dice “militarmente necesitamos unidad de mando”. Eso era exactamente, pero es que él va mas allá y dice: “Políticamente necesitamos centralización”.

De modo que todo el que le asomaba a él la idea federal, la idea disgregacionista, la veía él con horror porque eso no permitiría realizar lo que él quería realizar. Porque lo que Bolívar buscaba no era independencia, la Independencia era un medio, era el medio indispensable, lo que Bolívar buscaba era la unidad, lo que Bolívar buscaba era organizar eso que llamamos hoy en día Hispanoamérica o la América Latina en una unidad política lo más estrecha, lo más efectiva posible, lo mas unificada posible para hacer un gran papel en el escenario mundial.
Y es aquí donde empieza su tragedia porque esta manera de ver la cosa no la compartían los demás. Los demás querían la independencia pero no más allá, más allá lo que querían era su dominio personal, su pequeña jefatura local. Eso revela muchas cosas. Cuando Bolívar sale para la Campaña del Sur. ¿Cuáles son los generales importantes que lo acompañan? Ninguno, absolutamente ninguno. Mariño se queda en Venezuela, Monagas se queda en Venezuela y él se va al Sur. ¿Con quién? Con unos oficiales jóvenes, con un desconocido que se llamaba Antonio José de Sucre. 

Es decir, él no se lleva a ninguno de estos hombres. ¿Por qué no se va ninguno de estos hombres? Porque estos hombres tenían lo que querían ya, tener el mando en su terruño, en su localidad y allí está la trágica disyuntiva, la oposición invencible que va a corroer  todo aquello y que terminará en la tragedia en que termina porque Bolívar veía una cosa de una manera y ellos veían la realidad de otra enteramente distinta.

JRR.- ¿Cuándo empieza el libertador a darse cuenta que efectivamente su objetivo, su ideal de la unidad es impracticable, que no va a ser posible? 
AUP.- Bueno, él se da cuenta desde el primer momento porque no te olvides que cuando Bolívar sale después del discurso de Angostura, sale en la campaña de Boyacá, la gente que está en Ciudad Bolívar, en la entonces Angostura, lo primero que hacen es reaccionar contra él, lo desconocen  prácticamente e incluso lo declaran desertor. El desertor era el que estaba haciendo la campaña de Boyacá
¡Ah, claro!, cuando llega la noticia de que ha vencido en Boyacá entonces, claro, cambia la actitud. Ya no es un hombre a quien pueden desconocer el mando porque lo ha adquirido. A él le cuesta mucho trabajo someter a Páez, a él le cuesta un gran trabajo someter a los jefes orientales, la situación de él  con Mariño nunca fue buena, la actitud de Bermúdez frente a él siempre fue de una rivalidad, la misma actitud de Arismendi.

De modo que a él le va a costar mucho trabajo lograr esa unidad y la consigue a base de los éxitos militares, verdad. Pero en lo que los éxitos militares se atenúan, en lo que el teatro cambia, en lo que él se va a la Nueva Granada y mucho peor, cuando se va al Sur entonces empiezan a surgir todas estas situaciones de hechos locales en que cada quien como él lo dijo más tarde, quería quedarse con su patriecita, cada quien quería disfrutar de lo que él llamaba “las adquisiciones de su lanza”.

RP.- ¿Y usted no cree que si Bolívar después del 28 de septiembre del 28 hubiera actuado con Santander y con Carujo con la misma energía con que actuó frente a Piar, las cosas no hubieran sido distintas en cuanto a la unidad o a la conservación de esa obra unitaria que el concibió?
AUP.- Es posible, Poleo, es posible que hubiera retardado un proceso pero que lo hubiera cambiado o lo hubiera extinguido era imposible porque ¿qué era lo que se encontraba enfrente? No era Santander solamente, Santander personificaba desde luego, y alentaba un separatismo neogranadino pero ya la separación de Venezuela era un hecho desde el año 1826. La insurrección y el desconocimiento en el Sur, en Bolivia, en el Perú, en el Ecuador mismo, era un hecho cierto. De modo pues, que ¿cómo podía el contrariar eso? El se endureció mucho, el a partir de 1827 cuando regreso a Venezuela lo critican y ahí empezó la fama que Bolívar era un tirano, el empezó a apretar, él empezó a fusilar gente, él empezó a tratar de poner orden en toda aquella tendencia disgregacionista pero eso tenía un límite, el no podía fusilar a todo el mundo, el no podía seguir matando gente sin necesidad alguna y cada convirtiéndose mas en lo que él no quería ser, en el tirano, en el usurpador, en el monstruo.

RP.- Pero un espíritu tan noble como el de Abraham Lincoln no vaciló en convertirse en jefe de una parte de su país en guerra para impedir que la otra parte del país se retirara e hizo una guerra sin la cual no serian lo que son hoy en día.
AUP.- Bueno, pero ese caso es distinto… comparar las situaciones históricas siempre es muy difícil, los Estados Unidos estaban tajantemente divididos en dos situaciones económicas, políticas, sociales etc., el Norte y el Sur, verdad, los yanquis y la gente del Sur y Lincoln llegó a la guerra por resignación, porque ya no había otra salida que la guerra. El caso de Bolívar era distinto, Bolívar había hecho veinte años de guerra, Bolívar había estado en la guerra de Venezuela en varias ocasiones, la primera el año 13 que fracasa, luego empieza la campaña que se inicia el año 16 y que termina con Boyacá y con Carabobo. Cuando él viene a Venezuela  el año de 1826 Venezuela estaba separada ¿Qué le quedaba a Bolívar? la guerra civil con Páez o hacerse la vista gorda como decimos nosotros y admitir que Páez regresara al seno de la Gran Colombia y que con Páez se podía seguir…El no podía engañarse, él sabía perfectamente que eso no era verdad, el estaba ganando tiempo y eso mismo le pasa en la antigua Nueva Granada, él encuentra que allí hay una resistencia, una resistencia que se explica por muchas razones, primero porque la guerra del Sur nunca fue popular en esos países porque pensaban que les estaba sacando hombres, que les estaba sacando recursos para una cosa que no les tocaba a ellos, para la realización de un sueño que ellos entendían vagamente, que Bolívar quería la unificación de toda la América del Sur, que era necesario que hiciera aquella campaña.

Eso llega a extremos que a Bolívar en vísperas de Ayacucho le quitan el mando de las tropas, el Congreso de Bogotá le suspende el mando de las tropas y Bolívar de una manera que la gente no recuerda, muy ejemplarmente reconoce eso, se retira del mando de las tropas que él ha podido perfectamente reírse de lo que aquel Congreso decía, él estaba allí con 10.000 hombres, acababa de ganar la batalla de Junín, estaba pues en un escenario que le permitía la libertad de acción y sin embargo, el acata la disposición del Congreso y le entrega el mando del Ejército a Sucre y se marcha a Lima.
Por eso el Libertador no está en Ayacucho no porque no le da la gana, si alguien lo hubiera deseado era él y era la coronación de su obra, se retira porque el acata la decisión del Congreso. ¿Y qué es la decisión del Congreso?, la incomprensión frente a la dimensión política de lo que Bolívar pensaba hacer y que ellos no podían entender.

RP.- Bueno, la acata porque deja a Sucre que esta entendido en cuanto  a continuar aquella obra. Pero si Bolívar hubiera tenido la salud de diez años antes, ¿usted cree que hubiera procedido igual?, ¿no había mucho de deterioro fisiológico en ciertas cosas que pudieran, en ciertas actitudes que pudieran interpretarse como debilitadas?
AUP.- Es posible que hubiera un deterioro psicológico, Bolívar era un tuberculoso y los médicos le dicen que probablemente esa infección él la adquirió de su madre, ¿verdad?, de modo que debía ser una infección muy antigua que estaba en su organismo, que  la vida que él llevo no era precisamente para mejorarlo, sino para agobiarlo y agotarlo más. Bolívar estuvo ininterrumpidamente desde 1812 en campaña, en lucha, en riesgo, en dificultades físicas de sobrevivencia muy duras, de modo que todo eso tuvo que minarlo. La gente…él mismo lo dice, hay una carta de él de 1828 o 29 en que dice: “Si usted me viera pensaría que tengo 80 años…y Bolívar tenía en ese momento 45 o 46 años de edad.

De modo pues que físicamente el debió agotarse, consumirse con aquel esfuerzo sobrehumano que estaba haciendo y eso, claro, influyó. Pero aun imaginando que Bolívar hubiera sido un hombre de 47 años en pleno vigor que ha podido serlo, no era una cuestión solamente digamos de flaqueza mental, sino que él se dio cuenta de que él iba a hacer la guerra con la gente que había independizado, que no tenía sentido una vez destruido el imperio español. Cuando él creía que se iba a crear eso que él quería crear, se encontraba con que él iba a tener  que entrar en una guerra civil sin termino luchando con los régulos locales en una cosa sin  gloria, sin perspectiva y sin finalidad para terminar siendo un  tirano abominable sobre un montón de cadáveres.

JRR.- Ahora, hay un momento crítico después de la conspiración fallida de septiembre de 1828 que es la renuncia del Libertador a la Presidencia de la Gran Colombia, la cual ocurre el 1o de marzo de 1839, es decir, casi año y medio después de la conspiración fracasada. ¿Por qué en ese momento abandona el Libertador el mando, por qué renuncia al mando?
AUP.- El renunció muchas veces, José Rafael. Hay una cosa que es muy curiosa en Bolívar. Las gente dice naturalmente que eso era ser político, que a él le convenía periódicamente decir: “Yo no quiero mandar” para que le pidieran que siguiera. Bueno, puede que haya algo de política en eso pero es muy insistente en la actitud de Bolívar y hay una cosa muy curiosa, Bolívar nunca fue un hombre de despacho, de gabinete y de gobierno.
El era, antes que todo un militar y donde se sentía bien era con el Ejército y marchando en campaña. El nunca quiso encerrarse en el Palacio de Gobierno en Santa Fe, nunca quiso encerrarse en el Palacio de Gobierno de Lima, nunca quiso encerrarse en el Palacio de Gobierno en Caracas. ¡Jamás! El toda la vida le tuvo cierta repugnancia a lo que pudiéramos llamar  la burocracia del gobierno, el aparato gubernamental ordinario, se lo soltaba a Santander y él se iba con el Ejército y se iba a su otra campaña, lo mismo hace en  el Perú, cuando llega al Perú crea una Junta de Gobierno para que maneje todo aquello, aquella papelera que él abominaba y él se va con el Ejército a organizar esos países desde otro ángulo.

Entonces era verdad, en el había un rechazo de esa posibilidad, de convertirse en el magistrado sentado en un escritorio gobernando, él no era hombre de eso y lo decía muchas veces. De modo que no solamente es una táctica política la de renunciar al mando, sino que él realmente quería dejarlo muchas veces. Y al día siguiente de Ayacucho él lo dijo, lo dijo muchas veces: “¡Se acabó la guerra, ahora me puedo ir yo, ya no es necesario que yo esté aquí!”.

JRR.- Ahora, hay dos sucesos que yo creo determinan la muerte por lo menos espiritual de Bolívar. Después del atentado de septiembre de 1828 el tiene una frase en la que él dice, él reconoce, “Estoy mortalmente herido, los puñales me han llegado al corazón”. Y escasamente año y medio después sobreviene el asesinato del general Sucre, el 4 de junio de 1830, y lo afecta de tal manera que el Libertador dice: “Me han quitado…Han matado a Colombia y me han quitado la vida”. O sea que él ya se reconoce como un ser muerto.
AUP.- Bueno, lógicamente, por todo este proceso y luego porque indudablemente la única figura, la única persona que ha podido continuar la obra de Bolívar, que ha podido, es decir continuar la posibilidad de unidad porque tenía el prestigio, porque tenía las condiciones, porque tenía la fama y la gloria para hacerlo era Sucre. De modo que cuando asesinan a Sucre, Bolívar se da cuenta que han eliminado la única ventana, la única posibilidad que quedaba de que aquello continuara mas allá de él y, por lo tanto, es una muerte evidente para él, es la renuncia a toda posibilidad de que su obra sobreviviera. Van a quedar los régulos locales, van a quedar los hombres que piensan en su patriecita y que no van a entender el sueño bolivariano. De modo que eso es correcto, eso como ya es el final. Luego él se amarga porque a él le duele mucho no solamente que se insurreccionen contra el negándole lo que él quiere hacer, sino que él piensa que es ese desconocimiento hay mucha ignorancia y hay mucha ingratitud y que le atribuyen a que él es un ambicioso: él no cree que él es un ambicioso…que le atribuyen que él quiere apoderarse del mando; él no quiere apoderarse del mando.

JRR.- Lo califican de tirano.
AUP.- Lo califican de tirano, lo califican de monstruo.. Y que la propia gente a quienes él ha independizado, a quienes ha llevado a la dignidad de hombres libres son los que conspiran contra él como si él fuera un obstáculo a la libertad, como si él fuera un obstáculo a  la democracia, cuando era todo lo contrario. Era él que lo había hecho. De modo que eso le crea una amargura muy grande y hay cartas de esa época que si uno las lee aisladamente piensa que Bolívar había dado una vuelta de ciento ochenta grados. ¡No es verdad! Es sencillamente un hombre que está lleno de amargura, que ve con horror la reacción que hay en toda esta gente a quienes él había llevado a la independencia y lo que piensa es irse, marcharse y dejar aquello.

JRR.- Ahora, dentro de esas cartas el menciona, a un mes escasamente antes de la muerte, una carta que él dirige al general Juan José Flores, en donde le dice que la América es ingobernable, que lo único que le queda es emigrar y de allí quizás el propósito de viajar a Europa. El dice que servir a la revolución es arar en el mar, o sea, son expresiones de un hombre no solamente totalmente amargado como usted dice, sino de un  hombre ya frustrado y que está consciente de su fracaso.
AUP.- Bueno, es un hombre desengañado y un hombre que tiene esas explosiones pero, sin embargo, él hasta el último momento esperando que se pueda salvar aquella obra porque él está pensando en que entrega el poder en Bogotá y se marcha, hasta Santa Marta. El está esperando una reacción, él está esperando que las cosas vayan a caminar de otra manera. Claro que está muy desengañado y tiene explosiones de ese desengaño y dice “América es ingobernable”, “Servirle a la revolución es arar en el mar”, “Va a venir una muchedumbre de tiranuelos insignificantes”.

Bueno, eso es verdad, eso le salía constantemente pero en el fondo él continuaba creyendo en lo que había creído toda su vida, en que lo que él proponía era el camino, en que lo que el proponía era lo único que podía hacer América del Sur. El lo que pensaba, en dos platos, él quería hacer los Estados Unidos de la América del Sur, es decir, lo que  habían hecho las colonias inglesas del Norte que se habían independizado y se habían unificado para crear una estructura política muy poderosa, eso era lo que él quería hacer en América del Sur y ese es su fracaso, que el logra llevarlos a la Independencia por su esfuerzo heroico pero no logra que entiendan que tienen que organizarse y que tienen que unificarse.

JRR.- Y a pesar del fracaso del Libertador, ¿usted considera de todas maneras, que es un objetivo válido aun en nuestra época?
AUP.- Pues desde luego que es un objetivo valido, si la América del Sur tuviera alguna forma de unidad, yo no sé cual, o alguna forma de integración, yo no sé cual, nuestro papel en el mundo sería muy distinto y nos verían de otro modo estas grandes concentraciones de poder que están ocurriendo. En cambio, atomizados en veinte países, más o menos importantes, no nos tomaran nunca en cuenta y estaremos destinados a un papel secundario.

RP.- ¿Y en qué medida en nuestra época es practicable un proyecto si no exactamente como lo concibió Bolívar, por lo menos que nos permita alguna unidad de operación?
AUP.- Bueno, yo creo que desde luego no es fácil, no es que sea una cosa así de realizarla en un congreso que se reúna mañana o en una semana. Hoy en día estos países han tenido un crecimiento nacional aislado que han creado condiciones que hacen muy difícil la integración, porque, claro, hiere muchas cosas que se han desarrollado a favor de una situación nacional.
Pero es indudable que tenemos que caminar hacia allá y que tenemos que caminar hacia allá de un modo sensato y de un modo prudente pero caminar hacia lo que Bolívar proponía. Bolívar no proponía la unidad porque eso era imposible ni siquiera en su tiempo era posible y él lo sabía. El proponía una forma de confederación, el proponía lo que él llamaba una “Nación de Repúblicas”, es decir, un modo en que conservando su individualidad las antiguas regiones, las antiguas porciones del Imperio, los nuevos países pudieran cooperar en las cosas fundamentales, en la política exterior, en la defensa, en el desarrollo, en el crecimiento, y eso sigue siendo válido y posible.

JRR.- Ahora, la muerte sorprende a Bolívar en la Quinta de San Pedro Alejandrino pero el está preparando sus maletas y así lo dice textualmente, para embarcarse en una fragata y dirigirse a Europa. De no haber muerto Bolívar en ese momento, ¿se hubiera refugiado en Europa, hubiera abandonado. ¿Hubiera sido un exilado más, no hubiese regresado a América Latina?
AUP.- Bueno, todo esto es una serie de conjeturas…El quería irse porque desde luego, lo estaban echando, Venezuela se había separado ya desde enero del año 30, en el  Congreso de Valencia el año 30 se dijeron las cosas más atroces contra Bolívar, se pidió incluso que se le expulsara, se pidió que se confiscaran los pocos bienes que le quedaban, de modo pues que… se pidió que no regresara a Venezuela. De modo pues que él se veía cercado y en la Nueva Granada lo que el encontraba era lo mismo. De modo que ¿qué le quedaba a Bolívar?, irse que es lo que él pensaba: “¡Vámonos!”… y en el delirio de la muerte hay aquella frase que recogió el doctor Reverend, que él decía: ¡Vámonos muchachos!, lleven mi equipaje a la fragata que en esta tierra no nos quieren”…Esa era ya su visión final que la insurrección en contra de lo que él significaba, de lo que él representaba era general y que él no iba a seguir aquella lucha estéril y se marcharía a Europa.
Y es posible que si se hubiera marchado a Europa tal vez hubiera regresado o no hubiera regresado o hubiera terminado como terminó San Martin quien murió en el exilio en Boulogne.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinioncultura/26797-bolivar-de-carne-y-hueso-y-genio-ii-entrevista-a-arturo-uslar-pietri

domingo, 19 de junio de 2016

INÉDITO (I)

Bolívar de carne, hueso y genio
José Rafael Revenga 

En 1980, Rafael Poleo y yo decidimos entrevistar por Venevisión a varios de los principales conocedores de la vida y obra del Libertador.
Se aproximaba el Bicentenario de su nacimiento y por eso consideramos oportuna una nueva indagación sobre un tema esencial a la nacionalidad y de una vigencia permanente.
Las transcripciones de los programas nunca han sido publicadas, por lo cual pienso que su presencia digital es un reconocimiento a nuestros invitados y puede ser útil como una aproximación adicional a la comprensión del Bolívar de hueso, carne y genio.
Para esta nota el invitado es el bien conocido historiador Francisco Herrera Luque. (El programa salió al aire el 17.12.1980).
JRR.- ¿Cómo reacciona el Libertador frente al atentado en contra de su vida en septiembre de 1828 y ante otro hecho tan negativo como fue el asesinato del Mariscal Sucre en 1830?
FHL.- Sorpresivamente, el Libertador, que siempre se había mostrado tan enérgico, tuvo como reacción abandonarlo todo y perdonar a sus enemigos. Yo creo que en ese momento comienza la enfermedad del Libertador. Precisamente el libro de Oscar Beaujon, “El Libertador enfermo”, señala que esa enfermedad que se arrastraba se hace presente después de septiembre del año 28. También la muerte de Sucre desgarra al Libertador; Sucre para el Libertador es la representación del hijo que no tuvo, era su heredero en todos los sentidos. Son dos grandes golpes. Yo creo que en el Libertador se cumple la muerte biográfica y la muerte física. La muerte física sucede el 17 de diciembre, pero la muerte biográfica yo creo que comienza o se produce el 8 de mayo de 1830 cuando abandona a Bogotá y se pierde en la niebla; yo creo que ya iba muerto.
RP.- ¿Y por qué abandona a Bogotá?
FHL.- Cuando salen electos Mosquero y Caicedo Presidentes ya no tiene nada que hacer. Aquella insurrección que se produce en Bogotá, las turbas al grito de “!Longaniza! ¡Longaniza!”—incluso el vicepresidente Caicedo tiene que dormir con él esa noche— fue un momento sumamente doloroso para el Libertador. Ahora, la decadencia de toda su proyección y su vida política y el sentido de su existencia yo creo que comienza después de su retorno del Perú; ya viene resentido y en 1827, cuando está en Caracas, es sumamente triste y luego viene el suceso definitivo del año 28, de septiembre del 28.
RP.- Pero esa decadencia ¿tiene algo que ver con su estado de salud o es solamente la situación política que lo deprime?
FHL.- Es una pregunta interesante, porque muchos médicos creemos que la gente se muere cuando quiere, cuando ha perdido el sentido de su existencia.
JRR.- ¿Usted cree que Bolívar había perdido el sentido de su existencia una vez lograda la liberación del Perú, la creación de Bolivia?
FHL.- Bueno, como yo digo en mi artículo, Bolívar es un héroe solar. Los héroes solares mueren jóvenes. Cumplida su obra, el peligro más grande que tiene un héroe es sobrevivirse, como fue el caso de José Antonio Páez; si José Antonio Páez muere en Carabobo hubiese sido Sigfrido pero, desgraciadamente, se prolongó en el tiempo como Porfirio Díaz.
RP.- Ahora, se ha especulado siempre sobre supuestas anomalías psíquicas, estructurales, en Simón Bolívar, hasta el punto de que aparte de lo que pudiera haber de congénito, por los años 40 se habló mucho y se le dio cierta carta de seriedad a una teoría según la cual el Libertador, en su vida tormentosa, había contraído una sífilis y estaría para determinada época, quién sabe para el momento… justamente para el momento en que alcanza el punto máximo de su gloria, en el estadio casi final de la sífilis, eso que llaman parálisis general progresiva que trae cosas tales como delirios de grandeza y otras formas sublimes de locura. A eso se le dio mucha seriedad médica hace algunas décadas. ¿Qué valor tiene eso hoy?
FHL.- Ninguno. Es decir, la psiquiatría no tiene nada que decir respecto de Bolívar; la respuesta la tiene la Historia. El Libertador, indiscutiblemente, como todo genio tenía una singularidad temperamental, es decir, que se sale de la norma. El Libertador cae en estado de depresiones tremendas en los momentos de euforia que no son comunes al hombre mayoritario. Ahora, Bolívar en este caso debe medirse por su obra y no por si es epiléptico, y la tesis de Carbonell no tiene ningún sentido igual que la de Lope de Mesa de que era psicótico maníaco-depresivo. Estas patografías estuvieron muy en boga hace veinte o treinta años pero en mi opinión no deben tomarse muy en serio.
JRR.- ¿Es su opinión o es la opinión de los psiquiatras?
FHL.- Hay bastantes psiquiatras que opinan como yo.
JRR.- ¿Y cuál era la actitud, el estado de ánimo de Simón Bolívar frente a la muerte durante los últimos meses de su vida?
FHL.- Es curioso y sorprendente. Bolívar siempre tuvo ante la muerte una actitud muy dual. En el momento en que se encuentra fracasado quiere vivir con pasión… y vive, lucha y vence. Y en los momentos de gloria se deprime. Bolívar poco antes de morirse creía que iba a vivir. Alguien expresó que era la alegría del tísico; eso es también una expresión un poco demodé. Yo sí creo que Bolívar pensaba, en su trayectoria hacia Cartagena, regresar, como en efecto sucedió: Urdaneta dio su golpe de Estado y retornó al poder. Pero cuando llega la invitación ya la enfermedad está muy avanzada… Él mismo lo dice: “Ya no puedo sostenerme en pie”.
RP.- Sobre la vida afectiva del Libertador que se ha especulado tanto, ¿no habrá un cierto exceso romántico en esa importancia que se atribuye a su relación con Manuela Sáenz? Porque hasta ese momento, y aparte de su matrimonio adolescente, no aparece ninguna mujer importante. Ya ha realizado su obra y todavía no aparece una mujer determinante en su existencia. Cuando aparece Manuela ya él es un hombre que ha culminado lo fundamental de su obra y más bien va a empezar la decadencia. ¿Fue tan importante esa relación?
FHL.-No, yo estoy de acuerdo contigo. Yo hice precisamente un último trabajo, yo no creo en ese mito del gran amor del Libertador y Manuela. Es decir, hay muchas pruebas: el Libertador, por ejemplo, cuando llega al Perú se enamora y está año y medio sin ver a Manuelita. Luego la deja en el Perú cuando él regresa a Colombia y entre su muerte y su partida de Bogotá transcurren nada menos que ocho meses…
RP: Y Manuelita está ausente…
FHL.- Y Manuelita está ausente y no era por restricciones políticas, porque Manuelita hacía y deshacía en Bogotá. Y después del golpe de Estado que da Urdaneta, que son dueños de la situación, Manuelita perfectamente ha podido regresar y si no regresa es porque el Libertador no quiere. Hay otras mujeres en la vida del Libertador muy importantes y muy silenciadas. Por ejemplo, como es el caso de Pepita Machado. Pepita Machado está presente en la vida del Libertador desde 1813 cuando él entra a Caracas—y ella es la muchacha que le pone la corona de laureles—hasta 1820. Se dice que muere tuberculosa pero no estoy seguro. Es una mujer que tiene bastante importancia y ya nadie la recuerda, era una mujer bastante intrigante. Y en cuanto a María Teresa del Toro, su primera mujer, yo creo que son los balbuceos de un adolescente y de algo edípico; esa búsqueda de la madre que se fue pronto. Es decir, si Tito Salas la pinta fea y Vicente Lecuna la debió transmitir como se veía, debió ser en mi opinión bastante insignificante. De todas maneras, yo no creo que muchas mujeres tengan importancia en la vida de Bolívar.
JRR.- Entonces, es un hombre cuya vida se desarrolla sin un mayor énfasis afectivo.
FHL.- Bueno, de acuerdo con esa singularidad temperamental de la cual te he hablado no hay gran ligazón, y eso no solamente se proyecta en la vida amorosa del Libertador, sino en los amigos también. No son casualidad, por ejemplo, los disgustos que él tiene con Miranda, con Andrés Bello. ¿Qué pasó con Andrés Bello? Y él parece que cometió lo que pudiera considerarse como un error grave cuando él cambia de amigos al llegar la gente de la Legión Británica; parece que la gente de la Legión Británica con su sabor europeo le atraía más que sus viejos camaradas criollos y los abandona…
JRR.- ¿Usted no cree que allí perdió mucho del soporte psicológico, de la vinculación psíquica con sus subordinados que, de haber permanecido esa vinculación, le hubiera servido mucho en las horas terribles después del año 26?
FHL.- Sí; al Libertador, indiscutiblemente, en los momentos de gloria como les pasa a muchos políticos, el yo personal se infla con el yo colectivo y entonces confunde una cosa con la otra y las antiguas alianzas ya no se resisten. Soublette, Córdoba mismo, infinidad de colaboradores… no hay que olvidar que Santander y Páez, a quienes estamos acostumbrados a ver como los enemigos mortales de Bolívar, fueron sus mejores colaboradores. Sin embargo, el Libertador estalla, los separa y se queda con los de la Legión Británica. En este aspecto también llama la atención lo siguiente: Bolívar era un romántico, y tú sabes bien que el Romanticismo en Hispanoamérica nunca se ha dado; es flor exótica. Es decir, aquí tenemos un realismo tremendo mientras que los compañeros de la Legión Británica, europeos, sí eran tan románticos como Bolívar. Por algo estaban aquí y habían venido por eso. Lord Byron quería venir para acá…
RP.- Eran unos girondinos…
FHL.- Sí, eran unos girondinos, claro, eran garibaldinos. Es una gente que quiere venir a Venezuela para encontrarse con esa realidad sanchopancina de un Páez o de un Pena. Yo me explico por qué fue la disyuntiva.
RP.- Fue entonces un hecho de analogía de él con aquellos europeos románticos antes que con nuestros criollos que estaban buscando al suyo.
FHL.-¡Claro! Tú te imaginas lo que significaba quitarle a los caraqueños la capital para pasarla a Bogotá para que sea “villa y corte” de un imperio amasado con sangre venezolana? Eso necesariamente tenía que provocar anticuerpos. Yo creo que el Libertador pierde la proporción en ese momento.
JRR.- Ahora, Bolívar pudo haber sido rey; él tuvo la oportunidad de convertirse en monarca y no lo hizo a pesar de ese romanticismo que tú mencionas.
FHL.- No, porque los románticos por ejemplo, cuando Napoleón… Napoleón es el héroe de los románticos mientras es Primer Cónsul y entonces lo execran cuando él se corona Emperador. Entonces el Libertador… yo estoy convencido de que el Libertador admiraba profundamente a Napoleón pero para no perder su identidad lo rechaza, lo rechaza totalmente.
JRR.- ¿Y el perdón de Santander ya no indica una debilidad, una flaqueza en el carácter, en el ánimo del Libertador… en 1828?
FHL.- Bueno, es lo que decía anteriormente: hay un desmadejamiento del Libertador en ese instante. Su primera reacción es abandonarlo todo; es decir, ya presiente la muerte, ya presiente que su labor ha concluido. Y yo por eso creo que el 17 de diciembre en vez de ser día de luto debía ser día de júbilo, porque el Libertador precisamente comienza a vivir después de su muerte. Ése es el momento realmente glorioso del Libertador. Todo el mundo quería que el Libertador se coronase, comenzando por Urdaneta y Páez, cosa que la gente muchas veces no sabe. Y aquella célebre carta de María Antonia a su hermano diciéndole que “primero Libertador…” ¡María Antonia era monárquica! Lo que pasa es que hay muchos aspectos de nuestra Historia que están silenciados. San Martín le recomienda a Bolívar que se establezca una monarquía. ¿Qué ventajas ofrecía la monarquía? La continuidad y la estabilidad. La alternabilidad republicana le da paso a los golpes de Estado, a la apetencia de los caudillos. Si nos ponemos a revisar nuestra historia nosotros hemos tenido, salvo breves interregnos, Presidentes vitalicios. Incluso José Tadeo Monagas creo que tiene las pretensiones casi de hacer una Presidencia hereditaria. Tenemos más o menos seis o siete reyes a lo largo de toda nuestra Historia. Ahora, en sus últimos días, el Libertador se pronuncia diciendo que la América Latina es ingobernable.
RP.- Si era ingobernable, ¿lo hubiese sido también bajo una monarquía?
FHL.- No me atrevería a responderte, no he reflexionado lo suficiente sobre eso, pero quizás aseguraría una mayor estabilidad, creo yo.
JRR.- ¿Cómo era Bolívar en carne y hueso, Bolívar el hombre de todos los días?
FHL.- Mira, ante todo y para evitar equívocos  porque yo tengo fama de ser tan irreverente como Rafael Poleo, debo hacer profesión de fe de mi amor al Libertador y de una profunda admiración hacia él. Pero el Libertador de verdad dista mucho de ser el Libertador en bronce. Nadie se imagina por ejemplo, que Bolívar pudiera ser, hablando en criollo, un buen mamador de gallo y sí lo era. Bolívar cantaba, Bolívar era afable, Bolívar montaba en cólera fácilmente y echaba chispas, soltaba bollos.
RP.- Eso que llaman un temperamento vivo.
FHL.- Un temperamento vivo y muy venezolano, muy caraqueño, muy llano, y cuando se tenía que poner solemne se ponía solemne, pero generalmente el Libertador era un hombre vivaz, nervioso, sumamente inquieto. Hablaba muy bien, era de una gran facilidad en su dicción… pero sin pedantería. Yo creo que ese Libertador con esa voz roncota y distante que lo ponen por ahí, lo aleja de nuestro pueblo.
RP.- Tenía la voz chillona…
FHL.- Tenía la voz chillona, estridente, desagradable. Bueno, muchos tribunos nuestros, Guzmán Blanco entre otros, tenían la voz chillona. Yo creo que ese Libertador en bronce lo aleja de nuestro pueblo y hay que aproximar a Bolívar. Es un consuelo para los malos estudiantes saber que el Libertador fue un pésimo estudiante hasta los 19 años. Lo más importante de Bolívar es saberse vencer. Por supuesto que es un genio, y en el genio hay factores nativos, factores de oportunidad y factores biográficos… Hay otra cosa que yo sí quisiera desvirtuar, sobre eso sí he reflexionado bastante: la historia sagrada explica que el Libertador se hace Libertador porque se le muere su primera mujer. ¡Yo no creo eso! Es propio de una novelita rosa. Si no se le muere la mujer, él sigue siendo Libertador y la pone de lado. Pero es una novelita rosa que no creo, y es lo mismo que tú me preguntabas sobre Manuelita Sáenz. Manuelita Sáenz, su adorable loca, lo divierte, hay una buena comunicación entre ellos, intelectual, carnal, afectiva…
RP.- Lo que eran ellos es grandes amigos aparentemente.
FHL.- Sí, amantes; eran eso, amantes, pero creer que fuera su mujer exactamente ¡no!... Él nunca tuvo una mujer de la que se pudiera decir que era su mujer. ¡Ninguna! Ahora, Manuelita sí alcanzó aparentemente tener con él una gran vinculación afectiva. ¡Eso es verdad!
JRR.- ¿Cómo preveía el Libertador los últimos años de su vida? Porque él se encuentra en Santa Marta en vísperas de un viaje a Europa donde pensaba radicarse y quizás escribir sus memorias.
FHL.- Mira, pensando en este carácter contradictorio del Libertador, no hay que olvidar que el Libertador era un hábil político, muy astuto, y los políticos profesionales -¿no es así Rafael?- no se expresan con la verdad.
RP.- A veces sería hasta inconveniente que la dijeran.
FHL.- Se posterga la verdad persiguiendo un objetivo. Es posible que haya pensado irse a Londres… Eso de que el Libertador murió en la miseria es falso; el Libertador tenía por el Congreso una renta de 10.000 pesos, además de las minas de Aroa; eso es falso que el Libertador estuviera en la miseria. El Libertador era todavía un hombre rico en ese momento… Muy generoso, muy desprendido, había perdido buena parte de su fortuna en su empresa, pero era un hombre rico.
RP.- Pero no un hombre que se había hecho rico.
JRR.- ¿Cómo fueron las relaciones entre Andrés Bello y Simón Bolívar?
FHL.- Bueno, fíjate una cosa, hay un presupuesto… Bello y Bolívar, en mi opinión, son los dos grandes y únicos genios que ha producido Venezuela, pero eran contradictorios. Bello era apolíneo y el Libertador era dionisíaco.
RP.- Tendrás que explicar qué es una cosa y otra.
 FHL.- Apolíneo es el hombre clásico, el hombre ponderado, el hombre ordenado, el hombre de la verdad armónica. El hombre dionisíaco es el hombre tomado por el pathos, por el afecto o por el cariño o por la emoción. Eso es muy importante. La afectividad es predominante. Entonces necesariamente tenían que chocar; yo no me explico por qué el Libertador se precia de haber tenido por maestro a Bello, con aquella ortografía infame que tenía en 1799. Ellos no han debido entenderse…
RP.- En cuanto a Simón Rodríguez… fíjate, buscando las influencias psíquicas en el Libertador en el sentido más amplio, casi pedagógico y formativo ¿Simón Rodríguez influyó tanto realmente en el Libertador?
FHL.- Yo creo que Simón Rodríguez se encuentra con el Libertador cuando él es viudo por segunda vez y le descubre todo ese mundo, el romanticismo napoleónico al que Bolívar por temperamento estaba dispuesto. Ahora, también es sorprendente que cuando el Libertador se regresa, creo que en 1807, se cortó la comunicación con Simón Rodríguez. Simón Rodríguez está de espaldas al movimiento emancipatorio hasta 1824, cuando va a buscar al Libertador en el Perú. ¿Qué pasó entre Simón Rodríguez y el Libertador?
RP.- Puede haber sido un alejamiento por la personalidad monomaníaca de Rodríguez.
FHL.- Hubo la oportunidad de que participara en la gesta de la Emancipación por parte de Rodríguez. Es decir, es inexplicable.
RP.- Pero Rodríguez si podía ser psíquicamente objetable. Rodríguez es un personaje que podía desencadenar procesos muy interesantes en el Libertador, pero él mismo era como inmanejable.
FHL.- Mira, yo estoy de acuerdo con Úslar Pietri en este libro en que él trata la personalidad de Simón Rodríguez: en que es bastante injusto aquello de tratar a Simón Rodríguez como un tipo pintoresco.
RP.- Como un aventurero…
FHL.- No, era un hombre sumamente culto, con ideas muy claras, vigentes actualmente en los procesos educativos. Ahora, ¿qué es lo que pasa? No se les olvide señores que… ¡imagínense! Para aquellos generalotes de esa época hablarles como hablaba Simón Rodríguez… no podía pasar de ser un loco. Yo tengo mucho respeto por la personalidad de Sucre, por su valía humana, como estadista y como gobernante, pero yo no sé, yo no me siento muy inclinado a creer que Sucre tuviese la cultura de Simón Rodríguez; tenían que chocar, necesariamente.
JRR.- ¿Por qué ve en Sucre el Libertador el hijo que no tuvo? ¿Había alguna afinidad, alguna empatía?
FHL.- Si, yo creo que el que más lo entendía era Sucre, y también Santander; es decir, no hay que menospreciar a Santander. Santander era un hombre sumamente culto, era un institucionalista, y el Libertador en ese momento, después de haber sido un institucionalista, se transforma en un autócrata; comienzan a chocar. Además, las separaciones entre Bolívar y su lugarteniente… Yo estoy de acuerdo, y lo he dicho, con que el Libertador no toma en cuenta que Venezuela era Venezuela y Nueva Granada era Nueva Granada, con idiosincrasias, historias, economías, totalmente diferentes. Era una bella realidad pero no era realizable.
JRR.- Irreconciliables.
FHL.- Eran realidades bastante irreconciliables. Yo creo incluso que la emancipación del Perú obedece a razones militares pero no políticas. Yo creo que la verdadera proyección nuestra, como lo ha demostrado la Historia, es hacia el Caribe más bien, que fue la política que se siguió luego.
RP.- Pero Bolívar iba también hacia el Caribe; él no se limitaba al país andino, el quería el país latinoamericano, quería el contrapeso frente al coloso del Norte para que no ocurriera lo que ocurrió después.
FHL.- Viendo, por ejemplo ,el norte de Colombia, es muy similar al nuestro, muy proyectado hacia el Caribe todo. Y yo creo que fue a causa de Carlos III, porque si Carlos III, en vez de hacer así hace asao, hubiera dos países homogéneos, pero hizo así e hizo dos países heterogéneos para mantener el equilibrio del poder.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinioncultura/26668-bolivar-de-carne-hueso-y-genio