sábado, 20 de abril de 2019

UN GRAN VENEZOLANO

Ciudadano Schael
Luis Barragán


Mamá guardaba en su libro de recortes, una columna – principiando los setenta del veinte - referida a la casa de Renato Belouche en París. Suscrita por Guillermo José Schael, fue inevitable relacionarlo con el antepasado materno, desde que aprendimos a leer.

El venidero  30 de abril, celebraremos el centenario del nacimiento del insigne periodista que, por cierto,  falleció un día 23 de hace treinta años. Durante cuatro décadas laboró en el diario El Universal de la Caracas que también lo tuvo por cronista, acerándose en el difícil oficio de un país turbulento, aunque jamás había atravesado un desierto minado como en el presente siglo que tantas ilusiones despertó.

“Brújula”, la columna en la que abrevaron distintas generaciones, retrató fielmente al apasionado fablistán Lo ocupaban a diario todos los temas, por contradictorios que parecieran y, así, tomada una muestra al azar, un día versaba y se extendía sobre la mecánica celeste, en el breve espacio disponible, a propósito del científico que vaticinaba un choque de la Luna con la Tierra, faltando algunos millones de años (El Universal, Caracas, 04/08/1953), luego de ilustrar al lector sobre los viejos automóviles, días atrás,  incluyendo el nombre del ciclista que arrolló a un niño y a un anciano en la ciudad ya remota; o, restándole la acostumbrada letra, orientaba su reflexión hacia la siquiatría (SIC) y quienes se ocupaban de ella (Ibidem, 19/05/1963).

En el último texto citado, expresaba: “Siempre hay temas de que escribir en una mesa de redacción. Sabemos que por estos tiempos presionan los de política (…) Muchos de los lectores de EL UNIVERSAL son suscriptores desde hace más de cuarenta años. Pensamos que no pocos les agradará como a nosotros evocar el tiempo viejo. A veces es la alternativa para eludir el encuentro con tantos hechos desagradables. A veces pasamos hasta dos horas en el Archivo”.

Inquieto, hurgador de noticias, calibrador de la actualidad, sabía cuáles eran las sustanciales y las banales y, seguramente los lectores más asiduos, desde siempre, le agradecían la distinción.  En perspectiva, en buena medida los hechos políticos fueron circulares y, evidentemente, los actores e intérpretes hartos repetitivos, por lo que el periodista abría una atractiva ventana para romper con el tedio.

El diario ejercicio de la escritura, en medio del imaginado bullicio de la mesa de redacción, bajo la presión del tiempo que se agotaba para encender y echar a andar la imprenta,  se tradujo en una prosa limpia, transparente, sencilla y directa.  Constante el dato histórico, respirando a la Caracas de la que fue fiel devoto,  tensaba el arco en torno a la ciencia, los medios de transporte, el arte, y cualesquiera temas abordados con responsabilidad. Sin embargo,  llama la atención el tratamiento tan respetuoso de los más cotidianos problemas de servicio (agua, vialidad, salud, etc.), planteando las soluciones que la ciudadanía esperaba, como – igualmente -  concedía el derecho a réplica a buena parte de quienes se sentían afectados por alguna alusión.

Las nuevas generaciones tienen en el ciudadano Schael, un referente esencial de la dignidad, respeto, probidad, vocación para el trabajo y talento periodístico. Por ello, quedan pendientes tres tareas importantes para actualizar su herencia cívica: la de promover académicamente el interés por biografiarlo; publicar sus obras completas, uniendo la hemerografía con sus numerosos aportes bibliográficos; y salvar el Museo del Transporte que tuvo a bien fundar junto a otros insignes venezolanos.

21/04/2019:
https://guayoyoenletras.net/2019/04/21/ciudadano-schael/

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