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miércoles, 3 de abril de 2019

DE UNA MÍNIMA RACIONALIDAD

La desproporcionada confabulación de los usurpadores del poder contra Guaidó, justifica aún más la aplicación del 187, 11

“La Fracción Parlamentaria del 16 de Julio rechaza y condena el pretendido allanamiento de la espuria constituyente contra el diputado Juan Guaidó, por lo demás, investido  como presidente encargado de la República y no cabe duda que, impotente ante el monumental fracaso de la dictadura que la fraudulenta instancia avala, más que una mamarrachada, sus  integrantes han incurrido en un delito”, expresó el diputado Luis Barragán.

“En efecto, de hacerse efectiva la ilegítima privación de la libertad del diputado Guaidó, u otras medidas aproximadas, como ha ocurrido con la de prohibirle la salida al país, está establecida una pena de prisión de conformidad con el artículo 176 del Código Penal, en correspondencia con el artículo 200 constitucional,  por no mencionar la temeraria solicitud de paredón para el colega parlamentario que se hizo en la circense constituyente”.

Observó el diputado Barragán que, en fecha 19/09/2017, a cámara plena, a propósito del caso del diputado  Gilber Caro, como más tarde lo recordó con el del diputado Juan Requesens, en nombre de Vente Venezuela, propuso actualizar y tipificar extensamente el delito de violación de la inmunidad parlamentaria en Venezuela, precisando sus circunstancias agravantes (https://www.youtube.com/watch?v=QOs46lWERRc).

“Hoy, el caso cobra una mayor  importancia al tratarse de los usurpadores del poder que violentan lo que, en propiedad es, un complejo de inmunidades parlamentarias. Ya no se trata de una clásica situación de desconocimiento, susceptible de los recursos jurisdiccionales correspondientes, sino de una extraordinaria y dolosa confabulación de los órganos usurpados del Poder Público contra el diputado Juan Guaidó y  toda la Asamblea Nacional, pues, al fin y al cabo las prerrogativas constitucionales son – en última instancia - de la cámara. Y así como han desconocido cualesquiera fueros, sindicales o gremiales en el país,  persisten delictivamente en violentar los de la legítima representación popular”.

Comentó el parlamentario que la específica materia adquiere una trascendencia nunca antes vista en nuestro país: “Meritorios, seguimos leyendo a Orlando Tovar o a José Guillermo Andueza, siendo hoy escasa la reflexión jurídica y política sobre las inmunidades parlamentarias, aunque ha sido notable por estos años el esfuerzo de autores como Héctor Granados, Rafael  S. Jiménez y, sobre todo, Tulio Alvarez. Entendemos que el asunto no merece un exclusivo tratamiento jurídico, pero toda postura política necesita de una mínima racionalidad frente a la disparatada dictadura en curso, y la tenemos”.

Finalmente, añadió que “la Fracción Parlamentaria 16 de Julio hará un pronunciamiento de fondo sobre una materia que, nuevamente, justifica la aplicación del artículo 187, numeral 11 de la Constitución, pues, evidentemente se trata de una desproporcionada confabulación de todas las fuerzas de la dictadura desesperada por liquidar un órgano legítimo  e independiente del Poder Público, como la Asamblea Nacional”.

03/04/2019:
https://www.lapatilla.com/2019/04/03/diputado-barragan-los-espurios-constituyentes-incurren-en-el-delito-de-violacion-de-la-inmunidad-parlamentaria/
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/34649-barragan-l
https://tenemosnoticias.com/noticia/espurios-constituyentes-diputado-parlamentaria-655707/1311449
https://apuntoenlinea.com/2019/04/03/diputado-barragan-los-espurios-constituyentes-incurren-en-el-delito-de-violacion-de-la-inmunidad-parlamentaria/
Fotografía: LB, rueda de prensa Fracción 16 de Julio (AN, Caracas, 19/03/2019).

martes, 27 de febrero de 2018

ASTUTA RAZÓN, ASTUTA

EL NACIONAL, Caracas, 16 de febrero de 2018
La razón y sus enemigos
Eduardo Vásquez
En Occidente, la tradición filosófica era la filosofía racionalista que culminó con Kant y Hegel, quien reflexionó sobre el hombre y su destino en la sociedad, muy influido por la Revolución francesa, que repudió la unción divina de los monarcas y condenó con la pena de muerte al monarca francés.
La universalidad es el principio fundamental del racionalismo. Se legisla para todos los hombres. Se establece la igualdad de todos y derechos iguales para todos. La ruptura con ese principio puede conducir al fascismo y el racismo, que no acepta esa universalidad y establece diferencias e instituye normas y características no-esenciales: la etnia, el color de la piel, el idioma. Son diferentes los arios de los no-arios, los negros de los blancos. La abolición de la universalidad y el establecimiento de normas distintas para cada etnia dieron lugar a fuertes luchas entre grupos sociales, entre razas y entre las religiones.
La Revolución francesa fue racionalista. Declaró la razón como divinidad –“Todos los hombres son iguales”– y condujo a la abolición de la esclavitud: si todos los hombres son iguales, todos tienen los mismos derechos. El Estado debe edificarse sobre ese principio y debe regir la relación entre los hombres. El fascismo no admite esa universalidad. No son iguales los que pertenecen a una etnia ni los que practican religiones distintas. Los nazis les arrebataron los derechos humanos a los judíos. En Estados Unidos hubo un atroz genocidio contra los nativos y la discriminación contra los negros no ha desaparecido totalmente. No es fácil liberarse de un prejuicio. Nos armamos con todos los recursos para protegerlos de la crítica. Primero se libera la cabeza y luego el corazón. Se ha hecho popular un dicho de Einstein: “Es más fácil dividir un átomo que destruir un prejuicio”.
En el mundo filosófico alemán la tradición fue la filosofía racionalista. Descartes influyó profundamente en Kant y Hegel, pero los cambios sociales en Alemania alteraron esa tradición. Max Stirner elaboró fuertes críticas contra la razón. Una de ellas lo resume todo: “Si triunfa la razón perece el individuo”. Por tanto, hay que abolir la razón para recuperar el yo individual engullido por lo universal, lo universal devora lo singular. Da origen a una filosofía que indaga en el individuo, que postula como verdadero lo singular. Los problemas universales desaparecen o se achican ante los problemas de lo singular.
N. Hartmann calificó a Søren Kierkegaard como el mayor atormentador de sí mismo que haya conocido la historia. Heidegger retomó a Kierkegaard. Si tu ser es un ser para la muerte, despreocúpate de cualquier otro problema. Heidegger convierte a los hombres en gladiadores modernos: “Los que van a morir te saludan”. La filosofía de Heidegger (el ser para la muerte) incita a los jóvenes a estar dispuestos a morir por el führer, por el líder.
Heidegger estaba inscrito en el partido nazi. Nunca dejó de pagar su contribución. Después de la Segunda Guerra Mundial los aliados les quitaron a los colaboradores del nazismo, entre ellos a Heidegger, la facultad de dar clases y de publicar. Pero amigos franceses de Heidegger, conocedores de su pensamiento, en especial Jean Beaufret, intervinieron contra su exclusión.
Las interpretaciones de la filosofía de Hegel que Heidegger publicó con el nombre de La filosofía del espíritu de Hegel (Alianza Editorial, Madrid 1992) son de una pobreza y de una arbitrariedad extrema. Es un filósofo y un intérprete indigente. Sin embargo, la sombra de Heidegger arropó el mundo en una época. En Suramérica produjo grandes daños. Es posible que ese amor por la muerte, tan arraigada en los filósofos alemanes, haya desaparecido. No la destruyó la crítica. Se autodestruyó. Pobreza e indigencia propia de una época, expresada en una filosofía, desapareció con ella. El nazismo y su filósofo fueron sepultados juntos.
La razón, aunque débil termina imponiéndose. Es débil, pero astuta. Su astucia obró para destruirla. Aún subsisten heideggerianos rezagados que se aferran a una filosofía propia de una época. Como asentó Hegel, la filosofía es la época expresada en pensamiento, y ella, al sucumbir la época, arrastra consigo su expresión.

Fuente:

domingo, 17 de septiembre de 2017

ESPERANDO RESPUESTAS

Del regreso arrepentido a la razón
Luis Barragán


Todo proceso político expresa al régimen que lo contextualiza, pues, sí éste es autoritario, simple e irracional, aquél tenderá a serlo. Luego, la alternativa opositora adquiere  legitimidad y consistencia de reivindicarse naturalmente como un fenómeno democrático, complejo y racional.

La dictadura es consecuente consigo misma, desde que inoculó el presente siglo con un conflicto que, al excederse como un mero recurso de supervivencia, se hizo cada vez más artificial, procurando confundir y manipular la más elemental noción de la paz.  Por ello,  pretendiendo alterar las realidades que siguen un curso inalterable, se aferra y se agota en las consignas.

La vida política adquiere otros visos, demandando una profunda, coherente y convincente dimensión ética que ha de fundarla, pues, se ha dicho, son los medios los que justifican el fin y no a la inversa. No sorprende a nadie que la tal constituyente, cuyo origen es fraudulento,  desconocida por un número importante de gobiernos,   diga dar lecciones de patriotismo, democracia y participación,  tratando de extorsionar a la sociedad para un reconocimiento que el sólo acto de fuerza no logra, aunque   sorprenderá todavía más que a sus adversarios e, incluso, supuestos adversarios, les cruce apenas la idea de consentirla y de cohabitarla, sin costo político alguno de acuerdo a una de las reglas del sistema que premia la sumisión.

Ya el problema no está sólo en el diálogo entre la  dictadura y la oposición,  sino en el perverso desarrollo de la iniciativa emprendida por sectores de la oposición que inconsultamente animan un encuentro que, no por casualidad, por siempre el oficialismo revela, divulga, delata. Sectores que participan de las diligencias realizadas en el exterior para el cuestionamiento – por lo menos – del régimen, niegan el diálogo que  el gobierno de uno de los países visitados anuncia, declaran que no concurrirán a la cita, luego se sientan en República Dominicana y, así, sucesivamente, en un oleaje de contradicciones que acaba la más rudimentaria idea de razón, racionalidad y hasta razonabilidad.

Por algún motivo capaz de levantar una legítima sospecha, añadida la de una asombrosa inmadurez política, la incoherencia muestra sus fauces, pues, deducido por María Corina Machado en una reciente conversación personal, no se entiende que haya la intención de someter a un referéndum los resultados del diálogo entre la oposición y la dictadura que debe salir, luego del inmenso daño que ha generado al país, mientras días atrás cerca de siete millones de venezolanos respondieron claramente en un plebiscito que se convirtió en todo un mandato; o, peor, que ambos coincidan, intensifiquen y hagan campaña a favor de la prolongación del régimen más allá de 2017.  Por más liquida que sea esta modernidad, la política demanda el regreso arrepentido a la razón.

18/09/2017:
http://www.noticierodigital.com/2017/09/luis-barragan-del-regreso-arrepentido-a-la-razon https://www.noticiasdevenezuela.org/2017/09/18/luis-barragan-del-regreso-arrepentido-a-la-razon https://actualidadvenezuela.org/2017/09/18/luis-barragan-del-regreso-arrepentido-a-la-razon http://www.entornointeligente.com/articulo/125895/Luis-Barragan-Del-regreso-arrepentido-a-la-razon

domingo, 10 de septiembre de 2017

(A) ATONALIDADES

EL NACIONAL, Caracas, 23 de agosto de 2017
Ética de la racionalidad
Elio Pepe Trifance

La conquista del poder asume confrontaciones ideológicas, políticas y programáticas que determinan el comportamiento de las instituciones, de las relaciones geoestratégicas, del ritmo y tipificación del crecimiento que influencian la soberanía, la independencia, la misma identidad de la nación.

De la contraposición de los planteamientos emergen las diferentes tipificaciones y objetivos que persigue el desarrollo a través de alternativas estratégicas que, bajo la estricta racionalidad entre costos, beneficios y medios empleados, configuran la estructuración del sistema productivo, económico y social. Sería contradictoria una racionalidad que no fuese permeada de vínculos y valores éticos, tanto cuando se aplica para la escogencia de las finalidades generales del desarrollo, tanto cuando se define el marco estratégico y las modalidades tácticas para alcanzarlas; es decir, el contexto en el cual la acción sustancia la postura ideológica de referencia.

No se trata de recurrir a la ética de la racionalidad simplemente como instrumento para señalar los ideales y emitir un juicio de valor sobre los medios utilizados para sus aplicaciones, sino que la toma de decisión implique como imperativo categórico el conocimiento y práctica de los valores: pues, por su propia formulación, la ética de la racionalidad encierra la esencia del Ser del hombre, los caracteres distintivos de su naturaleza. Es un principio seguramente conocido, pero que nunca ha sido aplicado en plenitud por los gobiernos de la cuarta república: pero, para el gobierno de la revolución bolivariana, conforme con la aplicación del centralismo democrático social leninista, constituye la negación de su esencia totalitaria y la admisión de una diversidad por la cual debería reconocer y aplicar el sistema democrático.  

Es una insistencia iterativa, casi una mortificación tautológica a la cual este concepto nos obliga para el perseguimiento constante de las libertades constitucionales y de una mayor justicia social. Cada día, perdura y aumenta la crisis y evidencia el estatus de necesidad determinado por la inconsistencia de la distribución equitativa de la riqueza; pero, en lo económico, sin inversiones productivas, sin el acceso al conocimiento y a la investigación como medios para la superación, sin el uso de las tecnologías y de los recursos humanos que abandonan el país se aleja la hipótesis de recuperación. Es apremiante la organización de una sociedad que difiere del simple conformismo para otorgar presunta eficacia a la solución de problemas, mientras que limita su actuación solo en defensa de los intereses particulares de grupos o de una elite: al contrario, sin el perseguimiento del bien colectivo la sociedad pierde su funcionalidad primaria por la cual se traduce en fisionomía representativa de la unidad del Estado. Por consiguiente, es perentorio otorgar a la política la significación originaria de su responsabilidad específica que con ética y sindéresis debe asumir para la administración general de los bienes públicos y del Estado.

La política asume su supremacía cuando se emplea no como arte de las posibilidades de manipulación, sino más bien como ciencia de las posibilidades de cambio de los valores, parámetros y finalidades del crecimiento de la democracia, exactamente lo que exige la hipótesis de un nuevo desarrollo; por el contrario, cuando las posibilidades se vinculan a un proyecto político que impide la valoración de los principios democráticos sometidos de manera instrumental a la praxis partidista, emergen las limitaciones ínsitas en la toma de decisiones y en las acciones consiguientes. En estas circunstancias, la ética pierde su función inspiradora y no genera reflexiones críticas sobre los contenidos, la conducción, los alcances de la acción social y económica y sus consecuencias sobre la vida de los ciudadanos.

Cuando prevalece la irracionalidad en el uso de los recursos, y el peculado y la corrupción envuelven la administración de los gastos corrientes y de los bienes públicos, el cuestionamiento de los datos económicos y políticos no puede asumir que una significación negativa: en particular deriva la inconformidad con el dinamismo presunto o real que exprime la acción gubernamental, máxime cuando a través de sus formulaciones se pretende determinar un sometimiento relativo de los valores al proyecto político que se sobrepone a las necesidades esenciales de la población que, al contrario, se deberían enfrentar como obligación prioritaria del ejercicio del poder.

Es lo que pasa cuando el desarrollo se reduce a una política populista, como por ejemplo la que se manifiesta en la práctica de las “misiones”, sin que se hayan solucionado los problemas de fondo de las condiciones de pobreza crítica a través de la dignidad del trabajo. Igualmente, cuando se utilizan otros instrumentos de asistencia social para perseguir el continuismo administrativo del poder y se define y aplica una estrategia del desarrollo que privilegia unos pocos, se atan las aspiraciones de legitima mejora de las condiciones de vida de la mayoría a un presunto crecimiento genérico, a una hipótesis de modernización revolucionaria que no produce cambios estructurales y que deja sometidas las relaciones de participación y responsabilidad individual y colectiva al arbitrio de quien ejercita el poder.

En completa contraposición, la ética de la racionalidad política aplicada a una programación de desarrollo se transforma en la guía segura que inspira la acción de la recuperación pregonada, pues permite enfrentar las endemias presentes y transforma la evanescente dialéctica que ha rodeado y rodea la justicia social en opciones fundamentales de crecimiento. Por consiguiente, quedan evidenciados los límites, las frustraciones y la impotencia de la política volcada a la afirmación de un proyecto excluyente, seudosocialista, que utiliza para sus finalidades particulares los recursos generales del país, por ejemplo, cuando, entre otros aspectos, en la práctica gubernamental de la política habitacional, sanitaria y de asistencia social beneficia solo a los seguidores de su orientación política.

En nuestra visión, la escogencia de las opciones del ejercicio del poder debe ser realizada en favor del conjunto de la sociedad que con su pronunciamiento, en cualquier caso, las determina por los valores que previamente ha aceptado y que persigue con el ejercicio del control mediante el seguimiento específico definido en las formas y las funciones establecidas por la Constitución de 1999. Por supuesto, el desarrollo se tipifica por la aplicación de la estrategia escogida, asume el sello distintivo con el cual se manifiesta en el contexto internacional, pero su objetivo prioritario queda vinculado a la satisfacción interna de la demanda económica de bienes y servicios, a las obligaciones institucionales y a los principios de solidaridad social.

La búsqueda de nuevas posibilidades de desarrollo en una economía de mercado requiere entre otros aspectos, la formulación de  normas para facilitar las inversiones y la transferencia de tecnología; es decir, que se deben formular políticas que sean el reflejo concreto de las legítimas exigencias de progreso que la propia comunidad nacional, a través de sus estructuras jurídicas, económicas y sociales, ha logrado formular bajo la racionalidad empírica que filtra en el tiempo, a través del conocimiento científico, la solución más eficiente de los problemas.

Pero, si a la secuencia del hacer y de la racionalidad científica se contrapone la voluntad política, se producen condiciones que anulan los esfuerzos precedentes, se perjudica la gobernanza del Estado y su funcionalidad, y se inducen crisis cuyas variables, en los mejores de los casos, intentan limitar los daños preservando las instituciones, sin preocuparse del ulterior deterioro de la sociedad, pues si se  llega a la alteración de las reglas que garantizan la funcionalidad de las instituciones, se determina en los hechos la ruptura del orden constitucional, se anula la división de los poderes y se conculcan los derechos de los ciudadanos, máxime cuando la tentación totalitaria se manifiesta como hipérbole del continuismo del abuso con el cual se ha secuestrado el ejercicio del poder.

La experiencia histórica evidencia que en un sistema democrático se impone el crecimiento del conocimiento proyectado en el tiempo y en el desarrollo económico y social. Es un proceso científico que transforma y hace crecer la sociedad cuando en su actuación prevalece la racionalidad de la ética: su inspiración y conducción no solo deben caracterizar las acciones concretas de los comportamientos de las instituciones, sino que al mismo tiempo exigen la promoción de los valores de los cuales son portadores los actores políticos, económicos, sociales y culturales.

Los alcances de  libertad, de justicia, de dignidad e inviolabilidad de la persona, de los derechos humanos, de la pulcritud y transparencia de la administración pública, de su funcionalidad y eficiencia, son objetivos estratégicos que califican el sistema democrático y le otorgan la legitimación que deriva por alcanzar una superior categoría de civilización: es este el proceso evolutivo que merece el reconocimiento, respeto y aceptación como expresión de la forma más democrática a la cual la humanidad ha llegado en la estructuración del poder del Estado, muy lejos del albedrío jurídico e imposición practicada por el órgano tutor de la legitimidad democrática para inhabilitar los candidatos de la oposición a la representación de los ciudadanos.

Los principios que el sistema democrático expresa por su formulación y por su espíritu procedimental, relativizan las finalidades perseguidas por las otras racionalidades presentes en las estructuras del Estado y de la sociedad. Las leyes que definen el comportamiento de las diversas instituciones necesarias para la funcionalidad global de un Estado promotor de desarrollo y de las consecuentes relaciones con la sociedad indican las pautas y modalidades con las cuales se aplican los principios filtrados por la ética de la racionalidad.

Queda un axioma: la libertad es la dimensión histórica del hombre, nunca el prevalecer de la racionalidad de la ética disminuirá o conculcará libertades, sino que propiciará la continuidad entre el fin de un periodo histórico y el comienzo de otro para incorporar en la transición las modificaciones propiciadas por el principio de causalidad, la inspiración de la estética y los valores morales que deben permear las acciones de los ciudadanos en sus relaciones con las instituciones definidas en el pacto social vigente.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/etica-racionalidad_199971

sábado, 29 de abril de 2017

BREVÍSIMO TRATADO DE ILÓGICA POLÍTICA



Del difícil vaticinio

Luis Barragán

Evidentemente, no existe un lógico y, por tal, compartido desarrollo político de los acontecimientos en Venezuela, por sufridos que fuesen. Los más diversos analistas y comentaristas políticos lo desean con el fervor de sus viejas lecturas y experiencias, pero en toda dictadura resulta difícil vaticinar el más modesto evento.

Nos recreamos con algunos mitos y, cual moneda de curso legal, el comentario ocasional dice adquirir alguna  prestancia para el intercambio. Algo natural, porque todos urgimos de un sentido para la vida personal y colectiva.

El régimen caerá de tocar fondo la situación nacional, fue uno de los argumentos más favorecidos. Nunca se supo de cuál de los tantos fondos que ya hemos tocado, asfixiándonos, porque el precio del petróleo más bajo no puede caer ante la gigantesca voracidad fiscal del socialismo del siglo XXI y, además, hubo República y hubo democracia, mal que bien, con el barril a siete dólares durante el gobierno de Caldera.

Los militares solamente esperan que las calles se llenen, algo que ha ocurrido sometiendo a justos y pecadores a una feroz represión.  En su sano juicio, nadie espera que la protesta pueble todo el territorio nacional para apostar por una militarada más, pues versamos sobre la necesidad de una transición democrática.

O esto se acaba cuando los cerros bajen y, desde hace un buen rato, ya lo hicieron, o ¿acaso las autopistas urbanas las ocupa exclusivamente la mesocracia harta y desesperada?  Por definición, toda dictadura es irracional, caprichosa y soez, por lo que cuenta con una dinámica propia que, por ilógica, genera un severo y continuo corto-circuito hasta que colapsa. Y es lo que está aconteciendo en una Venezuela a la que el magistrado consular, por más encumbrado que se vea en el TSJ, ni siquiera ofrece una respuesta coherente, simuladora de alguna convicción jurídica.

domingo, 16 de octubre de 2016

UNA MALA NOTICIA

Pronósticos, métodos e incentivos
Douglas C. Ramírez Vera  

Es fácil predecir un comportamiento racional, lo difícil es predecir, el comportamiento de un idiota.
Toda disciplina que pretende ser científica se sustenta en ciertas premisas. En primer lugar tiene un objeto de estudio. En segundo lugar, posee un método para falsear una teoría y en tercer lugar se sustenta en su capacidad de predicción. En las ciencias humanas, y en particular en la economía, este último elemento se ha puesto en discusión, por las limitaciones que se tiene de poder hacer experimentos controlados y replicables. Un enfoque para desarrollar teorías, en el campo de la economía, tiene que ver con el desarrollo de ciertos “experimentos mentales —como lo llamaba Albert Einstein—.
En la profesión hay un consenso en que la validez de las teorías no se encuentra en el realismo de las hipótesis, sino en la capacidad predictiva del modelo que se construye y, por tanto, si el modelo es capaz de predecir de una manera adecuada lo que acontece (con el menor número de elementos involucrados), ese modelo resulta mejor por cuanto logra explicar lo más con lo menos.
En la elaboración de modelos de pronósticos se habla de dos principios base para el diseños de los mismo, uno es GIGO y el otro es MES. El primero es: “Garbage In Garbage Out”, este se refiere a que cuando se utiliza un conjunto de información inadecuado—lo que incluye datos y teorías—, con una metodología errada, no se puede esperar buenos resultados. El segundo principio se refiere al principio de parsimonia, que señala: “Manténgalo Estúpidamente Simple” o “Estúpido Manténgalo Simple”. Esto último implica que construir modelos más complejo no significa que va a tener mayor precisión. De ahí se deriva un principio heurístico de la predicción el cual señala que: “el mejor pronóstico es un promedio de pronósticos”.
A los economistas les parece obvio que todo modelo debe estar sustentado en una cierta racionalidad, aun cuando el individuo sobre el que se hace el modelo no sea un ser racional. Expliquemos mejor esto último a través de un ejemplo. Si quiero realizar un programa computacional de un juego de billar, en este se programa al jugador virtual de los mejores conocimientos de geometría y de física que sean necesarios, para que tenga un juego óptimo y replique al mejor jugador de billar del mundo. Pero lo más probable, es que ese mejor jugador de billar del mundo no sepa de geometría, ni de física. Su comportamiento es instintivo y automático producto de su experiencia. Pero el programa podrá replicar su juego, aun cuando el  modelo real no sepa lo que sabe el programa.
Si no existe un comportamiento razonable que siga ciertas reglas o donde el caos no sigue reglas, es difícil modelar o generar un modelo de pronóstico que permita anticipar el juego óptimo del otro jugador y pueda en consecuencia generarse una respuesta óptima a ese juego.
¿Cómo se consigue captar la racionalidad en un comportamiento aparentemente irracional? La respuesta viene dada por los estudios de la economía conductual. En un  manicomio de mujeres,  se realizaron experimentos donde se les daba un dulce o algo del agrado a las internas, si contribuían con el orden y la limpieza. El resultado es que mejoró el orden ambiental. Luego se generalizó el premio independientemente de si colaboraban o no. El resultado es que se volvió ¡más manicomio!. Luego se reintrodujo el incentivo, si colaboraban, y volvió a mejorar el orden. La conclusión del estudio fue: “¡Locas pero no tontas!”. Desde este punto de vista, en el estudio del comportamiento económico, resulta clave conocer cuál es el incentivo que lo mueve en el actuar. Es decir, los seres humanos nos movemos por incentivos.
Encontrar cierta racionalidad en las prácticas económicas públicas del país, ha implicado un esfuerzo. En economía la racionalidad de una política económica se centra en cumplir ciertas funciones. La primera es crear y asegurar la capacidad de funcionamiento de la economía nacional, lo que se procura es incrementar la capacidad de consumo per cápita de la población que se traduce en un crecimiento económico sostenido y sostenible en el tiempo. La segunda función es el mantener una cierta estabilidad en las variables económicas que permita la coordinación racional de las actividades económicas, lo que se entiende como una adecuada asignación de los recursos que permitan una baja inflación y un alto nivel de empleo. En tercer lugar se apunta a alcanzar la irenarquía, es decir gobernar en paz, esto se entiende como la función socio política del sistema económico, lo que permite por un lado proteger a los socialmente débiles para que el poder no abuse, ni lo aplaste, pero a su vez no impida por el otro lado,  el adecuado funcionamiento del mercado. Un gobierno que no cumpla estas funciones se aleja de un orden económico que responda racionalmente a una economía moderna, tal y como se aspira en el orden constitucional ideal. Por eso algunos no ven racionalidad en las prácticas económicas del gobierno. Sin embargo, si ponemos la racionalidad en el mantenimiento, conservación y permanencia en el poder público. Se nota que las prácticas que son irracionales desde la teoría pura, resultan comprensibles desde la economía política. No importando si estas prácticas conducen a la destrucción del aparato productivo nacional, no importando si se destruye la capacidad y salud financiera de la nación.
Sé está en el último trimestre de un año, en el cual se han tenido muchas dificultades, las empresas y las organizaciones públicas y privadas, están elaborando sus planes y sus presupuestos, en función de las metas esperadas. Un elemento clave es tratar de anticipar el futuro para minimizar los costos y optimizar los resultados. Uno de los elementos claves de esa programación, para Venezuela, se encuentra en el escenario mundial, este tiene que ver con el comportamiento del mercado energético y como se puede responder ante ese escenario. Las perspectivas apuntan a un mercado con un ligero crecimiento de la demanda mundial del crudo en 1,3 millones de barriles diarios para el 2017,  acompañando a esta noticia, se señala que hay una reducción en los inventarios de los Estados Unidos que se sitúan a la fecha (8/10/2016) en 499,7 millones de barriles por debajo de los 500 millones (promedio de los últimos 16 años) pero por encima del promedio histórico de 328 millones de barriles. Estos elementos (acompañados de otros datos) hacen  prever una mejoría del precio del mercado mundial del crudo con en un incremento posible de 10 dólares por barril que lo situaría por encima de los 50 dólares por barril. Esto es una buena noticia para los productores petroleros que pueden incrementar su oferta y mejorar sus ingresos. La mala noticia es que PDVSA, no se beneficiará.

|*|: M Sc Eco. Profesor de la Universidad de los Andes,  Facultad de Ciencias Económicas y Sociales del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales. Jefe de la Cátedra de Macroeconomía de la ULA.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinioneconomia/27779-pronosticos-metodos-e-incentivos