Sobre nuestros museos
Nicomedes Febres Luces
* He participado junto con mi entrañable amigo Perán Ermini, recientemente fallecido y que Dios tenga en su gloria, como miembro de cuanta comisión creo la oposición para supervisar la marcha de la vida cultural de la nación durante el chavismo, desde el eventual programa cultural de gobierno de Capriles para las elecciones de 2012 hasta la discusión de la cantinflérica ley actual de cultura y debo decir, no como crítica, sino como base para una discusión realista, que los diputados de las distintas comisiones de cultura de la Asamblea Nacional, son gente poco enterada del acontecer cultural. Digo que no es una crítica porque cada diputado debe provenir de diferentes circuitos electorales y deben estar primordialmente consubstanciados con la gente y los problemas de sus representados. Esa es su prioridad y sucede en cualquier nación de régimen federal. Esto hace más importante la calidad en la selección de sus asesores. Por supuesto, mal podemos pedirle al chavismo que tenga diputados enterados de la problemática de la vida cultural, cuando hasta sus asesores, que nunca se presentaron para intercambiar ideas sobre el tema cultural con nosotros, eran capaces de redactar el disparate de esa ley de cultura que fue consultada básicamente con “artistas de la vida y poetas de la calle”. A partir de allí deduzcan ustedes la mentalidad de la ley. Pero dentro del cúmulo de diputados opositores que se entrevistaron con nosotros, y cuando digo nosotros estoy hablando, salvo el suscrito, de gente muy preparada en los distintos aspectos del acontecer cultural, desde destacados escritores y editores, hasta expertos directores teatrales o promotores y gerentes culturales que son lo mejor de lo mejor del mundo cultural venezolano actual. Mal puede pensar nadie que esas asesorías tenían algún emolumento, cuando ni siquiera a los diputados opositores le pagaban su salario. De esa numerosa representación opositora en el poder legislativo debo informar que el diputado que con excelencia mostró mayor preocupación y estudio de nuestra vida cultural fue el diputado Luis Barragán, asistió a reuniones, intercambió ideas, estudió y aporto visiones eficientes y pragmáticas para tratar de resolver problemas. Antier Luis, lanzó un alerta sobre la eventualidad que el chavismo trate de extraer de los museos su patrimonio cultural para apropiarse de ello o para venderlo, presumo yo. Espero reunirme esta semana con Luis Barragán para ver qué información maneja sobre el particular y tomar las medidas pertinentes. Por lo pronto, confío en el personal técnico de los museos porque son mujeres y hombres institucionalistas que entienden de la riqueza espiritual y material de lo que ellos custodian y que es un patrimonio de todos los venezolanos. También estoy al tanto de lo que sucede en los museos y ocasionalmente cambio opiniones con los directores, desde Vivian Rivas y el recientemente fallecido y buen amigo Luis Ángel Duque, hasta Juan Calzadilla o Daniel Briceño, por citar pocos, quienes están conscientes de sus responsabilidades en la custodia de las colecciones y su deber de pedir los inventarios actualizados de las mismas al recibir una dirección y al entregarla porque las fallas pueden acarrear responsabilidades penales graves. Creo que debemos esperar por esos inventarios antes de encender las alarmas. Y si bien confío en el personal técnico, ninguna confianza me inspira el alto gobierno que son unos forajidos, pero hasta por su propia conveniencia, y más ahora cuando está cayendo el régimen, el personal del museo debe permanecer alerta ante cualquier irregularidad.
* En la foto el suscrito con Lesús Soto y Luis Pérez Oramas
Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10217714387392197
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miércoles, 27 de marzo de 2019
lunes, 26 de marzo de 2018
TAMBIÉN MODELADOR DE UN PAÍS
Perán Erminy fue un referente ineludible en la cultura venezolana
“Lamentamos profundamente la desaparición física de don Perán Erminy, un referente ineludible de la cultura en Venezuela”, señaló el diputado Luis Barragán, integrante de la Fracción Parlamentaria 16 de Julio.
“Tuvimos la suerte de conocerlo personalmente con motivo de la discusión del antidemocrático proyecto de Ley Orgánica de Cultura que finalmente impuso esta dictadura, aunque supimos de él desde muy jóvenes por los foros realizados en la otrora Cinemateca Nacional que, en la era democrática, fue un faro de irradiación de inquietudes hoy impensable. E, incluso, con el tiempo, don Perán redibujó sus propias perspectivas ideológicas, sabiéndose bajo un régimen negador de las libertades culturales en Venezuela”.
El diputado Barragán, quien fuese vocero de la oposición con motivo de la discusión de la referida ley, recordó importantes jornadas de trabajo realizadas con el crítico recientemente fallecido, extendiendo su reflexión a la situación cultural del país.
“Don Perán Erminy representó a un sector otrora vigoroso de la cultura venezolana que esta dictadura ha siquitrillado bajo las insólitas y anacrónicas consignas de un socialismo que es de las demoliciones, pretendiendo hacerlo con nuestro patrimonio espiritual. Por ello, a sabiendas de las posturas asumidas por todos estos años, el régimen procuró silenciar su nombre, el cual reinvindicaremos para una definitiva transición hacia la democracia plena y el Estado de Derecho, únicas condiciones para la libre creación cultural”.
Finalmente, expresó el parlamentario: “No debemos olvidar a quienes, de un modo u otro, desde la civilidad, contribuyeron a una distinta caracterización cultural frente al rentismo, por cierto, exacerbado en el presente siglo. Así como don Perán Erminy hizo importantes aportes ante la pesada hipoteca petrolera, también nos valemos de la ocasión para mencionar a Capy Donzella, fallecido recientemente, quien – desde otro ámbito – influyó enormemente en las generaciones todavía asombradas por el curso que ha tomado el país”.
08/03/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/03/08/diputado-barragan-peran-erminy-fue-un-referente-ineludible-en-la-cultura-venezolana/
https://elpregonero.com.ve/index.php/2018/03/08/peran-erminy-fue-un-referente-ineludible-en-la-cultura-venezolana/
“Lamentamos profundamente la desaparición física de don Perán Erminy, un referente ineludible de la cultura en Venezuela”, señaló el diputado Luis Barragán, integrante de la Fracción Parlamentaria 16 de Julio.
“Tuvimos la suerte de conocerlo personalmente con motivo de la discusión del antidemocrático proyecto de Ley Orgánica de Cultura que finalmente impuso esta dictadura, aunque supimos de él desde muy jóvenes por los foros realizados en la otrora Cinemateca Nacional que, en la era democrática, fue un faro de irradiación de inquietudes hoy impensable. E, incluso, con el tiempo, don Perán redibujó sus propias perspectivas ideológicas, sabiéndose bajo un régimen negador de las libertades culturales en Venezuela”.
El diputado Barragán, quien fuese vocero de la oposición con motivo de la discusión de la referida ley, recordó importantes jornadas de trabajo realizadas con el crítico recientemente fallecido, extendiendo su reflexión a la situación cultural del país.
“Don Perán Erminy representó a un sector otrora vigoroso de la cultura venezolana que esta dictadura ha siquitrillado bajo las insólitas y anacrónicas consignas de un socialismo que es de las demoliciones, pretendiendo hacerlo con nuestro patrimonio espiritual. Por ello, a sabiendas de las posturas asumidas por todos estos años, el régimen procuró silenciar su nombre, el cual reinvindicaremos para una definitiva transición hacia la democracia plena y el Estado de Derecho, únicas condiciones para la libre creación cultural”.
Finalmente, expresó el parlamentario: “No debemos olvidar a quienes, de un modo u otro, desde la civilidad, contribuyeron a una distinta caracterización cultural frente al rentismo, por cierto, exacerbado en el presente siglo. Así como don Perán Erminy hizo importantes aportes ante la pesada hipoteca petrolera, también nos valemos de la ocasión para mencionar a Capy Donzella, fallecido recientemente, quien – desde otro ámbito – influyó enormemente en las generaciones todavía asombradas por el curso que ha tomado el país”.
08/03/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/03/08/diputado-barragan-peran-erminy-fue-un-referente-ineludible-en-la-cultura-venezolana/
https://elpregonero.com.ve/index.php/2018/03/08/peran-erminy-fue-un-referente-ineludible-en-la-cultura-venezolana/
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Diputado Luis Barragán,
Perán Erminy
domingo, 11 de septiembre de 2016
TRAZOS DE PAÍS
Del invulnerable patrimonio espiritual
Luis Barragán
Nadie pretende una versión idílica, pero solía ocurrir en el pasado más o menos remoto. Por ejemplo, hubo un Museo de Arte Contemporáneo – aparente pleonasmo – al día que, además de sus servicios, estando cerca de la Cinemateca Nacional y del Ateneo de Caracas, abría las ventanas al disfrute y a la reflexión estética, tan gratuitamente como la galería privada que abría las suyas, aspirando a colocar sus piezas, en Las Mercedes, Bello Monte o El Bosque.
No era tan fácil y aceptable que a alguien se le ocurriese asaltar y hasta acabar con la vida ajena en la intranquila ciudad de todas las horas, o, desde la Cárcel Modelo o el Retén de Catia, monitorear al posible comprador de una obra que, por cierto, frecuentemente, lo hacía a nombre propio. En aquellos autobuses en los que también se fumaba, mastodontes lentos y torpes de sonoros tubos de escape, pero más confiables y cómodos que las busetas de ahora, regresaba a casa la satisfecha curiosidad sembrada por la madre del muchacho, gustosa de la pintura, siendo pintora aficionada: varias veces, él acudía con las páginas del Papel Literario de El Nacional a sus clases en el Liceo de Aplicación, en ese bachillerato distinto que tenía a una profesora de historia del arte como Julia Tarazona.
Desde aquellas postrimerías de la década del setenta, data la familiaridad con el trazo constructivista de Julio Pacheco Rivas, convertido en trazo de soldadura de luces y sombras atadas en la aún novísima centuria. Digamos, no se tenía en casa ninguna de sus piezas, pero era como tenerlas al saberlas visitables en algún lugar de la ciudad.
Hace poco, sacando tiempo de donde ya no se tiene, pudimos aprovechar una reciente muestra del artista, como ocurría normalmente en la vieja y notan ajada Caracas. El primero de agosto, la inauguración en los espacios culturales del BOD contó con un recorrido en el que el propio creador fue explicando cada obra, después de la introducción hecha por Susana Benko, la curadora, permitiéndonos fotografiar todo lo que se pudo en un ambiente de absoluta cordialidad, antes de proseguir el camino a las farmacias en la inevitable búsqueda de las pastillas para la tensión. Y, luego, el día 27, un día antes de la clausura, ambos compartieron el panel con María Luz Cárdenas, Bélgica Rodríguez y Perán Erminy, en un estupendo foro que una concreta actividad proselitista y parlamentaria, nos forzó a abandonar en sus minutos finales.
A diferencia de los remotos tiempos, el catálogo está en línea (http://susanabenko.blogspot.com/2016/06/julio-pacheco-rivas-el-color-del-cristal.html), accesible a todo interesado y podemos, incluso, explorar un poco más la trayectoria de Pacheco Rivas y sus críticos en la red, constatando la exitosa incursión en uno de los sectores populares de Petare que le concede el inadvertido privilegio de una mirada a la muchachada. No sabemos si los liceístas contarán con la entusiasta orientación del docente apurado, aunque – tan expuestos al inmenso basurero iconográfico de los días que corren – tenemos la certeza que llegará el momento, cercano o lejano, que la novedosa imagen de Pacheco Rivas saldrá del subconsciente que tienen por escondite, descubriéndose en un país con precariedades que jamás vulnerarán el patrimonio espiritual que lo explica.
Luis Barragán
Nadie pretende una versión idílica, pero solía ocurrir en el pasado más o menos remoto. Por ejemplo, hubo un Museo de Arte Contemporáneo – aparente pleonasmo – al día que, además de sus servicios, estando cerca de la Cinemateca Nacional y del Ateneo de Caracas, abría las ventanas al disfrute y a la reflexión estética, tan gratuitamente como la galería privada que abría las suyas, aspirando a colocar sus piezas, en Las Mercedes, Bello Monte o El Bosque.
No era tan fácil y aceptable que a alguien se le ocurriese asaltar y hasta acabar con la vida ajena en la intranquila ciudad de todas las horas, o, desde la Cárcel Modelo o el Retén de Catia, monitorear al posible comprador de una obra que, por cierto, frecuentemente, lo hacía a nombre propio. En aquellos autobuses en los que también se fumaba, mastodontes lentos y torpes de sonoros tubos de escape, pero más confiables y cómodos que las busetas de ahora, regresaba a casa la satisfecha curiosidad sembrada por la madre del muchacho, gustosa de la pintura, siendo pintora aficionada: varias veces, él acudía con las páginas del Papel Literario de El Nacional a sus clases en el Liceo de Aplicación, en ese bachillerato distinto que tenía a una profesora de historia del arte como Julia Tarazona.
Desde aquellas postrimerías de la década del setenta, data la familiaridad con el trazo constructivista de Julio Pacheco Rivas, convertido en trazo de soldadura de luces y sombras atadas en la aún novísima centuria. Digamos, no se tenía en casa ninguna de sus piezas, pero era como tenerlas al saberlas visitables en algún lugar de la ciudad.Hace poco, sacando tiempo de donde ya no se tiene, pudimos aprovechar una reciente muestra del artista, como ocurría normalmente en la vieja y notan ajada Caracas. El primero de agosto, la inauguración en los espacios culturales del BOD contó con un recorrido en el que el propio creador fue explicando cada obra, después de la introducción hecha por Susana Benko, la curadora, permitiéndonos fotografiar todo lo que se pudo en un ambiente de absoluta cordialidad, antes de proseguir el camino a las farmacias en la inevitable búsqueda de las pastillas para la tensión. Y, luego, el día 27, un día antes de la clausura, ambos compartieron el panel con María Luz Cárdenas, Bélgica Rodríguez y Perán Erminy, en un estupendo foro que una concreta actividad proselitista y parlamentaria, nos forzó a abandonar en sus minutos finales.
A diferencia de los remotos tiempos, el catálogo está en línea (http://susanabenko.blogspot.com/2016/06/julio-pacheco-rivas-el-color-del-cristal.html), accesible a todo interesado y podemos, incluso, explorar un poco más la trayectoria de Pacheco Rivas y sus críticos en la red, constatando la exitosa incursión en uno de los sectores populares de Petare que le concede el inadvertido privilegio de una mirada a la muchachada. No sabemos si los liceístas contarán con la entusiasta orientación del docente apurado, aunque – tan expuestos al inmenso basurero iconográfico de los días que corren – tenemos la certeza que llegará el momento, cercano o lejano, que la novedosa imagen de Pacheco Rivas saldrá del subconsciente que tienen por escondite, descubriéndose en un país con precariedades que jamás vulnerarán el patrimonio espiritual que lo explica.
12/09/2016:
http://class987fm.com/2016/09/12/del-invulnerable-patrimonio-espiritual-escrito-por-luisbarraganj/ sábado, 27 de agosto de 2016
CUADERNO DE BITÁCORA

Nos quedamos hasta casi culminar
el foro, pero – inevitable – hubo que marcharse a un par de reuniones de
distinto cuño. Suele ocurrir, gustamos de un novelista – por ejemplo – y, casi
inadvertidamente, con el tiempo, indagamos la opinión de los críticos. Por
supuesto, esto no nos convierte en expertos de su obra y, a lo sumo,
ingresamos a las filas de los más o menos avisados. Con las piezas de Julio Pacheco
Rivas, pasa algo semejante y, aunque la agenda del día marcaba otras
prioridades, fue necesario acudir al foro y escuchar versión múltiple y multiplicadora, la de los
especialistas.
Valga acotar, dimos una brevísima mirada a un edificio en
construcción, cercano al Espacio Cultural del BOD. Existe una familiaridad
innegable que, tratada por los artistas, añadidos sus críticos, nos lleva a una
realidad meditada, quizá depurada, definitivamente humanizada por la reflexión.
Las intervenciones fueron
satisfactorias, mas debemos esperar a la publicación del catálogo que
constituye la promesa de la curadora, Susana Benko, quien se extenderá en
aspectos que hoy, como en el día de la inauguración de la muestra, esbozó. No
obstante, retenemos algo que dijo, palabras más, palabras menos: un compendio
de ilusiones que nos lleva a la razón. Además, hay espacios reales que sirven
de soporte a los ficticios.
Por un momento, planeamos un texto para el lunes,
el día de nuestros artículos: digamos, esta asfixiante antología de realidades
que desembocan en una ilusión fallida. Así, la obra de Pacheco Rivas supone
una severa advertencia contra las falsificaciones. Hay espacios reales que generan los
ficticios, mas no al revés. La sola, maliciosa y maligna intención, hace de la
ilusión una estafa que no es, en propiedad, una limpia, espontánea,
transparente y genuina ilusión, sino el más torpe de sus simulacros. Una
estafa, en definitiva.
Posiblemente, con la muestra descubrimos o confirmamos
una perspectiva del actual orden político que, falsificador, viaja por nuestro
torrente sanguíneo, el de una sociedad en vías a la devastación, de la que quedará
ese paisaje constructivista, como dijo Bélgica Rodríguez para la primera etapa
del pintor, hasta llegar a una racionalidad necesaria que esta otra etapa, la
de la soldadura, deja ver como denuncia. Valga también la coletilla, nos pareció
interesante lo que ella dijo sobre el autodidactismo que no es tal cuando el
artista u obrante galopa incansablemente los museos. Como Pacheco Rivas hizo en
Europa.
Erminy se extendió innecesariamente. Comprensible, aunque contraproducente. La aperturista del evento abrió muy bien la puerta.
sábado, 2 de junio de 2012
EMBLEMÁTICO
EL NACIONAL - Sábado 02 de Junio de 2012 Cultura/3
ANIVERSARIO El 14 de julio se cumplen 150 años del nacimiento del artista austríaco
El mundo celebra a Gustav Klimt, el creador del lienzo El beso
Viena alberga una decena de exposiciones dedicadas al pintor simbolista, famoso por sus desnudos
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ
Hay besos que valen oro. El que pintó Gustav Klimt entre 1907 y 1908 es uno de ellos. No sólo por los tonos dorados que dominan el lienzo, o por el hecho de que muchas de las obras del austríaco hayan batido récord en subastas en los últimos años. La razón es que se trata de una de las imágenes capitales del arte moderno. Viena y el mundo celebran por estos días a su creador, con ocasión de conmemorarse el 14 de julio 150 años de su nacimiento.
El Año Klimt comenzó en la capital austríaca a finales de 2011. Diez de los museos de esta ciudad albergan muestras especiales dedicadas al pintor simbolista. Destaca la exposición que presenta el Museo Austríaco del Teatro. Allí se exhibe, entre otras piezas, el cuadro Nuda Veritas (la verdad desnuda), que el propio artista contextualizó con una cita del poeta y filósofo alemán Friedrich Schiller: "Con tus actos y tu arte no puedes complacer a todos. Haz honor a unos pocos.
Gustar a muchos es malo".
Ese fue el espíritu de la obra de Klimt, referente del Jugendstil y figura central de la Secesión, un movimiento artístico fundado en 1897 con el propósito de modernizar la cultura y las artes visuales austríacas, que se habían quedado rezagadas con respecto a las escenas francesa y alemana. "A cada época su arte. Al arte su libertad", fue el lema del colectivo.
Femme fatal. La desnudez como metáfora filosófica se vuelve literal cuando se miran las obras de Klimt. El creador nacido en el número 247 de la Linzerstrasse, en Viena, fue el primer artista que se atrevió a retratar a la mujer como símbolo sexual.
La anatomía femenina (expresada a menudo en poses imposibles) fue el tema de sus obras. El artista rehuyó del autorretrato y de la representación de modelos masculinos.
Algunas de sus creaciones fueron tildadas de pornográficas en la Viena imperial. "Bajo una apariencia de respetabilidad, Klimt se las ingenió para pintar lo que le interesaba casi exclusivamente: el erotismo de la mujer (...) Fue su canto a la libertad en una Viena desfasada", escribe la historiadora del arte Isabel Artigas en el libro Klimt, que publicó el sello Tikal.
En los dibujos y pinturas de Klimt el cuerpo (bien sea desnudo o cubierto con telas opulentas) representa la sociedad en la que le tocó vivir, la Viena de los Habsburgo, que se debatía entre la moral estricta y las licencias de la Belle Époque.
Alquimia en el lienzo. Klimt fue el menor de los siete hijos del orfebre Ernst Klimt. De allí su fascinación por los tonos áureos, el sello distintivo de su pintura. "A la gente le gusta el oro. Es a ese aspecto metálico al que la gente se siente atraída", dijo a la BBC Alfred Weidinger, experto en su obra y director adjunto del Museo Belvedere de Viena, que posee la mayor colección del mundo de piezas del artista.
El pintor se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Viena, junto con su hermano Ernst. Allí se destacó por su talento para el dibujo, lo que lo llevó a convertirse en un importante retratista. Gustav, Ernst y su compañero de la academia Franz Matsch fueron aprendices de Ferdinand Lauftberger. De acuerdo con Artigas, fue en el taller de este artista en donde el trío recibió sus primeros encargos, vinculados a la transformación de la ciudad, que comenzaba a llenarse de nuevas construcciones en los años ochenta del siglo XIX.
Klimt y su grupo, llamado Künstlerkompanie, decoraron importantes edificios públicos, entre ellos el Teatro Municipal de Fiume (antigua Yugoslavia), el Teatro de Karlsbad (República Checa) y el Burgtheater de Viena.
En sus inicios, el artista conservaba un estilo clásico, con marcado acento naturalista.
En 1893 recibió la Cruz de Oro al Mérito y dejó de depender de los encargos. Fue cuando se deshizo del canon académico y comenzó a crear su propio lenguaje, con patrones casi abstractos.
En su obra convergen las figuras alegóricas con lo simbólico y lo decorativo. Klimt se apropió de la estética de los mosaicos bizantinos (de la que tomó la idea de usar pan de oro en sus lienzos). También se nutrió de la estampa japonesa, que le aportó un estilo plano, sin perspectiva. "Aunque la obra primeriza de Klimt siguió en cierta manera el gusto oficial, con el tiempo provocó en él una reacción y una revisión crítica tan profunda que el pintor se convirtió en portavoz de la generación joven, insatisfecha con una situación a todas luces impuesta y arraigada en la sociedad", indica Artigas.
La pintura de Klimt es ecléctica, un compendio de diversas corrientes como el simbolismo, el impresionismo y el modernismo, cuya aparición según la autora hicieron que el artista se replanteara otras soluciones estilísticas y buscara un lenguaje propio, que fuera completamente moderno.
Artigas asegura que se trata de un estilo muy personal, basado en la necesidad de crear obras idealistas y autorreferenciales, un arte libre de toda obligación más allá de sus exigencias intrínsecas, pero que, al mismo tiempo, constituyera una profunda indagación en la identidad de su tiempo. "Ese compromiso con el presente y la libertad romántica fue el núcleo del ideario del pintor, impulsor de la apertura del arte austríaco a las tendencias europeas", indica.
La obra de Klimt ha sido reproducida en afiches y otros objetos. Klaus Pokorny, del Museo Leopold de Viena, señaló a la BBC las razones de su popularidad: "Nadie fue capaz de sintetizar sentimientos como el amor, la pasión o el deseo, pero también la desesperación y la ansiedad como Klimt. Por eso es tan fascinante para los más jóvenes".
Consuelo Ginnari pintora
"Gustav Klimt es un artista que le gusta a todo el mundo. En la escuela uno estudió sus obras como una referencia importante del arte europeo moderno.
A mí me encanta Klimt porque tiene una obra muy simbólica y mi trabajo es similar en ese aspecto. Uno siempre piensa en El beso como emblema del amor.
¡Es una obra bellísima! Klimt le daba a sus pinturas ese acabado especial, con toda esa cantidad de adornos. Eso es maravilloso.
Me gusta como trataba la pintura, usaba pan de oro en sus creaciones para darles un matiz metálico, un material que yo misma he empleado algunas veces en mis obras".
Edgar Sánchez pintor
"Nunca estudié a Klimt en la academia. Mi primer acercamiento a su obra fue directo, en Austria. No recuerdo el título.
Era el retrato de una duquesa bellísima que tiene dorados, esa magnificencia de los personajes femeninos de la Belle Époque.
Es un personaje en primer plano que se agarra de una baranda y mira al vacío con desdén, con una sonrisa pronunciada, grata y hermosa. De su obra también me gusta el Friso Beethoven, que tiene gran importancia; así como las reminiscencias del art nouveau presentes en El beso.
Menos conocidos son sus paisajes, esos bosques extraordinarios de tallos en primer plano".
Perán Erminy crítico y artista
"Siempre me deslumbró y me maravilló la obra de Gustav Klimt. Con él descubrí la escuela vienesa del período de la decadencia del imperio austrohúngaro. Viena fue la capital del lujo, de la belleza, de la música, la filosofía y la cultura. La ciudad fue una burbuja que terminó por transformar el arte europeo y occidental, y una de las figuras centrales de ese auge fue Klimt.
En su obra aún está presente el período bizantino, el de los ornamentos, la idea del encuentro de las artes de Occidente y Oriente. Klimt es el último gran representante de ese encuentro entre todas las culturas".
ANIVERSARIO El 14 de julio se cumplen 150 años del nacimiento del artista austríaco
El mundo celebra a Gustav Klimt, el creador del lienzo El beso
Viena alberga una decena de exposiciones dedicadas al pintor simbolista, famoso por sus desnudos
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ
Hay besos que valen oro. El que pintó Gustav Klimt entre 1907 y 1908 es uno de ellos. No sólo por los tonos dorados que dominan el lienzo, o por el hecho de que muchas de las obras del austríaco hayan batido récord en subastas en los últimos años. La razón es que se trata de una de las imágenes capitales del arte moderno. Viena y el mundo celebran por estos días a su creador, con ocasión de conmemorarse el 14 de julio 150 años de su nacimiento.
El Año Klimt comenzó en la capital austríaca a finales de 2011. Diez de los museos de esta ciudad albergan muestras especiales dedicadas al pintor simbolista. Destaca la exposición que presenta el Museo Austríaco del Teatro. Allí se exhibe, entre otras piezas, el cuadro Nuda Veritas (la verdad desnuda), que el propio artista contextualizó con una cita del poeta y filósofo alemán Friedrich Schiller: "Con tus actos y tu arte no puedes complacer a todos. Haz honor a unos pocos.
Gustar a muchos es malo".
Ese fue el espíritu de la obra de Klimt, referente del Jugendstil y figura central de la Secesión, un movimiento artístico fundado en 1897 con el propósito de modernizar la cultura y las artes visuales austríacas, que se habían quedado rezagadas con respecto a las escenas francesa y alemana. "A cada época su arte. Al arte su libertad", fue el lema del colectivo.
Femme fatal. La desnudez como metáfora filosófica se vuelve literal cuando se miran las obras de Klimt. El creador nacido en el número 247 de la Linzerstrasse, en Viena, fue el primer artista que se atrevió a retratar a la mujer como símbolo sexual.
La anatomía femenina (expresada a menudo en poses imposibles) fue el tema de sus obras. El artista rehuyó del autorretrato y de la representación de modelos masculinos.
Algunas de sus creaciones fueron tildadas de pornográficas en la Viena imperial. "Bajo una apariencia de respetabilidad, Klimt se las ingenió para pintar lo que le interesaba casi exclusivamente: el erotismo de la mujer (...) Fue su canto a la libertad en una Viena desfasada", escribe la historiadora del arte Isabel Artigas en el libro Klimt, que publicó el sello Tikal.
En los dibujos y pinturas de Klimt el cuerpo (bien sea desnudo o cubierto con telas opulentas) representa la sociedad en la que le tocó vivir, la Viena de los Habsburgo, que se debatía entre la moral estricta y las licencias de la Belle Époque.
Alquimia en el lienzo. Klimt fue el menor de los siete hijos del orfebre Ernst Klimt. De allí su fascinación por los tonos áureos, el sello distintivo de su pintura. "A la gente le gusta el oro. Es a ese aspecto metálico al que la gente se siente atraída", dijo a la BBC Alfred Weidinger, experto en su obra y director adjunto del Museo Belvedere de Viena, que posee la mayor colección del mundo de piezas del artista.
El pintor se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Viena, junto con su hermano Ernst. Allí se destacó por su talento para el dibujo, lo que lo llevó a convertirse en un importante retratista. Gustav, Ernst y su compañero de la academia Franz Matsch fueron aprendices de Ferdinand Lauftberger. De acuerdo con Artigas, fue en el taller de este artista en donde el trío recibió sus primeros encargos, vinculados a la transformación de la ciudad, que comenzaba a llenarse de nuevas construcciones en los años ochenta del siglo XIX.
Klimt y su grupo, llamado Künstlerkompanie, decoraron importantes edificios públicos, entre ellos el Teatro Municipal de Fiume (antigua Yugoslavia), el Teatro de Karlsbad (República Checa) y el Burgtheater de Viena.
En sus inicios, el artista conservaba un estilo clásico, con marcado acento naturalista.
En 1893 recibió la Cruz de Oro al Mérito y dejó de depender de los encargos. Fue cuando se deshizo del canon académico y comenzó a crear su propio lenguaje, con patrones casi abstractos.
En su obra convergen las figuras alegóricas con lo simbólico y lo decorativo. Klimt se apropió de la estética de los mosaicos bizantinos (de la que tomó la idea de usar pan de oro en sus lienzos). También se nutrió de la estampa japonesa, que le aportó un estilo plano, sin perspectiva. "Aunque la obra primeriza de Klimt siguió en cierta manera el gusto oficial, con el tiempo provocó en él una reacción y una revisión crítica tan profunda que el pintor se convirtió en portavoz de la generación joven, insatisfecha con una situación a todas luces impuesta y arraigada en la sociedad", indica Artigas.
La pintura de Klimt es ecléctica, un compendio de diversas corrientes como el simbolismo, el impresionismo y el modernismo, cuya aparición según la autora hicieron que el artista se replanteara otras soluciones estilísticas y buscara un lenguaje propio, que fuera completamente moderno.
Artigas asegura que se trata de un estilo muy personal, basado en la necesidad de crear obras idealistas y autorreferenciales, un arte libre de toda obligación más allá de sus exigencias intrínsecas, pero que, al mismo tiempo, constituyera una profunda indagación en la identidad de su tiempo. "Ese compromiso con el presente y la libertad romántica fue el núcleo del ideario del pintor, impulsor de la apertura del arte austríaco a las tendencias europeas", indica.
La obra de Klimt ha sido reproducida en afiches y otros objetos. Klaus Pokorny, del Museo Leopold de Viena, señaló a la BBC las razones de su popularidad: "Nadie fue capaz de sintetizar sentimientos como el amor, la pasión o el deseo, pero también la desesperación y la ansiedad como Klimt. Por eso es tan fascinante para los más jóvenes".
Consuelo Ginnari pintora
"Gustav Klimt es un artista que le gusta a todo el mundo. En la escuela uno estudió sus obras como una referencia importante del arte europeo moderno.
A mí me encanta Klimt porque tiene una obra muy simbólica y mi trabajo es similar en ese aspecto. Uno siempre piensa en El beso como emblema del amor.
¡Es una obra bellísima! Klimt le daba a sus pinturas ese acabado especial, con toda esa cantidad de adornos. Eso es maravilloso.
Me gusta como trataba la pintura, usaba pan de oro en sus creaciones para darles un matiz metálico, un material que yo misma he empleado algunas veces en mis obras".
Edgar Sánchez pintor
"Nunca estudié a Klimt en la academia. Mi primer acercamiento a su obra fue directo, en Austria. No recuerdo el título.
Era el retrato de una duquesa bellísima que tiene dorados, esa magnificencia de los personajes femeninos de la Belle Époque.
Es un personaje en primer plano que se agarra de una baranda y mira al vacío con desdén, con una sonrisa pronunciada, grata y hermosa. De su obra también me gusta el Friso Beethoven, que tiene gran importancia; así como las reminiscencias del art nouveau presentes en El beso.
Menos conocidos son sus paisajes, esos bosques extraordinarios de tallos en primer plano".
Perán Erminy crítico y artista
"Siempre me deslumbró y me maravilló la obra de Gustav Klimt. Con él descubrí la escuela vienesa del período de la decadencia del imperio austrohúngaro. Viena fue la capital del lujo, de la belleza, de la música, la filosofía y la cultura. La ciudad fue una burbuja que terminó por transformar el arte europeo y occidental, y una de las figuras centrales de ese auge fue Klimt.
En su obra aún está presente el período bizantino, el de los ornamentos, la idea del encuentro de las artes de Occidente y Oriente. Klimt es el último gran representante de ese encuentro entre todas las culturas".
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Perán Erminy
sábado, 23 de julio de 2011
BITÁCORA




Tuvimos hoy ocasión de asistir a la segunda sesión de la discusión del programa básico de la candidatura presidencial unitaria de la oposición en materia cultural, celebrada en la sede de Primero Justicia, Chacaíto. Sin lugar a dudas, una reunión productiva. Los especialistas del área, convocando y procurando el necesario consenso en una materia tan compleja, enunciaron los lineamientos fundamentales de lo que hará la transición democrática para edificar la política pública, ahora ausente, en el campo anchuroso de la cultura. Escuchamos con atención el intercambio y tuvimos oportunidad, al finalizar, de reseñar el trabajo que realiza la bancada unitaria en el seno de la Comisión Permanente de Cultura y Recreación de la Asamblea Nacional, a propósito del consabido proyecto de ley. A riesgo de omitir algunos nombres, citamos la presencia - entre otros - de Maite Espinasa, Nicomedes Febres, Ricardo Ramírez, Perán Erminy, Carlos Enrique Guzmán, Abdel Güerere, María Elena Zapata, Ocarina Castillo, Gisela Kosak Rovero...
LB
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