Sobre nuestros museos
Nicomedes Febres Luces
* He participado junto con mi entrañable amigo Perán Ermini, recientemente fallecido y que Dios tenga en su gloria, como miembro de cuanta comisión creo la oposición para supervisar la marcha de la vida cultural de la nación durante el chavismo, desde el eventual programa cultural de gobierno de Capriles para las elecciones de 2012 hasta la discusión de la cantinflérica ley actual de cultura y debo decir, no como crítica, sino como base para una discusión realista, que los diputados de las distintas comisiones de cultura de la Asamblea Nacional, son gente poco enterada del acontecer cultural. Digo que no es una crítica porque cada diputado debe provenir de diferentes circuitos electorales y deben estar primordialmente consubstanciados con la gente y los problemas de sus representados. Esa es su prioridad y sucede en cualquier nación de régimen federal. Esto hace más importante la calidad en la selección de sus asesores. Por supuesto, mal podemos pedirle al chavismo que tenga diputados enterados de la problemática de la vida cultural, cuando hasta sus asesores, que nunca se presentaron para intercambiar ideas sobre el tema cultural con nosotros, eran capaces de redactar el disparate de esa ley de cultura que fue consultada básicamente con “artistas de la vida y poetas de la calle”. A partir de allí deduzcan ustedes la mentalidad de la ley. Pero dentro del cúmulo de diputados opositores que se entrevistaron con nosotros, y cuando digo nosotros estoy hablando, salvo el suscrito, de gente muy preparada en los distintos aspectos del acontecer cultural, desde destacados escritores y editores, hasta expertos directores teatrales o promotores y gerentes culturales que son lo mejor de lo mejor del mundo cultural venezolano actual. Mal puede pensar nadie que esas asesorías tenían algún emolumento, cuando ni siquiera a los diputados opositores le pagaban su salario. De esa numerosa representación opositora en el poder legislativo debo informar que el diputado que con excelencia mostró mayor preocupación y estudio de nuestra vida cultural fue el diputado Luis Barragán, asistió a reuniones, intercambió ideas, estudió y aporto visiones eficientes y pragmáticas para tratar de resolver problemas. Antier Luis, lanzó un alerta sobre la eventualidad que el chavismo trate de extraer de los museos su patrimonio cultural para apropiarse de ello o para venderlo, presumo yo. Espero reunirme esta semana con Luis Barragán para ver qué información maneja sobre el particular y tomar las medidas pertinentes. Por lo pronto, confío en el personal técnico de los museos porque son mujeres y hombres institucionalistas que entienden de la riqueza espiritual y material de lo que ellos custodian y que es un patrimonio de todos los venezolanos. También estoy al tanto de lo que sucede en los museos y ocasionalmente cambio opiniones con los directores, desde Vivian Rivas y el recientemente fallecido y buen amigo Luis Ángel Duque, hasta Juan Calzadilla o Daniel Briceño, por citar pocos, quienes están conscientes de sus responsabilidades en la custodia de las colecciones y su deber de pedir los inventarios actualizados de las mismas al recibir una dirección y al entregarla porque las fallas pueden acarrear responsabilidades penales graves. Creo que debemos esperar por esos inventarios antes de encender las alarmas. Y si bien confío en el personal técnico, ninguna confianza me inspira el alto gobierno que son unos forajidos, pero hasta por su propia conveniencia, y más ahora cuando está cayendo el régimen, el personal del museo debe permanecer alerta ante cualquier irregularidad.
* En la foto el suscrito con Lesús Soto y Luis Pérez Oramas
Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10217714387392197
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miércoles, 27 de marzo de 2019
lunes, 11 de julio de 2016
"PRODUCTO INTERNO INTELIGENTE"

De
las otras reservas internacionales
Luis
Barragán
De
acuerdo al BCV, disminuyen nuestras reservas internacionales que hablan de los
dólares, derechos especiales de giro y oro, entre otros renglones de mediata o
inmediata disposición. No solemos advertir la existencia de los otros recursos
públicos, depositados en las bóvedas – acaso – inseguras de las galerías o
museos bajo la responsabilidad del Estado.
Una
fórmula más exclusiva, exigente y
riesgosa de ahorrar, nos remite al
mercado de las obras plásticas. Las hay de una sorprendente cotización en el desarrollo
lícito e ilícito del intercambio mercantil, incluyendo las más esmeradas copias
que también requieren de una formidable inversión.
Los
venezolanos disponemos de un patrimonio artístico considerable no sólo en las
pinacotecas, sino en los bancos y otras dependencias oficiales, todavía no
mensurado, por lo menos, públicamente,
que apunta a la grave responsabilidad de los directivos, gerentes o
administradores que deben velar por esa otra herencia forjada aún antes de las
grandes bonanzas petroleras. Debida y
públicamente constatadas, poco o nada se sabe de las inversiones, propiedades y
préstamos de las obras de prestigiosos pintores y escultores en manos del
Estado, a nivel nacional, estadal o municipal, distanciados del cálculo de una
cifra consolidadas en este otro ramo de nuestras reservas.
Devuelta
por las autoridades estadounidenses que tuvieron la honesta capacidad de enterarse, investigarla y devolverla, tenemos
el caso de “La Odalisca de Pantalón Rojo” de Henri Matisse, sustraída del Museo
de Arte Contemporáneo de Caracas, cuya estridente y desvergonzada recepción
logró frenar el debate que naturalmente debimos escenificar respecto al
patrimonio que, por público, es común. No se trata de sospechar de todo aquél
que vela por una pieza de apreciable importancia, pero la impunidad del suceso
permite especular sobre la probable suerte de los originales, a modo de
ilustración, la colección de Moore o Picasso, que a corto, mediano o largo
plazo, pueden aparecer en una subasta de Londres o Nueva York, contando como
ventaja inicial la de nuestro olvido así esté contabilizada en un catálogo
relegado en la estantería hogareña.
Luce
recomendable una pronta y experta
auditoría del fondo artístico de la nación de ojos muy abiertos, pues,
recordemos, si repatriaron las reservas de oro para rematarlas poco a poco a
fin de lograr los desesperados recursos para enjugar los déficits que dejarán
como legado, nada extraña que surja un plan relacionado con piezas artísticas
muy codiciadas en el exterior. Se dirá de una conjetura exagerada, ya que no
solventará las cuentas nacionales, pero – convengamos – que la sola comisión
puede auxiliar de largo las personales de burócratas y relacionados a los que
les angustia el pronto colapso del régimen. E, incluso, sin saberlo, podrán convertirse en
protagonistas de una novela de Arturo Pérez Reverte o Leonardo Padura, llegando
la tabla de Flandes a las manos de Mario Conde.
10/07/2016
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