"Lo dolorosamente interesante de la organización guerrillera de la década de 1960 es que refleja la expresión de una fusión militar-civil y política-militar, con vieja data en la realidad histórica venezolana. Los organizadores y dirigentes de la autocalificada como Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) son, fundamentalmente, los militares derrotados en sus intentos golpistas en Carúpano y Puerto Cabello. La experiencia militar que evidentemente poseían, se pone al servicio de tratar de vertebrar una supuesta organización armada revolucionaria de inspiración doctrinal marxista-leninista y cubana fidelista"
Domingo Irwin / Ingrid Micett
("Caudillos, militares y poder. Una historia del pretorianismo en Venezuela", UCAB, Caracas, 2008 : 222)
Fotografía: Héctor Rondón Lovera, escena de "El Porteñazo".
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domingo, 2 de febrero de 2020
CAZA DE CITAS
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jueves, 21 de marzo de 2019
EL ESFUERZO DE ACTUALIZAR EL DISCURSO POLÍTICO
Es necesario un consenso democrático real para reconstruir a la institución castrense
Recientemente, la Asamblea Nacional abordó el problema militar con mayor atención de la acostumbrada. Lo hizo a propósito de un acuerdo sólo conocido al tratarse el punto en el Orden del Día, motivo por el cual la Fracción Parlamentaria se quejó en una rueda de prensa - previa a la sesión - alegando que ella plantea y comparte sus propuestas con suficiente antelación.
Adscrito a la citada agrupación parlamentaria, el diputado Luis Barragán de Vente Venezuela, fue el vocero oficial en la plenaria. Reclamó en su intervención, el mayor aplomo y sobriedad posible para una materia que considera de extrema gravedad al compartir la Tribuna de Oradores con Elièrzer Sirit (ponente del proyecto de Acuerdo, presidente de la Comisión Permanente de Defensa), Henry Ramos Allup (AD), Franco Casella (VP), Omar Barboza (UNT), Angel Medina (PJ) y, en propiedad, los comentarios de Juan Guaidó (presdiente de la AN y encargado de la República), según consta en las redes:(https://www.youtube.com/watch?v=MhkHJHmGP5Y&fbclid=IwAR2SacWlPsSBhPKgqBYGUjq3A9S22XeLraZEY3JQ_tu7QjIhUE--1NmmNis).
Del tratamiento de la materia en el hemiciclo, llamó la atención la postura asumida por la Fracción 16 de Julio y, al respecto, consultamos con el diputado Barragán, quien la ha atendido sistemáticamente, desde el pasado período legislativo (2011-2016), como ha ocurrido con otras áreas que lo caracterizan, como el Esequibo y la política cultural, amén de su más reciente incursión en los problemas económicos.
- En su reciente discurso, se hizo notable un tratamiento académico del problema militar en Venezuela antes que político, por ejemplo, con la ya recurrente alusión al Estado Cuartel. ¿Por qué apelar a estas categorías más adecuadas para las aulas que para un foro político?
- Nuestro planteamiento es esencialmente político y, más que un problema del lenguaje, lo es el de su interpretación, pues, trillada hasta la saciedad, vemos a la entidad castrense con la misma mirada de tiempos ya pasados. No estamos en la Venezuela de los caudillos rurales que quebrantan a su antojo el texto constitucional, como en el siglo XIX, o en las dictaduras del concreto armado del XX y, aunque el país petrolero ha retrocedido a la pre-modernidad, en la Fuerza Armada Nacional surgió un proyecto corporativo de varias décadas que coincidió con la imposición de una dictadura socialista, por cierto, propuesta que derrotó en los años sesenta, que obligan a una perspectiva del análisis como el Estado Cuartel, un aporte de nuestra academia que deja atrás la simplicidad y hasta ingenuidad de un tratamiento largamente acostumbrado. ¿Continuaremos con el enfoque de las sargentadas en las repúblicas bananeras, cuando ellas están implicadas en proyectos extracontinentales que hacen la guerra y la estrategia desde terrenos antes impensables, aludidos por autores como Mary Kaldor o Lawrence Freedman? ¿Desconocemos todo lo que se ha reflexionado en el terreno de las relaciones civiles y militares, prisioneros de nociones hoy anacrónicas? Valga acotar, hemos tenido ocasión de tratar la relación entre academia y parlamento (http://www.ulpiano.org.ve/revistas/bases/artic/texto/REDIAJ/8/rediaj_2017_8_209-247.pdf), pero definitivamente el asunto estriba en la necesidad de actualizar el discurso político y la perspectivas del problema desde un ángulo – si se quiere – desacostumbrado, que incluye un lenguaje diferente y, aunque parezca un término extraño y complicado (que no lo es), el Estado Cuartel ayuda a comprender que la preeminencia del sector militar es distinta a la de otras épocas, pisando holgadamente el terreno económico y de toda la administración pública, por no citar el enteramente delictivo.
- … Usted habló del Estado Criminal.
- Cierto, pero en un contexto de la crisis del mismo Estado en sus elementos básicos y existenciales: el ejercicio arbitrario y perverso del poder que impide el efectivo control del territorio, ya no sólo a manos del hampa común sino de fuerzas extrañas deliberadamente políticas que lo ocupan, y el genocidio activo y pasivo que afecta a la población. En la escalada, comprometida la Fuerza Armada por una cúpula que sustenta esta suerte de protectorado de la dictadura cubana, es demasiado evidente el saqueo del erario público y la conexión con las mafias internacionales que hicieron el contramilagro de quebrar a la industria petrolera, por ejemplo, además de llevarnos a una catástrofe humanitaria que se veía venir, desde 2014. Nada casual la enorme facilidad con la que los prohombres del régimen son objeto de las numerosas sanciones impuestas por otros Estados, vinculados al lavado de capitales que, entre rubros, constituyen una severa amenaza en el estricto ámbito delictivo. Y tampoco lo es que Carlos Rottondaro, al huir del país, como otros personajes del siniestro régimen, rindan un inicial testimonio de las tropelías, faltando por saberse cuán profunda ha cavado su propia tumba el socialismo que pretende arrastrar a la Fuerza Armada Nacional.
- ¿Por ello, hay quienes piensan en eliminarla en un futuro mediato o inmediato?
- En una sociedad libre y democrática, también es legítima la propuesta. Sin embargo, en lo personal, por las específicas dimensiones y características venezolanas, no creo pertinente su eliminación, sino la debida recuperación y reconstrucción de una institución castrense que, aprendida la lección, sea consecuente con las altas responsabilidades constitucionales que ha contraído, con un sentido y desarrollo profesional, convincentemente especializada en el sector defensa. A nuestro juicio, esto sólo es posible en un Estado Constitucional, en una democracia liberal perfectible en la que distintos sectores sociales, políticos e ideológicos podamos coincidir a través de un pacto que supere el espíritu y eficacia que tuvo Puntofijo, o el de La Moncloa en España o Los Olivos en Argentina.
- Usted hizo un cuestionamiento indirecto a la ya vieja Doctrina de Seguridad y Defensa en el continente que compromete a los militares en las tareas del desarrollo nacional, aunque – contradictoriamente - el Acuerdo aprobado le reconoce aún el papel.
- Obviamente, hay reparos con un Acuerdo, cuyo proyecto sólo conocimos al comenzar la discusión. Votamos la iniciativa esencial, la de reinstitucionalizar a la Fuerza Armada Nacional e, incluso, reincorporar – dejando sin un efecto un decreto espurio del usurpador – a los efectivos militares tan injustamente sindicados y sancionados. En nuestra modesta exposición, dejamos constancia de las diferencias y matices, salvaguardando una iniciativa que juzgamos fundamental en el ejercicio de la encargaduría presidencial de Juan Guaidó, a quien respaldamos. Empero, no siendo especialistas en la materia, asumimos que todos estos abusos y excesos de la incursión militar en las tareas que han sido del antidesarrollo, tienen por inspiración esa escuela a la que usted se refiere, teniendo a Alfred Stepan como un autor marcador, por cierto, versionado por José Vicente Rangel en un breve libro de varias décadas atrás. Nadie niega la contribución que la institución castrense pueda hacer en este renglón, pero la más importante de todas es la de cumplir con una especialidad indelegable: el sector defensa, subordinado al poder civil.
- Desde el pasado período constitucional (2011-2016), usted se interesó en el tema militar y, además, se relacionó con un sector especializado de la academia. ¿Cómo fue eso, al desempeñarse en otras áreas del trabajo parlamentario?
- Electo en 2010, como diputado por el estado Aragua, nuestro propósito fue el de trabajar las leyes militares, adelantados varios proyectos, pero – cosas del Reglamento Interior y de Debates – el presidente de la Asamblea Nacional es quien decidió y todavía lo hace, el destino y ámbito de trabajo en las comisiones permanentes. Nos correspondió la de Cultura, donde libramos una larga e intensa batalla a propósito de la Ley Orgánica de Cultura, siendo después destinado a Política Exterior y, más tarde, Administración y Servicios. Nunca abandonamos el tema militar que lo tocamos recurrentemente en las sesiones plenarias, a propósito de las incontables solicitudes de crédito adicional. Ya habíamos transitado a autores como José Machillanda o Ricardo Sucre, pero dimos con otros que contribuyeron a una perspectiva muy rica, refiriéndonos a la escuela fundada por el insigne historiador, lamentablemente desaparecido, Domingo Irwin. Aún antes de conocerlos personalmente, fueron objeto de nuestra reflexión parlamentaria y han sido incontables las jornadas, seminarios y foros académicos compartidos, por ejemplo, con Luis Alberto Buttó y José Alberto Olivar, entre otros. Añadidas las experiencias editoriales, pues, el problema del Esequibo nos llevó a un trabajo arbitrado publicado en una importante compilación editada por la Universidad Metropolitana.
- … Entonces, hay una línea de pensamiento.
- Hemos intentado elaborarla. Nuestras posturas en el pasado mandato legislativo, fueron recogidas en un trabajo intitulado “Fuerza Armada y rentismo en Venezuela”, para un coloquio realizado en la Asamblea Nacional en 2016, fundado también en los viejos debates del Congreso de la República. Procuramos una necesaria coherencia, pues, nuestra más reciente intervención (https://www.youtube.com/watch?v=VLUo2Px-x3c), no se explica sin otra, como la del 18/05/18, sobre la persecución política a civiles y militares (https://www.youtube.com/watch?v=EjogvkcXkMQ&t=355s). Además, para el contexto de un modelo y estrategia de desarrollo que condiciona a los militares, la del 06/03/19 (https://www.youtube.com/watch?v=2MnXmpFriCc&t=370s). Disculpe la inelegancia, en una oportunidad recordamos aquella célebre sentencia de Talleyrand: “Las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas” (https://www.youtube.com/watch?v=QWb86bedB34&t=426s).
- Para finalizar, usted habló de los deberes pendientes en la Asamblea Nacional en relación al problema militar. ¿Podría recordarlos?
- Planteamos de nuevo nuestra propuesta formulada desde el 19/02/19, sobre la autorización a la que se refiere el artículo 187, numeral 11 constitucional, pues, siendo un país ocupado por fuerzas extrañas e irregulares (cubanos, elenistas, faracos y paremos de contar), el pueblo venezolano no puede solo y la Fuerza Armada no puede sola para facilitar la distribución y recepción de la tan urgida ayuda humanitaria, como el restablecimiento del orden mínimo constitucional. Frecuentemente, se habla e invoca el artículo 328 de la Constitución, pero está pendiente el artículo 331 de la misma, en relación al papel del parlamento en los ascensos militares. El legítimo TSJ ha versado en torno al empleo abusivo de la jurisdicción militar para dirimir las diferencias políticas, siendo necesario actualizar la legislación respectiva. Todo esto se resume en una necesidad impostergable: la de emplear a fondo todas las herramientas parlamentarias, tratándose de una institución ante todo ciudadana, para ejemplificar el consenso necesario e incluyente a objeto de pasar del quiebre a la transición definitiva.
(*) Respuestas a un cuestionario de precisión de fuentes realizado para un trabajo parcial del doctorando PF (UCV), sobre el Parlamento y Fuerza Armada Nacional Bolivariana (2019). Revisado.
21/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/34577-barragan-l
Fotografías: Rueda de prensa e intervención en la plenaria de la Asamblea Nacional (Caracas, 19/03/2019). Fuente: redes sociales.
Recientemente, la Asamblea Nacional abordó el problema militar con mayor atención de la acostumbrada. Lo hizo a propósito de un acuerdo sólo conocido al tratarse el punto en el Orden del Día, motivo por el cual la Fracción Parlamentaria se quejó en una rueda de prensa - previa a la sesión - alegando que ella plantea y comparte sus propuestas con suficiente antelación.
Adscrito a la citada agrupación parlamentaria, el diputado Luis Barragán de Vente Venezuela, fue el vocero oficial en la plenaria. Reclamó en su intervención, el mayor aplomo y sobriedad posible para una materia que considera de extrema gravedad al compartir la Tribuna de Oradores con Elièrzer Sirit (ponente del proyecto de Acuerdo, presidente de la Comisión Permanente de Defensa), Henry Ramos Allup (AD), Franco Casella (VP), Omar Barboza (UNT), Angel Medina (PJ) y, en propiedad, los comentarios de Juan Guaidó (presdiente de la AN y encargado de la República), según consta en las redes:(https://www.youtube.com/watch?v=MhkHJHmGP5Y&fbclid=IwAR2SacWlPsSBhPKgqBYGUjq3A9S22XeLraZEY3JQ_tu7QjIhUE--1NmmNis).
Del tratamiento de la materia en el hemiciclo, llamó la atención la postura asumida por la Fracción 16 de Julio y, al respecto, consultamos con el diputado Barragán, quien la ha atendido sistemáticamente, desde el pasado período legislativo (2011-2016), como ha ocurrido con otras áreas que lo caracterizan, como el Esequibo y la política cultural, amén de su más reciente incursión en los problemas económicos.
- En su reciente discurso, se hizo notable un tratamiento académico del problema militar en Venezuela antes que político, por ejemplo, con la ya recurrente alusión al Estado Cuartel. ¿Por qué apelar a estas categorías más adecuadas para las aulas que para un foro político?
- Nuestro planteamiento es esencialmente político y, más que un problema del lenguaje, lo es el de su interpretación, pues, trillada hasta la saciedad, vemos a la entidad castrense con la misma mirada de tiempos ya pasados. No estamos en la Venezuela de los caudillos rurales que quebrantan a su antojo el texto constitucional, como en el siglo XIX, o en las dictaduras del concreto armado del XX y, aunque el país petrolero ha retrocedido a la pre-modernidad, en la Fuerza Armada Nacional surgió un proyecto corporativo de varias décadas que coincidió con la imposición de una dictadura socialista, por cierto, propuesta que derrotó en los años sesenta, que obligan a una perspectiva del análisis como el Estado Cuartel, un aporte de nuestra academia que deja atrás la simplicidad y hasta ingenuidad de un tratamiento largamente acostumbrado. ¿Continuaremos con el enfoque de las sargentadas en las repúblicas bananeras, cuando ellas están implicadas en proyectos extracontinentales que hacen la guerra y la estrategia desde terrenos antes impensables, aludidos por autores como Mary Kaldor o Lawrence Freedman? ¿Desconocemos todo lo que se ha reflexionado en el terreno de las relaciones civiles y militares, prisioneros de nociones hoy anacrónicas? Valga acotar, hemos tenido ocasión de tratar la relación entre academia y parlamento (http://www.ulpiano.org.ve/revistas/bases/artic/texto/REDIAJ/8/rediaj_2017_8_209-247.pdf), pero definitivamente el asunto estriba en la necesidad de actualizar el discurso político y la perspectivas del problema desde un ángulo – si se quiere – desacostumbrado, que incluye un lenguaje diferente y, aunque parezca un término extraño y complicado (que no lo es), el Estado Cuartel ayuda a comprender que la preeminencia del sector militar es distinta a la de otras épocas, pisando holgadamente el terreno económico y de toda la administración pública, por no citar el enteramente delictivo.
- … Usted habló del Estado Criminal.
- Cierto, pero en un contexto de la crisis del mismo Estado en sus elementos básicos y existenciales: el ejercicio arbitrario y perverso del poder que impide el efectivo control del territorio, ya no sólo a manos del hampa común sino de fuerzas extrañas deliberadamente políticas que lo ocupan, y el genocidio activo y pasivo que afecta a la población. En la escalada, comprometida la Fuerza Armada por una cúpula que sustenta esta suerte de protectorado de la dictadura cubana, es demasiado evidente el saqueo del erario público y la conexión con las mafias internacionales que hicieron el contramilagro de quebrar a la industria petrolera, por ejemplo, además de llevarnos a una catástrofe humanitaria que se veía venir, desde 2014. Nada casual la enorme facilidad con la que los prohombres del régimen son objeto de las numerosas sanciones impuestas por otros Estados, vinculados al lavado de capitales que, entre rubros, constituyen una severa amenaza en el estricto ámbito delictivo. Y tampoco lo es que Carlos Rottondaro, al huir del país, como otros personajes del siniestro régimen, rindan un inicial testimonio de las tropelías, faltando por saberse cuán profunda ha cavado su propia tumba el socialismo que pretende arrastrar a la Fuerza Armada Nacional.
- ¿Por ello, hay quienes piensan en eliminarla en un futuro mediato o inmediato?- En una sociedad libre y democrática, también es legítima la propuesta. Sin embargo, en lo personal, por las específicas dimensiones y características venezolanas, no creo pertinente su eliminación, sino la debida recuperación y reconstrucción de una institución castrense que, aprendida la lección, sea consecuente con las altas responsabilidades constitucionales que ha contraído, con un sentido y desarrollo profesional, convincentemente especializada en el sector defensa. A nuestro juicio, esto sólo es posible en un Estado Constitucional, en una democracia liberal perfectible en la que distintos sectores sociales, políticos e ideológicos podamos coincidir a través de un pacto que supere el espíritu y eficacia que tuvo Puntofijo, o el de La Moncloa en España o Los Olivos en Argentina.
- Usted hizo un cuestionamiento indirecto a la ya vieja Doctrina de Seguridad y Defensa en el continente que compromete a los militares en las tareas del desarrollo nacional, aunque – contradictoriamente - el Acuerdo aprobado le reconoce aún el papel.
- Obviamente, hay reparos con un Acuerdo, cuyo proyecto sólo conocimos al comenzar la discusión. Votamos la iniciativa esencial, la de reinstitucionalizar a la Fuerza Armada Nacional e, incluso, reincorporar – dejando sin un efecto un decreto espurio del usurpador – a los efectivos militares tan injustamente sindicados y sancionados. En nuestra modesta exposición, dejamos constancia de las diferencias y matices, salvaguardando una iniciativa que juzgamos fundamental en el ejercicio de la encargaduría presidencial de Juan Guaidó, a quien respaldamos. Empero, no siendo especialistas en la materia, asumimos que todos estos abusos y excesos de la incursión militar en las tareas que han sido del antidesarrollo, tienen por inspiración esa escuela a la que usted se refiere, teniendo a Alfred Stepan como un autor marcador, por cierto, versionado por José Vicente Rangel en un breve libro de varias décadas atrás. Nadie niega la contribución que la institución castrense pueda hacer en este renglón, pero la más importante de todas es la de cumplir con una especialidad indelegable: el sector defensa, subordinado al poder civil.
- Desde el pasado período constitucional (2011-2016), usted se interesó en el tema militar y, además, se relacionó con un sector especializado de la academia. ¿Cómo fue eso, al desempeñarse en otras áreas del trabajo parlamentario?
- Electo en 2010, como diputado por el estado Aragua, nuestro propósito fue el de trabajar las leyes militares, adelantados varios proyectos, pero – cosas del Reglamento Interior y de Debates – el presidente de la Asamblea Nacional es quien decidió y todavía lo hace, el destino y ámbito de trabajo en las comisiones permanentes. Nos correspondió la de Cultura, donde libramos una larga e intensa batalla a propósito de la Ley Orgánica de Cultura, siendo después destinado a Política Exterior y, más tarde, Administración y Servicios. Nunca abandonamos el tema militar que lo tocamos recurrentemente en las sesiones plenarias, a propósito de las incontables solicitudes de crédito adicional. Ya habíamos transitado a autores como José Machillanda o Ricardo Sucre, pero dimos con otros que contribuyeron a una perspectiva muy rica, refiriéndonos a la escuela fundada por el insigne historiador, lamentablemente desaparecido, Domingo Irwin. Aún antes de conocerlos personalmente, fueron objeto de nuestra reflexión parlamentaria y han sido incontables las jornadas, seminarios y foros académicos compartidos, por ejemplo, con Luis Alberto Buttó y José Alberto Olivar, entre otros. Añadidas las experiencias editoriales, pues, el problema del Esequibo nos llevó a un trabajo arbitrado publicado en una importante compilación editada por la Universidad Metropolitana.
- … Entonces, hay una línea de pensamiento.
- Hemos intentado elaborarla. Nuestras posturas en el pasado mandato legislativo, fueron recogidas en un trabajo intitulado “Fuerza Armada y rentismo en Venezuela”, para un coloquio realizado en la Asamblea Nacional en 2016, fundado también en los viejos debates del Congreso de la República. Procuramos una necesaria coherencia, pues, nuestra más reciente intervención (https://www.youtube.com/watch?v=VLUo2Px-x3c), no se explica sin otra, como la del 18/05/18, sobre la persecución política a civiles y militares (https://www.youtube.com/watch?v=EjogvkcXkMQ&t=355s). Además, para el contexto de un modelo y estrategia de desarrollo que condiciona a los militares, la del 06/03/19 (https://www.youtube.com/watch?v=2MnXmpFriCc&t=370s). Disculpe la inelegancia, en una oportunidad recordamos aquella célebre sentencia de Talleyrand: “Las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas” (https://www.youtube.com/watch?v=QWb86bedB34&t=426s).
- Para finalizar, usted habló de los deberes pendientes en la Asamblea Nacional en relación al problema militar. ¿Podría recordarlos?- Planteamos de nuevo nuestra propuesta formulada desde el 19/02/19, sobre la autorización a la que se refiere el artículo 187, numeral 11 constitucional, pues, siendo un país ocupado por fuerzas extrañas e irregulares (cubanos, elenistas, faracos y paremos de contar), el pueblo venezolano no puede solo y la Fuerza Armada no puede sola para facilitar la distribución y recepción de la tan urgida ayuda humanitaria, como el restablecimiento del orden mínimo constitucional. Frecuentemente, se habla e invoca el artículo 328 de la Constitución, pero está pendiente el artículo 331 de la misma, en relación al papel del parlamento en los ascensos militares. El legítimo TSJ ha versado en torno al empleo abusivo de la jurisdicción militar para dirimir las diferencias políticas, siendo necesario actualizar la legislación respectiva. Todo esto se resume en una necesidad impostergable: la de emplear a fondo todas las herramientas parlamentarias, tratándose de una institución ante todo ciudadana, para ejemplificar el consenso necesario e incluyente a objeto de pasar del quiebre a la transición definitiva.
(*) Respuestas a un cuestionario de precisión de fuentes realizado para un trabajo parcial del doctorando PF (UCV), sobre el Parlamento y Fuerza Armada Nacional Bolivariana (2019). Revisado.
21/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/34577-barragan-l
Fotografías: Rueda de prensa e intervención en la plenaria de la Asamblea Nacional (Caracas, 19/03/2019). Fuente: redes sociales.
sábado, 28 de octubre de 2017
sábado, 21 de enero de 2017
DE LA ESCENA MILITAR EN 1958
Las viejas (y nuevas) bayonetas
Luis Barragán
La principal significación histórica de los hechos del 23 de enero de 1958, está sintetizada por la vasta movilización popular que produjo una urgida demanda de las libertades públicas cercenadas. Junto a la sociedad civil organizada, constituyó un fenómeno que el actual régimen todavía no logra manipular, versionándose como su imposible heredero, por cierto, a contrapelo de una envidiable situación económica que todavía distaba de la crisis que generó y la que tuvo que afrontar el gobierno de Betancourt, sentidas las consecuencias iniciales del programa petrolero estadounidense de restricciones voluntarias, amén de las distorsiones a enderezar en materia de políticas públicas.
Reconocido el papel desempeñado por las Fuerzas Armadas, el caso no debemos simplificalo como un burdo golpe de Estado, y no sólo porque Pérez Jiménez se fugó preventivamente, convencido de los riesgos personales en los que incurriría de quedarse, decidido a no disparar a los cadetes de una Escuela Militar alzada (*), sino que la propia corporación castrense había perdido la homogeneidad indispensable, negociando y optando por el oficial de mayor antigüedad para hacer la inevitable y también impredecible transición. En un texto previo a la influencia que ha ejercido la escuela histórica de Domingo Irwin en el ánimo de quien suscribe, esbozamos algunas de la tendencias prevalecientes en el otrora estrato militar venezolano que igualmente arroja algunas luces al aproximarnos a la actual y no menos impredecible situación que experimenta (http://lbarragan.blogspot.com/2014/01/23-e-ii.html).
Premisa insoslayable, no hay soporte político alguna que transite impunemente el poder, aún tratándose de los partidos como sus mejores especialistas, pues se requiere de un convencimiento y consistencia ética tal del liderazgo que permita amortiguar y superar las fracturas, desencuentros, matices y contradicciones tan inherentes a todo obrar humano. Desde mediados de la década del 50, hubo una soterrada o abierta competencia por la sucesión de Pérez Jiménez que pareció beneficiar, en las postrimerías de su gobierno, al Gral. Rómulo Fernández, ministro de la Defensa, frente a los comandantes de fuerza o, en cualquier caso, ante quien dispusiera de las armas y municiones suficientes para un rápido lance. Empero, galopando una conducción opositora decidida, firme, coherente y – sobre todo – madura políticamente, se redujeron las oportunidades para aliviar el desentendimiento y arribar a un pacto entre las distintas – etéreas y concretas – tendencias pretorianas.
Valga acotar, tendencias que, más temprano que tarde, detonaron aventurándose en sendas intentonas – subrayemos – signos encontrados, acumulándose más de veintidós en el gobierno democrático de Betancourt, dato que Higuera Castellanos nos confirmó. Luce ineludible conjeturar que Chávez Frías ni su sucesor, hubiesen soportado tamaño oleaje, salvaguardando el proyecto democrático, por más dicterios que les suscitara el odiado guatireño.
Ensayando una lectura más cercana, bajo el peso de una propuesta totalitaria que promete acabarla como una experiencia del profesionalismo y la especialidad, ahora la Fuerza Armada Nacional está sometida a la disciplina y el terror partidista de quien la comanda en Miraflores, provocando las tendencias o fracciones que no están dispuestas a pagar el elevado precio por sustentar al régimen culpable de la inédita crisis humanitaria que nos aqueja, deseándola corresponsable. Es tiempo de volver a los cuarteles y de confiar en una transición – además – constitucional, afincada en el sufragio universal, directo y secreto de los venezolanos para recuperar la confianza y el prestigio que los estudios de opinión alguna vez le concedieron.
(*) Al coincidir en un reciente foro, el Gral/D ( R ) Víctor Higuera Castellanos, por entonces cadete, así nos lo comentó.
Reproducción: Los generales Rómulo Fernández y Hugo Fuentes, 1957. Fuente: Élite, Caracas.
23/01/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/01/23/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
http://www.hoyenvenezuela.com/2017/01/23/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
http://www.entornointeligente.com/articulo/9543261/VENEZUELA-Las-viejas-(y-nuevas)-bayonetas-por-Luis-Barragan
http://www.sutes.org/la/la/archivos/97744
http://informate365.com.ve/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
http://quepasaenvenezuela.com/2017/01/23/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
http://noticias.anotao.com/link/ve/20170102356436/www.lapatilla.com/site/2017/01/23/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
https://www.feednoticias.com/noticias/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas.html
http://www.hoyenvenezuela.com/2017/01/23/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas
Luis Barragán
La principal significación histórica de los hechos del 23 de enero de 1958, está sintetizada por la vasta movilización popular que produjo una urgida demanda de las libertades públicas cercenadas. Junto a la sociedad civil organizada, constituyó un fenómeno que el actual régimen todavía no logra manipular, versionándose como su imposible heredero, por cierto, a contrapelo de una envidiable situación económica que todavía distaba de la crisis que generó y la que tuvo que afrontar el gobierno de Betancourt, sentidas las consecuencias iniciales del programa petrolero estadounidense de restricciones voluntarias, amén de las distorsiones a enderezar en materia de políticas públicas.
Reconocido el papel desempeñado por las Fuerzas Armadas, el caso no debemos simplificalo como un burdo golpe de Estado, y no sólo porque Pérez Jiménez se fugó preventivamente, convencido de los riesgos personales en los que incurriría de quedarse, decidido a no disparar a los cadetes de una Escuela Militar alzada (*), sino que la propia corporación castrense había perdido la homogeneidad indispensable, negociando y optando por el oficial de mayor antigüedad para hacer la inevitable y también impredecible transición. En un texto previo a la influencia que ha ejercido la escuela histórica de Domingo Irwin en el ánimo de quien suscribe, esbozamos algunas de la tendencias prevalecientes en el otrora estrato militar venezolano que igualmente arroja algunas luces al aproximarnos a la actual y no menos impredecible situación que experimenta (http://lbarragan.blogspot.com/2014/01/23-e-ii.html).
Premisa insoslayable, no hay soporte político alguna que transite impunemente el poder, aún tratándose de los partidos como sus mejores especialistas, pues se requiere de un convencimiento y consistencia ética tal del liderazgo que permita amortiguar y superar las fracturas, desencuentros, matices y contradicciones tan inherentes a todo obrar humano. Desde mediados de la década del 50, hubo una soterrada o abierta competencia por la sucesión de Pérez Jiménez que pareció beneficiar, en las postrimerías de su gobierno, al Gral. Rómulo Fernández, ministro de la Defensa, frente a los comandantes de fuerza o, en cualquier caso, ante quien dispusiera de las armas y municiones suficientes para un rápido lance. Empero, galopando una conducción opositora decidida, firme, coherente y – sobre todo – madura políticamente, se redujeron las oportunidades para aliviar el desentendimiento y arribar a un pacto entre las distintas – etéreas y concretas – tendencias pretorianas.
Valga acotar, tendencias que, más temprano que tarde, detonaron aventurándose en sendas intentonas – subrayemos – signos encontrados, acumulándose más de veintidós en el gobierno democrático de Betancourt, dato que Higuera Castellanos nos confirmó. Luce ineludible conjeturar que Chávez Frías ni su sucesor, hubiesen soportado tamaño oleaje, salvaguardando el proyecto democrático, por más dicterios que les suscitara el odiado guatireño.
Ensayando una lectura más cercana, bajo el peso de una propuesta totalitaria que promete acabarla como una experiencia del profesionalismo y la especialidad, ahora la Fuerza Armada Nacional está sometida a la disciplina y el terror partidista de quien la comanda en Miraflores, provocando las tendencias o fracciones que no están dispuestas a pagar el elevado precio por sustentar al régimen culpable de la inédita crisis humanitaria que nos aqueja, deseándola corresponsable. Es tiempo de volver a los cuarteles y de confiar en una transición – además – constitucional, afincada en el sufragio universal, directo y secreto de los venezolanos para recuperar la confianza y el prestigio que los estudios de opinión alguna vez le concedieron.
(*) Al coincidir en un reciente foro, el Gral/D ( R ) Víctor Higuera Castellanos, por entonces cadete, así nos lo comentó.
Reproducción: Los generales Rómulo Fernández y Hugo Fuentes, 1957. Fuente: Élite, Caracas.
23/01/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/01/23/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
http://www.hoyenvenezuela.com/2017/01/23/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
http://www.entornointeligente.com/articulo/9543261/VENEZUELA-Las-viejas-(y-nuevas)-bayonetas-por-Luis-Barragan
http://www.sutes.org/la/la/archivos/97744
http://informate365.com.ve/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
http://quepasaenvenezuela.com/2017/01/23/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
http://noticias.anotao.com/link/ve/20170102356436/www.lapatilla.com/site/2017/01/23/luis-barragan-las-viejas-y-nuevas-bayonetas/
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martes, 9 de agosto de 2016
BORRÓN Y CUENTA VIEJA
El acento prosódico: Buttó y la Fuerza Armada
Luis Barragán
Recientemente, Luis Alberto Buttó respondió a un conjunto de preguntas formuladas por Enrique Meléndez para el semanario La Razón: en síntesis, los gobiernos civiles fueron y son superiores al de los militares. Y no sólo en términos históricamente demostrables, sino por lo que respecta al presente mismo, pues – nos antojamos - bastará darle un vistazo a la emblemática Plaza Madariaga, ubicada en una zona de seguridad al oeste caraqueño, y otro a la no menos emblemática Plaza Altamira, hacia el este, para el contraste de rigor, por no citar que ya es mucho el tiempo transcurrido para que el ministro de la Defensa responda a la emergencia alimentaria que le encaramó Maduro Moros sobre los cuatro soles.
Trascendiendo las aulas, luce importante que el país conozca a los civiles especializados en una materia delicada, compleja y difícil que, además, cuentan con una indispensable destreza política para sortear las trampas y evitar las tentaciones en un terreno tan naturalmente minado. A nuestro juicio, la escuela fundada por el Dr. Domingo Irwin, prematuramente desaparecido, tiene algunas características relevantes para las circunstancias actuales: gracias al rigor de la vida académica, una experticia comprobada en el ámbito de las relaciones civiles-militares; la madurez necesaria, palpable en una obra escrita que continua creciendo; y una modestia que agradecemos, exigiendo como única contrapartida la sobriedad y honestidad del planteamiento.
E importa conocerlos, porque – siendo nuestra la convicción - el país presume del atraso y orfandad en un tema decisivo para la transición democrática. Y, acaso, como en 1936, podrá descubrir a hombres y mujeres preparados para gobernar y también para oponerse, fundados en propuestas de un profundo aliento que rompa con la vanidad y banalidad que las meras expectativas de poder genera, cavándole – inevitable - una tumba anticipada.
El Dr. Buttó ha puesto el acento apropiado a un problema que no debió ni debería ser tal, en este lado del mundo que ha de compaginar prosódicamente con el otro. Resulta inconcebible e inaceptable el marcado retroceso en las relaciones civiles-militares que hoy protagonizamos, cuando el sector defensa ha de privilegiar y atender el fenómeno de la nueva guerra en el siglo XXI, incluyendo el terrorismo que cuenta con aliados y condiciones en el continente, en lugar de torpedear o ayudar a torpedear una consulta referendaria, incurrir en la temeraria incursión del negocio petrolífero o lidiar con las pequeñas o grandes escaramuzas o batallas aduaneras.
No todo está perdido, mientras haya alguien que sensatamente pregunte y otro que sensatamente responda. El asunto castrense lo amerita, después que los comandantes-en-jefe de este siglo, antes que presidentes de la República, lo contaminaron.
08/08/2016:
http://www.noticierodigital.com/2016/08/el-acento-prosodico-butto-y-la-fuerza-armada/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=39181
http://www.lapatilla.com/site/2016/08/08/el-acento-prosodico-butto-y-la-fuerza-armada-por-luisbarraganj/
http://reporte24.org/2016/08/el-acento-prosodico-butto-y-la-fuerza-armada-por-luisbarraganj/
https://asmenlinea.blogspot.com/2016/08/opiniones_8.html
http://quepasaenvenezuela.com/2016/08/08/el-acento-prosodico-butto-y-la-fuerza-armada-por-luisbarraganj/
Luis Barragán
Recientemente, Luis Alberto Buttó respondió a un conjunto de preguntas formuladas por Enrique Meléndez para el semanario La Razón: en síntesis, los gobiernos civiles fueron y son superiores al de los militares. Y no sólo en términos históricamente demostrables, sino por lo que respecta al presente mismo, pues – nos antojamos - bastará darle un vistazo a la emblemática Plaza Madariaga, ubicada en una zona de seguridad al oeste caraqueño, y otro a la no menos emblemática Plaza Altamira, hacia el este, para el contraste de rigor, por no citar que ya es mucho el tiempo transcurrido para que el ministro de la Defensa responda a la emergencia alimentaria que le encaramó Maduro Moros sobre los cuatro soles.
Trascendiendo las aulas, luce importante que el país conozca a los civiles especializados en una materia delicada, compleja y difícil que, además, cuentan con una indispensable destreza política para sortear las trampas y evitar las tentaciones en un terreno tan naturalmente minado. A nuestro juicio, la escuela fundada por el Dr. Domingo Irwin, prematuramente desaparecido, tiene algunas características relevantes para las circunstancias actuales: gracias al rigor de la vida académica, una experticia comprobada en el ámbito de las relaciones civiles-militares; la madurez necesaria, palpable en una obra escrita que continua creciendo; y una modestia que agradecemos, exigiendo como única contrapartida la sobriedad y honestidad del planteamiento.
E importa conocerlos, porque – siendo nuestra la convicción - el país presume del atraso y orfandad en un tema decisivo para la transición democrática. Y, acaso, como en 1936, podrá descubrir a hombres y mujeres preparados para gobernar y también para oponerse, fundados en propuestas de un profundo aliento que rompa con la vanidad y banalidad que las meras expectativas de poder genera, cavándole – inevitable - una tumba anticipada.
El Dr. Buttó ha puesto el acento apropiado a un problema que no debió ni debería ser tal, en este lado del mundo que ha de compaginar prosódicamente con el otro. Resulta inconcebible e inaceptable el marcado retroceso en las relaciones civiles-militares que hoy protagonizamos, cuando el sector defensa ha de privilegiar y atender el fenómeno de la nueva guerra en el siglo XXI, incluyendo el terrorismo que cuenta con aliados y condiciones en el continente, en lugar de torpedear o ayudar a torpedear una consulta referendaria, incurrir en la temeraria incursión del negocio petrolífero o lidiar con las pequeñas o grandes escaramuzas o batallas aduaneras.
No todo está perdido, mientras haya alguien que sensatamente pregunte y otro que sensatamente responda. El asunto castrense lo amerita, después que los comandantes-en-jefe de este siglo, antes que presidentes de la República, lo contaminaron.
08/08/2016:
http://www.noticierodigital.com/2016/08/el-acento-prosodico-butto-y-la-fuerza-armada/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=39181
http://www.lapatilla.com/site/2016/08/08/el-acento-prosodico-butto-y-la-fuerza-armada-por-luisbarraganj/
http://reporte24.org/2016/08/el-acento-prosodico-butto-y-la-fuerza-armada-por-luisbarraganj/
https://asmenlinea.blogspot.com/2016/08/opiniones_8.html
http://quepasaenvenezuela.com/2016/08/08/el-acento-prosodico-butto-y-la-fuerza-armada-por-luisbarraganj/
lunes, 11 de julio de 2016
PREMISAS

Militarización
fatal
Luis
Barragán
“El pretorianismo venezolano no es solamente militar,
presenta
un componente civil pero no civilista que
se
aprecia como una constante histórica desde el
siglo
XIX y sus caudillos hasta los inicios mismos
del
siglo XXI”
Domingo
Irwin (1)
Ganando
la batalla el olvido, muchas de las evidencias del intenso y libérrimo debate
que facilitó el triunfo de Chávez Frías finalizando el siglo XX, fruto de unas
elecciones pulcras, transparentes y – es necesario decirlo – luego
irrepetibles, han desaparecido o tienden a desaparecer. Sobre todo en lo que
concierne a la corporación castrense que hoy está optando por un tránsito
inconstitucional dada la abusiva jefatura suprema que, aún siendo de Estado, ejerce el revocable
Nicolás Maduro.
Por
entonces, reconozcamos, hubo la numerosa variedad de programas radiotelevisivos
de información y opinión, empresas de transcripción y de transmisión, e,
incluso, apenas conocida por las grandes mayorías, la red de redes se hizo eco
del libre debate. Una breve muestra ejemplifica el tono y hasta la hondura que
contrastan con el presente, administrados con escasa habilidad la (auto)
censura y el bloque informativo por un gobierno que reclama los consabidos y ya remotos hechos del 4-F,
como fuente de legitimidad.
Todavía
inadvertido por importantes sectores de opinión, por ejemplo, el insigne académico, ya desaparecido,
Domingo Irwin llamó la atención en 1999 sobre el “aspecto neurálgico, básico
del problema, que son [las] relaciones civiles [-] militares”,
resquebrajado el control del sector
civil sobre el militar en 1992; y, faltando poco, observaba “una resistencia a estudiar y sobre
todo en medios académicos, el tema de las relaciones civiles [-] militares”,
para reclamar la necesidad de formar especialistas en la materia, porque –
además – “no se le puede dejar al sector
militar el monopolio del tema de la seguridad nacional, el monopolio del tema
militar”. Difiriendo de Agustín Blanco Muñoz sobre la conexión entre los
sucesos de 1989 y 1992, Irwin
consideraba que la otrora situación política signada por el llamado a una
Constituyente, era “una cortina de humo que esconde lo que son los problemas
reales del país, que son de carácter económico y social y hay que esperar a ver
la implantación de una política económica …”
(2).
En
su momento, de una mayor difusión que los reportajes, testimonios y ensayos
históricos posteriores tuvieron, el
propio Chávez Frías enfatizaba a Napoleón Bravo, hoy desterrado de los medios
venezolanos: “El Pacto de Punto Fijo ideado por Rómulo Betancourt y Rafael
Caldera, les quitó a los militares incluso el derecho a expresarse, el derecho
a participar, el derecho a emitir opiniones, con eso de que las Fuerzas Armadas
son obedientes y no deliberantes […] les puso una mordaza a los militares y
trató además de manipularlos, metió a mano y tuvo injerencia profunda en los
cuarteles, incluso, para ascender a un grado de Coronel y de General […] El papel
de los militares tenemos que reincorporar a los militares a las labores de
desarrollo nacional”. Y, agregó, que deben incorporarse a las labores de
investigación científica y tecnológica, construir carreteras, vías férreas y
viviendas, porque “hay una gran capacidad instalada en las Fuerzas Armadas, hay
hasta ingenieros nucleares en las Fuerzas Armadas, una gran cantidad de
ingenieros electrónicos, ingenieros de sistema, ingenieros de construcción, hay
batallones completos de ingenieros de construcción que están aquí en Fuerte
Tiuna, cuando necesitamos que vayan hacia el Sur […] hay militares formados
para la ciencia médica, que están allí en los cuarteles” (3).
A
juzgar por las viejas propuestas, casi dos décadas después, es evidente el
fracaso y válida la pregunta respecto a la ya aludida capacidad instalada, como
a la peor y nada disimulada mordaza que tienen los integrantes de la Fuerza
Armada. No obstante, huérfano de una vocación y destreza para el ejercicio del
poder y, muchísimo menos del poder democrático, así lo percibimos, a Maduro
Moros le ha sido más cómodo y expedito alentar y permitir la militarización de
los problemas de la sociedad, al no comprender
- experimentándolos - los que
propiamente derivan de las relaciones civiles-miliares, como también ocurre en
algunos sectores de la oposición. Finalmente, acotemos: militarización de la
sociedad que, a la postre, será fatal para la institución castrense.
(1) “Sencillamente complicado: ¿Reformulando las
relaciones civiles y militares en Venezuela; un decálogo de buenas
intenciones?”, en: “Militares y poder en Venezuela. Ensayos históricos
vinculados con las relaciones civiles y militares venezolanas”. UCAB-UPEL,
Caracas, 2005: 318.
(2) “Televen/Triágulo”, emisión del 04/02/1999,
Caracas: Carlos Fernándes, Humberto Njaim, Manuel Quijada, Agustín Blanco Muñoz
y Domingo Irwin. TV Prensa / Transcripción de Programas de Opinión, Monitoreo
de Noticieros, Desgrabación de Cassettes. Caracas, 1999.
(3) “Venevisión/24 Horas”, emisión del
24/11/1998, Caracas: Napoleón Bravo y Hugo Chávez Frías, en:
http://www.venevision.com/24horas/archivo/981124a.htm [consultado e impreso:
05/02/1999]. Podrá constatarse el reemplazo del contenido en el website actual.
11/07/2016
Etiquetas:
Censura,
Domingo Irwin,
Fuerza Armada,
Luis Barragán,
Militarización,
Pretorianismo,
Redes sociales
domingo, 5 de junio de 2016
CAZA DE CITAS

"Nuestra tradición no es militarista, es expresión
del pretorianismo moderno venezolano”
Domingo
Irwin – Ingrid Micett
(“Militares y política en Venezuela, siglo XX”, en:
Montalbán, UCAB, Caracas, nr. 44 de
2010: 165)
Etiquetas:
Caza de citas,
Domingo Irwin,
Ingrid Micett,
Militarismo,
Pretorianismo
domingo, 28 de febrero de 2016
CAZA DE CITAS
"El presidente Caldera, haciendo uso de sus constitucionales atribuciones decide aceptar la renuncia del Ministro de la Defensa, en la práctica equivalía a sustituirlo del cargo. Una vez más parecía como si el control civil estuviese consolidado en la Venezuela de esos años. Hasta donde sabemos, el General García Villasmil no escribió sus Memorias. Éstas serían, como en el caso del General Flores, un valioso aporte para el estudio de la realidad militar venezolana de la segunda mitad del siglo XX"
Domingo Irwin - Ingrid Micett
("Caudillos, militares y poder", UCAB, Caracas, 2008: 227)
Reproducción: "El Presidente Caldera brinda con el ministro saliente, Martín García Villasmil, y el entrante, Jesús Carbonell Izquierdo". Momento, Caracas, nr. 786 del 08/08/1971.
Domingo Irwin - Ingrid Micett
("Caudillos, militares y poder", UCAB, Caracas, 2008: 227)
Reproducción: "El Presidente Caldera brinda con el ministro saliente, Martín García Villasmil, y el entrante, Jesús Carbonell Izquierdo". Momento, Caracas, nr. 786 del 08/08/1971.
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