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jueves, 21 de marzo de 2019

EL ESFUERZO DE ACTUALIZAR EL DISCURSO POLÍTICO

Es necesario un consenso democrático real para reconstruir a la institución castrense

Recientemente, la Asamblea Nacional abordó  el problema militar con mayor atención de la acostumbrada.  Lo hizo a propósito de un acuerdo sólo conocido al tratarse el punto en el Orden del Día, motivo por el cual la Fracción Parlamentaria se quejó en una  rueda de prensa - previa a la sesión - alegando que ella plantea y comparte sus propuestas con suficiente antelación.

Adscrito a la citada agrupación parlamentaria, el diputado Luis Barragán de Vente Venezuela, fue el vocero oficial en la plenaria. Reclamó en su intervención, el mayor aplomo y sobriedad posible para una materia que considera de extrema gravedad al compartir la Tribuna de Oradores con  Elièrzer Sirit (ponente del proyecto de Acuerdo, presidente de la Comisión Permanente de Defensa), Henry Ramos Allup (AD),  Franco Casella (VP), Omar Barboza (UNT), Angel Medina (PJ) y, en propiedad, los comentarios de Juan Guaidó (presdiente de la AN y encargado de la República), según consta en las redes:(https://www.youtube.com/watch?v=MhkHJHmGP5Y&fbclid=IwAR2SacWlPsSBhPKgqBYGUjq3A9S22XeLraZEY3JQ_tu7QjIhUE--1NmmNis). 

Del tratamiento de la materia en el hemiciclo, llamó la atención la postura asumida por la Fracción 16 de Julio y, al respecto,  consultamos con el diputado Barragán, quien la ha atendido sistemáticamente, desde el pasado período legislativo (2011-2016), como ha ocurrido con otras áreas que lo caracterizan, como el Esequibo y la política cultural, amén de su más reciente incursión en los problemas económicos.

-    En su reciente discurso, se hizo notable un tratamiento académico del problema militar en Venezuela antes que político, por  ejemplo, con la ya recurrente alusión al Estado Cuartel. ¿Por qué apelar  a estas categorías más adecuadas para las aulas que para un foro político?

-    Nuestro planteamiento es esencialmente político y, más que un problema del lenguaje, lo es el de su interpretación, pues, trillada hasta la saciedad, vemos a la entidad castrense con la misma mirada de tiempos ya pasados. No estamos en la Venezuela de los caudillos rurales que quebrantan a su antojo el texto constitucional, como en el siglo XIX, o en las dictaduras del concreto armado del XX y, aunque  el país petrolero ha retrocedido a la pre-modernidad,  en la Fuerza Armada Nacional surgió un proyecto corporativo de varias décadas que coincidió con la imposición de una dictadura socialista, por cierto, propuesta que derrotó en los años sesenta, que obligan a una perspectiva del análisis como el Estado Cuartel, un aporte de nuestra academia que deja atrás la simplicidad y hasta ingenuidad de un tratamiento largamente acostumbrado. ¿Continuaremos con el enfoque de las sargentadas en las repúblicas bananeras, cuando ellas están implicadas en proyectos extracontinentales que hacen la guerra y la estrategia desde terrenos antes impensables, aludidos por autores como Mary Kaldor o Lawrence Freedman? ¿Desconocemos todo lo que se ha reflexionado en el terreno de las relaciones civiles y militares, prisioneros de nociones hoy anacrónicas? Valga acotar, hemos tenido ocasión de tratar la relación entre academia y parlamento (http://www.ulpiano.org.ve/revistas/bases/artic/texto/REDIAJ/8/rediaj_2017_8_209-247.pdf), pero definitivamente el asunto estriba en la necesidad de actualizar el discurso político y la perspectivas del problema desde un ángulo – si se quiere – desacostumbrado, que incluye un lenguaje diferente y, aunque parezca un término extraño y complicado (que no lo es),  el Estado Cuartel ayuda a comprender que la preeminencia del sector militar es distinta a la de otras épocas, pisando holgadamente el terreno económico y de toda la administración pública, por no citar el enteramente delictivo.

-    … Usted habló del Estado Criminal.

-    Cierto, pero en un contexto de la crisis del mismo Estado en sus elementos básicos y existenciales: el ejercicio arbitrario y perverso del poder que impide el efectivo control del territorio, ya no sólo a manos del hampa común sino de fuerzas extrañas deliberadamente políticas que lo ocupan, y el genocidio activo y pasivo que afecta a la población. En la escalada, comprometida la Fuerza Armada por una cúpula que sustenta esta suerte de protectorado de la dictadura cubana, es demasiado evidente el saqueo del erario público y la conexión con las mafias internacionales que hicieron el contramilagro de quebrar a la industria petrolera, por ejemplo, además de llevarnos a una catástrofe humanitaria que se veía venir, desde 2014. Nada casual la enorme facilidad con la que los prohombres del régimen son objeto de las numerosas sanciones impuestas por otros Estados, vinculados al lavado de capitales que, entre rubros, constituyen una severa amenaza en el estricto ámbito delictivo. Y tampoco lo es que Carlos Rottondaro, al huir del país, como otros personajes del siniestro régimen, rindan un inicial testimonio de las tropelías, faltando por saberse cuán profunda ha cavado su propia tumba el socialismo que pretende arrastrar a la Fuerza Armada Nacional.

-    ¿Por ello, hay quienes piensan en eliminarla en un futuro mediato o inmediato?

-    En una sociedad libre y democrática, también es legítima la propuesta. Sin embargo, en lo personal, por las específicas dimensiones y características venezolanas, no creo pertinente su eliminación, sino la debida recuperación y reconstrucción de una institución castrense que, aprendida la lección, sea consecuente con las altas responsabilidades constitucionales que ha contraído, con un sentido y desarrollo profesional, convincentemente especializada en el sector defensa.  A nuestro juicio, esto sólo es posible en un Estado Constitucional, en una democracia liberal perfectible en la que distintos sectores sociales, políticos e ideológicos podamos coincidir a través de un pacto que supere el espíritu y eficacia que tuvo Puntofijo, o el de La Moncloa en España o Los Olivos en Argentina.

-    Usted hizo un cuestionamiento indirecto a   la ya vieja Doctrina de Seguridad y Defensa en el continente que compromete a los militares en las tareas del desarrollo nacional, aunque – contradictoriamente - el Acuerdo aprobado le reconoce aún el papel.

-    Obviamente, hay reparos con un Acuerdo, cuyo proyecto sólo conocimos al comenzar la discusión. Votamos la iniciativa esencial, la de reinstitucionalizar a la Fuerza Armada Nacional e, incluso, reincorporar – dejando sin un efecto un decreto espurio del usurpador – a los efectivos militares tan injustamente sindicados y sancionados.  En nuestra modesta exposición, dejamos constancia de las diferencias y matices, salvaguardando una iniciativa que juzgamos fundamental en el ejercicio de la encargaduría presidencial de Juan Guaidó, a quien respaldamos. Empero, no siendo especialistas en la materia, asumimos que todos estos abusos y excesos de la incursión militar en las tareas que han sido del antidesarrollo,  tienen por inspiración esa escuela a la que usted se refiere, teniendo a Alfred Stepan como un autor marcador, por cierto, versionado por José Vicente Rangel en un breve libro de varias décadas atrás. Nadie niega la contribución que la institución castrense pueda hacer en este renglón, pero la más importante de todas es la de cumplir con una especialidad indelegable: el sector defensa, subordinado al poder civil.

-    Desde el pasado período constitucional (2011-2016), usted se interesó en el tema militar y, además, se relacionó con un sector especializado de la academia. ¿Cómo fue eso, al desempeñarse en otras áreas del trabajo parlamentario?

-    Electo en 2010, como diputado por el estado Aragua, nuestro propósito fue el de trabajar las leyes militares, adelantados varios proyectos, pero – cosas del Reglamento Interior y de Debates –  el presidente de la Asamblea Nacional es quien decidió y todavía lo hace, el destino y ámbito de trabajo en las comisiones permanentes. Nos correspondió la de Cultura, donde libramos una larga e intensa batalla a propósito de la Ley Orgánica de Cultura, siendo después destinado a Política Exterior y, más tarde, Administración y Servicios. Nunca abandonamos el tema militar que lo tocamos recurrentemente en las sesiones plenarias, a propósito de las incontables solicitudes de crédito adicional. Ya habíamos transitado a autores como José Machillanda o Ricardo Sucre, pero dimos con otros que contribuyeron a una perspectiva muy rica, refiriéndonos a la escuela fundada por el insigne historiador, lamentablemente desaparecido, Domingo Irwin. Aún antes de conocerlos personalmente, fueron objeto de nuestra reflexión parlamentaria y han sido incontables las jornadas, seminarios y foros académicos compartidos, por ejemplo, con Luis Alberto Buttó y José Alberto Olivar, entre otros. Añadidas las experiencias editoriales, pues, el problema del Esequibo nos llevó a un trabajo arbitrado publicado en una importante compilación editada por la Universidad Metropolitana.

-    … Entonces, hay una línea de pensamiento.

-    Hemos intentado elaborarla. Nuestras posturas en el pasado mandato legislativo, fueron recogidas en un  trabajo intitulado “Fuerza Armada y rentismo en Venezuela”, para un coloquio realizado en la Asamblea Nacional en 2016, fundado también en los viejos debates del Congreso de la República. Procuramos una necesaria coherencia, pues, nuestra más reciente intervención (https://www.youtube.com/watch?v=VLUo2Px-x3c), no se explica sin otra, como la del 18/05/18, sobre la persecución política a civiles y militares (https://www.youtube.com/watch?v=EjogvkcXkMQ&t=355s). Además, para el contexto de un modelo y estrategia de desarrollo que condiciona a los militares, la del 06/03/19 (https://www.youtube.com/watch?v=2MnXmpFriCc&t=370s).  Disculpe la inelegancia, en una oportunidad recordamos aquella célebre sentencia de Talleyrand: “Las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas” (https://www.youtube.com/watch?v=QWb86bedB34&t=426s).

-    Para finalizar, usted habló de los deberes pendientes en la Asamblea Nacional en relación al problema militar. ¿Podría recordarlos?

-    Planteamos de nuevo nuestra propuesta formulada desde el 19/02/19, sobre la autorización a la que se refiere el artículo 187, numeral 11 constitucional, pues, siendo un país ocupado por fuerzas extrañas e irregulares (cubanos, elenistas, faracos y paremos de contar), el pueblo venezolano no puede solo y la Fuerza Armada no puede sola para facilitar la distribución y recepción de la tan urgida ayuda humanitaria, como el restablecimiento del orden mínimo constitucional. Frecuentemente, se habla e invoca el artículo 328 de la Constitución, pero está pendiente el artículo 331 de la misma, en relación al papel del parlamento en los ascensos militares.  El legítimo TSJ ha versado en torno al empleo abusivo de la jurisdicción militar para dirimir las diferencias políticas, siendo necesario actualizar la legislación respectiva. Todo esto se resume en una necesidad impostergable: la de emplear a fondo todas las herramientas parlamentarias, tratándose de una institución ante todo ciudadana, para ejemplificar el consenso necesario e incluyente a objeto de pasar del quiebre a la transición definitiva.

(*) Respuestas a un cuestionario de precisión de fuentes realizado para un trabajo parcial del doctorando PF (UCV), sobre el Parlamento y Fuerza Armada Nacional Bolivariana (2019). Revisado.

21/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/34577-barragan-l
Fotografías: Rueda de prensa e intervención en la plenaria de la Asamblea Nacional (Caracas, 19/03/2019). Fuente: redes sociales.

sábado, 22 de septiembre de 2018

UN ASUNTO DEMASIADO TERRESTRE

El Estado Cuartel en Venezuela
Luis Barragán


En un país también editorialmente colapsado, es una buena noticia la necesarísima reedición de “El Estado Cuartel en Venezuela: Radiografía de un proyecto autoritario”, bajo el sello de la Universidad Metropolitana. Un conjunto de trabajos, rigurosamente arbitrados, bajo la coordinación de Luis Alberto Buttó y José Alberto Olivar, ratifica el compromiso y el aporte real y palpable de la academia con el esfuerzo pendiente e inexorablemente ciudadano por superar esta amarga experiencia del presente siglo.

Frédérique Langue prologa los textos de Buttó, Franz von Bergen Granell, Jo-ann Peña Ángulo, Rosaura Guerra Pineda y Olivar, quienes versan respectivamente sobre las bases teóricas del Estado Cuartel y su relación con la llamada revolución bolivariana, el partido de gobierno y las relaciones civiles y militares de la Venezuela chavista, la autoridad en el Estado Cuartel, la formación del hombre nuevo en la tal revolución bolivariana y la presencia de la Fuerza Armada en el parlamento. Particularmente,  Buttó ha afinado su entrega y, con su característico y sugestivo estilo, despejado otras ventanas para reflexiones futuras, mientras que Olivar,  con la sola y duradera presencia de Vladimir Padrino López en el ministerio de la Defensa,  cuatro años después de su discurso en la Asamblea Nacional, confirma la claridad y el acierto de sus  observaciones.

La segunda edición de “El Estado Cuartel en Venezuela”,  nos impone de una realidad a la que no pocos se niegan, ora porque no disponen de la suficiente voluntad, humildad y destreza para reconocerla, ora porque temen no sobrevivir al mismo debate que conduzca a soluciones requeridas de coraje.  Vale decir, por un lado, una suerte de anacronismo cultural impide que las más novedosas perspectivas prosperen a la luz de una propuesta totalitaria de tan inédito ascenso político, por cierto, paradójicamente electoral al abrir la presente centuria; y, del otro, esa vieja cultura está ligada a determinados intereses de supervivencia que impiden un sincero y decidido concurso (y, además, concurso unitario), por resistirse e intentar el efectivo reemplazo del poder establecido.

No versamos en torno a los abalorios y el diletantismo de una academia entretenida, sino que confirmamos una tarea que la pone rápidamente en solfa con los dramas de una Venezuela profunda que está en el deber ineludible de salvar su vida republicana y marcar rumbos para un distinto futuro continental. La presente, no es una etapa más signada por la dialéctica de las facilidades cultivadas, sino una decisiva coyuntura que exige del realismo y la ensoñación, la disposición y la probidad personal de una dirigencia política que, valga la acotación, tendrá que aceptar y compartir sus esfuerzos con los académicos que demuestran ir más allá del aula.

Acotación indispensable, es en las universidades que sobreviven a la prolongada dictadura, donde se encuentra el más importante capital intelectual que nos hace aún futuribles, añadido el testimonio de calle de un profesorado y de un estudiantado que ha librado importantes y cívicos combates.  Ellas, ofrecen un amplio camino nada extraterrestre  hacia la libertad que ha de ganarse día a día.

Fotografías:  LB (09/18).
24/09/2018:
http://www.ventevenezuela.org/2018/09/24/el-estado-cuartel-en-venezuela-por-luis-barragan/
http://www.ventevenezuela.org/2018/09/24/el-estado-cuartel-en-venezuela-por-luis-barragan/
http://www.noticierodigital.com/2018/09/luis-barragan-estado-cuartel-venezuela/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=109233
Cfr.
https://lbarragan.blogspot.com/search?q=Estado+Cuartel

jueves, 13 de abril de 2017

¿EL SILENCIO DE LOS HOY INOCENTES?

El fenómeno Ojer
Luis Barragán

Desde principios de los años ochenta del siglo pasado, el consabido problema de delimitación en el Golfo de Venezuela también ocupó poderosamente la atención de la opinión pública. Distintos voceros participaban en una discusión varias veces acalorada en la que, sin complejos de vanidad, participaban los más destacados especialistas en la materia.

Prontamente, nos familiarizamos con el nombre de Pablo Ojer, reconocido experto de una meritorísima trayectoria que no temió a la necesaria polémica respecto a un asunto tan grave y delicado que, importa consignarlo, mantuvo alerta a las propias Fuerzas Armadas Nacionales, como a todos los sectores políticos y académicos.  Confesamos, por aquellos años de juventud, éramos cautelosos frente a los excesos nacionalistas, pero solíamos coincidir con las orientaciones básicas de una postura justa y legítima.

Algo tan natural por entonces, hoy constituiría Ojer todo un fenómeno, al igual que la incursión de otros investigadores que apelaron a la tribuna pública para corroborar sus eruditos aportes.  Presumiéndolo encastillado entre gruesos volúmenes e interminables documentos históricos, al parecer no tendría cupo en el siglo XXI y no sólo por la censura y el bloqueo informativo imperantes, sino por una abstención generalizada de quienes confunden la prudencia con el miedo, pues, no hay otra explicación al constatar que un tema tan serísimo como el de El Esequibo, tiene mejor garantía para un gobierno negligente que ese silencio que los peritos suelen cultivar celando sus confortables predios académicos.

Que un conocedor sobre el Golfo de Venezuela, como Pedro José Lara Peña ventilase sus tesis públicamente, como ocurrió por varios decenios, lucía lógico tratándose de un antiguo dirigente político y parlamentario, no ocurriendo así con Ojer, un académico consumado que, hasta por razones religiosas, procuraba la moderación y parquedad. No obstante, tan agudo se hizo el problema, que sus caros argumentos lo llevaron  involuntariamente a la escena pública, honrando un deber.

A mediados de abril de 2017, estaremos a escasos diez meses de cumplirse el plazo que dio la Secretaría General de la ONU para remitir el caso de El Esequibo a la Corte Internacional de Justicia y, al publicarse las presentes notas, quizá se encuentre ya en Caracas el señor Dag Halvor Nylander, en representación del organismo internacional, sin que nadie diga absolutamente nada; no se sepa oficialmente nada sobre la conducta a asumir por el gobierno venezolano,  después que el guyanés ha divulgado ampliamente la suya; y, mucho menos, con las muy honrosas excepciones, voceros de los partidos, del mundo académico y de la restantes organizaciones especializadas de la sociedad civil digan … nada. Más adelante, volveremos sobre el punto, mas – por lo pronto – diríamos que extrañamos mucho el fenómeno Ojer.

10/04/2017:

domingo, 12 de junio de 2016

POSIBILIDADES

De la aproximación académica a Caldera
Luis Barragán


Probablemente, luce muy temprano para intentar una obra integral sobre los aportes históricos de Rafael Caldera, cuyo año centenario mueve a la inevitable reflexión de quienes con él coincidieron o discreparon, elevando su importancia y significación. Al respecto, parece comprensiblemente cautelosa la academia que ha de ponderar la debida maceración de los hechos, ideas y circunstancias, alentando determinados enfoques que algún día puedan confluir en estudios más ambiciosos, excepto se trate de exponer las ya consabidas facetas de una trayectoria que amerita del instrumental metodológico y epistemológico capaz de dar con las novedades esperadas.

Sugerimos modestamente, por ejemplo, explorar esas otras facetas inadvertidamente relegadas por la apología reiterada de quienes, siendo un caso contrario  al nuestro, tienen una devoción ilimitada por tan importante venezolano. Se trata de valorar justamente sus contribuciones en el todavía incómodo siglo XXI,  en el que los elencos del poder y – varias veces – del contrapoder, por llamarlo de algún modo, están muy distantes del testimonio personal y político del que aún sienten como adversario y – también los hay – testador.

A modo de ilustración, está el repertorio – inédito para varias generaciones – de los Diarios de Debate del extinto Congreso de la República y, particularmente,  las intervenciones iniciales del diputado Caldera, a quien – valga acotar – no le fue fácil investirse y desempeñar la representación parlamentaria por la clara defensa que hizo de sus posturas ideológicas, a la vez que ejercía la cátedra universitaria. La intensa discusión del Tratado de Límites con Colombia de 1941, ofrece una interesante oportunidad, aunque ello significa – más allá de glosar sus discursos – agotar las fuentes documentales, bibliográficas y hemerográficas de la época que es, en definitiva, con la que debemos entendernos para subrayar las inquietudes del novel dirigente político, en el caso que no se quiera profundizar aún más en materias como la del derecho del  trabajo o la constitucional.

Otra posibilidad auspiciosa, prosiguiendo en el ámbito fronterizo, está en el excepcional y ya olvidado aumento del territorio nacional en más de cuatro mil kilómetros cuadrados, durante su primer gobierno, gracias a un acuerdo con Brasil, lo cual también comporta indagar en la propia documentación – pública y ya desclasificada -  de Itamaraty y de la Casa Amarilla, agotando las perspectivas del nacionalismo, en uno u otro país. Hay otros aspectos de interés, como el que personalmente nos tienta sobre la posición adoptada ante la guerra civil española, la preocupación académica en aparente contradicción con las diarias vicisitudes políticas, los testimonios personales ajenos necesitados de calibrar, las orientaciones teológicas en el período (pre) conciliar, el esfuerzo de conservar un patrimonio documental susceptible de examinar en términos archivológicos, o – respecto a sus contradictores marxistas – ponderar reconocimientos como el de Steve Ellner, acreditado académico que versó sobre el carácter progresista del primer gobierno, susceptible de señalar el viraje experimentado en la política económica y social del segundo.

Sabio el tiempo, las personalidades históricas son tales en la medida que escapamos de las anécdotas, por gratas o ingratas que sean, centrándonos y quizá descubriendo vertientes insospechadas. Importa muchísimo, sobre todo dada la experiencia de las últimas décadas al padecer una dirección del Estado en manos de los que no tienen otra vocación, aptitud y hasta destino que la de aferrarse al poder, única circunstancia que lo explicará en el balance histórico.
Ilustración: Portada Élite (Caracas, 1963).


13/06/2016