jueves, 20 de julio de 2017

TAMPOCO QUE NO QUEME NI DEJE DE ALUMBRAR


Citerior et ulterior

Guido Sosola

De cerca y de lejos, de lejos y de cerca, el resultado plebiscitario del domingo próximo pasado fue demasiado contundente. Es verdad que el colmo sería que los convocantes perdieran,  poniéndole un manto de sospecha que ni el propio gobierno ha podido tejer, pues, obraron tres circunstancias que aún lo impiden.

De un lado, erró el régimen al lanzar el simulacro del CNE, porque – en todo el país - se hizo harto evidente el contraste entre la pírrica y forzada movilización de sus partidarios y la masiva como espontánea movilización de la oposición, añadida la de los venezolanos más allá de las fronteras, a pesar de las no pocas diligencias realizadas por embajadas y consulados.  Al igual que la tos y el dinero, la muchedumbre no puede ocultarse tan fácilmente, aunque sabemos que las fotografías y videos, de no cacarear el huevo, pueden pasar pronto al olvido.

Del otro, de haber contado con el equivalente de las 45 mil mesas de los consabidos comicios parlamentarios, las cifras hubiesen sido muy superiores y basta la más elemental operación aritmética para constatar el escenario, pero se impuso la sindéresis, la radical sensatez y probidad de los rectores universitarios que sirvieron de garantes al revelar las cifras reales. Éstos se apegaron estrictamente al procedimiento pautado que, de cumplirse, como se cumplió, minimizaba al máximo las manipulaciones de aquellos que suelen maximizar lo mínimo, como en los tiempos pasados en los que bastaba un palo de whisky para enredar la situación (y saben a lo que me refiero).

Luego, la propia reacción de Maduro Moros, desestimando los hechos, atreviéndose a aplaudir el fracaso del simulacro y, a la vez, apostar por 600 mil personas plebiscitándolo, refuerza extraordinariamente la determinación de la más alta burocracia para mantener a familiares, socios y relacionados en el extranjero. Por cierto, todavía impreciso el porcentaje, algo significativo frente a los coterráneos que buscan un mejor destino y a los que les es imposible pisar Maiquetía, añadidos los que se aventuran en la irremediable condición de ilegales, ya que simplemente sobreviven y no desearon exponerse a una delación malsana a propósito de la consulta. Sin embargo, apuntamos a dos circunstancias adicionales que están cursando.

Digamos, en la cercanía, la ciudadanía sobrepasó de nuevo al establecimiento opositor, porque – no sin regodearse – sus líderes más mediáticos todavía no saben administrar tan tajante apoyo y vacilan, como no lo hace – por ejemplo – María Corina Machado. En la lejanía, quizá fruto de alguna negociación geopolítica, Estados Unidos acentúa más su postura, abriendo el Senado – allá hay instituciones representativas – al problema venezolano, aunque debemos tener mucho cuidado.

Cuidado, porque un embargo y un bloqueo económico cae como anillo al dedo para la narrativa del madurato, sintonizando – a falta de discurso – con el caso cubano que, poco les importó a los Castro Ruz, mató de hambre, de fusilamiento, como de reducción a la cárcel y al tratamiento psiquiátrico a lo soviético, a muchísimas personas.  De hecho, los hermanos Rodríguez, puntales del régimen al que podríamos agregarle a título de inventario a Rodríguez Zapatero,  intuyen, razonan y actúan desde la perspectiva política e ideológica en la que se criaron, mostrando cuán anacrónico es el signo de la propuesta que, todavía fracasada, tiene y, lamentablemente, tendrá adeptos, pues, salvando las distancias, todavía el peronismo es un azote.

 Ni tan lejos que no alumbre, ni tan cerca que queme, refiere la sentencia popular de abordar la cuestión actual. Lo cierto es, de todo lo  cierto, que el caso venezolano amerita de toda la meditación necesaria, pero no hay tiempo de extenderse hasta convertirlo en un mero ejercicio retórico, porque son días de compromiso, de acción reales, constantes y sonantes
20/07/2017:

Breve nota GS:  A veces, aparecen los comentarios y, otras, no.

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