Mostrando entradas con la etiqueta Susana Barreiros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Susana Barreiros. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de septiembre de 2015

CREDIBILIDAD

¿Por qué dudamos?
Luis Barragán


En más de una ocasión, Colombia ha denunciado  la violación de su espacio aéreo por Venezuela. Inmediatamente, nuestras autoridades desmienten los hechos.

Entre nosotros, el desmentido es recibido con cautela, escepticismo y hasta suspicacia.  He acá una vulnerabilidad necesaria de meditar, pues, quedamos sujetos a las invectivas y falsedades de los intereses foráneos, pero también – aceptemos -  somos precavidos frente a las reiteradas mentiras y manipulaciones de nuestro gobierno, el mismo desde hace más de década y media.

Quienes personalmente visitamos año y tanto atrás la frontera tachirense, constatando como otras veces sus dramas, a sabiendas de la mil veces denunciada presencia de las fuerzas irregulares del vecino país y del sufrimiento padecido por la población bajo la dictadura de la escasez, no creemos en la versión oficial. Nunca  los gobernantes han dicho la verdad, abovedadas celosamente las cifras (macro) económicas que deben periódicamente divulgar, por no citar otros sobrados ejemplos.

El chauvinismo populista es la tentación postrera del régimen para salvarse de la paliza electoral que recibirá muy pronto, por lo que la maniobra de provocación – al este u oeste de la República – constituye un recurso desesperado. Y es que tantos afanes patrióticos tampoco se compadecen con la presencia decisiva de los cubanos en nuestro país, creada y fortalecida la inmensa deuda que ahora nos anuda a China.

Cierto, el Estado-Nación significa cohesión y se obliga como cohesionador,  pero ellos insisten en monopolizarlo negándole hasta el sentido de pertenencia a las mayorías venezolanas que desean silentes y resignadas, exiliadas en suelo propio. Peor todavía, donde se dice hambruna, epidemia o incapacidad de recepción de las morgues, el gobierno insiste en guerra económica, guerra bacteriológica y guerra psicológica,  porque la inseguridad personal es una sensación (… que mata).

El problema reside en la desconfianza de los venezolanos hacia el propio gobierno, cuya credibilidad no logran levantar sus venenosas campañas propagandísticas y publicitarias.  Aminoraría el riesgo si hubiese órganos independientes del Poder Público que, como la Asamblea Nacional, fuese capaz de adelantar libremente una investigación, interpelar a las autoridades competentes, o contásemos con medios de comunicación  independientes para un debate necesario y esclarecedor.

Revisando una no tan vieja compilación, Verónique Hébrard distinguía entre la experiencia histórica colombiana y  la venezolana, prendiendo fuertemente en ésta una relación directa entre proeza militar y capacidad política, suposición que remite a la heroización del hombre en armas (“Mitos políticos en las sociedades andinas”, Caracas, 2006).  Vale decir, al imponer el Estado de Excepción, el régimen desea una escena y un escenario que fuesen capaces de acreditarlo – al menos – ante la opinión pública, trastocando sus apuros en una cuestión de marcialidad y patriotismo al remover el subconsciente colectivo.

Fuentes:
http://www.lapatilla.com/site/2015/09/21/luis-barragan-por-que-dudamos/
http://www.noticierodigital.com/2015/09/por-que-dudamos/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1107177
Fotografías: LB, opinión popular durante la concentración opositora en Caracas (19/09/2015).

domingo, 13 de septiembre de 2015

01OPOXXSAPÑ"@&/LBVRED1°|00]X !!!

La neolengua del poder en Venezuela (y la sentenciadora)
Luis Barragán


Frecuentemente inadvertido, la corrupción del lenguaje constituye el mejor testimonio del proyecto totalitario que se realiza descomponiendo a sus propios agentes. Refuerzo indispensable éste, funda constantemente la vida cotidiana, legitimando la descomposición de los más elementales pareceres que hacen del destino compartido una hazaña de la supervivencia.

Antonio Canova González, Carlos Leáñez Aristimuño, Giuseppe Graterol Stefanelli, Luis A. Herrera Orellana y Marjuli Matheus Hidalgo, aportan sus esfuerzos de desenmascaramiento a través de un título de necesaria consulta, cuidadosamente editado, diseñado y diagramado: “La neolengua del poder en Venezuela. Dominación política y destrucción de la democracia” (Editorial Galipán, Caracas, 2015).  Trabajos bien fundamentados, concisos y eficaces que apuntan al irresponsable ejercicio de una dirección del Estado confiscado por una secta que, empeñada en prolongarse, ha dinamitado las instituciones, comenzando por la lengua.

Una dirección que compite deslealmente con sus adversarios, descalificados y criminalizados, inmediatamente auxiliada por el equipaje que tiene a la mano: significaciones, actitudes y expresiones que intentan subvertir las propias realidades, dislocándolas. Por ello, la célebre novela de George Orwell representa algo más que una remota noticia literaria, actualizándose en un país que jamás lo sospechó como resultado de sus dramáticas anticipaciones.

La “tribu postmoderna” en el poder, como podrán llamarla otros aventurados analistas, exponen una formación y una convicción personales insuficientemente hoy ponderadas, capaces de emplear las herramientas políticas que monopolizan, generando los estragos, con el auxilio – siempre complementario - de los especialistas en psicología social, por ejemplo. Donde hay víctimas de las epidemias, Nicolás Maduro dice guerra bacteriológica ocasionada por la derecha fascista (135), y será después la bien aceitada maquinaria publicitaria y propagandística la que perfeccionará la ocurrencia, agraciándola sistémicamente.

El proyecto político mismo, por esas acrobacias antes impensables en la democracia – mal que bien – que tuvimos, ha cuidado de esconder su esencia marxista-guevarista, inventándose todos los eufemismos posibles que pasan, incluso, por las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (46 s.). El empeño de la otra normalidad (72, 91), enfermizamente bifurcados, persigue masificarnos y atrofiarnos hasta extinguirnos como seres libres (155), abaratados los costos con el descuido deliberado del sistema educativo (76), obteniendo una elevada rentabilidad política con la programación de lo que pomposamente llaman sistema nacional de medios públicos: a guisa de ilustración, sublimándola, a Chávez Frías se le antojó llamarla guerrilla comunicacional y, luego, los más informados, como Jorge Giordani, apelaron – ornamentalizada -  a la hegemonía gramsciana.

Los autores en cuestión, dejan paciente constancia de los insultos que prodiga el poder en Venezuela, acuñando términos alternos (56, 32), otro ejemplo, pero también destacan – orientándonos – las respuestas necesarias para superar tamaño accidente histórica (102 ss., 168 ss.). Constatado el problema, procuran una orientación para recobrar el lenguaje que tiene su más exacta dimensión en la libertad y, agregaríamos, en la libertad liberadora.

Valdrá la pena darle continuidad a la tarea de desenmascaramiento y, si algún día la Asamblea Nacional los publica, dictaminar sobre los Diarios de Debates que ilustran o deben ilustrar la descomposición. Por cierto, disculpen la personal digresión,  luego de la sesión plenaria que se refirió a un proyecto de acuerdo a propósito de la muerte de Alexis Márquez Rodríguez, dudamos en proponer otra denominación para Internet, habida cuenta de la discusión pendiente del Proyecto de Ley de Comercio Electrónico, pues, un término  alternativo que surgió veinte años atrás, como la Infopista, pudiera dar ocasión para la promoción oficialista de palabrejas que sacralicen a la superautopista de la información como su obra,  así nos encontremos en un país de una gigantesca brecha digital.

La sentenciadora

Lejos nos encontramos de la estigmatización estrafalaria de Susana Barreiros, quien sentenció recientemente a Leopoldo López, a quien – por cierto – llama “Monstruo de Ramo Verde” un régimen que es el responsable de la represión y muerte de 43 jóvenes por 2014, además de las veinte y tantas mil muertes anuales. Únicamente deseamos constatar que la juez no tiene la trayectoria profesional ni una calificada carrera judicial para semejante responsabilidad y, por ello, se ha dicho, el consulado en Chile se ofrece como la inmoral premiación por su felonía.

Cabe exactamente la comparación, pues, antes,  buena parte de los jueces, aún los penales de tan arriesgadas funciones (de instrucción, instancia, superiores, magistrados), eran conocidos y reconocidos, comenzando porque informaban pública y libremente de sus decisiones autónomas. La opinión pública los seguía, avalados por esa trayectoria que también exponían para los ascensos, titulares de sus tribunales, con un ejercicio académico convincente, incluyendo a muchos de los que afrontaron los peligros de juzgar a quienes decidieron la insurrección armada. ¿Y ahora? Revisemos la prédica del “reformador judicial” por excelencia, Manuel Quijada, y de todas las promesas del constituyente de 1999 en el campo de la administración de justicia y en el de los establecimientos penitenciarios.

Fuentes:
http://www.lapatilla.com/site/2015/09/14/luis-barragan-la-neolengua-del-poder-en-venezuela-y-la-sentenciadora/
http://www.noticierodigital.com/2015/09/la-neolengua-del-poder-en-venezuela-y-la-sentenciadora/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1106287

NOS ADHERIMOS

 Carta a una jueza
 Sra. Juez
Otrova Gomas

    No la conozco. Como millones de venezolanos, en estos tiempos tristes de la patria vivo lejos del centro de la tragedia. Solo fue ayer que me enteré de su nombre. En todos los diarios y televisoras del planeta se le califica y se ve su cara. No hay un lugar, en que tanto los gobiernos como los partidos de la oposición, los fascistas o los izquierdistas, u organismo internacional humanitario y defensor de la paz y del derecho, no la citen y condenen su sentencia. Tal vez nos encontramos algún día en el pasado. No personalmente, porque demasiadas cosas nos separan, pudo ser por algunas líneas de humor, de esas con el que yo antes alegraba al mundo, y que si así fuera, quisiera saber cuáles para que no fueran reeditadas nunca.

    El motivo de esta carta es la lástima que usted me inspira. Si muchos la odian, usted a mí solo me infunde compasión. Su condición humana en este breve paso por el mundo da dolor, y le escribo en una doble condición, como abogado y como venezolano. En lo primero, no porque crea que usted perdió el tiempo en el pasó por una escuela de derecho, sino porque no me explico cómo llegó a juez si no tiene la menor idea de lo que es justicia.

    Cuando lo hago como venezolano, es porque al vivir afuera, aunque no sufro directamente de las desgracias que padece el país, desde lejos mi corazón sigue clavado en lo más profundo de su pueblo, de su territorio y de sus sueños, y desde allí también sufro sus carencias, sus martirios, la destrucción de sus familia, la inseguridad creciente y el robo de aquella descomunal riqueza.

    No voy a extenderme en calificarla. No me interesa. A los creadores de ficción no nos asombra nada. Pero como abogado, que no sé por qué esperaba una sentencia absolutoria, solo le hago unas preguntas para que usted se las conteste sola: ¿Cómo puede condenarse a alguien sin permitirle que presente pruebas? ¿Cómo es posible violar de una manera tan descarada todas las reglas que rigen el derecho? ¿No siente pena jurídica? ¿Hizo lo que hizo por ignorancia legal? ¿O cumplía órdenes de un ser siniestro? ¿Firmó realmente la sentencia o esa firma es la de un secretario al que avergonzada le pidió que se la hiciera? Respóndase. Hágalo con franqueza ¿Lloró esa noche poseída por el remordimiento? ¿O disfrutó cuando hasta aumentó la pena que pedía el Fiscal que acusaba al condenado?

    Como venezolano también me agobian las dudas por los martirios de su alma. Si tiene usted hijos y familia ¿Cómo puede mirarles a los ojos sabiendo que les vendió el futuro? ¿No se da cuenta del infierno que vive su país por culpa de esos dementes y corruptos que parece que son sus héroes? ¿Qué domina hoy más en sus temores: el miedo o la vergüenza? ¿Qué la impulsó a hacer algo tan indigno universalmente? ¿Fue la confusión por las locuras de este mundo o un amor secreto en los reinos del infierno? ¿Cree usted que todo lo malo que hagamos luego se perdona? ¿Lo cree? ¿Cuál es su relación con dios? ¿O es que es adoradora de ángeles siniestros?

    No quiero apabullarla porque usted no está sola en la desgracia que presumo debe invadir su espíritu, si es que lo posee; recuerde que hoy su sentenciado y sus hijos seguirán con la vida truncada por su ensañamiento y la falta de justicia que encierra el fallo, y un hombre murió enfrente de su tribunal aporreado por las hordas rojas, uno más entre decenas que han sido asesinados y encarcelados por el único delito de querer cambiar la desgracia que sufre profundamente Venezuela. Pero debo decirle que le escribo porque le admiro esa capacidad tan grande que posee para enfrentar el odio colectivo.

    También me asombra su indiferencia al desprecio universal y a la burla de todos los juristas. Me resisto a creer que no se le revuelva la conciencia. Tal vez me equivoque y usted represente el nivel más alto de lo degradante y de lo injusto, pero prefiero quedarme con la idea de que es alguien que sufre inquietud por un error cometido o la turbación que causa la ignorancia manifiesta. Le repito, lo hago porque usted me da lástima. No creo que podrá disfrutar más en un buen restaurante sin la aprensión de que un cocinero loco que la reconozca quiera envenenarla, o pasearse por cualquier calle en el país o el extranjero sin temor a una represalia o al ataque de un vengador desesperado. Me niego a aceptar que pueda ser feliz viviendo rodeada de guardaespaldas, que aunque den una aparente tranquilidad a los necios, ni son eternos y en realidad todos sabemos que no sirven para nada.

    Perdone que con estas elucubraciones tontas me meta con su vida. No debí hacerlo. Esa es suya y usted sabrá qué hacer con ella. Para no alargarla, la corto aquí, en estos 5.128 caracteres. Solo le ruego que se conteste. No lo deje para cuando sea muy tarde. También le recomiendo que si es cristiana vaya a una iglesia y pida un cura para ver si logra que la absuelvan. Quién sabe, ya la Iglesia es otra. Si es atea, pídame una cita, que puedo ayudarla a enfrentar la nada y se orientar suicidas, pero si es admiradora de esa banda que hoy gobierna a Venezuela, disfrútelos ahora, porque es poco tiempo que les queda.

BARREIROS: MALETAS PARA CHILE

EL PAÍS, Madrid, 11 de septiembre de 2015
TRIBUNA
América Latina antes y después de la condena a Leopoldo López
La contraofensiva del ALBA en las últimas dos semanas explica esta sentencia
La Justicia venezolana condena a Leopoldo López a 13 años de prisión
Héctor E. Schamis 

La juez Susana Barreiros ha pasado a la historia: condenó a Leopoldo López a 13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas de reclusión en la prisión de Ramo Verde. Para muchos era previsible, no les sorprende. Pero ello es así solo en las últimas dos semanas, no antes. Es que nada es hoy como era hace tres semanas.
Entonces, Maduro estaba solo, casi aislado regionalmente. La sociedad civil latinoamericana estaba en la calle. En Sao Paulo y Rio, Quito, Guatemala o Tucumán el grito era el mismo: el hartazgo con la corrupción, la perpetuación en el poder y el autoritarismo. Con Dilma acorralada, Lula acusado por primera vez de corrupción, Correa ocupándose de las incesantes protestas y Cristina Kirchner tratando de imaginar como aferrarse al poder cuando su constitución le dice que debe abandonarlo, nadie tenía demasiado tiempo para ocuparse de Maduro. Tal vez Leopoldo tenía chance.
Pero ya nada es como era entonces. Maduro inventó una crisis, conduciendo la política exterior con estrategia, mejor que jamás pudo haber conducido su autobús. Cerró y militarizó la frontera con Colombia y además comenzó a expulsar colombianos residentes en Venezuela: el riesgo de una guerra, como Galtieri, y con refugiados, como El Assad. La respuesta de Colombia fue tibia, por decir lo menos, y su política exterior, inoperante. Una ayuda inesperada, debe haber pensado Maduro.
Santos convocó a los países miembros a tratar la crisis en el seno de la OEA, donde corresponde de acuerdo a estatutos, convenios internacionales y la Carta Democrática. Se votó si esa crisis debería ser tema de la OEA, como quería Colombia, o debía radicarse en Unasur, el aparato regional del chavismo. Ganó Maduro, con los votos previsibles del ALBA más la inestimable abstención de Panamá, no puede olvidarse, a propósito de la inefectiva política exterior de Colombia. Y ganó por un voto, precisamente.
Maduro emergió fortalecido de allí. Se cargó a Colombia y a la región, escribí aquí mismo tan solo el último domingo, pero con ello también se cargó a Leopoldo López y la esperanza de los demócratas venezolanos. Maduro recibió un cheque en blanco en esa votación. Anoche escribió la cifra de su preferencia, 13 años, y pasó por ventanilla a cobrar.
Nótese lo que vino ocurriendo desde entonces: Correa ha desmantelado Fundamedios, organización de la sociedad civil que promueve la libertad de prensa, y avanza sobre las enmiendas constitucionales en pos de su reelección indefinida. Morales ha lanzado una nueva ofensiva por su propia perpetuación. Y Lula está de viaje por Argentina haciendo campaña electoral por Scioli y Cristina Kirchner. A propósito, el gesto debería ser reciproco: Scioli y Kirchner deberían viajar a Brasil a prestar apoyo para resguardar a Dilma del posible juicio político y destitución, y a Lula, de la fiscalía que lo tiene en la mira. Nadie cree que daría resultado, pero ese es otro tema.
Lo que ha pasado en estas dos semanas es la contraofensiva del ALBA, el reagrupamiento de la internacional de la corrupción latinoamericana, cuya tan declamada solidaridad no es otra cosa que la complicidad por los negocios compartidos. También se rasgaban las vestiduras tratando de salvar el cuello de Otto Pérez Molina, un militar de derecha, valga la aclaración, destituido por corrupción. No hay ideología alguna en esto, no es más que el temor a la caída en dominó.
Hace tres semanas, el autoritarismo, la perpetuación y la corrupción parecían estar replegadas. Hoy han contraatacado. En la condena de Leopoldo López le han asestado un golpe a la democracia de la región. El golpe no es mortal, pero se ha cruzado una línea.
Ya es más difícil pensar que las elecciones del 6 de diciembre en Venezuela sean limpias, o incluso que se lleven a cabo. Ya no se avizora la manera en que el chavismo algún día dejaría el poder. Ya nadie espera que en las elecciones argentinas de octubre no haya fraude, como ocurrió en la provincia de Tucumán. Ya nadie espera que Correa y Morales no se perpetúen. Y ya nadie espera que el 2015 termine con más democracia, sino con menos.
América Latina, región autoritaria. Ya nada es como era hace tres semanas.