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domingo, 15 de julio de 2018

NOTICIERO RETROSPECTIVO






- William Niño Araque. "(Carlos Raúl) Villanueva: Tiempo de este lugar". El Nacional, Caracas, 25/05/1980.
- Ovidio Pérez Morales. "La enseñanza de la historia". El Nacional, 16/07/78.
- Pascual Venegas Filardo y las líneas férreas. El Universal, Caracas, 20/09/82.
- Guillermo Meneses. "Contra la juventud". El Nacional, 05/6/66.
- Gustavo Tarre Briceño. "Ética y política". El Nacional, 09/01/89.

Reproducción: Rosario Marciano. Élite, Caracas, nr. 1901 del 03/03/1962.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

¿CAMBIARA DE OPINIÓN? (POR CIERTO, LO QUE QUEDA DE LA MESA)

EL NACIONAL, Caracas, 12 de diciembre de 2017
Lo que no se puede aceptar en Santo Domingo
Gustavo Tarre Briceño

El próximo 15 de diciembre, la oposición y el gobierno se vuelven a reunir en República Dominicana. Poco se sabe de los resultados de la primera ronda de conversaciones. Lo que sí conocemos es la condición que el gobierno ha puesto ante el futuro electoral inmediato: No habrá elecciones si no se levantan las sanciones al gobierno de Venezuela y a algunas de sus más connotadas figuras.
Así lo declararon los hermanos Rodríguez, jefes del equipo negociador del gobierno y las informaciones que se filtran señalan que el problema de las sanciones es, junto con el reconocimiento de la asamblea constituyente, la petición central del gobierno de Nicolás Maduro.
Estos dos puntos son inaceptables.
Las sanciones en contra de personeros del gobierno, por violación de derechos humanos y por narcotráfico, no están en la mesa de negociación y no puede la oposición ni siquiera aceptar que sean tema de discusión. ¿Puede algún opositor poner en duda la responsabilidad de los jerarcas del gobierno sancionados por los asesinatos, las torturas, los encarcelamientos arbitrarios y las violaciones reiteradas de las garantías constitucionales más elementales?
¿Puede algún negociador representante de las fuerzas democráticas salir en defensa de altos funcionarios cuya participación en el tráfico de drogas ha sido plenamente demostrada? La respuesta solo puede ser un no rotundo, contundente y categórico.
Hay sanciones en contra de Pdvsa y de instituciones financieras del gobierno venezolano. Estas han sido dictadas por diferentes países por las conductas antidemocráticas asumidas por Nicolás Maduro y sus secuaces. El levantamiento este tipo de sanciones solo puede producirse cuando Venezuela vuelva a ser una democracia. Entiéndase bien: no se trata de promesas sino de realidades.
Cuando en Venezuela no existan presos políticos, cuando la separación de poderes vuelva a existir, cuando tengamos libertad de prensa, cuando cesen los procesos electorales cargados de fraude y extorsión, cuando el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Moral Republicano y el Consejo Nacional Electoral dejen de ser apéndices del PSUV, cuando los principales líderes opositores dejen de estar inhabilitados. Cuando todo esto ocurra, los países democráticos del mundo levantarán las sanciones.
El riesgo que corren los negociadores es pagar por adelantado. El gobierno quiere que la oposición pida al mundo levantar las sanciones a cambio de acuerdos que “abran el camino” hacia un CNE imparcial y hacia una Asamblea Nacional en pleno ejercicio de sus facultades constitucionales y  que permitan también la llegada de la ayuda humanitaria y la libertad de algunos presos.
¡Ojo! Allí está la trampa. No pueden los negociadores de la oposición olvidar que están sentados frente a un atajo de pillos que ya han demostrado estar dispuestos a incumplir cualquier compromiso, una vez que hayan obtenido lo que buscaban.
Ya vimos cómo incumplieron todo lo acordado en la Mesa de Negociación y Acuerdos de los años 2002 y 2003, y cómo lo volvieron a hacer el año pasado con la complicidad del mismo Rodríguez Zapatero que sigue fungiendo de “mediador”. En esas dos oportunidades el chavismo y el madurismo se burlaron de Jimmy Carter y de César Gaviria primero y nada menos que del Vaticano en la segunda oportunidad. De la misma forma se burlarán de los cancilleres que acompañan esta ronda de negociación.
A la oposición le van a ofrecer el oro y el moro: “Pidan ustedes al mundo el levantamiento de las sanciones, firmen un ‘acuerdo de gobernabilidad’ y nosotros nos comprometemos a integrar una autoridad electoral imparcial, a soltar los presos y a reconocer la Asamblea Nacional”. Una vez producido el llamado a la comunidad internacional para que levante las sanciones, vendrán por parte del gobierno las excusas, demoras y dilaciones que terminen descartando todo lo ofrecido, burlándose de los cancilleres como ya lo hicieron antes con los otros “garantes” de buena fe.
En consecuencia: ni una palabra a favor de levantar las sanciones a los narcopillos, ni a los violadores de derechos humanos ni a las instituciones gubernamentales de la dictadura.
Lo segundo que es inaceptable se refiere a la asamblea constituyente. El gobierno ofrecerá moderación por parte de ese organismo espurio. Dirán que se limitará a la redacción de un proyecto de Constitución, que procurará coexistir en armonía con la Asamblea Nacional dentro de un respeto mutuo. ¡Mentira podrida! La asamblea constituyente es el instrumento que le permite a Nicolás Maduro transformar una minoría chantajeada de electores en una mayoría de gobernadores y alcaldes, pasar por encima de la Constitución vigente y dar “legitimidad” y apariencia de legalidad a una dictadura. La oposición no puede dar validez, bajo ninguna forma, a una Asamblea convocada en violación de la Constitución, elegida mediante un sistema electoral fascista, producto de un fraude electoral descomunal y que usurpa poderes supraconstitucionales.
Soy un firme creyente en la necesidad de negociar. Aun con delincuentes. Pero creo también que se negocia hasta donde lo permita la ética, el derecho y la realidad política. Negociar no es claudicar. Negociar es demostrar firmeza aunque ello conduzca al fracaso de la negociación. En todo caso, los fracasados nunca serán los que se niegan a arrodillarse sino los que pretenden arrodillarlos.
Los negociadores en Santo Domingo, que representan lo que queda de la Mesa de la Unidad Democrática, tienen el próximo viernes la posibilidad de recuperar la coherencia y la credibilidad que el liderazgo de la mayoría opositora en la Asamblea Nacional ha perdido; pueden volver a ser lo que una vez fueron: los conductores de la sociedad democrática venezolana. También puede ocurrir que se dejen engañar y engatusar nuevamente: Eso no se lo perdonaría nunca el pueblo venezolano y serán juzgados con implacable severidad por la historia. Allí está el reto para Leopoldo López, preso de conciencia y líder de un partido descabezado por la narcodictadura; para Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional y fundador del partido en el que milita Juan Pablo Guanipa; y para Henry Ramos Allup, guardián de la herencia de Leonardo Ruiz Pineda, Andrés Eloy Blanco, Rómulo Betancourt y Raúl Leoni.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/que-puede-aceptar-santo-domingo_215038EL 

viernes, 23 de septiembre de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- José Virtuoso. "Catuche continua conquistando su soberanía". SIC, Caracas, Nr. 640 de 12/2001.
- Moisés Mata A. "Las determinantes de la inflación". SIC, Nr. 559 de 11/93.
- G. Tarre, J.J. Monsant, O. Maduro y A. Sosa, sobre el aniversario de COPEI. SIC, Nr. 481 de 01/86.
- José Virtuoso. "A la revolución le hace falta política". SIC, Nr. 626 de 07/00.

Reproducción: Gonzalo Barrios, Domingo Alberto Rangel y Jesús Angel Paz Galarraga. Momento, Caracas, nr. 237 del 27/01/61.

lunes, 12 de septiembre de 2016

RIDÍCULA CONTRADICCIÓN LÓGICA

La dictadura
Gustavo Tarre

La reciente decisión del Tribunal Supremo de Justicia, declarando nulos, “por desacato”, los actos que aún no ha dictado la Asamblea, no solo encierra una ridícula contradicción lógica, pues pretende ejercer la función de control sobre actos inexistentes para el momento de la decisión, sino que significa el fin de la representación popular elegida el 6 de diciembre pasado. La voluntad de 7 jueces de dudosa procedencia prevalece por encima de la decisión de 8 millones de venezolanos.

Para muchos comentaristas esta sentencia sella la muerte de la democracia venezolana. Vivimos en dictadura.

En nuestra opinión, se trata de un paso más en un proceso que viene marchando desde hace varios años.

Debemos recordar que la caracterización del régimen político venezolano ha sido objeto de discusión tanto académica como política, y que ese debate ha ocurrido no solo en Venezuela sino en el plano internacional. ¿Hay todavía democracia en Venezuela? ¿Vivimos ya en una dictadura?

Existe un tema, a nuestro parecer esencial, para dilucidar la cuestión.

Se trata del estado de excepción que rige en Venezuela desde el mes de enero del presente año.

Debe recordarse que esta figura tiene origen en la Roma antigua. Se establecía que, de presentarse situaciones que pusieran en peligro la vida de la República, se abría la posibilidad de entregar el poder supremo, de manera temporal, a un magistrado propuesto por uno de los cónsules, con la aprobación del Senado.

Desde entonces, un número importante de constituciones en el mundo han consagrado los estados de excepción, denominados por la doctrina como “dictadura comisoria” permitiendo la desaplicación de una parte del orden jurídico para que puedan tomarse, con celeridad y eficiencia, las medidas que permitan superar circunstancias que pongan en peligro la supervivencia de la nación y de los derechos de los ciudadanos. La Constitución venezolana regula también cómo una situación excepcional puede temporalmente conducir a suspender la aplicación de la norma común.

Pero ocurre en el derecho constitucional moderno, y en el venezolano en particular, que el estado de excepción está sometido a estrictas regulaciones:

    a)                 Deben presentarse unas “circunstancias de orden social, económico, político, natural o ecológico que afecten gravemente la seguridad de la nación, de las instituciones y de los ciudadanos y ciudadanas, a cuyo respecto resultan insuficientes las facultades de las cuales se disponen para hacer frente a tales hechos”. Es perfectamente razonable el pensar que las facultades ordinarias conferidas al presidente, a la Asamblea Nacional y al Banco Central de Venezuela son absolutamente “suficientes” para resolver la crisis que vive Venezuela. Lo que falta es una voluntad política clara, que conduzca a decisiones acertadas y logre la acción coordinada de todos los poderes públicos y de la sociedad civil. A contrariodebe señalarse que nada ha hecho el gobierno con plenos poderes para solucionar la crisis.
    b)                Para impedir el uso abusivo de la excepción, se establece que la decisión debe ser tomada por el Poder Ejecutivo con la aprobación de los demás poderes públicos. Dice la Constitución: “El Presidente o Presidenta de la República, en Consejo de Ministros, podrá decretar los estados de excepción” y agrega: “El Decreto que declare el estado de excepción, en el cual se regulará el ejercicio del derecho cuya garantía se restringe, será presentado, dentro de los ocho días siguientes de haberse dictado, a la Asamblea Nacional, o a la Comisión Delegada, para su consideración y aprobación, y a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, para que se pronuncie sobre su constitucionalidad”. De manera violatoria de este texto, que no tiene otra interpretación que no sea la literal, el Tribunal Supremo de Justicia ha permitido que el presidente usurpe las funciones de la Asamblea y violado la Ley Orgánica sobre los Estados de Excepción, promulgada por el presidente Hugo Chávez en el año 2007, que ordena:

“La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia omitirá todo pronunciamiento, si la Asamblea Nacional o la Comisión Delegada desaprobare el decreto de estado de excepción o denegare su prórroga, declarando extinguida la instancia”.

    c)                Por definición, los estados de excepción son temporales y cualquier prórroga de los mismos requiere igualmente la aprobación del Parlamento. La Constitución venezolana señala que en el caso de la emergencia económica la duración será de sesenta días y para la “conmoción interior y exterior”, noventa días. Cualquier prórroga debe ser aprobada por la Asamblea Nacional que podrá además revocar el decreto, en cualquier momento, cuando considere que han cesado las causas que lo motivaron. El estado de excepción rige en Venezuela desde hace ocho meses y tiene visos de permanecer en el tiempo y conducir a nuevas violaciones de la Constitución.
    d)                No todo el ordenamiento jurídico puede ser suspendido por el estado de excepción. En Venezuela se establece de manera imperativa la vigencia, aun en estas circunstancias excepcionales, de las garantías “referidas a los derechos a la vida, prohibición de incomunicación o tortura, el derecho al debido proceso, el derecho a la información y los demás derechos humanos intangibles”, además se debe cumplir con “las exigencias, principios y garantías establecidos en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en la Convención Americana sobre Derechos Humanos”. El estado de excepción no permite atentar contra el derecho a la vida, desaparecer personas, torturarlas y privarlas del debido proceso. La libertad de información es intocable.
    e)                 El poder no se concentra en una sola persona. Los poderes públicos mantienen sus funciones. Así lo ordena La Constitución: “La declaración del estado de excepción no interrumpe el funcionamiento de los órganos del Poder Público”. Es, por lo tanto, imposible pensar en que el estado de excepción le permita al presidente disolver la Asamblea Nacional o levantar la inmunidad de los parlamentarios que, dicho sea de paso, solo puede allanarse con la autorización previa de la propia Asamblea. En esa misma norma se estable que “los funcionarios públicos o funcionarias públicas que violen la inmunidad de los o las integrantes de la Asamblea Nacional incurrirán en responsabilidad penal y serán castigados o castigadas de conformidad con la ley”.

De lo antes dicho se desprende que la dictadura comisoria, limitada en el tiempo, restringida en su ámbito y sometida a controles no es lo que existe en Venezuela, sino una dictadura pura y simple, en la cual la excepción se ha convertido en regla y ni siquiera se respeta la normativa que debe regir durante la emergencia.

Hay quienes piensan o alegan que Nicolás Maduro, a diferencia de los dictadores tradicionales, fue elegido por el pueblo venezolano. Pero debemos recordar el carácter muy dudoso de esa elección, cuya pureza no fue, a pesar de las promesas, comprobada y que esa “legitimidad de origen” se ve claramente afectada por la intransigente negativa del gobierno a someterse a la aprobación del pueblo venezolano, a través del referendo revocatorio establecido de manera inequívoca en la Constitución, tal como lo señalara recientemente el secretario general de la OEA, Luis Almagro. En cuanto a la “legitimidad de ejercicio” la dramática situación económica y social que vive Venezuela nos ahorra cualquier comentario.

El gobierno de Nicolás Maduro es ilegítimo tanto en su origen como en su desempeño.

En cuanto a las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia, debe anotarse que se trata de un organismo espurio, producto trasnochado de una Asamblea Nacional derrotada, con violación de las disposiciones constitucionales que rigen su designación y cuyos integrantes no cumplen con las condiciones de idoneidad profesional, honorabilidad y experiencia que exigen la Constitución y la Ley Orgánica del mismo Tribunal Supremo. El TSJ no solo ha violado la Constitución al cohonestar la decisión del gobierno de decretar el estado de excepción sin la aprobación de la Asamblea, sino que ha vulnerado sistemáticamente las atribuciones del Parlamento anulando las leyes que este sanciona y eliminando las facultades de control sobre el Poder Ejecutivo, que la Constitución le otorga.

A manera de conclusión señalamos que el gobierno de Venezuela se ha convertido en una dictadura que ya ni siquiera se pretende disfrazar o disimular.

Las características del gobierno de la República, establecidas en el artículo 6 de la Constitución, y que se refieren a la democracia, la participación, la elección, la descentralización, la alternabilidad, la responsabilidad, el pluralismo y la revocabilidad de los mandatos, han desaparecido y la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela ha dejado de tener vigencia.

Fuente:
http://www.analitica.com/opinion/la-dictadura-3/ 
Fotografía:
http://www.noticias24.com/fotos/noticia/8119/la-imagen-el-momento-en-el-que-un-hombre-interrumpe-el-discurso-de-nicolas-maduro/

viernes, 19 de junio de 2015

FRENTE AL MITO INTERESADO

EL NACIONAL, Caracas, 17 de junio de 2015
La oposición no tiene programa
Gustavo Tarre Briceño 

El título de este artículo es ya un lugar común. Cuanto sabihondo existe en Venezuela lo repite hasta el cansancio. Lo retoman columnistas carentes de visión.  Lo asumen los políticos frustrados a quien  nadie sigue. Los opinadores y encuestadores sienten que quedan como muy lúcidos cuando lo reiteran. Los habladores de pendejadas, en botiquines, barberías, matrimonios, piñatas, velorios  y carritos por puesto lo dejan caer, como quien no quiere la cosa y con rostros graves. Se insiste, además, en que la división de la oposición no solo tiene que ver con ambiciones encontradas, también se señala que existen, en mundo que adversa al gobierno, visiones demasiado distintas e ideologías contrapuestas. No falta quien admita, sin embargo, que existen algunos programas pero que son tan abstrusos, tan tecnocráticos, tan irreales que nadie los lee ni los entiende y que a nadie entusiasman.
En fin, todo parece concluir en que la oposición  nada tiene que ofrecer a los venezolanos, distinto a la mediocridad, la ineficiencia, el latrocinio y la estulticia que padecemos. Casi parece una invitación a resignarnos.
Y resulta, amigo lector, que no es verdad. No es cierto que lo único que ofrece la oposición es sacar a Maduro de Miraflores (que de paso, no es poca cosa). La oposición ofrece a Venezuela el más maravilloso de todos los programas.
La oposición ofrece la siguiente bicoca: restablecer la democracia. ¡Casi nada! Tirios y troyanos, radicales y moderados, tradicionalistas y recién llegados, electoralistas y guarimberos, huevos fritos y atorados, marxistas y capitalistas, socialdemócratas, socialcristianos y liberales coinciden, sin diferencia alguna, en el mejor programa que se le pueda ofrecer a Venezuela: El gobierno del pueblo, para y el pueblo y por el pueblo. El respeto a los derechos humanos. ¡Una pelusa!
La oposición ofrece que las elecciones sean organizadas, preparadas e implementadas por una autoridad electoral imparcial; que en los comicios venideros nadie goce de ventajas indebidas; que los dineros y bienes públicos no estén al servicio de una parcialidad; que el voto de cada venezolano se cuente, que la voluntad del elector sea respetada y que pueda formarse a través de una información abierta y libre. Todo ello se completa con el regreso a la alternabilidad republicana. Casi nada pues…
La oposición ofrece volver a la discusión política. Sacar de ella la descalificación y el insulto; dar a todos la oportunidad de decir lo que piensan a través de medios independientes y libres; regresar a la cordialidad en el trato que siempre fue una característica de la política venezolana; eliminar el odio y el resentimiento.  Regresar al diálogo, recordando, como decía Antonio Machado, que para dialogar primero hay que escuchar; que nadie vaya a la cárcel por pensar distinto o, simplemente, por pensar.
La oposición quiere un Parlamento que legisle y que controle al gobierno.  Una Asamblea Nacional que no delegue sus funciones de manera irresponsable y sumisa. Una representación popular que interpele a los ministros, investigue irregularidades y censure a los responsables. Unos legisladores que discutan, propongan, argumenten y rectifiquen para finalmente aceptar la decisión de la mayoría, respetando los derechos de las minorías. Y, como si fuera poco, una Asamblea presidida por un parlamentario y no por un patán.
La oposición quiere esta bobería: que la justicia tenga los ojos vendados; que el Poder Judicial la imparta con sabiduría y sapiencia; que los jueces no oigan los dictados de nadie y que conozcan el derecho; unos magistrados que no tengan que temer la cárcel y el oprobio cuando decidan en contra de los poderosos; unas sentencias que protejan los derechos de los venezolanos, apliquen e interpreten la ley y que no la atropellen o pretendan modificarla; un Ministerio Público que no sea instrumento de venganza de nadie.
La oposición quiere una Contraloría que controle; que investigue las denuncias de corrupción; que sancione a los culpables; que no sea un instrumento político; que no inhabilite a nadie.
La oposición coincide en que la educación tiene que ser la primera prioridad, que todos deben tener acceso a ella; que los maestros y profesores tengan un sueldo digno; que los programas educativos no pretendan lavarle el cerebro a nadie; que las universidades recuperen la autonomía; que los estudiantes estudien para que la meritocracia deje de ser una mala palabra y vuelva a ser la puerta  que se abre a los mejores.
La oposición propone volver a la libertad sindical, a la discusión de contratos colectivos, a los fueros que protegen a quienes dirigen a los obreros y campesinos, al ejercicio del derecho de huelga dentro del marco de la ley; devolver al trabajo su dignidad, eliminando las limosnas y el bachaqueo.
Toda la oposición coincide en que hay que respetar la libertad económica consagrada en la Constitución; nadie justifica o discute la incapacidad del gobierno en el manejo de las empresas expropiadas; todos coinciden en querer crecimiento económico, abastecimiento y empleo productivo con un sector privado grande, fuerte y sano.
La oposición quiere una Fuerza Armada apolítica, que esté al servicio de la nación y no de una parcialidad; que tenga el monopolio de las armas; que no tenga que obedecer a extranjeros; que los militares se dediquen a la defensa de la patria, a estar preparados para la guerra para que esta nunca ocurra; que sus componentes tengan los mejores equipos y que no se compre chatarra para que los vivos se enriquezcan; que Venezuela no tenga que soportar el desprecio y las amenazas de un generalote guyanés que sabe que nuestro Alto Mando recibe instrucciones de Cuba y que no tiene nada que temer cuando nos enseña los dientes.
Dirá alguno que con la democracia no se resuelven todos lo problemas y es verdad.  Pero no solo se resuelven algunos muy importantes sino que se abre el camino para que, con una discusión libre, se proponga cómo conciliar las opiniones encontradas que sí existen y se resuelvan los demás.
La oposición sí tiene programa y en torno a él existe un total consenso.

(http://www.el-nacional.com/gustavo_tarre/oposicion-programa_0_647935428.html)

sábado, 23 de noviembre de 2013

sábado, 11 de mayo de 2013

NOTAS SOBRE EL FASCISMO (21)

EL NACIONAL - Lunes 10 de Febrero de 2003     A/3
Los trenes del fascismo
Gustavo Tarre Briceño

Juan Nuño solía decir que “hay fascismo y fascismos”.
En singular el término se refiere al partido fundado por Benito Mussolini, y el plural alude a un conjunto de movimientos totalitarios.
Es posible que la pobre formación teórica de Hugo Chávez le impida entrar en estas sabias distinciones, pero como nuestro Presidente usa y abusa de la palabreja, no es malo hacer algunas precisiones.
Daría por seguro que así como monsieur Jourdan hablaba en prosa sin saberlo, Chávez piensa y actúa como fascista sin percatarse de ello.
Nadie puede olvidar que en sus propuestas constitucionales se encontraba un poder legislativo estructurado de manera corporativa, con representantes patronales, sindicales, estudiantiles, campesinos y militares. Muy parecido al Gran Consejo del Fascio.
En 1994, Chávez admitió haber leído Mein Kampf y encontrado en esa lectura “cosas interesantes” (revista Zeta, 21–4–94).
Muy propia del fascismo es la nostalgia por los episodios más gloriosos de la historia. El Duce quiso revivir el Imperio Romano. Aquí se ha pervertido a Bolívar para cubrir con su nombre cualquier disparate de la “revolución”.
Pero es en la acción donde vemos con más fuerza los rasgos fascistas del chavismo.
En primer lugar, la jefatura máxima, absoluta, omnímoda y caprichosa del caudillo. Il Duce a sempre ragione, decían los seguidores de Mussolini; los nazis tenían el Fuhrerprinzip ; Aquí tenemos algo más criollo: Chávez puede hacer lo que le da la gana. Puede cambiar e incumplir la Constitución; ignorar las leyes; despilfarrar y malversar los recursos; encadenar los medios; destruir bancos, industrias; comercios y reputaciones; someter a la prensa, la radio y la televisión; dar instrucciones a todos los poderes públicos; condenar inocentes y absolver criminales; mentir tanto hasta que la mentira se convierta en verdad; prostituir la Fuerza Armada; otorgar dólares preferenciales; y tapar el sol con el dedo. En fin, cualquier cosa que su delirio le sugiera.
Italia padeció el terror de los Fasci di Combatimento, Alemania tuvo las Secciones de Asalto y aquí tenemos los círculos bolivarianos. En el fondo se trata de lo mismo:
Armar y pagar, con los recursos del Estado, a unos malandros para amedrentar impunemente y con violencia a los opositores.
Los discursos interminables, el gusto por el uniforme, la división del país entre buenos y malos, entre patriotas y enemigos de la Patria, larga puede ser la enumeración de los rasgos fascistas de nuestro “Duce de pacotilla”. Pero lo que más puede dejarnos estupefactos es que Chávez llame fascista a la oposición. Otra prueba de su ignorancia:
¿Quién ha visto fascistas pidiendo elecciones? ¿Cuándo los fascistas recogieron firmas?
Nunca los fascistas fueron los agredidos sino los agresores. Nunca marcharon por las calles con la única fuerza de pitos, banderas y pancartas.
Pero sería poco objetivo dejar de resaltar que sí hay una gran diferencia entre Chávez y el fascismo. El fascismo encontraba justificación en los resultados exitosos de la gestión gubernamental.
Mussolini decía: “el fascismo es que lo trenes lleguen a la hora”. Los trenes de Chávez no existen y si existieran jamás cumplirían con el horario.
Fotografía: http://eltrabajadormetro.blogspot.com/2009/03/estacion-protesta-030309_02.html

domingo, 5 de mayo de 2013

NOTAS FASCINE-ROSAS

EL NACIONAL - Domingo 05 de Mayo de 2013     Papel Literario/2
Falso cuaderno
Fascismo
ANA NUÑO

No por ser fácil muletilla blandida como pueril insulto, deja de ser significativo el uso que de "fascismo" o "fascista" hacen los chavistas, desde la comodidad impune del poder, después de haber perdido las presidenciales en Venezuela y no haber tenido los arrestos de reconocerlo. Porque no cabe duda: ante la orgía de histéricas contradicciones -ahora te digo que sí recuento, mañana te digo que no voy contigo al baile; ahora que habrá auditoría, mañana que sólo me caso con el soporte informático-, es admisible suponer que los herederos de Chávez perdieron en las urnas, el pasado 14 de abril, tanto las elecciones como una legitimidad que, por otra parte, ellos solitos se han encargado durante años de abusar y dilapidar.
Ahora que ha muerto el caudillo innecesario, por otra parte, el "bravo pueblo" parece que ¡al fin! se siente dispuesto a no seguir abonando con su temerosa o táctica anuencia la farsa chavista de una revolución que pasará a los anales, si acaso, como el triunfo de una casta militar corrupta e inepta hasta la médula. Que supo, eso sí hay que reconocerle, aprovechar la descomposición de la otra casta venezolana, la política, para directamente poner sus patosas manos en el "excremento del diablo", según la felicísima expresión de Juan Pablo Pérez Alfonzo.
Ah, pero el fascismo... Tan previsibles son, que en cuanto se apagaron los focos de los medios internacionales y pasó, como agua sucia del Guaire, la pantomima de Unasur pidiendo con la boca chiquita el reconteo de votos, los Castroff y su esbirro Ramiro Valdés le encasquetaron a sus penosos títeres venezolanos el viejo guión de la represión castrista en Cuba: criminalizar a los demócratas. Y claro, la izquierda verdadera ­que mi amigo Horacio Vázquez­ Rial bautizó con su verdadero nombre: la izquierda reaccionaria-, que no se ha movido un milímetro de sus muchos Gulags mentales, ha sacado la artillería de siempre: si no estás conmigo, es que eres fascista...
Risa darían, si no fuera porque tienen el poder en las manos. Poder para cortar el micrófono, como hace el presidente de la Asamblea Nacional a diputados electos por la ciudadanía. Poder para amenazar con llevar preso al líder de la oposición. Poder, asqueroso poder, para amedrentar a funcionarios públicos, para partir la cara a jóvenes estudiantes, para meter a un pobre desequilibrado en una de las cárceles más criminógenas de Venezuela. Poder, en suma, para torturar y matar.
Los demócratas venezolanos hacen mal en seguirle el juego al guión dictado desde La Habana. A la próxima acusación de fascismo lanzada desde el gobierno, hay que recordarles ­y con una vez basta­ la más sintética y a la vez certera definición, la que dio Roland Barthes en su lección inaugural en el Collège de France, hace ya más de 35 años: "el fascismo no consiste en prohibir hablar, sino en obligar a decir".
Y acto seguido, dejarlos con su delirio pudriéndosele en la boca. Porque nada nos obliga a repetirlo: todo, a combatirlo.