Banalidades
Hermann Alvino
La prensa diariamente ofrece declaraciones que siempre van en la misma onda:
…Maduro, deja el show y dale la cara al pueblo del Táchira…
…copia a color de billete de Bs. 100 cuesta más que el propio billete…
…crecen las condiciones para una explosión social en Venezuela…
…que dé respuesta a la grave crisis que ellos mismos generaron…
…el derecho a la alimentación está “pisoteado” en Venezuela…
…el gobierno intenta sacar ganancia política del caso Hergueta…
…operativos de la OLP son “absolutamente represivos”…
…Maduro viajó a La Habana por cumpleaños y a Guasdualito no llevó ni agua…
…mientras haya impunidad, no habrá seguridad en el país…
…la verdadera OLP la vamos a dar el 6-D…
…gobierno tiene 70% de rechazo y el descontento sigue creciendo…
…saqueos son “bombas” en las que está sentada Venezuela…
…sal de Miraflores y dale la cara al país…
…el Gobierno está jugando con la paciencia del pueblo…
…los candidatos del gobierno son los rostros de la crisis…
…decir que Venezuela produce lo que necesita es una cachetada al pueblo…
…detrás de todos los productos desaparecidos está el Gobierno…
…el gobierno está actuando como una fiera arrinconada…
…se necesita ocho salarios mínimos para cubrir canasta básica…
…el único camino para salir de esta crisis es la producción nacional…
El lector comprenderá lo difícil que es el no catalogar estas frases como banalidades al estilo…yo sé que el Sol sale por el Este… –eso lo dijo una vez Jaime Lusinchi en un mitin en Cumaná, y por casualidad yo que andaba por allí en otras labores, lo presencié–; son frases que indican lo obvio…el agua moja…la sal es salada…que llevadas al límite nos retroceden al trillado…mi mamá me ama…de los tiempos del kinder.
Quién hace estas afirmaciones es uno de los líderes de la oposición, alguien que sin el fraude madurista incluso podría haber sido Presidente (las frases pueden leerse en http://www.lapatilla.com/site/tag/capriles/); y aunque otro día se podría hacer un ejercicio similar con las frases de otros presidenciables para corroborar tanta pobreza programática uno ya no sabe qué pensar: si quienes se dirigen a los venezolanos con esa ligereza conceptual realmente tienen poco que ofrecerle al país, o tienen mucho, pero creen que ese país que los escucha es retrasado mental y por tanto incapaz de comprender los contenidos de una complejidad programática indispensable para salir del pozo. O ambas cosas; infortunadamente, mientras sigan hablando en estos términos tan anodinos, pues ni la segunda ni la tercera hipótesis serán comprobables, dejando como la más probable a la primera.
A estas alturas del ciclo chavista y de descomposición generalizada, sería deber de aquellos opositores que disponen de una tribuna privilegiada para hablarle al país –y más con las limitaciones que impone el régimen- añadir a cada declaración como las presentadas acá una coletilla indicando cómo resolverían ellos el problema al que hacen alusión, incluso citando las personas capaces y dispuestas para acometer el asunto en cuestión, refiriéndose a sus condiciones profesionales, compromiso con el país, capacidad para gestionar grupos humanos, conocimientos de finanzas corporativas para los escenarios donde habrá que privatizar o mantenerse dentro del ámbito estatal, y los consensos que puedan disponer dentro de su mismo ámbito de actividad para acometer cada problema.
Porque se supone que estos líderes opositores, además de tener ideas pues también deberían tener equipos de gobierno a la sombra -término técnico para quienes monitorean cada actividad del gobierno para elaborar el discurso opositor y las propuestas alternas.
Así que siempre volvemos al inicio: ¿Por qué habría que votar por quienes uno ni siquiera sabe qué piensan hacer con el país? ¿Solo para salir del tarado que nos gobierna? Puede ser, pero ¿Y después que?… porque ya está comprobado el efecto nefasto de la improvisación y el tira y afloja de los disparatados intereses que de inmediato se ponen en marcha desde cualquier gobierno…eso valió para Chávez, para CAP II, para Caldera II, por no remontarnos más hacia el pasado.
Por otra parte, cuando uno se pasea por los candidatos opositores al parlamento, el silencio es ensordecedor, excepción hecha por un grupo de diputados que sí presentó proyectos de ley y propuestas muy concretas en diversas materias, y que curiosamente una parte importante de ese grupo no logró entrar en el “consenso” de la MUD.
Tal vez todo esto trata de algo tan necesario como el respeto: a Chávez medio país lo respetó a raíz de haber asumido la responsabilidad de su fallido golpe; un respeto inmerecido y equivocado, puesto que haber reconocido que fue un delincuente que se cargó su juramento como militar para defender la Constitución no es precisamente el mejor sustrato para ese valor casi sagrado, indispensable en la familia, para la amistad, y para cualquier sociedad decente. Un respeto mal parido por parte de millones de compatriotas a quienes no les importó aquel crimen inicial del barinés, y que luego se basó en las infinitas banalidades generadas de su patológica verborrea.
Para ganarse un respeto diferente, los líderes y candidatos opositores lo tendrían mucho más sencillo, puesto que ellos no deben dar muestras de coraje y desplante luego de violar ley alguna, ni deben ir presos, ni arriesgar la vida, puesto que solo bastaría con decirnos por qué nos quieren gobernar, qué harían con el coroto en la mano, cómo piensan abordar cada área de trabajo. En síntesis: en qué se diferenciarían del chavismo.
Porque eso de quítate tú pa’ poneme yo solo se lo deberíamos dejar a las Estrellas de Fania.
Fuente: https://vivalapolitica.wordpress.com/2015/08/25/banalidades/
Mostrando entradas con la etiqueta Propuestas de la oposición. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Propuestas de la oposición. Mostrar todas las entradas
martes, 25 de agosto de 2015
viernes, 19 de junio de 2015
FRENTE AL MITO INTERESADO
EL NACIONAL, Caracas, 17 de junio de 2015La oposición no tiene programa
Gustavo Tarre Briceño
El título de este artículo es ya un lugar común. Cuanto sabihondo existe en Venezuela lo repite hasta el cansancio. Lo retoman columnistas carentes de visión. Lo asumen los políticos frustrados a quien nadie sigue. Los opinadores y encuestadores sienten que quedan como muy lúcidos cuando lo reiteran. Los habladores de pendejadas, en botiquines, barberías, matrimonios, piñatas, velorios y carritos por puesto lo dejan caer, como quien no quiere la cosa y con rostros graves. Se insiste, además, en que la división de la oposición no solo tiene que ver con ambiciones encontradas, también se señala que existen, en mundo que adversa al gobierno, visiones demasiado distintas e ideologías contrapuestas. No falta quien admita, sin embargo, que existen algunos programas pero que son tan abstrusos, tan tecnocráticos, tan irreales que nadie los lee ni los entiende y que a nadie entusiasman.
En fin, todo parece concluir en que la oposición nada tiene que ofrecer a los venezolanos, distinto a la mediocridad, la ineficiencia, el latrocinio y la estulticia que padecemos. Casi parece una invitación a resignarnos.
Y resulta, amigo lector, que no es verdad. No es cierto que lo único que ofrece la oposición es sacar a Maduro de Miraflores (que de paso, no es poca cosa). La oposición ofrece a Venezuela el más maravilloso de todos los programas.
La oposición ofrece la siguiente bicoca: restablecer la democracia. ¡Casi nada! Tirios y troyanos, radicales y moderados, tradicionalistas y recién llegados, electoralistas y guarimberos, huevos fritos y atorados, marxistas y capitalistas, socialdemócratas, socialcristianos y liberales coinciden, sin diferencia alguna, en el mejor programa que se le pueda ofrecer a Venezuela: El gobierno del pueblo, para y el pueblo y por el pueblo. El respeto a los derechos humanos. ¡Una pelusa!
La oposición ofrece que las elecciones sean organizadas, preparadas e implementadas por una autoridad electoral imparcial; que en los comicios venideros nadie goce de ventajas indebidas; que los dineros y bienes públicos no estén al servicio de una parcialidad; que el voto de cada venezolano se cuente, que la voluntad del elector sea respetada y que pueda formarse a través de una información abierta y libre. Todo ello se completa con el regreso a la alternabilidad republicana. Casi nada pues…
La oposición ofrece volver a la discusión política. Sacar de ella la descalificación y el insulto; dar a todos la oportunidad de decir lo que piensan a través de medios independientes y libres; regresar a la cordialidad en el trato que siempre fue una característica de la política venezolana; eliminar el odio y el resentimiento. Regresar al diálogo, recordando, como decía Antonio Machado, que para dialogar primero hay que escuchar; que nadie vaya a la cárcel por pensar distinto o, simplemente, por pensar.
La oposición quiere un Parlamento que legisle y que controle al gobierno. Una Asamblea Nacional que no delegue sus funciones de manera irresponsable y sumisa. Una representación popular que interpele a los ministros, investigue irregularidades y censure a los responsables. Unos legisladores que discutan, propongan, argumenten y rectifiquen para finalmente aceptar la decisión de la mayoría, respetando los derechos de las minorías. Y, como si fuera poco, una Asamblea presidida por un parlamentario y no por un patán.
La oposición quiere esta bobería: que la justicia tenga los ojos vendados; que el Poder Judicial la imparta con sabiduría y sapiencia; que los jueces no oigan los dictados de nadie y que conozcan el derecho; unos magistrados que no tengan que temer la cárcel y el oprobio cuando decidan en contra de los poderosos; unas sentencias que protejan los derechos de los venezolanos, apliquen e interpreten la ley y que no la atropellen o pretendan modificarla; un Ministerio Público que no sea instrumento de venganza de nadie.
La oposición quiere una Contraloría que controle; que investigue las denuncias de corrupción; que sancione a los culpables; que no sea un instrumento político; que no inhabilite a nadie.
La oposición coincide en que la educación tiene que ser la primera prioridad, que todos deben tener acceso a ella; que los maestros y profesores tengan un sueldo digno; que los programas educativos no pretendan lavarle el cerebro a nadie; que las universidades recuperen la autonomía; que los estudiantes estudien para que la meritocracia deje de ser una mala palabra y vuelva a ser la puerta que se abre a los mejores.
La oposición propone volver a la libertad sindical, a la discusión de contratos colectivos, a los fueros que protegen a quienes dirigen a los obreros y campesinos, al ejercicio del derecho de huelga dentro del marco de la ley; devolver al trabajo su dignidad, eliminando las limosnas y el bachaqueo.
Toda la oposición coincide en que hay que respetar la libertad económica consagrada en la Constitución; nadie justifica o discute la incapacidad del gobierno en el manejo de las empresas expropiadas; todos coinciden en querer crecimiento económico, abastecimiento y empleo productivo con un sector privado grande, fuerte y sano.
La oposición quiere una Fuerza Armada apolítica, que esté al servicio de la nación y no de una parcialidad; que tenga el monopolio de las armas; que no tenga que obedecer a extranjeros; que los militares se dediquen a la defensa de la patria, a estar preparados para la guerra para que esta nunca ocurra; que sus componentes tengan los mejores equipos y que no se compre chatarra para que los vivos se enriquezcan; que Venezuela no tenga que soportar el desprecio y las amenazas de un generalote guyanés que sabe que nuestro Alto Mando recibe instrucciones de Cuba y que no tiene nada que temer cuando nos enseña los dientes.
Dirá alguno que con la democracia no se resuelven todos lo problemas y es verdad. Pero no solo se resuelven algunos muy importantes sino que se abre el camino para que, con una discusión libre, se proponga cómo conciliar las opiniones encontradas que sí existen y se resuelvan los demás.
La oposición sí tiene programa y en torno a él existe un total consenso.
(http://www.el-nacional.com/gustavo_tarre/oposicion-programa_0_647935428.html)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
