Lenin prêt-à-porter
Luis Barragán
Remanente de una ya vieja cultura política, las consabidas medidas anunciadas e inmediatamente ejecutadas por Maduro Moros, suscitaron la celebérrima denuncia de un tal paquetazo neoliberal que, por cierto, aguzó el ingenio de incontables ilustradores de los ’90 del ‘XX. A pesar de las evidencias, fuimos testigos de la reacción de ciertos sectores sorprendidos por su propio anacronismo.
Liberalización alguna de la economía, reporta una dictadura dispuesta a asfixiar cualesquiera iniciativas independientes a un Estado que, agigantándose, se reduce a sus sórdidas camarillas de conducción. Por lo demás, como dejó constancia la fracción parlamentaria del 16 de Julio, las decisiones son de un entero e inequívoco cuño político que, por supuesto, impacta a los más variados sectores de una sociedad de la más burda supervivencia, como aspira la dictadura.
El antecedente más visible de semejante disparate y atropello, nos remite al deliberado diseño e implementación de la llamada Nueva Política Económica, iniciada por la Rusia de Lenin, antes de la creación de la Unión Soviética, que provocó índices crecientes, espectaculares y consecutivos de hiperinflación, agravando la miseria y profundizando en la resignada desesperación de la población. Una persona amiga, pocos días atrás, nos impuso de las cifras espeluznantes que abrieron el trágico camino a los planes quinquenales de Stalin, quien literalmente eliminó a sus rivales en una contienda que solemos olvidar.
A lo sumo, creando condiciones para la repatriación de capitales sucios, el régimen que está triturando el siglo XXI, aspira a una fuente de financiamiento de cierta significación que tienda a reforzar a una nomenklatura infinitamente acaudalada, sideralmente distante de las inmensas mayorías sojuzgadas, empobrecidas y atemorizadas. Claro está, con cupo en la dirección partidista, tal como ocurrió con los sectores transitoriamente dinamizadores de la economía rusa en las filas bolcheviques de entonces.
Aspirando a la dislocación de todo lo que haya sobre la faz de la tierra, los leninistas a la medida de esta ahora saben muy bien que ya pasó la oportunidad para ensayar la receta, arriesgándose con una maniobra que también exige del encarecido vuelo y talento político para ejecutarla. Emerge con fuerza el descontento, la resistencia y la respuesta definitiva de los venezolanos que ya perdieron la paciencia, decididos a encaminarse hacia la libertad.
27 y 28/08/2018:
http://www.noticierodigital.com/2018/08/luis-barragan-lenin-pret-porter/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=107224
https://laprensareal.wordpress.com/2018/08/28/lenin-pret-a-porter-listo-para-llevar-por-luis-barragan-ventevenezuela/
Ilustración: Alexander Kosolapov.
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miércoles, 29 de agosto de 2018
miércoles, 6 de enero de 2016
domingo, 26 de abril de 2015
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Manuel Perfiles. "Grandes cacíques aborígenes venezolanos". El Farol, Caracas, nr. 4 de 10/1939.
- Eduardo Gallegos Mancera. "Lenin polémico y las polémicas de hoy". Tribunal Popular, Caracas, 19/02/88.
- Pablo Antillano. "El Estado y los medios de comunicación en Venezuela". El Nacional, Caracas, 17/10/76. Papel Literario.
- Américo Fernández. "La industrialización del país". Clarín, Caracas, 15/11/63.
Reproducción: Arturo Uslar Pietri, para una nota de Oropeza Ciliberto: "La nación: La crisis del ularismo (SIC)". Élite, Caracas, 26/02/1966.
- Eduardo Gallegos Mancera. "Lenin polémico y las polémicas de hoy". Tribunal Popular, Caracas, 19/02/88.
- Pablo Antillano. "El Estado y los medios de comunicación en Venezuela". El Nacional, Caracas, 17/10/76. Papel Literario.
- Américo Fernández. "La industrialización del país". Clarín, Caracas, 15/11/63.
Reproducción: Arturo Uslar Pietri, para una nota de Oropeza Ciliberto: "La nación: La crisis del ularismo (SIC)". Élite, Caracas, 26/02/1966.
sábado, 9 de agosto de 2014
PANEBARCO 2/10
EL NACIONAL, Caracas, 8 de agosto de 2014
De Marx a los bolcheviques: Un Reader’s Digest (y II)
Héctor Silva Michelena
Aleksandr Kérenski que había sucedido a Gueorgui Lvov, del Partido Constitucional Democrático (KD o kadete, liberal) actuó como el segundo y último primer ministro del Gobierno provisional instaurado tras la Revolución de Febrero, del cual era su figura principal, fue capaz de hacer fracasar el golpe del general Lavr Kornílov, pero no pudo evitar la Revolución de Octubre en la que los bolcheviques tomaron el poder. Estos primeros Gobiernos realizaron una amplia labor de reforma política, pero no resolvieron los problemas más importantes para la población: el fin de la guerra, la reforma agraria, los cambios en las condiciones de los obreros urbanos y las aspiraciones de las minorías. Kerenski liberó de la cárcel a los bolcheviques que habían participado en el golpe de Kornilov, y les proporcionó armas. Durante los siete meses del “gobierno provisional”, existió en Rusia un “poder dual”, ya que los soviets de Petrogrado (San Petersburgo) y Moscú, muy poderosos, incitaban a la subversión.
En las elecciones a los soviets celebradas el mes siguiente, los bolcheviques obtuvieron resultados impresionantes, lo que indicó a Lenin que había llegado el momento del golpe decisivo, y así fue. La decisión de tomar el poder se decidió en una reunión clandestina celebrada la noche del 23 al 24 de octubre de 1917. El golpe tuvo lugar el 7 noviembre (calendario gregoriano adoptado en 1918), que corresponde al 25 de octubre, según el calendario juliano, vigente en esa época. Cuando los bolcheviques se estaban preparando para asaltar el Palacio de Invierno, sede del Gobierno provisional, en el Palacio Smolny comenzaron las sesiones del Segundo Congreso de los Sóviets de los Representantes de Obreros y Soldados de Rusia. Del total de 670 delegados, 300 eran bolcheviques y unos 100 miembros del partido social-revolucionario de izquierda que también estaban a favor de derrocar al Gobierno provisional. Los demás delegados insistían en calificar de ilegítimo el asalto al Palacio de Invierno.
Lev Trotski dijo que eran “penosos individuos aislados” y les instó a marchar al “basurero de la historia”. Los que no estaban a favor de los bolcheviques abandonaron el Palacio Smolny. Unos cuantos días atrás, Lenin había lanzado su famosa consigna: “Todo el poder a los soviets”, que penetró rápidamente en los soviets urbanos de San Petersburgo (Petrogrado) y Moscú. Fue el soviet de San Petersburgo el que dio a Trotski el instrumento militar con el cual fue capaz de derribar el gobierno provisional, instalado en el Palacio de Invierno.
Cuando los bolcheviques se estaban preparando para asaltar el Palacio de Invierno, sede del Gobierno provisional, en el Palacio Smolny comenzaron las sesiones del Segundo Congreso de los Sóviets de los Representantes de Obreros y Soldados de Rusia. Del total de 670 delegados, 300 eran bolcheviques y unos 100 miembros del partido social-revolucionario de izquierda que también estaban a favor de derrocar al Gobierno provisional. Los demás delegados insistían en calificar de ilegítimo el asalto al Palacio de Invierno. Lev Trotski dijo que eran “penosos individuos aislados” y les instó a marchar al “basurero de la historia”. Los que no estaban a favor de los bolcheviques abandonaron el Palacio Smolny.
Lenin proclamó el triunfo de la revolución. El congreso aprobó un mensaje a todos los ciudadanos de Rusia en el que se anunciaba la caída del Gobierno provisional y la toma del poder por el sóviet de comisarios del pueblo. Lenin fue elegido su presidente, Trotski encabezó la comisaría de relaciones exteriores y Iósif Dzhugashvili, el nombre real de Stalin, se ocupó de las minorías étnicas.
Los bolcheviques estaban convencidos de que, con la toma del poder, la revolución se difundiría rápidamente por toda Europa. Lenin siempre tuvo una perspectiva internacionalista; para ese entonces, no aceptada la tesis de “la revolución en un solo país”. Karl Marx había sentenciado: “Es imposible la revolución en un solo país”. Y Engels, todavía más enfático: “La emancipación del proletariado no será posible más que como un acto internacional”. Cuando Lenin constató que la gran mayoría de los líderes socialistas habían apoyado a sus gobiernos nacionales en 1914, cuando estalló la Gran Guerra, los denunció como traidores a la causa y dedicó sus fuerzas a echar las bases de una nueva organización de revolucionarios socialistas. Después de apoderarse del poder, los bolcheviques resolvieron crear una Tercera Internacional. Cuando los delegados concurrentes se reunieron en Moscú en 1919, un levantamiento revolucionario en Berlín había sido aplastado, y sus líderes asesinados. Pero la gran mayoría de la clase obrera alemana quería, con toda evidencia, darle una oportunidad al liderazgo social demócrata de crear una nueva República alemana. Empero, para los líderes rusos todavía se avistaba cercana la revolución mundial.
Los bolcheviques formaron, de esta manera, la llamada Internacional Comunista, o Comintern, que se reunió en Moscú en julio de 1920; ya no se trataba de una reducida reunión de individuos o de representantes de pequeñas sectas, sino de un congreso de delegaciones provenientes de más de una docena de los mayores Partidos Comunistas europeos. Como resultado de esta reunión, se le entregó a los bolcheviques el control de la nueva Internacional, que rompió definitivamente con el movimiento socialista, a quienes acusaron de “social patriotas”, un herejía antimarxista. El Comintern quedó bajo la férula de los líderes rusos que exigían disciplina y obediencia revolucionaria. Hacia 1923, la tan esperada marea revolucionaria en Europa nunca se desarrolló. Más bien, Europa entró en una fase de relativa estabilidad económica y social. Después de la muerte de Lenin en 1924, los bolcheviques, bajo Stalin, comenzaron a utilizar los partidos sobre los cuales todavía ejercían un cierto dominio como instrumentos de la política exterior rusa. Aunque un líder de la talla de Trotski todavía creía (y murió creyendo) que la revolución mundial estaba en la agenda del Partido, su fe ya no era compartida por la mayoría del liderazgo ruso.
En el período de entre guerra se produce la ruptura total y agresiva de socialistas y comunistas. Los comunistas denunciaron por el mundo entero a los socialistas como “traidores sociales” que “objetivamente” estimulaban el sostenimiento del capitalismo. Los acusaron de haber repudiado el marxismo y traicionaron al socialismo internacional. Los socialistas replicaron enérgicamente demostrando los hechos dictatoriales del Estado soviético y acusaron a los comunistas de haber traicionado la tradición democrática socialista. El movimiento socialista europeo quedo irremediablemente dividido. La oposición fue tan agria que en las elecciones de 1932, los nazis ganaron el 33 por ciento de los votos, más que cualquier otro partido. En enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller con el apoyo de los comunistas, al partido nazi (los socialistas se opusieron). Los comunistas esperaban que la victoria nazi sería solo temporal y que, después las masas alemanas los seguirían a ellos. Su grito de batalla era: “Después de los nazis, nosotros”. El resultado final fue el desastre: tanto comunistas como socialistas fueron duramente perseguidos por los nazis, que habían ayudado al ascenso del fascismo.
Ahora nos preguntamos ¿cuál es el carácter del PSUV? Aplicando la frase de la Biblia: “Por sus obras los conocerías” (Mt 7,15-20). Ciertamente, los primeros siete años del gobierno de Chávez no definieron nunca con claridad el carácter de su “revolución bolivariana”, más bien hubo muchos vaivenes en el modelo económico, y la economía fue sometida a la política bajo el mando de Chávez pues la consolidación del poder político fue la guía de su gestión, y para eso ajustaba en una u otra forma el modelo económico. La pretensión de un Estado socialista se dibuja, al fin, después de muchas indefiniciones y esperas en el proyecto de reforma constitucional sometido a Referendo en diciembre de 2007 y derrotado. En el artículo 112 del citado proyecto se planteaba que, el Estado promovería una economía productiva, independiente, diversificada, fundada en valores humanísticos y la preponderancia de los intereses comunes sobre los individuales, todo ello con el objeto de crear las mejores condiciones para la construcción de una economía socialista. La propuesta fue derrotada en Referéndum, sin embargo, la propuesta fue introducida mediante leyes habilitantes y una enmienda constitucional aprobada en referéndum de 2009.
Se desarrolló entonces una estructura económica caracterizada por un capitalismo de Estado muy importante, una decreciente economía privada y un pequeño de economía social, que se aspiraba a extender. Así en su programa de gobierno presentado al CNE el 11 de junio de 2012 para las elecciones del 7 de octubre de ese año, titulado “Plan de la Patria”. Programa del Gobierno Bolivariano 2012-2019. Planteada una “radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso”. “para avanzar hacia el socialismo necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana”. Un párrafo importante es el siguiente: “La consolidación y el acompañamiento del Poder popular en el periodo 2013-2019 afianzaran la conformación de tres mil Comunas Socialistas, considerando un crecimiento anual aproximado de 450 Comunas, de acuerdo a las características demográficas de los ejes de desarrollo territorial. Esta Comunas agruparan 39.000 Consejos Comunales donde harán vida 4.680.000 familias, lo que representa 21.060.000 de ciudadanos. Es decir, que alrededor de 68% de los venezolanos en el años 2019 (30.550.479) vivirán en subsistemas de Comunas”. Finalmente, digamos que su última gran divisa política fue: ¡Comuna o nada! De esta manera Chávez trazo los rasgos de la Revolución Socialista Bolivariana.
Quedaban así definidos un Poder Público y un Pode Comunal. En la realidad, el Poder Público exacerbó su presencia e introdujo una maraña irrespirable de controles en toda la vida económica y social, que ataron el movimiento progresivo de la economía y la llevaron al profundo agujero económico en que hoy nos encontramos.
Celebrado el III Congreso del PSUV del 26 al 29 de julio de 2014, y entregado los documentos el 30 de julio a Nicolás Madura en el suntuoso Cuartel de la Montaña (tomado del poema de Neruda dedicado a Bolívar), se produjeron 32 resoluciones que el articulista de Aporrea Yuri Valecillo tituló adecuadamente, de “Infusiones para dormir”, no atacaron nada especial. Sin embargo, propusieron “transformar el partido en poderosa herramienta de lucha para superar la pobreza. Generar desde el Partido, en unos perfecta con el Gobierno Bolivariano, la estrategia de lucha”. También aprobaron “asumir plenamente, desde la practica revolucionaria el carácter cívico-militar de la Revolución Bolivariana Socialista”.
Es decir, se actuó con un típico partido marxista –leninista: una organización vanguardista, vertical, y en este caso unida a una oligarquía militar obcecada por la “enfermedad infantil del comunismo” (Lenin). Esta oligarquía es la verdadera dueña del poder. En conclusión, no se admitió que la crisis económica fue generada por las políticas tomadas y practicadas por el tándem Giordani/Chávez. No comprendieron que los profundos desequilibrios económicos son un signo claro del fracaso total del modelo diseñado por el “líder Eterno y presidente fundador” del Partido.
El Buró Político del PSUV (en verdad comunistas), en especial Maduro, Cabello y Jorge Rodríguez ignoraron que la historia ya había sentenciado el colapso del comunismo. Lean:
El ocho de diciembre de 1991 los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, ex repúblicas de la URSS de población eslava, se reunieron en el coto natural de Belovézhskaya Puscha para firmar un acuerdo que pusiera fin a la Unión Soviética y establecer la Comunidad de Estados Independientes (CEI), inicialmente percibida por muchos habitantes de la URSS como el mismo perro con distinto collar.
Pero muy pronto se dieron cuenta de que no era así. El veinte de diciembre el jefe de un Estado que ya no existía, Mijaíl Gorbachov, renunció a la Presidencia de la Unión Soviética y declaró la disolución de la misma. Inmediatamente después Gorbachov firmó un decreto por el que traspasaba el botón nuclear al jefe de las fuerzas armadas de la CEI, mariscal Yevgueny Sháposhinikov, ex ministro de defensa de la URSS. La entelequia creada por Marx quedo al desnudo: era una ilusión. Al tratar de imponerla por la fuerza, se convirtió en represión, crimen y terror.
De Marx a los bolcheviques: Un Reader’s Digest (y II)
Héctor Silva Michelena
Aleksandr Kérenski que había sucedido a Gueorgui Lvov, del Partido Constitucional Democrático (KD o kadete, liberal) actuó como el segundo y último primer ministro del Gobierno provisional instaurado tras la Revolución de Febrero, del cual era su figura principal, fue capaz de hacer fracasar el golpe del general Lavr Kornílov, pero no pudo evitar la Revolución de Octubre en la que los bolcheviques tomaron el poder. Estos primeros Gobiernos realizaron una amplia labor de reforma política, pero no resolvieron los problemas más importantes para la población: el fin de la guerra, la reforma agraria, los cambios en las condiciones de los obreros urbanos y las aspiraciones de las minorías. Kerenski liberó de la cárcel a los bolcheviques que habían participado en el golpe de Kornilov, y les proporcionó armas. Durante los siete meses del “gobierno provisional”, existió en Rusia un “poder dual”, ya que los soviets de Petrogrado (San Petersburgo) y Moscú, muy poderosos, incitaban a la subversión.
En las elecciones a los soviets celebradas el mes siguiente, los bolcheviques obtuvieron resultados impresionantes, lo que indicó a Lenin que había llegado el momento del golpe decisivo, y así fue. La decisión de tomar el poder se decidió en una reunión clandestina celebrada la noche del 23 al 24 de octubre de 1917. El golpe tuvo lugar el 7 noviembre (calendario gregoriano adoptado en 1918), que corresponde al 25 de octubre, según el calendario juliano, vigente en esa época. Cuando los bolcheviques se estaban preparando para asaltar el Palacio de Invierno, sede del Gobierno provisional, en el Palacio Smolny comenzaron las sesiones del Segundo Congreso de los Sóviets de los Representantes de Obreros y Soldados de Rusia. Del total de 670 delegados, 300 eran bolcheviques y unos 100 miembros del partido social-revolucionario de izquierda que también estaban a favor de derrocar al Gobierno provisional. Los demás delegados insistían en calificar de ilegítimo el asalto al Palacio de Invierno.
Lev Trotski dijo que eran “penosos individuos aislados” y les instó a marchar al “basurero de la historia”. Los que no estaban a favor de los bolcheviques abandonaron el Palacio Smolny. Unos cuantos días atrás, Lenin había lanzado su famosa consigna: “Todo el poder a los soviets”, que penetró rápidamente en los soviets urbanos de San Petersburgo (Petrogrado) y Moscú. Fue el soviet de San Petersburgo el que dio a Trotski el instrumento militar con el cual fue capaz de derribar el gobierno provisional, instalado en el Palacio de Invierno.
Cuando los bolcheviques se estaban preparando para asaltar el Palacio de Invierno, sede del Gobierno provisional, en el Palacio Smolny comenzaron las sesiones del Segundo Congreso de los Sóviets de los Representantes de Obreros y Soldados de Rusia. Del total de 670 delegados, 300 eran bolcheviques y unos 100 miembros del partido social-revolucionario de izquierda que también estaban a favor de derrocar al Gobierno provisional. Los demás delegados insistían en calificar de ilegítimo el asalto al Palacio de Invierno. Lev Trotski dijo que eran “penosos individuos aislados” y les instó a marchar al “basurero de la historia”. Los que no estaban a favor de los bolcheviques abandonaron el Palacio Smolny.
Lenin proclamó el triunfo de la revolución. El congreso aprobó un mensaje a todos los ciudadanos de Rusia en el que se anunciaba la caída del Gobierno provisional y la toma del poder por el sóviet de comisarios del pueblo. Lenin fue elegido su presidente, Trotski encabezó la comisaría de relaciones exteriores y Iósif Dzhugashvili, el nombre real de Stalin, se ocupó de las minorías étnicas.
Los bolcheviques estaban convencidos de que, con la toma del poder, la revolución se difundiría rápidamente por toda Europa. Lenin siempre tuvo una perspectiva internacionalista; para ese entonces, no aceptada la tesis de “la revolución en un solo país”. Karl Marx había sentenciado: “Es imposible la revolución en un solo país”. Y Engels, todavía más enfático: “La emancipación del proletariado no será posible más que como un acto internacional”. Cuando Lenin constató que la gran mayoría de los líderes socialistas habían apoyado a sus gobiernos nacionales en 1914, cuando estalló la Gran Guerra, los denunció como traidores a la causa y dedicó sus fuerzas a echar las bases de una nueva organización de revolucionarios socialistas. Después de apoderarse del poder, los bolcheviques resolvieron crear una Tercera Internacional. Cuando los delegados concurrentes se reunieron en Moscú en 1919, un levantamiento revolucionario en Berlín había sido aplastado, y sus líderes asesinados. Pero la gran mayoría de la clase obrera alemana quería, con toda evidencia, darle una oportunidad al liderazgo social demócrata de crear una nueva República alemana. Empero, para los líderes rusos todavía se avistaba cercana la revolución mundial.
Los bolcheviques formaron, de esta manera, la llamada Internacional Comunista, o Comintern, que se reunió en Moscú en julio de 1920; ya no se trataba de una reducida reunión de individuos o de representantes de pequeñas sectas, sino de un congreso de delegaciones provenientes de más de una docena de los mayores Partidos Comunistas europeos. Como resultado de esta reunión, se le entregó a los bolcheviques el control de la nueva Internacional, que rompió definitivamente con el movimiento socialista, a quienes acusaron de “social patriotas”, un herejía antimarxista. El Comintern quedó bajo la férula de los líderes rusos que exigían disciplina y obediencia revolucionaria. Hacia 1923, la tan esperada marea revolucionaria en Europa nunca se desarrolló. Más bien, Europa entró en una fase de relativa estabilidad económica y social. Después de la muerte de Lenin en 1924, los bolcheviques, bajo Stalin, comenzaron a utilizar los partidos sobre los cuales todavía ejercían un cierto dominio como instrumentos de la política exterior rusa. Aunque un líder de la talla de Trotski todavía creía (y murió creyendo) que la revolución mundial estaba en la agenda del Partido, su fe ya no era compartida por la mayoría del liderazgo ruso.
En el período de entre guerra se produce la ruptura total y agresiva de socialistas y comunistas. Los comunistas denunciaron por el mundo entero a los socialistas como “traidores sociales” que “objetivamente” estimulaban el sostenimiento del capitalismo. Los acusaron de haber repudiado el marxismo y traicionaron al socialismo internacional. Los socialistas replicaron enérgicamente demostrando los hechos dictatoriales del Estado soviético y acusaron a los comunistas de haber traicionado la tradición democrática socialista. El movimiento socialista europeo quedo irremediablemente dividido. La oposición fue tan agria que en las elecciones de 1932, los nazis ganaron el 33 por ciento de los votos, más que cualquier otro partido. En enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller con el apoyo de los comunistas, al partido nazi (los socialistas se opusieron). Los comunistas esperaban que la victoria nazi sería solo temporal y que, después las masas alemanas los seguirían a ellos. Su grito de batalla era: “Después de los nazis, nosotros”. El resultado final fue el desastre: tanto comunistas como socialistas fueron duramente perseguidos por los nazis, que habían ayudado al ascenso del fascismo.
Ahora nos preguntamos ¿cuál es el carácter del PSUV? Aplicando la frase de la Biblia: “Por sus obras los conocerías” (Mt 7,15-20). Ciertamente, los primeros siete años del gobierno de Chávez no definieron nunca con claridad el carácter de su “revolución bolivariana”, más bien hubo muchos vaivenes en el modelo económico, y la economía fue sometida a la política bajo el mando de Chávez pues la consolidación del poder político fue la guía de su gestión, y para eso ajustaba en una u otra forma el modelo económico. La pretensión de un Estado socialista se dibuja, al fin, después de muchas indefiniciones y esperas en el proyecto de reforma constitucional sometido a Referendo en diciembre de 2007 y derrotado. En el artículo 112 del citado proyecto se planteaba que, el Estado promovería una economía productiva, independiente, diversificada, fundada en valores humanísticos y la preponderancia de los intereses comunes sobre los individuales, todo ello con el objeto de crear las mejores condiciones para la construcción de una economía socialista. La propuesta fue derrotada en Referéndum, sin embargo, la propuesta fue introducida mediante leyes habilitantes y una enmienda constitucional aprobada en referéndum de 2009.
Se desarrolló entonces una estructura económica caracterizada por un capitalismo de Estado muy importante, una decreciente economía privada y un pequeño de economía social, que se aspiraba a extender. Así en su programa de gobierno presentado al CNE el 11 de junio de 2012 para las elecciones del 7 de octubre de ese año, titulado “Plan de la Patria”. Programa del Gobierno Bolivariano 2012-2019. Planteada una “radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso”. “para avanzar hacia el socialismo necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana”. Un párrafo importante es el siguiente: “La consolidación y el acompañamiento del Poder popular en el periodo 2013-2019 afianzaran la conformación de tres mil Comunas Socialistas, considerando un crecimiento anual aproximado de 450 Comunas, de acuerdo a las características demográficas de los ejes de desarrollo territorial. Esta Comunas agruparan 39.000 Consejos Comunales donde harán vida 4.680.000 familias, lo que representa 21.060.000 de ciudadanos. Es decir, que alrededor de 68% de los venezolanos en el años 2019 (30.550.479) vivirán en subsistemas de Comunas”. Finalmente, digamos que su última gran divisa política fue: ¡Comuna o nada! De esta manera Chávez trazo los rasgos de la Revolución Socialista Bolivariana.
Quedaban así definidos un Poder Público y un Pode Comunal. En la realidad, el Poder Público exacerbó su presencia e introdujo una maraña irrespirable de controles en toda la vida económica y social, que ataron el movimiento progresivo de la economía y la llevaron al profundo agujero económico en que hoy nos encontramos.
Celebrado el III Congreso del PSUV del 26 al 29 de julio de 2014, y entregado los documentos el 30 de julio a Nicolás Madura en el suntuoso Cuartel de la Montaña (tomado del poema de Neruda dedicado a Bolívar), se produjeron 32 resoluciones que el articulista de Aporrea Yuri Valecillo tituló adecuadamente, de “Infusiones para dormir”, no atacaron nada especial. Sin embargo, propusieron “transformar el partido en poderosa herramienta de lucha para superar la pobreza. Generar desde el Partido, en unos perfecta con el Gobierno Bolivariano, la estrategia de lucha”. También aprobaron “asumir plenamente, desde la practica revolucionaria el carácter cívico-militar de la Revolución Bolivariana Socialista”.
Es decir, se actuó con un típico partido marxista –leninista: una organización vanguardista, vertical, y en este caso unida a una oligarquía militar obcecada por la “enfermedad infantil del comunismo” (Lenin). Esta oligarquía es la verdadera dueña del poder. En conclusión, no se admitió que la crisis económica fue generada por las políticas tomadas y practicadas por el tándem Giordani/Chávez. No comprendieron que los profundos desequilibrios económicos son un signo claro del fracaso total del modelo diseñado por el “líder Eterno y presidente fundador” del Partido.
El Buró Político del PSUV (en verdad comunistas), en especial Maduro, Cabello y Jorge Rodríguez ignoraron que la historia ya había sentenciado el colapso del comunismo. Lean:
El ocho de diciembre de 1991 los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, ex repúblicas de la URSS de población eslava, se reunieron en el coto natural de Belovézhskaya Puscha para firmar un acuerdo que pusiera fin a la Unión Soviética y establecer la Comunidad de Estados Independientes (CEI), inicialmente percibida por muchos habitantes de la URSS como el mismo perro con distinto collar.
Pero muy pronto se dieron cuenta de que no era así. El veinte de diciembre el jefe de un Estado que ya no existía, Mijaíl Gorbachov, renunció a la Presidencia de la Unión Soviética y declaró la disolución de la misma. Inmediatamente después Gorbachov firmó un decreto por el que traspasaba el botón nuclear al jefe de las fuerzas armadas de la CEI, mariscal Yevgueny Sháposhinikov, ex ministro de defensa de la URSS. La entelequia creada por Marx quedo al desnudo: era una ilusión. Al tratar de imponerla por la fuerza, se convirtió en represión, crimen y terror.
PANEBARCO 7/10
El Nacional - Domingo 08 de Mayo de 2005 A/11
Marxismo-leninismo
El discurso del marxismo-leninismo no sirve para legitimar dictadores que sólo abandonan el poder cuando se les acaba la vida (Stalin), mientras que el leninismo funciona de maravilla para cuanta voluntad de poder absoluto ande por ahí. El poder algunas veces requiere de su vestimenta
Massimo Desiato
Es decir, la doctrina oficial del estalinismo. Porque Lenin no se decía a sí mismo marxista-leninista (no era megalómano) ; pero tampoco podía reconocerse sin más ni más como marxista, al romper con los textos de Marx y Engels en lo concerniente a la dictadura del proletariado.
Entonces, cuando alguien afirma que es marxista-leninista está simplemente afirmando que es en realidad estalinista (sería mejor decir un “seguidor de Stalin” ) una de las peores versiones del comunismo real.
No hay que sostener, como cierta clase de izquierda quiere dar a entender, que la verdadera alternativa a Stalin no fue el marxismo, ni Trotsky, ni Bujarin, sino Lenin. Por el contrario, Lenin fue la premisa y la condición de Stalin, y cuando el eurocomunismo en la década de los ochenta comienza la crítica del segundo, olvida por completo criticar al primero como el gran desertor del texto marxista. En palabras de Vittorio Strada: “Por esta razón, el marxismo oficial sigue siendo lo que es desde cuando se casó con el leninismo:
un obstáculo casi impenetrable para la investigación histórica y política, un instrumento de dominio y represión, posesión exclusiva de la cúspide de una jerarquía que logra arrojar su propia oscuridad mental hasta los niveles más bajos”.
Hay que llevar a cabo una crítica del leninismo precisamente para romper el guión que permite la fusión marxismo-leninismo como si se tratara de un mismo curso. Si bien esta crítica fue llevada a cabo por Rosa Luxemburg, también es cierto que no se trató de una crítica radical, pues aceptaba la revolución bolchevique mientras reivindicaba su opuesto, es decir, aquella democracia que la revolución de Lenin había inevitablemente aniquilado.
Recuerdo todo esto porque si Venezuela tiene que inventar el socialismo del siglo XXI sería bueno que explícitamente se dijera que esta nueva búsqueda nada quiere ni tiene que ver con el marxismo-leninismo. Ni con Lenin, ni con Stalin ni con cualquier otro gobernante en el mundo que los haya reivindicado o los use como fuente permanente de inspiración. Porque Lenin y Stalin rechazaron la democracia, mientras Marx no lo hizo (desde luego, Marx no constituyó un comunismo real.
Marx se quedó en los textos).
Insisto en recordar con Agnes Heller, entre muchos otros intérpretes, que el leninismo nació como oposición cada vez más clara e irreconciliable contra el movimiento socialdemócrata y marxista ruso de cuyo seno salió para reconocerse como “bolchevique” en oposición a “menchevique”.
La diferencia entre Marx y Lenin se reduce, para el formato de esta nota, como sigue. Para Marx el sujeto revolucionario se apropia del Estado para democratizarlo de punta a punta y, al así hacerlo, lo transforma de aparato de represión en dispositivo de liberación. Pero esto significa que no es suficiente apropiarse del Estado y ponerlo a andar, sino que hay que construir un nuevo Estado que “quiebre la estructura burocráticapolicial-militar a favor de la autogestión del pueblo”.
Como puede verse, para Marx Estado militar y autogestión no pueden ir juntos. Para Lenin sí. A tal punto que Lenin se apoderó del Estado pero no lo transformó. El Estado siguió siendo esa estructura “burocráticapolicial-militar” que al final terminó con Stalin quebrando la autogestión y traicionando la Revolución.
En palabras más sencillas:mientras el marxismo no es sinónimo de dictadura, el leninismo sí lo es. Y todavía más lo es el marxismoleninismo de Stalin, donde el “guión es abusivo”.
Uno se preguntará por qué el leninismo y el marxismo-leninismo han tenido tanta suerte, mientras el marxismo se quedó en letra muerta. La respuesta es, si se quiere, bastante sencilla:
el discurso del segundo no sirve para legitimar dictadores que sólo abandonan el poder cuando se les acaba la vida (Stalin), mientras que el primero funciona de maravilla para cuanta voluntad de poder absoluto ande por ahí. El poder algunas veces requiere de su vestimenta.
Para algunas cosas es pudoroso.
Resumiendo tenemos entonces:
1) la democracia representativa liberal burguesa; 2) la democracia radical marxista; 3) la dictadura marxista-leninista.
Si Venezuela parece haber descartado la primera opción, tiene que elegir entre 2 o 3. Si elige la democracia radical marxista, es bueno recordar que quien guía la suerte del país cambia periódicamente.
Si elige el marxismoleninismo, el líder no cambia nunca. Pero en ese caso no se habrá inventado nada nuevo.
Marxismo-leninismo
El discurso del marxismo-leninismo no sirve para legitimar dictadores que sólo abandonan el poder cuando se les acaba la vida (Stalin), mientras que el leninismo funciona de maravilla para cuanta voluntad de poder absoluto ande por ahí. El poder algunas veces requiere de su vestimenta
Massimo Desiato
Es decir, la doctrina oficial del estalinismo. Porque Lenin no se decía a sí mismo marxista-leninista (no era megalómano) ; pero tampoco podía reconocerse sin más ni más como marxista, al romper con los textos de Marx y Engels en lo concerniente a la dictadura del proletariado.
Entonces, cuando alguien afirma que es marxista-leninista está simplemente afirmando que es en realidad estalinista (sería mejor decir un “seguidor de Stalin” ) una de las peores versiones del comunismo real.
No hay que sostener, como cierta clase de izquierda quiere dar a entender, que la verdadera alternativa a Stalin no fue el marxismo, ni Trotsky, ni Bujarin, sino Lenin. Por el contrario, Lenin fue la premisa y la condición de Stalin, y cuando el eurocomunismo en la década de los ochenta comienza la crítica del segundo, olvida por completo criticar al primero como el gran desertor del texto marxista. En palabras de Vittorio Strada: “Por esta razón, el marxismo oficial sigue siendo lo que es desde cuando se casó con el leninismo:
un obstáculo casi impenetrable para la investigación histórica y política, un instrumento de dominio y represión, posesión exclusiva de la cúspide de una jerarquía que logra arrojar su propia oscuridad mental hasta los niveles más bajos”.
Hay que llevar a cabo una crítica del leninismo precisamente para romper el guión que permite la fusión marxismo-leninismo como si se tratara de un mismo curso. Si bien esta crítica fue llevada a cabo por Rosa Luxemburg, también es cierto que no se trató de una crítica radical, pues aceptaba la revolución bolchevique mientras reivindicaba su opuesto, es decir, aquella democracia que la revolución de Lenin había inevitablemente aniquilado.
Recuerdo todo esto porque si Venezuela tiene que inventar el socialismo del siglo XXI sería bueno que explícitamente se dijera que esta nueva búsqueda nada quiere ni tiene que ver con el marxismo-leninismo. Ni con Lenin, ni con Stalin ni con cualquier otro gobernante en el mundo que los haya reivindicado o los use como fuente permanente de inspiración. Porque Lenin y Stalin rechazaron la democracia, mientras Marx no lo hizo (desde luego, Marx no constituyó un comunismo real.
Marx se quedó en los textos).
Insisto en recordar con Agnes Heller, entre muchos otros intérpretes, que el leninismo nació como oposición cada vez más clara e irreconciliable contra el movimiento socialdemócrata y marxista ruso de cuyo seno salió para reconocerse como “bolchevique” en oposición a “menchevique”.
La diferencia entre Marx y Lenin se reduce, para el formato de esta nota, como sigue. Para Marx el sujeto revolucionario se apropia del Estado para democratizarlo de punta a punta y, al así hacerlo, lo transforma de aparato de represión en dispositivo de liberación. Pero esto significa que no es suficiente apropiarse del Estado y ponerlo a andar, sino que hay que construir un nuevo Estado que “quiebre la estructura burocráticapolicial-militar a favor de la autogestión del pueblo”.
Como puede verse, para Marx Estado militar y autogestión no pueden ir juntos. Para Lenin sí. A tal punto que Lenin se apoderó del Estado pero no lo transformó. El Estado siguió siendo esa estructura “burocráticapolicial-militar” que al final terminó con Stalin quebrando la autogestión y traicionando la Revolución.
En palabras más sencillas:mientras el marxismo no es sinónimo de dictadura, el leninismo sí lo es. Y todavía más lo es el marxismoleninismo de Stalin, donde el “guión es abusivo”.
Uno se preguntará por qué el leninismo y el marxismo-leninismo han tenido tanta suerte, mientras el marxismo se quedó en letra muerta. La respuesta es, si se quiere, bastante sencilla:
el discurso del segundo no sirve para legitimar dictadores que sólo abandonan el poder cuando se les acaba la vida (Stalin), mientras que el primero funciona de maravilla para cuanta voluntad de poder absoluto ande por ahí. El poder algunas veces requiere de su vestimenta.
Para algunas cosas es pudoroso.
Resumiendo tenemos entonces:
1) la democracia representativa liberal burguesa; 2) la democracia radical marxista; 3) la dictadura marxista-leninista.
Si Venezuela parece haber descartado la primera opción, tiene que elegir entre 2 o 3. Si elige la democracia radical marxista, es bueno recordar que quien guía la suerte del país cambia periódicamente.
Si elige el marxismoleninismo, el líder no cambia nunca. Pero en ese caso no se habrá inventado nada nuevo.
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lunes, 11 de abril de 2011
DE LA TINTA BÉLICA
De acuerdo a los entendidos, Samuel Huntington es un clásico. El título graficado ofrece también una perspectiva de la corporación castrense, la que - después - llegó al soldado universal y se ha hecho guerra de las civilizaciones. Como vemos, ya la descarga se encuentra en la red de redes, debidamente ejemplificada una dirección. Empero, deseamos poner de relieve la frecuente exhibición del libro en las vitrinas venezolanas, ya no tan obvia no sólo por la vieja data de la edición, sino por los rigores del control de cambio que afecta nuestra actualidad bibliográfica (aunque sobran los libródomos de auto-ayuda "pirateados"). Salvo el celebérrimo pasillo de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, con su más "reciente" edición, o - acaso - un atisbo demasiado excepcional en el remate de libros de la avenidad Fuerzas Armadas de Caracas, no se encuentran los clásicos huntingtonianos con facilidad. Valga indicar la también recurrente exposición de otros títulos, como los ilustrados. Aparentemente, la llamada literatura militar no tuvo tropiezos para lucirse. Incluso, desde la otra acera del análisis. Es evidente que, según los intereses de promoción y hasta de representación política en Venezuela, las editoriales en lengua extranjera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y de la República Popula de China, aportaban lo suyo en nuestro país también en el ámbito militar. En un caso, la Editorial Progreso desapareció junto a la URSS y la casa editorial, sus máquinas y mercados, debió reconvertirse hasta definitivamente quedar borrada de la faz de la tierra, o - casi lo mismo - en manos de las mafias rusas. En otro caso, ya la prioridad es la exportación de otras cosas, quedando Mao como un símbolo que se diluye lenta, pero seguramente.
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martes, 21 de diciembre de 2010
piccoladas

EL NACIONAL - Sábado 04 de Diciembre de 2010 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Aprender del Testamento de Lenin (I)
JAVIER BIARDEAU R.*
Entre las "pequeñas anécdotas" de la historia de las revoluciones, puede llegar a ser significativo pasearse por el llamado Testamento de Lenin; documento indispensable para un balance crítico de inventario de las transiciones históricas al socialismo, incluida la llamada "Revolución Bolchevique".
Mientras en Venezuela se siguen repitiendo en algunos espacios los estribillos de la "gloriosa revolución bolchevique", parece olvidarse la historia de sus sombras, lunares, tragedias y desastres. Se calca y copia una "fraseología revolucionaria", asumiendo la impostura ideológica como señal de identidad política. Algunos "loros" refractan ecos y frases de Lenin a los cuatro vientos, otros del Che, otros círculos rociados de cierta metástasis organizativa, rinden tributo a Trotsky, y algunos sinvergüenzas copian a Stalin. Eso es lo que llaman "formación ideológica revolucionaria", camaradas. Que el pueblo aprenda a gobernarse. Ese planteamiento se lleva por los cachos a Lenin, Trotsky, Stalin, Fidel y el Che. Un amigo mío, cuyo nombre es paradójicamente Stalin (ni Rivas ni Borges), me dice que ese momento de debatir el personalismo-caudillismo de la dirección política no llegará. El guión parece ser otro. El culto reaccionario a los héroes, por un lado, y a masas arrastradas por la audacia y genialidad del caudillo, sigue presente en el imaginario político.
Sin embargo, entre el Testamento de Lenin y el "auténtico legado leninista" del informe secreto, hay también algunas trampas interpretativas o, si se prefiere, hermenéuticas.
El maoísmo, en aquel entonces, cuestionó a Nikita y a toda su banda de "revisionistas" por poner en entredicho, obviamente, la línea y cadena de mando que dictaba la formula: líder-comité centralpartido-Estado-masas.
La izquierda cavernaria venezolana ha mostrado ser la refracción de ecos ideológicos, con una fuerte dosis de "efecto demora" de mediana duración. Es como si afirmáramos que el debate entre el Che y Bettelheim sobre el "cálculo económico" fuera el quid del asunto para construir el socialismo en las actuales circunstancias. Si así fuese, ¿qué es lo que pasó y pasa en Cuba con el legado teórico del Che y con la política económica de la Revolución Cubana? En eso les llevan una morena histórica los que fundaron el PRV en México, los que construyeron el PRP o el primer PDN en el país. Aquellos sabían qué significaba una asamblea constituyente. A nosotros parece que se nos olvidó ya. Esas generaciones al menos trataron de configurar rupturas intelectuales y éticopolíticas. Construyeron cierta fuerza hegemónica. Pero, ¿cuál revolución se construirá repitiendo fraseologías, esquematismos, doctrinarismos que ya no hacen vibrar esperanza revolucionaria alguna? Hay quienes suponen que el término "revolución democrática" fue un invento de Betancourt para distraer a la izquierda revolucionaria.
Leamos el Testamento de Lenin. Allí hay claras indicaciones contra el burocratismo, hay muchos reconocimientos que enseñarían a nuestros cavernarios cómo problematizar, qué cosa es una revolución sin una dirección política en la cual se haga presente la fuerza organizada de una clase trabajadora. Mientras estallaban las disputas por la sucesión de Lenin, se trastocaba la política de la Internacional Comunista y del propio partido comunista de la URSS, aquí se ensayaba una particular apropiación-recepción del marxismo. ¿Cuál marxismo? Ciertamente, no el de Marx, por cierto. Pequeño detalle.
Luego nos enteraremos de la complejidad del continente Marx. Obra abierta, crítica e inconclusa, además insuficiente y en aspectos centrales: ya sin vigencia. Oh, terror...
Léase bien, hay que ir más allá de Marx y de toda la tradición de los muertos. Hay que apostar por saberes y teorías críticas para imaginar y pensar transiciones poscapitalistas De eso tratan las revoluciones. Ya no basta decir de manera grandilocuente: "Sin teoría revolucionaria no habrá praxis revolucionaria".
Malas noticias. El asunto es preguntarse, ¿y ese archivo de prácticas y discursos, del que tanto nos jactamos? ¿Es hoy revolucionario?
EL NACIONAL - Sábado 11 de Diciembre de 2010 Opinión/7
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Aprender del Testamento de Lenin (II)
"Estoy buscando los huesos de tu padre pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo".
Diógenes de Sínope a Ale- jandro "el Magno".
JAVIER BIARDEAU R.*
He planteado que entre las "pequeñas anécdotas" de la historia de las revoluciones, puede llegar a ser significativo pasearse por el llamado Testamento de Lenin; documento básico para realizar un balance crítico de inventario de las experiencias de transición histórica al socialismo, durante la Revolución Bolchevique.
El 21 de enero de 1924, fallece en Gorki el líder histórico y fundador del Partido Bolchevique.
El estalinismo ya planteaba una lucha frontal y sin cuartel contra el trotskismo; era necesario cerrar las filas del partido en torno al comité central.
Efectivamente, había muerto físicamente Lenin en 1924, pero transcurría el juicio político para liquidar simbólicamente a Trotsky, hecho que sigue siendo muy fuerte en 1956. Por cierto, un fenómeno que llega hasta la actualidad. Trate de investigar si Trotsky fue alguna vez rehabilitado en algún sector de la URSS, incluso durante la etapa del llamado Glasnot. Malas noticias. Trotsky es una "mala palabra". El nombre Trotsky era pronunciado en la URSS de Gorbachov como un insulto mucho mayor que el de Stalin.
Por cierto, no se trata de justificar ninguna nostalgia reverente por Trotsky y el trotskismo. Ya he criticado los límites del imaginario jacobino-blanquista para construir una revolución socialista profundamente democrática. La problemática viene de lejos. Y el destino de Lenin enseña las sombras que se pueden activar cuando no hay un real debate sobre el ejercicio autoritario del poder.
Todos estos acontecimientos luego de la muerte de Lenin condicionarán los procesos de apropiación-recepción de la experiencia de la Revolución Bolchevique por parte de los llamados "marxistas revolucionarios" de América Latina y el Caribe.
Sin saberlo o no, la huella del estalinismo estaba presente en el archivo de discursos y prácticas que codificaron el "marxismo oficial" en estas coordenadas espacio-temporales.
De este modo, es posible comprender, para poner un ejemplo, algunas de las razones que llevaron al marxismo soviético a cuestionar a José Carlos Mariátegui, por ejemplo, como un "populista" latinoamericano.
Así como Marx manejó las peores fuentes históricas en el Museo Británico de Londres para estudiar (y también estigmatizar) el pensamiento y acción de Simón Bolívar, el marxismo soviético analizó y valoró negativamente la obra del amauta de la revolución indoamericana.
Uno podría pensar que a falta de coraje en su oportunidad debida, lo mejor es la cobardía oportuna. ¿Cuál coraje? El de concebir el socialismo como una revolución democrática permanente, una democracia social, económica y cultural, no acotada a los límites de la democracia liberal.
Allá aquellos con sus lealtades ciegas. Frente a un ser humano que "...se le supone dotado de un conocimiento inagotable, de una visión extraordinaria, de un poder de pensamiento que le permite prever todo, y, también, de un comportamiento infalible", hay que aplicarle la vieja anécdota del encuentro entre Alejandro Magno y el filósofo Diógenes de Sínope: Mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, Alejandro Magno, interesado en conocer al famoso filósofo, se le acercó y le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes le respondió: "Sí, tan sólo que te apartes porque me tapas el sol". Los cortesanos y acompañantes se burlaron del filósofo, y le dijeron que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Alejandro cortó sus risas diciendo: "De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes". En otra ocasión, Alejandro encontró al filósofo mirando atentamente una pila de huesos humanos.
Diógenes dijo: "Estoy buscando los huesos de tu padre pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo".
Iguales entre iguales, diferentes entre diferentes, comunes entre comunes. Sin rendirle culto a ninguna "autoridad omnipotente". Insumisión del espíritu. Allí está la clave de cualquier revolución.
*Universidad Central de Venezuela
EL NACIONAL - Sábado 18 de Diciembre de 2010 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Aprender del testamento de Lenin (III)
JAVIER BIARDEAU R.*
Entre las lecciones del llamado Testamento de Lenin hay una esencial. La falta de coraje en la oportunidad debida para cuestionar radicalmente todos aquellos aspectos, dimensiones o elementos que impidan construir una cultura democrática y revolucionaria de izquierdas termina reforzando una forma de cobardía oportunista, que no permite atrapar a tiempo las condiciones subjetivas y objetivas que propenden a reforzar un estilo político, económico, comunicacional y cultural autoritario-despótico de ejercicio del poder en las revoluciones realmente existentes.
En vez de la radicalización democrática, tenemos el culto a la personalidad, el sectarismo, el partido-maquinaria, el burocratismo, nuevas formas de privilegio político y económico, el doctrinarismo de izquierda y su seguidismo ideológico.
Se fortalece entonces la separación entre democracia y socialismo, con la cual se vacía de protagonismo popular el proceso revolucionario. Uno de los aspectos más prometedores de la revolución nacional-popular que aparece en el continente es redefinir el socialismo como una revolución democrática permanente, una democracia radical, deliberativa, participativa, social, económica y cultural, no acotada a los límites de la democracia liberal.
Pero ir más allá de la democracia liberal no consiste en recaer en menos democracia y más despotismo. También el nazismo y el fascismo criticaron el liberalismo democrático. El asunto es no confundir esa crítica de derecha con la crítica socialista a los límites de la democracia liberal.
En fin, el horizonte más amplio es concebir una forma de vida en la cual llegamos a ser iguales entre iguales, diferentes entre diferentes, comunes entre comunes. Sin rendirle culto a ninguna "autoridad omnipotente", distribuyendo el poder en tal medida que se impida efectivamente el monopolio de poder económico, político, ideológico o cultural. Insumisión del espíritu y del cuerpo, de la palabra y la acción. Allí está la clave de cualquier revolución, como emancipación social de singularidades que construyen lo común.
El archivo de prácticas y discursos legadas por las tradiciones hegemónicas de izquierda no se ha separado definitivamente del imaginario jacobino-blanquista para lograr construir una revolución socialista profundamente democrática. El asunto se resume en lo siguiente: no hay revoluciones por decreto. La problemática viene de lejos.
La revolución bolchevique es sólo un ejemplo. Y el destino de Lenin enseña las sombras que se pueden activar cuando no hay un real debate sobre el ejercicio burocrático-despótico del poder.
Sin saberlo o no, la huella del estalinismo ha estado presente en el archivo de discursos y prácticas que codificaron el "marxismo oficial" en estas coordenadas espacio-temporales. Requerimos recrear mucho más a un José Carlos Mariátegui y a todos aquellos que interpretaron el pensamiento revolucionario marxiano de manera abierta, crítica y heterodoxa, por ejemplo, que a los repetidores del "marxismo soviético" y de esa entelequia llamada "comunismo científico". Se requiere crear nuevos saberes, conocimientos y enfoques que superen toda la tradición heredada de la teoría crítica anticapitalista. Sin eurocentrismos, sin productivismos, sin consumismos, sin desarrollismos, sin estatismos, sin aparateros, sin racismo ni explotación ni opresiones múltiples.
Podríamos culminar diciendo que de las acusaciones de "desviaciones ideológicas" a la sentencia de los "enemigos del pueblo", está empedrado el "camino del infierno". Un infierno histórico llamado despotismo burocrático.
¿Aprenderemos a no repetir todos estos graves errores? Culto a la personalidad, burocratismo, intrigas del poder, ausencia de democracia, sectarismo, carencia de articulación de lo político, lo científico-técnico y lo administrativo, reconocimiento de las nacionalidades oprimidas, omnipotencia del partido-aparato, resolución represivo-policial de las diferencias de opinión...
El socialismo democrático participativo para el siglo XXI merece ser otra cosa.
Ilustración:
Piccolo Lenin - 1978 / Daniele Panebarco
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martes, 30 de noviembre de 2010
de la falsa acuñación

Una enfermedad senil
Luis Barragán
El ciudadano presidente nacional del gobernante PSUV no exhibe – precisamente – una argumentación ideológica que, por lo menos, guarde alguna correspondencia con la revolución que dice propulsar. Empleando los lugares comunes que, por ironía, ya dejaron de serlo, etiqueta y llama la atención sobre la más desavisada aún opinión pública en torno a las fuerzas que se medirán dramáticamente en el parlamento. Resumen de toda bondad, la autocalificación es un grito de guerra: representan a la ultraizquierda a la que, por si faltara poco, se le pide una mayor radicalización, frente a la maldita ultraderecha que no se rinde más por comprensión o piedad de aquellos que por los cañonazos recibidos.
Ahora resulta que el suscrito, modesto parlamentario electo, suplente por el estado Aragua, pertenece a las más pura expresión reaccionaria que, para rematar, es hasta clásica manifestación de los llamados “wasp”. Nomenclatura de ocasión, el ideólogo y romántico guerrillero de juventud, autor de pésimos panfletos traumáticamente breves y cobrador puntual de sus marciales quincenas casi toda la vida, no sabe qué diablos es el ultraizquierdismo. Empero, sus colaboradores sabedores del asunto, lo celebran porque equivale a eso que llaman la antipolítica, y que Chávez Frías explotó y explota hasta la saciedad, motor de todas sus ambiciones.
En la red de redes hay textos completos de Vladimir Lenin sobre el izquierdismo como enfermedad infantil del comunismo, aunque algún día será más fácil de hallar aquel folleto de Radamés Larrazábal sobre los ultrosos de finales de los setenta. Bastará con leer uno y otro para descubrir la enfermedad senil del régimen que, mediante frases tan infelices, trata de sobrevivir a toda costa.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2010/11/una-enfermedad-senil/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=714391
Ilustración:
Lenin, según Daniele Panebarco
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