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domingo, 1 de abril de 2018

HISTRIONISMO ESTRUCTURAL

Farandulizar lo que queda
Luis Barragán


Extendido el asueto por la dictadura, como suele interesarle en sus magnos esfuerzos de distracción, las redes sociales reportaron el aparente incidente de la irrupción de una delegación oficialista a las sesiones de la Unión Interparlamentaria Mundial (UIM). Las gráficas dieron cuenta, puertas afuera, puertas adentro, de los tales-constituyentistas que reclamaron su participación en la instancia, procurando y logrando, según las agencias noticiosas de la dictadura, neutralizar a la derecha que acudió a San Petersburgo para mentir.

En cuestión de pocas horas, hubo un dime y direte entre la delegación de la Asamblea Nacional, por cierto, de la que ausentaron o  estuvo ausente la Fracción Parlamentaria 16 de Julio, y la delegación de la fraudulenta constituyente que se coló para los selfies de rigor. Al parecer, finalmente, la sesión que, suponemos, de tan extensa agenda y nutridas representaciones, aprobó la moción venezolana de sus reconocidos integrantes, dejando a la escasa imaginación del oficialismo la habitual victimización para una rueda de prensa que, faltando poco, los mostró con un nada sufrido gesto en sus rostros.

Versamos, en propiedad, sobre un fenómeno que Antenor Viáfara Márquez ha denominado como teatralidad del juego político (*), cultivando las escenas más artificiales y superfluas, capaces de esconder las realidades más genuinas y también atroces. Farandulizado, el pretendido debate está centrado en las maniobras de participación de una delegación que no pertenece a la UPM, frente a la resistencia de quienes considera mentirosos, porque la Asamblea Nacional sigue funcionando, con todo lo que tiene de anecdotario para un viaje de ultramar.

Faltando poco, circula un video en que los tales-constituyentistas instalan un tal comité internacional en la sede de una embajada europea, como si ésta fuese una seccional o sucursal del PSUV. Los ilustres viajeros, quemadores insignes de las divisas que tanta falta hacen en Venezuela, tomaron el juramento a los presentes, añadidos los funcionarios diplomáticos a los que, se dijo alguna vez, se les paga con retraso, aunque – en última instancia – se saben en una privilegiada posición que no ha derivado de un concurso público y riguroso, como de las posibilidades de apostar por un exilio confortable,  si no, de un urgido asilo ante el horizonte nada optimista que les ofrece el país de regresar, arrepentidos o no, de su militancia.

Episodio efímero el de la UIM, habla muy bien de la catadura, naturaleza, características y alcances de un régimen capaz de contaminar las más variadas aceras. Quizá, una consecuencia y un modo lógicos de realizar la antipolítica, farandulizando lo que queda.

(*) En: AA. (2018) “Entre el ardid y la epopeya. Uso y abuso de la simbología chavista”. Negro Sobre Blanco, Caracas: 121-149.

02/04/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/04/farandulizar-lo-que-queda-por-luis-barragan-luisbarraganj/

martes, 27 de marzo de 2018

CUADERNO DE BITÁCORA

Hay circunstancias noticiosas que rozan, definitivamente, la anécdota. Ésta inspira un affaire de ocasión, susceptible de generar un escándalo político que, en buena lid, no es superior a la de otros que pugnan por emerger, reprimidos en ambas aceras.

La sesión de la Unión Parlamentaria, fue el escenario palpable de la teatralidad política que, en el libro "Entre el ardid y la epopeya", extensamente comentado en este blog, se ha construido. De  un lado, el oficialismo que se desea parte del organismo internacional, va con sus pasos constituyentes para rebotar, sin temor al ridículo.

La dictadura busca a todo trance, victimizarse. Empero, la estampa es demasiado lamentable: enfundados en buenos abrigos, los de siempre, quienes antes y ahora acaparaban la representación asamblearia en la UIM, ahora pugnan por hacer uso de ella. ¿Cuánto costará ese viaje en cambote que, además, tratándose de los personajes,  quizá importando un blego la tal constituyente, reciben el apoyo militante de embajadas y consulados, cuyos titulares bregan por un ascenso, un gesto de protección burocrática, algún favor? Entonces, ese viaje en cambote, declarado públicamente, nos impone de los tales-constituyentes que son más iguales que los otros, avispados al asomarse y lograr la diligencia internal y, formidable pretexto por delante, los hace capaces de viajar, pasear y disfrutar del viejo continente de caminos alfombrados tan trillados, mientras el país está en la bancarrota.

Del otro, aún siendo parlamentarios, apenas nos enteramos de esa sesión para la cual hay que tener con qué viajar, hospedarse y librar tan arriesgadas batallas. La Fracción 16 de Julio, ni siquiera, fue consultada. No se diga que el asunto es de principales, porque la terna incluye a suplentes.  Entonces, tratamos de la perfección teatral del régimen.

En uno de los fondos, está el modo de hacer política en la oposición. Hay una instancia que, por precaria que fuese, lo revela.

Post-data (27/03/18): Horas más tarde, Twitter está bañado por la gráfica de un integrante de la tal-constituyente en la plenaria de la instancia internacional. ¿Participó activamente, se colándose con habilidad en la sala, o, en medio de algún receso, se aventuró y departió con los vecinos, ocupando la butaca que los opositores venezolanosabandonaron?

A estas alturas de la vida, las escenas dan vergüenza. El episodio, además, ocurre a miles de kilómetros del epicentro del hambre, la censura y la represión que es Venezuela. A nadie puede extrañar la conducta de los gubernamentales que incurren en una maniobra infantil sólo de vocación, de fatua vocación propagandística. El retroceso es monumental del modo de hacer política. ¿Cómo es posible llegar a esto? Un "esto" que lo hacen con divisas irrecuperables para el país.

Post-data (29/03/18):  Días más tarde, de nuevo las redes saben del evento parlamentario. La plenaria de la Unión Interparlamentaria alude al caso venezolano. Presumimos, siendo tan nutrido el número de sus integrantes yel temario de discusiones, tampoco es que el organismo se estremece por un caso ya conocido. Lo cierto es que la diligencia de la delegación oficialmente admitida y acreditada de venezolanos, logró el éxito de un pronunciamiento importante, por retórico que fuese, aunque habría que preguntarse sobre las posibilidades reales  de ejercer una diplomacia que fuese más allá de la aprobación del documento, por los costos económicos que implica la movilización allende los mares y la competencia desleal del personal de la embajada más cercana. O, a lo mejor, nunca se planteó tan serísimo objetivo, en una u otra acera.

En fin, creemos que este caso tan  efímero y ya irrelevante al compararlo con otros, como el llamado reiterado aun diálogo suplicante, cuadra muy bien con  la noción de teatralidad polítcca aportada por Antenor Viáfara Márquez (http://lbarragan.blogspot.com/2018/03/entre-el-ardid-y-la-epopeya-2.html): el juego en la superficie, los papeles (auto) asignados, teniendo por escenario las redes. Tendrá equivalentes con miles de casos suscitados con los viejos medios, como la radio y la televisión, pero nunca con la ventaja auspiciosa y veloz de las redes sociales. Por ello, frases tan cínicas, como las recientes de Maduro (aquellas que hablan de su indignación por  las personas perseguidas por sus ideas que ya no recordamos cuáles), encuentran un cómodo cupo para el colesterol político, ante nuestra generalizada y resignada indiferencia.

(LB)

lunes, 26 de marzo de 2018

ENTRE EL ARDID Y LA EPOPEYA (2)

Teatralidad política
Luis Barragán


Circula una extraordinaria compilación de trabajos, dirigida por Luis Alberto Buttó y José Alberto Olivar: “Entre el ardid y la epopeya. Usos y abusos de la simbología en el imaginario chavista” (Negro Sobre Blanco, Caracas, 2018).  Yendo más allá de la interpretación convencional,  la reflexión va al fondo de una realidad hábilmente enmascarada, reivindicando a la academia constructiva y eficaz.

Midgalia Lezama, a quien tuvimos la suerte escuchar en unas recientes jornadas realizadas en la Universidad Católica Andrés Bello, aporta un sólido texto, “Enseñar historia en revolución. Análisis de las propuestas de transformación curricular en Educación emanadas del MPPE 2007-2017)  [81-120]. Guarda una exacta correspondencia con el muy sugestivo de Antenor Viáfara Márquez, “Las coordenadas populistas y fascistas del chavismo. Un mito simbólico de poder” [121-149].

El régimen ha intentado y también logrado reconstruir la memoria colectiva y las identidades [92, 96], realizando un propósito firme y deliberado, como es el de fomentar una apreciación histórica acrítica, maniquea, descontextualizada, instrumental, dicotómica y simplista [80, 97, 108 s.], que “legitima y sustenta a una parcialidad política que detenta el poder” [111]. Por ello, Lezama estudia el diseño curricular de Educación Media General del Ministerio del Poder Popular para la Educación, legitimando y afianzando el proceso que ocupa el siglo, procurando de la escuela comunitaria – según la prédica – un espacio de resistencia cultural, formación para el trabajo, participación política y lucha contra la exclusión social [93].

El asunto cuadra muy bien con una noción, como la de la teatralidad del juego político, fundada en la emoción y el afecto, cuasi-reigioso, cimentando una  ilusión de auto-poder (popular), fiel retrato del chavismo de intensa explotación de los símbolos patrios [123, 131 s., 139, 147]. Viáfara Márquez le concede, así, la originalidad y singularidad de un modelo de rancios rasgos populistas, de un fascismo tropicalizado, cuya jefatura política explica o dice explicar una gesta heroica, internándonos en el terreno de la política y la cultura, la anomia y los símbolos de la redención [122 ss.], permitiendo interiorizar las (actuales) relaciones de poder [141].

Relaciones que, después de fracasada la consabida reforma constitucional, violentando el resultado de la consulta referendaria, consagró  la promulgación de la Ley Orgánica de Educación, la tristemente célebre resolución 058 y el llamado Plan de la Patria 2013-2019, por ejemplo. Luce interesante la compaginación de ambos autores, ya que, entendido el chavismo como una experiencia de la antipolítica, “allí se curten los miedos, las resistencias, las afinidades que van girando hacia la oclocracia, hacia un autoritarismo revestido de democracia y de un socialismo que tuerce el pluralismo social y aplasta la conciencia de las masas” [84, 148].

Del ininteligible socialismo del siglo XXI, una “ilusión fantasmal” [148],  surge un líder weberiano, mesiánico y referente de toda lealtad revolucionaria [133], en medio del oscurecimiento de la sociedad polarizada, portador de  una “nostalgia enfermiza por el pasado” [127].  Sus carencias, deficiencias e insolvencias políticas, interpretamos, las suple (n)  o dicen suplirlas, las cualidades de los héroes del pasado a los que, obviamente, forzados, resultan intemporales y descontextualizados [87], notándose la ausencia interesada  del período hispánico, del mestizaje, del siglo XIX y de la propia historia universal, en la enseñanza de los jóvenes relegados a una suerte de “tribunales del tiempo” (88), afortunada expresión que ilustra la naturaleza del proceso al que son sometidos.

Más cercanos a la explicación mágico-religiosa que a una necesaria experiencia de racionalidad, de Bolívar, Zamora, el Negro Felipe o José Gregorio Hernández, aterrizamos con facilidad a una concepción del poder, como “gracia” [145], dinamizador de los anhelos, deseos y favores cumplidos que, por supuesto, debemos agradecer. Dato que nos remite a una permanente tensión y lucha contra los agentes internos y foráneos que “atentan contra el proceso de transformación social” [99];  concebida la sociedad en perenne peligro,  24 contenidos (curriculares) están relacionados con la Fuerza Armada, la soberanía y la defensa nacional, relegados únicamente a dos los referidos a la familia y su importancia [100, 106 ss.]; por consiguiente,  la “historia secuestrada desde el poder” [120], “no busca comprender, sino juzgar (…) se desenvuelve entre el elogio y la condena, animando rivalidades ancestrales que sirvan de pretexto, excusa o legitimación”  [107].

Nos explica una misma, intacta y tozuda polarización social, política e ideológica, para una teatralidad que, sólo por la violencia, se mantiene en pie. Deducción ésta, que urge de una investigación sociológica a fondo, ahora esbozada por Viáfara Márquez desde la perspectiva de la sociología reflexiva inspirada por Pierre Bourdieu y Loic Wacquant, pues hay elementos objetivos y concretos que sirven de sostén a la propuesta totalitaria de la centuria en curso.

El autor distingue entre la sociedad civil (clase media, empresarios, medios de comunicación), y sectores populares (de escasa identidad de clase, con sentimientos y creencias comunes) [121 ss., 129 ss., 143], en el marco de un capitalismo de Estado de carácter asistencial, por cierto, con “sospechosos nexos” con el capitalismo asiático (131 ss.), en el que ha de realizarse el (anti) valor del sentido de  la venganza heredada por Guacaipuro o Zamora. El socialismo tiene por única palanca, las masas disponibles, desclasadas, alienadas, de profesión indefinida, bajo nivel educativo, socialmente desarraigadas, refractarias a posiciones ideológicas, prejuiciosas [138], las cuales gozan del debido financiamiento del Petro-Estado que, además de ponderar su lealtad y fanatismo, las reconoce plena y agradecidamente por su específica contribución como fuerza de choque (círculos bolivarianos y colectivos), y de control (consejos comunales, UBCH, milicias y diferentes comités) [128]. Y, añadimos, por ello la importancia de lo poco o mucho que accedan al mundo escolar para inocularles un sentido de pertenencia e identidad, sometiéndolas a una mínima, formal e informal socialización de acuerdo  a los intereses del régimen, aunque la creciente deserción estudiantil habla más de la negligente irresponsabilidad de los altos funcionarios que sólo se apresuran a beneficiarse de las posiciones alcanzadas, presentido el  final del juego.

Tamaño tinglado apunta a las condiciones que dieron origen al actual régimen, lo reproducen y lo reproducirán de un modo u otro, aun creyendo en su cercana superación.  Cierto, el chavismo fue una “contingencia de la crisis del sistema democrático representativo, de sus vacilaciones y vulnerabilidad institucional” [148], como – es nuestra convicción – pudo haber sido otra, incluyendo el hipotético triunfo de Salas Römer en 1998, más acá o más allá de la crisis interna de los partidos [84]. 

Acotemos, finalmente, principalmente la sociedad civil organizada fue la que estuvo vigilante y, en la medida de sus posibilidades, luchó por impedir la consagración de las reformas curriculares referidas por Lezama, ausentes los partidos que, es necesario decirlo, tuvieron y aún tienen una importante presencia en el magisterio venezolano. Salvo las muy aisladas excepciones, poco o nada hicieron en un terreno que lo aceptamos como riesgoso, sugiriendo una futura evaluación histórica del gremio que, de un modo u otro, hubiese, por lo menos, dificultado algo más que el cambio curricular, por lo que hemos visto en torno a la teatralidad política y las variables que la facilitaron casi holgadamente.

Ilustraciones: Detalle de la tela sobre José Félix Rivas de Martín Tovar y Tovar; y portada de la obra.
25/03/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/03/25/ardid-la-epopeya-teatralidad-politica/