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domingo, 1 de julio de 2018

LECCIONES

Evangelio Dominical: Hemorroísa
José Martínez de Toda, S.J.

 Comentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el 13° Domingo del Teimpo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 1 de julio 2016.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 5, 21-43

 “¡Niña, levántate”              

 ¿Por qué busca la gente a  Jesús?

En el evangelio de hoy hay dos personas que buscan desesperadamente a Jesús para conseguir la salud corporal.

Jairo es influyente y tiene dinero. Es uno de los líderes de la sinagoga (v. 22). Guía la oración en la sinagoga, pero además está a cargo de las instalaciones, de la seguridad de las volutas, de la selección y supervisión de los que guían la oración y de la administración general de la sinagoga.  Jairo es una persona que cuenta. Jairo se arrodilló delante de Jesús, y le ha suplicado que vaya con él a ver a su hija, que se está muriendo, y le ponga las manos.

El tocar a la niña muerta va en contra de la Torá, que declara impuro hasta la noche (Levítico 11:39), o por siete días (Números 19:11), a quien toque un cuerpo muerto. Tal persona debe permanecer fuera del campamento (Números 5:2-3).

Jairo y Jesús caminan rápido, seguidos por la multitud.

De pronto Jesús se detiene y vuelve la vista atrás inquisitivo, mirando a cada uno de los que le siguen, como buscando algo. Jairo se pone nervioso:

“No hay tiempo que perder, Jesús. Mi hija se muere. Apúrese. ¿Qué busca?”

La hemorroísa había tocado la túnica de Jesús, e inmediatamente “la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote” (v. 29). Al mismo tiempo Jesús nota que una fuerza ha salido de Él, y pregunta, “¿Quién ha tocado mi vestido?”.

Los discípulos se miran extrañados, pues los apretujones de la multitud eran frecuentes. Pero la mujer se adelanta, cae ante Jesús y le dice toda la verdad (v. 33).  Y Jesús le dice: “Hija, tu fe te ha salvado: vete en paz, y queda sana de tu azote” (v. 34). 

 ¿Por qué llama Jesús ‘hija’ a la hemorroísa?

Es la única vez que Jesús llama ‘hija’ a alguien en el evangelio.

La palabra “hija” puede sonarnos como algo demasiado paternal para nosotros del siglo XXI. Pero en la época de Jesús era una manera normal de hablar.  El uso de esa palabra refleja un cariño y una aceptación, que esta mujer no habrá sentido de hace tiempo.

Jesús la llama "hija", la declara familia de Dios, y la alaba por su fe que es la que ha producido el milagro. Ella se sentiría muy feliz, no sólo por ser curada, sino también por ser tratada con tanto cariño. El enfermo necesita medicinas, pero también mucho cariño.

  Jesús da todo su tiempo a la hemorroísa, que se lo merece igual que Jairo. Ni rehúsa a Jairo por su dinero y nivel social, ni ignora a la mujer por su pobreza y marginalización.

 ¿Quién era la hemorroísa?

No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús. Ella es «impura», según la Ley, pues tiene pérdidas de sangre (Levítico 15, 19-30). Ella ensucia hasta la cama en la que duerme y la silla en que se sienta, y éstas después transmiten su impureza al que las toque (Lev. 15:25-30).  Y no podía tocar nada. Esta mujer era marginada y excluida. Tampoco podía encontrar trabajo, ni siquiera como sirvienta doméstica. 

Aquella mujer enferma ha escuchado a Jesús. Se da cuenta de que Él no habla de impureza ni de indignidad. Él sólo habla de amor e irradia fuerza curadora. Ella intuye que Él puede arrancar la «impureza» de su cuerpo y de su vida entera.

Pero no se atreve a hablar con Jesús como lo hace Jairo, el jefe de la sinagoga.

Ni siquiera se siente con fuerzas para mirarle a los ojos. Por eso ella se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. La hemorroísa cree que con solo tocar el vestido de Jesús se curará (v. 28). Y tocando a Jesús, quedó curada.

 ¿Y cómo cura a la hija de Jairo?

En esto llegan de casa del jefe de la sinagoga para decirle:

– "Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?".

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:

 – "No temas, basta que tengas fe".

Jairo y Jesús vieron que el rito de los muertos ya había empezado: mujeres que gritan y lamentan de manera profesional, que gimen y lloran, se baten el pecho, se tiran del pelo, y rasgan sus prendas; flautas, que  tocan canciones de lamentación. 

 Todos se ríen cuando Jesús dice que la niña sólo está dormida.

Pero Jesús le dice a la niña: “Talitha qumi” (“Muchacha, a ti te digo, levántate).” “Talitha qumi” es arameo, una lengua semítica relacionada con el hebreo.  “Entre los judíos, el arameo era utilizado por la gente común, mientras que el hebreo permanecía siendo el lenguaje de la religión, del gobierno y de la clase alta” (Encyclopedia Britannica 2003, “Arameo”).  Marcos traduce “Talitha qumi” al griego para los cristianos gentiles de la temprana iglesia, que quizá no sabían arameo. 

 ¿Qué lecciones sacamos de este evangelio?

-  Importancia de la fe. La fe es un componente imprescindible de estas dos historias.

La hemorroísa era una mujer con mucha fe en Jesús. YJesús se lo reconoce:

-“Hija, tu fe te ha salvado”.

A su vez,  Jairo está convencido de que Jesús curará a su hija simplemente con tocarla (v. 23). Y cuando Jairo oye que su hija ya está muerta, Jesús le dice, “No temas, cree solamente” (v. 36), y resucita a la niña. 

-Cariño de Jesús, que llama a la hemorroísa ‘hija’. Jesús se preocupa por las necesidades de los demás, es solidario, nos impulsa a vivir atentos a los demás.

Hay mucha gente que vive en circunstancias parecidas. Se siente humillada por heridas secretas que nadie conoce, buscan ayuda, paz y consuelo. Se sienten culpables cuando muchas veces solo son víctimas.

Para expresar el amor y la aceptación de la otra persona, mejor que cualquier discurso, es el tocar y el abrazar. El abrazar a una persona es muy saludable. Eso recomiendan a los padres: que abracen a sus hijos.

-Jesús atiende nuestras necesidades, sin hacer diferencias entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres. Atiende a mujeres enfermas, despreciadas…

En la balanza de Dios no existe diferencia de sexos. Hombre y mujer valen lo mismo. El evangelio reivindica la igualdad fundamental de la mujer respecto al hombre y la igual dignidad de ambos ante Dios (Gálatas 3, 28).

Fuente:
Cfr.
Ilustración: Inicia, autor desconocido; y, la segunda, Oleksandr Antonyuk.

APORTAR NUESTRA FE

NOTITARDE, 30 de junio de 2018
Caminando con Cristo
Jesús sana y da vida (MC. 5, 21-43)
Joel Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos presenta la escena de dos milagros que hace Jesús a dos mujeres: Una niña que tenía doce años, muere y Jesús la resucita y una mujer que durante doce años sufría flujos de sangre y sólo con tocar el manto del Señor quedó curada. Coinciden dos cosas en lo que nos narra el evangelio de Marcos: 1.

Ambos personajes que son receptores de los milagros son mujeres. Para una sociedad machista al extremo que ve a la mujer y los niños como no relevantes en la sociedad, Jesús rompe ese paradigma, se presenta como el Maestro y Dios humanado que no mira apariencia, condición social, sexo, religión, para hacer el milagro; sólo pide fe en su persona; es decir, que le reconozcan como Dios, como Aquel que ha sido enviado por el Padre Eterno, el Hijo del Altísimo. Jesús no tiene reparo alguno de ir a la casa de Jairo, que era uno de los jefes de la sinagoga para curar a su hija (según fue la petición de éste), va luego de enterarse de su muerte a resucitarla, a darle vida.

Tampoco tiene reparo de hablar con la mujer, que aparte de llevar una penosa enfermedad, era considerada impura por la ley judía, porque su enfermedad era considerada pecado y ningún maestro judío podía dialogar o ser visto dialogando con una mujer impura, porque él mismo quedaba impuro, según la ley de los judíos. 2. La niña tenía doce años de vida y la mujer tenía doce años de su vida padeciendo aquella terrible enfermedad y Jesús les hace el milagro. Para que Jesús pudiera hacer un milagro necesitaba la fe de quien lo pedía o lo buscaba. Pidamos a Él que aumente nuestra fe y confianza en su persona.

IDA Y RETORNO: ¿Cristo fundó una Iglesia? Sí, le dijo a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre ésta piedra edificaré mi Iglesia…” (Mt. 16, 13-20). Los Hechos de los Apóstoles y las cartas paulinas hablan del desarrollo de la misma.

Fuente:
Cfr.
Ilustraciones: La inicial, de autor desconocido; la segunda, Oleksandr Antonyuk.

lunes, 29 de junio de 2015

PUREZA E IMPUREZA

Liberar a las personas, tarea de Jesús y tarea nuestra
Fray Marcos (Rodríguez)

Contexto
Seguimos con el evangelio de Marcos. Del final del capítulo 4, pasamos al final del capítulo 5. En este capítulo, antes del relato que vamos a leer, narra un episodio muy raro: Jesús cura a un endemoniado y permite que los espíritus inmundos se metan en una piara de cerdo que, acto seguido, se precipita en el mar. Jesús vuelve a atravesar el lago en dirección a Galilea, y allí encuentra de nuevo a la multitud que, a pesar de la oposición de la jerarquía, le busca.
Tomando un poco de perspectiva descubrimos que el domingo pasado nos hablaba del “poder” de Jesús sobre la naturaleza (la tempestad calmada). Continúa el evangelio con la manifestación de “poder” sobre los espíritus inmundos (curación del endemoniado en Gerasa), que no hemos leído. Hoy damos dos pasos más: “Poder” sobre la enfermedad (la hemorroísa); y  “poder” sobre la muerte (la hija de Jairo).
No cabe una síntesis más clara, ordenada y progresiva de la actividad salvadora de Jesús.
Explicación
En el doble relato de hoy, descubrimos un mensaje muy profundo.
Por una parte, la niña y su padre son imagen de los sometidos a la institución. Jairo es un cargo público, aunque no estrictamente religioso.
La mujer enferma representa a los marginados y excluidos por una interpretación demasiado legalista de la Ley.
Este simbolismo se hace más claro por el anonimato de las dos mujeres, y los doce años de enfermedad de la mujer y los doce años de  vida de la niña. El número doce es símbolo de Israel.
Jairo (la institución) no encuentra salida en la religión y busca la salvación en Jesús, que ya había sido rechazado por sus jefes. La decisión es tan difícil que espera hasta el último momento para ir en busca de Jesús.
La mujer enferma, también se había gastado toda su fortuna en buscar salvación, sin hallarla. Tampoco le quedaba otra salida. La religión no sólo no le daba solución, sino que la marginaba y la excluía hasta límites inimaginables hoy.
Uno viola formalmente la Ley acudiendo a un proscrito. La otra viola literalmente la Ley tocando a Jesús. Es muy interesante constatar que en los dos casos, Jesús apela a la fe-confianza como motor de puesta en marcha de la curación-salvación.
Para descubrir la importancia del relato de esta mujer hay que tener en cuenta las leyes de pureza que afectaban a las mujeres. En el Levítico se dice:
"La mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o tenga hemorragias; todo lo que ella toque quedará impuro, así como también quien entre en contacto con ella".
Es muy difícil hacernos una idea de como quedaban limitadas las posibilida­des de relaciones sociales y religiosas con esta ley. La mujer era considerada impura y causante de impureza. Podemos imaginar la tara psicológica que dejaba en la mujer esta considera­ción de impura.
Según esto, la hemorroísa tenía prohibido, por imperativo social y religioso, tocar y ser tocada. Ella sabe que el acto que puede salvarle, está expresamente prohibido por la Ley. Sin embargo, doce años de sufrimiento la empujan a saltarse la ley. Esta valentía no está exenta de temor, se acerca por detrás... Su deseo de curación es más fuerte que las normas y las costumbres. Tocar a Jesús no sólo manifiesta la confianza en él, sino en sí misma. Su valentía la devuelve a la salud.
La respuesta de Jesús, revela su actitud liberadora... Con una aguda sensibilidad más que humana, percibe que le han tocado (todos le están apretujando). Cuando Jesús pregunta “¿Quién me ha tocado?”, está dando a entender que alguien ha llegado hasta lo hondo de su ser buscando una respuesta a su opresión. Aceptando ser tocado, más allá de la norma, entra en la dinámica que la mujer había iniciado. Se abre a la comunicación profunda y sanadora de las personas a través del cuerpo.
Cuando sus miradas se cruzan, los dos están expresando lo mejor de sí mismos. El cuerpo “impuro” de la mujer, es reconocido y aceptado como normal. Dejándose tocar, Jesús se coloca por encima de los códigos sociales y religiosos. Los cuerpos son instrumentos de encuentro liberador. El tabú de la impureza queda roto.
Se da una complicidad total entre dos seres humanos que se relacionan desde lo más hondo de su ser. Una relación que abarca todos los aspectos del ser, el físico, el psíquico y el religioso. La mujer obra saltándose a la torera la Ley, pero Jesús va aún más allá, y reacciona como si la Ley no existiera. Se seca la fuente de su hemorragia. Subjetivamente, nota que había sido curada.
Es muy interesante, en este relato, notar bien, que el milagro se produce sin que intervenga la voluntad expresa de Jesús. Es la fe-confianza de la mujer la que desencadena los aconteci­mientos. También es interesante la alusión a una fuerza especial que sale de Jesús y produce la curación. La fuerza viene de Jesús, pero es la mujer la que hace con su actitud, que se ponga en marcha esa energía.
Este relato es una mina para tratar de descubrir qué es lo que sucedía de verdad cuando el evangelio habla de “milagros”. No tiene por qué significar una acción que va en contra de las leyes de la naturale­za. Todo lo contrario, es dejar libre la naturaleza para que pueda desarrollar sus leyes sin las trabas que le puede poner el ser humano.
Porque estar en armonía con la naturaleza no es lo normal, llegamos a llamar milagro a los procesos más naturales del mundo cuando no hay obstrucción a esas fuerzas que están siempre a nuestro favor.
Claro que se produce un milagro, una verdadera maravilla. Mucho más grande que convertir unas piedras en panes. Un ser humano liberado de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora e inhumana. Un ser humano que puede empezar a ser él mismo, que empieza a valorarse porque se siente apreciado.
Se reanuda el relato de la hija de Jairo con la llegada de los emisarios que vienen de su casa, trayendo noticias de muerte. Jesús es portador de vida y le dice a Jairo: basta que tengas fe. La multitud se pone de parte de los emisarios de muerte y se pone a llorar; peros Jesús no hace ningún caso y sigue adelante.
Cogió de la mano a la muchacha, pero a diferencia de la suegra de Pedro, no la levanta, sino que le dice: ¡levántate!, el mismo verbo que Marcos emplea para hablar de resurrección. En contra de lo que dice expresamente la Ley, toca a un muerto, y en vez de quedar el contaminado de muerte, comunica la vida al cadáver.         
Aplicación
No nos engañemos, la importancia de estos relatos no está en el hecho de curar o de resucitar, sino en el simbolismo que encierran. Pensar que la obra de Jesús se puede encerrar en tres resurrecciones y en una docena de curaciones, es ridiculizar la figura de Jesús. Objetivamente, los resucitados volverán a morir sin remedio, y los curados podrán volver a enfermar y entonces no estará allí Jesús para curarlos.
Sabemos que Jesús no puso el objetivo de su misión en una solución de los problemas puntuales de aquí abajo. La salvación de Jesús es para todos y en cualquier circunstancia. También para los enfermos, marginados, explotados, porque está por encima de cualquier limitación, incluida la muerte. Si no tenemos esto en cuenta, podemos pensar que la salvación de Jesús no es para mí.
Ya en el Antiguo Testamento queda muy claro que Dios no hizo la muerte. Jesús va mucho más allá y nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Aunque las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas, la salvación de Dios es siempre de un plano superior y más pleno que cualquier limitación; por eso se puede dar en plenitud, a pesar de cualquier limitación, incluida la más tremenda, la muerte.
La verdadera salvación, la que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para unos pocos privilegiados, sino de una oferta absoluta de Dios desde lo hondo de cada ser. Esa fuerza, que Jesús era capaz de poner en marcha, está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer, es dejar que actúe en nosotros.
No se trata de magia sino de conocimiento de las posibilidades que el ser humano tiene de utilizar las leyes de la naturaleza a su favor. De la misma manera que tiene poder para bloquear los procesos naturales y causar así un daño a su propio ser y/o a los demás.
En los dos casos, la multitud queda al margen de los acontecimientos y de la salvación que representan. Para Jesús, los entes de razón (multitud, pueblo, iglesia) no pueden ser objetos de salvación. Lo único que le importa es la persona, porque es lo único real. Esto lo hemos olvidado, y hemos cometido y seguimos cometiendo, el disparate de sacrificar a la persona en aras de la institución. Nada hay más antievangélico que este atropello.
También hoy tendría que ser nuestra principal tarea el liberar a tantas personas atrapadas por las interpretaciones aberrantes de Dios. La religión, mal entendida, seguirá oprimiendo y esclavizando mientras sigamos dando más importancia a la institución que a la persona.
También hoy pregunta Jesús: ¿Quién de vosotros me ha tocado? La energía eléctrica que manejamos a diario, puede servir de símbolo. El gran generador es Dios. Jesús, conectado a esa fuente, coloca a nuestra puerta la totalidad de esa fuerza. Quien se atreva a tocar ese terminal, quedará iluminado. ¡Qué maravilla!
Por desgracia, como en el relato, apretujamos a Jesús por todas partes, pero solo uno por millones es capaz de tocarle. Sabemos que en él está la energía. Tratamos de mantener nuestra lámpara en buenas condiciones, pero seguimos separados, no hay conexión y nuestra lámpara maravillosa sigue apagada.
Meditación-contemplación
“Tu fe te ha curado”. “Basta que tengas fe”.
En el orden espiritual, es imprescindible la fe.
Aunque sería cómodo, las seguridades son imposibles.
Sin confianza en el OTRO no daremos un paso.
……………………
¡Despierta! ¡Resucita!
No permanezcas inerte en el cálido capullo,
que tú mismo has tejido.
Atrévete a volar.
Si no afrontas el riesgo, no encontrarás la Vida.
…………………..
No te quejes de que estés apagado.
La culpa es tuya porque no acabas de conectarte.
Tu lámpara está capacitada para iluminarse.
Toda la energía está a tú disposición.
Solo tienes que tocar la fuente de energía.

Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-mc-05-21-43-MR.htm
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-nina-levantate
Ilustración: Nicolas de Staël.

RUPTURA PARA CAMINAR

NOTITARDE, Valencia, 28 de junio de 2015
“Caminando con Cristo”
Jesús sana y da vida (Mc. 5,21-43)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos presenta la escena de dos milagros que hace Jesús a dos mujeres: Una niña que tenía doce años, muere y Jesús la resucita, y una mujer que durante doce años sufría flujos de sangre y sólo con tocar el manto del Señor quedó curada. Coinciden dos cosas en lo que nos narra el evangelio de Marcos:
1. Ambos personajes que son receptores de los milagros son mujeres. Para una sociedad machista al extremo que ve a la mujer y los niños como no relevantes en la sociedad, Jesús rompe ese paradigma, se presenta como el Maestro y Dios humanado que no mira apariencia, condición social, sexo, religión, para hacer el milagro; sólo pide fe en su persona; es decir, que le reconozcan como Dios, como Aquel que ha sido enviado por el Padre Eterno, el Hijo del Altísimo. Jesús no tiene reparo alguno de ir a la casa de Jairo, que era uno de los jefes de la sinagoga para curar a su hija (según fue la petición de éste), va luego de enterarse de su muerte a resucitarla, a darle vida.
Tampoco tiene reparo de hablar con la mujer, que aparte de llevar una penosa enfermedad, era considerada impura por la ley judía, porque su enfermedad era considerada pecado y ningún maestro judío podía dialogar o ser visto dialogando con una mujer impura, porque él mismo quedaba impuro, según la ley de los judíos.
2. La niña tenía doce años de vida y la mujer tenía doce años de su vida padeciendo aquella terrible enfermedad y Jesús les hace el milagro. Para que Jesús pudiera hacer un milagro necesitaba la fe de quien lo pedía o lo buscaba. Pidamos a Él que aumente nuestra fe y confianza en su persona.
IDA Y RETORNO: ¿Cristo fundó una Iglesia? Sí, le dijo a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre ésta piedra edificaré mi Iglesia…” (Mt. 16, 13-20). Los Hechos de los Apóstoles y las cartas paulinas hablan del desarrollo de la misma.

Cfr. José Antonio Pagola: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-mc-05-21-43-Pag-B.htm
Ilustración: Nicolas de Staël.

domingo, 1 de julio de 2012

CONFIANZA PLENA

San Marcos, 5: 21-43

En su homilía de hoy, el Padre José Martínez de Toda (SJ), interactuando con la feligresía, resaltó el protagonismo de la mujer y su relación con Jesús (las regañas: Marta; las convertidas: María Magdalena; la esposa de Pilatos), quien no hace distinción de sexo, partido político, etc. Jesús puede curar sin tocar, recordando el Padre Martínez aquellos “pelotones” de personas esperan los  domingos, a las siete de la mañana, que la Iglesia abra sus puertas para irrumpir y tocar todas las imágenes, afectando el barníz, con olvido de Jesús en la Cruz.  Hay que tocar su corazón. Sus preferidos son los enfermos, pobres, presos, desesperados, víctimas. Vivir la fe, denunciar las injusticias.
Importa la fe. Como la de los niños que confían plenamente en su papá y en su mamá. Hay que ser como ellos.
Durante el diálogo de la homilía, se levantó y hablo una señora de Lídice que públicamente agradeció al Padre Martínez, quien acudió antes de morir su hermano alcoholizado. Fue conmovedor el testimonio.

Sab 1, 13-15; 2, 23-24
Salmo 29
2Co 8, 7, 9, 13-15

Ilustración: Rafael Vargas-Suárez,

VIDA

NOTITARDE, Valencia, 01 de Julio de 2012
La fe en el dios de la vida (Mc. 5,21-43)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Los cristianos católicos creemos y manifestamos nuestra fe en un solo Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo y que se nos ha manifestado en la persona de Cristo Jesús como el Dios de vida y que da vida plena y ofrece vida eterna. De hecho, Jesús en una ocasión afirmó: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn. 14,6). Pues bien, el texto del evangelio que hoy leemos dentro de la liturgia eucarística, nos presenta a Jesús resucitando a la hija de Jairo (uno de los jefes de la sinagoga) y sanando a la mujer que desde hace muchos años sufría de flujos de sangre. Tanto Jairo, como aquella mujer que se acerca a Jesús para tocarle el manto, lo reconocen como Dios y Salvador y de hecho Jesús se manifiesta delante de la multitud que lo apretujaba y lo observaba como el Dios que está cerca de los que sufren, los enfermos, los pobres, desvalidos, de los moribundos y es capaz de sanar al hombre integralmente, del alma y del cuerpo. Tiene el poder de resucitar al hombre y hacerlo partícipe de la vida nueva.
Lo que pide Dios que tengamos para poder recibir sus dones, sus milagros y sus favores, es que tengamos fe en Él, que creamos que Jesús es el Hijo de Dios que vino al mundo para destruir el pecado y la muerte; que vino para salvar al hombre y darle vida en abundancia. La fe es capaz de mover montañas y el cristiano necesita poner su confianza en Dios que no defrauda a sus hijos, que no los abandona; en ese Dios amigo del ser humano, que no está distante, sino muy cercano de sus hijos, que por amor nos creó y por amor vino al mundo, se encarnó, vivió como cualquiera de nosotros, murió en la cruz y resucitó para señalarnos el camino al que estamos llamados; el camino de la vida sin fin, junto al Dios Uno y Trino, el Dios del amor y de la vida.
El cristiano necesita tener una fe profunda en Dios como la de Jairo y la mujer hemorroisa, que suplicando o tocando al Divino Redentor, fueron atendidos y socorridos en sus necesidades. Jairo por su fe experimentó el milagro de ver a su hija resucitada y la mujer sintió que su cuerpo estaba sano de los flujos de sangre. Pero el cristiano no sólo necesita tener fe, sino al mismo tiempo contemplando a su Dios y Señor, debe aprender a tener su misma bondad, misericordia y disponibilidad para ayudar a los que sufren, a los que se sienten tristes, abandonados, desplazados, solos o que son pobres y carecen de lo necesario para vivir o están enfermos. El cristiano necesita ser el hombre y la mujer de la fe y la caridad; porque no sólo basta la fe, no sólo es suficiente decir Señor, Señor, sino vivir en el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo; si la fe no va acompañada del amor y éste traducido en obras, en disponibilidad para el hermano, sea quien sea, la fe queda vacía. La fe y el amor son dones de Dios y el cristiano auténtico es bendecido con estos dones que lo capacitan a ser reflejo de la presencia y actuar de Dios en el mundo.
Jesús que lo vemos haciendo hoy dos milagros a dos mujeres, la niña que tenía doce años y la mujer que desde hace doce años sufría de flujos de sangre, le pide a Jairo y a ella que tengan fe y al mismo tiempo con su actuar, con su actitud enseña a sus discípulos y a la gente que le seguía que quien se llama cristiano o es cristiano por el bautismo, por creer en Cristo, necesita vivir y actuar como Él lo hizo; tendiendo la mano sin diferencia alguna, sin menospreciar a nadie. Jesús como maestro judío no despreció a la mujer, como si lo hacían los jefes religiosos de su tiempo. Hoy en día, en nombre de Cristo o de la religión se hacen clasificaciones entre puros e impuros, cristianos o paganos, digo que tengo fe y descalifico y condeno al otro, predico no la Palabra de Dios, sino la descalificación de los demás, me hago juez o arbitro y se olvida lo que es esencial en el cristianismo o el discipulado: El amor; sin amor la vida cristiana carece de fundamento, es una mentira. La fe auténtica debe llevar a la plenitud o la cúspide del cristianismo. La fe es la puerta de entrada, pero el amor es la cima, la cumbre. Quien cree y ama, sigue al Dios del amor y de la vida y lo demuestra el amor a los demás, sin importar su condición social, política o religiosa.
IDA Y RETORNO. Rindo un homenaje y recuerdo a Mons. José Sótero Valero, que el pasado 29 de junio murió en nuestra ciudad, después de haberse convertido en obispo emérito de la Diócesis de Guanare. Quiso vivir en el Seminario desde el mes de noviembre que regresó de aquella diócesis coromotana. En medio de sus errores (como cualquiera de nosotros), supo traslucir en estos meses entre nosotros el rostro de lo que debe ser un auténtico sacerdote; nos enseñó con su ejemplo lo que es perseverar en la vocación, en la vida de la gracia y la perseverancia final. Hombre fiel a sus principios sacerdotales, trabajando por el Reino hasta la muerte; formando, organizando, proyectando, animando, aconsejando, sosteniendo. Hombre eucarístico, amante de la Palabra de Dios, mariano cien por ciento, confesor misericordioso, siempre hombre eclesial, de comunión. Que nos sirva su ejemplo cristiano y de pastor. QEPD.

Ilustración: Rafael Vargas-Suárez