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lunes, 2 de julio de 2018

domingo, 17 de noviembre de 2013

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Pedro Hernández Camacho y los 30 años de lucha magisterial venezolana. Venezuela Gráfica, Caracas, nr. 589 del 18/01/1963.
- Luis Cova García. "Gil Fortuol penalista". El Nacional, Caracas, 18/05/48.
- Orlando Albornoz. "La reforma educativa: Las humanidades en la sociedad". El Diario de Caracas, 19/03/86.
- Humberto Njaim. "Universidad y crítica educativa". Resumen, Caracas, nr. 177 del 27/03/77.
- Luis García Maldonado. "Mirador de piedra: Consideraciones sobre lo jurídico". El Nacional, 28/10/57.

Fotografía: Prof. Rubén Cisneros (Federación Venezolana de Maestros). Venezuela Gráfica, Caracas, nr. 589 del 18/01/1963.

lunes, 21 de enero de 2013

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Orlando Albornoz. "El ejercicio del poder". El Diario de Caracas, 10/06/1981.
- Alfredo Baldó Casanova. "Un Congreso que cumpla su misión". El Nacional, Caracas, 23/10/79.
- "Mesa redonda sobre el desgobierno municipal". Resumen, Caracas, nr. 166 del 09/01/77.
- Elsa Cardozo de Da Silva. "Confñictividad social y responsabilidades de Estado". Economía Hoy, Caracas, 14/01/97.
- Gonzalo Alvarez. "20 años de COPEI" Momento, Caracas, nr. 496 del 16/01/66.

Fotografía: El Nacional, Caracas, 17/10/1957.

Brevísima nota LB: ¿No sospechaba cuán cerca estaba el final? ¿Dónde estarán esas condecoraciones? ¿No quedaron los negativos o fotografías originales en los archivos de Miraflores?

lunes, 19 de noviembre de 2012

APROXIMACIÒN A UN (OS) DÌA (S) [2]

Cuatro días del Estudiante Venezolano
Luis Barragán

La prensa de finales de los cincuenta, reporta el origen de una celebración que necesitamos urgentemente recobrar. Etapa postrera de la dictadura de Pérez Jiménez, la reapertura de las actividades ucevistas hacia 1953 significó un exitoso ensayo de la represión selectiva que forzó al normal y continuo desenvolvimiento de las actividades universitarias. Sin embargo, decididamente encaminado hacia la farsa plebiscitaria, el 21 de Noviembre de 1957 pareció un día más de la asifixiante rutina, según los titulares: amenazado de muerte el jefe de los sindicatos de Cuba, contrabando de ganado colombiano, construcción de un buque mercante estadounidense con propulsión nuclear, visita de Amalia Rodrígues, niño sordomudo venezolano gana certamen de dibujos en el extranjero, Judy Garland se reúne con Isabel II, fallece viuda de Valle Inclán, fondo de becas de la OEA para América Latina, liberada la poetisa Blanca Luz Brum en Chile,  leche venezolana haya cupo en el tratado comercial con Estados Unidos, además de los casos de William Giscard, Argelia, y Rusia en la Comisión de Desarme de la ONU.

El Frente Universitario, instancia convergente de todas las corrientes opositoras, toma la iniciativa en la UCV, y, apesadumbrando al rector Spósito Jiménez, sensibiliza a los cursantes de ingeniería, derecho y economía para tomar la Plaza del Rectorado y realizar un mitin encabezado por Jesús Carmona (AD) y Chela Vargas (PCV). Celebrándose el Congreso Internacional de Cardiología en la casa de Villanueva, irrumpe el estudiantado en el salón de sesiones, pronunciando un encendido discurso Remberto Uscátegui (COPEI).

Además, la bandera nacional es llevada hasta el “trébol” de la autopista y comienzan las escaramuzas con la policía, causando las primeras detenciones. La prensa de los días siguientes, no dará noticia alguna de la protesta, añadiendo otros congresos o coloquios como el de la Asociación Venezolana de Psiquiatría, el de Otorrinolaringología o el de Puericultura y Pediatría, aunque la sede de la Seguridad Nacional y la Cárcel Modelo, nada más en Caracas, está repleta de una dirigencia imputada por delitos ordinarios, convencidos el régimen de su invencibilidad o, como diríamos ahora, blindaje.

Un año después, acogida la propuesta formulada por Régulo Arias (COPEI), la Junta de Gobierno decreta el Día del Estudiante Venezolano, además de crear la UDO,  y el festejo tendrá por escenario estelar el Aula Magna con asistencia del gobierno provisorio y todo el liderazgo estudiantil, político, sindical, gremial, empresarial, que culminará con una fiesta en el Rancho Pampero. Alrededor de tres mil personas, el 21 de Noviembre de 1958, atienden el llamado en una etapa de grandes amenazas y peligros para la transición que motiva el desarrollo de sendas actividades para la defensa de la democracia, y del propio movimiento estudiantil en dos vertientes: la inmediata y específica, promoviendo encuentros como el nacional de los cursantes de comercio que, entre otras exigencias, demandan el acceso paritario a la universidad, de acuerdo a las declaraciones de Pedro Charlita y Antonio LLerandi;  la mediata y general, facilitando la reorganización de las juventudes políticas que coinciden en un importante documento, surgido de la irreprimible pluralidad ideológica que las caracteriza.

El sector juvenil se hará estratégicamente decisivo, alentando una campaña electoral entusiasta y convencida. La promoción de abogados de la UCV, llevará por nombre “21 de Noviembre de 1957” (Manuel Lima Ortega, Ramón Losada Aldana, Virginia Infante, David Esteller, Isabel Bustamante, sus portavoces, anuncian el padrinazgo de Rafael Caldera, Humberto Cuenca, Alberto Carnevali, Rafael Pizani, Ernesto Silva Tellerias y Jóvito Villalba).

El 21 de Noviembre de 1959, por cierto, realizadas las Segundas Jornadas Internacionales de Cardiología, en Maracaibo, el acto celebracional cuenta con las intervenciones del rector Francisco de Venanzi; los líderes estudiantiles Héctor Pérez Marcano, Germán Lairet, Hilarión Cardozo, Víctor José Ochoa; y los invitados especiales, Rolando Cubela, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de La Habana, y René Anillo, secretario general del Directorio Revolucionario y director del diario “Combate”. Éstos, militarmente uniformados, para nuestro actual asombro, demostrarán cuán lejos llegó la revolución cubana en nuestro imaginario social, aunque Orlando Albornoz, en uno de sus libros injustamente olvidados (“Ideología y política en la universidad latinoamericana”, 1972), comprobó la deplorable suerte del gremio estudiantil caribeño.

El popular rector ucevista, entre otros aspectos, habló a favor de la eliminación de los liceos militares que ejemplarizaban un criterio de casta, junto a las urbanizaciones residenciales castrenses, pronunciándose contra las luchas partidistas en el seno de la universidad. Por entonces, la Escuela Técnica Industrial de Barquisimeto reclamaba y diligenciaba el reemplazo de los profesores del antiguo régimen, el caraqueño Liceo de Aplicación declaraba un paro simbólico por la falta de laboratorios, pero – lo más importante – el peligro representado por el general Jesús María Castro León, ya desde el exilio, concitaba una rápida, firme y puntual movilización popular.

La histórica fecha ha de interpelarnos, en el siglo XXI, ya que  - manipulada y explotada por varias décadas – las fuerzas que hoy ejercen el poder, tienen por inspiración otro calendario, decididamente marcial, y el franco retroceso en la institucionalidad representativa del estudiantado, por decir lo menos, nos interna en la inmensa duda sobre la propia existencia del movimiento. Por consiguiente, el otro Día del Estudiante Venezolano, nos orienta hacia las condiciones que harán posible la implementación de los interesados consejos estudiantiles del oficialismo, indiferentes ante los consejos educativos en curso: un 21 de Noviembre de 2012, harto difícil, pues, como aquella vieja y representativa canción del extinto grupo venezolano “Farenheit”: es un día más.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2012/11/cuatro-dias-del-estudiante-venezolano/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=918545


Post-data LB: La interpretación musical data de uno de la época dineraria del país, hecha de momentos acumuladores de otros momentos.



martes, 31 de julio de 2012

TABLA DE MULTIPLICACIÓN

EL NACIONAL, Caracas, 7 de Septiembre de 2002 / Papel Literario
Los aforismos de Morin
Recientemente editado por la Universidad Central de Venezuela y la Unesco, el libro Los siete saberes necesarios a la educación del futuro ha sentado un precedente tanto para los seguidores de Edgar Morin, su autor, como para sus detractores. En esta publicación, el filósofo francés, nacido en París en 1921, se arriesga a exponer sus reflexiones sobre la ciencia de la enseñanza con marcado tono opinático. En las líneas que siguen, el investigador venezolano explica los posibles efectos de esfuerzos interpretativos poco argumentados
Orlando Albornoz
sociólogo

Quienes abordamos el análisis de los elementos mediante los cuales una sociedad entrena a sus nuevos miembros y reentrena a los antiguos, tratamos de recuperar hechos, eventos, datos, fechas y otros renglones del trabajo empírico. Esto, con el fin de construir juicios que no se hallen vacíos de contenido, sino que permitan la reconstrucción de aquello que analizamos a fin de permitir juicios de terceros que, a su vez, tengan cierta carga de objetividad.
Enmarcado todo ello en el espacio de las ciencias sociales, debemos considerar otros terrenos en donde se analizan los procesos que, institucionalmente, denominamos educación, escolaridad y cultura. Sin mencionar el cognomento del deporte, incluido en nuestra administración pública (por razones no bien explicadas) junto con la educación y con la cultura.
Retomando el análisis del entrenamiento generacional, hallamos los científicos sociales un enfoque opinático que refuerza lo contrario de lo que nos proponemos. Es lo que se percibe cuando se lee a autores que manejan con destreza un discurso que podemos llamar “de aforismos”, autores como Fernando Savater, Carlos Monsiváis y Edgard Morin, pensadores europeos o norteamericanos que se ocupan en sus “análisis” de estas latitudes tropicales.
Útil para el café
El caso de Morin es interesante porque su vacuidad es excepcional, pero más lo es el impacto que ha tenido en América Latina y el Caribe. Impacto que no logran sino los académicos que transitan los pasillos del glamour, bien por su “carisma” personal, bien por el atractivo de ideas que, al simplificar, hacen accesibles a las personas que se acercan a lo académico con criterios de diletante, sin profundizar mucho, sin mayor esfuerzo y sin nivel alguno de exigencia y rigor.
Morin ha logrado en nuestra región un impacto que se mide por el número copioso de citas que merece su obra. Pero la de impacto no ha sido su obra seria, por así decirlo, sino su obra de simplificación, de vulgarización. Me refiero a Los siete saberes necesarios a la educación del futuro, un librillo que por razones difíciles de comprender ha tomado por asalto el vacío del “pensamiento” educativo.
Presentada en 1999 durante la 30º sesión de la Conferencia General de la Unesco, la publicación se preparó como documento central de la Comisión de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas. Ha tenido un éxito y distribución extraordinarias. Ha sido traducida a los idiomas oficiales de la organización. Y, en Venezuela, ha sido citada profusamente, sobre todo por quienes se encantan con este discurso fácil que requiere escaso esfuerzo interpretativo porque es estrictamente opinático, útil para la conversa de café e inútil para el pensamiento académico.
Balandronada intelectual
La relación antedicha entre rigor y banalidad, define el libro de Morin, con ánimo aparente de baladronada intelectual. En esta oportunidad deseo aludir a las características de una publicación que ha disfrutado un enorme éxito, injustificado en términos académicos. No se trata de comparar el documento escrito por encargo con textos clásicos del análisis educativo como la Paideia de Werner Jaeger o las Conditions of Knowledge de Israel Scheffler.
El libro de Morin es la antievidencia. Son emblemáticas su banalidad y superficialidad, algo improbable de demostrar en un escrito breve como éste, pero sobre el que al menos se puede abrir una discusión. El pensador francés termina con una frase símbolo: “Este texto de proposición y de reflexión no incluye bibliografía”. En la introducción, Rigoberto Lanz advierte que “el medio educativo es altamente propenso a la trivialización de las teorías, a la pragmatización de los debates, a la simplificación de casi todo”, aun cuando en ese “casi todo” no incluye a Morin, probablemente uno de los mejores ejemplos del “casi todo” que banaliza el saber.
Desde su perspectiva neocolonial, Morin comenta: “Hay siete saberes ‘fundamentales’ que la educación del futuro debería tratar en cualquier sociedad y en cualquier cultura sin excepción alguna ni rechazo según los usos y las reglas propias de cada sociedad de cada cultura”. No señala por qué estos saberes “fundamentales” no son ocho o nueve, pero el siete recuerda los siete pilares de la sabiduría. Lo más interesante es cómo dice que su texto se apoya en el “saber científico”, sin evidencias de ningún género, dato esencial de las explicaciones científicas.
También enfatiza en cuestiones que llaman la atención aun del lector más desprevenido: “La educación del futuro deberá ser una enseñanza primera y universal centrada en la condición humana”. Genial, sin duda, porque probablemente en el pasado no era así. Jaeger dice lo mismo de los griegos cuando, hace miles de años, encaraban la educación como un paso esencial en la formación del “humanismo pedagógico”. Pero no nos identificamos con un pensamiento clásico en el documento de Morin, sino con, por ejemplo, el astrónomo norteamericano Carl Sagan. Dice, en efecto: “Hacemos parte del destino cósmico, pero estamos marginados: nuestra Tierra es el tercer satélite de un sol destronado de su puesto central, convertido en pigmeo errante entre miles de millones de estrellas en una galaxia periférica de un universo en expansión”.
Morin entra de lleno en una serie de observaciones históricas que sorprende no hayan sido sometidas a discusión (excepto que a los europeos se les disculpen estos errores y omisiones). En alguna ocasión dice: “El Imperio de los Incas y el Imperio Azteca reinan en las Américas, Cuzco y Tenochtitlán exceden en población a las monumentales y esplendorosas Madrid, Lisboa, París, Londres”. El concepto de “imperio” es una licencia que no corresponde con los hechos de estos grupos prehispánicos. Y así prosigue con párrafos que parecen sacados de comentarios de autores como Eduardo Galeano quien, en su conocido libro sobre las venas abiertas de nuestros países, le “carga” la mano a factores externos que explican nuestra miseria y atraso.
¿Dónde están los saberes?
En ninguna parte del ya famoso librillo. Pero debo admitir que muchos los habrán visto y celebrado. La única vez que le escuché fue en Guadalajara. En esos días Morin aceptaba con cierto aire de condescendencia un doctorado Honoris Causa otorgado por dicha casa de estudios. Pero no es el único honor de este género que ha recibido. Algunas universidades se adelantaron a la institución mexicana: Peruggia, Palermo, Ginebra, Bruselas, Natal, João Pessoa y Porto Alegre. Otras habrán seguido, puesto que estos honores suelen tener poco que ver con la calidad académica de una obra y mucho con la reputación de aquellos a quienes se asignan.
La conclusión que se puede elaborar sobre este documento de Morin es cómo la educación –para decirlo en palabras de Ortega– “da para todo”. Morin enumera todos los lugares comunes acerca del “deber ser” de la educación, sin decir “cómo es” y mediante qué categorías analíticas elabora sus juicios. Expresa que “la educación debería mostrar e ilustrar el Destino con las múltiples facetas del humano” y señala que “la conciencia de nuestra humanidad en esta era planetaria nos debería conducir a una solidaridad y a una conmiseración recíproca del uno para el otro, de todos para todos. Cabe preguntarse, ¿qué hacer para alcanzar los objetivos intrínsecos e implícitos de sus afirmaciones? Estos son los aforismos de Morin, entendiendo por “aforismo” el conjunto de sentencias subjetivas que le permiten construir un libro sobre la educación del futuro, sin decir “cómo es” la educación actual, excepto por las acusaciones gratuitas y falsificaciones argumentales de nivel banal y a menudo inexacto. Que la Unesco haya patrocinado este documento no extraña. Las burocracias internacionales parecen disfrutar hasta la agonía este tipo de pensamientos que, por intentar decirlo todo, terminan como en el caso de “los siete saberes”, por decir nada.

EL NACIONAL, Caracas, 14 de Septiembre de 2002
Lectores / Cartas
Albornoz...

Orlando Albornoz da una lección de buen gusto y valentía, reseña el libro de Edgar Morin sobre educación (El Nacional, sábado 7 de septiembre) y fortalece el alicaído género con puntualizaciones capaces de honrar nuestra mejor tradición intelectual. Señala la tendencia a sacralizar cualquier expresión de un autor consagrado por el sólo hecho de serlo, pone en evidencia la ausencia de lecturas de los consagradores y la burocracia inocua de la academia cuando se limita a acoger aquello precedido del puro ruido.
Morin es una figura relevante y distinguida pero resulta que Albornoz es un estudioso de alto nivel, intelectual reconocido en medios internacionales en su área y miembro de un selecto grupo de especialistas mundiales en sociología de la educación. Tal vez sea el venezolano más destacado del siglo XX en la disciplina de ciencias sociales, al menos el más ecuménico. Me entusiasman estas salidas al ruedo que ponen en su lugar a los adulantes de oficio vengan de donde vengan, que reafirman un estilo y una disciplina con vigor y criterio propios de quien sabe lo que hace.
Felicitaciones a quien estudió, ya hace mucho años, las actitudes políticas de los estudiantes norteamericanos en un libro prologado por David Riesman, investigación pionera.
Miguel Ángel Campos
mcampos@iamnet.com

martes, 6 de diciembre de 2011

NOTICIERO RETROSPECTIVO


- Arturo Uslar Pietri opina sobre el 18 de Octubre de 1945. Resumen, Caracas, nr. 102 del 19/10/75.
- Arturo Sosa A. "Venezuela: futuro y petróleo". SIC, Caracas, nr. 400 de 12/77.
- Orlando Albornoz. "La mitología de la educación nsuperior". Economía Hoy, Caracas, 18/10/97.
- Miguel Acosta Saignes. "La universidad como expresión social". El Mundo, Caracas, 15/04/69.
- Manuel Rojas Poleo. "Las elecciones de 1947". El Nacional, Caracas, 10/01/74.

NOTA LB:

Simón Alberto Consalvi, largamente entrevistado por Ramón Hernández, refiere que los consabidos acontecimientos del 18 de Octubre de 1945 no se tradujo en el cambio del presidente del Banco Central de Venezuela, quien no simpatizó con el hecho, ni de los magistrados del máximo tribunal de la República (no recuerdo si Corte Suprema de Justicia o aún Alta Corte Federal y de Casación). Modestamente creo que la labor del historiador o del politólogo reside en constatar si ello fue cierto, ofreciendo un retrato de la efectiva y creíble división de los órganos del Poder Público; y, si fuere el caso, acudiendo al adecuado grupo de Facebook, comparar con lo ocurrido en la presente década.

En la gráfica:
J. M. Herrera Mendoza, presidente del BCV. El Nacional, Caracas, 26/04/48.

sábado, 11 de junio de 2011

TESTIMONIO DE GRATITUD


EL NACIONAL - Sábado 11 de Junio de 2011 Papel Literario/2
Destino de Orlando Albornoz
Luego de más de 50 años de agenda pública, se trasluce una constancia difícil de ponderar
MIGUEL ÁNGEL CAMPOS

De la obra de Orlando Albornoz (1932) pudiera decirse que cubre la biografía de las Ciencias Sociales en Venezuela; sociólogo de formación su gestión académica se extiende en esa amplia rama denominada en la vida universitaria francesa ciencias del hombre. El desarrollo de su actividad profesional coincide con la importancia que la Sociología alcanza en el país, y en medio de coyunturas que señalan a la sociedad ya no como un proceso sino como sujeto de estudio.

Exponente característico de la universidad latinoamericana ilustrada y beligerante, su pasión por el conocimiento lo lleva a descubrir esas relaciones que hacen del saber no ya un medio de control de la realidad y la materia, sino un manera de legitimar el mundo por medio de argumentos intelectuales. Albornoz se prepara para debatir el país, enseña desde las aulas y de cuando en cuando una generación avisada lo descubre como el gran inconforme, y secretamente lo nombran su maestro. Luego de más de cincuenta años de una agenda pública, se trasluce una constancia difícil de ponderar: su fe en la investigación y el estudio, su definitivo ejercicio de escritor.

El país tiene en él, pues, su emblemático analista de la educación. La universidad ha sido un punto focal de su trabajo de indagación, y más allá del debate y la polémica ha construido un claro objeto de estudio, en sus manos ella ha devenido en un tema nacionalizado, caracterizado en su dimensión histórica y cultural.

Debemos a su larga gestión, desde una historia de la Sociología en Venezuela hasta el emplazamiento de esa sociología en una dimensión explicativa de la pobreza, actitudes de identidad y en general de elementos caracterizadores de la gens. En medio de la labor del pensador fijando causas siempre ha habido tiempo para advertir, alertar o aleccionar sobre los rumbos de la educación y sus consecuencias, y no estamos hablando de ruidosas denuncias del maestro moral, sus reflexiones convincentes, eruditas nos llegan en forma de manuales y libros, artículos en revistas internacionales e invitaciones que acepta generoso a eventos de divulgación. En el ya remoto año 1965 advertía Orlando Albornoz de cierta actitud típica del egresado universitario venezolano, éste se asume sin nexos ni responsabilidades con la estructura social, incapaz de retribuir con un gesto mínimo el esfuerzo de un orden que lo ha formado profesionalmente. Ese título, que él cree arrancado a la universidad, suyo y de nadie más, en un acto de vanidad y cicatería se lo queda debiendo para siempre a la viejecita que planchó e hizo mandiocas y a la esplendidez del petróleo, la cual él mismo anula como redención con su disposición mezquina. La devastación que esta indolencia, casi infamia, ha producido en los vínculos de coexistencia pareciera ya irreversible. Orlando en estos días también se malquista con sus colegas cuando parte una lanza por la condición del profesor letrado y su dignidad, verdadera fuente de su seguridad, la cual no cree que se abone con dietas y cesta ticket.

Si la docencia es su estandarte, también ha sabido entender como la investigación es un mundo cuyos hallazgos deben ser difundidos mediante aquella, para él ha sido una manera trascendente de resolver ese falso dilema de la universidad venezolana, que separa una y otra como dos reinos, uno pretencioso, el otro quizás melancólico. Lo que él mismo ha llamado "la invisibilidad del trabajo académico docente" nos pone frente a otro desdén de estos tiempos: privilegiar lo espectacular de la actividad empírica, el rendimiento frente al trabajo creador. La apoteosis de los profesionales que enseñan y la ruina de los profesionales de la enseñanza, el saber práctico en una sociedad tosca frente al "milagro de transmitir a otro que aprende, la esencia del saber". Y si la educación es su angustia, y si la drena desde la razón y la búsqueda de hitos que sirvan de explicación de nuestro drama societario, sus disciplinas no lo anclan en los municipalismos, su esfuerzo fluye en las coordenadas de un saber planetario, ecuménico. Es uno de los expertos reconocidos por la UNESCO en materias como Sociología de la educación y Política de la educación superior en América Latina. Su magisterio ha recorrido centros de enseñanzas de primer orden desde la India hasta el Reino Unido. Sus conclusiones y juicios sobre el devenir de nuestros procesos educativos han resultado casi proféticos, bien sea que se ocupe del rumbo de la vida universitaria o la significación de la educación en la construcción del bienestar.

Su estudio pionero de las conductas de los estudiantes norteamericanos en la era de la contracultura y el ascenso de la izquierda viene distinguido con un largo comentario de David Riesman (Estudiantes norteamericanos: perfiles políticos).

En 1984 se publica su libro La familia y la educación del venezolano, allí hace el hipotético ejercicio de un niño que inicia su vida escolar en septiembre de 1983, de acuerdo a las condiciones del país y al modelo de enseñanza, su futuro estaría comprometido para 2001 (cuando debería egresar de la universidad). Las previsiones allí consignadas no fueron atendidas y casi 30 años después las consecuencias se asemejan bastante a una catástrofe.

En 1999 la Biblioteca Nacional de Venezuela organizó la exposición-homenaje "Orlando Albornoz en la Biblioteca Nacional", el catálogo, ilustrado con un retrato suyo ejecutado por César Rengifo, consigna 65 títulos para aquel entonces, ahora son un poco más de setenta. Tenemos entre nosotros, ciertamente, a un profesional moldeado desde los intereses y expectación de la universidad, desde ella ha proyectado un magisterio que va desde la descripción hasta el debate, en un registro de las angustias más recurrentes de nuestra sociedad.

Y también a un disciplinado escritor, cuyas tesis insistentes, revestidas de la monotonía de toda certeza, nos llegan en la elocuencia previsible del libro.

Pero Orlando empareja también con otra tradición. La reciente constitución de nuestras ciencias sociales, y su ascenso a estatuto académico, omite algún recuento. Si para la fase de transición se vindican nombres como los de Salvador de la Plaza, Miguel Acosta Saignes, Eduardo Arcila Farias, Carlos Irazábal, y se los integra al canon heurístico, suele ocurrir que en nuestras escuelas de Sociología los autores que fundaron la indagación de la venezolanidad en el siglo XX, a duras penas pueden ser identificados por algún estudiante avezado. En el mejor de los casos se nombra con desgano alguno de la generación positivista y como para representar un renglón, nunca para estudiarlo.

En mis días de estudiante a algún profesor oí referirse con desdén al más esclarecido legado intelectual del país, como literatura, me pregunto si el inculto tendría alguna remota idea de lo que envuelve aquella palabra. Desconocen esos profesores de Sociología que los diagnósticos de autores como Augusto Mijares, Mariano Picón Salas, Mario Briceño Iragorry, Vallenilla Lanz, Enrique Bernardo Núñez, Uslar Pietri constituyen hasta el día de hoy piedra miliar en la comprensión de nuestra sibilina identidad. ¿Habrá que recordar que la Crónica de Indias, el Barroco, la utopía ilustrada de la Emancipación, el modernismo que deslumbra a España, los estudios americanistas que juntan a nuestro Julio César Salas con Franz Boas y Manilowski, están en estos autores como herencia y gestión de una cultura distintiva? En sus trabajos de los más recientes años ellos aparecen nombrados aquí y allá como en un discreto homenaje; recuperados por el sociólogo tal vez alarmado del largo descuido, Orlando quiere conjurar desde un gesto de simpatía aquella filistea indiferencia.

Ojalá en el futuro esos pensadores, que si elaboraron un objeto del país críptico, estén en nuestras escuelas de sociología instalados con propiedad en sus esplendidas categorías. Por ahora, quede aquí mi gratitud personal para nuestro sociólogo memorioso.

Fotografía: William Dumont

miércoles, 8 de junio de 2011

NOTICIERO RETROSPECTIVO


- Ovidio Pérez Morales. "De Medellín a Puebla". El Nacional, Caracas, 25/04/78.
- José Consuegra entrevista a Luis Herrera Campins. Vea y Lea, Caracas, nr. 147 del 21/11/72.
- Orlando Albornoz. "La revolución cubana". Crítica Contemporánea, Caracas, nr. 01 de 05/60.
- Decisionética: Jorge Olavarría, José Rafael Revenga, Víctor Petzal, José Antonio Mayobre y Leopoldo López Gíl entrevistan a Yehezkel Dror. Resumen, Caracas, nr. 62 del 12/01/75.
- Entrevista al candidato presidencial Pedro R. Tinoco. Resumen, nr. 3 del 25/11/73.

martes, 8 de marzo de 2011

DISPARO (S) INDISPENSABLE (S)


Del autor conocemos un estudio muy bien fundado sobre los orígenes del socialcristianismo en Venezuela, tesis de grado todavía inevaluada por la dirigencia copeyana a la que falta - por lo menos - los cuadros pensantes que una vez exhibió. Gesto crítico aparte que nos permitimos, hacia 2009 Guillermo Luque entregó la segunda edición de su obra ·Educación, Estado y nación", cuya prologuista, María Egilda Casellanos Agreda, nos brinda un discurso dizque ideológico, siendo mejor politiquero, en contrasta con el prologuista de 1999, Orlando Albornoz, exponente de un cuestionamiento bien crítico, hecho con la sobriedad y profundidad a pesar de que lo puedan calificar como un sociólogo funcionalista de derecha.

Por Bs. débiles 20.000,oo, el muy denso trabajo nos dispara hacia el problema educativo en la oposición marxista a la dictadura de Gómez, las reformas del liberalismo post-gomecista y el llamado trienio adeco, completando el "desandar educativo" con el período 1948-1958. Evidente la perspectiva de análisis adoptada por Luque, resulta indispensable a la hora de juzgar - además - lo que en un terreno tan delicado hoy se hace desde el Estado.

LB

lunes, 7 de febrero de 2011

pluri-versidad


EL NACIONAL - Sábado 18 de Diciembre de 2010 Papel Literario/4
Universidad, autonomía y sociedad del conocimiento
El artículo que sigue le fue solicitado a Orlando Albornoz por los editores de la primera entrega de la revista APUCV. Compromiso gremial . El artículo no fue publicado. La razón, expuesta de modo informal al autor, fue que se atacaba a la Asociación de Profesores de la UCV. En otras palabras, una acción de censura.
Puesto que el interés del tema rebasa los criterios del gremio en cuestión, Papel Literario lo incluye en su edición de hoy
ORLANDO ALBORNOZ

Es sumamente complicado el tema que se me ha propuesto abordar, como es el de la relación entre los tres conceptos que la dan origen al título de este artículo. La universidad de hoy pareciera obedecer el predicamento de Illich, el fin de la escuela o el de Perelman, en la misma línea. La universidad de hoy es muy distinta a la del pasado, pues se articula según nuevos criterios.

Kerr dividió a la universidad en tres segmentos cuando acuñó el concepto de la Mult.-versity, visión esta propuesta años antes por el venezolano Luis Manuel Peñalver. Por mi parte lo hago según mi propuesta hecha en la Reforma de Guadalajara (México, 2001), en tres tipos de universidad según la demanda real: abierta, corporativa y académica.

La tendencia internacional más reciente, incluso, ya no habla de instituciones como de espacios de conocimiento y la gerencia de la misma alude a manejo de ideas, no de personas (Knowledge Management). De modo que cabe la pregunta, ¿de qué tipo y modelo de universidad estamos hablando? En Venezuela hacemos gerencia de personas y por ello cada rector o rectora se comporta según el mismo patrón de ejercicio del poder del propio Presidente de la República, a quienes muchos juzgan autoritario y autócrata, sin mencionar que la sociedad demanda ese tipo de liderazgo. Los que caminan los pasillos de las universidades saben a qué me refiero, porque incluso los niveles de adulancia que sufren estoicamente las autoridades académicas es a veces hasta penoso, como que causa pena ajena, como suele decirse, cuando se leen algunos de los elogios que recibe nuestro amado Presidente. En una ocasión la inefable líder colombiana Piedad Córdoba dijo: "Me siento cada vez más orgullosa de hombres como Evo Morales, y de que América haya parido a un hombre tan importante y grande como Hugo Chávez".

El propio no se queda atrás a la hora del auto-suicido, digo, auto-elogio, al decir que es sólo "un hombre que anda por ahí luchando por la liberación de nuestros pueblos", y el good gringo Stone capitaliza tal ambición egocéntrica y se sienta a la diestra del padre todo poderoso para que todos miren la epopeya cinematográfica. Mientras tanto seguimos creando universidades, abriendo aulas, expandiendo el acceso, en una manía obsoleta, sin sentido, porque el mundo cambió después delseñor BernersLee y ese es del tipo de cosas que, como también se dice, llegó para quedarse, como cualquier otro avance tecnológico comunicacional. Por supuesto, ello evidencia falta de comprensión de lo que es una universidad o, mejor dicho, la percepción de personas que se anclaron en la universidad del aula y nunca evolucionaron en ese sentido.

En todo caso el país aprecia poco lo que es hoy en día esencial, ya que nos referimos a la última frontera de la universidad, su capacidad de producir conocimientos. Fueron los ingratos que cerraron al CIED, la única universidad corporativa del país, una de las mejores del mundo, en su momento, porque era de la vieja Pdvsa, sin percatarse de que la vieja iba a seguir siendo Pdvsa, porque no hay otra manera adecuada de manejar esta industria, como lo hacía la vieja y lo hace la nueva, pero ahora sin universidad. Soy de los que cree que la sociedad venezolana no aprecia el valor de los productos académicos; esto es, el conocimiento carece de valor, a pesar de su elevado costo, proceso de producción ineficiente, pues se produce poco, a costo elevado, y sin añadir valor a la economía, que obedece más bien a criterios de improductividad, gracias a la famosa industria, que mantiene las arbitrariedades y caprichos de las élites dirigentes. Voy a dar dos simples ejemplos del valor del conocimiento en esta sociedad.

Este artículo que lee usted en este momento, por ejemplo, carece de valor. Cuando me solicitaron el artículo me dijeron, muy honradamente, por lo demás, que era "articulista invitado", eso quiere decir que no me pagaran nada por este artículo. Probablemente porque reservaran los fondos disponibles para dar un cocktail cuando presenten la revista y, es de esperar, nos inviten al evento. En efecto, según este criterio mi trabajo académico no tiene valor, ni el producto ni el tiempo que dedique al mismo. Tiene valor el empleo --por ello me pagan la generosa pensión que recibo cada quince días, adornada gratamente con pagos ocasionales a lo largo del año-- pero el trabajo carece del mismo, como ha explicado Herzberg. Por fortuna para mis ingresos de vez en cuando me piden trabajos del exterior y me los pagan por palabra, tratándose de consultorías que evacuo en no más de 1.500 palabras, excepto que por excepción el tema demande mayor espacio, caso en el cual el formato de pago es otro, pero, en todos los casos, en el mundo internacional nadie "invita" excepto que se ofrezca un pago; cosas, diría alguien, del capitalismo salvaje, un patrón de remuneración que omite la solidaridad. Pero, entonces, debería de entender que la Apucv cree en las rutinas del socialismo y en vez de pagar el valor de un producto pues apela a la solidaridad, pide una colaboración, y de hecho debo considerarme honrado de ser, como señalé, un "articulista invitado". El segundo ejemplo es conmovedor y se refiere al destacado filosofo apureño, nacido el 6 de marzo de 1929, en Palmarito, estado Apure, Venezuela, aunque debería decir más bien que nació un día como el citado y asentado en la ciudad de la cual don Mariano decía que era una universidad rodeada por una ciudad o algo así, porque he leído distintas versiones de la frase del celebre merideño. En el ejemplo citado la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET) publicó una edición del libro de José Manuel Briceño Guerrero, probablemente el venezolano más cercano a esa categoría ya no académica sino intelectual de pensador.

Soy de los que cree que la sociedad venezolana no aprecia el valor de los productos académicos; esto es, el conocimiento carece de valor, a pesar de su elevado costo, proceso de producción inefi ciente, pues se produce poco

En esa región del Táchira, donde opera la UNET, hay un volumen aproximado de unos 3.000 profesores que deberían estar interesados en tal libro, incluyendo que la UNET tiene aproximadamente unos 743 profesores. Pues bien, el libro del citado filósofo, América Latina en el mundo (1966; 2010) fue publicado en una redición de apenas 250 copias, lo cual evidencia una de mis tesis sobre el tema: la ausencia de un mercado académico, pues se produce poco y lo que se produce no se consume, porque, de hecho, el libro citado me fue obsequiado porque no se vende en librerías, ya que es una producción "institucional", vale decir, solamente para obsequio; no es un commodity, en una palabra.

Por ello es propio de nuestra cultura esa expresión antipática que escuchamos los que publicamos libros, "supe que publicaste un libro, regálame una copia" y cuesta esfuerzo explicar a nuestro pedigüeño de turno que nuestros libros los publican unos tipos y tipas llamadas editores o editoras, y que uno recibe un número de copias que salen de inmediato para destinos internacionales, para que alguien los coloque piadosamente, en alguna reseña, porque, de todos modos, publicar en esta tierra de gracia es tan inútil que se hace solamente porque, como decía la niña del caso, uno se aburre sin hacerlo.

Por supuesto, no es necesario mencionar que aquí todo debe ser gratis. Cuando el Presidente que ahora nos gastamos estatizó una universidad privada en Barinas, envió un mensaje por Twitter a los estudiantes de la misma, expresando con la euforia que le caracteriza, que desde ese momento en adelante los estudios en esa universidad eran ¡gratis! Si quisiera profundizar en la materia, para demostrar la ausencia de valor del conocimiento generado en nuestra sociedad, pudiera hacer un catálogo de toda la tecnología que el país adquiere en el exterior, de todo tipo, desde cómo manejar nuestros servicios de identificación, los programas de auxilio social en salud y en educación, hasta los satélites --bueno, de momento es sólo uno-- en la remota China, país que opera en la materia con tecnología foránea, dicho sea de paso. Todo ello porque nuestra universidad y la vida académica en general es una burocracia de empleos, pero de poco trabajo; por eso es que pueden llamar a marchas los dirigentes de los profesores, con la misma indiferencia con la cual el Gobierno hace lo mismo o se hace una cadena de radio y televisión para cantar canciones y contar chistes, hasta chismes y dar ordenes a su audiencia pagada, porque da la impresión que nadie asiste a estas peroratas a menos que le paguen, pero no tengo constancia de ello.

En cuanto a la autonomía académica eso ya alcanza niveles chistosos, para no decir cómicos. ¿Autonomía de las universidades en Venezuela? La capacidad de disidencia de las universidades es una concesión no una propiedad --ciertamente, una concesión de la sociedad, no del gobierno. Concesión que debe proteger el gobierno, pero también los universitarios y, en este sentido, caben peguntas simpáticas: si las universidades son autónomas, ¿quiere decir ello que están ajenas a las regulaciones de la decencia académica?
Si quisiera profundizar en la materia, para demostrar la ausencia de valor del conocimiento generado en nuestra sociedad, pudiera hacer un catálogo de toda la tecnología que el país adquiere en el exterior


En el país hay numerosas instancias de malas prácticas, un eufemismo para decir que hay trampas y corrupción. ¿Cómo se dice cuando una persona obtiene un título de doctor "chimbo"? Recientemente he conocido, de primera mano, una persona que adquirió su título en una universidad "pirata" con sede en USA. Esta persona, con una sinceridad peligrosa, me contó que había invertido 20 mil bolívares para "obtener" su título, sin haber tenido que ir nunca a aquel sitio y de hecho, eso fue lo más gracioso, que la persona en cuestión no podía pronunciar el nombre de tal institución, porque no hablaba inglés, excepto el famoso tan kiu.

Citaría en este sentido el caso de la Latin American Research Review (L ASA), que es reciente. Un caso fascinante de cómo opera la ética académica. Pero ya me falta espacio y además escribo gratis y no tengo porque hacer mayor esfuerzo y puedo dar por terminado este artículo, como hubiera hecho Liebenstein.

Tampoco puedo abordar el tema del concepto tercero, pero en cuanto a la sociedad del conocimiento cabe decir solamente un par de cosas. De hecho somos habitantes felices del f lorido mundo de la sociedad del entrenamiento, que tiene la magia de la alquimia y transforma personas en diplomas. Luego, ¿acaso no estamos en revolución, conocida como anti intelectual, anti meritocrática y populista al extremo de que propone cómo saber más es, pues, valer menos? Espero que los lectores lean este artículo con benevolencia. Total lo leerán en una revista que seguramente les habrán obsequiado --a cero costo, quizás una donación institucional-- y si tuvieron que pagarla pues les agradezco a los patrocinantes de la aventura que es editar una revista, que nos hagan participes de tal desaguisado a los "articulistas invitados", en forma proporcional.

Ilustración: http://www.arteyfotografia.com.ar/134/fotos/61333/

sábado, 5 de junio de 2010

TRES PORTADAS




17 de mayo de 2008
IDEOLOGIA ...Importa muchísimo el Movimiento Estudiantil en tiempo presente. Pero hagamos un alto, por unos instantes, para constatar que hay una larga tradición histórica entre la juventud protestataria venezolana. Fenómeno que mereció la atención especializada de distintos au tores, como Orlando Albornoz en un libro publicado en 1972. No todo fue la Generación de 1928. Y Albornoz pasa revista en esta obra a lo que f u e el movimiento estudiantil y sus di ferentes tendencias en los sesenta. Debe estar, al menos, en la biblioteca central de la UCV.
ESTUDIANTES ...Esta es una obra posterior de Albornoz donde ensaya una perspectiva de la ineludible política ejercida por el movimiento estudiantil. En la actualidad, lo constatamos: es inevitable dar con la política y sobre todo cuando las libertades y la justicia social están ferozmente amenazadas bajo el chavismo.
LA JUVENTUD ... Revista de 1986, trae un excelente trabajo de Héctor Silva Michelena sobre la participación estudiantil en las actividades políticas. Por cierto, revisa viejotexto escrito junto a Heins Sonntag sobre el fenómeno estudiantil.