Confiar en Dios
José Antonio Pagola
El esfuerzo realizado por los teólogos a lo largo de los siglos para exponer con conceptos humanos el misterio de la Trinidad apenas ayuda hoy a los cristianos a reavivar su confianza en Dios Padre, a reafirmar su adhesión a Jesús, el Hijo encarnado de Dios, y a acoger con fe viva la presencia del Espíritu de Dios en nosotros. Por eso puede ser bueno hacer un esfuerzo por acercarnos al misterio de Dios con palabras sencillas y corazón humilde siguiendo de cerca el mensaje, los gestos y la vida entera de Jesús: misterio del Hijo de Dios encarnado.
El misterio del Padre es amor entrañable y perdón continuo. Nadie está excluido de su amor, a nadie le niega su perdón. El Padre nos ama y nos busca a cada uno de sus hijos e hijas por caminos que sólo él conoce. Mira a todo ser humano con ternura infinita y profunda compasión. Por eso, Jesús lo invoca siempre con una palabra: “Padre”.
Nuestra primera actitud ante ese Padre ha de ser la confianza. El misterio último de la realidad, que los creyentes llamamos “Dios”, no nos ha de causar nunca miedo o angustia: Dios solo puede amarnos. Él entiende nuestra fe pequeña y vacilante. No hemos de sentirnos tristes por nuestra vida, casi siempre tan mediocre, ni desalentarnos al descubrir que hemos vivido durante años alejados de ese Padre. Podemos abandonarnos a él con sencillez. Nuestra poca fe basta.
También Jesús nos invita a la confianza. Estas son sus palabras: “No viváis con el corazón turbado. Creéis en Dios. Creed también en mí”. Jesús es el vivo retrato del Padre. En sus palabras estamos escuchando lo que nos dice el Padre. En sus gestos y su modo de actuar, entregado totalmente a hacer la vida más humana, se nos descubre cómo nos quiere Dios.
Por eso, en Jesús podemos encontrarnos en cualquier situación con un Dios concreto, amigo y cercano. Él pone paz en nuestra vida. Nos hace pasar del miedo a la confianza, del recelo a la fe sencilla en el misterio último de la vida que es solo Amor.
Acoger el Espíritu que alienta al Padre y a su Hijo Jesús, es acoger dentro de nosotros la presencia invisible, callada, pero real del misterio de Dios. Cuando nos hacemos conscientes de esta presencia continua, comienza a despertarse en nosotros una confianza nueva en Dios.
Nuestra vida es frágil, llena de contradicciones e incertidumbre: creyentes y no creyentes, vivimos rodeados de misterio. Pero la presencia, también misteriosa del Espíritu en nosotros, aunque débil, es suficiente para sostener nuestra confianza en el Misterio último de la vida que es solo Amor.
15 de junio de 2014
Santísima Trinidad (A)
Juan 3, 16-18
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/reflexion-al-evangelio-dominical-fiesta-santisima-trinidad
Ilustración: Viota parcial del vitral de una Iglesia de la Diócesis de Eichstätt.
http://www.bistum-eichstaett.de/typo3temp/pics/1eafb7526c.jpg
http://www.bistum-eichstaett.de/en/kirchenjahr/kreuzweg/bestie-mensch/
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domingo, 15 de junio de 2014
domingo, 26 de mayo de 2013
COMUNIDAD DE PERSONAS
San Juan, 16: 12-15
En su homilía de hoy, el Padre Roberto Martialay
(SJ) señaló una encrucijada: Jesús se despide y deja al Espíritu Santo.
Panorama de conjunto: unidad y comunidad de personas.
Jesús nos ha enseñado quién es el Padre,
relacionado con Él (el que me envió, todo lo que tengo es Él, Dios es como
Jesús). Envía al Hijo (enviado, regresa al Padre), Hay una mutua relación entre
personas distintas. Uno, el origen y el otro, el enviado. El Espíritu Santo es
también persona, consuela.
Misterio no resuelto de manera inteligible. La
más cercana explicación: la familia. A imagen de Dios la creó. Pareja humana
fecunda.
Ilustración: André Bordet.
CURACIÓN
Fiesta de la Santísima Trinidad
José Antonio Pagola
A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.
A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.
Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en entre nosotros.
Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.
Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.
Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.
Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.
DIOS NO SE ABURRE
Son bastantes los que, llamándose cristianos, tienen una idea absolutamente triste y aburrida de Dios. Para ellos, Dios sería un ser nebuloso, gris, «sin rostro». Algo impersonal, frío e indiferente.
Y si se les dice que Dios es Trinidad, esto, lejos de dar un color nuevo a su fe, lo complica todo aún más, situando a Dios en el terreno de lo enrevesado, embrollado e ininteligible.
No pueden sospechar todo lo que la teología cristiana ha querido sugerir acerca de Dios, al balbucir desde Jesús una imagen trinitaria de la divinidad.
Según la fe cristiana, Dios no es un ser solitario, condenado a estar cerrado sobre sí mismo, sin alguien con quien comunicarse. Un ser inerte, que se pertenece sólo a sí mismo, autosatisfaciéndose aburridamente por toda la eternidad.
Dios es comunión interpersonal, comunicación gozosa de vida. Dinamismo de amor que circula entre un Padre y un Hijo que se entregan sin agotarse, en plenitud de infinita ternura.
Pero este amor no es la relación que existe entre dos que se exprimen y absorben estérilmente el uno al otro, perdiendo su vida y su gozo en una posesión exclusiva y un egoísmo compartido.
Es un amor que requiere la presencia del Tercero. Amor fecundo que tiene su fruto gozoso en el Espíritu en quien el Padre y el Hijo se encuentran, se reconocen y gozan el uno para el otro.
Es fácil que más de un cristiano se «escandalice» un poco ante la descripción de la vida trinitaria que hace el Maestro Eckart: «Hablando en hipérbole, cuando el Padre le ríe al Hijo, y el Hijo le responde riendo al Padre, esa risa causa placer, ese placer causa gozo, ese gozo engendra amor, y ese amor da origen a las personas de la Trinidad, una de las cuales es el Espíritu Santo».
Y sin embargo, este lenguaje «hiperbólico» apunta, sin duda, a la realidad más profunda de Dios, único ser capaz de gozar y reír en plenitud, pues la risa y el gozo verdadero brotan de la plenitud del amor y de la comunicación.
Este Dios no es alguien lejano de nosotros. Está en las raíces mismas de la vida y de nuestro ser. «En él vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17, 28).
En el corazón mismo de la creación entera está el amor, el gozo, la sonrisa acogedora de Dios. En medio de nuestro vivir diario, a veces tan apagado y aburrido, otras tan agitado e inquieto, tenemos que aprender a escuchar con más fe el latido profundo de la vida y de nuestro corazón.
Quizás descubramos que en lo más hondo de las tristezas puede haber un gozo sereno, en lo más profundo de nuestros miedos una paz desconocida, en lo más oculto de nuestra soledad, la acogida de Alguien que nos acompaña con sonrisa silenciosa.
Fuente: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Susana Amundaraín.
José Antonio Pagola
A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.
A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.
Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en entre nosotros.
Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.
Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.
Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.
Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.
DIOS NO SE ABURRE
Son bastantes los que, llamándose cristianos, tienen una idea absolutamente triste y aburrida de Dios. Para ellos, Dios sería un ser nebuloso, gris, «sin rostro». Algo impersonal, frío e indiferente.
Y si se les dice que Dios es Trinidad, esto, lejos de dar un color nuevo a su fe, lo complica todo aún más, situando a Dios en el terreno de lo enrevesado, embrollado e ininteligible.
No pueden sospechar todo lo que la teología cristiana ha querido sugerir acerca de Dios, al balbucir desde Jesús una imagen trinitaria de la divinidad.
Según la fe cristiana, Dios no es un ser solitario, condenado a estar cerrado sobre sí mismo, sin alguien con quien comunicarse. Un ser inerte, que se pertenece sólo a sí mismo, autosatisfaciéndose aburridamente por toda la eternidad.
Dios es comunión interpersonal, comunicación gozosa de vida. Dinamismo de amor que circula entre un Padre y un Hijo que se entregan sin agotarse, en plenitud de infinita ternura.
Pero este amor no es la relación que existe entre dos que se exprimen y absorben estérilmente el uno al otro, perdiendo su vida y su gozo en una posesión exclusiva y un egoísmo compartido.
Es un amor que requiere la presencia del Tercero. Amor fecundo que tiene su fruto gozoso en el Espíritu en quien el Padre y el Hijo se encuentran, se reconocen y gozan el uno para el otro.
Es fácil que más de un cristiano se «escandalice» un poco ante la descripción de la vida trinitaria que hace el Maestro Eckart: «Hablando en hipérbole, cuando el Padre le ríe al Hijo, y el Hijo le responde riendo al Padre, esa risa causa placer, ese placer causa gozo, ese gozo engendra amor, y ese amor da origen a las personas de la Trinidad, una de las cuales es el Espíritu Santo».
Y sin embargo, este lenguaje «hiperbólico» apunta, sin duda, a la realidad más profunda de Dios, único ser capaz de gozar y reír en plenitud, pues la risa y el gozo verdadero brotan de la plenitud del amor y de la comunicación.
Este Dios no es alguien lejano de nosotros. Está en las raíces mismas de la vida y de nuestro ser. «En él vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17, 28).
En el corazón mismo de la creación entera está el amor, el gozo, la sonrisa acogedora de Dios. En medio de nuestro vivir diario, a veces tan apagado y aburrido, otras tan agitado e inquieto, tenemos que aprender a escuchar con más fe el latido profundo de la vida y de nuestro corazón.
Quizás descubramos que en lo más hondo de las tristezas puede haber un gozo sereno, en lo más profundo de nuestros miedos una paz desconocida, en lo más oculto de nuestra soledad, la acogida de Alguien que nos acompaña con sonrisa silenciosa.
Fuente: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Susana Amundaraín.
TRINITARIOS
NOTITARDE, Valencia, 26 de mayo de 2013
"Caminando con Cristo"
La Santísima Trinidad (Jn.16,12-15)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
Hay un saludo paulino (aparece en una de las cartas de Pablo) que utilizamos en la Santa Misa que dice: "La gracia de Nuestro Señor, Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos ustedes". (2 Cor. 13, 13), que pone de manifiesto la fe en Dios Uno y Trino; es decir, se presenta al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en unidad de ser y diversidad de funciones o lo que es lo mismo un Dios en tres personas distintas (como lo dice el dogma católico: Dios es uno en esencia y naturaleza, pero trino en personas, una sola naturaleza divina, por tanto, un solo Dios, pero en tres Personas distintas de igual dignidad, gloria y categoría); misterio fundamental del que parte toda la Revelación cristiana y que sólo podemos tratar de comprender por la fe y por medio de lo que Cristo en su vida pública nos reveló al hablarnos del Padre y del Espíritu Santo.
Dios Uno y Trino ha querido venir a contactar con el hombre creado por Él a su imagen y semejanza, se le ha manifestado en Cristo encarnado para ofrecerle su amistad, su amor, comunión y para asegurarle la realidad de una vida sin fin que se alcanza por la fe y la vivencia de la caridad.
Toda nuestra vida cristiana está marcada por el misterio de la Trinidad; desde niños aprendimos a santiguarnos o a hacernos la señal de la cruz en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; en la Santa Misa, fuente y culmen de nuestra fe cristiana católica, al inicio y al final de la misma se hace una directa referencia a la Santísima Trinidad y durante toda la Eucaristía hay una alabanza a Dios Padre; a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo.
Se debe dejar claro, como lo he escrito en otras oportunidades, que si bien en la Sagrada Escritura no aparece la palabra Trinidad (porque es una acuñación de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia); como lo vemos en el evangelio de hoy siempre en boca de Jesús aparece la referencia al Padre y al Espíritu Santo. Sólo basta leer el evangelio de San Juan con detenimiento para darnos cuenta de esta realidad trinitaria que el evangelista nos presenta; recordemos los pasajes del evangelio de Juan que en los domingos pasados hemos venido comentando, llamados "discursos de despedidas" que van del capítulo catorce al diecisiete que hablan del Espíritu Santo Consolador, no como una fuerza de Dios, sino como una Persona que viene a ocupar el puesto de Cristo y a continuar el trabajo realizado por Él. Lo más grande del misterio (en teología católica una acepción de "misterio" es aquello que no podemos comprender a plenitud por nuestra mente limitada, y que no es algo tenebroso o terrorífico) de la Santísima Trinidad es que nos anuncia la realidad de un Dios cercano al hombre, que sale a su encuentro, que se reveló en Cristo Jesús para manifestar el inmenso amor que Él siente por cada ser humano, que lo acompaña, que lo guía, que lo alienta y todo esto lo realiza desde dentro del hombre mismo; porque desde el bautismo Dios habita en el alma humana.
Cristo nos enseñó a amar a Dios Padre, a llamarlo Padre Nuestro, a abrirle el corazón para que viniera a hacer morada en nosotros por medio del Espíritu Santo. Por eso, la mejor manera de entender el misterio trinitario es viviéndolo, sumergiéndose por la fe en esto que Dios mismo nos ha revelado en su Palabra; es decir, es aprender a vivir como hijos de Dios que nos salvó y adoptó como hijos en Cristo y por medio de su Espíritu Santo mora en nosotros. No caigamos en un intelectualismo de la fe, porque la fe más que intelecto es vivencia. No caigamos en los errores que algunos profesan, que por combatir la fe cristiana en la Trinidad revelada por Dios mismo, presentan a Jesús como un semidiós, no igual al Padre (¿entonces cuántos dioses serían? ¿Cristo sería verdadero Dios? O decir que el Espíritu Santo es la fuerza de Dios es tirar por el suelo todo lo que el mismo Cristo habla acerca de Éste sobre todo en el evangelio de Juan). Sólo quien conoce y ama Dios, puede conocer verdaderamente al ser humano en su plenitud. Es decir, del encuentro de Dios trinitario salimos al encuentro del hermano, a vivir la comunión y solidaridad, porque Dios mueve a la caridad, a la fraternidad.
IDA Y RETORNO: ¿La Iglesia Católica no hace nada contra la inseguridad? Hay que decir rotundamente que la inseguridad no se combate con armas; por encima de esto están la educación y los valores y en esta materia la Iglesia ha hecho, hace y seguirá haciendo a favor de la sociedad venezolana y del mundo entero, porque es parte de su misión, de su razón de ser, cuando fue fundada por Cristo. En Venezuela hay 18 seminarios mayores que forman a los futuros líderes espirituales del país que cuando egresan van a las parroquias que mayoritariamente están en las zonas populares; la Iglesia promueve y mantiene los Hogares Crea de Venezuela, tiene sacerdotes capellanes en las cárceles, tiene colegios de Fe y Alegría y otros en zonas con mayor necesidad. Esto por mencionar sólo algunos ejemplos de actuación de la Iglesia Cristiana Católica en Venezuela.
Ilustración: Alejandro Dafunchio.
"Caminando con Cristo"
La Santísima Trinidad (Jn.16,12-15)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
Hay un saludo paulino (aparece en una de las cartas de Pablo) que utilizamos en la Santa Misa que dice: "La gracia de Nuestro Señor, Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos ustedes". (2 Cor. 13, 13), que pone de manifiesto la fe en Dios Uno y Trino; es decir, se presenta al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en unidad de ser y diversidad de funciones o lo que es lo mismo un Dios en tres personas distintas (como lo dice el dogma católico: Dios es uno en esencia y naturaleza, pero trino en personas, una sola naturaleza divina, por tanto, un solo Dios, pero en tres Personas distintas de igual dignidad, gloria y categoría); misterio fundamental del que parte toda la Revelación cristiana y que sólo podemos tratar de comprender por la fe y por medio de lo que Cristo en su vida pública nos reveló al hablarnos del Padre y del Espíritu Santo.
Dios Uno y Trino ha querido venir a contactar con el hombre creado por Él a su imagen y semejanza, se le ha manifestado en Cristo encarnado para ofrecerle su amistad, su amor, comunión y para asegurarle la realidad de una vida sin fin que se alcanza por la fe y la vivencia de la caridad.
Toda nuestra vida cristiana está marcada por el misterio de la Trinidad; desde niños aprendimos a santiguarnos o a hacernos la señal de la cruz en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; en la Santa Misa, fuente y culmen de nuestra fe cristiana católica, al inicio y al final de la misma se hace una directa referencia a la Santísima Trinidad y durante toda la Eucaristía hay una alabanza a Dios Padre; a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo.
Se debe dejar claro, como lo he escrito en otras oportunidades, que si bien en la Sagrada Escritura no aparece la palabra Trinidad (porque es una acuñación de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia); como lo vemos en el evangelio de hoy siempre en boca de Jesús aparece la referencia al Padre y al Espíritu Santo. Sólo basta leer el evangelio de San Juan con detenimiento para darnos cuenta de esta realidad trinitaria que el evangelista nos presenta; recordemos los pasajes del evangelio de Juan que en los domingos pasados hemos venido comentando, llamados "discursos de despedidas" que van del capítulo catorce al diecisiete que hablan del Espíritu Santo Consolador, no como una fuerza de Dios, sino como una Persona que viene a ocupar el puesto de Cristo y a continuar el trabajo realizado por Él. Lo más grande del misterio (en teología católica una acepción de "misterio" es aquello que no podemos comprender a plenitud por nuestra mente limitada, y que no es algo tenebroso o terrorífico) de la Santísima Trinidad es que nos anuncia la realidad de un Dios cercano al hombre, que sale a su encuentro, que se reveló en Cristo Jesús para manifestar el inmenso amor que Él siente por cada ser humano, que lo acompaña, que lo guía, que lo alienta y todo esto lo realiza desde dentro del hombre mismo; porque desde el bautismo Dios habita en el alma humana.
Cristo nos enseñó a amar a Dios Padre, a llamarlo Padre Nuestro, a abrirle el corazón para que viniera a hacer morada en nosotros por medio del Espíritu Santo. Por eso, la mejor manera de entender el misterio trinitario es viviéndolo, sumergiéndose por la fe en esto que Dios mismo nos ha revelado en su Palabra; es decir, es aprender a vivir como hijos de Dios que nos salvó y adoptó como hijos en Cristo y por medio de su Espíritu Santo mora en nosotros. No caigamos en un intelectualismo de la fe, porque la fe más que intelecto es vivencia. No caigamos en los errores que algunos profesan, que por combatir la fe cristiana en la Trinidad revelada por Dios mismo, presentan a Jesús como un semidiós, no igual al Padre (¿entonces cuántos dioses serían? ¿Cristo sería verdadero Dios? O decir que el Espíritu Santo es la fuerza de Dios es tirar por el suelo todo lo que el mismo Cristo habla acerca de Éste sobre todo en el evangelio de Juan). Sólo quien conoce y ama Dios, puede conocer verdaderamente al ser humano en su plenitud. Es decir, del encuentro de Dios trinitario salimos al encuentro del hermano, a vivir la comunión y solidaridad, porque Dios mueve a la caridad, a la fraternidad.
IDA Y RETORNO: ¿La Iglesia Católica no hace nada contra la inseguridad? Hay que decir rotundamente que la inseguridad no se combate con armas; por encima de esto están la educación y los valores y en esta materia la Iglesia ha hecho, hace y seguirá haciendo a favor de la sociedad venezolana y del mundo entero, porque es parte de su misión, de su razón de ser, cuando fue fundada por Cristo. En Venezuela hay 18 seminarios mayores que forman a los futuros líderes espirituales del país que cuando egresan van a las parroquias que mayoritariamente están en las zonas populares; la Iglesia promueve y mantiene los Hogares Crea de Venezuela, tiene sacerdotes capellanes en las cárceles, tiene colegios de Fe y Alegría y otros en zonas con mayor necesidad. Esto por mencionar sólo algunos ejemplos de actuación de la Iglesia Cristiana Católica en Venezuela.
Ilustración: Alejandro Dafunchio.
UNIDAD EN LA DIVERSIDAD
EL IMPULSO, Barquisimeto, 26 de mayo de 2013
Buena Nueva - ¿Un dios spray?
Isabel Vidal de Tenreiro
Un dios que no ama es la antítesis de Dios, pues esencialmente “Dios es Amor” (1 Jn. 4, 16). Sin embargo, algunos en nuestros días se están construyendo un “dios” a su manera, a su medida, a su antojo ... y, sin darse cuenta, se están construyendo un “dios” que no puede amar.
Un Dios “spray”, ha llamado el Papa Francisco a este “dios” inventado, “new-age”, que creen es simplemente “energía”. Y una simple “energía”, por más grande que pueda ser, no es capaz de amar.
"¿Cuántas veces?" -se preguntó el Papa- la gente dice que en el fondo cree en Dios, pero "¿en qué Dios?. Un Dios difuso, un Dios-spray, que está un poco por doquier pero no se sabe qué es”.
Para los católicos -y también para los demás cristianos- Dios es todopoderoso, infinitamente poderoso, pero no es una simple energía. Para nosotros Dios no es mera fuerza nebulizada: es un Ser, que conoce y que nos conoce a cada uno de nosotros en forma particular. Es un Ser que se relaciona con nosotros, y nosotros con El. Es un Ser que ama, y nos ama a cada uno de manera especial, tan especial que nos ama a cada uno como si cada uno fuera único, porque cada una de sus creaturas es única para El.
Más aún, sabemos que Dios es un Ser tri-personal. De eso se trata el misterio de la Santísima Trinidad: Dios es uno, pero hay tres Personas en Dios. “Nosotros creemos en Dios que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu Santo. Nosotros creemos en personas, y cuando hablamos con Dios hablamos con Personas: o hablo con el Padre, o hablo con el Hijo, o hablo con el Espíritu Santo. Esta es la fe". (Francisco)
Y esas Tres Personas que son cada una el mismo y único Dios, se aman entre sí y nos aman a nosotros con un Amor que es Infinito, como Infinito es Dios.
Pero con ese monigote de dios que se está creando esta civilización post-modernista no hay posibilidad de relacionarse, pues más bien se cree que todos formamos parte de esa “divinidad energética” a la que llaman dios. Parece muy lindo el concepto de “formar parte” de dios. Pero al nosotros aparecer metidos dentro de esa “energía”, en esa pretendida unidad no hay distinción entre nosotros y ese “spray”. Y si no hay distinción entre nosotros y dios ¿cómo puede existir el amor?
Parece, incluso, que esa pretendida unidad de todos formando parte del dios energía, fuera lo mismo que la unión o comunión con el Dios único y verdadero que pregona el cristianismo y que, efectivamente, Dios nos ofrece. Pero es muy distinto. En la verdad y realidad cristianas, Dios se da a los seres humanos y espera que nosotros nos demos a El. El nos comunica su Amor y desea que le amemos a El (por cierto, sobre todas las demás cosas y personas). El nos ama para que nosotros le amemos y para que nos amemos entre nosotros con ese Amor con que El nos ama.
Y en ese Amor de Dios a nosotros, de nosotros a Dios y de nosotros entre sí, se da la unión. “Que todos sean uno como Tú, Padre, estás en Mí y Yo en Ti. Sean también ellos uno en Nosotros” (Jn. 17, 21).
Si amamos a Dios como El desea ser amado por nosotros y si nos amamos entre nosotros con ese amor con que Dios nos ama, estaremos unidos a Dios para toda la eternidad.
Pero aún en el más allá, cuando esa unión se dará a plenitud, Dios seguirá siendo Dios y nosotros seguiremos siendo nosotros. Dios seguirá siendo Tres Personas y nosotros seguiremos siendo también personas. ¡Gracias a Dios que no seremos todos “spray”!
¿Por qué si Dios me ama me suceden cosas malas?
Pieza: Thilo Frank.
Buena Nueva - ¿Un dios spray?
Isabel Vidal de Tenreiro
Un dios que no ama es la antítesis de Dios, pues esencialmente “Dios es Amor” (1 Jn. 4, 16). Sin embargo, algunos en nuestros días se están construyendo un “dios” a su manera, a su medida, a su antojo ... y, sin darse cuenta, se están construyendo un “dios” que no puede amar.
Un Dios “spray”, ha llamado el Papa Francisco a este “dios” inventado, “new-age”, que creen es simplemente “energía”. Y una simple “energía”, por más grande que pueda ser, no es capaz de amar.
"¿Cuántas veces?" -se preguntó el Papa- la gente dice que en el fondo cree en Dios, pero "¿en qué Dios?. Un Dios difuso, un Dios-spray, que está un poco por doquier pero no se sabe qué es”.
Para los católicos -y también para los demás cristianos- Dios es todopoderoso, infinitamente poderoso, pero no es una simple energía. Para nosotros Dios no es mera fuerza nebulizada: es un Ser, que conoce y que nos conoce a cada uno de nosotros en forma particular. Es un Ser que se relaciona con nosotros, y nosotros con El. Es un Ser que ama, y nos ama a cada uno de manera especial, tan especial que nos ama a cada uno como si cada uno fuera único, porque cada una de sus creaturas es única para El.
Más aún, sabemos que Dios es un Ser tri-personal. De eso se trata el misterio de la Santísima Trinidad: Dios es uno, pero hay tres Personas en Dios. “Nosotros creemos en Dios que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu Santo. Nosotros creemos en personas, y cuando hablamos con Dios hablamos con Personas: o hablo con el Padre, o hablo con el Hijo, o hablo con el Espíritu Santo. Esta es la fe". (Francisco)
Y esas Tres Personas que son cada una el mismo y único Dios, se aman entre sí y nos aman a nosotros con un Amor que es Infinito, como Infinito es Dios.
Pero con ese monigote de dios que se está creando esta civilización post-modernista no hay posibilidad de relacionarse, pues más bien se cree que todos formamos parte de esa “divinidad energética” a la que llaman dios. Parece muy lindo el concepto de “formar parte” de dios. Pero al nosotros aparecer metidos dentro de esa “energía”, en esa pretendida unidad no hay distinción entre nosotros y ese “spray”. Y si no hay distinción entre nosotros y dios ¿cómo puede existir el amor?
Parece, incluso, que esa pretendida unidad de todos formando parte del dios energía, fuera lo mismo que la unión o comunión con el Dios único y verdadero que pregona el cristianismo y que, efectivamente, Dios nos ofrece. Pero es muy distinto. En la verdad y realidad cristianas, Dios se da a los seres humanos y espera que nosotros nos demos a El. El nos comunica su Amor y desea que le amemos a El (por cierto, sobre todas las demás cosas y personas). El nos ama para que nosotros le amemos y para que nos amemos entre nosotros con ese Amor con que El nos ama.
Y en ese Amor de Dios a nosotros, de nosotros a Dios y de nosotros entre sí, se da la unión. “Que todos sean uno como Tú, Padre, estás en Mí y Yo en Ti. Sean también ellos uno en Nosotros” (Jn. 17, 21).
Si amamos a Dios como El desea ser amado por nosotros y si nos amamos entre nosotros con ese amor con que Dios nos ama, estaremos unidos a Dios para toda la eternidad.
Pero aún en el más allá, cuando esa unión se dará a plenitud, Dios seguirá siendo Dios y nosotros seguiremos siendo nosotros. Dios seguirá siendo Tres Personas y nosotros seguiremos siendo también personas. ¡Gracias a Dios que no seremos todos “spray”!
¿Por qué si Dios me ama me suceden cosas malas?
Pieza: Thilo Frank.
domingo, 3 de junio de 2012
MODELO PARA VIVIR
San Mateo, 28: 16-20
En su homilía de hoy (*), el Padre José Martínez de Toda (SJ) recogió fundamentalmente la reflexión escrita que se encuentra en la red: http://www.homiletica.org/PDF/aahomiletica012978.html, enfatizando a la Trinidad como modelo para vivir, la experiencia de San Francisco de Javier al bautizar a más de 300 mil personas en La India. Hizo mención de un trabajo que realizó sobre la teología de la comunión que creemos haber hallado en la red (www.iglesia.cl/documentos.../01092010_1156am_4c7e77b868874.p.), aunque será necesario disponer de tiempo para leerlo (*).
Luego de emplear un buen recurso didáctico (el Espíritu Santo está en todos y en todo, en nuestra cultura, como en el nombre de pila de Bolivar, la urbanización de la Gran Caracas, la isla caribeña, etc.), esbozó la tremenda novedad de un Dios y tres divinas personas, frente a las otras religiones. Contó la anécdota de San Agustín en una playa, preocupado por el tema, quien encontró a un niño intentando trasladar el mar a un pequeño agujerito: difícil no era para el Espíritu Santo, le respondió éste (***)
Espíritu Santo es un misterio. Vehículo de amor que está en nuestra vida cotidiana.
Dt 4, 3234, 39-40
Salmo 32
Rom 8, 14-17
(*) Hoy, en la misa anterior a la del Padre Martínez de Toda, fue distribuída la reflexión quie hace José Antonio Pagola sobre la Santísima Trinidad: http://www.imdosoc.org/?tag=jose-antonio-pagola&paged=5
(**) Promete ser interesante, por cierto, la mención que se hace en: http://es.scribd.com/doc/53624642/Revista-Iberoamericana-de-teologia-Ribet-06
(***) Isabel de Tenreiro aclara la anécdota de San Agustín: http://www.notitarde.com/notitarde/plantillas/columnista.aspx?idart=1655157&idcat=9852&tipo=2
Ilustración: Kgainez
VACIAR EL MAR
Buena Nueva
Como vivir en la Ssma Trinidad
Isabel Vidal de Tenreiro
El misterio de la Santísima Trinidad es el gran misterio: un solo Dios en tres Personas, misterio grande pues se refiere a la esencia misma de Dios, y grande también por lo imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano.
Cuéntase que mientras San Agustín se encontraba en la playa preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, vio a un niño tratando de vaciar el agua del mar en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito, a lo que le contestó el Santo: "Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!" Y el Niño le replicó: "No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad". Y con estas palabras el Niño desapareció.
Así es nuestro intelecto: tan limitado como el hoyito para contener el agua del mar, sobre todo cuando trata de explicarse verdades infinitas como el misterio Trinitario.
Sin embargo, lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario de una manera oscura, incompleta, pero en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.
En efecto, nuestro fin último es la unión para siempre con Dios en el Cielo. Pero desde aquí en la tierra podemos comenzar a estar unidos a la Santísima Trinidad y a ser habitados por ésta, pues Jesucristo nos ha dicho: "Si alguno me ama guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él" (Jn.14, 23).
Aunque las Tres Divinas Personas son inseparables en su ser y en su obrar, al Padre se le atribuye la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación. Es así como el Espíritu Santo en su obra de santificación en cada uno de nosotros, nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo, y el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a El. "Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer" (Mt. 11, 27).
¿Cómo podemos vivir este misterio desde ya aquí en la tierra? "Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios ... Y si somos hijos de Dios también somos herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Rm. 8, 14-17). La clave está en dejarnos guiar por el Espíritu Santo; es decir, en ser perceptivos, dóciles y obedientes a sus inspiraciones, que siempre nos llevan a buscar y cumplir la Voluntad de Dios. El Espíritu Santo nos irá haciendo semejantes al Hijo. El Hijo nos dará a conocer al Padre y así seremos herederos con Cristo, y seremos "glorificados junto con Él. ". (Rom 8, 17)
Así podremos vivir desde la tierra este misterio de la unión de nosotros con Dios y de nosotros entre sí, tal como el Hijo rogó al Padre antes de su Pasión y Muerte: "Que sean uno como Tú y Yo somos uno. Así seré Yo en ellos y Tú en Mí, y alcanzarán la perfección de esta unidad" (Jn. 17, 21-23).
Que al meditar la profundidad del Misterio Trinitario, podamos vivir lo que repetimos al comienzo de cada Misa: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros, y podamos también comenzar a vivir la unión de nosotros con la Santísima Trinidad y de nosotros entre sí.
Ilustración: Rafael Soriano
http://www.homilia.org
domingo, 19 de junio de 2011
SUPERAR EL PELIGRO DEL MISTERIO

San Juan, 3: 16-18
En su homilía de hoy, el Padre Numa Molina (SJ) llamó la atención sobre el peligro de dejar como misterio el de la Santísima Trinidad, despreocupados. Felipe le decía a Jesús que le mostrara al Padre, una necedad cuando lo ha visto. Entonces, lo conocemos como sinónimo de amor, compasión, misericordia, pureza, fidelidad, según le respondía la feligresía a Padre Molina que, grato hábito, interactúa con ella. Revelándose como un Dios que nos salva, entristecen las amenazas frecuentes con el infierno con el que nos puede condenar.
Dios es Papá y Mamá. Padre, Hijo y Espíritu Santo. Olvidamos también al Jesús consejero, compañero de camino, amigo de los excluidos, cojos, prostitutas, leprosos, ciegos.
El Padre Molina hizo referencia a las tragedias de El Rodeo y a los valores cristianos. Reconoció que, a veces, los sacerdotes certifican la asistencia a los cursos prebautismales para aquellos que frecuentemente alegan falta de tiempo para ello, sin reparar en la importancia y trascendencia del sacramento. ¿Cuántos de los delincuentes, de los que se encuentran en las cárceles, son nuestros ahijados y no los recordamos?; ¿cuántos de ellos se dicen católicos y no saben ni siquiera dónde fueron bautizados?.
Luego de hablar sobre la Santísima Trinidad y el día del padre, Molina hizo referencia al día del inmigrante. De los que vinieron a Venezuela con una mano adelante y otra atrás, pero también de los desplazados. Aludió a los africanos que intentan Europa, enfermos y moribundos en las embarcaciones que dejan atrás a aquellas que los condujo a América siglos atrás para esclavizarlos: muchas veces, llegando a la primera isla italiana con un familiar o amigo muerto del que no quisieron separarse durante la travesía, en condiciones infrahumanas. O del centroamericano que intenta llegar a Estados Unidos, atravesando por largos días México sobre los vagones de un tren donde se juega la vida, para llegar el que puede y ni su salario ser reconocido.
Finalmente, el Padre Molina leyó (y nos entregó):
"PROFESIÓN DE FE
Creo que Dios es mi Padre,
mi médico, mi libertador
el que lo crea todo para bien,
el que trabaja sin descanso por sus hijos.
Creo más que a mi ojos a su Palabra,
Jesús, el Hombre lleno del Espíritu,
en quien reside la divinidad plenamente,
que puso su tienda entre nosotros
y es luz, camino y verdad,
que es agua, pan y vino,
nacido de María,
muerto y resucitado,
vivo para siempre junto a Dios,
primogénito de todos sus hermanos.
Creo en el Viento de Dios,
porque lo he visto brillar en Jesús
y lo sigo viendo en la Iglesia.
Por Jesús y por su Espíritu
creo en el perdón, creo en la humanidad,
creo que en la Iglesia está el Espíritu,
creo que la vida es eterna,
y la espero para mí y para todos,
por el poder y la bondad del Padre
manifestada en Jesús, nuestro Señor" (*)
(*) Puede ubicarse en:
http://www.centroloyolapamplona.org/la-palabra-del-domingo/
http://www.centroloyolapamplona.org/la-palabra-del-domingo/
http://www.feadulta.com/Ev-JE_64_lc-17-11-19.htm
Ilustración: Mustafá Maluka
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