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domingo, 22 de septiembre de 2013

DESANONIMATO

Reconocimiento parlamentario
Ox Armand

Le toca el turno a María Aranguren que es diputada independiente por el estado Monagas. Ese pretexto como el tal diputado 99 la saca del anonimato, como ocurre igual con su suplente Carlos Flores del PSUV.  Es evidente que los  analistas (para reforzar la obviedad: de inteligencia), después de tanto analizar el problema, paseándose por la historia de cada diputado de la oposición, pareen privilegiarlos hasta nuevo aviso. Pero el comentario que nos permitimos hoy, no apunta a la habilitante que el gobierno aspira y a la captura del voto que le es necesario, sino a la rarísima manera de lograr el reconocimiento como parlamentario en Venezuela. No a través  del ruido que se haga, más que un carro nuevo, como sentenció humorísticamente Andrés Eloy Blanco, sino por la perfedia gubernamental.

En ningún país del mundo, el parlamentario nacional es automáticamente un referente … nacional. Son (como es lógico) muchos y hay un cogollito que procura monopolizar la atención del país. Ni siquiera en Estados Unidos que tiene cien senadores y todo lo que cuesta llegar a serlo, puede decirse que los hay más de diez con la debida atención nacional e internacional de los medios. Y no se diga de los numerosísimos representantes de períodos más cortos. En Venezuela, se sale del anonimato (o relativamente de él), cuando el gobierno le da la ocasión a sus partidarios de lucirse o de atreverse, y la oposición (a través de la gran prensa) hace algo parecido; mediante el trabajo personal e  intenso de denuncia y de legislación que, sin embargo, debe sufrir la falta de reconocimiento de los medios públicos y privados; o mediante el allanamiento o la inhabilitación del diputado que permite los cinco minutos de fama a lo Warhol, para el principal y el suplente. Y es lo que ocurre ahora con la Aranguren y con el Flores.

Llamemos la atención sobre algo más grave: todos tienen o dicen que tienen rabos de paja. Entonces, opera el chantaje. Aunque la más estelar de todas las preguntas es si no hay delito cuando algo raro se descubre, se monta tremendo expediente y se paralizan las investigaciones hasta que sean oportunas proseguirlas y conveniente castigar al infractor. Se dice que (hasta en la oposición) todo el mundo ha agarrado lo suyo pero nadie va preso. Mejor sería aseverar: preso hasta que en el tablero sirva de peón a una magnifica jugada que ni Garri Kímovich Kaspárov contra Deep Blue.

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/16706-reconocimiento-parlamentario

Gráficas: El Nacional, Caracas, 22/09/2013.

viernes, 26 de julio de 2013

NO SE ES, SIÉNDOLO

Político ni a palos
Nicomedes Febres

* Hay dos profesiones que nunca estarán en los libros de records laborales, por un lado el de prostituta, pero que tienen su compensación monetaria cuando hay trabajo. El otro es el de político, que después de mucho afán, de innumerables riesgos e incomprensiones puede que al final no le den ni las gracias y todo sea pura pérdida. Siempre he estado cerca de la política y de buenos políticos y la he estudiado profesionalmente. Creo que es una herramienta formidable para mejorar el mundo y lo que más me detiene para ser político es mi obsesivo amor al anonimato. Les he dicho que nunca confíen en políticos surgidos en la adultez porque usualmente son unos bandidos. Les he expresado que los políticos se miden por sus amigos, los cuales deben estar incluidos en una declaración jurada al igual que su patrimonio, cuando son electos o nombrados a un cargo de relevancia. Pero lo peor de la política son dos cosas, la primera nunca poder decir la verdad, usar la ambigüedad en el discurso, porque la gente común, que es el público de verdad usualmente es majadera, cree que siempre ellos tienen la razón. Así que mientras menos definiciones, mejor. Lo otro terrible es hacer una campaña electoral. Rodeado de gente, donde cada ciudadano que conoce al político que lo saluda cree que ahora son amigos y lo va a recordar porque lo obligó a beber en un posillo inmundo el mismo café con él. Le manda después recetas para el mal de ojo, un dulcito que hacen bien en su casa y una cartica para que le bautice un niño recién nacido o para solicitarle un favor, desde pedirle que le apalanque para que el muchacho entre en la universidad o le de una recomendación para cualquier cargo sin tener las cualidades para ello. Ningún político que se respete diría lo que yo les escribo a ustedes. Incluso algunos que me siguen me recomiendan que cese la columna porque me puedo ganar enemigos gratuitos entre gente que se sienta en algún momento aludida. Me niego a ello, lo mismo a que la traslade a un diario, porque entonces se vuelve obligación. Lo hago solo y exclusivamente solo porque como médico siento mucho desasosiego entre la gente que creo reducir al explicar las situaciones que presumo interpretar.
* La foto del día es de 1910 y es del botiquin Gato Negro propiedad de un señor Carró, ubicado en el pasaje de Linares, cerca de la casa natal del Libertador. Allí se comenzaron a vender mediante vendedores ambulantes nocturnos las primeras tostadas de Caracas que tuvieron gran éxito porque eran los únicos sitios que vendían cigarrillos luego que cerraban los botiquines y "las balas frías" después de las 11 de la noche para los viandantes nocturnos. Por cierto arepa y tostada no es lo mismo.

Fuente:https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10201357884289842&set=a.2324650196458.132741.1255727869&type=1&theater

miércoles, 24 de agosto de 2011

FUTURIBLES


Del anonimato político
Luis Barragán


Ocurre también en otros ámbitos, cuesta salir del anonimato político. Alcanzada una cierta y delimitada tribuna dirigencial, trascender a la opinión pública parece un gesto repentino del azar.

Todo dependerá de los tiempos que corran en términos de normalidad política y estabilidad institucional, acreditada la especialidad. De tratarse de un régimen de partidos, aparentemente bastará un cupo en el elenco dirigencial para adquirir la inevitable notoriedad de pareceres y posiciones, ampliada en las instancias burocráticas o parlamentarias.

Competidos o suplantados los partidos como principales agencias de socialización, la generalizada y persistente crisis política llevará a una desespecialización galopante. Por consiguiente, los profesionales del espectáculo tendrán las más acabadas oportunidades de actuar en el medio político, imponiéndose frente a los conocedores del oficio.

Simplificadas ambas fórmulas, cabría considerar la vocación de notoriedad del aspirante a salir del anonimato o de legitimarse en un terreno de inexorable aprendizaje. No constituye una enfermedad cuando la vocación de servicio público concede ese conocimiento por añadidura, caso que no es semejante al abanderado de su propia e inagotable vanidad que, además, agotando el favor de los amigos, triquiñuelando a sus adversarios reales o imaginarios, aún en el mismo bando, tiende a banalizar los problemas colectivos aupándose a sí mismo.

Dura y exigente, la disciplina política cuenta con facetas de reconocimiento inherentes que pueden o no, visar – precisamente – el conocimiento público del atareado. Tratándose de una sucesión de coyunturas efímeras, con un protagonismo efímero, únicamente la suerte prodigará ese conocimiento, al lado de otros que están precedidos por ella al internarse en el medio específico.

Quizá la fórmula concluyente está en que la fama, término ambigüo y temido que genera costos frecuentemente indeseables, luce inevitable cuando se tiene un sostenido y convencido trabajo – valga recalcar - desinteresado por ella. O, el más palpable indicador de la crisis, la obsesión puede llegar a tal calibre que no necesariamente tendrá por sustento el trabajo genuinamente realizado.

La rápida reflexión viene al caso, después de observar una fotografía de Teodoro Petkoff en el convulsionado escenario universitario de principios de los sesenta. El redactor refiere las espontáneas acciones celebradas en el medio estudiantil, sin adivinar la importancia que el orador adquiriría por esos mismos años (Momento, Caracas, nr. 224 del 28/10/60).

El autor de la aludida nota, relacionada con los disturbios consecutivos del orden público por entonces, no estaba en el deber de conocer al dirigente, pues, en el PCV de su militancia, apenas comenzaba a escucharse nacionalmente a “Petckot” (Tribuna Popular, Caracas, 06/05/60), novel presidente de la legislatura regional de Miranda, o “Petkokk” (Elite, Caracas, nr. 1834 del 01/11/60). Convengamos que, como hoy, hubo figuras consagradas que impedían – justamente – ese ejercicio de adivinación.

Ejercicios de tal monta suelen exagerar, como le ocurrió a Jorge Olavarría en un reportaje de 2000 sobre la dirigencia de la década para El Nacional de Caracas, faltando nombres que han destacado a pesar del libreto, probablemente por faltarle la discreción que tuvo Inés Quintero, otro ejemplo, al reportar el cambio de elencos políticos para Venezuela Analítica. En todo caso, al parecer, nada está escrito y puede juntarse el Antonio Machado del caminante, no hay camino…, con el Eudomar Santos con el como vaya viniendo…

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/9191-del-anonimato-politico
Fotografía: Momento, Caracas, nr. 224 del 28/10/60.