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domingo, 4 de marzo de 2018

FRENTE A UN MODELO DE NEGOCIOS

Evangelio Dominical: Mercaderes del Templo
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el tercer Domingo de Cuaresma, ciclo B, correspondiente al domingo 4 de marzo 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 2, 13-25. 

“Han convertido mi casa en una cueva de ladrones. ¡Corruptos!”

Éste es un pasaje fuerte: Jesús expulsa a los mercaderes del Templo.

¿Cómo ocurrió eso

Los judíos de Palestina debían subir una vez al año al Templo de Jerusalén a ofrecer sacrificios de animales. Aquí entraba el negocio. El dueño de los animales era Caifás, el sumo sacerdote. Al principio, los animales, antes de ser comprados, estaban fuera del Templo. Poco a poco Caifás permitió a sus vendedores venderlos dentro del Templo. Cuando llega Jesús, ve que el comercio ha invadido el Templo, y que les hacían muchas trampas a los compradores.

¿Y los cambistas de moneda?

Todos los israelitas estaban obligados a pagar anualmente al Templo varios impuestos.

Pero no podían pagar con monedas romanas, que para los judíos eran blasfemas e impuras, pues en ellas aparece el emperador como un dios, al que había que adorar.

Por eso, este dinero romano no podía entrar en lugar sagrado y era necesario cambiarlo por la moneda propia del Templo. Y aquí es donde ellos se aprovechaban pagando menos de lo que debían pagar al cambiar la moneda.

¿Cómo reacciona Jesús ante la invasión de los mercaderes?

Los cuatro evangelistas se hacen eco de cómo Jesús expulsa del templo a los «vendedores» de animales y a los «cambistas» de dinero, sólo interesados en robar lo que puedan, con la excusa de servir al Templo. Además, el culto religioso se degrada con la compra-venta de animales dentro del Templo. Jesús grita:

«Quiten esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado».

Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: “El celo por tu casa me devorará”.

Y con un látigo en la mano espanta a bueyes, ovejas y corderos, que comienzan a correr y a alborotar. Voltea las mesas de los cambistas, y las monedas ruedan por el suelo.

            Esto que hace Jesús es un desafío a la máxima autoridad religiosa de los judíos, que ha tolerado aquello. Y los sinópticos ven en esta expulsión de los mercaderes como la causa que precipita su crucifixión. Jesús no fue el primero en acusar a los mercaderes del Templo:

            - Jeremías ya había denunciado la guarida de ladrones en la que se había convertido el templo (Jeremías 7, 11), y había pronosticado su destrucción.

- Zacarías también había anunciado la desaparición por la fuerza de todo mercader del recinto sacro (Zacarías 14, 21).

Ante esta protesta de Jesús, las autoridades sólo le preguntan: “¿Por qué haces esto?” ¿A qué se debe esta reacción tan débil?

Es curioso que nadie hace un movimiento para detener a Jesús, probablemente porque al menos hay un gran grupo que está de acuerdo con su protesta.

En el año 30, en tiempo de Jesús, ya el sanedrín se había enfrentado a Caifás, el sumo sacerdote, que había permitido a los suyos tener a los animales dentro del templo.

Sin embargo, algunos le preguntan: «¿Qué señal nos muestras para obrar así?»

            Y se dicen: “Si Jesús es el Mesías y ha hecho milagros en muchas oportunidades, y si Él arrojó a los mercaderes del Templo como acto mesiánico, ¿por qué no acompaña esta acción con algún milagro visible y claro para confirmar y legitimar lo que dice y hace?”

Era su idea de cómo debía ser el Mesías: aparatoso y milagrero.

Pero la idea que tenía Jesús del Mesías era muy distinta (Se vio en las Tentaciones del desierto). Lo de él es servir, lograr que todos se amen, defender los derechos de los más necesitados, ayudar a la armonía y felicidad de todos.

Y ¿qué responde Jesús a su pregunta “¿Por qué haces esto?”

            La respuesta que les da es un poco enigmática, tanto que ni siquiera sus discípulos lo entendieron entonces. La respuesta de Jesús se podría formular así: “Vds han prostituido el Templo de Jerusalén. Lo que están haciendo ahora es destruirlo. Y así ocurrirá. En cambio yo soy el nuevo Templo. Mi cuerpo ciertamente será destruido, pero a los tres días resucitaré”.

De veras, Jesús es el Único en donde Dios y la humanidad se encuentran. Jesús es el “templo nuevo” inundado por el Espíritu de Dios. El cuerpo de Jesús se convertirá en la morada viviente de Dios en la tierra, y el centro de todo culto verdadero.

Para encontrarse con Dios, no basta entrar en una iglesia, no basta el incienso, ni las aclamaciones ni las liturgias solemnes. Los verdaderos adoradores son aquellos que viven ante Dios «en espíritu y en verdad», como le había dicho Jesús a la Samaritana.

La verdadera adoración consiste en vivir con el «Espíritu» de Jesús en la «Verdad» del Evangelio. Sin esto, el culto es «adoración vacía». Es necesario acercarse a Jesús, entrar en su proyecto, seguir sus pasos, vivir con su espíritu. (Pagola)

¿Podemos aplicar la frase de Jesús ‘cueva de ladrones’ al momento actual?

Hay corruptos a nivel internacional, nacional y local. Hay corruptos en la política, en los negocios, en los medios de comunicación, en los sindicatos, en las escuelas, en las universidades (vendiendo plagios); en todas las instituciones. También en la Iglesia…

Antes se ofrecían a Dios animales. ¿Y en el cristianismo?

En nuestra Misa, en vez de sacrificios de animales, ofrecemos el pan y el vino, que serán convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, el cual realmente se sacrifica y muere en una cruz por nosotros.      La Misa, como en la Última Cena, tiene tres partes:

-          La liturgia de la Palabra con la lectura y comentarios sobre la Biblia

-          La liturgia de la Eucaristía con la consagración del Cuerpo y Sangre de Cristo.

-          La caridad que no puede faltar, como no faltó en la Última Cena de Jesús el lavatorio de los pies.

            Lo importante no es dónde adorar a Dios, sino cómo adorarle: en espíritu y verdad, y sirviendo a los hermanos.  

Fuente:
Cfr.
Ilustración: El Greco.

lunes, 9 de marzo de 2015

LA TIENDA DEL ENCUENTRO

NOTITARDE, 8 de marzo de 2015
“Caminando con Cristo”
Jesús es el nuevo y definitivo Templo (Jn. 2, 13-25)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús que va a Jerusalén, cercana ya la pascua de los judíos, a dar cumplimiento definitivo al proyecto del Padre eterno. Jesús, acompañado por sus discípulos va al Templo, lugar de culto por excelencia para los judíos. Ese templo que desde el Antiguo Testamento representa o simboliza el lugar de encuentro con Dios y donde el pueblo de Israel acude para tributarle honor y alabanza, donde se encuentra el arca de la Alianza que contiene las tablas de la ley o los mandamientos divinos. Ese templo que en el pasado fue sitiado y destruido y que como se lo dicen los jefes religiosos a Jesús para ese momento llevaba ya 46 años reconstruido. Era el segundo Templo de Israel y de lo cual los judíos se sentían orgullosos.
Jesús va al Templo para orar y enseñar y en esta ocasión como lo narra el evangelista San Juan, se consigue que la Casa de su Padre la han convertido en una cueva de ladrones y bandidos, lugar para comerciar, enriquecerse y se perdía con este el sentido cultual y espiritual que representaba. Jesús siente rabia por esto y tomando un látigo empieza a correr a los mercaderes (los vendedores de animales para el sacrificio y los cambistas) del Templo y así sus discípulos se recuerdan de aquel pasaje de la Escritura que dice “el celo por tu casa me devora” (Salmo 69,10). Los jefes religiosos y encargados del Templo le piden cuentas a Jesús por su conducta y la respuesta de Jesús es desafiante: “Destruyan este Templo y en tres días lo reconstruiré”. Él hablaba del templo de su cuerpo y se refería a su Resurrección. Él sabía que se acercaba su Pasión, Muerte y Resurrección y que tenía que inmolarse para lograr la salvación del mundo, para destruir las cadenas del pecado y de la muerte eterna, para liberar al hombre del mal y abrirle de nuevo las puertas del paraíso. Todo esto lo entendieron sus discípulos y lo entendemos hoy también nosotros, después que el murió y resucitó.
Con todo lo anterior, Cristo inaugura un nuevo culto, una nueva y definitiva Alianza que supera al Templo. Él ahora es el revelador del Padre eterno, es el nuevo y definitivo Templo, el lugar de encuentro con Dios, el Sumo Pontífice, el Camino que conduce al Padre, la nueva ley, la definitiva Palabra del Padre que como el domingo pasado nos recordaba la Transfiguración. Hay que escucharlo y seguirlo.
Los cristianos católicos tenemos lugares de encuentro con Dios que llamamos iglesias, capillas, santuarios, donde sobre todo nos reunimos a celebrar la Santa Misa el domingo, día de la Resurrección del Señor. Sin embargo, nuestro culto y adoración a Dios Uno y Trino debe ir más allá de esto y en concreto es recordar que cada uno de nosotros somos templo vivo de Dios, que el verdadero culto que le tributamos al Señor es cuando llevamos una vida en pureza, cuando tratamos de vivir cada día de acuerdo a su Palabra, cuando nos preocupamos por ser coherentes en nuestra forma de pensar, sentir y actuar, cuando le damos cabida a Dios en nuestra vida y vivimos nuestro día a día de cara a Él, viviendo sus preceptos que se resumen en el amor y haciendo el bien a nuestros semejantes. Ir o venir a la misa es algo grande y muy importante, pero al mismo tiempo es un compromiso de saber y recordar que yo soy una “piedra viva” que ahora forma el nuevo y definitivo Israel que es la Iglesia que Jesús quiso fundar en su persona y que está compuesta por cada bautizado que escucha, sigue y vive de acuerdo a las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo.
En definitiva, si queremos encontrar a Dios en nuestra vida necesitamos acercarnos a Jesús, escucharlo, seguirlo y vivir como Él; necesitamos entender también que Dios quiere habitar dentro de nosotros, pero para eso debemos quitar de nuestra vida aquellas cosas que no lo honran, que hacen que el templo de nuestra vida no esté dispuesto para Él. Pidámosle a Jesús que derribe de nuestro corazón el odio, la vanidad, la idolatría del dinero, el poder y el placer, la mentira y tantas cosas que no hacen que le demos un verdadero culto a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien hay que adorar en espíritu y verdad. (Jn. 4,19-24).
Ida y Retorno
El próximo 13 y 14 de marzo, el Papa Francisco ha invitado a toda la Iglesia cristiana católica a una actividad de oración y acción llamada “24 horas para El Señor”, para que los cristianos católicos tomemos conciencia que debemos luchar contra la globalización de la indiferencia. Por eso, en todo el mundo, en cada diócesis y parroquia se harán oraciones y vigilias de adoración por todo el mundo, por la paz mundial, para que cesen las guerras, la violencia, la corrupción, el odio entre hermanos, para que los que gobiernan lo hagan con conciencia, para que nos preocupemos por los que más sufren y son más vulnerables.

Cfr.José Martínez de Toda (SJ): http://www.homiletica.org/PDF4/aahomiletica019485.html
Ilustración: Jorge Pérez Zerep.

EL TEMPLO DE SÍ MISMOS

Trata a todos sabiendo que son templos de Dios
Fray Marcos (Rodríguez)

Introducción
En las tres primeras lecturas de los domingos que llevamos de cuaresma, se nos ha hablado de pacto. Después de la alianza con Noe (domingo 1º) y con Abraham (2º), se nos narra hoy la tercera alianza, la del Sinaí.
La alianza con Noe, fue la alianza cósmica del miedo.
La de Abrahán fue la familiar de la promesa.
La de Moisés fue la nacional de la Ley.
¿Cómo debemos entender hoy estos relatos? Noe, Abrahán y Moisés, son personajes legendarios, en los que, no sólo la religión judía, sino también el cristianismo y el islán encuentran su fundamento.
La historia “sagrada” que narra la vida y milagros de estos personajes fue escrita hacia el s. IX antes de Cristo. Son míticas leyendas que no podemos entender al pie de la letra. Se trata de experiencias vitales que responden a las categorías religiosas de cada época.
Hoy nadie, en su sano juicio, puede pensar que Dios le dio a Moisés unas tablas de piedra con los diez mandamientos. No fue Dios quien utilizó a Moisés para comunicar su Ley, sino Moisés el que utilizó a Dios para hacer cumplir unas normas que él consideró imprescindibles para la construcción y supervivencia del un pueblo.
Dios no puede hacer pactos con nadie porque no puede ser “parte”. Una cosa es la experiencia de Dios que los hombres tienen según su nivel cultural, y otra muy distinta lo que Dios es.
Jesús nos habló de un Dios de la “alianza eterna”, es decir, Dios actúa de una manera unilateral y desde el amor, no desde un "toma y daca" con los hombres. Dios se da totalmente sin condiciones ni requisitos, porque el darse (el amor) es su esencia.
En el Dios de Jesús no tienen cabida los pactos ni las alianzas; lo único que espera de nosotros es que descubramos la presencia de ese amor total identificado con nuestro propio ser, y actuemos con los demás como él actúa con nosotros.
Explicación del Evangelio
El nombre de “purificación del templo” no es adecuado, porque no se trata de purificar, sino de sustituir. El relato del Templo lo hemos entendido de una manera demasiado simplista. Una vez más la exégesis viene en nuestra ayuda para descubrir el significado profundo del relato.
Como cualquier judío, Jesús desarro­lló su vida espiritual en torno al templo; pero su fidelidad a Dios le hizo comprender que lo que allí se cocía no era lo que Dios esperaba de los seres humanos.
Es muy importante recordar que cuando se escribió este evangelio, ni existía ya el templo ni la casta sacerdotal tenía ninguna influencia en el judaísmo. Pero el cristianismo se había convertido ya en una religión. Sin embargo, Juan advierte del peligro de repetir aquella manera de dar culto a Dios.
Este relato cumple perfecta­mente los criterios de historici­dad. Por una parte lo narran los cuatro evangelios. Por otra es algo que podía interpretarse por los primeros cristianos (todos judíos) como desdoro de la persona de Jesús, no es fácil que nadie se lo pudiera inventar si no hubiera ocurrido algo y no hubiera estado en las fuentes.
Nos han repetido, por activa y por pasiva, que lo que hizo Jesús en el templo fue purificarlo de una actividad de compraventa ilegal y abusiva. Según esa versión, Jesús lo que intenta es que al templo se vaya a rezar y no a comprar y vender.
Esto no tiene fundamento alguno, puesto que lo que estaban haciendo allí los vendedores y cambistas, era completa­mente imprescindible para el desarrollo de la actividad del templo.
Se vendían bueyes ovejas y palomas, que eran la base de los sacrifi­cios que se ofrecían en el templo. Los animales vendidos en el templo para sacrificarlos estaban controlados por los sacerdotes; de esa manera se garantizaba que cumplían todos los requisitos de legalidad.
También imprescindibles los cambistas, porque al templo sólo se le podía ofrecer dinero puro, es decir, acuñado por el templo. En la fiesta de Pascua, llegaban a Jerusalén israelitas de todo el mundo, a la hora de hacer la ofrenda no tenían más remedio que cambiar su dinero romano o griego por el del templo.
Jesús manifestó con un acto profético, que aquella manera de dar culto a Dios no era la correcta. Imaginad que una persona entra en la sacristía de una iglesia, se apropia del vino y las formas e impide que se diga la misa. No se le juzgaría por apoderarse de unos gramos de pan y una mínima cantidad de vino, sino por impedir la celebración de la eucaristía que es lo importante.
En ningún caso podemos pensar en una acción espectacular. En esos días de fiesta podía haber en el atrio del templo ocho o diez mil personas. Es impensable que un sólo hombre con unas cuerdas pudiera arrojar del templo a tanta gente.
El templo tenía su propia guardia que se encargaba de mantener el orden. Además en una esquina del templo se levantaba la torre Antonia, con una guarnición romana. Los levantamientos contra Roma tenían lugar siempre durante las fiestas. Eran momentos de alerta máxima para las autoridades romanas. Cualquier desorden sería sofocado en unos minutos.
Los textos que citan los evangelistas son la clave para interpretar el hecho. Debemos tener claro que la Biblia no estaba dividida en capítulos y en versículos como ahora. Era una escritura continua que ni siquiera separaba las palabras. Para citar la Biblia se recordaba una frase y con ella se hacía alusión a todo el contexto.
Los sinópticos ponen en labios de Jesús una cita de Isaías 56,7 ("mi casa será casa de oración para todos los pueblos") y otra de Jeremías 7,11 ("pero vosotros la habéis convertido en cueva de bandidos").
El texto de Isaías hace referencia a los extranjeros y a los eunucos que estaban excluidos del templo, y dice
“Yo los traeré a mi monte santo y los alegraré en mi casa de oración. Sus sacrificios y holocaus­tos serán gratos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos."
Isaías está diciendo, que en los tiempos mesiánicos, los eunucos y los extranjeros podrán dar culto a Dios. Ahora no podían pasar del patio de los gentiles.
El texto de Jeremías 7,11 dice así
"No podéis robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal, correr tras otros dioses y luego venir a presentaros ante mí, en este templo consagrado a mi nombre, diciendo: ‘Estamos seguros’ y seguir cometiendo los mismos crímenes. ¿Acaso tenéis este templo por una cueva de bandidos?”
Los bandidos no son los que venden palomas y ovejas, sino los que hacen las ofrendas sin una actitud mínima de conversión. Son bandidos, no por ir a rezar, sino porque sólo buscaban seguridad.
Lo que Jesús critica es que con los sacrificios se intente comprar a Dios. Como los bandidos se esconden en las cuevas, seguros hasta que llegue la hora de volver a robar y matar.
Juan va por otro camino y cita un texto de Zacarías 14,20:
"En aquel día se leerá en los cascabeles de los caballos: "consagrado a Yahvé", y serán las ollas de la casa del Yahvé como copas de aspersión delante del altar; y toda olla de Jerusalén y de Judá estará consagrada a Yahvé Sebaoth; y ya no habrá comerciante en la casa de Yahvé en aquel día".
Esa inscripción "consagrado a Yahvé" la llevaban los cascabeles de las sandalias de los sacerdotes y las ollas donde se cocía la carne consagrada. Quiere decir que en los tiempos mesiánicos, no habrá distinción entre cosas sagradas y cosas profanas, Dios lo inundará todo y todo será sagrado, es decir, ordenado al Señor. Las personas no serán santas porque vengan a rezar al templo, su santidad se hará presente en la vida ordinaria.
También en el Apocalipsis (21.22) se dice:
"No vi santuario en la ciudad, pues el Señor todopoderoso y el Cordero, eran su santuario."
Los vendedores interpelados (los judíos) le exigen un prodigio que avale su misión. No reconocen a Jesús ningún derecho para actuar así. Ellos son los dueños y Jesús un rival que se ha entrometido. Ellos están acreditados por la institución misma, quieren saber quién le acredita a él. No les interesa la verdad de la denuncia, sino la legalidad de la situación, que les favorece. Pero Jesús les hace ver que sus credenciales han caducado. Las credenciales de Jesús, serán hacer presente la gloria de Dios a través de su amor.
Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré. Aquí encontramos la razón por la que leemos el texto de Juan y no el de Marcos. Esta alusión a su resurrección da sentido al texto en medio de la cuaresma. Le piden una señal y él contesta haciendo alusión a su muerte. Su muerte hará de él el santuario único y definitivo.
Una de las razones para matarlo, será que se ha convertido en un peligro para el templo. Es interesante descubrir que, para Jn, el fin de los templos está ligado a la muerte de Jesús.
Aplicación
La aplicación a nuestra vida del mensaje del evangelio de hoy, tendría consecuencias espectaculares en nuestra relación con Dios. Si dejásemos de creer en un Dios ‘que está en el cielo’, no le iríamos a buscar en la iglesia (edificio), donde nos encontramos tan a gusto.
Si de verdad creyésemos en un Dios que está presente en todas y cada una de sus criaturas, trataríamos a todas con el mismo cuidado y cariño que si fuera él mismo.
Nos seguimos refugiando en lo sagrado, porque seguimos pensando que hay realidades que no lo son. Una vez más el evangelio está sin estrenar.
Meditación-contemplación
“Ya no habrá comerciantes en la casa del Señor, en aquel día”.
Ha llegado, de verdad, para mí “aquel día”.
¿He salido ya de un toma y daca en mis relaciones con Dios
¿He descubierto que él me lo ha dado todo
y que yo tengo que hacer lo mismo?
…………………
Mis relaciones con Dios tienen como base su amor total.
Nada puedo pedir ni esperar de él que no me haya dado ya.
Mi tarea consiste en tomar conciencia de ese don total.
Mi vida real responderá entonces a esa realidad.
…………………
Todas las criaturas son manifestación de Dios.
La única Realidad es Él mismo.
Nosotros sólo somos la imagen que se refleja en el espejo,
que no estaría ahí si Él no estuviera presente al otro lado.

Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-02-13-25-MR.htm
Cfr.
José Antonio Pagola: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-02-13-25-Pag.htm
Ilustración: Jorge Pérez Zerep.

domingo, 11 de marzo de 2012

MERCADERES


NOTITARDE, Valencia, 11 de Marzo de 2012
Creer en la persona de Jesús (Jn. 2,13-25)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El texto del evangelio de este tercer domingo de cuaresma, tomado del evangelio de Juan nos presenta a Jesús entrando al Templo de Jerusalén y echando fuera a los cambistas y mercaderes que habían convertido ese lugar sagrado en una casa de comercio, contradiciendo su verdadero sentido.

Los judíos que estaban sometidos por el imperio romano y manejaban la moneda romana, tenían una norma que "nada impuro" podía entrar en el Templo de Jerusalén; por eso, existían los cambistas que se colocaban a la entrada del Templo para cambiar la moneda romana (denario) por la moneda israelita (Siclo de Tiro o shekel). Estaban también los mercaderes que vendían palomas, bueyes y corderos para el sacrificio en el Templo; todo esto había hecho que la entrada al lugar más sagrado para los judíos, lugar del culto por excelencia a Dios se hubiese convertido en un mercado público, de compra y venta. Por eso, Jesús reacciona lleno de rabia y de celo por la Casa de su Padre y tira por suelo las monedas y echa de aquel lugar sagrado a los vendedores de animales. Los discípulos viendo esta actitud del Señor se recordaban las palabras de la Escritura: "El celo por tu casa me devora". Ante la actitud de Jesús, los guardianes del Templo lo increpan y le preguntan ¿con qué autoridad hacía esto? Y Jesús, hablando en un lenguaje figurativo le responde: "Destruyan este Templo y en tres días lo destruiré". Jesús no responde directamente a la pregunta de las autoridades judías, con lo cual el evangelio de Juan deja ver el contraste que hay entre la persona de Jesús, su autoridad moral, su condición divina, su actitud como verdadero Maestro de Israel y la persona de los jefes religiosos de su tiempo incoherente, legalista, fundamentalista y lejos de vivir una auténtica religión, un verdadero culto y adoración a Dios. En su manera imprevista de responder a los jefes religiosos judíos Jesús hablaba de su resurrección, del Templo de su cuerpo y los judíos pensaban en el Templo material que duró en construirse 46 años. Jesús les deja ver que la autoridad que tiene para actuar así es su condición divina, recriminarles el haber convertido la Casa de Dios en un lugar de vendimias, bajo el pretexto de proteger aquel lugar de "impurezas", sin darse cuenta que aquella actitud era más negativa que un legalismo, por la avaricia.

Para la profundidad teológica a la que le gusta llegar el evangelio de Juan, en la respuesta de Jesús hay una clara presentación de su divinidad como Hijo de Dios, como igual al Padre en su divinidad y un nuevo lugar de culto que da origen a una nueva religión. Si para el judío el Templo era el lugar de culto por excelencia, lugar de encuentro con Dios, lugar sagrado; ahora Jesús deja ver que el verdadero lugar de encuentro con el Padre Dios, el verdadero "lugar de culto", el "lugar de encuentro por excelencia" es su persona. Él es el verdadero Templo de Dios; el Templo de la Nueva y definitiva Alianza, que supera la Antigua y quien le sigue, cree en sus palabras y lo escucha está en el camino que conduce a la vida plena, al encuentro con Dios, a la Resurrección.

El evangelio de hoy nos sirve para recordar que un verdadero cristiano cree en Dios Padre, en Dios Hijo y en Dios Espíritu Santo; sabe y reconoce que Jesucristo es Dios y Hombre verdadero; que no es un semidiós; sino igual al Padre en su divinidad y sólo inferior al Padre en cuanto Hombre. Un verdadero cristiano tiene a Jesús como su Dios, Maestro, Mesías y Salvador y sabe y reconoce que sólo Jesús es el Camino para llegar al Padre; es Él quien nos revela el auténtico rostro de Dios y quien está en Él, lo sigue y escucha, vive en Dios y está en Dios. Ser cristiano es creer en Cristo, creerle a Cristo, escuchar su Palabra y sobre todo vivirla; sabiendo que todo esto se traduce y sintetiza en el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo.

El texto del evangelio nos recuerda hoy que Dios conoce nuestros corazones, Dios sabe quien es realmente auténtico y sincero frente a Él, que no es el legalismo, el fundamentalismo, el fanatismo al estilo de los jefes religiosos judíos lo que nos salva; no es una religión de apariencias la que nos salva, ni un culto vacío, sino un amor sincero a Dios y a los hermanos, que da prueba de nuestra fe. Así debe vivir el cristiano católico, en el amor sin diferencias.

Ida y retorno

El próximo miércoles 14 de marzo se realizará una ponencia en nuestro Seminario, abierta a estudiantes de psicología, profesores, catequistas, jóvenes, padres y madres, sacerdotes, religiosas, etc, titulada: "Sanar las adicciones", presentada por el Dr. Antonio Porras que viene de España y que cordialmente ha aceptado nuestra invitación para tan interesante jornada. Será de nueve a doce del mediodía. Así nuestro Seminario como Alma Mater de nuestra Arquidiócesis de Valencia contribuye no sólo a la formación integral de los futuros sacerdotes, sino de los fieles en general. El costo por participación es de 30 Bs, como una forma simbólica de contribuir. Bienvenidos a los que quieran asistir.


Ilustración: Constanza-Gazmuri, "Caja-de-luz", Museo-Guggenheim