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domingo, 17 de diciembre de 2017

TESTIGOS, NO MAESTROS

Evangelio Dominical: Juan el Bautista
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el Tercer domingo de Adviento, Ciclo B, correspondiente al domingo 17 diciembre 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 1, 6-8. 19-28

“Yo soy la voz del que grita en el desierto 

En el Evangelio, que acabamos de escuchar, se plantea la identidad de Juan el Bautista. ¿Será el Mesías?

Juan era un predicador al aire libre, metía mucho ruido, atraía a mucha gente, bautizaba en el río Jordán, tenía sus seguidores y esto preocupaba a las autoridades.

Juan criticaba el poder dominante de los romanos y de Herodes. Más adelante, Herodes lo meterá en la cárcel y le cortará la cabeza.

A las autoridades religiosas tampoco les gustaba su insistencia en pedir perdón por los pecados y en su Bautismo. Por eso le enviaron un grupo de personas para hacerle algunas preguntas insidiosas. Le preguntaron: ¿Quién eres tú?

Primero les dice lo que no es. Dice: “No soy el Mesías ni Elías ni el profeta que todos esperaban”. Pero después les dice lo que es:

- "Yo soy la voz del que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor" (como dijo el profeta Isaías). Juan es como el despertador que anuncia la luz del nuevo día, y al Señor de todos los días.

Es como un espejo, que puede iluminar agujeros profundos y hendiduras oscuras. Puede reflejar la luz en esos lugares inaccesibles. No es la luz ni la fuente de la luz. Pero puede hacer brillar la luz en la oscuridad, si la refleja.

            Juan es como este espejo: reflejo de la luz de Cristo. ¿Nosotros reflejamos la luz de Cristo? Esto lo resume muy bien el evangelio, cuando dice de él al principio, que es el testigo de la luz, es decir, de Jesús.

¿Qué es ser testigo de la luz, es decir, de Jesús?

 Juan el Bautista es ese testigo humilde, que no se da importancia.

Juan puede reflejar la luz de Cristo en los corazones de los hombres, puede contagiar luz y vida, y cambiar algunas cosas en sus vidas. Ése es el testigo.

El testigo nos revela que algo sabe de Dios y del amor, algo sabe de la «fuente» y de cómo se calma la sed de felicidad que hay en el ser humano.

Dios ilumina su vida. Se ve en su manera de vivir y de creer.

No habla mucho, pero es una voz. Comunica lo que a él le hace vivir. No dice cosas sobre Dios, pero contagia «algo». No enseña doctrina religiosa, pero invita a creer.

La vida del testigo atrae y despierta interés. Contagia confianza en Dios, libera de miedos. Abre siempre caminos. Es como el Bautista, «allana el camino al Señor».

La vida está llena de pequeños testigos. Son creyentes sencillos, humildes, conocidos sólo en su entorno. Personas entrañablemente buenas. Viven desde la verdad y el amor. Ellos nos «allanan el camino» hacia Dios. (Pagola).

El Bautista dice que Jesús está en medio de nosotros, pero que no lo conocemos. ¿Qué significa eso? ¿Se conoce a Jesús?

A Jesús se le conoce poco. Se le conoce de una manera superficial. Para muchos es un perfecto desconocido. Hay «hombres adultos y razonablemente instruidos» cuya ignorancia e indocumentación sobre Jesús es casi total. No sabrían decir qué relación puede haber entre Jesús y la realidad que viven día tras día. No lo consideran como un inspirador de sus vidas.

Si el Bautista estuviera hoy aquí, repetiría lo mismo de su tiempo:

"En medio de ustedes hay uno a quien no conocen". Porque Jesús es interrogante, desafío, interpelación y promesa para el hombre de todos los tiempos.

¿Se necesitan hoy testigos de Jesús?

“Hoy la gente no busca maestros, sino testigos”, dijo Paulo VI.

"A nuestra Iglesia le sobran documentos y le faltan testigos".

Tradicionalmente nos hemos preocupado por "transmitir" la fe. Y eso está muy bien. Los padres enseñaban a los hijos, los profesores de religión a sus alumnos, los catequistas a los catequizandos, los sacerdotes a los seglares. No han faltado palabras.

Ciertamente es necesario cuidar con fidelidad el mensaje del Señor, la teología.

Pero, tal vez, ha faltado testimonio, comunicación de experiencia, contagio de algo vivido de manera honda y entrañable. Nuestro mayor problema no es guardar el depósito de la fe, sino vivir esa fe depositada en nosotros.

También es necesario denunciar las injusticias. Pero, con frecuencia, junto a las palabras, han faltado testigos cuya vida arrastre a las gentes.

Lo primero que nos falta para que surjan testigos vivos es la "experiencia de Dios", la oración. Necesitamos reforzar la espiritualidad en la Iglesia actual. Debemos ser ‘contemplativos en la acción’, como nos recomienda la espiritualidad ignaciana.


Pocas veces vivimos la acogida de Dios desde el fondo de nosotros mismos y, por tanto, pocas veces llegamos con nuestra palabra creyente al fondo de los demás.> (Pagola)

Las comunidades se reúnen, rezan, cantan, pero salen de las iglesias "sin conocer al que está en medio de ellos". Sólo la acogida interior al Espíritu puede reanimar nuestras vidas y generar entre nosotros "testigos del Dios vivo".

¿Cómo celebrar la Navidad?

Lo principal es celebrarla como personas de profunda fe que queremos conocer más a Jesús, que estamos decididos a ser mejores testigos suyos. A esto deberían estar orientados los adornos y festejos navideños. He aquí algunos criterios para su uso:

- Poner sobre todo lo que tenga una base histórica en los evangelios: la Sagrada Familia, los pastores, los ángeles, la estrella, los Reyes Magos... Que no falte el Niño Jesús en la sala.

- Que los niños hagan un Nacimiento en la casa.

- Tener la Corona de Adviento para los cuatro domingos.

- Lo más importante para el niño en Noche Buena no puede ser “¿qué regalo tendré?”

- No conviene olvidar el hacer regalos también a los pobres: niños, familias necesitadas, ancianos, enfermos abandonados…

- Muchos quisieran que Papá Noel y los símbolos que lo acompañan, desaparecieran por completo, pues no tienen ninguna relación con el Nacimiento de Jesús, no aparecen en los evangelios, y están sustituyendo al Niño Jesús. Además tienen el riesgo de hacer de la Navidad una fiesta del consumismo y la desigualdad. A otros les gusta, pues simbolizan para ellos la alegría y la universalidad. ¿Tú, qué piensas?

Fuente:
Cfr. 
Ilustración:  Juan Juan Bautista, según Leonardo Da Vince.

domingo, 14 de diciembre de 2014

CERCANÍA

NOTITARDE, Valencia,14 de diciembre de 2014
“Caminando con Cristo”
Testigos fieles y alegres (Jn. 1,6-8.19-28)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Estamos en el tercer domingo de adviento, llamado el domingo de la “alegría”  (Gaudete in Domino), porque ya está cerca la llegada del Mesías-Niño que porta consigo la justicia, la paz y el amor. Se aproxima la Navidad que nos invita a rememorar el Nacimiento del Enmanuel, del Dios con nosotros que nos trae la salvación, la Luz. En este tercer domingo resalta la figura de Juan el Bautista, el precursor del Señor, el último de los profetas que tiene el privilegio de ser el puente entre el Antiguo y Nuevo Testamento, porque fue escogido por Dios para “preparar el camino del Señor”, para señalar en medio de los hombres al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, para anunciar y testimoniar a aquel que todavía no conocían ni eran capaces de ver los jefes religiosos del pueblo judío. Juan es aquel que llega a decir “yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”, refiriéndose a Cristo y el mismo Señor llega a decir de él que “es el hombre más grande nacido de mujer”, realmente un gran elogio dicho por la boca de Nuestro Señor, que habla de su elección y nacimiento milagroso (recordemos que sus padres eran ancianos y su mamá estéril antes de concebirlo) y él mismo San Juan Bautista es consciente del para qué lo eligió Dios; es capaz de comprender que su papel es el de anunciar y testimoniar ante la sociedad judía de su tiempo que el Mesías había llegado, que Dios mismo en persona ha venido para rescatar al hombre sumergido en el pecado, por eso apela a la profecía de Isaías y se llama a sí mismo: “la voz que grita en el desierto” e invita al pueblo a convertirse de corazón, a dejar la vida de pecado y seguir al Señor.
En el evangelio se lee como el pueblo y las autoridades judías de la época del Juan el Bautista estaban a la expectativa de la llegada del Mesías, por eso se acercan a él viendo los signos que hacía para preguntarle si él era el Mesías que tanto esperaban. Juan lo niega y dice claramente que él no es el Mesías esperado, sino que habla de Él, que no lo conocen, que él ha venido para dar testimonio de la Luz que es Jesucristo, para dar a conocer a aquel que bautizará con Espíritu Santo, el Hijo de Dios.
Juan Bautista es ejemplo para el cristiano y el hombre de hoy que ocupa un lugar público, que es visto, oído y seguido por multitudes o por grupos de personas; es ejemplo para los obispos, sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos que también hemos sido elegidos por Dios de una manera especial y estamos invitados a tomar conciencia del para qué Dios nos eligió, cuál es la misión que nos ha encomendado. Pudiéramos resumir el ejemplo de Bautista en estos rasgos: 1. Sincero y fiel: Él declaró sin reservas que no era el mesías y fue capaz de morir por la verdad que predicaba (denunció el pecado de Herodes y no tuvo miedo a la muerte). 2. Humilde y de buen juicio: El no cae en la vanidad de darse importancia, no cae en el narcisismo, no se deja embriagar por el aplauso o las honras de la masa. Él sabe muy bien cuál es su puesto, sabe que su persona y servicio están en segundo plano con respecto a Aquel que es Dios y Señor, al que proclama en medio del pueblo. 3. Testigo-misionero: Juan sabe que el vino para dar testimonio de la Luz que es Cristo, que tan sólo es la “voz que grita en el desierto” y busca preparar los corazones de sus contemporáneos para que reciban al Mesías, a  Aquel que todavía no conocen ni siguen.
El cristiano católico necesita vivir alegre, con la convicción profunda que su Dios y Señor está en medio de los hombres. Está invitado, como Juan el Bautista, a dar testimonio de esta verdad, a proclamar al mundo a ese Dios-amor cercano a cada hombre. Ésta es la alegría del cristiano y la noticia de la Navidad. Ante un mundo triste, plagado de odio, violencia y muerte, el cristiano-testigo será siempre una interrogante ¿por qué su alegría y esperanza? Porque sabe que su Dios está cerca, junto a él.
IDA Y RETORNO: Agradecido con el Equipo Navegantes del Magallanes por el apoyo al Domingo Familiar del Seminario. Como Capellán de “La Nave” conozco de la fe y sensibilidad social de los muchachos y de su apertura a ayudar. Dios nos siga bendiciendo y nos ayude a seguir adelante, llevando alegría y unidad.

Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/reflexion-al-evangelio-dominical-juan-bautista-0
Fotografía: LB, Nacimiento de Rosa de Sigillo (Caracas, 13/12/2014).

DE LA COMUNIÓN VIVA

Allanar el camino hacia Jesús  
 José Antonio Pagola

«Entre vosotros hay uno que no conocéis». Estas palabras las pronuncia el Bautista refiriéndose a Jesús, que se mueve ya entre quienes se acercan al Jordán a bautizarse, aunque todavía no se ha manifestado. Precisamente toda su preocupación es «allanar el camino» para que aquella gente pueda creer en él. Así presentaban las primeras generaciones cristianas la figura del Bautista.
Pero las palabras del Bautista están redactadas de tal forma que, leídas hoy por los que nos decimos cristianos, provocan en nosotros preguntas inquietantes. Jesús está en medio de nosotros, pero ¿lo conocemos de verdad?, ¿comulgamos con él?, ¿le seguimos de cerca?
Es cierto que en la Iglesia estamos siempre hablando de Jesús. En teoría nada hay más importante para nosotros. Pero luego se nos ve girar tanto sobre nuestras ideas, proyectos y actividades que, no pocas veces, Jesús queda en un segundo plano. Somos nosotros mismos quienes, sin darnos cuenta, lo «ocultamos» con nuestro protagonismo.
Tal vez, la mayor desgracia del cristianismo es que haya tantos hombres y mujeres que se dicen «cristianos», en cuyo corazón Jesús está ausente. No lo conocen. No vibran con él. No los atrae ni seduce. Jesús es una figura inerte y apagada. Está mudo. No les dice nada especial que aliente sus vidas. Su existencia no está marcada por Jesús.
Esta Iglesia necesita urgentemente «testigos» de Jesús, creyentes que se parezcan más a él, cristianos que, con su manera de ser y de vivir, faciliten el camino para creer en Cristo. Necesitamos testigos que hablen de Dios como hablaba él, que comuniquen su mensaje de compasión como lo hacía él, que contagien confianza en el Padre como él.
¿De qué sirven nuestras catequesis y predicaciones si no conducen a conocer, amar y seguir con más fe y más gozo a Jesucristo? ¿En qué quedan nuestras eucaristías si no ayudan a comulgar de manera más viva con Jesús, con su proyecto y con su entrega crucificada a todos. En la Iglesia nadie es «la Luz», pero todos podemos irradiarla con nuestra vida. Nadie es «la Palabra de Dios», pero todos podemos ser una voz que invita y alienta a centrar el cristianismo en Jesucristo.

Fuente: http://www.luis-aleman.info/2014/12/10/allanar-el-camino-hacia-jesus-j-a-pagola/
Ilustración: Charles Bosseron.

BÚSQUEDA IRRENUNCIABLE

Descubre el auténtico Jesús, sin prejuicios
Fray Marcos (Rodríguez)

INTRODUCCIÓN

A mitad del adviento, las lecturas nos invitan a tomar conciencia de nuestra situación de criaturas que deben tomar una actitud vital adecuada a su condición de seres humanos.
El tono de toda la liturgia es de alegría. La verdadera alegría nace del descubrimiento de lo que Dios es para nosotros, y de la posibilidad de identificarnos con Él,  saliendo de nuestro egoísmo y compartiendo lo que somos y tenemos.  
“Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios” decía Isaías. “Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, decía María. “Estad siempre alegres”, decía Pablo.
Dios está cerca en todos los sentidos. No sólo tenemos derecho a estar alegres, sino que tenemos la obligación de ser alegres.
CONTEXTO
Como Marcos es tan escueto, la liturgia, en este ciclo B, echa mano del evangelio de Juan para completar los temas. Hoy leemos 13 versículos del capitulo 1.
Los tres primeros (1, 6-8) son la primera alusión al Bautista que hace en su famoso prólogo. Todo el evangelio de Juan está estructurado como una lucha entre la luz y la tiniebla, por eso vemos planteada ya la batalla al hablar de Juan Bautista. “No era él la luz, sino testigo de la luz”.
Esta aclaración al principio del evangelio, manifiesta que había controversia sobre el significado de la figura del Bautista. Como todos los evangelistas, también Juan quiere dejar clara la diferencia entre el Bautista y Jesús.
Es muy probable que el versículo 6 fuera el principio del evangelio, antes de añadirle el prólogo, porque hay muchos libros del AT que comienzan exactamente igual: “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba…”
Los otros 10 versículos (1, 19-28) vienen a continuación del prólogo, y nos narran una curiosa misión (sacerdotes, levitas y también fariseos) de parte de los “judíos”. En el evangelio de Juan, “judíos” quería decir los dirigentes y todos los integrados en el régimen.
Esta segunda parte del relato de Juan, da por supuesto que el lector conoce lo que el Bautista hacía en el desierto de Judea. Empieza directamente con el interrogatorio al que le someten los enviados. Eran los responsables del orden, por tanto no tiene nada de extraño que se preocupen por lo que está haciendo, en nombre de Dios, un extraño personaje que no tenía ninguna conexión con el régimen ni con la institución religiosa.
EXPLICACIÓN
La pregunta que le hacen no puede ser más simple: “¿Tú quién eres?"
En aquel momento circulaban varias figuras en las que el pueblo tenía puestas las expectativas mesiánicas. La figura principal era el Mesías, pero también se hablaba del un profeta escatológico (como Moisés). Y de Elías que volvería a preparar el camino al Mesías. Es lógico que las autoridades religiosas se interesa­ran por la actividad del Bautista. Según parece, Juan atrajo mucha gente a oír su predicación y a participar en su bautismo.
La pregunta quería decir. ¿Con cual de las figuras mesiánicas te identificas? La respuesta es también muy sencilla: Con ninguna: “No soy el Mesías ni Elías ni el Profeta”.
No se dan por satisfechos, porque tenían que volver con una respuesta. Le exigen que defina su papel como alterna­tiva a las negaciones anteriores. La respuesta es simple: "Soy una voz".
“Entonces, ¿por qué bautizas, si no eres tú el Mesías ni Elías ni el Profeta?” No se identifica con ninguno de los personajes previsibles, pero se siente enviado por Dios.
La pregunta lleva en sí una acusación. Es un usurpador. El hecho de bautizar estaba asociado a una de las tres figuras anteriores. Consideran el bautismo de Juan como un movimiento en contra de las instituciones. En realidad era el símbolo de una liberación de las autoridades.
“Yo bautizo con agua”. La justificación de su bautismo es humilde. Se trata de un simple bautismo de agua. El que ha de venir bautizará en espíritu santo. Esta distinción entre dos bautismos, agua y Espíritu parece típicamente cristiana, seguramente para dejar, una vez más, bien clara la diferencia entre el bautismo de Juan y el cristiano.
"Entre vosotros hay uno que no conocéis…" El bautista habla de una presencia velada que no es fácil de descubrir. Es el recuerdo de lo que les costó conocer a Jesús.
Esa dificultad permanece hoy. Incluso los que repetimos como papagayos que Jesús es Hijo de Dios, no tenemos ni idea de quién es Dios y quién es Jesús. Ni lo tenemos como referente ni significa nada en nuestras vidas. En el mejor de los casos, lo único que nos interesa es la doctrina, la moral y los ritos oficiales para alcanzar una seguridad eterna.
Para entender la relación entre la figura del Bautista y Jesús, es imprescindible que nos acerquemos a la narración sin prejuicios. Para nosotros, esto no es nada fácil, porque lo primero que hemos aprendido de Jesús, es que era el Hijo de Dios, o simplemente que era Dios. Desde esta perspectiva, no podremos entender nada de lo que pasó en la vida real de Jesús.
Este juicio previo (prejuicio) distorsiona todo lo que el evangelio narra.  Lucas dice que Jesús crecía en estatura, en conocimiento y en gracia ante Dios y los hombres. Pablo nos dice que pasó por uno de tantos, y que actuó como un hombre cualquiera.
Jesús desplegó su vida humana como cualquier otro ser humano. Como hombre, tuvo que aprender y madurar poco a poco, echando mano de todos los recursos que encontró a su paso. Fue un hombre inquieto que pasó la vida buscando, tratando de descubrir lo que era en su ser más profundo. Su experiencia personal le llevó a descubrir dónde estaba la verdadera salvación del ser humano y entró, el primero, por ese camino de liberación.
Si no entendemos que Jesús fue plenamente hombre, es que no aceptamos la encarnación. Que Jesús es el Hijo de Dios, no debe ser el punto de partida para acercarnos a su figura, sino el punto de llegada, después de analizar su trayectoria humana.
Desde esta perspectiva comprenderemos cómo tuvo que impactar en Jesús la figura de Juan Bautista. ¡Un profeta! Hacía varios siglos que no había habido profetas en Israel. Se sintió atraído e impresionado por su figura y por su mensaje. La prueba está en que aceptó su bautismo. No podemos pensar en una puesta en escena por parte de Jesús. Su bautismo fue una sincera aceptación de la predicación y de la actitud vital que llevaba consigo. No fue el bautismo de Cristo, sino el bautismo de Jesús... Trata de comprender bien esto.
Es comprensible que los primeros cristianos no se sintieran nada cómodos al admitir la influencia de Juan Bautista en la persona de Jesús. Esta es la razón por la que siempre que hablan de él los evangelios, hacen referencia al precursor, que no tiene valor por sí mismo, sino en virtud de la persona que anuncia.
A pesar de ello tenemos muchos datos interesantes sobre Juan Bautista. Incluso de fuentes extrabíblicas. El primer dato histórico sobre Jesús que podemos constatar en fuentes no bíblicas, es el bautismo de Jesús por Juan. Todo ello indica que los primeros cristianos se vieron obligados a hablar de Juan para dar razón de la figura de Jesús, aunque fueron conscientes de la gran diferencia entre ambos.
A pesar de encontrarse con la figura formidable de Juan, Jesús no renunció a seguir buscando. Eso le llevó a distanciarse de él en muchos puntos.
En una cosa están de acuerdo: no basta la pertenencia a un pueblo ni los rituales externos para salvarse. Es necesaria la actitud interior fundamental de apertura a Dios que tiene que traducirse en las obras.
Pero hay también diferencias sustanciales. Juan predicaba una conversión para escapar de la ira de Dios. No predicaba una buena noticia, sino una estrategia para escapar del castigo inminente. La salvación sería para unos pocos; los que aceptasen su predicación y su bautismo. Jesús predica una buena noticia para todos. No enseña la manera de escapar de la ira de Dios, sino la manera de entrar en la dinámica de su amor.
También encontramos un gran contraste entre la austeridad de Juan, como medio de salvación, y la invitación a la alegría y a disfrutar de la vida que hace Jesús.
En las lecturas de hoy encontramos estos motivos de alegría:
·para Isaías, “porque me ha vestido un traje de gala, también a los oprimidos”. (Is 61,1-11)
·para Pablo, “que el Señor está cerca y viene a salvar”. (1 Tes 5,16-24)
·para María, “porque ha mirado la humilla­ción de su esclava”.
Siempre la acción de Dios como base de la verdadera alegría. Cualquier otra alegría es engañosa. En ninguna otra alegría se puede confiar. La buena noticia, el verdadero evangelio es que Dios viene y salva.
Naturalmente Juan no está haciendo un reportaje periodístico de un encuentro que tuvo lugar un día determinado a una hora determinada, entre los enviados y el Bautista. Juan está haciendo teología para aquellos cristianos de finales del siglo I, que ya habían avanzado en el conocimiento de Jesús.
Es muy poco probable que el Bautista fuese capaz de adivinar todo lo que encerraba la figura de Jesús en el momento en que empezaba su andadura mesiánica. No tiene mucho sentido que el Bautista anduviera diciendo que no era el Mesías, ni que Jesús proclamara que lo era.
Juan desarrolla este relato desde la perspectiva de una defensa a favor de Jesús que pone en boca de Juan Bautista. Se quiere dejar claro que el Bautista reconoce que él no es más que una señal que anuncia al verdadero Mesías.
Meditación-contemplación
“No era él la luz, sino testigo de la luz”.
Trata de retener esta imagen y profundiza en ella.
La luz de la que habla no es la física.
Se trata de la misma divinidad que hace posible lo real.
………………..
La luz física no puede ser percibida directamente.
El ojo ve los objetos que reflejan la luz que los alcanza.
Los espacios intersiderales son una inmensa oscuridad.
Sólo cuando la luz encuentra un objeto material, se puede descubrir.
…………….
El ser humano Jesús tampoco era la Luz,
pero a través de su físico,
dejaba ver con toda claridad la Luz que es Dios.
La Luz te está alcanzando siempre.
¿Eres capaz de reflejarla?

Fuente: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-01-06-08-MR.htm
Fotografía: Detalle del Nacimiento de la Iglesia de San Francisco (Caracas, 13/12/2014).

lunes, 12 de diciembre de 2011

¿EQUIPADOS?



San Juan, 1: 6-8, 19-23

En su homilía del domingo 11 de los corrientes, el Padre Wilfredo (SJ) dijo que Dios hará brotar la justicia, la que esperamos por largo tiempo. No cualquiera, pues no la hay cuando se pretende eliminar al otro, fundada en el egoísmo, exaltadora de las diferencias. Hemos avanzado en materia de derechos humanos, pero falta mucho todavía.

Dios hará prevalecer la justicia por medio de cada uno de nosotros. El quiere que vivamos, que prevalezca la vida a todos por igual. Que la justicia dé paso a la misericordia, al infinito perdón de Dios.

Todos somos enviados, mensajeros: hombres y mujeres. Enviados a todos los lugares del mundo. ¿Se sienten enviados, testigos?, ¿qué nos ha acontecido en la vida?, ¿hemos encontrado a Jesús?, ¿somos cristianos?, ¿qué es serlo y ahora?, ¿hemos dado testimonio del encuentro con Jesús?

Testigos: servidores de Jesús. Más que preocuparse por el crecimiento de otras manifestaciones religiosas, es dar testimonio de nuestra libertad, de la liberación de la liberación del encuentro con El. Ser cristianos: no proclamarlo a osotros mismos, sino a alguien que necesita a Jesús, amigos, familiares, frente a la política.

Al respecto, expresó en el grupo Homilías / Facebook, Luis Miguel Tarrazzi Cariel: "Hoy quedé impactado con una hermosa reflexión en la homilía del Padre Wilfredo (Iglesia San Francisco misa de 10am), quien en mención al papel de Juan en la vida de Jesús hizo la siguiente comparación (no cito, pero lo pongo en comillas para diferenciar): "Cuando un artista famoso viene a cantar a Venezuela manda delante a un grupo de personas para que preparen tarima, el escenario, las luces, el sonido y monten un gran espectáculo. En el caso de Jesús, ¿quién forma parte de ese equipo que le prepara su tarima?, y la respuesta es: Nosotros, los cristianos". Juan Bautista siempre tuvo muy claro su papel, y siendo el más grande de los profetas el A.T. sin duda se reconoció nada ante el Mesías".

Is. 61, 1-2, 10-11.
Salmo 1.
1 Tim. 5, 16-24.

domingo, 11 de diciembre de 2011

EL BAUTISTA


San Juan, 1: 6-8, 19-28

Refería el Padre Alvaro Lacasta (SJ), en su homilía del 14/12/08, que la Iglesia definitivamente es la casa del testimonio, pues, como dijo San Pablo, si no lo damos somos los más desdichados del mundo. Atentos para no apagar la velita de la Navidad, esforzarnos por salvar corazones. Primera tarea: recibir el espíritu de Dios.

La auténtica alegría no nace de las compras o consumo compulsivo, sino de la corresponsabilidad de trabajar por la liberación de los cautivos. Es auténtica. Programa de justicia y fraternidad.

Hay que tomar una postura para ser cristianos: justicia, misericordia ante tanta miseria. No debilitar la fuerza de la caridad (no tengamos miedo). Vocación cristiana. No pertenecemos a un club social. Cristianismo tanto afortunado vivir con mayor audacia.

Felicidad del Evangelio. Buena Noticia. Un cristianismo constante e irremediablemente triste, no es cristiano.

Ilustración: Benjamin Edmiston.

RECORRIDO


NOTITARDE, Valencia, 11 de diciembre de 2011
Testimonio de Juan El Bautista. (Jn.1,6-8.19-28)
Pbro. Joel de Jesús Núñez Flautes

Llegamos al tercer domingo de adviento, domingo que nos proclama la alegría de saber que ya el Mesías y Salvador de la humanidad está cerca. Ya la muerte y el pecado no tienen la última palabra sobre el hombre; Dios en persona ha venido a rescatar y salvar a sus hijos. Es la buena noticia del adviento que proclama la alegría y la esperanza de la Natividad, del nacimiento del Redentor y al mismo tiempo proclama su manifestación gloriosa al final de los tiempos. Que se encienda la esperanza en los corazones de los cristianos, porque Cristo, Nuestro Dios y Señor camina con nosotros y es nuestro gozo.

En este tercer domingo de adviento se nos presenta de nuevo la figura de Juan El Bautista que da testimonio de la presencia del Mesías en medio de los hombres. Él proclama la presencia de Jesús en medio del Pueblo de Israel, aunque los judíos no lo reconocieran ni se percataran de que Él estaba en medio de ellos. Juan fue enviado por Dios Padre como profeta, para que diera testimonio de la Luz, para que anunciara que Aquel que es la Luz del mundo estaba en medio de los hombres.

Juan es humilde al responder a sacerdotes y levitas (que representaban a las autoridades judías) que Él no era el Mesías, ni el profeta Elías, sino "la voz que grita en el desierto", el profeta enviado por Dios para ser el precursor del Señor, para llamar a la conversión de los corazones a Dios, para que respondan al llamado de salvación que Dios mismo les hace en la persona de Jesucristo. Recordemos que el desierto para la mentalidad bíblica es expresión de las grandes teofanías o manifestaciones de Dios para el Pueblo de Israel, por eso, Juan el Bautista es el último de los profetas, el elegido para señalar la presencia del Mesías que anuncia y proclama la teofanía, la manifestación por excelencia de Dios a los hombres. Dios mismo en persona ha venido a encontrarse con los hombres; es la Palabra encarnada.

El bautismo de Juan era un bautismo de conversión, y como él mismo atestigua delante de quienes le interrogaban, que en medio de ellos hay Uno que no conocen, al que él no es digno de desatarle las correas de sus sandalias, que bautizará con el Espíritu Santo; es decir, que santificará a la humanidad, que la renovará con el poder que viene de lo alto.

De la personalidad de Juan El Bautista y de su testimonio delante de los hombres, podemos sacar algunos valores que nos sirven para vivir nuestra vida cristiana: 1. Sinceridad y fidelidad a Dios sin vacilación. Juan delante de quienes le preguntaron "¿quién eres tú?" responde claramente, sin reservas ni titubeos. Era un hombre recto y apegado a la verdad. Esto le costará la vida. 2. Humildad y transparencia. Juan no se deja llevar por la vanidad o por los aplausos. Él reconoce su puesto, sabe que no es el Mesías, sino aquel que lo proclama y señala entre los hombres. 3. Juan da testimonio delante de los hombres. Es un profeta valiente que proclama la presencia del Salvador en medio del mundo. Profeta que llama a la conversión de los hombres a Dios.

El cristiano está llamado a vivir estos valores de Juan El Bautista, a mantener la alegría de saber que Dios camina con el hombre, que se ha metido en la historia humana, que no abandona a sus hijos y comparte sus triunfos y fracasos, pero sobre todo ha venido para ofrecerle vida eterna y felicidad plena. Necesitamos testimoniar la alegría ante un mundo cansado, pesimista, desesperanzado, lleno de antivalores, sumergido en la cultura de la muerte, de las falsas creencias, de las ideologías que esclavizan al hombre y no lo hacen progresar integralmente. Necesitamos proclamar ante el mundo y la Venezuela de hoy a Aquel que es la Luz, que es el mismo ayer, hoy y para siempre.

Lo que más convence a los hombres no es tanto lo que se dice o proclama, sino lo que se vive. Necesitamos, por tanto, ser testigos de la alegría de saber que Dios está en medio de nosotros, que no estamos solos, que su amor nos precede y acompaña. Que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida y esto hay que proclamarlo y anunciarlo al estilo de ese gran hombre que fue Juan El Bautista.

IDA Y RETORNO: ¿Los cristianos católicos adoran imágenes? ¿No está prohibido adorar imágenes en la Biblia? Los hermanos protestantes se basan en Ex. 20, 3-5 para decir que tener cualquier imagen de Cristo, la Virgen María, un santo, es una idolatría. Hay que entender bien el texto y el contexto. Dios prohibe tener otros dioses, falsos dioses, hacer imagen de un falso dios. Los católicos no vemos a la Virgen como una diosa ni a los santos como unos semidioses que usurpan el puesto del Único Dios verdadero revelado en Cristo: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los próximos domingos continuamos el tema. Tarea: buscar cita: Ex. 25, 17-22.

Nuestra Arquidiócesis está de júbilo por la ordenación de un nuevo sacerdote, el Padre Rodolfo Verastegui, que fue consagrado ayer en la Catedral de Valencia por manos de Mons. Reinaldo Del Prette. Que Cristo lo haga un santo sacerdote al servicio de su Iglesia, sin mirar atrás.

Ilustración: Giovanni Angelo D’antonio, "San Juan Bautista".