La muchachada en el palco
Luis Barragán
Recientemente, un grupo de muchachos de diferentes países ocupó el palco de la Asamblea Nacional. La bancada oficialista los festejó a través de un acuerdo, aguijoneando sus consignas contra la derecha fascista que, por supuesto, representaba la oposición democrática.
Representantes de entidades juveniles internacionales, precisamente no ahorrarían de sus propios bolsillos para pasearse por Venezuela, recibiendo todo el reconocimiento del gobierno que los obsequió con una sesión ordinaria del parlamento. De repetidas y atrabiliarias consignas se hizo la jornada, destacando la salutación constante al camarada Fidel.
Incluso, en el ángulo este del hemiciclo, donde está arrinconada la oposición que no puede disponer de la puerta hacia la calle, por muchas décadas abierta en esa sección, soportamos no pocos vituperios provenientes de las barras. Buena parte de las intervenciones de la oposición, por lo menos, recibió una interjección provocadora.
El joven diputado mirandino Angel Medina, esta vez, hizo su intervención corajudamente hacia los palcos. Se volteó y les habló con serenidad y franqueza, aunque – por momentos – hacia el ángulo oeste, un grito intentaba el sabotaje de la exposición: palabras más, palabras menos, los convidaba a visitar la tristemente célebre Tumba del SEBIN, a recorrer las grandes colas para saber de un alimento o medicamento básico, a informarse de la represión de 2014, a curiosear por las estadísticas económicas, a aproximarse por los casos de corrupción, entre otros asuntos.
Sentimos una profunda pena por la muchachada del extranjero, utilizada por un gobierno que la utiliza para sus afanes propagandísticos. Y, a la vez, reflexionamos sobre la poderosa fuerza del estigma que se desea para la oposición democrática venezolana.
Fuente:
http://www.diariocontraste.com/la-muchachada-en-el-palco-por-luis-barragan-luisbarraganj/
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domingo, 1 de marzo de 2015
domingo, 7 de diciembre de 2014
NO HAY MÁS PARADAS
El autobús ya se fue
Luis Barragán
En la sesión ordinaria del día 2 de los corrientes, según el hábito, la Asamblea Nacional fue escenario de otro apabullamiento que la oposición resiste y debe resistir con el estoicismo de sus mejores convicciones. La bancada oficialista presentó y aprobó un proyecto de Acuerdo relacionado con el paro petrolero de 2002, a objeto de darle continuidad al enfermizo libreto de su ya ahogada victimización.
Negándose a discutir los vitales problemas de la actualidad, empina cualquier fecha para propagandizar al mismo y único gobierno que tenemos por más de década y media. Desde la tribuna de oradores, el ponente no sólo extremó sus ya nada originales epítetos contra la oposición, por lo demás, presumiéndola intacta desde principios del presente siglo, sino que dejó otra vez constancia de una lectura anacrónica del asunto petrolero, como si estuviese inaugurando la célebre y lejana década de los sesenta.
El diputado Arcadio Montiel respondió desde su curul, ubicada en la profundidad del hemiciclo, incluso, intentando transmitir la vivencia de aquellos difíciles días que se conmemoran. No puede decirse de un vocero radical de la oposición, pues, suele también moderarse en sus discursos, por lo que la reacción de las huestes gubernamentales lució neciamente desproporcionada y, como muchísimas veces le tocó a la colega parlamentaria María Corina Machado y también a varios de los que hemos intervenido en la plenaria a contracorriente, lidió con la golosa indiferencia de la dirección de debates ante el grito ensordecedor de los palcos y de los diputados del gobierno.
Subrayemos tres notas recurrentes en la conducta oficialista: por una parte, la movilización nada espontánea de los trabajadores de PDVSA que, por una obvia obligación, al hacerle barra a sus parlamentarios, convierten la estridencia en la mejor credencial de lealtad. Ocupan el balcón de invitados, cuya administración monopoliza la directiva de la Asamblea Nacional, y – después de cumplido el objeto de la visita – se retiran ordenadamente, pues, el siguiente Orden del Día no ameritará de sus gritos u otros lo relevarán de acuerdo a un específico motivo necesario de difundir a través de ANTV.
Frecuente la sopesada, serena y punzante argumentación de los opositores, por otra, no hay contrarréplica que pueda llamarse tal, ya que el escaso ingenio del vocero oficial trepa el terreno pantanoso de la descalificación personal y, como ha ocurrido, arrastra o intenta arrastrar al resto de su bancada para corear gruesas interjecciones. Empero, como ya no basta, las barras requeridas, obsequiadas con café y el saludo a distancia de los augustos dirigentes que tiene apenas la ocasión de ver cercanamente, cumplen - con el rigor de sus quincenas - el deleznable cometido de apabullar la palabra, la razón, la sobriedad y la paciencia de quienes la contradicen corajudamente.
Finalmente, esta movilización selecta de apabulladores es con nómina en mano, porque – absolutamente democratizada la inseguridad personal, la pobreza, el desempleo – jamás será espontánea y, menos, reflejará aquél antiguo e ingenuo entusiasmo que generó el extinto presidente. Revisando por estos días a Giovanni Meza, por casualidad hallamos una fotografía en la que el autobús de Chávez Frías inexorablemente se fue ante la vista de Francisco de Miranda, alcanzada otra significación por la sede parlamentaria que ocupa la escena.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/12/el-autobus-ya-se-fue/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1064138
Fotografía: Irremediable ida, bajo la mirada de Francisco de Miranda, teniendo por fondo el Palacio Legislativo. Caracas, 30/11/2012.
Breve video: Apabullamiento en la sesión de la Asamblea Nacional, Caracas, 02/12/14.
viernes, 28 de febrero de 2014
CUADERNO DE BITÁCORA (3)
Difícil la sesión del día martes, 25 de los corrientes. La Asamblea Nacional como escenario de un odio inaudito, centrado en María Corina Machado. Le gritabanan "!asesina!", en un coro macabro, por decir lo menos. La dirección de debate, la bancada oficialista y los palcos, todos conjugados en algo que no fue debate. Y, mientras ella, al hablar bien entrada la noche, serenamente indicaba con fotografía en mano cada uno de los casos de los jóvenes que han muertos, están severamente lesionados o presos, arreciaba el escándalo. Esta vez, Darío Vivas, el primer vicepresidente, le cortó cobardamente el odio. Optamos por salirnos de la sesión, cerca de las diez de la noche.
LB
LB
Inmediaciones del Capitolio, entrada este, antes de iniciarse las sesiones.
Antes del inicio de sesiones. Jardines del Capitolio Federal. Preparan la tarima para un grupo musical.
El hemiciclo antes del inicio de la sesión ordinaria.
Empleados del ministerio de Salud comienzan a ocupar los palcos, antes de iniciarse la sesión.
Activistas del gobierno ocupan otra parte del palco.
Lista la escenografía para que se apersone el vicepresidente y los ministros que presentaran sus memorias y cuentos.
Vista desde nuestra curul del desarrollo de la sesión.
Habla José Manuel González, avanzada la noche. Se nos agota la batería y no podemos fotografiar a María Corina Machado cuando también le quitaron el audio.
Los carteles, bien elaborados, decían asesino al referirse a Leopoldo López. Cuatto ngatos se movilizaron en los alrededores, partidarios del gobierno. Unos, fastidiados, desertaron de los jardines donde colocaron sillas y monitores para ver al vicepresidente. Otros, menguaron poco a poco en las afueras.
Salida de los ministros. Desde la puerte este se vió no sólo el formidable despliegue de vehículos y del personal de seguridad, sino a las personas que intentaban en vano acercarse a los augustos funcionarios.
martes, 22 de mayo de 2012
ANTES Y DESPUÉS DE ANTV
Del palco parlamentario
Luis Barragán
Luis Barragán
La historia parlamentaria venezolana también es la de las barras,
palcos o galerías de los hemiciclos. Jóvenes, en más de una ocasión las
ocupamos para deleitarnos con los oradores, ganados por la emoción que
podían suscitar.No siempre las barras guardaron compostura ante la pasión que el debate les prodigaba, provocando la mutua agresión entre los partidarios del gobierno y los de la oposición que podía extenderse, y sucedió, a toda la cámara. Obviamente, todo dependía de la moderación oportuna y decidida de la directiva parlamentaria, incluyendo el receso breve o prolongado.
Probablemente, en ocasiones con una mayor ventaja para la directiva, el acceso al palco del Palacio Federal Legislativo era paritario o tendía a serlo. Las distintas tendencias políticas exhibían también sus fuerzas entre los espectadores, sobre todo cuando se trataba de intervenciones estelares o decisivas para la opinión pública o los movimientos políticos representados.
Diferentes situaciones vivió la galería en el siglo XX del que tanto nos quejamos, añadida la del desalojo inmediato o la prohibición de accederla, aunque fuesen públicas las sesiones. Igualmente hubo una determinada administración del espacio, pues, específicos, con motivo de una denuncia o la consideración de un proyecto de ley, el privilegio de presenciar la formal reunión de los parlamentarios dependía del interés directo que previamente constara sobre cierta materia.
Hubo momentos difíciles para la dirección de debate y los mismos sesionados, como aquella vez que el Congreso de la República, trató el decreto de Restricción y Suspensión de Garantías el primer día de febrero de 1961, que obligó a un permanente llamado de atención por la presidencia y produjo la interrupción de la jornada mientras desocupaban los espacios destinados al público. O, en octubre de 1969, cuando los sectores del perezjimenismo reclamaron vivamente el desconocimiento de la condición senatorial de su líder, acarreando la suspensión del evento debido a los niveles de violencia que alcanzó.
De los Diarios de Debates que hemos tenido ocasión de consultar, se desprende un esfuerzo de ecuanimidad y orden de la presidencia de una u otra cámara, o cuando sesionaban conjuntamente. Podía alegarse el irrespeto y otras manifestaciones de agresión provenientes de las barras, palcos o galerías como motivo suficiente para que la presidencia adoptase las medidas necesarias, con alguna o mucha eficacia.
E, incluso, las fieles transcripciones muchas veces dieron cuenta de lo que ocurría y se decía desde la “tercera cámara”. El funcionario estaba dentro del hemiciclo y, en oportunidades, fungía como un cronista de los sucesos. Sin embargo, hoy no ocurre así, pues, además que el taquígrafo está fuera del recinto, siguiendo la sesión por monitores, el partido de gobierno monopoliza las barras, palcos y galerías habidos y por haber.
Hemos tenido ocasión de incorporarnos a las sesiones plenarias de la Asamblea Nacional, resistiendo los ataques de un público que cuenta con la aquiescencia de la dirección de debates. Por lo general, el PSUV y sus partidos subsidiarios, no acuden solos a la Cámara, sino que – parte del espectáculo – planifica y se hace acompañar por sus partidarios, imposibilitándole un espacio a la oposición.
Y, entre los seguidores que acuden espontáneamente y de buena fe, están los activistas prestos a cualquier iniciativa que se exija, dentro o fuera del recinto; los empleados del gobierno nacional o municipal, movilizados para una específica tarea de estridencia; los altos y medianos funcionarios de la administración que deben apoyar entusiastas a sus ministros apersonados, tan distinguidos por sus atuendos y utensilios electrónicos; y las comunidades que, predispuestas, son manipuladas en el curso de la discusión. Lo cierto es que, favorecidos por ANTV, perfeccionando el espectáculo, hay que lidiar con las agresiones verbales de los oficialistas y de su público, haciéndonos extremadamente prudentes a la hora de salir de la sesión por las amenazas recibidas luego de una intervención.
Ojalá tuviésemos tiempo para indagar más sobre la historia del público asistente a las sesiones parlamentarias, disponiendo de las reseñas de la prensa y de las los taquígrafos. Por lo pronto, la que cursa, no ha sido grata para la oposición.
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