EL NACIONAL - Lunes 02 de Septiembre de 2013 Cultura/3
Elforodellunes
IRAIDA CASIQUE La revolución bolivariana ha borrado el valor del conocimiento, asegura la docente
"La cultura propuesta por el chavismo nos achata intelectualmente"
Para la profesora de la Universidad Simón Bolívar las políticas del Gobierno no impulsan la diversidad, sino un modelo de uniformidad y el conformismo en el cual se ataca la razón crítica
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ
Durante casi 10 años, Iraida Casique se ha dedicado a estudiar cómo la revolución bolivariana ha cambiado el significado del papel que desempeñan los intelectuales en el país.
Orientada por su preocupación en cuanto a que la cultura es un factor fundamental para la gestión de convivencia, la construcción de ciudadanía y el mejoramiento individual, la profesora de la Universidad Simón Bolívar en ponencias que ha dictado entre 2003 y 2012 dentro y fuera del país se ocupa del conflicto entre la formulación de ideas y el contexto histórico, así como de reflexionar sobre la dinámica intelectual venezolana en la revolución bolivariana para determinar qué perfil de pensadores diseñó el proceso y qué papel se les otorgó en la transformación cultural que se ha ensayado en Venezuela en los últimos tres lustros.
De acuerdo con Casique, el chavismo parece encontrarse en una fase crítica decretada por la muerte de su máximo líder, Hugo Chávez, que era también su principal figura intelectual. Esto, dice, ha concretado en una serie de cambios a partir de los cuales se hace fundamental preguntarse sobre el lugar de los intelectuales, tanto en el oficialismo como en la oposición.
Así, considera que el conflicto universitario y la reciente aprobación de la Ley Orgánica de Cultura evidencian que es en la relación con el conocimiento y los productores de pensamiento crítico donde se encuentra el aspecto más vulnerable de la revolución.
Con esto no quiere decir que el Gobierno no le ponga atención a la cultura, todo lo contrario. Para Casique, en los primeros años parecía que este sector no tenía ningún valor para la revolución bolivariana, pero desde la creación del ministerio en 2005 empezó a entender dónde estaba su interés: "Al igual que están haciendo ahora con las universidades, la gestión oficial se concentra en una política de desmantelamiento. Así pasó con el Consejo Nacional de las Artes: lo descalificaron, lo desmantelaron y pasaron a otra forma de gestión". El problema, señala, es que no hay una propuesta articulada sobre qué instituciones tomarán el lugar de las que se están desmantelando.
--De acuerdo con Antonio Gramsci un filósofo que a Chávez le gustaba citar, los intelectuales no son sólo escritores, sino directores y organizadores involucrados en la tarea práctica de construir la sociedad. ¿En quiénes puede observarse ese papel en el chavismo? --Me quedan dudas de si era que Chávez no entendía el modelo de intelectual que proponía Gramsci o si, en cambio, lo entendía muy bien y quería proponerse él mismo como el gran intelectual central del país, erigirse como uno al estilo del siglo XIX, porque decía qué caminos debíamos tomar, qué se valoraba o cómo debía opinarse.
--¿Cuál es el perfil de intelectual que propone el chavismo? --El intelectual está execrado del proceso por considerar que pertenece a una clase pudiente y no está interesado en las necesidades del pueblo. Asumen la cultura como una marca de clase. Por ejemplo, cuando en 2005 anunció el lanzamiento de la Misión Cultura concebida como un horizonte programático para el recién creado ministerio, Farruco Sesto insistió en la insuficiencia de los modelos culturales previos y señaló la necesidad de uno nuevo en el cual se creara una institucionalidad orgánica de gente que viviera "donde vive el pueblo" y trabajara en proyectos de la comunidad. En cuanto al perfil de los intelectuales con el proceso, yo los veo detrás de una cortina, no tienen necesariamente un papel protagonista. Pienso también en el Centro Cultural Miranda, donde hay poca presencia venezolana y los que se han atrevido a ser críticos han tenido que recular, como le pasó al español Juan Carlos Monedero en 2009, cuando dijo que la revolución bolivariana estaba en una encrucijada por la magnificación de la figura de Chávez y que los diferentes niveles del país, en lugar de hacer el esfuerzo de buscar sus soluciones, esperaban que el liderazgo del Presidente se las bajara. Si este ente, que está dentro del proceso, no tiene permiso para formular críticas constructivas, está claro que uno de los elementos que se rechaza de la intelectualidad es la conciencia crítica. Ese trabajo se está haciendo mejor desde la oposición que desde el chavismo, que está desperdiciando una oportunidad valiosa.
--¿Qué función se le ha otorgado a la cultura en la revolución bolivariana? --La entiende como un instrumento de lucha política y esta reducción fomenta la uniformidad de pensamiento. Ahí tenemos el ejemplo de los museos: todos están unificados bajo un ente central que va a coordinar, más que las exposiciones que se presentan que cada vez son menos, trabajos en los barrios. Así, la cultura no es un espacio para el disenso ni para la pluralidad o la diversidad ni necesariamente para la inclusión, sino uno para la construcción de un pensamiento ideológico. Lo diverso forma parte de la naturaleza humana, pero aquí no se está impulsando este modelo, sino el de la uniformidad y el conformismo. Más allá de los espacios culturales que estamos perdiendo, el impacto de esto será terrible en la población porque terminaremos convencidos de que no podemos aspirar a mucho. Nos están poniendo una plancha de acero en el techo para que siempre nos proyectemos desde allí y nos visualicemos felices. La cultura propuesta por el chavismo nos achata intelectualmente.
--¿Cómo los enfrentamientos con las universidades públicas y la reciente sanción de la Ley Orgánica de Cultura prueban que el chavismo no se interesa por los intelectuales? --En ambos casos se borra el valor del conocimiento. Para el chavismo, como muestra la ley, la cultura se circunscribe a las expresiones típicas, como el baile de joropo: está reducida a su expresión mínima de la venezolanidad.
Limitándola a una sola posibilidad, terminará por imponerse el pensamiento único.
No se espera que los intelectuales problematicen nada, porque si todos nos sentimos identificados con el joropo y las maracas no hay conflicto con la identidad y no vale la pena preguntarnos sobre eso.
Por supuesto que esto se inserta en el discurso antiimperialista, pero no veo que estas medidas nos inviten a crecer culturalmente, sino que nos reducen a conformarnos con lo nacional y rechazar lo demás.
--¿Cuál es el perfil del intelectual de oposición? --De ese lado se han vuelto creativos por las dificultades que han tenido que sortear.
Hoy más que antes, la clase media está interesada en el campo cultural, porque se ha convertido en el espacio de la reflexión y la discusión que está negada del otro lado.
Se está valorando el conocimiento y el trabajo cultural tanto de académicos como de cantantes populares, lo cual amplía lo que se comprende como cultura y creo que allí hay un enriquecimiento en la variedad de propuestas.
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lunes, 2 de septiembre de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
CLAVES
Oposición culturalOx Armand
Ordenada desde arriba, no hay razones para pensar que Nicolás Maduro devolverá la Ley Orgánica de Cultura recientemente sancionada. La tardanza se deberá a un problema de agenda, porque harán un tremendo acto que catalpultará y candidateará a la diputada Gladys Requena como futura ministro, mas no a ciertas veleidades técnicas. De ocurrir, esa aspiración ministerial revelaría una dura resistencia más allá de las intrigas de las que todavía nos hace pensar Maquiavelo, con o sin Rafael del Águila que lo explique. Lo cierto es que ese esperpento de Ley, puede verse en varias claves. Está la sociológica, revelándonos a los grupos y subgrupos, tendencias y ramificaciones que pugnan por alcanzar una cuota del presupuesto en los términos de reparto que consagró Farruco Sesto y que el pobre Fidel Barbarito ni siquiera concibe, arriesgando cada día el puesto. Fuera del gobierno, todos se hicieron la ilusión que les dejó la Ley Orgánica del Deporte: pasar por debajo de la mesa. La psico-sociológica aturde, porque el instrumento está impregnado de un marxismo que muy bien repudiaría Ludovico Silva, que dice más de las consignas del Congreso Cultural de Cabimas hacia principios de los setenta, demasiados hueras y simplistas. Apenas, el PSUV ha dicho que la cultura no es una mercancía o que el rock está en la Ley, mas ni la sra. Requena ni el sr. Paul Gillman, se han atrevido a una escenario de discusión que vaya más allá del neocolonialismo. Todo esto nos lleva a un imaginario social revolucionario, con código y con gestos que se creen propios del PRV de Douglas Bravo y su alianza con la Cuba que se desprendió y peleó con el PCV hacia mediados de los sesenta. Añadamos la clave política, porque el autoritarismo hace bulto, o la económica, porque los empresarios serán masivamente pechados para un fondo que les será y nos será siempre ajenos, como el FONDEN.
Prefiero asumir la cosa en clave de oposición. No la hubo salvo la solitaria posición de un diputado que cargó con el muerto. Del resto no la hubo. A pesar de que esa ley era una espada de Damocles cernida sobre el cuello – valga destacar – de la más ilustrada oposición de clase media y, a juzgar por las fundaciones privadas y la gran prensa, de la burguesía. Esa Ley de Cultura fue sancionada entre el 6 y el 13 de agosto y, por más que busco, no existe con antelación ninguna consideración de la oposición ilustrada. Ni el propósito de leerla, aprenderla y criticarla. Una que otra cosita aparecida en los periódicos, no autoriza a hablar de una postura crítica de la oposición cultural. Todos callaron porque las universidades y las fundaciones, sus empleadores, callaron también. El único, real y sentidísimo brinco que dieron fue cuando se anunció la contribución, el impuesto o la tasa para el Fondo de Cultura, porque – como la del Deporte, Ciencia, Trabajo, Drogas u otros parecidos – estaba en el libreto pero no se percataron. Hubo escritores, poetas, dramaturgos y mimos, que pudieron decir algo desde sus particulares ámbitos laborales o regionales, pero no lo hicieron salvo los que tuvieron ocasión de hallar un cupo en la gran prensa televisiva o impresa para los cinco minutos de fama a lo Warhol. La alta gerencia de las fundaciones se cuidó de no pelear con el gobierno y les fue hasta fácil porque ¿para qué entenderse con los políticos y menos de la oposición, si están los del gobierno? Además, porque sabrían que éstos se opondrían a la ley como irresponsablemente no lo hicieron con la del Deporte. Al fin y al cabo, ésta habla de cuantiosas divisas y la otra de cultura…
La transmisión de ANTV sirve para el dato político más importante y no por los diputados de la oposición que se quedaron hasta lo último de la sesión de la Ley Orgánica de Cultura, sino por las barras. Tengo amigos que hacen política y me dijeron que esas barras movidas por el gobierno y que aplaudían al gobierno estaban llenas de militantes de AD y de COPEI que extrañan no ser gobierno. En nombre de la cultura se movilizaron para apoyar la Ley.
Todo lo que he dicho nos lleva a una conclusión: ¡qué culta es la oposición! (rimó sin querer).
Fotgrafía: Consulta Regional del Proyecto de Ley Orgánica de Cultura. Maracaibo, 06/13.
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